La alquimista, había despertado, aún estaba un poco mareada. No le importaba, iba a rescatar a su hermana, aunque su vida se fuera en ello.

Ahora, se encontraba en su cuarto, colocándose un traje que había transmutado para esa ocasión. Su esposo, ingresó a la habitación sin tocar, mientras ella cubría su abdomen con una franela negra.

-Espera- detuvo su movimiento a la altura de su cicatriz, se arrodilló junto a ella y le besó la zona. Cerro sus ojos, suspirando -Esto es mi culpa... Si no hubiera venido aquí, esto no hubiera pasado- se abrazó a ella, aún arrodillado -Lo siento- volvió a besar su abdomen.

-Si tu no hubieras vuelto, no nos hubiéramos reencontrado jamás... Esto tenía que pasar Keilot, no es la culpa de nadie- le acarició el cabello -Levántate... Tenemos que irnos, Lai se esta volviendo loco-

Él obedeció y ella colocó un arco en su espalda, junto con un carcaj, que también había transmutado.

-Si... Esta desesperado. Dea y su bebé, corren peligro si no llegamos antes de que el barco zarpe- la cargó en su espalda como a siempre, preparado para correr como alfa -¿Lista?- preguntó emocionado.

-No- respondió con pánico -Nunca me acostumbraré a esto-

En la parte baja de la casa, un vidente concentraba su poder, para no estallar por la furia y la impotencia que sentía en ese momento. El Rompecabezas del Milenio, que llevaba con él todo el tiempo, se manejaba a través de las emociones.

-Prometo que te rescatemos, preciosa y por fin, nos iremos de aquí para ser felices juntos- murmuró, pensando en ella.

-Listo, Lai- bajó a toda velocidad la escalera con Gaia en su espalda -Vámonos... Nos vemos en el muelle- él asintió.

-Lejos-

Desapareció en el aire, mientras el cazador corría a toda velocidad, hacía su destino.

En el barco oriundo de Keisalhima, una inconsciente hechicera se encontraba amordazada y amarrada a una silla. Una mujer de largos cabellos negros, la miraba al otro lado de la habitación, mientras el soldado Strongers, vigilaba la cubierta acompañado de mercenarios, que habían contratado esa tarde. La mujer, se acercó y la golpeó en el rostro, para que despertara.

-Despierta... Maldita bruja-

Hablo seria, mirándola con desprecio. Esa bruja, como ella la llamaba, la había atacado hoy en la tarde, impidiendo que acabará con la alquimista que tanto detestaba, de una vez por todas. Pero seguramente, la otra desgraciada, ya estaría muerta, la había apuñalado con una estocada perfecta, difícilmente, hubiera sobrevivido.

-¡Perra!- murmuró, mirándola con odio, después de despertar -¿¡Qué le hiciste a Gaia!?-

Lo último que recordaba era, ver a su hermana ser apuñalada antes de lanzarle un hechizo a esa maldita. Después de eso, todo fue oscuridad.

-¿Tú que crees?- preguntó irónica -Seguramente, se desangró hasta morir- comentó sin emoción -Te recuerdo, que la herida que logré hacerle, fue mortal-

Cerró sus ojos, imaginando a su hermana muerta. No pudo ayudarla, no pudo salvarla como siempre lo hizo. Esa mujer había cumplido su misión, pero si creía, que iba a verla caer ante el rey, estaba muy equivocada.

-¡MALDITA!-

Gritó con todo el odio de su alma, mientras sus ojos cambiaron de color, a un rojo intenso. Todo comenzó a vibrar a su alrededor y una gran explosión, invadió la habitación por completo, desatando a la hechicera de inmediato y enviando a la Reina de Hielo, atravesando paredes.

-¡Dea!-

Gritó el vidente, al ver la explosión. El cazador y la alquimista, habían llegado junto a él, en ese mismo momento.

-¡Bajame, Keilot!-

Bajó de un salto y los tres corrieron hacía el barco. Subieron a él y lo que vieron al llegar a la cubierta, los dejó perplejos. La hechicera, caminaba en transe con su ropa hecha pedazos, mirando en dirección hacía una mujer de cabello negro, que se encontraba de pie, enfundando una espada. Las manos de la joven, despedían chispas rojas por el efecto de la magia en ellas.

-¡Tu mataste a mi hermana!- habló con la voz distorsionada por la furia -¡Yo te mataré a ti!- la señaló.

La Reina de Hielo, se abalanzó en batalla sobre ella, pero Gaia fue mas rápida y se interpuso en su camino con una lanza que había transmutado.

-¡No toques a mi hermana!- la golpeó en el rostro para apartarla -¡Juro que te mataré si lo haces!- la hechicera la miraba consternada -¡Hola, hermanita!- la saludó feliz -¿Puedes ayudarme aquí?- preguntó forcejeando con la morena.

Ella salió del transe y volvió a la normalidad, sus ojos ya no eran rojos y el poder de su magia, disminuyó por completo.

-¡Gaia!- la abrazó por detrás -¡Crei qué estabas muerta!- sollozó feliz.

-No lo estoy- forcejeba con su hermana abrazada a ella -Dea... Ayudame- pidió una vez más, esa mujer era fuerte.

-Lo siento... Es que esta perra- enfatizó la última palabra -Me dijo que habías muerto- levantó la mano hacía ella -Para atrás-

Murmuró y una ráfaga de viento, la empujó lejos de ellas. Pero rió como maniática.

-Son tan débiles, que por si solas, no pueden vencerme- blindó su espada -Son patéticas- rió una vez más, apuntandolas.

-Esta si es una bruja, Dea- la señaló con su pulgar, indiferente, mirando a su hermana -Lamento haberte comparado con ella-

-Esta bien, hermanita... Le enseñaremos quienes son las hijas del Sol y de la Luna- la tomó de la mano -Pared de vacío absoluto-

Una fuerza invisible, lavaplastó, dejándola inconsciente.

-Bien hecho- la felicitó -Vamos a ayudar a los chicos-

Descolgó su arco y comenzó a disparar flechas a diestra y siniestra, derribando a cualquiera que se interpusiera en su camino. Al igual que su hermana, que lanzaba hechizos defensivos, que expulsaba a las personas del barco.

Por otro lado, el cazador y el vidente, se encontraban teniendo una encarnizada lucha con el soldado Strongers, que no daba indicios de querer rendirse.

-¡Rindete!-

Exclamó el vidente, expulsándolo con telequinesis lejos del cazador.

-¡Jamás! ¡Tengo una orden del rey que cumplir!-

-Entonces...tendrás que morir- lo apunto con su espada.

-No, si ustedes caen primero-

Se abalanzó sobre el cazador y cuando estaban a punto de cruzar espadas uno con otro, una flecha le atravesó el corazón, junto con un rayo rojo, que lo arrojo lejos. El sujeto, cayó muerto al instante.

Los hombres voltearon y vieron a las hermanas apuntando hacía él. Ellas sonrieron orgullosas y en especial la alquimista, por haber ayudado a su esposo. Lo que no pudieron prever es que, detrás de ellas, una mujer mal herida se dirigía en su dirección, para acabar con ambas por la espalda.

-¡Cuidado!-

Gritó levantando sus manos, pero justo en ese momento, una espada paso volando a su lado, rozando su oreja y clavándose en el pecho de la mujer, matándola al instante. El cazador, la había asesinado, como había prometido.

-Maldita- se acerco a ella, apartando a su esposa y cuñada -Me la debías, por lastimar a mi esposa- saco la espada del pecho de ella con desprecio -Siento que vieras esto, amor-

Se disculpó, mirando el cuerpo de la mujer frente a él. Siendo el s

Soldado del Invierno, se había convertido en un brutal y despiadado asesino. Volviendolo indigno de su esposa, según su propia convicción moral.

-Keilot... Esta bien... Ya todo termino- le tomó el rostro con ternura -Mirame- suplicó y él, hizo un esfuerzo sobre humano, para dirigirle la mirada -Vamonos a casa- lo observó a los ojos -No tienes que disculparte por esto-

-Si, lo sé... Pero debía hacerlo- le acomodo el cabello, mirándola con anhelo. Ella lo amaba a pesar de todo -Vámonos... Todos estamos bien- le tomó la barbilla y la besó en la frente -Gracias...Por todo- susurró juntando sus frentes.

-No, gracias a ti por salvarme... Mi fuerte cazador- lo besó en los labios con ternura.

La hechicera de la luna, se encontraba abrazada al vidente que no tenía deseos de querer soltarla.

-¿Estas bien, preciosa?- Le acaricio el pómulo, donde tenía el golpe que le habían dado -No te lastimaron, ¿Verdad?-

-No, mi querido vidente- Le aparto el cabello del rostro, que siempre le cubría el ojo -Los dos estamos bien-

Acarició su diminuto vientre que se encontraba expuesto, ya que su ropa, había sido destruida por la explosión de su poder. Él se quitó la chaqueta y la cubrió con ella.

-Cubrete un poco... Hace frío aquí- la abrigó bien y la abrazó con fuerza -Todo termino, amor mío... Podremos estar juntos, ahora-

- Aún no, Lai... Quiero mandarle un mensaje al rey- se apartó de él y lo besó en los labios -Te amo... Pero necesitó que bajemos del barco ahora- entrelazó sus manos y se dirigió hacía su hermana -Gaia, ven... Tenemos que hacer algo para el rey-

Los cuatro, desembarcaron y se posicionaron en el muelle, frente al navío.

-No me digas, ¿Qué tuviste el mismo recuerdo que yo?-

Preguntó su hermana, cargando su arco con una flecha. La hechicera, la miró de reojo y sonrió.

-Así es- respondió cómplice -¿Lista, Eyra?- preguntó entusiasmada, siguiendo el juego.

-Nací lista, Ivette- los hombres tras ellas, las observaban orgullosos. Ellos también habían tenido el mismo recuerdo - Más negro que la oscuridad...- tensó su arco - Más rojo que la sangre...- pronunció y la flecha, comenzó a brillar.

-Perdido en la corriente del tiempo...- siguió el hechizo que la alquimista comenzó -Junto con tu poder y el mío...-

Una bola roja de energía, se acumulaba entre sus manos. Miró a su hermana sonriendo, comprendiendo al fin, el significado de aquel mantra.

-Aniquilaremos a todos los estúpidos...-

-Que deseen interponerse en nuestro camino...-

-¡DRAG SLAVE!-

Gritaron juntas, liberando todo su poder, destruyendo por completo el barco y toda la desgracia que él representaba. Por fin, eran libres y no volverían a sufrir, nunca más. Su destino fue liberado y había llegado el momento de vivir en paz. Era una promesa ante todos los dioses y sobre todo, ante la Dama del Caos.