Capítulo dos

El cambio.

...

Se veían calles vacías en el pequeño pueblo de Royal Woods, Michigan. Extraños ruidos en los callejones. Todo mientras un joven de cabello blanco dormía en su cama.

Han pasado tres horas desde que la familia Loud se ha ido. El joven de trece años, Lincoln Loud, se encontraba plácidamente dormido en un armario transformado en una habitación.

Un fuerte estruendo en la calle, alteró el sueño del chico, haciendo que despierte. Levantó su torso y con sus nudillos se quitó las lagañas de los ojos.

—¿Qué? qué pasó? —dijo entre un bostezo al levantarse de la cama— ¿Qué fue ese ruido? —se preguntó al salir de su cuarto.

El joven se dirigió al baño a hacer sus necesidades. Al terminar se lavó las manos y se echó agua en la cara. Al terminar, ya totalmente despierto, se dirigió a la sala para dirigirse al sofá. Se acostó en el sofá con la cabeza apoyada en el reposabrazos.

Duró unos segundos en esa posición.

—Tengo hambre. —Se levantó del sofá y se dirigió hacia la cocina.

Al entrar, siguió su camino hacia el refrigerador y lo abrió. Adentro solo había verduras, carnes, comida, pero no algo de su interés. Lo cerró y dio un vistazo a lo demás de la cocina.

Vio el frutero y se dirigió hacia él. Tomó dos manzanas del frutero, las colocó en la mesa y se volvió a dirigir, pero esta vez hacia un cajón. Lo abrió y en él había cucharas, tenedores, cuchillos, palas, etcétera. Tomó un cuchillo de mango blanco y se volvió a dirigir a la mesa.

Empezó a cortar las manzanas en pedazos cuadrados. Tras unos minutos haciendo eso, se dirigió hacia la vajilla ya cortadas las manzanas. Tomo un plato plano de color blanco con los bordes de color negro. Lo colocó en la mesa y empezó a poner los pedazos de manzana en él.

Ya hecho eso, busco en la alacena algo con qué comer las manzanas. Encontró tajín y chamoy. Decidió que eso quedaría bien. Se volvió a dirigir a la mesa para echar tajín y chamoy a las manzanas.

Ya con su aperitivo completo, se dirigió otra vez al sofá, dejó el plato en la mesita entre el sofá y el televisor. Se sentó, agarró el control y prendió el televisor. Decidió buscar una película. Busco por unos minutos, hasta encontrar una de terror. Encontró una interesante y se propuso a verla.


—Oh, qué buena película. Pero ahora qué hago, estoy aburrido. Ya sé, mejor voy a jugar...

Se silenció abruptamente al escuchar un estruendo desde la calle. Se puso de pie y se dirigió a la ventana para ver la calle. El origen del ruido fue un bote de basura que había caído, pero eso no fue lo que llamó su atención. Una persona delgada y un poco alta, estaba parada a un lado del bote, masticando algo.

—Qué —dijo Lincoln por lo raro de la escena.

La persona hizo un ruido como de oliendo. Giró su cabeza ciento ochenta grados, vio directamente a Lincoln. Giro el resto de su cuerpo y empezó a correr hacia Lincoln.

—Qué mier...


Horas antes con los Loud.

—¡Mamá, dile a Lana que no me ponga su sapo en la cabeza! —fue el grito de una niña rubia, de ocho años con vestido rosa.

—¡No es cierto. Brinquitos solo paso por arriba de ella y es una rana, no un sapo! —fue el grito de una niña rubia de coletas, con una camisa y un pantalón azul.

—Niñas, ¡niñas! tranquilícense —dijo una mujer rubia, de ojos azules y piel blanca, con una blusa blanca y unas mallas negras que le llegan a la rodilla. Y ella se encuentra sentada en el asiento del copiloto.

—Mamá, ¿cuánto falta? —preguntó una chica castaña de quince años, con ropas deportivas rojas, desde los asientos traseros.

—Ya casi llegamos Lynn —respondió la señora Loud.

—Mamá, mira ahí —Señaló con el dedo una chica peliblanca, de blusa blanca, una chaqueta negra y falda blanca.

—¿Qué pasa Liberty? —preguntó la señora Loud.

—Allá enfrente, hay alguien tirado en el suelo. —Apuntó a un lado de la carretera.

La madre vio el lugar en el que apuntaba su hija y se sorprendió. Una persona estaba tirada en la banqueta, con un pequeño charco de sangre en su cabeza. Le dijo a su esposo que se detuviera. Se detuvo frente al cuerpo.

—¿Qué pasó? —preguntó una chica de look rockero.

—Encontramos a alguien herido en la banqueta. —La señora Loud se bajó de la camioneta familiar, siguiéndola se bajó su esposo, Lynn Loud padre—. Quédense aquí chicas..

La pareja vio el cuerpo tendido en la banqueta. Ya de cerca podían ver sus facciones. Hombre pelinegro, ojos abiertos a más no poder, con una expresión de horror plasmada en su muerto rostro. La pareja Loud no podía creer lo que estaban viendo.

¿Un cadáver?

Un maldito cadáver en la carretera.

Los señores Loud, nunca habían visto un cadáver en todo el tiempo que vivían en Royal Woods. Era un pueblo tranquilo. Dónde nunca pasaba nada interesante. ¿Pero un cadáver? Sin decir nada se dieron la vuelta y empezaron a caminar hacia su vehículo, pero, un pequeño ruido tras de ellos, los alertó.

Se giraron lentamente, pero lo que se encontraron los paralizó. El mismo cadáver que habían visto hace unos segundos, estaba de pie, con los brazos caídos y la mirada viendo el suelo, se encontraba el supuesto cadáver.

Empezó a levantar la cabeza lentamente. Cuándo tuvieron un plano completo de su rostro, se espantaron. Su rostro estaba en proceso de putrefacción. Con una mirada vacía y sin vida, los miraba.

Los señores Loud, no lo podían creer. El cadáver, ¿de pie?

Mientras ellos observaban perplejos el cadáver andante. Sus hijas estaban impacientes, desde su posición, solo veían a sus padres frente a un hombre. La hermana mayor, vestida con una camiseta manga larga de color azul, junto con unos jeans y tenis de color blanco, se bajó del auto para decirles a sus padres, que se apresuraran.

La chica se acercaba a paso tranquilo.

—Mamá, papá, ¿qué pasó… —En el momento en el que se acercó, observó lo que sus padres estaban viendo—. ¡Aaaaaaah!

El zombie escuchó el grito, vio a la chica y se abalanzó sobre ella. El señor Loud reaccionó rápido y se interpuso entre su hija y el zombie, le dio un fuerte gancho a la mandíbula, arrojando al zombie a varios metros.

—¡Rápido súbanse a la camioneta! —Empujó a su esposa y su hija hacia la camioneta.

El trío subió rápidamente a la camioneta y el señor Loud, pisó a fondo el acelerador. Sus otras hijas estaban confundidas, ¿porque sus padres y su hermana estaban muy asustados?

—¿Qué pasó Lori? —preguntó la chica rockera.

—Na… nada —respondió la chica.

—Si niñas, n-no pasa nada. —Las tranquilizó el señor Loud. Se limpió un poco de sudor de su frente y se concentró en el camino. Pero.

—¡Gruoor! —Un zombie saltó al parabrisas.

—¡Aaaaaah!

El señor Loud giró bruscamente el volante, provocando que se saliera del camino, cayendo por un precipicio.

Todas las hermanas Loud tenían millones de pensamientos cruzando por su cabeza: que morirían sin cumplir sus sueños; qué morirían sin haber tenido novio; dónde estaba su mantita, pero un pensamiento destacó entre los demás. La perteneciente de este pensamiento era Liberty Loud, la gemela de Lincoln Loud.

Liberty, tenía un mal presentimiento sobre qué su hermano se quedará solo en casa. Trato de convencerlo de que viniera con ellos a la casa de verano de la tía Ruth, pero él realmente se quería quedar en casa. Después le dijo de quedarse los dos en la casa, para un fin de semana de gemelos, pero él le dijo que al regresar tendrían un fin de semana completo, para pasarla entre ellos dos.

Liberty, muy a su pesar tuvo que aceptar y dejar a Lincoln solo en casa. Incluso mientras se despedían de Lincoln, Liberty lo abrazó y le preguntó de nuevo:

—¿Seguro que no quieres que me quede? —susurraba, mientras abrazaba a Lincoln con fuerza.

—No te preocupes Liberty, cuando regresen, tendremos un fin de semana de gemelos, tú y yo —susurraba Lincoln, mientras correspondía el abrazo de Liberty.

—¿Sabes que te quiero mucho? ¿Verdad Lincoln? —preguntó, mientras se empezaba a separar.

—Lo sé… yo también te quiero, Liberty. —Se separaron y Lincoln acompañó a Liberty a la camioneta.

Liberty se subió a la camioneta, y gracias a Lincoln, ella logró tener el tan aclamado y adorado, Punto Dulce. Después se despidieron de Lincoln y empezaron el camino, pero a Liberty jamás se le fue el presentimiento de que algo malo le pasaría su hermano.

Pero ahora moriría, y nunca podrá ver de nuevo a su hermano, no podrá tener el fin de semana de gemelos qué él le prometió.

El suelo se acercaba con peligrosidad. Cuando la camioneta finalmente se estrelló, todo se volvió negro para Liberty.


El zombie rompió el vidrio golpeando a Lincoln en el proceso. Cayó al piso y le cayeron trozos de vidrio al cuerpo. Se hizo a un lado rápidamente, Justo a tiempo, porque segundos después el zombie cayó justo donde estaba.

Lincoln con pánico, se dirigió a la cocina.

«¿Qué? ¿Qué está pasando? ¿Qué es eso?». —Eran unas de las preguntas qué se hacía en su mente.

El zombie siguió el olor del chico hacia la cocina. Al llegar a la cocina, no pude encontrarlo. El olor de Lincoln estaba en toda la cocina. Detrás de él, Lincoln se acercaba sigilosamente, portando una escoba de arma, pero por el silencio del lugar y los agudos sentidos del zombie, él ya sabía dónde estaba.

Giro rápidamente y se abalanzó sobre Lincoln. No pudo reaccionar a tiempo. El zombie lo estrelló en el suelo y lo agarró del cuello. Lincoln se quedaba sin oxígeno, su mente no podía procesar ningún plan que lo ayudará, pero finalmente, una idea cruzó su mente.

Con sus manos, empezó a buscar algo en el suelo con qué defenderse, y tenía que ser rápido, ya empezaba a ver borroso. Finalmente su mano derecha, sintió algo filoso entre sus dedos. Sin pensarlo lo clavó en la frente del zombie, provocando que esté sangrará y soltarás su cuello.

En el instante en el que Lincoln dejó de sentir la presión en su cuello, dio una fuerte bocanada de aire, recobrando los sentidos, pero mientras recuperaba el aire, sintió algo tibio cayendo en sus párpados. Abrió los ojos.

Un líquido tibio y amarillo, cayó dentro de sus ojos, pero extrañamente no sintió nada, pero parpadeó varias veces, limpiando sus ojos, viendo claramente el zombie tirado junto a él.

Rápidamente se levantó y se alejó un poco de él. Observó de lado a lado en pánico, buscando un arma. Vio a la cocina, más exacto, el cajón de los cuchillos.

«Los cuchillos».

Empezó a correr hacia la cocina, a la par de que el zombie se levantaba. Al llegar, rápidamente abrió el cajón y agarró el primer cuchillo con filo que encontró.

—Gruoor. —Se escuchó el gruñido del zombie a pocos metros de él.

Sin pensarlo ni apuntar, Lincoln lanzó el cuchillo, que afortunadamente le dio directamente en el pecho, tirándolo al suelo. El cuchillo se enterró hasta el mango, en la carne podrida del zombie.

Lincoln, pensando que todo ya había acabado, se empezó a acercar al zombie, no sin antes tomar otro cuchillo, para sentirse un poco más seguro.

Lincoln estaba a escasos pasos del zombie. Sin esperarlo ni anticiparlo, el zombie se puso en cuclillas y saltó hacia Lincoln, con la boca abierta, mostrando unos dientes verdes.

Lincoln, aún con el pánico y adrenalina en su cuerpo, trató de retroceder, pero el zombie no se lo permitió. Con una de sus huesudas manos, golpeó a Lincoln en el diafragma, sacándole todo el aire de sus pulmones.

Ya acostumbrado a eso, por los entrenamientos con su hermana mayor Lynn, se repuso con rapidez y lanzó un gancho a la cabeza. No recordando que con esa mano, sujetaba fuertemente el cuchillo. La cabeza del zombie fue atravesada de lado a lado, dejando salir un líquido amarillento de ella.

En los últimos segundos de vida del zombie, su conciencia humana pudo tomar el control, por última vez. Recordó todo lo que había hecho, todo lo que se había comido y no pudo hacer más que llorar. Llorar de arrepentimiento y de tristeza.

Lincoln vio los últimos segundos de vida de aquel zombie, no, de aquella persona que se volvió un zombie.

Lincoln se preguntaba, ¿cómo había pasado todo esto? En un momento estaba disfrutando una película y en el otro estaba luchando con un zombie.

«¿Qué estará pasando?».

Mientras reflexionaba todo lo que había pasado, en su ojo derecho hubo un pequeño destello de color amarillo brillante.


NA. Por fin terminé este capítulo, después de mucho tiempo.

La escena de los pensamientos de Liberty, la escribí a la hora en la que la inspiración está a flor de piel, o como se diga. Exacto, a las dos o tres de la mañana.

¿Qué pasará con Lincoln y su familia?

¿Qué fue ese destello en el ojo de Lincoln?

Acompáñame a descubrirlo en el futuro.

PS. Perdón por las faltas de ortografía.