Disclaimer: Bleach no me pertenece.
Advertencias: Las mismas advertencias de antes. Esta vez me fui de lleno a intentar tratar un tema delicado, aunque desde el punto de vista de Grimmjow, no lo parece tanto. Recuerden el OoC.
Namasté
—Hey.
Shūhei dejó caer su bolso en la mesa mientras se sentaba y miraba a Grimmjow con curiosidad. Abrió su bolso y sacó de el un cuaderno, ofreciéndolo a su compañero cuando éste se quitó los audífonos para saludarlo de vuelta.
—Hey —repitió—, ¿es lo de inglés?
—Sí. Le dije a Rangiku, ¿supongo que sí lo mencionó? Nunca ha sido buena dando recados.
—Hm —asintió—. Gracias.
Shūhei, por supuesto, no dejó de mirarlo. No era algo que hiciera particularmente a menudo, no le importaba en absoluto mantener la mirada en la cara de los demás por demasiado tiempo. A menos que fuera alguien de su tipo. Y Grimmjow definitivamente no era su tipo. Más bien estaba pensando en el momento del día anterior, mientras notaba cada marca que había quedado en su rostro. Ichigo había roto su labio y había conseguido ponerle un pómulo morado. No era lo peor que Shūhei había visto en él, sin embargo, y se preguntó si a pesar de su enojo había tenido en consideración que era su amigo. Justo después se preguntó si solo ocurría que estaba sobrevalorando al pelirrojo, cuando ni siquiera había probado sus puños alguna vez. Aunque a comparación de Grimmjow, en realidad parecía dejar bastante que desear.
—¿Soy la nueva maldita atracción?
Shūhei lo ignoró por completo.
—Entonces —dijo, acomodándose irrespetuosamente en su silla, más abajo de lo que debería, y cruzando los dedos sobre su abdomen—, ¿fue la chica?
—¿Qué chica? —gruñó mientras mordía una barra de cereal y le ofrecía a Shūhei, sin apartar la vista de su cuaderno. Había colgado los audífonos resonando fuertemente de su oreja en cuanto había llegado, haciéndole saber que no estaba del todo cerrado a hablar con él esta vez. Incluso si parecía demostrar lo contrario.
—Ya sabes —dijo desinteresadamente mientras la recibía y le daba un mordisco. Justo después se lo regresó—. La chica namasté.
—Ah.
Grimmjow se enderezó y lo miró.
—La próxima vez que le des mi dirección a un desconocido —entrecerró los ojos—, te mataré.
Shūhei soltó una risa.
—¿No que te gustaba? ¿Realmente tenía razón? —preguntó— ¿Tan malo fue?
Grimmjow rodó los ojos.
—Es la mujer más exasperante que he conocido. Da vueltas como un perro buscando su cola cuando está intentando hablar y se horroriza al oír la palabra follar —bufó—. Para castigarme más, Rangiku la hizo pasar como si nada a mi propio departamento y se fue tan pronto como tuvo la oportunidad.
—Rangiku es una mujer muy desconsiderada —alzó levemente las cejas, con cierto sarcasmo resonando en sus sílabas.
—Además, cuando cree que algo está mal, te mira con esos malditos y enormes ojos con una determinación tonta —apuntó, ignorando el comentario sobre la otra pelirroja.
—Básicamente —dijo Shūhei después de un momento—… ¿te gusta?
—¿Estás escuchando?
—Sí —contestó. Luego negó con la cabeza—. No del todo.
Grimmjow se llevó una mano al rostro.
—Quiero decir, suena como algo terrible —dijo, y de inmediato corrigió—. Para ti. Pero eso no quita que sea preciosa. De hecho, si no te gusta, podría considerar intentar algo con ella.
—Estás muy hablador hoy, ¿no? —se quejó— ¿Y desde cuándo te importa eso?
—Desde que es realmente linda y a mí no me importa en absoluto tener a una mujer fatal —respondió—. En realidad —pensó detenidamente un segundo, volteando a mirar a su compañero—, es lindo.
—¿Qué lo es? —gruñó.
—Que no lo sea. Debe llenarte bastante el corazón que sonría tan dulcemente y no esté interesada en bajarte los pantalones o dejarte completamente solo veinte de veinticuatro horas —dijo.
Grimmjow asintió, pretendiendo falsamente estar de acuerdo.
—Sí, solo que me importa una mierda que me llenen el corazón.
Shūhei se encogió de hombros.
—Qué lástima que no veas el encanto en estar con alguien. ¿Al menos me acompañarás a hablarle? —preguntó.
—¿Desde cuando necesitas una excusa?
—Ah. No. Creí que querrías pegarte con Kurosaki de nuevo si aparecía.
Grimmjow negó levemente con la cabeza. Shūhei, sin embargo, no volvió a hablarle. Rápidamente sacó una foto a los apuntes del cuaderno de su compañero para pasarlos antes de que llegara el profesor. Le devolvió el cuaderno y Shūhei se concentró en sus cosas también.
—¡Orihime!
La chica se volteó mientras guardaba los últimos implementos de yoga en el cajón. Grimmjow notó de inmediato que parecía sorprendida por la presencia de ambos, específicamente esperando por ella. Se sintió como un estúpido. Había aceptado acompañar a Shūhei simplemente porque esperaba ver una actitud diferente en ella.
No le agradaba la gente que fingía, pero esperaba que ella lo hiciera. Eso haría que sus expectativas sobre Orihime bajaran aún más.
—Hola —saludó insegura cuando se acercó, colgando de su hombro su pequeño bolso—. ¿Cómo están?
—Increíble.
—Como la mierda.
Shūhei le envió una mirada cansina a su compañero. Rápidamente volvió a mirarla, manteniendo la seriedad en su rostro.
—¿Cómo estás tú?
Grimmjow rodó los ojos. Ella respondió con una sonrisa encantadora.
—Bueno, Orihime —comenzó—. Quería saber si querías ir a tomar algo.
Ella se reacomodó la cinta del bolso en el hombro. Grimmjow a la vez se quedó mirando fijamente sus movimientos. Se veía nerviosa, un poco sin saber qué mierda decir o si debía declinar o aceptar.
—¿Con ambos?
Shūhei miró a Grimmjow un momento. Justo después, sin darle ninguna señal de lo que iba hacer, le sonrió levemente.
—Sí —dijo—. ¿Es... un problema?
Orihime boqueó un momento, sin saber qué hacer, y Grimmjow se mordió el interior de la mejilla, maldiciendo una y otra vez a Shūhei. Probablemente había pensado que no estaba hablando tan en serio cuando dijo explícitamente lo poco que le interesaba tener algo con ella. Aunque el hecho de decidir acompañarlo podía dar a entender justo lo opuesto. Pero lo más seguro es que solo estaba siendo un bastardo.
Orihime sonrió entonces.
—No. Pero tengo que darme una ducha.
Shūhei asintió. No era como que ellos no tuvieran nada que hacer, debían darse un baño también. Al moreno le corría una gota de agua por la sien después de haberse rociado la cabeza en el baño, y ambos llevaban la camiseta pegada a la espalda a causa del sudor.
—Está bien —Se dispuso a retroceder y tomó a Grimmjow de la camiseta, pero antes de seguir indicó hacia un lugar específico—. ¿Nos esperarías con Sado?
Orihime sonrió y fue tras ellos, apagando la luz de la habitación antes de salir.
Grimmjow soltó un suspiro, diciéndose a sí mismo que, después de todo, era su completa culpa. Debió irse directo a su casa a penas Shūhei sugirió por segunda vez cuando acabó la clase que lo acompañara. No creía que fuera buena idea ni antes ni al salir de la ducha.
—Quiero que sepas-.
—Lo sé —asintió—. Es por investigar y claramente no estás nada interesado. Lo has mencionado al menos tres veces y creo que ni siquiera lo notaste.
Grimmjow frunció el ceño.
—No es cierto.
Shūhei se encogió de hombros.
—Orihime.
La llamó una vez se acercaron a la mesa de recepción en la entrada del gimnasio. Estaba hablando con Sado, un chico con ascendencia mexicana con rasgos pronunciados y un cuerpo enorme. Muy al contrario de lo que su apariencia sugería, era un tipo bastante calmado y pocas veces recurría a la violencia. Incluso si era golpeado, intentaba resolverlo con palabras.
A Grimmjow le parecía una enorme tontería.
Ella se volteó a mirarlos sonriendo suavemente.
—Bien. Denme un segundo —Volvió a mirar a Sado y se inclinó sobre la mesa para darle un beso en la mejilla—. Si ves a Kurosaki-kun, por favor dile que espero que esté bien. Y que me llame si necesita ayuda.
Considerando que eran amigos, le pareció un detalle bastante extraño. Lo hizo recordar la noche anterior, cuando mencionó que estaba preocupada, y en vez de hablarlo directamente con él había preferido hacerlo con un desconocido para ella. Grimmjow no lo entendía. A menos que hubiera pasado algo que dejara las cosas algo tensas entre ambos, o que ella hubiera hecho algo condenable, la idea de Ichigo dejándola atrás incluso enfadado era... impensable.
Incluso así, él no se caracterizaba por ser una persona muy rencorosa con sus amigos. Grimmjow siempre se lo había criticado. Podían causar una enorme crisis, en el peor de los casos —y exagerando un montón—, e Ichigo aún les hubiera podido tender la mano para ayudar. En cambio, Grimmjow se las hubiera torcido mientras los amenazaba con partirles la cara si no se iban de su vista.
Había condenado a Nelliel por menos que una enorme crisis.
—Nos vemos, Sado-kun —sonrió.
Grimmjow la miró torciendo un poco el gesto. ¿Por qué demonios llamaba a todos por su nombre menos a Ichigo?
Shūhei la invitó a salir primero del gimnasio, y Grimmjow los siguió. Por lo mismo fue que alcanzó a percibir la mirada recelosa de Sado, a quién simplemente le mostró los dientes en una sonrisa pretenciosa.
Una vez fuera, se unió a ellos, caminando hacia la salida del campus. Puso especial cuidado en ponerse de pie junto a Shūhei, pero el muy imbécil le complicó la existencia con la excusa de protegerla por ambos lados. Haberlo seguido hubiera sido muy obvio y desagradable, y aunque a Grimmjow normalmente no le importaba comportarse así, prefirió ser menos tarado esta vez.
—¿Eres doctora, o enfermera? —preguntó Shūhei, en el momento que Grimmjow comenzó a tomar atención realmente a lo que decían.
—No —respondió con las mejillas rojas—. Soy educadora de párvulos. Pero mi hermano sabía algunas cosas sobre primeros auxilios.
—¿Tu hermano? —preguntó— ¿Cómo se llama?
—Sora —dijo, un poco sorprendida.
—¿Y él-?
—Shūhei —Grimmjow lo miró.
En realidad, considerando que su compañero no era demasiado sociable con las chicas, estaba haciendo un buen trabajo. Grimmjow podía ver un sonrojo muy leve en sus mejillas, probablemente podía atribuirse a la brisa de la tarde. Pero estaba seguro de que estaba intentando no terminar por enrojecer.
Cuando lo miró de vuelta, Grimmjow dudó un segundo.
—¿Vamos a ir a Las Noches?
—Ah, ¿es el bar de la esquina, verdad? —preguntó ella.
Sin embargo, no fue Shūhei quién tuvo que responderle. Ya que él lo había mencionado, Orihime se había quedado mirándolo fijamente. Así que no le quedó de otra que hacerlo.
—Sí.
Tampoco era gran cosa.
—¿Has ido?
—Alguna vez con Rangiku-san, creo.
Las Noches era un bar creativamente pintado con blanco y negro. Grimmjow se había pasado gran parte de su adolescencia ahí, aunque trabajando para pagar la universidad. Y bebiendo ocasionalmente. En aquel tiempo era algo bastante discreto, con tonos arena y tristes guirnaldas en la entrada. Grimmjow no estaba seguro de que la elección de colores fuera mejor en la actualidad, pero sí debía aceptar que había tenido un gran avance. Lo que antes era un pequeño bar en la esquina, ahora se había tomado un terreno hacia cada lado y elevado en un segundo piso con un par de terrazas privadas. No era como que tuvieran la mejor vista, pero hacía bien el trabajo de otorgar privacidad al cliente. Grimmjow había estado en una de ellas un par de veces con amigos.
Grimmjow empujó la puerta y entró antes que sus acompañantes, para luego sostenerla para ambos.
Dentro las mesas tenían ese color arena que antes llevaba el local y tenían pequeños manteles negros. La barra estaba al final y en todas las esquinas habían equipos musicales. Siguiendo el camino de la puerta hasta el bar, Grimmjow se topó con la mirada cansina de un hombre pálido.
—Ulquiorra —Lo llamó cuando éste intentó darse la vuelta para fingir limpiar las botellas carentes de cualquier partícula de polvo. Cuando llegaron hasta ahí, Grimmjow volvió a gruñir—. Ulquiorra, no seas imbécil.
—No me llames imbécil por querer evitar ver tu horrible cara.
—Ah, sobre todo ahora está horrible —dijo Shūhei.
Grimmjow frunció el ceño, fijándose de reojo en la sonrisa que ella intentaba esconder sin muchos resultados.
—Dame un maldito whisky.
Entonces miró a Shūhei.
—Lo mismo.
Y hacia Orihime.
—Uhm —se apretó los labios levemente, mirándolo con algo de dudas—. No suelo beber así que...
—¿Un mojito sin alcohol? —sugirió Shūhei.
—Sí, claro —asintió.
—Ya viste, murciélago.
Ulquiorra entrecerró los ojos.
—Tan gracioso como siempre... —Miró a Orihime— ¿Algún sabor en especial?
—¿Frambuesa?
Él asintió suavemente y comenzó a hacer el mojito de Orihime, mientras Grimmjow veía a Shūhei más rojo que antes intentando conversar constantemente con ella. Tantas tonterías, como que le gustaba el aguamarina, las ardillas, los perros y los gatos y no podía decidirse por ninguno; le gustaba el chocolate y cocinar y prefería la playa antes que ir de campamento. Adoraba a los niños y le gustaba salir a correr un poco, antes de hacer yoga. Y maldita sea, él recordaba todas esas cosas y más.
Sin decir nada, Ulquiorra puso el largo vaso lleno hasta el borde frente a ella, con una bombilla y una sombrilla rosa que combinaba con el color de la frambuesa.
Justo después tomó dos vasos bajos con tres cubos de hielo y puso uno para Grimmjow y otro para Shūhei. Él le sirvió a ambos y luego dejó la botella en medio.
—Gracias —le dijo Shūhei.
Ulquiorra asintió sin decir nada y se fue a otro extremo de la barra. Empezaba a llegar más gente de la que había antes y estaban yendo directamente a la barra.
—Oye, antes de que le preguntes por qué demonios su cabello es pelirrojo, quiero preguntar algo yo esta vez —dijo antes de que su compañero siguiera charlando. Lo vio extender los brazos y luego dejarlos caer descuidadamente al lado y sobre la superficie de la barra. Grimmjow se centró en Orihime, que parecía curiosa por la interrupción—. Desde que te fuiste ayer tengo una enorme duda, Orihime.
Intentó ver algún cambio en su expresión, pero solo un leve sonrojo cubrió sus mejillas.
—¿Qué pasó con Kurosaki para que no hablen siendo que son amigos?
—Grimmjow... —Shūhei suspiró, llevándose una mano al rostro con pesadez. Incluso si a veces era demasiado tímido para estar con mujeres, hasta él sabía cómo no abordar temas que pudieran ser delicados.
Orihime boqueó por unos segundos, y luego comenzó a jugar con la parte inferior de su vaso, girándolo suavemente.
—Orihime, no tienes que responder si no quieres.
—No —sonrió hacia Shūhei, que volvió a ponerse colorado en ese segundo. Grimmjow rodó los ojos—, está bien. Supongo que tiene razón en querer saber por qué fui a su casa.
—No... ¿No fue para ver cómo estaba?
—También. No pensé que Rangiku-san estaría ahí... Pero creí que podía ayudarme a saber que solo era una simple diferencia. Claramente no lo es, Kurosaki-kun está actuando extraño. Normalmente no se exalta de esa forma.
—No has respondido mi pregunta —dijo Grimmjow.
—A-ah sí, lo siento —De repente sus mejillas estaban tan rojas que parecía que había transfigurado al color de su mojito—. Y-yo... estaba enamorada de Kurosaki-kun hace un tiempo. Por bastante. Luego él conoció a Kuchiki-san y... no quise quedarme así. No intentaba separarlos ni nada, creo... solo quería que lo supiera. Dijo que lo entendía, sin embargo comenzó a alejarse cada vez más y no quise incomodarlos, así que dejé de insistir en hablar aunque fuera por las cosas más comunes. Por eso preferí ir contigo que eres su amigo.
Grimmjow asintió lentamente, y segundos después comenzó a reír.
—Me estás diciendo que te tomaste la molestia de alejarte de él y que esto es simplemente porque estuviste tontamente enamorada de Kurosaki.
—Grimmjow, no tienes que decirlo así.
—Oh, tengo qué. Porque aparentemente no valió mucho la pena, ¿cierto, amor? —Se inclinó hacia ella, acercando su rostro. Sus ojos grises estaban brillantes, no porque estuviera a punto de llorar. Orihime parecía realmente enfadada— Después de todo, parece ser que Nelliel está consiguiendo sin esfuerzo lo que ni siquiera quisiste intentar.
—Nelliel-san no-.
—Claro, probablemente no es su culpa. Probablemente es solo Kurosaki demostrando ser un imbécil.
—Espera —Lo cortó Shūhei—. ¿Crees en serio que Kurosaki está comportándose así por celos?
—Tú lo has dicho —gruñó—. No creo que esté comportándose así solo porque no quiere que le haga daño a su amiga —afinó la voz, intentando llegar descuidadamente al tono de Kurosaki con clara burla, dándole una sensación femenina.
—Bueno... —Shūhei frunció la nariz— podrías comprobarlo, ¿no?
Orihime parecía ya haberse dado por enterada de que estaba ahí solo para saciar la curiosidad de Grimmjow. No era que le importara demasiado, siendo que al fin y al cabo podía tener razón al pensar en ello. Aunque la idea de Ichigo dejando a Rukia por Nelliel era simplemente... insólita.
—¿Cómo mierda quieres comprobarlo? —Grimmjow frunció el ceño.
Shūhei sonrió levemente, como si estuviera preguntando algo realmente tonto. Mientras tanto, Orihime estaba intentando desaparecer inútilmente entre los dos enormes hombres bebiendo sumisamente de su mojito.
—Ya sabes, está ella, que quiere saber por qué Kurosaki está siendo un imbécil, y estás tú, que quieres saber por qué Kurosaki está siendo más imbécil de lo normal —los apuntó brevemente, tomando su vaso para beber un poco. Cuando volvió a dejarlo, haciendo ruido con los hielos suavemente, se encogió de hombros—. Es un ganar-ganar.
Orihime se enderezó rápidamente y lo miró sin entender.
—¿Quieres que lo engañemos?
—Eres su amiga. Si reacciona igual debería ser obvio que no está celando a Nelliel —De pronto frunció el ceño—. Oh, lo siento. En realidad es bastante desagradable de mi parte sugerir algo así.
—Bueno-.
—¡Al contrario! —exclamó Grimmjow con una sonrisa, provocando que Orihime saltara en su asiento por la sorpresa— Tienes una mente bastante inmoral como para que seas capaz de sonrojarte con cualquier chica, Shūhei.
—Más bien me asquea que no hayas sido tú el de la idea... —murmuró, alzando las cejas por un segundo— Orihime.
—¿Si?
—Deberías saber que no estás aquí para sacarte información —Se mordió el labio—. E-eres realmente linda y... Y Grimmjow lo volvió bastante incómodo preguntando eso, creo.
Ella sonrió, pero antes de que pudiera responder, Grimmjow bufó sonoramente.
—Si no era para ser un idiota, no sé para qué me involucraste.
—Él tiene un buen punto.
Los tres voltearon hacia Ulquiorra, que estaba apoyado contra el mueble con los brazos cruzados. Se encogió de hombros al notar que había llamado la atención, haciendo un gesto para quitarle importancia, dejando en claro que no estaba feliz con estar de acuerdo con Grimmjow.
Shūhei soltó un gemido lastimero.
—Está bien. Es verdad.
—No importa, Shūhei-kun —Ella puso su mano sobre el brazo de él, intentando reconfortarlo—. Supongo que también es de mi interés, no te sientas mal.
—¿Ya ves? —intervino Grimmjow— Avanzamos más preguntando directamente que dando vueltas como si quisiéramos saber realmente su color favorito.
—Cierra la boca —respondió Shūhei de inmediato.
—¿Cuál es tu color favorito, Grimmjow-kun?
Grimmjow volteó a mirarla con la boca entreabierta, preguntándose si era tonta por elección o si realmente se había caído de la maldita cuna después de nacer.
—Solo responde —se quejó Shūhei cuando vio que estaba por volver a decir algo irrespetuoso.
—¿Qué demonios voy a saber? —preguntó, encogiéndose de hombros— ¿Azul? ¿Celeste?
—Qué original... —murmuró el moreno.
—¿Y tu animal favorito? —volvió a preguntar Orihime con una enorme sonrisa.
Grimmjow soltó un suspiro.
—Pantera. Perro, si quieres algo más doméstico.
Orihime asintió, feliz con la respuesta. Cuando volvió a mirarla a los ojos, supo que iba a tener que aguantar otras tontas preguntas más. Después de todo, suponía que merecía ser un poco compensada por ser capaz de soportar su sola existencia esa vez y no acabar llorando.
—Deberías llevarla a casa.
Grimmjow se encogió de hombros desinteresadamente. Orihime se había pasado lo mismo que Shūhei preguntándole trivialidades que a nadie le importaban. Salió de su cubículo y terminó de abrocharse los pantalones. Mientras se lavaba las manos, su compañero también salió.
—¿Estás seguro de que va a estar bien?
—Es una chica. No un cachorro al que cuidar —gruñó—. ¿En dónde le dijiste que esperara?
—Ahí mismo. Con Ulquiorra.
—Sabes que Ulquiorra no es capaz de decirte ni la hora honestamente, ¿verdad? —murmuró deteniendo la llave y mirándolo a través del espejo.
—Pero es una chica, no algo tan tonto como la hora...
Grimmjow asintió riendo.
—Veamos cuánto le importa a ése imbécil si estás hablando de una persona o de una planta.
Shūhei suspiró y lo siguió fuera del baño cuando acabó de lavarse las manos, no sin antes secarlas un poco con papel. Cuando regresaron, no estaba por ningún lado cerca de donde Shūhei le había dicho que se quedara. Grimmjow chasqueó la lengua con molestia. Ahora solo quería irse a casa y dormir, no buscar a una chica incapaz de seguir una miserable indicación.
—Deberíamos separarnos.
—Espera —Shūhei lo detuvo, y cuando siguió su mirada hasta Ulquiorra, volvió a maldecir—. Hey, Ulquiorra. ¿Viste dónde se fue Orihime?
Él enarcó una ceja tan levemente que a penas se notaba desde lejos.
—Ah —dijo, como recordando quién era—. Vino un tipo y dijo que era su amigo. Aunque no lo parecía, en realidad.
—¿Y dejaste que se fuera con él?
—Se la llevó, más bien —murmuró—. Tampoco es que la gente le pida permiso al cantinero... —Hizo una mueca.
Grimmjow frunció el ceño.
—Realmente no tienes corazón, ¿verdad?
—Tú tienes mucho en el peor lugar —replicó.
Grimmjow se acercó y rápidamente lo tomó del cuello de la camisa, acercándolo a su rostro. El ruido de los vasos chocando bajo el abdomen de Ulquiorra a penas se escucharon gracias al bullicio y a la música.
—No te voy a partir la cara solo porque no quiero tener problemas con Aizen —susurró, aunque Ulquiorra era realmente un adefesio sin corazón, capaz de bostezar mientras él lo amenazaba. Agradeció que no lo hiciera porque hubiera saltado la barra solo para golpearlo, mandando a la mierda a Aizen—. Pero si algo le pasa a la chica, vas a tener que quitar esa cara de mojigato de mierda porque vendré personalmente a romperte la nariz cada día.
—Hey, ¿todo bien?
Desde atrás, Shūhei atajó a una chica y un chico que quisieron ser lo suficientemente cordiales o estúpidos para preguntar. Grimmjow a penas los pudo oír, pero se preguntó si lo harían si conocieran realmente a Ulquiorra. Era el mejor idiota de Aizen, el que mejor guardaba silencio y el que menos se inmiscuía en sus asuntos. No le sorprendería que en algún lugar hubiera un cuadro con su asquerosa cara con la inscripción de empleado del mes.
Grimmjow tomó el silencio de Ulquiorra como una respuesta positiva. Después de todo, si Ulquiorra hablaba, no era para ser precisamente agradable o servicial. Era mejor dejarlo así.
Lo soltó y volteó hacia Shūhei, que miraba hacia todos lados en busca de una melena pelirroja. Grimmjow puso una mano en su hombro para llamar su atención.
—Vamos a buscar al cachorrito.
—¿Cachorrito? —enarcó una ceja.
—Creo que es mejor si nos separamos —Lo ignoró—. Luego volvemos aquí —indicó el reloj blanco en la cima de los estantes con licor.
—¿No crees que es mejor dejarla? —Shūhei lo miró entrecerrando los ojos, notando el aspecto molesto que tenía.
Grimmjow rodó los ojos.
—Sabes perfectamente que puedo ser un imbécil, pero no la dejaría a su maldita suerte si no fue capaz de evitar que se la llevaran. La maldita yoga no sirve para un carajo —gruñó, volteándose para ir hacia la derecha.
Pasó entre los cuerpos de la gente que iba y venía mientras buscaba en el centro y luego en las mesas más escondidas del lugar. Probablemente si era un simple borracho la hubiera llevado al centro. Si era un borracho caliente, mientras menos pudieran interrumpir sería suficiente para él. Considerando lo hermosa que era Orihime, no tenía muchas esperanzas en que se tratara del primer caso.
Dio vueltas por todos lados intentando encontrarla, pero era más complicado de lo que esperaría. Además debía admitir que estaba algo preocupado, si no había podido defenderse de ser llevada, dudaba que pudiera hacerlo para evitar un ataque o algo por el estilo. La chica no tenía la culpa de que el tarado la hubiera elegido, ni de estar sola. Eso era totalmente su culpa, no debió asumir que una mujer que parecía reprimirse tanto e intentar llevar el baile en paz fuera capaz de protegerse a sí misma. La chica ni siquiera había defendido su lugar o sus pensamientos cuando Kurosaki se alejó de ella después de saber que estaba enamorada de él. ¡Lo entendía! Pero también era su maldita amiga, no creía que tuviera derecho alguno a ignorarlo para sentirse más tranquilo consigo mismo.
La responsabilidad se le echó encima cuando pensó en que podía pasarle lo peor. Y sería muy raro que alguien decidiera ayudarla en ese lugar. Era un buen lugar para beber y pasar el rato, pero no cuando debías recibir ayuda de los subordinados o el jefe.
—¡No, basta, por favor!
No alcanzó ni a pensar cuando subió las escaleras y vio unas leves sombras a través del vidrio de una de las terrazas. Abrió la puerta y lo decepcionó bastante oír justo después las risas y ver a la mujer con una sonrisa quitándole la botella al tipo que la acompañaba.
Soltó un suave gruñido de molestia cuando lo miraron como si fuera un maldito desquiciado.
—Lo siento —masculló, cerrando la puerta de nuevo.
Y regresó al mismo punto. Así que después de dar una mirada rápida a las mesas del nivel, decidió acercarse a una para preguntar.
—Hey, una pregunta —les dijo.
Ambos lo miraron. Uno era un hombre calvo con maquillaje en los ojos y la otra una chica castaña.
—¿No han visto a una chica pelirroja siendo arrastrada por un tipo?
—¿El tipo estaba ebrio?
Grimmjow frunció el ceño, sin entender la pregunta de la chica.
—Sí, creo.
—¿Es tu novia?
—Er-no —decidió darle más indicaciones, aunque sentía que estaba tomándole el pelo—. Llevaba un chaleco rosa, abrigo café, jeans y botas. Como de metro sesenta —apuntó un poco más abajo de su propio hombro.
—Iba con un tipo con sudadera, creo —respondió él—. Llevaba el cabello y parte del rostro tapado así que estoy suponiéndolo. De todas formas, creo que fueron a la terraza del fondo.
—Gracias —dijo rápidamente y se dispuso a caminar directamente al fondo del piso.
Probablemente escuchó a la chica gritar desde atrás suerte con tu novia, pero Grimmjow decidió que era irrelevante a comparación de encontrar a Orihime tan pronto como fuera posible.
—P-por favor, suelte mi mano...
—Aah, muñeca, no seas tan aburrida.
Escuchó el ruido de algo siendo arrastrado descuidadamente contra el suelo. Pero todavía no estaba cerca como para abrir la puerta. Se apresuró, escuchando un poco más fuerte las voces. Lo que significaba que no estaban hablando, considerando que aislaba un poco el sonido, pero no lo suficiente como para no saber qué ocurría dentro. Aunque la mayoría de trabajadores del bar no se daban el tiempo de ayudar a alguien, si era dentro de sus terrazas procuraban tener algo de cuidado. Después de todo la privacidad era un arma de doble filo, sobre todo para una chica.
—¡Aléjese de mí! —Otro ruido brusco y justo antes de poner la mano sobre la puerta, vio una sombra apoyarse en ella.
—¡Te dije que seas más respetuosa!
Grimmjow abrió la puerta y escuchó el jadeo que salió de ella por la sorpresa. De inmediato se aseguró de que cayera en su pecho y la tomó de la cintura para mantenerla ahí. Sintió que lo miraba fijamente desde abajo, y Grimmjow le devolvió la mirada solo para arrepentirse. Tenía un montón de lágrimas recientes en los ojos y en las mejillas y se veía más asustada de lo que imaginó. La ayudó a enderezarse y la apartó levemente para que se quedara justo tras él, un poco más hacia su costado.
—¿Quién diablos eres tú? —gruñó el hombre— ¡No puedes quitármela como si nada, me estaba divirtiendo, aunque sea una tonta aburrida!
Grimmjow frunció el ceño y avanzó hasta él. Incluso ebrio y con demasiada valentía supo identificar el peligro con el que Grimmjow se acercaba. Antes de que dijera o hiciera cualquier cosa en su defensa, estrelló su puño contra su mejilla y justo después le puso la mano sobre el cuello, presionando su cuerpo contra el borde de la mesa. Entonces le quitó la capucha. Tenía el cabello oscuro y un rostro con pecas en la nariz. También tenía una cicatriz cerca de su sien, que cortaba el borde de su ceja derecha.
—Escucha —apretó con más fuerza cada vez, provocando que intentara liberarse, poniendo las manos sobre las suyas en un inútil intento de quitarlas—. No sé quién diablos eres, ni me interesa. Pero soy bueno con los rostros —sonrió—. La próxima vez que te vea por aquí, si sé que estás por aquí o haces lo mismo con otra chica, vas a recibir mucho más que un simple puñetazo en tu asquerosa cara. ¿Entiendes?
Grimmjow gruñó por lo bajo cuando solo se quedó mirándolo. Aplicó más fuerza en su mano y lo hizo doblarse sobre la mesa, golpeando con fuerza su cabeza contra ella y haciendo que gritara bajo su mano.
—¡¿Lo entiendes?!
—¡E-eentiendo!
—¡G-Grimjow-kun!
Sintió la mano de Orihime presionar contra su brazo y él lo soltó. Se apartó mientras ella hacía lo mismo y una vez fuera, cerró la puerta de la terraza.
—Tenemos que encontrar a Shūhei en la barra —dijo, sin saber muy bien qué decir.
—B-bien.
Grimmjow puso su mano con suavidad en su nuca, y la guio un poco más adelante todo el tiempo.
—¡Encontraste a tu novia! —Grimmjow se detuvo un segundo para ver a los dos que le habían indicado la dirección en la que el tipo había ido con la chica.
—Sí —dijo simplemente, aburrido de tener que repetirle que estaba equivocada—. Gracias por la ayuda.
—Puedes agradecernos con una cerveza —respondió él.
—Ya veremos...
Sin nada más que decir, siguió con Orihime hasta el primer piso y de la misma forma llegaron hasta el reloj blanco de la barra.
—Cada vez que te pierdas —comenzó a decirle al notar que Shūhei todavía no regresaba. La miró y notó que estaba poniendo atención a la vez que se acomodaba en uno de los taburetes. Entonces indicó el reloj—, busca el reloj blanco y quédate ahí. Si es que decides regresar a esta pocilga, claro.
Ella asintió. Grimmjow la vio abrir levemente la boca para decir algo pero en ese momento Shūhei llegó, suspirando y apoyándose amistosamente en su hombro cuando la vio frente a él sana y salva.
—Gracias a los dioses. Me alegro que estés bien, Orihime.
Ella pareció confundida.
—¿Los dos... estaban buscándome?
—Sí —respondió Shūhei intentando no demostrar lo extraña que era su pregunta—. Grimmjow tuvo la idea de separarnos para no perder tanto tiempo. No nos iríamos sin ti.
—Gracias —sonrió segundos después.
Se notaba a leguas, sin embargo, que aunque estuviera bien físicamente, su mente no podía concentrarse bien en algo que no fuera el mal momento reciente. Era entendible, y al menos podía hablar. Grimmjow estaba seguro de que a más de alguna chica le había tocado peor y probablemente la idea de siquiera agradecer era como un sueño.
—Grimmjow te llevará a casa —dijo entonces Shūhei—. Así puedes descansar y... simplemente sentirte un poco más segura —le ofreció su mano, separándose de Grimmjow—. Es mejor si es antes de que termine de oscurecer.
Orihime simplemente asintió y tomó la mano de Shūhei para ponerse de pie. Pero, o él no la soltó o ella no lo hizo, porque Grimmjow los tuvo tras de sí caminando de la mano por más de diez minutos hasta la salida del bar y luego hasta el estacionamiento de la universidad.
—¿Siempre llevas dos cascos? —preguntó ella.
A Shūhei lo alivió, y a Grimmjow secretamente también. No había dicho ni una palabra hasta llegar a su moto y aún temía que de pronto se desmayara o entrara en pánico de camino a su casa. Eso sería muy peligroso.
Al menos estaba hablando fluidamente, aunque se viera afectada todavía.
—Uno es de él —Grimmjow indicó a Shūhei.
—Oh —reaccionó y lentamente miró la moto y luego al chico—. ¿Estoy... ?
—No —contestó al instante—. No hay problema. Puedo tomar un autobús o caminar, todavía no está totalmente oscuro, no debería haber problema. Solo espero que llegues bien a casa —Solo entonces él soltó su mano y la llevó hasta su espalda. Grimmjow notó que ella intentó seguir la mano de Shūhei por un segundo, mientras ponía la llave y abría el candado que mantenía los casos en su moto con una cadena—. Lamento que haya resultado así.
—No te preocupes —sonrió ella—. Quizás podamos salir otra vez.
Shūhei asintió tímidamente, sonriendo con suavidad.
—Me encantaría.
—Bien, nos vamos —masculló Grimmjow, dándole su casco a ella. El de Shūhei no tenía la visera para proteger sus ojos, así que definitivamente no la dejaría usarlo.
Shūhei la ayudó a ponerlo en su cabeza mientras Grimmjow se ponía el suyo. Justo después quitó la palanca que sostenía la moto y se subió, apoyando el peso en el otro lado, para que Orihime subiera con facilidad.
—Ten cuidado con tocar el tubo, sobre todo cuando bajes —le indicó Shūhei después de decirle que pisara la palanca horizontal más corta. Una vez encima, Shūhei le bajó la visera.
—Nos vemos mañana —Grimmjow tendió su mano y Shūhei la chocó brevemente.
—Sí, y por favor ayúdala a bajarse.
Grimmjow rodó los ojos y lo escuchó despedirse de Orihime. Después de eso, comenzó a caminar fuera del sector de la universidad otra vez.
Giró la llave y echó a andar la moto antes de mirarla de reojo.
—¿En dónde vives entonces, cachorrito?
Le agradó el hecho de que la casa de Orihime estaba básicamente entre la universidad y su departamento. Llegó en cinco minutos y era un barrio decente. De hecho, le parecía que era el famoso barrio viejo, llamado así por distinguirlo y, sí, un poco de burla.
Detuvo la moto sin detener el motor y volvió a mirarla de reojo. Sin embargo ella no se movió, y por un segundo temió que el shock le llegara por subirse a su motocicleta. Era extraño, pero no tan ridículo como hubiera querido.
—Hey.
—¿Si?
—Tienes que bajar.
—A-ah, claro —murmuró, asintiendo levemente. De todas formas, no se movió.
Grimmjow recordó a Shūhei diciéndole que la ayudara al bajar y chasqueó la lengua. Tendría que hacerlo desde su lugar, porque sería terrible como el infierno bajar cuando ella seguía encima.
—Sostén mi mano —se la mostró con la palma hacia arriba. Ella de inmediato puso atención—. Después mantén tu pie más seguro en la pisadera y pasa el otro por sobre la moto. Ten cuidado como pisas, si haces un desastre de cualquier forma no seré de mucha ayuda. ¿Entiendes?
—Sí —Grimmjow creyó escuchar más ánimo en esa palabra.
—Ponte de pie —agregó. Ella lo hizo al instante, pero se quedó a la mitad—. Puedes apoyarte en mí antes de tomar mi mano.
Grimmjow sintió la moto moverse de un lado a otro y luego hacia ella cuando tomo su mano y consiguió llegar abajo. Mientras tanto, decidió echar un vistazo a las demás casas. Sí. Era en definitiva el barrio de mujeres que tenían como interesante y molesto pasatiempo levantarse ante cualquier sonido para saber qué pasaba exactamente. Se hubiera reído si le decían que hacían algo más que estar atentas de la vida de sus vecinos. En este caso, Orihime era un buen punto de mira. Era una chica linda que tarde o temprano llevaría a un chico y... y probablemente dirían cosas hirientes.
Orihime se quitó el casco, moviendo su cabello levemente y dudó por varios segundos sobre donde ponerlo. Hasta que Grimmjow volvió a mirarla con confusión por su silencio y su demora.
—Uhm, Grimmjow-kun...
—Grimmjow.
—Ah —sonrió—, bien. ¿Qué hago con el casco?
—Engánchalo con la correa a la abertura de la parte de atrás.
Orihime obedeció en silencio, mientras ahora Grimmjow le echaba un vistazo a su casa. Era pequeña y decente por fuera, aunque el jardín estaba descuidado, lo cual entendía perfectamente. Sobre todo si, aparentemente, vivía sola. En el momento que ella mencionó a su hermano solo pudo pensar en lo peor, considerando la forma en que lo hizo. Claramente Shūhei no se había dado cuenta, y Grimmjow prefería evitarle la amargura de mencionar que estaba bajo al menos tres metros en el cementerio. Incluso si se consideraba superado, no dejaba de ser doloroso.
—¿No se caerá?
—Son unos siete minutos hasta mi departamento, y no. No lo creo. Normalmente Shūhei se lo queda y lo lleva al día siguiente para dejarlo en algún casillero. Hasta que me ve y va a dejarlo en la moto.
—¿Siempre lo llevas a casa?
—Sí. El idiota se ahorra dinero que podría usar comprándome una cerveza en agradecimiento —sonrió.
Orihime soltó una risa, tomándolo desprevenido y deteniendo su corazón. Simplemente la miró, ignorándolo por completo.
—Eres un gran amigo.
—Si es lo que quieres creer...
—Lo eres —aseguró. Grimmjow volvió a ver esa determinación tonta. Se le hizo todavía más ridícula considerando que estaba hablando de él, pero no consiguió enfadarlo realmente—. Y aunque no seamos amigos... Gracias por ayudarme. De verdad.
Grimmjow boqueó un segundo, sin saber qué decir. Lo que temía sucedió, aunque no sobre su moto. Orihime se le estaba rompiendo frente a sus ojos por el miedo y lo odiaba, porque él aunque no era un idiota, no estaba acostumbrado a consolar a nadie. Tal vez lo había hecho con Shūhei un par de veces, y con Rukia también, revolviéndole el cabello para molestarla un poco. Pero no podía burlarse de ello con Orihime para sobrellevarlo o quitarle importancia para que ella lo hiciera, porque estaba seguro de que no ocurriría.
A pesar de que Orihime guardaba bastante su espacio personal, había notado en el bar, no quitaba que fuera una tonta. En el buen y peor sentido. Probablemente no lo pensó demasiado, pero se aferró a él como si fuera una rosquilla salvavidas completamente funcional, cosa que no era. Grimmjow dejaba bastante que desear, pero aparentemente ella estaba haciendo su trabajo sola. Y aunque esperó que le funcionara para no pasar por la indecisión sobre donde le confortaría más que pusiera su mano, Grimmjow aceptó con mucha culpa que no podía dejarla así.
Sin saberlo muy bien, subió la mano hasta su espalda, cerca de su hombro, y la dejó un momento. Ella se sostuvo con más seguridad de su torso y en vez de seguir apoyándose en su mejilla, se apoyó en su frente. Grimmjow soltó un suave suspiro mientras la sentía temblar todavía más bajo su brazo, y sollozar y sollozar de una forma tan dolorosa que lo hizo reflexionar sobre haberla llevado ahí. O más bien, de pensar en dejarla sola aunque fuera por un momento. Era increíble la culpa que estaba sintiendo en ese justo instante por ser quien lo permitió en primer lugar.
Le dio un apretón leve a su hombro y con su brazo la envolvió con mayor seguridad. Pocas veces había consolado a alguien con un abrazo, y dentro de ellas estaba Nelliel. Hace muchomucho tiempo.
Mientras miraba el farol en la calle, recordó cuando ella buscó la mano de Shūhei casi inconscientemente. Por eso estaba seguro de que no iba a poder bromear con eso, ella sabía que lo que necesitaba era un cuerpo ajeno y seguro que la sostuviera un rato. Y Grimmjow sabía que estaba condenado a ello desde que se dio cuenta. Sin embargo, no había podido decir o hacer nada para evitarlo.
Retiraba lo dicho. Necesitaba una compensación mucho más grande por acabar llorando por culpa de su estupidez.
