Descifrando el Enigma


Ese mismo día pero tiempo más tarde, Blu sacó de su escondite el papelito que le había dado Ximena. Aprovechó que Perla había ido a buscar a los niños ya que tardaría un poco en traerlos de vuelta para comer todos juntos.

Aquella noche cuando Rafael le dio el papel a Blu, lo único que nuestro protagonista pudo ver en esa densa oscuridad fueron números. Solo él sabía que se trataban de números pues aprendió a reconocerlos cuando vivía en Minnesota con Linda. De hecho, Linda le había enseñado a contar hasta 1000. Así que el reconocía lo que para el resto de aves como Rafael, eran tan solo símbolos o jeroglíficos raros sin importancia.

Blu tomó el papelito, voló hasta la copa del árbol y lo colocó en una posición en la que la luz del sol le daba muy bien. El contenido que logró observar le sorprendió muchísimo, inmediatamente reconoció que se trataban de coordenadas geográficas. Blu se sorprendió de que Ximena también supiese de cartografía básica, así que la situación se tornó aún más intrigante. Luego con papel en pata, Blu fue directo a buscar su cangurera. Sin embargo, no se dio cuenta de que en ese pequeño instante tiempo su familia había llegado.

Cuando llegaron Perla, Carla, Bia y Tiago a la entrada del nido. Ellos vieron cómo Blu baja rapidísimo de la copa del árbol al nido, como si hubiese hallado algo importantísimo.

—¿Te encuentras bien Papá? —le preguntó su hija mayor, Carla.

—Por supuesto Carla, mejor que nunca —respondió Blu un poco nervioso.

—¿Por qué venías a toda velocidad desde arriba Papi? ¿Sucede algo ahí arriba? —le preguntó Bia con curiosidad.

—Para nada hija mía, solo que estoy entrenando mi vuelo en picada, ya saben... Papi está entrenando muy duro para dominar las habilidades innatas de un ave —respondió con una sonrisa nerviosa.

—¿Puedes intentarlo de nuevo pero esta vez conmigo? —le preguntó su hijo menor Tiago.

—No Tiago, esto es algo que todavía no puedes practicar por tu edad, pero te aseguro que serás el primero a quien le enseñe —respondió su padre.

—Muy bien niños, ya fue suficiente. Entremos al nido para comer que ya se está haciendo algo tarde —le dijo Perla a los niños.

Toda la familia entró y se puso a comer. Esta vez Blu procuró prestar atención a toda su familia para no levantar ninguna sospecha. Los niños le contaron todo lo que habían hecho a su padre y él los escuchaban. Así se quedaron un buen rato como familia. Después de aquello, los niños volvieron a salir pero esta vez no para jugar sino para recibir educación de cómo vivir y ser independiente en la selva. Los Spix como comunidad se preocupaban mucho en que los polluelos sean autosuficientes lo más antes posible y bueno, los hijos de Blu y Perla tenían que ponerse al ritmo del resto.

Al caer casi la noche, Perla recordó que debía contarle sobre la sorpresa de Blu a su padre así que le dijo a Blu que iría de visita al nido de Eduardo. Tal deseo de su esposa le cayó como anillo al "dedo" a Blu pues ahora podría buscar su cangurera, sacar el papelito y averiguar qué estaba ocurriendo.

Blu escondía su cangurera porque después de la batalla contra los taladores, le había prometido a Perla despegarse poco a poco de los objetos humanos. Por lo que de alguna manera tenía prohibido usar la tecnología humana cuando estaba con su esposa o frente a los niños, solo lo hacía cuando él estaba solo.

Después de despedir a Perla con un beso, Blu voló hacia un gran arbusto que había cerca del nuevo nido. Separo las hojas de este con sus alas y extrajo su cangurera. Abrió el cierre y sacó lo que tanto estaba buscando, su querido GPS.

—Hola servicio de geolocalización satelital, con tu ayuda podré desentrañar todo este misterio y espero que todo esto no se trate de nuevos problemas... Debo saber por qué Ximena quiere que vaya a esta ubicación ¿Necesitará ayuda? ¿Estará en Peligro? —se preguntó Blu.

Nuestro protagonista encendió el aparato e introdujo las coordenadas que le había mandado Ximena mediante el papel. Inmediatamente el GPS arrojó una ubicación aproximadamente a 2 kilómetros del nido de Blu. Era una ubicación completamente desconocida para nuestro querido guacamayo azul. De hecho, estaba fuera del territorio de los Spix. Todo esto hizo que Blu se preocupara aún más, él empezaba a creer que habían secuestrado a Ximena.

El sabía que Perla y los niños tardarían en volver a casa, así que tras pensarlo un par de minutos, decidió volar y echar un vistazo rápido a la ubicación que el GPS indicaba. Como pensaba que Ximena podría estar en problemas, decidió llevarse el aparato junto con la cangurera. El procuraría regresar lo antes posible así que alzó vuelo y se dirigió con destino a la misteriosa ubicación.