Padre e Hija


Mientras Blu finiquitaba detalles con Ximena, Perla ya había charlado más a fondo con su padre Eduardo. Él aún se sentía culpable por no haber podido salvar a su esposa, la madre de Perla.

—Hija yo no pude... No pude… Salvarla de esos humanos —dijo Eduardo muy apenado.

—Lo sé padre, pero no te agobies. Sé que es doloroso, mas no fue tu culpa, hiciste todo lo que estaba a tu alcance y eso lo es todo —dijo la guacamaya consolando a su padre.

—No hay nada mejor que escuchar los consejos de mi propia hija —dijo Eduardo con un mejor ánimo.

—Y tú, ¿Cómo estuviste todo este tiempo hija mía? —añadió.

—Crecí sola por mucho tiempo en la selva y me aterraba pensar que era la única sobreviviente de mi especie hasta que unos humanos me atraparon y me pusieron en una especie de selva artificial —respondió ella recordando.

—¡¿Te hicieron daño?! —preguntó Eduardo un poco alterado.

—No, no para nada... De hecho, me daban alimento y agua, pero yo no quería estar ahí, yo quería volar alto y ser libre, por eso varias veces intenté escapar —contó recordando su antigua estadía en Río.

—Y... Ahí fue donde conociste a Blu, ¿Verdad? —preguntó muy curioso su padre.

Perla le contó todos los sucesos a detalle, desde que conoció a Blu hasta cuando este mismo la salvó.

—Entonces se lanzó después de mí —relataba Perla.

Eso demostraba que me amaba de verdad. Él pudo haberse quedado en el avión intentando salvarse de alguna forma, pero prefirió pasar sus últimos segundos de vida conmigo, eso es amor de verdad —relató Perla con unas cuantas lágrimas en los ojos al recordar aquel hermoso suceso.

—Vaya hija, haces que me sienta muy arrepentido de haber tratado mal a Blu cuando lo conocí por primera vez. Llegué a pensar que jamás sería uno de los nuestros, pero al final demostró todo lo contrario —mencionó Eduardo orgulloso del ahora esposo de Perla.

—Sí... Yo también fui un poco dura con él cuando lo conocí, pero luego descubrí que era el indicado para ser el padre de mis hijos —mencionó la guacamaya.

—Oh Perla, me alegra tanto que estés de nuevo en casa y en compañía de tu familia, ¡Soy el padre más feliz del mundo! —le dijo esbozando una gran sonrisa.

—Por cierto, ¿Sabes dónde está Blu? —añadió.

Perla recordó que Blu le tenía preparada una sorpresa así que no pudo evitar sonreír un poco.

—¿Sucede algo Perla? —preguntó su padre riéndose un poco.

—Es que Blu me dijo que me está preparando una sorpresa, algo especial y tal vez ya esté listo —dijo muy emocionada.

—Pues entonces ya me cuentas cuál fue la sorpresa el día que me vuelvas a visitar —dijo Eduardo muy contento.

—Lo haré papá, bueno ya se está haciendo de noche, será mejor que vuelva al nido... Blu debe estar esperándome —le dijo Perla.

—Claro hija, me visitas cuando quieras y mándale un saludo a Blu y a mis nietos —finalizó su padre.

Ella se fue volando al nido que Roberto les había prestado mientras pensaba en la sorpresa que Blu le estaba preparando.