La Selva: Nuestro Hogar


Cuando Perla llegó al nido encontró a Blu junto con los niños, él les estaba dando un poco de fruta antes de ir a dormir.

—¡Mamá! Qué bueno que ya estés aquí, te estábamos esperando —dijeron los 3 niños al unísono.

—¿Cómo te fue cariño? —preguntó Blu mientras acomodaba unas cosas.

—Muy bien Blu. De hecho, debo visitar a mi padre más a menudo. Se nota que necesita a su hija cerca, no me puedo imaginar cómo debe haberse sentido al pensar equivocadamente que también me había perdido a mí.

—Tuvo que haber sido bastante duro, pero conociendo a tu padre, no creo que exista ave más fuerte en la selva, a excepción de su hija claro. Sin duda alguna Eduardo ha demostrado ser un gran padre y líder —le dijo Blu.

—No sabes lo feliz que soy, viendo que ustedes dos ya se llevan bien, pues al principio creí que como las cosas no iban bien, debíamos volver a la ciudad.

—Sí fuera el Blu de hace unos días te habría dicho que sí pero eso ya no pasará jamás ¡Este de ahora en adelante será nuestro hogar!… Aunque de vez en cuando extrañaré mi tacita de chocolate —comentó el guacamayo azul.

—Por eso es que te amo Blu —dijo Perla dándole un beso suave cerca al pico.

—¡Mamá! —dijeron los 3 polluelos un poco incómodos por lo que habían visto.

Blu y Perla no pudieron evitar reírse un poco, cuando ellos también eran polluelos les causaba mucha incomodidad que una pareja se demostrara su afecto.

Pasaron unos 20 minutos y los 3 polluelos ya estaban arropados y listos para dormir, como toque final, Perla les cantó una canción de cuna y cayeron rendidos a Morfeo.

—Eres una madre maravillosa —susurró Blu.

Perla volteó y vio a Blu con una sonrisa dibujada en el rostro.

—Lo sé, lo sé, tú también eres un magnífico esposo —dijo mientras se acurrucaba a su lado.

—Por cierto... ¿Ya está lista la sorpresa? —preguntó muy curiosa Perla.

—Es una gran sorpresa, tan grande que difícilmente estará lista en unos días —dijo Blu hablando del nido que Ximena estaba construyendo.

Perla no podía entender por qué la sorpresa de Blu demoraba tanto, pero no dijo nada más. En su interior se puso aún más ansiosa y pensar en lo que podría ser la agotó tanto que se quedó dormida en poco tiempo.

—Buenas noches amor —finalizó Blu muy somnoliento también.