Sinceridad Parcial
Al día siguiente la familia de Blu despertó y todo el mundo también. Él salió temprano del nido y fue a buscar alimento para su familia. Recogió diversas frutas y las llevó a su nuevo hogar.
—Perla, niños, vengan aquí... El desayuno está servido —llamó a la mesa el guacamayo.
Los niños llegaron rápidamente y empezaron a degustar de todas las frutas que Blu había traído. Ellos extrañaban muchísimo los panqueques con crema pero sabían que de ahora en adelante debían acostumbrarse únicamente a comer frutos y semillas como el resto de aves. Detrás de ellos llegó Perla quien esbozaba una gran sonrisa, se puso al lado de su esposo y alcanzó a susurrarle tiernamente un "gracias".
Blu estaba muy satisfecho de haberle traído el desayuno a su familia. Sabía que Roberto nunca más podría aparecerse ante su familia por una situación similar. No obstante, aún le inquietaba saber por qué Ximena había decidido quedarse y por qué le había mandado un recado especial. Perla lo notó un poco distraído así que le preguntó al respecto.
—¿Estás bien Blu? Casi no has comido nada —le preguntó Perla.
Blu reaccionó inmediatamente y mintió acerca de lo que le pasaba.
—No Perla, todo está bien, todo está bien cuando estoy con ustedes. Si me notan un poco distraído ha de ser porque anoche hablé con Rafael hasta muy tarde y me costó un poco conciliar el sueño, así que no se preocupen. Bastará con descansar temprano para volver a sentirme genial —les dijo Blu.
Perla no le dijo nada más. Ella simplemente le sonrió y asintió la cabeza como muestra de que comprendía. Al terminar de desayunar, los niños salieron del nido y fueron a buscar a sus nuevos amigos. Blu y Perla se quedaron solos en el nuevo nido.
—Hasta ahora no puedo creer que la sorpresa haya sido un nido nuevo. Imaginé de todo a excepción de algo tan increíble como esto. Dime, ¿Quiénes te ayudaron Blu? —preguntó Perla con mucha curiosidad.
—Digamos que un favor pagó otro favor Perla, el ave que me ayudó se sentía en la necesidad de compensar algo que yo había hecho por ella —le respondió Blu.
—Supongo que habrás tenido que hacer algo muy especial a esa ave para que te ayudase en algo tan grande como la construcción de un hermoso nido, ¿no? Dime, ¿Conociste a esa ave antes de conocerme a mí o después? —le preguntó.
Blu se dio cuenta de que Perla quería saber la identidad de Ximena pero el no quería decírsela pues temía que la reacción de Perla fuera negativa. Aún más sabiendo que Ximena era una bella guacamaya y que aparentemente sentía algo por Blu. Así que sabiamente nuestro protagonista le miró a los ojos y le dijo:
—Quien me ayudó fue un ave llamada Ximena. Rafi me la presentó hace unos cuantos días. Ella sabe mucho sobre construcción de nidos y decidió ayudarme porque fue una de las aves que liberé cuando los contrabandistas nos habían encerrado en jaulas. Sí lo sé, la selva es muy pequeña... Así que bueno, ella se sentía en deuda conmigo por lo que se ofreció a ayudarme en este proyecto. Créeme que yo inicialmente pensé en algo mucho más sencillo, pero ella no sé negó cuando sin querer, elegí una de los diseños más complejos.
—Oh Blu, gracias por ser tan sincero conmigo. Ahora entiendo por qué estabas tan distraído en el desayuno. Temías que mi reacción fuese negativa cuando llegase el momento de que me contaras esto pero no tenías porqué. Es cierto, quería saber si se trataba de una hembra o un macho, pero ya me da igual. Lo que importa ahora es nuestra familia.
Blu sabía que esa no era la verdadera razón por la que él había estado distraído en el desayuno. No podía dejar de pensar en qué era lo que Ximena quería. Sin embargo, tampoco podía revelarle la verdadera razón a Perla pues sabía definitivamente que su reacción esta vez no sería nada, nada buena.
—Eres la mejor esposa del mundo —le dijo Blu mientras extendía las alas para acercar a Perla.
—Y tú el mejor esposo del mundo —finalizó ella correspondiendo el abrazo.
