Advertencias: OoC. Y recuerda, si bebes, no conduzcas. Tampoco te quedes en casa de alguien que conoces durante menos de una semana. Eso no está bien, más que nada porque no es seguro.

Respuesta a Elena: Muchas gracias, espero no haber tardado tanto. Cuando recibí tu comentario, me puse a escribir de inmediato. Me animaste mucho, gracias por tanto :')


Namasté


Grimmjow estaba seguro de que era inevitable el día en que Kurosaki, exhausto de quedarse tranquilo y en su lugar, volvería y explotaría. Probablemente le golpearía la cara después de volver a criticar sus acciones y exigiría que se alejara de Orihime.

De hecho, creía que estaba tardando bastante.

Tras llegar a su departamento, le pidió las bolsas a Orihime y las fue a dejar a la cocina. Mientras sacaba lo que necesitaría de inmediato, la miró de reojo, notando que estaba de espaldas a él, quitándose el abrigo.

Los hombros de Orihime eran increíblemente pequeños, le provocaban unas ganas enormes de poner sus manos encima y deslizarlas por su espalda.

Regresó la mirada a las bolsas. No solía sentirse mal por mirar, pero normalmente aquellas chicas lo miraban de vuelta, con las mismas intenciones. Debía recordar lo importante. Orihime tenía una personalidad de mierda, tan pisoteable y tan estresante. Y él tenía cosas más relevantes de las que preocuparse tras ese breve receso que estaba teniendo para echarle una mano con el imbécil de Kurosaki.

—Ven aquí —La llamó, sin regresar a mirarla.

Orihime acababa de colgar su chaqueta en el perchero, y se acercó de inmediato.

—¿Sabes hacer masa para pizza?

—Sí. ¿Quieres que lo haga?

—Sí, solo no le eches nada raro —pidió, recordando algún comentario sobre barras de chocolate que le había revuelto el estómago.

Orihime sonrió, divertida.

—Está bien, puedo hacerlo.

—Mientras tanto cocinaré un poco el choclo y los champiñones.

Orihime asintió, aunque Grimmjow no esperaba una respuesta suya y lo sabía. Lo vio con un poco de curiosidad, agachándose para buscar una olla, mirando a la pared para escoger un sartén y vertiendo agua en el hervidor. Decidió hacer lo que le había pedido, pero no podía dejar de sonreír por lo natural que se veía Grimmjow en la cocina. No podía negar que era algo verdaderamente atractivo.

Tras dejar las cosas cocinando, Grimmjow recordó que Shūhei debía estar ahí. Su cuaderno, computador portátil y estuche estaban sobre la mesa en orden, así que sin dudar se dirigió a su habitación para comprobar que estuviera ahí.

Una hora más tarde, Orihime acomodaba la lata del horno con la pizza hecha y Grimmjow la miraba desde el costado. Había insistido en hacerlo ella, a pesar de que le había repetido que no era necesario. De todas formas, ella no iba a quemarse por nada del mundo, lo supo cuando vio la delicadeza y la seguridad con la que dejaba la lata.

Justo cuando iba a tomar la otra y él la seguía con la mirada, sintieron el sonido del timbre.

—Iré.

Orihime asintió, sin quitar la mirada del horno cuando se inclinó.

Grimmjow bajó el pequeño escalón hacia el recibidor y se acomodó en el hombro el mantel de cocina que había tenido en la mano durante todo el rato que se había dedicado, simplemente, a mirar a Orihime.

Abrió la puerta y el rostro sonriente de Rangiku lo recibió.

—Hola, guapo.

Grimmjow la vio deslizar la mano por el marco de la puerta, adquiriendo una posición coqueta.

—Entra de una vez.

—Idiota —gruñó mientras se enderezaba e ingresaba al departamento.

Mientras cerraba la puerta, Grimmjow la escuchó exclamar el nombre de Orihime. Cuando regresó, Rangiku apretaba contra su pecho a la chica. Cuando se fijó en el rostro de Orihime, se veía muy avergonzada.

—Hey —Le llamó la atención a ambas—. No frente al horno —dijo en cuanto se voltearon hacia él, indicando la cocina.

Pasaron el rato en la sala mientras terminaban de hacerse las pizzas, los tres sentados en el mismo sofá blanco. Era lo suficientemente grande como para que no estuvieran pegados y les sobrara espacio.

—Oh, acabo de recordarlo. Grimmjow, ¿dónde pusiste mi bolso?

—Jamás lo tomé, entraste y fuiste directo a ella —indicó levemente con la cabeza a Orihime.

Rangiku chasqueó la lengua y se puso de pie.

—Te gusta el vino, ¿verdad, Hime?

—Ehm —Después de que Rangiku había cortado el hilo de la conversación, se había sumido extrañamente rápido en sus pensamientos—, sí, solo un poco.

—Bueno, quizás te guste este vino blanco que encontré —comentó mientras se dirigía a buscar su bolso en el perchero, bajo su chaqueta. Cuando la corrió, lo encontró ahí. Era una botella de menos de

Abrió rápidamente el bolso y, al regresar, se desvió por el pasillo de la cocina para llevar dos copas.

—¿No bebes? —preguntó Orihime cuando vio las dos copas. Grimmjow volteó levemente por inercia, y entonces notó que lo miraba a él—. Sí —respondió de inmediato al notar su duda.

—No —dijo finalmente—, no me gusta el vino.

—Oh —asintió suavemente.

—Muy bien, Grimmjow —Rangiku se sentó de nuevo a su lado, y lo incitó a tomar ambas copas. Después de que lo hiciera, abrió la botella y sirvió un poco a cada copa.

Grimmjow le dio una de ellas a Orihime mientras Rangiku cerraba la botella y la dejaba en la mesa de centro.

—Propongo un brindis.

—¿Un brindis por qué? —preguntó Grimmjow sin pensar.

—Silencio, tú no tienes el vino —regañó Rangiku, quitándole la copa de la mano. Su expresión cambió drásticamente al mirar a Orihime—. Un brindis, porque ya no nos importan los hombres estúpidos. ¿No es así, Hime?

Grimmjow la miró de reojo y notó que miraba nerviosa entre él y Rangiku.

—R-Rangiku-san...

—Buenas noches.

Orihime fue la primera en voltear, viéndose salvada por Shūhei, que se inclinó levemente saludando a ambas mujeres.

—Shūhei-kun —sonrió—, buenas noches. Grimmjow-kun dijo que estabas estudiando.

Al oírla Grimmjow gruñó.

—Sí, hubo un pequeño cambio de planes casi al final y me dormí... —explicó— ¿Qué hacen que huele tan bien?

—Orihime tuvo la gran idea de que hicieramos pizza en esta grandiosa velada —dijo Rangiku.

—Oh, ¿no nos incluía, o si? —miró a la mujer entrecerrando los ojos.

—Sí, sí los incluía —respondió Grimmjow.

Tras unos segundos de silencio, Rangiku se inclinó para tomar la botella de vino.

—Estabamos por hacer un brindis —mencionó—. ¿Bebes?

—Claro, dame un momento.

Shūhei fue por una copa y cuando regresó, la misma Rangiku le sirvió. Después lo invitó a sentarse entre ella y Grimmjow.

Mientras Rangiku repetía el brindis, Grimmjow sintió a Shūhei acercarse demasiado a él, por lo que lo miró de reojo. Notó que su compañero lo miraba de regreso con nerviosismo, y se fijó en la poca distancia que Rangiku había puesto entre los dos. De inmediato sintió lástima por Shūhei y lo mucho que adoraba, respetaba y era intimidado por las chicas.

Mentalmente, tras el brindis de Rangiku, deseó que Shūhei fuera menos tímido en ese sentido. Quizás no lo tendría tan seguido robándole internet, café y su cama.

—Así que, ¿porque ya no nos gustan los chicos idiotas? —dijo Shūhei con curiosidad.

—Hay detalles que arreglar, pero sí —respondió Rangiku—. ¡Salud! —exclamó, chocando las copas con Shūhei, con el vaso de Grimmjow, quien la ignoró por completo, y luego se estiró por sobre ambos para llegar a Orihime.

Grimmjow sintió tensarse a Shūhei a su lado.

—Pueden seguir. Ayúdame en la cocina —dijo, poniéndose de pie y en el proceso golpeando levemente la pierna de su compañero.

Ante eso Rangiku regresó a su posición.

—C-claro.

Shūhei murmuró un con permiso antes de ponerse de pie, dejar la copa en la mesa y seguir a Grimmjow. Ambos escucharon a Rangiku quejarse a lo lejos, y a Orihime reír levemente, intentando convencerla de que regresarían pronto.

Grimmjow no estaba tan seguro de eso.

—¿En qué necesitas ayuda? —preguntó Shūhei.

Grimmjow sacudió la cabeza.

—Te estaba salvando —dijo, inclinándose para mirar dentro del horno—. Aunque al parecer sí podrías ser de ayuda. Trae las tablas de la pared —indicó las tablas cuadradas que colgaban, cada una en un clavo.

Un par de minutos más tarde, Grimmjow se acercó con ambas tablas y las puso cerca de cada extremo de la mesa.

—Hey —dijo, recibiendo la atención inmediata de Orihime, que podía mirarlo directamente—. Ya pueden venir. Shūhei —lo llamó, volteando hacia la cocina. Cuando vio, él le regresaba la mirada—. Trae una cerveza.

En menos de un minuto, estaban los cuatro sentados, dos de cada lado. Grimmjow estaba al lado de Shūhei, para su suerte, pero frente a frente con Orihime, que miraba las pizzas maravillada.

—Se ve delicioso —murmuró emocionada.

—Lo siento, debiste despertarme en cuanto llegaste. Siempre haces todo solo —dijo Shūhei.

—Pero así le queda delicioso —secundó Rangiku.

Grimmjow miró a Orihime, que no parecía realmente interesada en lo que decían.

—No lo hice solo —aclaró—. Fue idea de ella, y también cocinó.

Orihime levantó la mirada en cuanto sintió la insistencia con la que era observada.

—Oh, ooh —Se sonrojó—. Espero que les guste —Se inclinó levemente, primero en dirección a Shūhei y luego hacia Rangiku.

—Cuenta con eso —respondió Shūhei sonriendo levemente.

—Muy bien —Rangiku tomó el cuchillo en la mesa y comenzó a dividirla. En cuanto terminó con una, repitió lo mismo con la otra—. Hora de comer —Celebró, tomando un trozo y llevándolo a su plato.

Mientras comían, Grimmjow los escuchaba hablar de anécdotas en las que constantemente era mencionado a causa de Rangiku, quién no podía mantener la boca cerrada ni un minuto.

—Recuerdo cuando vivíamos juntos. Me sentía como una reina cuando era hora de comer —suspiró ensimismada.

—¿Cuánto tiempo vivieron juntos? —preguntó Orihime con genuina curiosidad.

—Cerca de dos años. Vivía conmigo cuando trabajaba en Las Noches.

—Ah —susurró Orihime.

Grimmjow observó atentamente su reacción. Quería seguir preguntando cosas, estaba seguro, pero por algún motivo decidió detenerse. Ella le devolvió la mirada y le sonrió.

Al pensar en lo que había ocurrido en Las Noches, por lo que ella había pasado, sintió mucha vergüenza de solo recordar que en algún minuto había sido parte del personal que había dejado que se llevaran a mil chicas de la misma forma. Se sintió sucio, y sintió asco por Aizen.

Antes intentaba que no le importara, pero era humano, después de todo. No pudo hacerlo por siempre.

—Tal vez podamos enseñarte un poco de boxeo —Grimmjow volvió a prestar atención a la conversación, notando que se había perdido un par de segundos—, ¿verdad, Grimmjow?

Volteó hacia Shūhei, que se apresuró a explicarle al notar su expresión.

—Que podemos enseñarle un poco de boxeo a Orihime, si quiere. Después de todo tenemos horarios similares. Podríamos alargar un poco más el tiempo en el gimnasio —dijo, esperando pacientemente una respuesta.

Miró a Orihime, que también estaba atenta, y Rangiku parecía un poco interesada aunque seguía comiendo otro trozo de pizza.

Lo pensó un momento. Quizás podía ser útil para ella. El boxeo no se usaba fuera del cuadrilátero, pero podía tener una base y quizás enseñarle un poco de defensa personal adicionalmente. Si se permitían soñar un poco, probablemente pudiera tener oportunidad en un uno contra uno.

Se reprendió a sí mismo por pensar de esa forma. Aunque era muy posible que le fuera útil, eso involucraba estar más tiempo del que planeaba y consideraba sano alrededor de ella.

Un comentario de Shūhei se pasó fugazmente por su cabeza. Iba a pasar tiempo con ella quisiera o no, porque la idea era ayudarla. Además, Orihime parecía querer estar ahí hasta el minuto.

—Grimmjow.

—¿Estás de acuerdo? —preguntó, mirándola a ella.

—Bueno yo... Uhm —miró a Rangiku, que le devolvió la mirada sin entender. Supo entonces que quería evitar mencionar el incidente, y no tenía idea de por qué.

Él y Shūhei ya lo sabían, habían estado ahí cuando parecía un cachorrito asustado. Pero él no entendía del todo. Lasensación de que era muy reservada en todos los sentidos no se iba, y lo dejaba sorprendido que no quisiera comentar algo así con una amiga. Una que por lo demás, era más comprensiva y buen apoyo que, quizás, cualquier otra que tuviera.

Pero no iba a ser él quien le faltara el respeto a esa decisión. Después de todo, mencionar el temor y vulnerabilidad alguna vez sentido era casi como desnudarse frente a alguien.

Eso no aplicaba en su caso, por suerte.

—Creo que podría servirme. Nunca se sabe con qué clase de loco puedes encontrarte en la calle —rió con nerviosismo—. Al menos tendría una noción de cómo golpear.

—Ooh, tendremos a una Rocky en el equipo —dijo Rangiku con humor, provocando una sonrisa avergonzada de parte de Orihime.

Shūhei sonrió levemente y después lo miró a él, moviendo una ceja con sutileza. Tampoco parecía entender del todo. Aparentemente, ambos esperaban que se desahogara con alguien más cercano. Quizás Rangiku no entraba del todo en esa categoría.

—Entonces, te enseñaremos a golpear malnacidos —dijo Grimmjow mientras recogía otro trozo de pizza.

—¿Tú no quieres, Rangiku? —preguntó Shūhei.

—Oh, cariño. Grimmjow me lo ofreció incontables veces, pero yo sé que el mejor movimiento es apuntar al pene —Orihime se atoró con un trozo de masa—. Y de todas formas, no tengo vena deportiva —explicó.

—Entiendo —Shūhei sonrió nerviosamente. Era tan directa como Grimmjow, y lo hacía sentir algo extraño—. Es una lástima.

—Es una lástima para aquellos desgraciados, porque Rangiku seguirá moliendo sus pelotas incluso en el infierno —sonrió Grimmjow, orgulloso.

De inmediato miró a Orihime, entretenido con su escandaloso sonrojo.

Tras comer, descansar y charlar un largo rato en el sofá, Shūhei miró su teléfono, buscando la hora. Era algo tarde, dentro de veinte minutos la cantidad de autobuses que recorrería las calles sería un insulto a los derechos humanos. Quizás Rangiku decidiría quedarse en el departamento hasta el día siguiente, y Grimmjow de todas formas tendría que llevar a Orihime de vuelta a casa.

—Es algo tarde, me iré antes de tener que someterme a una tortura esperando el autobús —mencionó, guardando su teléfono con cuidado de no mover demasiado su vaso.

—También me iré. A veces Miyamura se duerme en el turno, y prefiero estar ahí para golpear bolas si un desgraciado intenta robar —dijo Rangiku, poniéndose de pie de inmediato, consiguiendo que Shūhei la mirara incrédulo.

—¿Estás segura?

—Sí. Te llevo.

Grimmjow la miró atentamente.

—¿Viniste en coche? —preguntó, realmente extrañado.

Prácticamente la había obligado a usarlo hace horas, y esperaba que llegara a su departamento acercándose en autobús.

—Por supuesto que vine en coche —contestó con simpleza, y se encaminó al perchero, dejando de paso la copa en la mesa.

—Pero Rangiku-san, tomaste vino —Orihime hizo notar aquel detalle.

—No será primera vez, cariño, y si es por eso, todos bebimos. No vamos a quedarnos todos ocupando el espacio de Grimmy —sonrió, mientras se acomodaba el abrigo.

—Pero...

—Nada de peros —miró a Shūhei—. ¿A qué esperas?

—A-ah, sí, claro —murmuró mientras iba en busca de su bolso para guardar sus apuntes y su computadora. Se puso su chaqueta y tras acomodarla bien, colgó la mochila de su hombro.

Una vez que Shūhei cerró la puerta tras su espalda, luego de que ambos se despidieran de Orihime y Grimmjow, él volteó a mirarla.

—Vamos, te llevaré a casa, cachorrito... —dijo, poniéndose de pie, llevando su vaso en la mano.

—E-espera —Orihime lo siguió, y cuando él se detuvo a mirarla, se paralizó en su lugar. Grimmjow esperaba a que hablara, pero ella no tenía nada en mente en realidad. Miró a todos lados, dando la sensación ante él de que se negaba a mirarlo. Cuando su mirada pasó por la mesa llena de loza, lo miró, nerviosa—. Te ayudo con las cosas sucias antes.

Grimmjow lo pensó, pero no demasiado. Le venía bien algo de ayuda. Si lo hacía después de ir a dejarla a casa, solo querría tirarse en su cama y dormir.

—Muy bien.

Orihime sonrió y lo alcanzó.

—¿Quieres que lave?

—Si es lo que quieres.

—Sí —asintió.

Cada vez que Grimmjow cedía ante esas pequeñas cosas, la ponía un poquito feliz.

Grimmjow comenzó a apilar algunas cosas, mientras ella iba a la cocina y ordenaba otras antes de que él llegara con los platos y utensilios. Tomó una de las latas del horno y comenzó a lavarla. La masa había salido perfectamente, así que era poco lo que había que hacer. Grimmjow llegó finalmente y dejó lo que había conseguido llevar hasta el momento, pero en lugar de ir por lo que quedaba, pasó tras Orihime y se dispuso a juntar las cosas que habían usado para lavar. También guardó la poca harina que quedaba en un mueble y puso el hervidor en su lugar. Tiró a la basura la botella de cerveza que había bebido mientras miraba a Orihime hacer la masa, tras acabar lo que le tocaba a él, y tomó el trapo cerca del lavaplatos para limpiar la encimera.

Ninguno de los dos habló más de lo necesario. Orihime, a pesar de no haber bebido demasiado, se sentía un poco somnolienta. Era el efecto que el alcohol solía tener en su cuerpo.

Cuando Grimmjow había acabado y Orihime estaba lavando las cosas que él había llevado antes, sonó el timbre del departamento. Grimmjow estaba a punto de tomar los últimos dos platos de la mesa cuando ocurrió.

Se quedó un segundo mirando la puerta. No estaba seguro de que fueran Rangiku y Shūhei. Alguno de los dos llamaría en caso de que se les hubiera quedado algo. Solo por si acaso, dio un vistazo rápido en busca de algo que no le perteneciera, mientras caminaba hacia la puerta.

Y abrió.

Sin dudas esperaba encontrarse a cualquiera en ese momento, menos a Kurosaki. Si era sincero, hasta se había olvidado de ese idiota teniendo que oír a Rangiku contando cosas sobre él.

—Tú, idiota.

Estaba levemente tomado, pudo reconocerlo de inmediato en su voz. Pero seguramente no era lo suficiente como para excusarlo si hacía otra tontería, además de presentarse en su puerta. Grimmjow quería que eso ocurriera, pero no así, no era el mejor momento. Orihime estaba en su cocina, a pesar de que no creía que fuera tan estúpida como para salir. También era cerca de la una de la madrugada y no quería armar un escándalo del que sus vecinos pudieran quejarse.

Kurosaki era el tipo más desubicado que conocía, sobre todo con alcohol.

—Te dije que dejaras de hacerlo.

—¿El qué?

—¿Crees que no te vi durante el almuerzo? ¿Qué te traes con Orihime? No la metas en tus juegos. Es demasiado ingenua, ¿es por eso que de pronto estás cerca de ella?

—Kurosaki —Lo detuvo antes de que siguiera hablando—. Lo que más deseo es partirte la cara de nuevo, pero es un terrible momento. No digas nada de lo que te puedes arrepentir.

—¿Es una amenaza? No me importa lo que tengas que decir, solo aléjate de Orihime. Nelliel tenía razón sobre ti, y seguramente la tiene sobre ella. Orihime podría creerte todo lo que rezas, no sabe en absoluto la clase de tipos que hay fuera, como tú, que solo buscan abrirle las piernas para luego-.

Ichigo pisó bruscamente para equilibrarse nuevamente tras recibir el puño de Grimmjow en su mejilla.

Grimmjow lo tomó de la camiseta y lo acercó levemente a él.

—Kurosaki, a mí no me debes nada. Pero seguramente a Orihime sí así que, por lo que más quieras, cierra el hocico y vete a casa.

Cuando reaccionó, Ichigo le apartó la mano y Grimmjow la dejó caer, cada vez más ansioso. Orihime estaba escuchando todo, y no creía que deseara escuchar a Kurosaki llamándola ingenua y decir que cualquier tipo querría acostarse con ella de esa forma tan obscena. Sí, él mismo pensaba constantemente en lo ingenua que era, pero al menos se lo había dicho a la cara y su tono no había sido así de agresivo.

Por lo que había notado, Orihime veía a Kurosaki como un tipo reservado, con el ceño siempre fruncido, pero tranquilo. Este no era el Kurosaki que ella quería y conocía, así que al menos tenía que hacerle el favor de sacarlo de aquí.

Empujó a Kurosaki hacia el pasillo e intentó cerrar la puerta tras él discretamente, pero el pelirrojo decidió que era buen momento para regresarle el puñetazo. Primero lo empujó de vuelta y luego le golpeó la mejilla izquierda, consiguiendo que chocara contra la puerta y la abriera de nuevo.

—¿Qué mierda sabes tú sobre eso? Sí, no te debo un carajo, ni a ti ni a nadie. Aún sigues yendo a Las Noches, ¿no? Quédate ahí y no salgas nunca más, quédate mientras ves cómo acosan a cientos de chicas. Estoy seguro de que si llevaras a Orihime contigo, te quedarías viendo como te quedaste viendo a Nelliel.

Grimmjow tenía muchas cosas que decir sobre eso. Una de ellas, era que su relación ya estaba mal con Nelliel en ese entonces, pero no fue exactamente como Kurosaki lo estaba pintando.

—Muy bien, sigue. Sigue hablando mierda sobre mí, solo vas a quedar como un tarado.

—Eres insoportable.

—Puedo decir lo mismo sobre ti, perro faldero.

Ichigo frunció el ceño y se acercó para darle otro golpe. Lo tomó de la camisa y lo golpeó una segunda vez. Tras eso, Grimmjow lo tomó del cabello y le tiró la cabeza hacia atrás para conseguir que aflojara un poco el agarre sobre su camisa. Tomó impulso con su puño y le volteó el rostro con los nudillos. Nuevamente lo tomó de atrás, esta vez del cuello de la camiseta, y se movió de forma que su rodilla pudiera enterrarse en su estómago. Lo escuchó toser a penas, e iba a seguir golpeándolo, hasta que escuchó la molesta vocecilla de Orihime.

—¡Grimmjow, ya basta!

Volteó a mirarla, mientras sostenía a Kurosaki de un hombro. De reojo, vio al pelirrojo enderezarse lentamente y encontrar a Orihime, justo a lado del peldaño que daba a su cocina.

—Orihime... ¿qué...? —Grimmjow lo vio pensar sobre ello detenidamente, y supo que había llegado a la dichosa respuesta de que era su culpa por cómo lo miró. Por algún motivo miró por sobre su hombro hacia la mesa, encontrando ambos lugares en la mesa con los platos con restos de comida.

Se veía como una cena, debía aceptarlo. Pero qué carajos le importaba a Kurosaki.

—Eres un desgraciado —Lo tomó del cuello de la camisa—. Si no hubiera llegado, ¿qué le habrías hecho?

—¡Kurosaki-kun! —Orihime se acercó. Desde su lugar, Grimmjow podía ver como tenía las manos hechas puños y temblaba— Es suficiente. Deja de golpear a Grimmjow.

—¿Es una broma? ¡Te estoy salvando de éste! ¿No entiendes que solo quiere acostarse contigo?

—¡Él nunca se acostaría conmigo! —exclamó de vuelta, con las mejillas rojas y los ojos brillantes— Sólo era una cena entre amigos, también estaban Rangiku-san y Shūhei-kun.

—¿Rangiku...?

—Sí —dijo—. Así que por favor, deja a Grimmjow.

Ichigo la miró incrédulo.

—No puedo creer que te guste éste idiota.

Grimmjow hizo todo lo posible para no golpearlo en la cabeza y decirle claramente que, el que le gustaba a la chica, era él, y que acababa de hablar como la mierda de ella a sus espaldas. Grimmjow no era capaz de romperle el corazón a Orihime, no al nivel en que Kurosaki lo había hecho ya, seguramente.

Estaba esperando a que Orihime se lo dijera.

Eres tú el que me gusta o alguna babosada así. Aunque se supone que Orihime ya se había declarado una vez, entonces, ¿cómo y por qué se esforzaba tanto por ser un bastardo con ella?

—Y... ¿Y qué si me gusta él? Ya te dije que jamás se acostaría conmigo, no soy el tipo de chica con las que él está —dijo firmemente, sorprendiendo un poco a Grimmjow. Había optado por dejar que la imaginación de Kurosaki siguiera en lo suyo, lo cual, desde su punto de vista, era mucho más sabio si pretendía mantenerlo lejos de ella—. Solo somos amigos, así que deja de tratarlo de esa forma. No volveré a repetirlo.

Con mucho recelo, Ichigo retrocedió, obedeciendo la petición de Orihime.

—¿Entonces? ¿Se supone que te deje con él, así nada más?

Orihime apretó los labios, aún mantenía sus manos apretadas.

—Solo vete, Kurosaki-kun. No tienes que preocuparte más por mí, menos si sientes que es un deber porque soy solo una chica ingenua.

—Orihime...

—Vete —insistió, antes de que volviera a poner trabas.

Kurosaki la miró durante unos segundos más y luego volteó hacia Grimmjow. Finalmente, dio la media vuelta y salió del departamento, sin cerrar la puerta tras su espalda.

Grimmjow volteó hacia Orihime, mientras se apoyaba levemente en el borde de la mesa. La mejilla le palpitaba, pero lo alegraba que debía molestarle más el estómago a Kurosaki.

Se fijó en el rostro de Orihime. Miraba a la puerta y sus labios seguían presionándose entre sí. Luego la recorrió con la mirada, notando que sus manos seguían hechas puño.

No se estaba moviendo, acababa de pasar un momento horrible. Seguramente no se parecía al que había vivido en Las Noches, pero sí dejaría huella en algún lado.

Sin pensarlo demasiado, alargó su mano hasta poder tocar la de ella, recordando cómo había tomado la mano de Shūhei durante el camino al estacionamiento. Decidió moverse hacia su muñeca, para conseguir que se acercara un poco más, y tomó su mano sin intentar relajarla.

—Ya puedes respirar.

Aparentemente, reaccionó con aquella frase.

—Estoy mareada.

—¿No lo estabas ya? Te tambaleabas también mientras lavabas.

Orihime sonrió levemente.

—Es verdad.

—Solo estas un poco ebria. Estuviste todo el tiempo esforzándote, así que ahora que te estás relajando... —Movió levemente la mano de ella entre la suya, demostrándole que había soltado los dedos—. El mareo parece más intenso.

—Tiene sentido —murmuró.

—Así es.

Grimmjow movió otro poco su mano.

—Respira. Profundo y con calma.

A su lado, Orihime comenzó a hacer ejercicios de respiración, obedeciendo.

—Tengo curiosidad.

—¿Sobre qué? —Exhaló.

—No le negaste a Kurosaki lo que pensaba. Pudiste decirle que estaba equivocado y que estás enamorada de él.

—¿Otra vez?

—Otra vez.

—¿Crees que hubiera funcionado? —preguntó, sin cambiar en absoluto expresión.

Grimmjow la vio inhalar lentamente.

—No, pero creí que lo harías.

—No me gustó que hablara de esa forma... —dijo finalmente—. Sentí que era injusto, te estaba insultando y tú solo intentabas que dejara de hablar y se fuera. Eres un buen chico... Cualquier mujer podría enamorarse de ti —respondió.

Grimmjow la vio botar el aire mientras le regresaba la mirada.

—Eso no te va a acercar a él —murmuró.

Orihime rió, consiguiendo que la mirara extrañado.

—Kurosaki-kun está muy lejos de mí hace tiempo. Lentamente me desenamoré de él por eso, un poco y otro poco, cada vez. Ni siquiera creo que me haya considerado una amiga muy cercana, en el instituto era mi mejor amiga la que hablaba con él, ¿sabes? Se dirigía a mí por cortesía, y como dijo, soy muy ingenua. Seguramente se haya sentido obligado a prestarme algo de atención...

Orihime bajó la cabeza, pensativa.

—Incluso no me habló más que por unos segundos durante meses, pero entonces te ve conmigo y se aparece a decirte que te alejes de mí —dijo—. No creo que sea justo, Grimmjow-kun.

Rápidamente, notó que se le había escapado el honorífico.

—Oh, lo siento.

Grimmjow negó con la cabeza, restándole importancia. Alejó su mano de la de ella y cruzó los brazos frente a su pecho. Sin embargo, Orihime movió su mano hasta la muñeca de Grimmjow, que la miró de inmediato buscando explicaciones.

—Hay que ponerte algo en la mejilla.

—No es necesario.

—Sí lo es —Ella le sonrió—. ¿Tienes algo para limpiarte la herida?

Grimmjow la miró sin entender, y pasó los dedos con cuidado en donde le dolía. Había un poquito de sangre muy cerca de su ojo.

—Es una tontería, va a estar curado para mañana —frunció el ceño.

Orihime copió su expresión y lo miró insistentemente. Indicó con un dedo al sofá en la sala, ocasionando que Grimmjow rodara los ojos y se moviera en esa dirección.

—En el baño.

Acababa de tener un amargo momento con Kurosaki de protagonista. Si mandonearlo para curar una insignificante herida iba a hacer que se sintiera un poco mejor, Grimmjow no tenía problema en hacerlo. Solo por esa vez. Solo porque se sentía culpable y responsable.

Pudo callar a Kurosaki de inmediato, pero no lo hizo.

Se sentó en el sofá y esperó hasta que Orihime llegó con el botiquín. Era mejor opción simplemente ponerse hielo, pero la visita de Kurosaki y el alcohol lo habían agotado de alguna manera.

Orihime limpió la pequeña herida con demasiada dedicación y puso una tirita. Era una exagerada.

—¿Estás contenta? —masculló.

—¡Sí! —sonrió.

—Bien, ahora... Vamos a llevarte a casa.

Se puso de pie, pero se desestabilizó sobre sus pies. Sintió la mano de Orihime tomar su antebrazo rápidamente, como si eso pudiera sostenerlo, y volteó a mirarla.

—Creo que ya no es seguro que manejes...

Grimmjow chasqueó la lengua y se volvió a sentar a su lado, pensando en qué hacer. Tenía un nivel de irresponsabilidad que no planeaba poner en práctica sabiendo lo mareado que estaba, no era tan estúpido como para ponerse a sí mismo y a Orihime en peligro. Iba a dejar que se quedara, pensó, pero joder, no planeaba por nada del mundo ceder su cama.

Quizás sería divertido...

—Te digo desde ya que no voy a ceder mi cama. Ayer cambié la ropa, así que no tengo ninguna manta para prestarte —dijo—. Tendrás que compartir la cama conmigo.

No era un pervertido. Solo quería ver su reacción, iba a dormir en el maldito sillón de todas formas si le incomodaba.

Se volteó, esperando encontrar la más absoluta expresión de horror.

Sin embargo, ella se había limitado a mostrar un sonrojo y a apretar los labios, como si lo estuviera pensando.

—Espera, estaba-.

—N-no hay problema. Solo es compartir la cama —murmuró—. No te preocupes, no haré nada que pueda incomodarte.

Lo sorprendió bastante. Ella estaba confiando plenamente, al punto en que creía necesario insinuar que era él el que podía sentirse incómodo. Se sintió igualmente halagado como fuera de lugar. ¿Era eso normal? Bueno, ya habían sido varias ocasiones en las que Orihime había demostrado que su razonamiento en particular era muy diferente al de los otros.

Si implicaba que él podía usar su cama y no ser un maleducado a la vez, estaba bien.

—Bien —musitó, acercándose a su rostro, ocasionando que instintivamente ella retrocediera un poco. Notó que era un simple reflejo, ya que no puso más distancia entre los dos—. Mantén tu palabra... Que no me entere que intentas seducirme, ¿está bien?

Orihime lo miró por un segundo, perdida, y entonces presenció cómo abría los ojos un poquito más de lo normal.

Por dios, sus ojos eran preciosos.

—Sí, confía en mí —asintió animadamente.

Grimmjow bufó, aguantándose la risa.

—Vamos, te prestaré algo de ropa.

Estaba más ebrio de lo que pensaba si acababa de aceptar compartir la cama con la chica que había encontrado más atractiva en su vida. Iba a prestarle ropa, cosa que nunca había hecho, bajo ninguna circunstancia, y a ella por algún motivo le parecía bien.

Kurosaki tenía algo de razón, después de todo... Si fuera como lo pintaba, entonces él era muy peligroso.

Aún así, Orihime no había dudado en ningún minuto de su decencia, aunque había oído que era lo peor del mundo de parte del chico de sus sueños.

Era algo nuevo sentir que alguien además de Rangiku y Shūhei confiaba plenamente en él, y no se sentía mal.