La mañana no empezó muy bien para la hechicera y el padre de sus hijos, él la estaba asistiendo en el baño, mientras ella vomitaba el desayuno.
-A veces creo que te odio, Lai- mencionó descompuesta, haciendo arcadas en el retrete -¿Cómo pudiste hacerme esto?-
Él estaba sosteniendo el largo cabello de la joven, para que no se ensuciara.
-En ese momento no escuche que te quejarás- respondió irónico -Es más... Lo disfrutabas y mucho... Así que la culpa, también es tuya- le palmeó la espalda para reconfortarlá -¿Estás mejor?-
Se sintió un poco mareada dirigiéndose a lavar sus dientes.
-Tienes razón...- dijó con la boca llena de espuma -Me encanta estar contigo... Además, admito que me gustaba sentir la adrenalina, de que tú estabas comprometido con otra y a su vez, estabas conmigo- lo señaló con su cepillo -Esa maldita ¿Dónde crees que este?-
Preguntó enjuagando su boca. Él sonrió negando con su cabeza.
-Estoy conociendo un lado muy perverso tuyo, que me encanta- la abrazó por la espalda y la besó en la mejilla -En cuento a tu pregunta... Volvió a la torre- ella bufó con desprecio -No te preocupes... Haré que la expulsen de allí, al poner en riesgo tu integridad y la de nuestros hijos- ella sonrió mirándose al espejo.
-Me parece perfecto...- lo besó la mejilla -Lai- volteó abrazándolo del cuello -¿Sabés? Él día que me atacó, me dijo que todo el mundo venera a la Jechicera de la Luna- arremeda imitándola -Ella siempre me odio, desde que éramos niñas... Me lo dijo- lo miraba a los ojos -Tu no tuviste la culpa de que me atacará. Ella solo quería estar contigo, porque tu estás enamorado de mí-
Le apartó el mechón de cabello, que siempre cubría su ojo.
-Lo sé... Pero de todas maneras, la quiero lejos de nuestra vida- le acarició el cuello y luego, la aferró de la nuca -Siempre voy a cuidar de ti-
-Ese es tu deber... Siempre lo fue- se separaron -En esta vida y en la otra- se acomodó el cabello en el espejo -Bien... Me voy a trabajar- volteó a verlo y él estaba teniendo una visión -¿Lai?- preguntó cuando el transe termino -¿Qué paso? ¿Qué viste?-
-Gaia sabe la verdad- comentó volviendo a la realidad, cerrando sus ojos -Keilot se lo dijo... Hoy en la mañana-
-¡Eso es genial! ¡Mi hermana debe estar tan feliz! Habrá llorado como una loca, pero seguro esta inmensamente feliz- lo abrazó con efusividad -Bueno... Ya es tarde, me voy a trabajar- lo despidió con un simple beso y salió de allí -¡Eyra vámonos!- gritó saliendo del baño.
-¡Si, mami!-
La hechicera y su hija, caminaban de la mano hacía la escuela, conversando tranquilamente, como todos los días.
-Bien, Eyra... Recuerda, que hasta que veamos a la tía Gaia y a Ivi, no tenemos que hablar con nadie sobre el tío Keilot ¿Está bien, hija?-
-Si... Mami ¿Cuándo le dirás a los abuelos que nos iremos a vivir con mi papi?- preguntó inocente -Van a estar muy tristes cuando nos vayamos- hizo un pequeño mohín con sus labios.
-No lo sé...- no sabía como iba a hablar con sus padres, sin llorar. Ellos habían hecho tanto por ambas en estos siete años, que sería muy duro decirles adiós -Será difícil para ellos y para nosotras, pero tenemos que vivir con tu papá ahora. Tu hermanito y tú, nos necesitan juntos...Además, tú quieres estudiar allí- la niña asintió.
Estaban a unas pocas calles de llegar a destino y tres hombres, se interpusieron en su camino. Uno de ellos, tenía un gran golpe en su rostro, ya que su nariz parecía rota. Llevaban el uniforme característico de los soldados imperiales del Keisalhima. La joven, tomó la mano de su hija con fuerza, si querían problemas, los iban a encontrar.
-¿Mami?- preguntó su pequeña asustada.
-Tranquila, hija- murmuró -Discúlpenme... Pero tengo que ir a trabajar y ustedes están en mi camino- habló firme con su mejor cara antisocial -Podrían apartarse por favor-
-¿Dónde está?- preguntó brusco mirándola con odio.
-¿Disculpé?- la pregunta la desconcertó.
-No te hagas la estúpida- se acercó y ella retrocedió colocando a su hija detrás -El Soldado del Invierno ¿Dónde está?- la apuntó con el dedo -Ayer en la noche, te fuiste con él del bar ¿Dimé donde esta?- se acercó un poco más -Mira lo que me hizo por protegerte a ti- se señaló a él mismo -A una maldita pueblerina amestrisana- escupió con desprecio.
Seguramente, estos tres sujetos, la estaba confundiendo con su hermana y el Soldado del Invierno era Keilot, obviamente. Estos hombres, no sabían a quién tenían en frente, seguramente, intentaron atacar a Gaia y él la protegió. Que todos los dioses los protejan si habían lastimado a su hermana, porque ella, no les tendría piedad.
-No sé de que me habla- contestó socarrona -Seguramente, esta confundiéndome con alguien más- explicó en el mismo tono anterior -Se los pediré de nuevo... Apartense o tendré que apartarlos yo-
Su pequeña, había empezado a llorar cuando los hombres se rieron a carcajadas de las palabras de su madre.
-Solo eres una simple mujer- rió burlón -¿Qué podrías hacer tu?- la señalo con desprecio -Contra tres soldados como nosotros- ella negó apretando sus labios.
-Yo no diría eso si fuera tú- levantó una mano, señalandolos con su palma abierta -No llores, hija... Mami te enseñará, como tratar a los hombres tan mal educados como ellos- los sujetos rieron todavía más, tanto que hasta lloraban. Su hija la miró secando sus ojitos y su madre, le guiñó un ojo cómplice -Que caiga el rayo-
Pronunció con simpleza. Una gran descarga de energía roja, cayó sobre los sujetos desde el cielo, electrocutándolos en segundos y dejándolos inconscientes, por un largo tiempo. Los transeúntes, aplaudieron emocionados, por tan maravilloso espectáculo de la hechicera.
-Bien, hijita- se sacudió las manos como si se hubiera ensuciado con algo muy desagradable y tomó la mano de su hija -Vámonos, ya es tarde- ambas pasaron sobre las espaldas de los sujetos, como si fueran nada y siguieron su camino -Ves, Eyra... Así hay que tratar a los hombres- su hija asintió -Nunca permitas que te insulten o maltraten... Nosotras, las mujeres, somos las únicas que podemos hacer eso con ellos ¿Comprendes?-
-Si, mami. Nunca dejaré que ningún niño me trate así- la hechicera sonrió.
-Esa es mi niña... Estoy muy orgullosa de ti- sonrió complacida ante su respuesta -Pero por ahora, mami siempre cuidara de ti-
