Discusión del Enemigo


Mientras Blu iba camino a encontrarse con Perla y los niños. Ella había terminado de visitar a unas amigas y volvía al nido que Roberto les había prestado, pensando que encontraría a Blu ahí. Cuando llegó, todo estaba en silencio, lo que sugería que él aún no había llegado.

—Blu, ¿Estás ahí? —preguntó Perla para corroborar sus suposiciones.

Nadie respondió, el nido estaba vacío. Ella empezó a preguntarse dónde estaría Blu cuando de repente, escuchó el batir de unas alas. Perla pensó brevemente brevemente que se trataba de su esposo. Sin embargo, escuchar la voz de aquella ave le hizo darse cuenta de que no era así. Se trataba de Roberto, quien entró al nido y saludó a Perla.

—Hola Perliux, ¿Cómo estás? saludó Roberto.

—Hola Beto, ¿Qué te trae por aquí? —preguntó ella riendo un poco.

—Los recuerdos me traen aquí Perliux, los recuerdos. Parece como si fuera ayer cuando tú y yo éramos aves tan felices—respondió él.

—Jajaja ¿De qué hablas Roberto? No estarás pensando en aquellos tiempos, ¿Verdad? —le preguntó Perla entendiendo lo que pasaba.

—Solo piénsalo Perla, nosotros éramos la pareja perfecta, Teníamos la bendición de tu padre y luego sucedió lo que sucedió.

—Roberto, lo que pasó entre nosotros fue un simple amorío de polluelos. No puedes seguir tomándotelo tan enserio. No digo que no me gustaron vivir aquellas épocas contigo, pero ya somos adultos y nuestras vidas han tomado rumbos distintos —le contestó Perla con mucha serenidad.

—No seas ingenua Perla, sabes muy bien que Blu es muy tonto y no es como nosotros. Mientras tú y yo volábamos libres en la Selva y aprendíamos todas las cosas de nuestra especie, él era una simple mascota que no sabía volar.

A Perla le hirió bastante lo que Roberto dijo de Blu, pues recordó que justo eso había pensado la primera vez que lo conoció. Suspiró, cerró los ojos y con determinación le dijo:

—Roberto, no voy a permitir que hables así de mi esposo. Vete de aquí por favor.

Al ver que su plan de convencer a Perla fracasó, él no aguantó más y estalló. No podía entrarle en la cabeza cómo es que Perla prefería más a Blu que a él... Así que le dijo todo lo que pensaba.

—¿Después de hacerte ver la verdad así es como me respondes? ¿No tienes algo mejor que decir? Yo soy el ave más indicada para ti Perla, siempre lo he sido. Te arrepentirás de haberte casado con ese inútil, yo soy el único que puede hacerte feliz de verdad Perla, solo yo!

—¡Basta, vete de aquí Roberto! —le gritó Perla.

—¿Todavía te atreves a expulsarme de mi propio nido? ¿No es acaso Blu "Nuestro Héroe" el que no es capaz de conseguir un nido para su familia? ¡Tú eres la que se irá Perla, hoy te vas tú y toda tu familia! Ya veremos qué dirá tu padre al respecto ¡Ahora todos verán la mascota humana que siempre ha sido Blu!

Perla con lágrimas en los ojos volteó a ver a Roberto, extendió un ala y le golpeó con fuerza el pico. Luego salió volando sin rumbo.

—No creas que te saliste con la tuya Perla, tú serás mía, cueste lo que me cueste —pensó Roberto mientras miraba a Perla alejarse.

Perla no sabía que hacer. Voló sin rumbo por un par de minutos, un mar de preocupaciones pasó por su cabeza y no dejaba de pensar en lo que le había dicho Roberto... ¿Qué diría su padre Eduardo, la comunidad de los Spix y las otras comunidades de aves?

Mientras aún seguía muy dolida y angustiada, pudo ver a lo lejos a Blu, sus hijos y los amigos de su esposo. Estaba claro que se dirigían al nido de Roberto para encontrarse con ella. Perla rápidamente reaccionó rápido y fue volando a su encuentro. Ella no quería que se armara toda una escena en el nido de Roberto, las cosas ya estaban muy tensas como para empeorarlas.

—¡Blu! —gritó Perla emocionada.

—¿Por qué tardaste tanto? —añadió.

—Perla, me alegra verte, pensé que te encontraría en el nido. Ven acompáñame junto a los niños, tengo algo que mostrarte.

Los niños se alegraron de ver a su madre, la abrazaron y la siguieron junto al resto del grupo. Ellos también se encontraban emocionados. Después del reencuentro familiar los amigos de Blu saludaron a Perla.

—Hola Perla —saludaron Rafael, Nico y Pedro.

—Hola muchachos, gracias por acompañar a Blu, ya empezaba a preocuparme—les dijo ella.

—Blu venció a los taladores Perla, no tienes porqué preocuparte. De hecho, el nos protegió a nosotros —le dijo Pedro a Perla.

Perla no pudo evitar reírse un poco y Blu sonrojarse algo. Ahora todos volaban con dirección al nuevo nido. Lo que no sabían era que Roberto los había estado espiando y ahora él también se preguntaba cuál era esa sorpresa. De todas formas no los siguió pues pensó que nada sería tan bueno como para compensar la situación en la que él los había puesto.

—Será cuestión de tiempo para que toda la comunidad hable de la situación de Blu y su familia. Será una gran vergüenza para Eduardo y la comunidad Spix. El resto de aves verá que la hija del jefe está casada con un inútil —pensó Roberto.

Al cabo de unos minutos todos llegaron al nuevo nido. Sin embargo, unos cuantos árboles antes. Blu le vendó los ojos a su esposa e hijos para que la sorpresa sea efectivamente una sorpresa.

Blu y sus amigos ayudaron a Perla y a los polluelos a ubicarse en un árbol que estaba frente al nuevo nido, así ellos podrían contemplar toda la hermosura de su nuevo hogar.

—Perla, niños. Ya pueden quitarse las hojas —les dijo Blu.

—Wow, esto es magnífico —dijo Perla al ver el nido.

—Papá, ¿Acaso estoy soñando? —preguntó Carla, la hija mayor de nuestra pareja.

—¿Les gusta? —preguntó Blu a toda su familia.

—¡Es perfecto! —le respondió Perla todavía atónita de lo que estaba viendo.

—¡Es increíble papá! —respondieron Tiago y Bia mientras volaban al rededor del nuevo nido.

—No saben lo feliz que soy sabiendo que les a gustado mucho la sorpresa. Era mi deber como padre y esposo, conseguir un nido a la altura de esta maravillosa familia —les dijo Blu.

Toda la familia se abrazó y miraron juntos el atardecer desde su nuevo hogar. Sus amigos muy felices por ellos, también se unieron al abrazo cierto tiempo después.

El resto del día, los amigos de Blu se quedaron ayudando a la familia azul a instalarse en su nuevo hogar. Ellos también estaban muy asombrados de lo decorado que estaba el nido por dentro, al igual que Rafael, llegaron a antojarse de uno. Al terminar los amigos se despidieron de la pareja y prometieron volver a verse pronto. Rafael tenía que viajar al día siguiente a Río, así que debía empezar con los preparativos.

Luego, tras un día cargado de emociones, la familia se propuso descansar. Arroparon a los niños y nuestros tortolitos se fueron a dormir. Sin embargo, Perla no podía conciliar el sueño, la pelea que había tenido con Roberto le inquietaba mucho. Blu se percató de esto y le preguntó.

—Perla, ¿Estás bien?

—Sí Blu, supongo que sigo emocionada por todo lo que ha pasado —le respondió ella.

—¿Segura? Porque pareces más triste que emocionada, casi nunca suelo verte así —le dijo él.

Perla suspiró y decidió contarle la verdad a Blu.

—La verdad es que tuve una pelea —le dijo ella.

—¿Con quién? No me digas que fue con tu padre o acaso con... ¿Una amiga?, ¿Fue con una amiga?

—No Blu, fue con Roberto. Hoy antes de encontrarnos, tuve una discusión con él. No fue nada importante así que no te preocupes, estaré bien.

Escuchar eso le agradó bastante a Blu, su principal rival había deteriorado su relación con Perla. Sin embargo, él no debía permitir que Perla notara su felicidad, por ende decidió consolar falsamente a su esposa. Jamás habría dicho en serio lo que posteriormente salió de su pico.

—Perla, creo que deberías amistarte de nuevo con Roberto. Digo, él nos prestó su nido por un tiempo y no creo que pelearse con él haya sido una buena manera de agradecer el gesto. No sé qué habrá provocado la pelea entre ustedes dos, pero créeme Perla que lo mejor que podemos hacer ahora los Spix es mantenernos unidos para hacer frente a los futuros desafíos que se avecinen —le dijo él.

Perla se quedó atónita, no podía creer lo que acababa de escuchar. Ella sabía que Blu estaba un poco celoso de Roberto pero escuchar eso de su esposo le hizo creer que lo había superado definitivamente. Claro que ella no sabía que Blu solamente quería alejarla de Roberto, aún así se acurrucó al pecho de Blu y lo abrazó para posteriormente decirle.

—Te amo Blu, eres un esposo excelente.

—Yo también te amo Perla—susurró él.

Después de aquello, ambos se quedaron dormidos.