Disclaimer: Bleach no me pertenece.

Advertencias: OoC. Grimmhime. Universo Alterno. Grimmjow boca sucia como siempre. Probablemente le suba la clasificación después.

Esta vez trataremos la ira burbujeante de Grimmjow. Y también tendremos a Hisagi constantemente -inserte corazocito porque lo amo-.


Namasté


—¡¿Qué mierda crees que estás haciendo?!

Grimmjow soltó un suspiro, tan cansado de toda esa mierda que podía estar seguro de que un golpe no era lo único que iba a soltar. La pequeña novia de Kurosaki lo miraba con una furia que hubiera podido transformarla en un maldito gigante, si tan sólo él le tuviera alguna pizca de miedo, a pesar de que sabía que Rukia era de todo menos una mujer que se acobardara ante un hombre. Podía incluso tal vez intentar trapear el piso con él, y si estaba aunque fuera un poco distraído lo conseguiría.

—No te metas, Rukia —gruñó la advertencia.

—Me meteré en donde demonios quiera si vienes como el imbécil que eres a demostrar que la testosterona te fundió el cerebro.

Grimmjow alzó las manos, desinteresado por completo de ponerse a pelear con una mujer un poco más de medio metro diminuta que él. Era, sí, probablemente un imbécil y normalmente no le importaría hacerlo, pero a veces se sentía un hombre considerado respecto a ese tema, sin importar que Rukia estuviera dispuesta a ir y ponerle un puño en la boca.

—¡Grimmjow!

Él rodó los ojos. Esa mierda no podía ponerse peor.

Segundos después sintió una mano brusca tirarlo del brazo, mientras oía el quejido de Kurosaki que se revolcaba un poco en el suelo. Intentó evitar todo lo posible mirarla. Si Rukia era capaz de hacerlo desear tomarla de la camiseta y colgarla del asta de la universidad, Nelliel conseguía con solo mostrarse frente a él que quisiera tomarla y lanzarla a un barco camino a Rusia, esperando que se le congelara el trasero antes de que pudiera regresar.

Rukia había puesto su atención en Kurosaki.

—¿Por qué hiciste eso? —exclamó la chica a su lado, alargando la mano para tomar su rostro y voltearlo hacia ella. A penas sintió sus dedos tocar su piel, Grimmjow envolvió su muñeca con su mano y giró la cabeza para acercarse al rostro de la chica, que le devolvía el ceño fruncido. La soltó bruscamente.

—No me toques.

Ella guardó silencio por un momento.

—Necesitas con urgencia poner los pies en la tierra, Grimmjow —susurró acercándose más, causando que él retrocediera un poco involuntariamente—. No todo se arregla golpeando a la gente.

Grimmjow gruñó.

—Tampoco se arregla lloriqueando.

Nelliel lo sintió pasar por su lado, sin tocarla en absoluto. Se llevó una mano a la frente, suspirando, para luego mirar a Rukia intentando ayudar a Ichigo. De inmediato se acercó y la ayudó con él.

—Vamos a llevarlo a mi auto.


El lunes solía ser un día de mierda. Tenía cuatro horas consecutivas de administración y productividad, pero era uno de los sacrificios que debía pagar para poder tener libre las tardes de casi la mitad de la semana. Acomodó su bolso en su hombro mientras seguía su camino por los pasillos, ignorando cualquier diminuto fastidio que pudiera darle más dolores de cabeza.

Ah, pasaría por el casino y compraría una bebida energética. No solía tomarlas, pero la necesitaba.

Después de comprar la bebida, se dirigió al salón de su clase para repasar una última vez sus apuntes que había hecho del libro sobre el contenido que se supone tendrían ese día. Mientras leía y ocasionalmente bebía, pasó el tiempo, y sintió llegar a su compañero del costado, Shūhei Hisagi. No solían hablar, en realidad, más que para temas puntuales y de vez en cuando iban juntos a algún lado, y sabía que por eso el chico había escogido cambiarse a su costado el segundo día en la universidad. Grimmjow solía salir a divertirse y probablemente no fuera la mejor compañía si se quería evitar un golpe en plena cara, pero amaba a lo que quería dedicarse. Amaba su motocicleta y amaba mantenerla en el mejor estado posible, amaba en general a los coches, y no importaba qué, no iba a descuidar un segundo de esa mierda de clase para bromear con el imbécil de atrás.

Él mismo se lo había preguntado a Shūhei. El tipo prefería un compañero confiable sobre el contenido antes que un intento de payaso.

—Hola.

Sin mirarlo en absoluto, Grimmjow lo saludó de vuelta. Shūhei estaba totalmente acostumbrado, y realmente no le importaba. Admiraba que al menos una persona en ese salón se dedicara a lo que hacía, independientemente de su vida en general.

Grimmjow tenía la mala reputación de ser un impulsivo, una mierda llena de ira que explotaba a la mínima provocación. Y sí, estaba un poco lleno de ira, y Shūhei estaba seguro de que si no hubiera escogido mecánica automotriz, su compañero estaría metido en las peleas callejeras por el simple placer de pegarse con otro idiota, en vez de estar tan concentrado en su cuaderno. Y lo entendía un poco. Shūhei era del tipo más tranquilo, pero no negaba la satisfacción de golpear la cara de un imbécil con la boca demasiado grande para su bienestar.

—Es extraño verte con una energética.

Grimmjow rió con un poco de ironía.

—Fue una noche de mierda.

—Uhm, ya veo.

No volvió a hablar y Grimmjow siguió en lo suyo hasta que el profesor llegó. Odiaba administración, a pesar de que no se le dificultaba y era bueno en matemáticas. Simplemente era demasiado aburrido como para mantenerlo tan pendiente como él quería un lunes a las once de la mañana estando con insomnio. No solía beber demasiado los domingos, así que en realidad nunca había llegado con los estragos de una borrachera a la primera clase del lunes, cosa que sería una verdadera tontería de su parte. Sin embargo la noche anterior había golpeado la estúpida cara de Kurosaki y se había sentido malditamente bien, al igual que demasiado amargo para lo que acostumbraba.

Cuando conoció a Kurosaki fue al entrar a la universidad, en una de las primeras fiestas. Ambos bebieron más de lo debido, lo suficiente como para hacerlos volverse más imbéciles de lo normal, en un juego con pelotas de pin pong y vasos en donde el único propósito era beber. Entonces acabaron envueltos en una pelea porque Rukia llegó para tranquilzarlo un poco después de que se hubieran insultado mutuamente. Grimmjow, claro, se burló de ello y recibió un puñetazo. No fue sorprendente, pero Kurosaki era algo más fuerte de lo que esperaba para ser más delgado que él.

La siguiente fiesta fue similar, pero con el tiempo en vez de pelear como niños por un tobogán, comenzaron a divertirse un poco al hacerlo y el trato se volvió más amistoso.

Pero Kurosaki estaba demasiado metido en su mierda sobre moral y cosas por el estilo.

Grimmjow nunca lo había visto hablar tan en serio como lo había hecho antes de recibir su puño. El imbécil lo trató de perra en celo y no iba a aguantarle algo así. Kurosaki jamás había entendido cómo podía tener sexo con una y otra y cuanta chica se le insinuara, pero tampoco había dicho nada al respecto además de algún comentario ligero con tono bromista. Tampoco era que a Grimmjow le importara lo que pensara, pero por algún motivo el imbécil creyó que quería hacer lo mismo con Nelliel.

¡Era una tontería tan grande que si no hubiera visto sus ojos se habría partido a carcajadas! Nelliel era una mujer hermosa, Grimmjow sabía perfectamente eso. Su cuerpo era llamativo y su cara era bonita, pero Grimmjow odiaba con todo su maldito ser cuando abría la boca o recordaba quién era. Si había algo que molestaba a Grimmjow además de que se metieran en sus cosas, era la gente que transmitía algún tipo de falsedad. Más todavía cuando escondía toda su mierda para ir y actuar como una chica linda cuando no había nada más lejano a la realidad.

Lo peor de lo peor era la gente que ocultaba su naturaleza.


A Grimmjow le gustaban las chicas que sabían lo que querían. Pelirrojas, sensuales, y que tomaban y pedían lo querían para luego irse sin remordimientos. Podía omitir el que fueran pelirrojas, pero era más o menos así la chica con la que no dudaría ni medio segundo en acostarse en cuanto se lo pidiera.

Por eso nunca en la vida había podido soportar a Nelliel. Estuvo con ella durante el maldito instituto, y mientras ponía sonrisas deslumbrantes a todos sus compañeros y les decía a sus compañeras que no confiaran en sus intentos de novio cuando intentaran propasarse; ella jugaba a los roles con el profesor de educación física comprometido de la escuela. Normalmente a Grimmjow le hubiera parecido que era una chica grandiosa, que no le importaba nada más que disfrutar de la compañía de un hombre adulto y que no estaba interesada en absoluto en las falsas promesas que él le hacía. Pero justo ese fue el problema.

Eventualmente, Nelliel y el profesor fueron descubiertos, además de por él, que no había tenido intenciones de abrir la boca. Una chica anónima fue y le contó todo a la coordinadora, a el profesor titular de ambos y luego en la puta cara al director.

Grimmjow esperaba que, así como se comportaba con él y el profesor, Nelliel tomara las riendas de la situación, aceptara el hecho de acostarse con el hombre y se pusiera de pie orgullosa frente al director del instituto, imperturbable. Le hubiera costado una expulsión, pero le había repetido mil y una veces que bajo ninguna circunstancia preferiría el instituto a dejarse amedrentar. Y Grimmjow estaba tan confiado que decidió participar un poco del acontecimiento, por lo que dijo que él también sabía sobre el tema a su profesor titular.

Nelliel era su mejor amiga. Era una chica divertida, coqueta y aventurera.

Y en cuanto puso un pie en la oficina del director, la mentira se le cayó en forma de una destrozada Nelliel que agachaba su cabeza frente a dos profesores, el director y la psicóloga. Una mala mierda que lo hizo pasar uno de los peores momentos de su vida, aguantando las ganas de gritarle a Nelliel que cerrara la boca de una vez y ya no tan feliz por sentarse junto a su mejor amiga para caer con ella si era necesario.

Él le prometió que iba a romper su compromiso, dijo. Un cliché del tamaño de un edificio que cualquier persona con dos dedos de frente habría visto. El cliché del que les advertía a sus propias amigas y que Grimmjow jamás esperó escuchar salir de su boca como una patética excusa.

Su linda boca. Lo era demasiado como para que de ella saliera una gilipollez como esa.

Pero a Grimmjow le importaba una mierda si era la mujer más hermosa del puto planeta. No iba a engañarlo de nuevo. Y cuando se trataba de ella, le importaba una mierda lo que Kurosaki pensara.


—¿Quieres ir por un trago? —preguntó Grimmjow cuando había acabado la clase, el profesor los había dejado a penas su reloj dio el minuto exacto para finalizar.

Shūhei enarcó una ceja.

—Son las dos de la tarde —respondió—. Tenemos clase a las cinco.

—Solo una hora.

—¿Vas a llegar borracho a inglés? —preguntó mientras se inclinaba un poco hacia delante para colgarse la mochila en un hombro.

Grimmjow chasqueó la lengua. No iba a ponerse ebrio solo por un par de tragos.

—Entonces vamos al gimnasio.

Shūhei soltó una risa incrédula mientras le devolvía la mirada.

—¿Cuán tenso estás, Grimmjow?

—Lo suficiente para querer partirte la cabeza gratuitamente —dijo.

Su compañero volvió a reír, incluso si Shūhei no era mucho de sonreír o cosas parecidas. Se puso de pie e hizo un gesto con la cabeza, y sin decir nada más Grimmjow fue con él. Hablaron un par de tonterías por el camino al gimnasio, y un poco sobre inglés. Era similar a administración, a Grimmjow se le daba bastante bien el idioma, pero era demasiado simple para su gusto. Shūhei, por otra parte, tenía un par de problemas sobre gramática.

Una vez en el gimnasio, se prepararon para tener su pequeña lucha. Habiéndose inscrito a la lista del gimnasio de la universidad, ambos tenían derecho a un casillero fuera de las duchas, por lo que cada vez dejaban un cambio de ropa y otros implementos que, al usarlos, reemplazaban al día siguiente. Cuando salieron del cambiador, Grimmjow fue tras Shūhei.

Aquel fue el momento justo en el que su mirada se desvió a un cabello rojo, más allá del hombro derecho de Shūhei.

A través de la puerta abierta, Grimmjow tuvo la perfecta imagen de una chica vestida con calzas y una camiseta de tirantes. Pudo distinguir un poco sus rasgos, lo suficiente para decir que no sólo su cuerpo era bonito. Hubiera esperado todo el tiempo del mundo para poder encontrarla una vez decidiera irse.

—Grimmjow.

Shūhei recibió su mirada mientras enarcaba levemente una ceja. Grimmjow hizo un gesto con la cabeza, pero él ya estaba volteando a donde se dirigían sus ojos.

Una ligera sonrisa apareció en su rostro, cosa que Grimmjow no notó por estar mirando una vez más a la chica de la habitación. Ambos la vieron juntar las manos un momento frente a alguien y luego sonreír. Parecía estar dando indicaciones.

—Es linda —murmuró Shūhei—. Pero no creo que quieras conocerla.

Grimmjow frunció el ceño, pero no lo miró.

—¿De qué mierda estás hablando?

—Es la sala de yoga —dijo como si fuera obvio—. Es del tipo que dice námaste y es como un rayito de sol. Una chica tranquila, aunque muy saludable, probablemente.

Él gruñó.

—¿El punto es?

—¿No te gustaban las chicas que estaban más en tu entorno? —preguntó— Que pensaran similar, ya sabes.

—¿Que sea una chica que hace yoga la imposibilita para pedir sexo? —masculló.

Shūhei sacudió la cabeza, negando, como si fuera un caso perdido.

—Intenta algo y lo descubrirás.

—No entiendo a qué jodidos te refieres —dijo.

—Sí, sí. ¿Vas a descargar tensiones en el ring o esperando inútilmente a que la chica te muestre en privado cómo aplica el námaste? —preguntó.

Grimmjow frunció el ceño otra vez, sin entender el uso que le había dado a la palabra. No iba a preguntarlo, de cualquier forma. En ese momento no estaba dispuesto a usar la ínfima paciencia que tenía esperando a una chica. Al menos había entendido claramente que Shūhei decía que podía ser una pérdida de tiempo. Y Grimmjow, con el dolor de su consciencia, decidió que tenía mucha razón.

Siguió a Shūhei para cruzar el gimnasio hasta la otra punta, pero antes de dar un buen par de pasos, Grimmjow cruzó la mirada con una que conocía bastante bien.

Maldita sea. Cómo había odiado esa jodida mirada de Kurosaki cuando lo conoció y cuando peleaban. Siempre quiso quitarle esa expresión superior y desagradable que odiaba que usaran con él.

De cualquier forma, no importaba ya.

Por un segundo sintió que habían invertido los papeles.

Antes de poder reaccionar adecuadamente, el puño de Kurosaki se estrelló contra su rostro, provocando que perdiera el equilibrio y tuviera que retroceder un paso para no caer al suelo. Ése hijo de puta se había hecho más fuerte desde que lo conoció, pero entrenaban juntos, así que él también era mucho más fuerte que antes. Lo suficiente para volver a romperle la cara con un puñetazo bien dado.

Shūhei vio con sorpresa la escena, posicionado entre ambos, unos pasos más adelante.

—Me rompiste la nariz, pedazo de imbécil —masculló después de soltar un quejido.

Grimmjow se puso la palma bajo la nariz y la miró por un segundo. No tenía sangre, pero se sentía igual que haber metido la cabeza en algo espeso y caliente. Cuando analizó sus palabras, soltó una carcajada.

—Que bueno que lo dices, porque parece que lo haré de nuevo —sonrió, furioso y feliz, porque eso era justo lo que quería en ese momento—. Una pena por ti.

A penas terminó de decirlo, Grimmjow agrandó su sonrisa y se abalanzó sobre él, cruzándole la cara con el puño un par de veces en el suelo. Kurosaki gruñó e intentó separarse de él, pero a pesar de ser fuerte, Grimmjow tenía a favor el peso de su cuerpo, que era claramente mayor al suyo.

Grimmjow dejó de golpearlo y lo tomó por la camiseta, acercando su rostro al de Kurosaki. Sintió a Shūhei a su lado, diciendo su nombre y poniendo una mano en su brazo para sacarlo de la mirada penetrante que le daba al chico bajo él, pero se soltó bruscamente y apretó más la camiseta.

—No voy a aceptar que tengas el puto descaro para venir y golpearme, Kurosaki —siseó—. Ambos sabemos lo bien merecido que te tenías que te rompiera la nariz, e incluso más. No he vuelto a ser un imbécil contigo durante mucho tiempo, pequeña mierda ingrata —dijo con la voz más grave que de costumbre—. Y vaya que tenías guardado unos buenos insultos para mí.

Kurosaki rió un poco bajo él.

—Eres un maldito ególatra, Grimmjow.

De inmediato estrelló la frente contra la suya, haciéndolo retroceder un poco. Escuchó el nombre de Kurosaki y otras cuantas voces, estaba seguro de que se había juntado gente alrededor de ambos. Al menos Grimmjow sabía que Shūhei después de intentarlo una vez no iba a seguir pretendiendo que podía interrumpir la pelea. Probablemente pensaran demasiado parecido en ese aspecto, y de todas formas ni le gustaba en peleas antideportivas.

Kurosaki le dio la vuelta, golpeando su cara para luego poner el brazo en su cuello con fuerza.

—Crees que puedes hacer lo que se te venga en gana, pero no es verdad. No voy a dejar que le hagas daño a Nelliel, bastardo.

—¡Y qué mierda te importa ésa imbécil! —dijo, justo después ahogándose al sentir que Kurosaki ponía más presión. Grimmjow subió la mano libre hasta la frente del pelirrojo para echarlo hacia atrás, pero no consiguió demasiado— Tú si que eres egocéntrico —gruñó—. Ni siquiera conoces a esa perra y te dejas engañar por su vocecilla insoportable, solo porque dice Ichigo-kun.

Kurosaki frunció más el ceño.

—¡No hables así de ella!

—¡No es tu jodida novia, Kurosaki! —exclamó cuando pudo tirar más que antes de su cabeza para aflojar la presión en su cuello, a la vez que un breve mareo lo golpeaba— ¡Y prefiero mil veces dar mi vida antes que simplemente tocar a esa mentirosa de mierda!

—¡Kurosaki-kun, ya basta, déjalo!

Inmediatamente después Grimmjow sintió que se iba el peso de Kurosaki y su mirada se encontró con la de su amigo y la presencia de la chica námaste.

En ese momento se dio cuenta de que Kurosaki volvía a sangrar de la nariz y que él tenía parte de ella en su clavícula y cuello. Frunció el ceño cuando vio los teléfonos móviles suspendidos en la dirección de ambos, y de inmediato se intentó poner de pie, pero dos pares de manos lo detuvieron para que se quedara en el suelo.

—Quédate ahí, podría ser peligroso.

Grimmjow estaba seguro de que nada iba a ser peligroso además de él mientras esa belleza lo mirara con sus preciosos ojos grises. Si Grimmjow creyó que era bonita, se equivocó, porque esa chica superaba la palabra por mucho, mientras escuchaba los quejidos de Kurosaki. ¿Qué idiota se iba a pegar con otro después de que le hubiera roto la nariz?

—He recibido peores golpes, amor —sonrió.

—No, ella tiene razón —Volteó a ver a Shūhei—. Cuando Kurosaki te golpeó con la cabeza, volvió a hacerlo cuando estabas en el suelo. Tu cabeza rebotó contra el y luego te quitó oxígeno.

Grimmjow lo escuchó atentamente. Así que por eso se sintió más frío y duro de lo normal y se mareó de repente. Pensó que Kurosaki había conseguido ponerle más fuerza a su movimiento, en alguna parte sintió un poco de decepción.

—Entonces necesitaré que me den oxígeno boca a boca...

Justo después cerró los ojos y solo pudo escuchar a Shūhei.

—No te preocupes, solo es un idiota.

Y una risa tan delicada.

Grimmjow había oído muchas risas, y siempre pensaba que las personas que se reían de esa manera solo intentaban no verse mal frente a los demás. Le gustaban las mujeres que se reían con gusto. Pero por los golpes o no, sintió que era la mejor que había oído y que era perfecta para relajarlo.

—Te escuché, Shūhei... —gruñó—. Voy a matarte...

—Sí, compañero. Tal vez luego.


—Uhm...

Grimmjow frunció un poco el ceño al escuchar el tono de ese sonido. Más profunda que las voces de ésa chica y Nelliel, menos grave que la de la enana de Rukia.

—Eres un chico desafortunado, Grimmjow. Comprarle alcohol a Rangiku como una ofrenda seguro eliminará tu mala suerte.

Grimmjow bufó.

—Eres una idiota, Rangiku —susurró, moviendo con lentitud la mano derecha, que llevó a su cabeza, soltando un quejido.

—Aah —suspiró.

Abrió lentamente los ojos, encontrándose con que estaba en su departamento. Por la falta de sonidos, podía pensar que estaba solo con Rangiku.

—Si quieres beber solo tienes que decírmelo, no tengo problema con invitarte.

Rangiku sonrió cuando la miró, antes de que comenzara a enderezarse en su sillón para sentarse.

—Qué chico tan lindo.

Él rodó los ojos e intentó ponerse de pie, pero Rangiku, sentada en su mesita de centro, le puso una mano en el abdomen. Con solo mirarla otra vez se dio cuenta de que era mejor quedarse donde estaba. Así que obedeció.

—¿Qué haces aquí? —preguntó.

—Me pidieron que te cuidara hasta que despertaras. Orihime dijo que ibas a estar bien pero que debías descansar del golpe por hoy. Todos sabemos que no soportas a Nelliel así que...

Bufó.

—No todo el mundo al parecer —Rangiku alzó una ceja, sin entender por qué decía eso. Se dio cuenta entonces de que Kurosaki no le había dicho nada al respecto, aún—. ¿Y quién cojones es Orihime?

—La amiga de Ichigo. Como de mi tamaño, cabello pelirojo, ojos grises... —respondió. De inmediato Grimmjow soltó un quejido y cerró los ojos, echando la cabeza hacia atrás—. ¿Qué ocurre, te duele algo?

—No, maldición —gruñó, y luego volvió a mirarla—. ¿Me estás diciendo que esa hermosura que nos atendió en el gimnasio es la jodida amiga de Kurosaki?

Rangiku se largó a reír mientras él se cruzaba de brazos y seguía maldiciendo su suerte.

—Ya veo. A la vista Orihime es tu tipo, ¿no? —rió— Repito. Qué desafortunado.

—Estúpido Kurosaki, si hizo esta mierda por Nelliel, no me imagino qué mierda hará por esa chica —se quejó.

Rangiku guardó silencio, pero Grimmjow sabía que lo miraba fijamente cuando volvía a echar la cabeza atrás, esta vez para mirar el techo. Sintió a la mujer moverse y luego ella estaba hundiendo el espacio del sofá junto a él. Estaba cerca, además. Podía saberlo por su voz.

—Entonces, ¿qué es eso de Nelliel? —preguntó— ¿Has estado fingiendo todo este tiempo el odio mal disimulado cuando se te acerca?

Grimmjow rió irónicamente.

—Si fuera así lo entendería —masculló—. El imbécil de Kurosaki creyó que quería acostarme con Nelliel. No sé de dónde demonios sacó esa mierda, pero sonaba bastante convencido cuando se metía en mis cosas llamándome perra en celo.

—Vaya... ¿Crees que no es solo eso?

—Estoy convencido de que el pedazo de mierda no me soporta y vino a explotar ahora —respondió, mirándola de reojo.

Rangiku volvió a guardar silencio, claramente pensando en la situación.

—Suena válido. Todos sabemos que ni él ni Rukia comparten tus acciones con las chicas, pero me parece una enorme tontería —suspiró—. Que ellos tengan compañía no quiere decir que nosotros vamos a rechazarla cuando nos la ofrecen.

Grimmjow vio la sonrisa de la pelirroja agrandarse y se la devolvió. Rangiku era lo que sería su tipo de mujer, pero nunca se habían acostado, en realidad. A Grimmjow no le interesaba y a Rangiku tampoco podía importarle menos su presencia si se trataba de eso. Ambos preferían ir a dormir en vez de terminar acostándose, por muy ebrios que estuvieran, y esa situación no había cambiado nunca durante los años en los que se conocían.

—No hacemos absolutamente nada mal si el otro también está de acuerdo.

Grimmjow hizo un ruido con la garganta.

—¿Qué hora es? —preguntó.

—Siete.

Chasqueó la lengua al instante.

—No te preocupes, nunca faltas a las clases a menos que sea importante —dijo, entendiendo el gesto—. Además tu amigo dijo que iba a echarte una mano.

Grimmjow agradeció enormemente que ése idiota lo eligiera como compañero de al lado para todo lo que restaba de carrera.

—¿Comiste algo? —preguntó entonces.

—No en realidad, no tenía mucha hambre.

Grimmjow asintió y puso una mano en la pierna de Rangiku por un momento.

—Entonces vas a desear tenerla —aseguró, poniéndose de pie para comenzar a caminar hacia la cocina.

—¿Estás seguro de que deberías ir a cocinar? —preguntó mientras lo seguía con la mirada.

—Me pelee con un imbécil, no me caí de un tercer piso —dijo, restándole importancia.

Rangiku aceptó sus palabras y lo dejó por la paz. No iba a ser quien le dijera que se quedara tranquilo por una tarde, sabía mejor que nadie que Grimmjow siempre estaba haciendo algo y que pararlo era prácticamente imposible si él no encontraba una razón para hacerlo. Grimmjow era también el hombre más saludable que conocía, y el que mejor cocinaba, por lo que Rangiku sabía que, en efecto, si no tenía el hambre suficiente, él se la iba a provocar con lo que fuera que iba a cocinar.


Cuando eran las ocho de la noche, ambos escucharon el sonido de la puerta.

—¿Esperas a alguien?

—Es tu casa.

Grimmjow enarcó una ceja.

—Eres tú la que estuvo aquí consciente por horas sin supervisión, Rangiku —soltó, dejando lo que hacía en la cocina mientras le pedía que lo vigilara.

Cuando se alejaba escuchó su risa y cuando llegó a la puerta la abrió, y casi se ahoga con la sorpresa de ver a la chica a la que ahora podía ponerle nombre.

—¿Qué demonios...? —susurró.

—Hola —saludó—. Soy Orihime Inoue. Me disculpo por venir siendo que no me conoces... Pero hoy te ayudé en el gimnasio.

—¿Me ayudaste...? —preguntó, queriendo decirle que le había traído otra preocupación con simplemente aparecer en su campo de visión. Pero parecía algo nerviosa.

—Uhm... sí —asintió—. ¿Eres Grimmjow-kun?

Grimmjow frunció el ceño ante el honorífico. Pero cuando fue a responder sintió una mano en su espalda y la voz de Rangiku a su lado.

—¡Orihime! —le sonrió— ¿Qué haces ahí?, vamos, entra. ¿Y tú desde cuándo dejas a una chica esperar fuera de tu puerta?

Grimmjow vio como Rangiku la tomaba de la muñeca y la hacía entrar, como si fuera su maldita casa. Bueno, no se quejaba, por el momento; debía ver su cocina que se supone estaba siendo vigilada por ésa desagraciada de Rangiku. Chasqueó la lengua y cerró la puerta sin cuidado para darle la espalda y dirigirse a la cocina. En el camino vio que Rangiku la hacía sentarse en un taburete y le hablaba con tanta normalidad que parecía que tenía alguna intención escondida.

Estuvieron un buen rato hablando animadamente a sus espaldas, mientras él se preguntaba por qué debía pasar por eso.

—¿Qué te trae por aquí, Hime? —preguntó Rangiku. Recién entonces la chica se dio cuenta de que había estado hablando con su amiga por más tiempo del que había previsto, y se giró hacia Grimmjow, que hacía la comida.

—Le pregunté a Shūhei-kun por la dirección antes de que te trajeran a casa —mencionó—. Espero que no sea una molestia.

Grimmjow suspiró, no sabiendo si maldecir o alabar a Shūhei.

—Da igual, amor —dijo simplemente, sabiendo que esperaba su respuesta para seguir.

—Vine a ver si estabas bien —frunció el ceño entonces, poniéndose de pie bajo la mirada curiosa de Rangiku—. No deberías estar cocinando, aunque te hayas sentido mal solo por un momento...

Cuando Grimmjow la sintió acercarse se sorprendió mucho. No la había oído ponerse de pie, y ahora estaba demasiado cerca de él, deslizando su mano por la cuchara para quitársela. De inmediato frunció el ceño.

—Espera, espera —masculló, quitando de su alcance la cuchara—. ¿Qué mierda crees que haces? Sólo fue un maldito golpe, ya descansé al menos cinco horas. Si no mostré síntomas de malestar durante ese tiempo y después, no hay nada de qué preocuparse. ¿Eres enfermera o no?, sino no veo razón para que me atendieras en el gimnasio.

Ella boqueó, sin saber muy bien cómo actuar ante su tono algo agresivo.

—Lo siento, yo... Quería asegurarme de que estabas bien. Shūhei-kun dijo que habían tenido una diferencia, pero que eran amigos después de todo. Si eres amigo de Kurosaki-kun...

—Ya —rodó los ojos. Claro que era porque simplemente era amigo de Kurosaki, era una tontería creer que alguien se conseguiría la dirección de un desconocido si no era por un favor. Aunque nadie se lo había pedido, ya que el idiota fresa claramente había demostrado su enojo por su simple existencia—. Si vas a estar aquí es bajo mis términos. Si no puedes irte a tu puta casa.

Le sonrió con algo de ironía, poniendo atención otra vez a la comida. Orihime frunció el ceño, pero no dijo absolutamente nada. Por su parte, Rangiku los miraba fijamente. Conocía a Grimmjow perfectamente, el tipo estaba enojado por la autoridad con la que Orihime había llegado, pero no era que no quisiera tenerla ahí. De lo contrario la habría echado a penas intentó tomar control de su cocina.

Cuando Orihime la miró, ella le sonrió, preparándose para ponerse de pie. Si eso acababa mal, no sería ella quien estuviera al medio. Si acababa bien, o demasiado bien, tampoco lo iba a ser.

—Bueno, chicos —los llamó, consiguiendo la atención de Grimmjow—. Tengo que irme. Hay algunas cosas que debo hacer y...

—¿No vas a comer? —preguntó él, entrecerrando los ojos y apretando la mandíbula. La maldita estaba intentando escapar después de meter a la mujer a la que había deseado conocer en su casa. No iba a dejar que se fuera simplemente, Rangiku iba a pagarle incluso lo que aún no hacía.

—No, cariño. Mil gracias —sonrió—. Ten una buena noche. Tú igual, Hime. ¡Nos vemos!

Cuando la vio desaparecer de su vista, quiso gritar su nombre, pero Orihime se encargó de eso un poco antes de que sonara la puerta principal. Grimmjow solo miró al frente, apretando tan fuerte la cuchara de madera que tenía que acabó haciéndola sonar. Se dio cuenta de que era un buen material, porque todavía no se destrozaba. Pero eso llamó la atención de la dichosa chica del yoga.

—¿Entonces...? —La escuchó murmurar.

Grimmjow se dio cuenta de que aún quería asegurarse de que iba a estar bien. Suponía que no iba a mencionar que era hora de marcharse, sino se habría empezado a mover en vez de apoyarse ligeramente en el mueble, algo dudosa. Rodó los ojos, consciente de que no lo miraba.

—¿Tienes hambre? —preguntó, molesto por la situación. A Grimmjow era muy difícil que algo le incomodara. Pero que una mujer desconocida y hermosa visitara su apartamento sin intenciones de seducirlo —sino que para quedarse hasta el final para verificar su estado—, no hacía menos que incomodarlo y fastidiarlo porque por más experimentado que fuera sobre esas cosas, nada lo preparaba para tratar con una mujer que era probablemente genuinamente ingenua e inocente. Y estaba jodidamente incómodo al saber que no podía solucionarlo siendo el tipo que buscaba solo sexo en esa situación.

Otro de los factores, era la amistad que la chica tenía aparentemente con Kurosaki. Él no iba a meterse ahí cuando el tarado de su, en teoría amigo, estaba superando su nivel de estupidez.

De cualquier forma, aunque fuera su tipo de mujer, Grimmjow no estaba dispuesto a acostarse con alguien que no demostraba todo lo que quería hacer o decir. Y de todas formas no estaba ahí para eso —lamentablemente—, entonces estaba claro que eso se iba a quedar así y la patearía por el trasero después de que comiera algo.

Cuando la vio indecisa, reafirmó su punto.

—Es sí o no, amor. Simplemente acepta si quieres —prácticamente pidió que lo hiciera.

Ella dudó un momento.

—Está bien... ¿No es un problema para ti?

Quizás debió pensar eso antes de aceptar ser arrastrada por Rangiku.

—En absoluto —gruñó, golpeando la cuchara contra el borde para quitar el resto en ella.

Después de que le diera indicaciones para que le alcanzara los platos, Grimmjow la envió a sentarse con dos tenedores. Sirvió la comida y puso todo lo que había usado bajo el grifo con algo de agua para lavarlo más tarde. Cuando regresó a los platos, los puso frente a ella y se dispuso a dar la vuelta. Sin decir nada se sentó justo a su lado con mala intención, al punto en que sus brazos podían rozarse.

—Qué lo disfrutes.

—Gracias...

Comenzó a comer, escuchando a penas el leve ruido que hacía su tenedor.

—Uhm... Grimmjow-ku-.

—Sólo Grimmjow —la interrumpió.

Ella asintió aunque no la estaba mirando.

—Está delicioso, por cierto —Grimmjow la miró de reojo, fijándose en su sonrisa al decirlo—. ¿Puedo preguntar algunas cosas?

—Me reservaré el derecho a responder sí, no o qué te importa; si aún quieres hacerlo.

Había decidido ser más desagradable a propósito. Tenía algo de curiosidad sobre la actitud de la chica, era determinada en ciertos momentos, pero por lo demás era increíblemente dócil, y le molestaba su clara incomodidad. Tenía cero capacidad para comportarse como lo haría una persona en su círculo social de siempre. Y a veces hablaba tan bajito que le costaba aguantarse las ganas de gritarle que hablara más claro.

Y por supuesto, daba tantos rodeos...

Así que le pareció buena idea comportarse tan estúpido como podía para que se defendiera, o en cualquier caso, no quisiera verlo nunca más.

—Sé que no me incumbe pero... ¿Rankigu-san y tú...?

A causa de que dejó la pregunta al aire, él frunció el ceño. Grimmjow gruñó y dejó el tenedor apoyado en el plato para enderezarse y mirarla fijamente.

—¿Qué demonios estás preguntando?

—Ya sabes, como estaba aquí y por lo que oí de Kurosaki-kun, yo... supuse que ustedes tenían una relación más cercana... que la de dos amigos —Se mordió el labio inferior.

Grimmjow soltó una risa incrédula.

—A ver, en primer lugar, no sé qué te habrá dicho Kurosaki, pero definitivamente está satanizándolo de una forma horrorosa —Apoyó una mano en su muslo—. En segundo lugar, no veo por qué te importa algo así. Y tercero, ni en un millón de años follaría con Rangiku.

Ella se puso completamente roja y tosió.

—¡N-no tienes por qué decirlo así!

—Tú me preguntaste, yo te respondí, es mi maldita casa y lo digo como quiero. Y creo que fue mejor que un sí o un no, así que te aguantas —Grimmjow alzó un poco las cejas—. ¿Entiendes?

Orihime frunció los labios, como si quisiera prorestar, pero asintió de todas formas. Volvió a tomar su tenedor y siguió comiendo.

—¿Estás seguro de que te sientes bien...?

Grimmjow rodó los ojos y decidió seguir comiendo también.

—Sí.

—¿Por qué peleaban con Kurosaki-kun por Nelliel...?

Grimmjow volvió a soltar su tenedor y se volteó, esta vez giró completamente hasta que sus piernas estuvieron a cada lado de ella. La izquierda tocó descaradamente la de ella, que se tensó un segundo.

—Lo haces sonar como si hubiera querido hacerlo —masculló.

Orihime lo miró.

—¿No fue así...?

—No —respondió con una mueca. Entrecerró los ojos y se inclinó un poco hacia ella, invadiendo aún más su espacio personal—. Quiero que respondas algo con total sinceridad, Orihime. ¿Puedes hacer eso?

El tono que usó fue bastante despectivo, y notó algo de enojo cruzar por sus expresiones faciales.

—Puedo hacerlo —murmuró.

—Dices que viniste a saber cómo estaba, ¿pero qué persona se toma esas libertades y preocupaciones con un simple desconocido? Si me dices que no lo soy por ser amigo de ése idiota, te echaré a patadas y no vas a alcanzar ni a decir tu maldito kun de mierda —aclaró—. No creo que seas el tipo de persona que va preguntando esas cosas o pregunta por direcciones por un simple golpe. Pudiste venir directo a la casa de un delincuente. Así que dime qué oíste de Kurosaki y qué jodidos es lo que realmente quieres conmigo.

Ella se tomó su tiempo, tanto que Grimmjow comenzó a impacientarse.

—¿Acaso Kurosaki quiere saber si me acosté con su preciada Nelliel? —preguntó con burla.

—¡N-no! Él no tiene nada que ver. Después de que estuvo mejor, simplemente se fue del gimnasio, no me dio tiempo a preguntar nada —Grimmjow notó que comenzaba a jugar con sus dedos—. Me preocupó bastante... No se veía estable. Quiero entender por qué cambió tan repentinamente de actitud. Claramente eras importante en su vida y... no entiendo qué tiene que ver Nelliel-san.

Aunque sabía que nunca podría soportar su manera tan indecisa de hablar, Grimmjow podía decir que estaba siendo totalmente sincera con eso. Su rostro estaba tan rojo por la vergüenza que parecía que iba a entrar en una crisis de un momento a otro.

Grimmjow suspiró.

Ésa mujer era realmente hermosa. Se dio cuenta en el primer momento y en ese lo reafirmaba. Su cabello estaba bien cuidado y su rostro también, además de eso era delicado, redondo y su nariz era pequeña. Maldecía a su estúpido creador por hacerla tan insufrible y recatada.

—No puedo hacerte sentir mejor. No tengo ni puta idea de qué bicho le picó a Kurosaki, ni siquiera soporto estar cerca de Nelliel la mayor parte del tiempo, no la tocaría ni con una varilla de dos metros —contestó, cruzándose de brazos—. Sin embargo, sé que estoy malditamente aburrido de que me traten como un perro de mierda solo porque mi definición de sexo es más que esperar a la supuesta persona indicada para que después la muy desgraciada me engañe.

Grimmjow frunció el ceño, y siguió hablando a pesar de que vio que ella hacía ademán de responder.

—¿Por qué no le preguntas a Kurosaki?

—Como dije, se fue sin decir nada. Y luego lo intenté de nuevo, pero no estaba nada bien.. —murmuró, apretando los labios.

—Hm.

Grimmjow se rascó la nuca, por primera vez en mucho tiempo sin saber qué decir.

—Deberías terminar de comer.

Estaba por seguir cuando notó su expresión preocupada. Decidió ser un poco menos idiota al ver que solo quería saber lo que había pasado —al igual que él, si era sincero—, y se tragó el mencionar que al acabar de comer se iría, como si la estuviera echando.

Volvió a mirarla después de meterse algo de comida a la boca, pensando en por qué estaba tan temerosa de preguntarle a Kurosaki, al punto de ir a la casa de la persona con la que se había peleado. Grimmjow pudo haber sido cualquier cosa; el tipo de persona inestable emocionalmente, del que guardaba un arma en su cajón o del que le habría ofrecido drogas sin dudarlo. Porque Kurosaki frecuentaba los mismos lugares que ese tipo de personas. Ser su amigo no le aseguraba que fuera bueno, y sin embargo ella había decidido ir. Era la decisión más estúpida que probablemente pudo haber tomado.