Advertencias: OoC.

Y agradecimientos a MurderMoon por su comentario3 Cada vez que me dicen lo mucho que les gusta me esfuerzo aún más para sacar los capítulos. Así que gracias por mantenerse leyendo, son mi combustible cuando no hay muchas ganas de escribir, y lo aprecio demasiado. Espero que te guste este capítulo también, y a cualquiera que lo lea. Mil gracias3


Namasté


Soltó un suspiro e hizo el amago de voltearse. Se detuvo en seco, abriendo los ojos a penas se dio cuenta de que estaba punto de girar en la cama. Si hacía eso, y Orihime despertaba, lo primero que vería sería a él, acostado de frente a ella.

Se arrepintió de inmediato de haber hecho que Orihime durmiera con él. Normalmente no le importaría del todo cómo se sentían los demás, pero era inevitable.

Sintió un movimiento muy leve desde el otro lado. ¿Estaría despierta? Quizás lo había sentido a él. ¿Probablemente estaba incómoda?

Qué demonios, era un imbécil. Cerró los ojos con fuerza, buscando por todos los medios dejar de pensar en que tenía a Orihime a menos de un metro, con una camiseta holgada y unos pantalones de pijama suyos que no usaba hace años. Ese no era motivo para sentirse fuera de sí, para sentir una presión tan horrible o embriagarse con el aroma dulce y cítrico que estaba envolviendo su almohada.

Por todos los infiernos. Era un enfermo. Debió saber que no podía tentar tanto a su suerte, después de todo. No podía simplemente ignorar la atracción que sentía por Orihime, ni siquiera pensando en la personalidad tan repelente que tenía. Durante la tarde se la había comido prácticamente con la mirada; si eso no era razón suficiente, estaba enloqueciendo.

—Uhm... —Dejó de respirar, sintiéndose el ser más tonto del mundo— Grimmjow... ¿estás despierto?

Ella estaba hablando bajito, si no fuera por el silencio en el que estaba sumida la habitación, seguramente no la habría escuchado, no en cualquier otro momento.

—Hm.

Se limitó a hacer ruidos como un troglodita.

La escuchó suspirar, aliviada. Entonces sintió el roce de las sábanas durante unos segundos, supuso que había acabado por voltearse.

Él, sin embargo, no iba a caer en esa tontería. Ya podía imaginarse la escenita digna de una de las películas románticas que Rangiku veía cuando estaba aburrida que se armaría si decidía hacerlo también.

—Hace rato hay algo que me da vueltas en la cabeza.

Sí hubiera tenido ánimos de ser cínico, le habría dicho que estaba ebria y que no se pasaba de un rato para otro.

—Antes... Cuando discutían con Kurosaki-kun... Él dijo que si me llevabas a Las Noches, te quedarías mirando tal como te quedaste mirando con Nelliel —musitó—. ¿Cómo ocurrió realmente?

Ella estaba pidiéndole la verdadera versión de la historia, asumiendo que era la suya. Eso era lindo. No había ni una pizca de dudas sobre su persona en lo que decía...

Miró hacia arriba, encontrando en su campo visual el respaldo de la cama. Pensando, una vez más, en lo estúpido que era.

Qué más da, pensó.

Grimmjow se movió en su lugar, hasta que se acomodó, mirando a Orihime de vuelta.

Eso era muy extraño, se sentía extrañamente íntimo. Como cuando Orihime había dejado de llorar y se había quedado abrazándolo como a un salvavidas, mientras el barrio alrededor de ellos se mantenía silencioso.

Se quedó mirándola unos segundos más, en los que ella solo podía ver el ceño fruncido de su careta.

—No me estaba llevando bien con Nelliel por ese entonces —Comenzó—. Trabajaba en Las Noches y llevaba un tiempo, aunque era poco considerando el dinero que tenía ahorrado. En uno de mis turnos, Nelliel fue. Se hizo notar de inmediato, es una maldita lunática, de ese tipo de mujeres que juegan al tira y afloja pero que jamás se dejan, solo están para jugar con cualquier idiota que se cruce —dijo, con la voz tan serena respecto a otras veces que habló de ella, que hasta él mismo se sorprendió. Nunca le molestó aquella actitud de Nelliel cuando eran amigos, salvo que varias veces tuvo que sacarla de situaciones incómodas.

Grimmjow se quedó en silencio, pensando un momento en cómo decir lo siguiente. No pretendía mentirle, porque no le importaba en absoluto si se ponía de su lado o no, no le gustaban esas mierdas, pero quizás podía hacerle el favor de suavizarlo un poco...

—Así que llegó un tipo después de unas horas. Nelliel en sí resalta mucho, así que en realidad no necesita darles un motivo para acercarse. El tipo en cuestión era un subordinado de Aizen, pero yo no le llegaba ni a los putos talones. Pensé que podía defenderse sola, la había visto varias veces hacerlo, por lo que no esperaba que esa vez no lo hiciera. El tío era dos veces su tamaño, en todo caso, pero en un principio creí que podría con ello . Quise ayudarla, pero de casualidad el jefe, mi jefe, no Aizen, estaba por ahí —Hizo una mueca—. No era buena idea, el dinero no es excusa, pero no puedes ir haciendo favores por ahí toda la vida y poner en riesgo tu trabajo. Al menos eso pensé en ese minuto.

—Entonces... ¿La dejaste?

—Ya que yo no era nadie importante, creí que mi jefe sí, así que le pedí que hiciera algo, cualquier cosa. Incluso distraer al idiota, pero solo Aizen podía hacer algo. El podía hacer cualquier cosa en su bar, incluso que ninguno de sus subordinados volviera a acercarse a Nelliel. Sonaba como una buena opción...

Orihime asintió, concentrada en su historia. Grimmjow notó que se acomodaba levemente, sin dejar de prestar atención.

—Pues no lo era.

—¿Por qué?

—Aizen acudió y evitó él mismo que ocurriera algo con Nelliel, aunque para entonces ya era un poco tarde. También la llevaron a una de las terrazas, y me imagino que su situación fue unos pasos más allá que la tuya por cómo estaba cuando la vi regresar al espacio frente a la barra. Ni siquiera pude preguntarle cómo estaba porque Aizen fue a buscarme para guiarme a su oficina.

—Oh... —murmuró.

—¿Te gusta el cuento para dormir? —preguntó con sarcasmo.

—No es un cuento, es algo serio —dijo ella determinada.

Grimmjow bufó, un poco entretenido.

—Bien. Aizen me preguntó si necesitaba algo más. Normalmente no era tan ingenuo, pero dijo que iba a cumplir mientras fuera bueno en mi trabajo. Me mintió. En la parte en que omitió lo que implicaba.

—¿Qué implicaba?

—Que no volvieran a acercarse a Nelliel, valía mi boca cerrada, y que hiciera todo lo que me pidiera.

—¿Lavaste dinero?

—¿Crees que estamos en una película de polis? — preguntó, desconcertado.

Orihime rió y se disculpó, considerando que ella misma había dicho lo serio que era anteriormente.

—Es solo curiosidad.

—Solo era un simple mensajero —respondió, ignorando un poco lo que había dicho—. No podía abrir ningún paquete, solo tomarlos, llevarlos y entregarlos. Otras veces debía ser guardia, ojalá hubiera sido más para cuidar la entrada y esas cosas. La mayoría de aquellas veces tenía que estar fuera de las habitaciones que sus socios importantes fueran a utilizar. Incluía chicas, seguramente drogas y esas tonterías... Y no era para proteger a nadie, sino que para evitar que cualquiera se acercara a interrumpir.

—¿Les gustaba?

—¿A quién? —preguntó.

—Las chicas.

—Hm... Era el trabajo de muchas. Estaban de acuerdo al inicio. Pero no siempre opinaban lo mismo al final...

—Entonces debías evitar que cualquiera entrara o saliera —razonó.

Grimmjow cabeceó levemente.

—Sí, cachorrito.

Orihime frunció los labios suavemente, pensativa, durante unos segundos. De pronto movió su mano, acercándola peligrosamente a él. Grimmjow reaccionó de inmediato, alejándose por inercia.

—¿Qué diablos crees que-?

—Tranquilo —murmuró, golpeando levemente su cabeza. ¿Era eso un intento de consolarlo? Grimmjow tenía toda la impresión de que sí—. Debiste pasar por mucho, pero todo mejoró. Y eres un hombre increíble.

—¿Has pensado en ser terapeuta? —preguntó con voz aterciopelada.

Orihime lo miró sorprendida y halagada.

—No...

—Qué bueno. Porque morirías de hambre.

Instantáneamente ella frunció el ceño.

—Eso es muy malo de tu parte.

Grimmjow guardó silencio, solo le sonrió cínicamente y se quedó esperando cuando notó que ella pensaba en algo.

—Entonces... ¿Nunca le dijiste a Nelliel-san? —asumió.

—No creí que fuera necesario —admitió.

Orihime frunció los labios.

—Quizás si hablaras con Nelliel, todo se arreglaría.

—¿Qué se arreglaría? —Alzó una ceja, con una vaga idea de a dónde pretendía llegar.

—Las cosas con ella y Kurosaki-kun...

—No, amor —respondió—. No hay nada que quiera arreglar o aclarar con ellos. Estoy bien como estoy, deberías tomarme un poquito como ejemplo —Entrecerró los ojos, fijándose bien en su expresión—. Si alguien te trata como si fueras lo peor del mundo cuando está peleado contigo, siempre pensó o siempre pensará así de ti. Así que no, nada se arreglaría.

Ella asintió, mirándolo con tristeza.

—Pero no te preocupes —dijo de pronto, sorprendiéndolo un poco con el cambio de ánimo—. Ahora estoy yo, ¡estaré aquí para ti! —Sonrió.

Grimmjow suspiró. ¿Cuánto había pasado desde que la había conocido? Tres o cuatro días. ¿Qué demonios hacía diciendo esas tonterías?

—Claro, amor.

Orihime lo miró directamente a los ojos, borrando su sonrisa

—Hablo en serio.

Se sintió completamente atrapado en su mirada, le tomó unos segundos cerrar los ojos y hacerse el desentendido.

—Ya terminó el cuento —gruñó—. Ahora duérmete.

—Está bien —susurró ella.

La suave brisa de su respiración chocó cerca de su barbilla, y de inmediato decidió que era mejor volver a darle la espalda. Levantó las sábanas y de un movimiento se volteó, sin fijarse en absoluto de la mirada atenta de Orihime.


No estaba seguro de si había dormido algo, pero considerando que su habitación estaba levemente iluminada, era de mañana. Buscó su teléfono en la mesita del costado y lo encendió, buscando la hora.

Nueve y cuarto. Sentía que no había descansado absolutamente nada. Un suspiró y una risa suave y boba lo despertó un poco más, haciendo que volteara hacia Orihime. Ella parecía pasarlo bien, frunció el ceño. Debido a su risa, tenía también en consecuencia una sonrisa. Tenía el cabello esparcido por la almohada, y el cuello en un ángulo demasiado atractivo.

Apartó la mirada.

Tenía clase a las diez y media. Pensar en ello le hizo preguntarse a qué hora tendría ella clase, si es que tenía durante la mañana. Lo único que sabía de su horario era que los días jueves y viernes iba al gimnasio de la universidad, nada más. De todas formas, no creía que fuera a ningún lado sin desayunar. Iba a levantarse a preparar algo, sino, su mente iba a comenzar a dar vueltas sobre el aroma dulce que sentía por todos lados. Ah, e iba a llegar tarde a la universidad también.

Grimmjow se puso de pie de un tirón, sabiendo que iba a desear quedarse un rato más si se tomaba su tiempo para hacerlo. Tomó su teléfono, fue al armario y sacó lo que iba a usar. Antes de salir de la habitación, volteó a la mesa de noche, fijándose en si estaba toda la ropa de Orihime, esperando que no fuera a necesitar nada.

Tomó una ducha rápida, sabiendo que si hacía un poco de ejercicio como de costumbre su tiempo iba a acortarse demasiado.

Salió del baño después de unos diez minutos, secando un poco el cabello de su nuca con la toalla que había posado sobre sus hombros. Se dirigió a la cocina y dispuso dos tazas, el hervidor con agua recién vertida en su base y luego buscó entre las cestas de verduras que tenía a mano. Tomó una palta y se dispuso a prepararla, con el sonido del hervidor de fondo y nada más.

Tras acabar, dejó el plato en la barra y fue en busca de un tomate, que al igual como había hecho con la palta, lavó. Luego de cortarlo en rodajas y prepararlo, hizo ambos cafés. Tras terminar, de uno de los armarios tomó un frasco con rollos de canela y dejó caer uno en su taza.

Estaba por guardarlo nuevamente cuando pensó en que quizás Orihime podría ponerle o probarlo, si es que nunca lo había tomado así. Por lo que lo dejó junto al plato con palta. Acomodó todo desde ese lado, dejando cada taza frente a una silla, y los platos en medio.

Volvió a revisar el teléfono.

Le había tomado unos diez minutos más hacer todo.

Cuando Orihime despertó, sintió de inmediato los sonidos provenientes de la cocina, seguramente. En cuanto notó que Grimmjow no estaba a su costado, se sentó rápidamente en la cama.

¿Habría hecho algo vergonzoso mientras dormía? Ya se había humillado mencionando en la discusión con Ichigo que Grimmjow jamás se acostaría con ella. No se había puesto a pensar en que, tal vez, Grimmjow pudo entender que le interesaba mucho eso en específico, que era un problema que él no quisiera. ¿Lo habría entendido así?

Se pasó una mano por el rostro.

¿Se le habría escapado algún gas mientras dormía, lo habría escuchado él? Se sonrojó. No pensó en ello tampoco la noche anterior.

Sacudió la cabeza. Eso no importaba, no tanto como que Grimmjow creyera que estaba desesperada por recibir algo más de él.

¿Por qué era tan dispersa?

Tenía que levantarse, ¿qué hora era? Revisó su teléfono. Aún tenía algo de tiempo, iba a vestirse, usar el baño tan rápido como le fuera posible e irse, porque no quería seguir dando la impresión de que estaba demasiado cómoda comiendo su comida y usándolo como transporte. Si ella se quedaba de más, él iba a sugerir llevarla, y no quería eso.

Orihime se detuvo. ¿Por qué estaba tan histérica?

Bueno, probablemente era solo que estaba muy avergonzada, porque había dormido en la cama con él al lado y jamás lo había hecho antes, jamás había dormido tan cerca de un hombre que no fuera su hermano. Pero sobre todo, estaba tan tan avergonzada, porque no estaba preocupada ni arrepentida en absoluto.

¿Eso la hacía, lo que había oído tantas veces decir a Tatsuki, una zorra?

Le gustaba un poquito Grimmjow, tan simple como su apariencia, lo que había visto de su forma de vida y su sonrisa aunque fuera cínica muchas veces. Pero eso no le daba el derecho de comportarse de esa forma. Durante la noche bromeó con que él podía sentirse incómodo, porque era su casa y le hacía sentido, pero el realmente* pudo sentirse incómodo.

Apartó las sábanas y comenzó a vestirse rápidamente, fijándose antes en que el sonido proveniente de la cocina persistiera. Se quitó la camiseta enorme con el aroma tan embriagador que la había noqueado durante la noche, y se puso su blusa. Luego, aún atenta a los sonidos, se cambió el pantalón de pijama de Grimmjow por sus jeans. Ese día estaba haciendo mucho calor, aparentemente, y seguiría así. Soltó un chillido agudo cuando casi se cae de cara a la cama mientras intentaba meter su pie derecho con prisa.

Apretó los labios, esperando que no la hubiera oído.

Se había quitado los calcetines para dormir, así que tuvo que sentarse en la cama para ponerlos y luego sus zapatos. Cuando no podía lograr que los cordones de sus zapatos quedaran bien, puso toda su atención en eso, olvidando que debía seguir escuchando. Una vez que pudo amarrarlos, se puso de pie, tomando su teléfono, y se dirigió rápidamente hacia la puerta. Había volteado para fijarse que no quedara nada que le perteneciera atrás, cuando sintió el choque contra algo duro.

Y al instante, las grandes y cálidas manos de Grimmjow la tomaron por los brazos.

Orihime sintió un escalofrío seguido de un cosquilleo breve pero intenso, que la hizo congelarse en su lugar durante más tiempo del que hubiera querido.

—¿No aprendiste en la escuela que no debes correr en lugares estrechos? —preguntó Grimmjow.

Su corazón saltó.

Cuando ella no dijo nada y nada más se limitó a mirarlo, Grimmjow frunció el ceño.

—¿Te comió la lengua el ratón?

—Tú...

—¿Yo? Creo que lo recordaría.

Orihime enrojeció.

—¡N-no quise decir eso!

—Entonces... —Grimmjow la incitó a seguir.

—Debo... debo ir a casa. Y no creí que fueras a... Venir.

—Es mi habitación —mencionó—. Y deja de decir estupideces, ve al baño. El desayuno está servido.

Orihime abrió levemente la boca, algo sorprendida por eso.

—¿Desayuno?

—Sí, ya sabes. La primera comida del día, esas mierdas, que son claramente necesarias para que no te cagues del hambre mientras estudias —dijo, impaciente—. Tu café se va a enfriar. Rápido.

Había estado decidida a no quedarse con tal de no seguir metida en la casa de Grimmjow, pero él le había preparado el desayuno. Y ella, con esa mirada sobre sus ojos, no quería hacerse de rogar.

—Sí —susurró, moviéndose para pasar por el costado y dirigirse al baño.

Grimmjow rodó los ojos y se apoyó por un segundo en el umbral, mirando su habitación.

Su cama lucía demasiado ordenada. No solía ni siquiera mantener las sábanas cuando cogía con alguien, y la realidad de que había hecho una enorme excepción con Orihime en varios aspectos en menos de un día, lo había empezado a enloquecer. No había hecho nada más que mirar lo que tenía enfrente mientras hacía el desayuno por lo mismo, para no pensarlo, pero su habitación era la escena del crimen. Costaba mucho simplemente dejarlo pasar.

Se enderezó y caminó hasta la ventana para abrir las cortinas y dejar pasar la luz. Luego regresó a la puerta y la cerró tras de sí. No necesitaba nada más de ahí para ir a clases, así que iba a encerrar cualquier cosa que hubiera ocurrido o no en ese lugar, por el momento.

Al pasar por fuera del baño, Grimmjow golpeó levemente la puerta.

—¿Si? —preguntó Orihime desde dentro.

—Hay un cepillo de dientes nuevo en el mueble, puedes usarlo.

—¡Está bien!

Al recibir respuesta, Grimmjow siguió hasta la cocina y cortó dos panes, para poner uno de ellos en el tostador. Orihime llegó en cinco minutos, parecía que se había apresurado tanto como podía. Sin decir nada, se sentó a su lado, donde la esperaba su taza de café.

—Gracias. No... No era necesario —Apretó los labios.

—No importa, solo come —dijo, y fijó su mirada en el frasco de canela—. No sabía si te gustaría con canela, así que lo dejé fuera en caso de que quisieras —Lo tomó, mostrándoselo.

Ella lo miró, y sin decir nada lo recibió. Después de analizarlo por unos segundos, y mirar el contenido de la taza de Grimmjow, sonrió suavemente.

—Voy a probarlo.

Tras que Orihime descubriera lo delicioso que era, ambos comieron en completo silencio, aunque en varias oportunidades ella estuvo tentada a hablarle.

Después de tomar el último sorbo de su café, Grimmjow se puso de pie, retirando su taza y lo que Orihime ya no seguiría usando.

—Puedes usar la ducha, si quieres.

—Creo que... Es demasiado.

Grimmjow soltó una risa sarcástica.

—Vienes de dormir conmigo, cachorrito.

—Pero... No es lo mismo.

—¿Por qué? —preguntó.

Orihime se mordió el labio, sin dejar de mirar la espalda de Grimmjow. Él se había puesto de pie y había llevado las cosas al fregadero para lavarlas de inmediato.

—Creo que... Estoy irrumpiendo demasiado en tu privacidad.

Grimmjow rió.

—¿Así que estás arrepentida?

—Algo...

—¿Algo? —preguntó con menos humor— Sí o no.

Orihime se encogió en su silla.

¿Cómo explicarle que estaba arrepentida por consideración a él, pero que de igual forma, se le hacía muy cómodo estar ahí? Se sentía bien, y feliz, y agradecida de estar cerca de alguien que la comprendiera y reprendiera por igual si era necesario.

Si era sincera, probablemente extrañaba que alguien la tratara de esa forma, un chico, para ser específica. La hacía sentir protegida, y hace mucho tiempo que se sentía demasiado a la deriva, solo a salvo por sus deberes de la universidad. Probablemente se estaba tomando demasiadas libertades, sobre todo cuando Grimmjow había dejado claro que la ayudaría solo por curiosidad y que, tras acabar, volvería a lo suyo. Sabía que se refería a que mantendría una distancia, así que no debía hacerse muchas ilusiones.

—Orihime.

—S-solo no quiero seguir molestando.

Grimmjow gruñó, fastidiado.

—Si ya acabaste, cierra la puta boca y ve a bañarte.

Orihime frunció el ceño, por un momento molesta al pensar en que no la estaba escuchando. Él la estaba ignorando deliberadamente.

—¿Terminaste? —indicó la taza.

Orihime asintió y Grimmjow extendió la mano para tomarla, en el proceso acercándose levemente a ella.

—Rápido.

Ella entendió al instante y se puso de pie, caminando rápidamente hacia el baño. Grimmjow la vio pasar por el costado, por el otro lado del umbral, y sonrió levemente. Qué obediente era algunas veces, después de todo.


Grimmjow se quitó el casco y giró la llave para sacarla. La moto se detuvo y dejó descansar las manos en sus muslos, mientras miraba de reojo a Orihime.

—¿En cuánto tienes tu clase?

—¿Qué hora es? —preguntó ella, aún con el casco.

—Hm... Diez quince.

—Alcanzo a llegar.

—Bien —exhaló y le ofreció la mano—. Vamos. Abajo.

Orihime le tomó la mano, y tal como la primera vez y recordando las indicaciones de Grimmjow, bajó. Al pisar el suelo soltó un suspiro y se quitó el casco sacudiendo un poco el cabello. A pesar de ser temprano, el calor del sol estaba siendo muy intenso, para el día anterior haber tenido un poco de lluvia y mucho frío. Grimmjow no le quitó la mirada de encima, hasta que por detrás de Orihime pasaron dos rostros desgraciadamente familiares. Ninguno del círculo de Kurosaki, por fortuna, solo dos perros miserables.

—Ooh, Grimmjow, ¿tienes una nueva amiga? —preguntó uno de ellos, acercándose con una sonrisa.

Simplemente habían personas que deseaban la muerte más que nada en el mundo.

—¿Cuánto le estás pagando? Deberías darnos el dat... —Guardó silencio al ver el rostro de Orihime. Ella le devolvió la mirada a Grimmjow, que no había volteado hacia el indeseable en ningún momento— ¿No es la chica del video?

—¿La amiga de Kurosaki? —preguntó el otro, recién interesado en contribuir al monólogo de su compañero.

—La misma —dijo fascinado—. ¿Así que ahora estás en ese mundo? Debiste compartirlo con todos, preciosa. Aunque ahora que Grimmjow te tocó... —Hizo una mueca— Quizás podrías pegarnos cualquier cosa.

Orihime apretó los labios y bajó la mirada, avergonzada e incómoda por sentirse juzgada y bajo el prejuicio que el chico tenía sobre Grimmjow. Hubiera deseado decirle que estaba equivocado, pero sus piernas estaban temblando. No al nivel que lo hacían en Las Noches, pero lo suficiente como para saberse indefensa y pequeña.

Grimmjow colgó el casco en el mango de la motocicleta y se bajó de ella en un ágil movimiento.

—Hoy tuviste mala suerte —dijo simplemente—. Sin advertencias.

El chico se quedó mirándolo, sin entender del todo, hasta que Grimmjow le golpeó la cara, tirándolo al suelo de inmediato.

—¡Mierda!

Sin perder ni un segundo, se inclinó para tomarlo de la camiseta y volver a golpearlo en la cara, en el mismo lugar de antes. Hubo un tercer y cuarto golpe antes de que el amigo del desgraciado bajo sus puños pudiera reaccionar del todo.

—A-amigo, no es necesario, él es solo un imbécil bocón, no...

Grimmjow le dirigió la mirada y se enderezó, puso su zapato en el rostro y presionó, arrugando la nariz con molestia. Bajo su suela, se escuchó un alarido y un insulto a su madre.

—Si fueras mi amigo, serías golpeado el triple por esto.

—G-Grimmjow...

—Pero yo no...

—No me importa si no dijiste una mierda. Mi noche fue horrible, quemarme en el infierno hubiera sido más placentero que aguantarme las ganas de golpear a un imbécil —gruñó—. Y la vida me dio dos esta mañana... Qué maravilla.

Alargó su mano rápidamente hasta el cabello del otro antes de que comenzara a correr, y lo tiró hacia él con fuerza.

No habían muchas personas en el estacionamiento aquella mañana, en realidad. No eran demasiados los que llegaban en coche o cosas por el estilo, así que usaban otra entrada. Aún así, había gente.

Orihime notó con terror que dos chicas se quedaban mirando mientras bajaban de un coche.

—Sabes quién soy. Si no querías llegar con vendas a casa, debiste seguir caminando y cerrar la puta boca —murmuró.

Grimmjow soltó levemente el agarre, incitándolo a escapar, y cuando se alejó unos centímetros lo tomó el hombro parar girarlo y golpearlo. Por lo menos este no cayó al suelo de inmediato, pensó mientras lo veía tambalearse y cubrirse la mejilla. Grimmjow sonrió, iba a hacerles moretones a juego.

—¡Grimmjow, espera!

Orihime se cruzó en su camino y tomó su mano enrojecida por cada uno de los puñetazos, tomándolo un poco por sorpresa.

—¿Qué mierda crees que haces? —dijo cuando reaccionó.

Orihime lo miró, sin amedrentarse ante su mirada llena de ira y su expresión rabiosa. Sin saber muy bien qué hacer, llevó su otra mano hasta la de Grimmjow y la abrazó contra su pecho.

—Mira mis ojos y respira profundamente.

—¿Es una maldita broma? ¡Suelta mi mano y deja de decir estupideces! ¿Qué crees que soy, un maldito perro? —gruñó, tirando de su mano. En cuanto se liberó, Orihime volvió a tomarla, con más fuerza que antes.

—No me hables así, no te he hecho nada —frunció el ceño—. Ahora haz lo que te digo, por favor. Tienes que parar o vendrán y te aplicarán una sanción.

—Deberías hacerle caso a tu novia... —Grimmjow notó con enojo que era el que estaba tirado en el suelo el que se atrevía a abrir la boca.

Cruzó su mirada con la de él y le dedicó una sonrisa, disponiéndose a levantar su pie para patearlo. Sin embargo, Orihime se lo impidió de nuevo, abrazándolo por el torso para hacerlo retroceder.

—Orihime... No te lo voy a repetir —dijo.

Ella cerró los ojos con fuerza mientras intentaba mantenerlo lejos de ambos chicos. Mientras Grimmjow intentaba zafarse sin hacerle daño, el chico que estaba de pie se había dispuesto a correr, al menos hasta que su compañero le gritó que lo ayudara. Motivo por el que regresó para apoyarlo.

—¡Mujer, suéltame de una buena vez! ¡Mientras me detienes esos idiotas van a escaparse como un par de ratas!

—¡Si los sigues golpeando la sanción será peor! —debatió.

—Ya los golpeé... —dijo frustrado— ¡Da igual si los golpeo una o diez veces más!

—¡Entonces tendrás que golpearme a mí!

Grimmjow se congeló en su lugar, viendo con dificultad como Orihime se aferraba a él, con los ojos fuertemente cerrados, el ceño fruncido y el flequillo revuelto por la fricción.

—Estás loca.

Orihime guardó silencio.

—Podría realmente golpearte en lugar de a esos tarados...

—No lo harás —protestó—. No golpearías a una chica.

—Es difícil diferenciar entre una chica y un grano en el culo. Peor aún si se comporta como una niña y no como la mujer adulta que es —respondió, frunciendo el ceño—. ¿Qué mierda significa eso de golpeame a mí? —simuló la voz de Orihime— ¿No entendiste una mierda de lo que te he dicho estos días? ¡Por qué demonios dirías eso frente a un tipo que acaba de golpear a otros dos!

—Pero no eres cualquier tipo.

—¡Me conoces hace unos días!

Orihime se alejó y lo miró, enojada.

—¡Pues me pareces mucho más centrado y respetuoso que cualquier otro hombre en este lugar aunque te conozca hace unos días!

—¡¿Qué mujer en su sano juicio creería eso?! —preguntó, cada vez más furioso con cada cosa que salía de la boca de ella.

—Tal vez tienes una forma poco respetuosa de referirte a las cosas y personas, ¡pero golpeaste al hombre que quiso aprovecharse de mí y no me tocaste cuando dormí contigo! Tal vez fue así por otros motivos, ¿pero no te parece eso suficiente para que una mujer crea que eres un buen hombre? —exclamó.

Grimmjow entrecerró los ojos, mirándola sin entender por qué.

—No, Orihime. Y tampoco debería ser suficiente para ti.

Grimmjow se giró para tomar su casco, pretendiendo dar por finalizada la discusión, pero se topó con dos pares de ojos que lo miraban con insistencia.

—No queríamos... Interrumpir —dijo Rangiku.

—Váyanse a la mierda.

Orihime se movió para ver por un costado de Grimmjow, roja desde el primer segundo en que escuchó la voz de Rangiku. Para más remate, Shūhei los miraba a ambos en completo silencio.

Acababa de gritar que habían querido abusar de ella y que había dormido con Grimmjow, dos cosas que no había planeado que Rangiku supiera por el momento, y probablemente nunca, conociéndose a sí misma.

Grimmjow acabó por tirar de su casco para llevarlo consigo, tomó las llaves de la motocicleta y comenzó a caminar hasta la entrada. No hubiera querido dejar a Orihime sola con su vergüenza —ante Rangiku— ya que él había sido el de la idea de que durmieran ambos en la cama, pero realmente lo había sacado de quicio. Si ella quería ser una mujer más segura de sí misma, en primer lugar debía respetarse a sí misma, no podía gritarle a nadie que la golpeara, ni de broma ni aunque creyera que no lo iba a hacer. Era inconcebible que una mujer se pusiera a sí misma en esa posición. Sobre cualquier otra cosa, era peligroso.

Lo enojaba eso en específico, aún más porque entre sus motivos para golpear a esos tipos, estaba el hecho de que uno la había llamado prostituta y el otro no había hecho nada para detener a su amigo.

Rangiku reaccionó de inmediato, acercándose a Orihime con una dulce sonrisa. Ella se tensó por un momento.

—Vamos cariño, tienes que ir a tu clase.

Nuevamente se sintió profundamente avergonzada. En menos de un segundo, su mente había colapsado intentando pensar en qué decirle a Rangiku o cómo decirle que no había querido hablar de eso con ella porque simplemente no quería hacerlo con nadie. Pero Rangiku jamás la habría presionado de esa manera.

—S-sí...

Shūhei también le sonrió desde su lugar, y le mostró su palma en un gesto amistoso.

—Nos vemos, Orihime. Buena suerte.

—N-nos vemos, Shūhei-san.


Shūhei se dejó caer con su mochila y almuerzo junto a Grimmjow, que no había tardado en devorar su comida, solo y en completo silencio.

—Así que... ¿Dormiste con Orihime?

—¿Vas a preguntar tonterías nada más?

Shūhei se encogió de hombros.

—Entonces se quedó contigo.

Grimmjow rodó los ojos, pero decidió asentir esta vez. Shūhei se quedó pensando en ello, dándole vueltas por un minuto.

—¿Cómo lo hiciste? —preguntó.

Grimmjow movió el tenedor, simulando que pensaba la respuesta.

—Le pregunté.

—¿Si quería dormir contigo?

—¿Te comiste el puto cuestionario de hoy?

—Si me lo hubiera comido sabría las respuestas, así que no.

Grimmjow sacudió la cabeza, molesto, y siguió comiendo.

—¿Y ella te dijo que sí, así sin más?

—¿Por qué te sorprende? —Estaba alardeando al hacerlo sonar como que él sí lo esperaba— Está tan desesperada por cambiar que podría intentar erróneamente meterse con el primer tipo que se le cruce.

—Hm. Juraría que eres el tipo que se le está cruzando —murmuró.

Grimmjow lo miró de reojo, queriendo arrancarle la cabeza.

—Cierra la puta boca.

Shūhei hizo el gesto de un cierre sobre sus labios, alzando los hombros y se dispuso a comer. Estuvieron un rato en completo silencio, hasta que alguien se deslizó en el asiento frente a Grimmjow. Ambos miraron, encontrándose con los enormes y acusadores ojos de Rukia.

—Te ves muy tranquilo.

—¿Hay algún motivo por el que no deba estarlo? Ilumíname —Alzó las manos dramáticamente, otorgándole el espacio para hablar, aunque no era necesario. Rukia iba a decirle todo lo que pensaba porque le salía de los ovarios y nadie podría detenerla.

—No lo sé. Tal vez por golpear a mi novio, otra vez, sin ningún motivo. Eres una bestia que solo entiende un lenguaje.

—El de mi puño en tu boca.

—¿Eso es una amenaza?

—No —sonrió—. Estoy de acuerdo contigo. No puedes pretender dialogar cuando un imbécil se aparece en tu casa, interrumpiendo tu tranquilidad y privacidad, e insulta a tu invitada. Así que Rukia, ve a darle lecciones a tu novio, que se cree todo lo que Nelliel le reza. Y eso no pinta bien, menos para ti —dijo, sin esperar que se fuera realmente. Rukia era muy insistente con sus creencias.

Ella frunció el ceño, pero no dijo nada. Eso llamó la atención de Grimmjow al instante. Rukia ya le estaría insultando hasta a sus antepasados, el silencio y la premeditación ante algo que él dijera no era común.

—¿También lo has notado?

Cuando la miró directamente a los ojos, Grimmjow sintió lástima. Era el rostro de una mujer que no sabía si el suelo que pisaba iba a a caer de un momento a otro. Grimmjow miró de reojo a Shūhei, esperando que lo ayudara, sin embargo su compañero era menos útil que él cuando se trataba de una mujer con el corazón rompiéndose.

Si Grimmjow era una bestia, Rukia era una mini bestia. Lo único que los diferenciaba era el tamaño, pero no por eso daba menos miedo. Aún así, ahí estaba, pidiéndole que le mintiera, o no.

—Cualquier idiota caería por Nelliel, es una experta. Pero no quiere decir que Kurosaki te esté desplazando porque ya no te quiere, probablemente solo está siendo manipulado por su hermanita.

Rukia entendió de inmediato la diferencia que estaba haciendo en lo que Ichigo sentía por ella y por Nelliel, pero no estaba muy segura. Y si Grimmjow tampoco lo estaba, hubiera agradecido que lo mencionara en lugar de mentir.

Pero sabía que estaba sumamente molesto porque llegara con el tema de Ichigo en pleno almuerzo, así que no iba a insistir más tampoco. Grimmjow había tenido razón en algo, y no quería decir que todo fuera verdad, pero iba a darle el beneficio de la duda.

Rukia había ido con la intención de decirle que dejara de comportarse de esa forma, pero Ichigo no había mencionado que había ido al departamento de Grimmjow. Eso, claramente, era un detonante del mal carácter de Grimmjow, sobre todo si Ichigo se había comportado como un niño. Además de ser un detalle sumamente importante, considerando que no lo había compartido en su conversación.

Ella suspiró.

—Está bien. Disfruta de tu almuerzo.

Grimmjow hizo un gesto.

—Ya lo arruinaste —Gruñó. Pero cuando Rukia se terminó de poner de pie y se giró, él le dedicó una leve sonrisa.

—Llora más —Le mostró le lengua con burla.

Una vez Rukia se fue, Shūhei lo miró atentamente.

—¿En serio crees que es la hermanita de Ichigo? —preguntó cuando Rukia se sentó junto a una chica de cabello castaño.

—No, no lo sé. Pero Rukia no es tan desagradable cuando te escucha. Sería una crueldad insinuar que Nelliel es algo más cuando no tengo idea.

Shūhei asintió.

—Iré por mi almuerzo —dijo, dejando el bolso sobre la mesa y poniéndose de pie—. ¿Quieres que te traiga algo más?

—No, gracias.

Cuando Shūhei se fue, Grimmjow volvió a mirar a Rukia. Se veía tan amable con la otra chica, a pesar de estarse muriendo de la incertidumbre, pensando una y otra vez en que quizás Ichigo podía desplazarla. En sus mejores días, cuando creía un poco en el amor, él se habría sentido como la mierda, lo suficiente como para no desear sonreírle a ningún imbécil.

Ah, de hecho, sí se había sentido así. La culpa... Un poco también de Neilliel.

—Ya que lo recuerdo... —dijo Shūhei cuando regresó con el pote de aluminio con su almuerzo— Te tengo otra pregunta.

—Puedes ser cualquier cosa, por favor no elijas el gato —murmuró.

Shūhei entrecerró los ojos, con algo de diversión en su rostro, entendiendo a la perfección la referencia.

—Si hace falta, que así sea —Se sentó—. ¿Qué fue eso con Orihime en la mañana?

Grimmjow se pasó la mano por la frente, hastiado.

—Me pareció entender que era una discusión.

—¿Por qué demonios haces preguntas tan obvias?

—Quiero escucharlo de ti —Se encogió de hombros.

Grimmjow soltó el tenedor y se cruzó de brazos. Ya casi había acabado de comer. Volteó a mirar a Shūhei directamente.

—Dos idiotas pasaron por ahí y la llamaron puta por estar conmigo. Me enojó mucho, y los golpeé, pero ella se interpuso porque te van a aplicar una sanción —imitó su voz.

—Bueno, en teoría no es responsabilidad de la administración de la Universidad si...

—Si eres golpeado, sí. Pero probablemente pidan amablemente que se indemnice a los afectados si ocurre. Es básicamente como una sanción... En cualquier caso, Orihime no parecía estar al tanto.

—No sé... Si eso será legal o no.

—No me importa.

—Qué linda es Orihime... Al ver un hombre correcto en tremenda bestia —Sacudió la cabeza.

Grimmjow se limitó a guardar silencio y a tomar una última porción de lo que quedaba de su comida.

—Me da igual, mientras no lo diga en mi cara. Ella puede ir a meterse en una pelea todo lo que quiera, incluso pedir que la golpeen, me da exactamente igual —gruñó.

Tomó sus cosas y su basura, y se dispuso a ponerse de pie. Shūhei lo miró atentamente, sin intenciones de detenerlo, pero con el pedir que la golpeen rondando su cabeza.

Eso era mucho más preocupante de lo que lo había hecho sonar.