La Partida de Rafael


Después de haber expulsado de su nido a la familia de Blu, Roberto creyó haber arruinado el matrimonio de su enemigo. Sin embargo, al caer la noche, se le hizo extraño que nadie hablase de la penosa situación que Blu y su familia tendrían que estar pasando. De hecho, el rumor ya habría tenido que haber llegado a los mismísimos oídos de Eduardo, el padre de Perla.

Dudoso de si su plan había funcionado o no, Roberto salió volando de su nido aquella noche en busca del paradero de Blu y su familia. Voló cerca de los lugares a los que Blu podría haber pedido alojamiento pero ninguno de ellos parecía tener huéspedes extra. Así pasaron un par de horas hasta que Roberto se cansó. Él ya se encontraba a punto de volver a casa cuando de pronto observó volar a lo lejos un tucán bastante peculiar. No pasó mucho tiempo para que Roberto recordara que aquel tucán no era más y nada menos que Rafael, una de las aves más cercanas a Blu. Así que sin pensarlo dos veces, decidió seguirlo silenciosamente.

En el trayecto, Roberto se dio cuenta de que estaban entrando a una zona del bosque muy especial, una zona donde únicamente crecían árboles muy gruesos y donde muy pocas aves habían construido sus nidos. Esto confundía aún más a Roberto, pero él estaba decidido a descubrir lo que pasaba.

En eso, Roberto vislumbró un gran nido del que emanaba algo de luz, pero tal luz no parecía ser producida por fuego, se trataba de algo más. Ahí es donde Roberto se detuvo para confirmar las sospechas que había comenzado a tener hace tan solo unos segundos atrás. Roberto había encontrado a Blu y su familia, pero decidió no llamar la atención y seguir escondido para escuchar la conversación entre el tucán y el spix.

—Buenas noches Blu, espero no estar incomodando —saludó Rafael con un tono amigable.

—No te preocupes Rafael, Perla y los niños ya están descansando. Ya es algo tarde, dime ¿En qué puedo ayudarte? —le preguntó Blu.

—Es sobre, Ximena. Hace unas horas cuando me estaba preparando para salir ella me encontró y me dijo que no se iría con sus hermanos, ah y también me pidió que te diera esto en cuanto pueda, es un pequeño trozo de papel con unos símbolo raros. Luego salió volando sin despedirse, supongo que le falto decirte algo sobre el nido... Fue muy raro la verdad —le relató Rafael.

Blu recibió el papel y le dejó rápidamente dentro del nido.

—No tuviste que darte la molestia de dejármela ahora que es muy tarde, pudiste habérmela dado mañana —le reprochó amablemente el guacamayo.

—¿Es que acaso ya lo olvidaste?, mañana tengo que estar temprano en Río. Mi reunión familiar no era hoy sino mañana y pues no puedo retrasarme, ya conoces a mi esposa. —respondió el tucán.

—Cierto Rafi, lo había olvidado. Debe ser por esto del nuevo nido, perdón por reprochar este gesto muy amable de tu parte, solo lo dije porque debe hacer mucho frío y no es muy seguro volar solo a estas altas horas de la noche —se disculpó Blu.

—No te preocupes Blu, para eso están los amigos... Más bien en cuanto a lo segundo tienes mucha razón. De hecho no sea si sea únicamente cosa mía, pero sentía que alguien me venia siguiendo camino a tu nido —añadió Rafael.

—Debe ser cosa tuya amigo mío —respondió Blu.

—¿Quién podría estarte siguiendo? Además si hubiesen querido hacerte daño lo hubiesen hecho en pleno trayecto, ¿No crees? —añadió.

—Sí, tienes razón Blu... Deben ser los nervios, mañana será un día muy intenso para mí —respondió Rafael.

—Ya me imagino Rafi, pero tú tranquilo... Te apuesto que esa reunión familiar será un éxito —le animó Blu.

—Gracias amigo, bueno ya tengo que irme, esta ocurrencia de Ximena me ha robado un poco de tiempo pero si no lo hacía yo entonces quién lo hubiera hecho —le contestó Rafael.

—Está bien Rafi, que tengas un excelente viaje pero antes que te vayas ten esto —dijo Blu.

Nuestro héroe azul sacó una varita luminosa que había tomado del campamento de Linda. La encendió y se la dio al tucán.

—Está es una varita luminosa, proporciona luz temporalmente para situaciones así. Ahora podrás ir seguro.

—Muchas gracias Blu. Sin duda alguna los humanos hacen cosas extraordinarias, a excepción de las jaulas claro jaja. Ahora sí debo irme Blu, adiós y disfruta el nido —se despidió el tucán.

—Adiós Rafi, buena suerte —terminó Blu.

Rafael alzó vuelo y salió volando con la varita luminosa entre las patas. Ahora con aquella luz artificial, podía volar más rápido sin el miedo de chocar contra algún árbol.

Blu por su parte entró al nido y se dispuso a dormir. No sabía que no tan lejos de su nuevo hogar, se encontraba Roberto. El había escuchado toda la conversación entre Blu y Rafael y no iba a dudar en tramar algo con la nueva información que sabía.

—¿Así que este es tu nuevo nido eh Blu? Qué pena que hayas necesitado ayuda para construirlo, sigues siendo una mascota. Te lo hizo esa tal Ximena, hmm. Nunca había escuchado de ella pero, ¿Por qué ayudó a Blu? —se preguntó así mismo Roberto.