Avertencias: OoC.
Como es Navidad, hay otro capítulo(?). Jaja, da la casualidad de que esta vez estaba muy inspirada para escribir. Espero que les gusteee -inserte un corazoncito-.
Namasté
Para fortuna de Grimmjow, no vio a Orihime esa tarde. Y la siguiente, tampoco.
Orihime tocó el timbre del edificio y esperó a que sonara el chirrido al abrirse. Una vez pudo empujar el portón, entró y llegó hasta la recepción, donde el guardia la saludó educadamente.
—Vengo a ver a Rangiku Matsumoto.
—Ah, sí —asintió, buscando la hoja de registro y poniéndosela en frente junto a un lápiz—. Por favor marque su nombre, número de teléfono y el nombre de la persona que visitará.
Orihime escribió todo de inmediato, pensando en que aunque era un método tedioso, probablemente funcionaba en caso de robos o algo similar, o directamente para evitarlos. Incluso si le ocurría algo a los habitantes, podían contactarse con sus amigos o familiares.
Terminó, dejó el lápiz encima y se lo entregó.
—Muchas gracias. En caso de que no estuviera cuando se vaya, por favor, notifíquele a la señorita Matsumoto su hora de salida, para llenar el registro después.
—Por supuesto, no hay problema.
—Gracias, nos vemos —Inclinó la cabeza levemente como gesto de despedida.
Orihime se dirigió entonces al departamento de Rangiku, tomando el ascensor hasta el segundo piso. Una vez frente a la puerta, golpeó, esperando a que la dueña le abriera. Pasaron unos segundos hasta que Rangiku abrió, y de inmediato sonrió, feliz.
—¡Pequeña Orihime! —Extendió sus manos y tomó las de ella— Me alegra tanto que hayas venido, estaba aburrida como no tienes idea —Jadeó.
Orihime sonrió, un poco nerviosa con el entusiasmo de Rangiku.
—Vamos, pasa, adelante —Se alejó para permitirle entrar, y cerró la puerta tras ella cuando lo hizo—. ¿Quieres beber algo? Ya sabes, vino, algo divertido...
—Uhm... Un té.
Rangiku suspiró, no iba a quejarse, no esperaba menos de ella. Incluso, pensaba que iba a pedirle agua, como muchas otras veces. Ya no le importaba, pero aún hacía la misma pregunta e invitación, en caso de que algún día tuviera efecto.
—Bien, déjame hervir algo de agua y nos tomaremos un té juntas —sonrió, poniendo la mano en su brazo y deslizándola cuando pasó por el costado de ella—. Ponte cómoda mientras tanto.
—Sí —asintió.
Orihime miró el departamento. Una vez más, ver el hogar de Rangiku la transmitía una sensación de vacío muy intensa. Escuchó el sonido del agua y el botón del hervidor mientras se quitaba la chaqueta ligera que había escogido ese día, quedándose con el chaleco muy delgado que servía más como camiseta. Dejó la chaqueta sobre el respaldo del sofá y se acercó a la cocina, donde Rangiku estaba preparando un plato con cosas pequeñas para acompañar el té.
—¿Has estado comiendo bien? —Le preguntó a penas la sintió.
—Sí, cada vez que puedo.
—¿Sigues trabajando para tu vecina?
—De vez en cuando la señora Miyagi me llama para que haga el aseo en su casa o vaya a hacerle almuerzo, pero hace unas semanas llegó su nieta, y ya no lo requiere constantemente como antes... Aunque con las clases de yoga la Universidad me paga un poco, pero realmente solo me hace la vida un poco más fácil, no es la gran cosa. Así que he estado pensando en buscar empleo.
—Eso estaría bien —Le sonrió, terminando de acomodar todo y girándose hacia ella mientras el hervidor sonaba fuertemente de fondo—. Pero trabajaste mucho tiempo con esa señora, ¿No? Desde que eras una niña.
Orihime rió con nerviosismo, entendiendo la preocupación de su amiga.
—S-sí, pero está bien —Deslizó la mano hasta su propio brazo—. Me quedé ahí por comodidad, pero no está bien recibir dinero de una anciana que solo recibe su pensión.
Rangiku se encogió de hombros.
—Probablemente no era solo para eso, seguro que también eras buena compañía.
Orihime rió y justo después, su sonrisa se tornó un poco nostálgica.
—Sí, estoy extrañando ir seguido. Siempre me invitaba a tomar té y comíamos galletas y frutas, también me pedía que almorzara con ella.
—No te preocupes, los ancianos saben en qué gastar su dinero —dijo—. Al menos, la mayoría. Y parece que ella lo hace muy bien.
Orihime asintió, agradeciendo silenciosamente que intentara convencerla.
—Rangiku-san... Yo... En realidad quería hablarte... Sobre —Rangiku negó con la cabeza y alzó la mano, deteniéndola.
—Orihime, está bien. Si no querías hablar sobre eso, está bien. Pero de todas formas un estacionamiento no es el mejor lugar para discutir con nadie, menos con Grimmjow —Puso los ojos en blanco—. Y sé que uno no planea las discusiones, lo sé. Pero intenten no hacerlo otra vez.
Orihime movió sus dedos nerviosa, pensando en la posibilidad de una próxima vez.
—Tienes razón...
—Claro que sí —dijo con suficiencia.
Tomó el pequeño platillo con galletas y se lo pasó en la mano a Orihime, que la esperó hasta que vertió el agua hirviendo en ambas tazas, y se encaminaron juntas al comedor.
—De todas maneras, Rangiku-san... —murmuró, sentándose seguida por su amiga— No es que no te haya querido contar, ni es el motivo por el que discutí con él. Grimmjow y Shūhei-san estaban ese día en Las Noches, cuando... Ocurrió...
—Orihime, no necesitas-.
—S-sí necesito decirte, Rangiku-san... —dijo con la voz temblorosa. Rangiku miró sus manos, notando que movía sus dedos frenéticamente, y al instante estiró sus manos para tomar las de ella y apretarlas en señal de apoyo.
—Está bien —Orihime la miró—. Lo lamento. Te escucharé todo lo que quieras.
De inmediato asintió, no menos nerviosa por la situación. Había estado sola la mayoría de su adolescencia, el único motivo por el que no había sido llevada de su casa a un hogar de menores era porque su vecina del costado, otra anciana, había decidido convertirse en su tutora. Había sido un proceso largo, pero gracias a ella mantenía la misma casa que Sora había dejado.
Así que, aunque hablaba con ella de muchas cosas, muchas otras aún tenía miedo a exteriorizarlas. Por lo tanto, hablar de sus problemas o de lo que le ocurría jamás había sido algo normal en su vida, ni siquiera con Tatsuki. Le había contado un par de cosas a Rangiku, cosas que era capaz de compartir, pero hablar de sus inseguridades, miedos y deseos como mujer, era algo que ni siquiera podría pensar. Le habían dicho que una buena chica conseguía un buen marido y una buena vida, pero hasta ese momento ser una buena chica solo le había traído amargos recuerdos.
—Rangiku-san... No sé... No sé qué es lo que debería hacer. He estado pensando en cómo... Cómo dejar de pensar en ello, pero es imposible cuando me encuentro sola —Se mordió el labio.
—¿Pensar en qué?
—En... aquella noche... Cada vez que lo recuerdo me siento... Indefensa, solo cuando estoy con ustedes puedo dejar de pensar en ése... hombre, tocándome como si fuera... Como si fuera... Algo a su disposición —murmuró, sintiendo las manos cálidas de Rangiku. Levantó la vista, percatándose de la mirada oscurecida de su amiga.
—Sigue —masculló—, si quieres...
Orihime asintió.
—Solo fueron cinco minutos que bastaron para que apareciera después de que Grimmjow y Shūhei-kun fueran al baño... Le dije que no estaba sola, le pedí que me soltara, muchas veces... Pero simplemente decidió ignorarme. También estaba aquel chico de cabello negro, el amigo de Grimmjow, pero simplemente no entendió que le pedía ayuda...
Rangiku frunció el ceño.
—¿Qué chico? Grimmjow no tiene ningún amigo en Las Noches, Orihime.
—¿Estás segura? Hablaron en cuanto llegamos, tenía los ojos más verdes que he visto nunca, con ojeras, parecía que los tuviera delineados...
—¿Ulquiorra? —preguntó extrañada.
—Sí —exclamó, feliz por haberse dado a entender, pero su sonrisa se borró al instante cuando Rangiku la miró como si quisiera arrancarle la cabeza.
—Ése estúpido... Ulquiorra no es amigo de Grimmjow, Orihime, no tienen nada que ver. Mientras Grimmjow desayuna cereales de cachorritos, Ulquiorra se queda mirando cómo acosan a las chicas —dijo con desprecio—. De todas formas, esos dos imbéciles se las van a ver conmigo, ¿cómo demonios se les ocurre llevarte y luego dejarte sola mientras van al baño como dos perras a corregirse el labial? —Rangiku buscó de inmediato su teléfono, dispuesta a llamarlos para que recibieran el peor escarmiento de sus vidas.
Sin embargo, Orihime la detuvo como pudo, lo antes posible.
—E-espera, Rangiku-san... —Le tomó las manos nuevamente, evitando que cogiera su teléfono. Cuando le devolvió la mirada, le dedicó una sonrisa, intentando calmarla— No es necesario, ellos... Ellos no volverían a hacerlo.
—¿Cómo estás tan segura? Debieron evitarlo, si no te hubieran dejado sola nada de esto hubiera ocurrido —dijo—. Ellos saben lo peligroso que es estar en Las Noches como mujer, sola. Sus tonterías podían esperar. ¡Son unos malditos irresponsables!
—E-está bien...
—¡Orihime! —gritó, poniéndose de pie, alejando sus manos de las de ella. Cuando notó la expresión atormentada de la chica, intentó por todos los medios posibles calmarse, contando hasta diez, intentando pensar en que después de eso hablaría con Grimmjow...— Cariño, tienes... Tienes que entender una cosa —dijo más calmada, acercándose a Orihime y acunando su rostro con sus manos—. No te mereces esto, no te mereces conformarte con lo que te toca. Si debes arreglártelas sola para vivir, mereces una buena vida. Si quieres amar a un hombre, mereces que te ame de igual forma. Eres un ser humano, no está bien, Orihime. Nada de esto está bien, y ni Grimmjow ni Shūhei debieron dejarte sola esa noche, porque son conscientes de que no es un buen lugar para una chica como tú.
Orihime se quedó mirándola, paralizada.
Estaba aterrada. ¿Por qué ser una chica como ella sonaba en su cabeza como algo tan malo? ¿Era el hecho de que el mundo se veía con el derecho a pasarla a llevar, que al escuchar esa frase la voz de Ichigo lo tradujera como una ingenua a la que solo querían abrirle las piernas o que una chica como ella significaba ser incapaz de vivir sola? Necesitaba a alguien a su lado. Sus vecinas lo habían mencionado alentándola a buscar un buen marido, Tatsuki siempre lo había pensado aunque si se lo preguntaba lo hubiera negado, su corazón aterrado se lo recordaba cada vez que debía apagar las luces de casa y la presencia de Grimmjow se lo confirmaba. Sus brazos, su cuerpo, sus ojos, todo señalando que era un peligro para cualquiera, pero la salvación para una niña asustadiza como ella.
¿Eso quería decir que estaba intentando usar a Grimmjow?
Él era todo lo que necesitaba, todo lo que podía hacerla sentir segura. Era conveniente estar a su lado. ¿Eso la convertiría en una perra sin corazón si Grimmjow se hubiera interesado en algún momento en ella como mujer?, pero si no había sido así, ¿aún era algo malo?
—Tienes que entrar en razón —dijo Rangiku.
Orihime asintió.
—No está bien quitarle importancia a lo que sientes, Orihime.
¿Incluso si posiblemente la atracción que estaba sintiendo por Grimmjow era al parecer un engaño?
—Tu prioridad siempre debes ser tú, y que te acosen jamás estará bien. Jamás debes estar bien con eso.
Si eso era cierto, ¿entonces estaba bien quedarse donde le convenía?
—¿Entiendes?
—Sí —Le sonrió a Rangiku.
Rangiku le sonrió de vuelta.
—Ahora, si no quieres seguir hablando de eso... —La miró con emoción—. ¿Quieres contarme cómo conseguiste dormir con Grimmjow?
De inmediato enrojeció.
—R-rangiku-san, nosotros no-.
—No te atrevas a mentirme en la cara. Dime qué hiciste para que Grimmjow durmiera lado a lado con una mujer, porque en todos los años que lo conozco, solo ha dormido conmigo —dijo—. Pero estoy cien por cien segura de que tu situación no es como la mía —Le guiñó un ojo.
Para finalmente responderle, Orihime no quiso seguirle dando protagonismo a sus pensamientos, pero durante un segundo, la voz de su cabeza dijo que esperaba que Rangiku no se equivocara.
Grimmjow chasqueó la lengua y miró hacia la ventana, después de ponerle pausa al video. El video ya lo había visto casi toda la Universidad, cada vez que pasaba por los pasillos se quedaban mirándolo y sabía que habían insultado a Orihime cuando estaba con él porque la habían visto en el video, ayudándolo. Por lo que sabía la última vez, ella no tenía idea, y no estaba seguro de que fuera bueno que se enterara.
Normalmente le daría igual, pero era sencillamente imposible dejarla, era imposible no rebobinar y recordar la noche en que Kurosaki había conseguido hacerla sentir como lo más insignificante del mundo, y no pensar en que uno de esos días caería una gota que rebasara el vaso. No quería que esa gota fuera el video, no quería ser él uno de los causantes directos o indirectos para que eso ocurriera, y tampoco quería estar presente cuando sucediera. No podía seguir siendo una especie de salvavidas para Orihime, porque jamás lo había sido para nadie, y no planeaba serlo ahora.
Aún así, estaba viendo el video sin importarle que lo había hecho enfurecer por el título y la intención de transformarlo en un mono de circo, solo porque en una toma podía ver el rostro de Orihime y su cuerpo en ropa deportiva resaltando entre la gente.
No la veía hace tres días, pero había algo adictivo en tener el placer de su presencia, cerca, muy cerca.
—¿Qué haces?
Hizo todo lo posible por disimular el susto por saberse pillado ante Shūhei, que tras golpearle el hombro había acabado sentándose frente a él. El salón estaba vacío, era tarde, y él solo se había quedado para evitar todo lo posible encontrarse con Orihime por los pasillos. Aún así, había acabado viendo su cara en bucle porque era un fracasado estúpido.
—No fuiste al gimnasio hoy, ¿qué ocurre?
—No tenía ganas.
—Sigues sin hablar de la discusión con Orihime. ¿Estás evitando verla? —Echó un vistazo al teléfono de Grimmjow, que había olvidado por completo bloquearlo en un intento por no ser más sospechoso— No parece que lo estés logrando...
—Cierra la boca.
—Sé que es tu frase favorita, pero no abuses. Cada día me estás mandando a cerrar la boca —sonrió—. Ya está bien.
Grimmjow frunció el ceño, molesto.
—Suéltalo.
—No quiero.
—No me importa —Shūhei alzó las cejas, y lo pateó levemente por debajo de la mesa cuando se tardó en responder—. Estoy siendo tu amigo, aprécialo.
Grimmjow se quedó mirándolo y le devolvió la patada, pero Shūhei levantó el pie antes de que lo golpeara. Luego entrecerró los ojos y dejó caer su teléfono en la mesa tras bloquearlo. Se estiró en su silla, bajo la atenta mirada de Shūhei.
—Ya te dije lo que ocurrió... —Lo miró, y su amigo asintió, aceptando que no lo repitiera—. Pero Orihime es desesperante, es lo peor. No solo se interpuso para que no los golpeara, me dijo que la golpeara a ella si era necesario. ¿Entiendes lo horrible que es eso? Acaban hace un par de días de casi abusar de ella, me conoce hace una maldita semana y cree que porque no la toco mientras duerme a mi lado soy de confiar. ¿Qué mujer confía tan rápidamente en un hombre? ¿Es una maldita insensible, me imaginé acaso que estaba cagada del miedo cuando dejamos Las Noches? —dijo, cada vez alzando más la voz— No la entiendo, no entiendo por qué una mujer tan hermosa como ella es así de permisiva con un tarado que conoce hace una mierda que le está diciendo constantemente que deje de ser tan irresponsable, que deje de interesarse inútilmente en el maldito bastardo inmamable de Kurosaki, que es una estúpida por esto y aquello.
—¿Le dices que es estúpida?
—¿Por qué demonios te quedas con lo menos grave? ¡Me dijo que la golpeara antes que a los otros imbéciles que la insultaron! Me enfadé mucho porque la tomaron con ella solo por estar conmigo, ¡¿por qué intentaría evitar que golpeé a tremendos idiotas?!
Shūhei puso su mano sobre la de Grimmjow, que la estaba apretando como si su vida dependiera de ello.
—Está bien, ahora respira profundo —Le pidió—. No me vengas con tonterías, solo hazlo.
Grimmjow gruñó, pero obedeció.
—Entiendo por qué estás tan enfadado, pero si te quedas aquí, evitando encontrártela, evitando verla inútilmente, porque estabas viendo ese estúpido video por ella... No vas a conseguir nada. Tienes que decírselo, así ella te entenderá, y quizás entienda lo malo que es pedirle a un hombre, sea quien sea, algo así —reflexionó—. Estamos de acuerdo en que Orihime es muy...
—¿Ingenua, tonta, unineuronal?
—Inocente... —masculló.
Grimmjow rió.
—No es gracioso, ¿cómo puedes insultar a la mujer que te trae vuelto loco? —Enarcó una ceja.
Al instante Grimmjow reaccionó mirándolo como si fuera a asesinarlo.
—No lo repetiré, ve y comparte todo esto con ella.
—Si lo hago, implica que le estoy dando un lugar, ¿entiendes?
—Has salido y comido el almuerzo con ella varias veces, no digas tonterías.
—¿Y qué mierda importa?
—Estás viendo una y otra vez un video que te puso furioso la primera vez que lo viste, solo porque aparece ella por un segundo —dijo pensativo—. Yo diría que sí importa...
—Ni siquiera pretendía almorzar con ella en primer lugar...
—Ni yo aguantar tus estupideces este día, pero aquí estamos. Hay cosas inevitables, Grimmjow, y cualquier hombre se enamoraría de Orihime. ¿Qué tiene de malo ser uno de ellos? —Se encogió de hombros— Como lo veo se harían un bien mutuamente, así que, ¿por qué no?
Grimmjow exhaló, hastiado.
—Sabes que no quiero nada de esto...
—Pues te veo, y ya estás metido hasta el cuello —Indicó su teléfono con un movimiento de cabeza.
Shūhei no se equivocaba, incluso tenía una sensación de estar irremediablemente atrapado. Así que por más que quisiera evitarlo, la existencia de Orihime iba a atraerlo más y más. Grimmjow volvió a tomar el teléfono y lo desbloqueó. El video comenzó a reproducirse inmediatamente, y el rostro de Orihime desapareció.
Orihime soltó un suspiro mientras caminaba el último tramo hasta su casa, donde planeaba cocinar algo y luego lanzarse a la tina para darse un largo baño, en el que esperaba una vez más dejar de sentirse tan sucia.
Era casi rutinario, cada vez que estaba sola volvía a recordar el rostro del hombre de la cicatriz en Las Noches, y cada vez sentía la necesidad de quitar el vestigio de sus dedos en sus brazos, rostro y cintura. Pero la sensación jamás se iba, el miedo de que apareciera en su casa a atormentarla y acabar lo que había empezado jamás se iría, lo sabía, pero no quería que fuera así.
Rebuscó las llaves en su bolso y siguió caminando sin mirar realmente al frente, con la vista unos metros más adelante completamente enfocada en el cemento. Estaba subiendo las pequeñas escaleras hacia su puerta cuando escuchó a alguien sacarla de su desastrosa mente.
—Orihime.
Volteó de inmediato, un poco asustada, encontrándose con Tatsuki, que la miraba sin comprender. De inmediato comenzó a sentirse nerviosa, malpensando el propósito de su amiga para estar ahí. ¿Habría Ichigo recurrido a ella para hacerla entrar en razón? Sabía que Tatsuki no podría ver a través de ella, no podría enterarse de todo lo que la atormentaba, todo lo que deseaba, sin que ella se lo contara. Pero el miedo estaba, el miedo de haber hecho algo malo.
—Orihime, ¿no vas a darme un abrazo? —preguntó Tatsuki. Su sonrisa le dijo que, incluso si estaba ahí por Ichigo, no iba a comenzar de inmediato con ello. Y la alivió mucho.
Orihime se lanzó a los brazos de Tatsuki, sintiéndose de inmediato más segura como ningún otro día frente a su casa. Durante años Tatsuki había sido su pilar, aún de alguna forma lo era, y era difícil resistirse a la necesidad de sentirla cerca, protegiéndola.
—¡Tatsuki-chan! Te he extrañado mucho —sollozó en su hombro.
Al segundo Tatsuki se tensó.
—O-Orihime, llevas un segundo abrazándome, cómo es posible que... —Suspiró y sacudió la cabeza, y la abrazó de vuelta, sabiendo que no tenía caso— Yo también te he extrañado mucho, ha sido duro, pero te prometo que regresaré en cuanto acabe el torneo. A partir de ahí, puedo tomar clases por la computadora.
Orihime inhaló con fuerza y se separó un poco, de inmediato Tatsuki subió las manos hasta sus mejillas y le quitó las lágrimas.
—Es cierto, ¿cómo te ha ido con eso?
—Ha sido increíble, en serio, ¡y estamos dentro del podio en el torneo! En dos encuentros más se sabrá quién será el ganador, así que necesitaré que me desees mucha suerte.
Orihime sonrió al recibir el entusiasmo de Tatsuki de lleno. Era lo que necesitaba para, aunque fuera un día en esa semana, dejar de pensar en sus desgracias.
—¿Qué te parece si entramos? Ya está atardeciendo, dentro de poco el clima va a enfriarse —propuso.
Orihime volteó para abrir la puerta, aún mantenía las llaves en su mano.
—Claro. Pero mientras tanto, cuéntame cómo te ha ido con las clases. ¿Ha estado todo bien?
Apretó los labios, dudando sobre si contarle o no, mientras se posicionaba para cubrir a propósito su rostro con su cabello.
—Sí, las clases han estado bien —decidió decir al final. No quería arruinarle la emoción a Tatsuki, o quizás era una excusa para convencerse y no tener que aceptar que lo que menos quería era contarle a su mejor amiga—. Sigo yendo al gimnasio de la universidad, cuatro días a la semana.
—¿Cuatro? —exclamó— Vaya, te lo has estado tomando en serio. Me alegra que hayas encontrado algo de tu agrado para ejercitarte.
Tatsuki entró tras ella cuando empujó la puerta, y pasó de largo, mientras Orihime cerraba. La siguió hasta la sala y le ofreció que la acompañara en el umbral su pequeña cocina.
—Sí, aunque es principalmente porque hago clases. La universidad me paga por cada persona que asiste.
—Eso es grandioso, al menos tienes algo un poco más estable, ¿no?
—Sí, aunque no hay nada que hacer si las personas dejan de asistir. Siempre en invierno la cantidad de personas regulares disminuye, así que recibo mucho menos en la época más cara del año —rió, un poco resignada. Dispuso dos tazas y sirvió café. Luego buscó en la nevera y sacó leche, sabiendo que a Tatsuki le encantaba de esa forma—. ¿Quieres con caramelo?
—Oh, por favor, si tienes. No te imaginas lo mucho que extrañé tu forma de hacer el café, siempre te queda delicioso, y jamás he podido encontrar una sola cafetería allá que lo haga igual —dijo—. ¿Tienes alguna manera en especial de hacerlo?
—Bueno, no... —Sonrió y la miró— Solo con mucho amor.
Tatsuki soltó una risa, encantada con su respuesta.
—Te creo.
Orihime hizo un corazón en la fina capa de espuma con caramelo, y le entregó la taza en las manos. Tatsuki le agradeció y lo probó de inmediato, mientras ambas se dirigían al sofá.
—Por dios —Suspiró—, en serio, es el mejor café que he probado en la vida.
—Me alegra que aún te guste —Le dedicó una sonrisa.
—Siempre, Orihime.
Ambas se sentaron, una al lado de la otra, y pasaron unos segundos en silencio hasta que Tatsuki, luego de echar un vistazo a la casa que seguía tal cual a como la había visto la última vez y desde que la conoció, decidió dejar la taza en la mesita de centro.
—Me alegra que estés bien.
—Digo lo mismo.
Tatsuki dudó por un momento, hasta que volvió a suspirar, esta vez con un poco de pesar.
—En realidad, Orihime... Ichigo me... Me llamó.
Orihime evitó de todas las formas posibles demostrar el terror en su rostro. Si Tatsuki se adentraba demasiado en ese tema, eventualmente iba a llegar al tema de Grimmjow, de las explicaciones, y del suceso en Las Noches. Por desgracia, ella siempre había sido muy mala para mentir, su cuerpo jamás había colaborado con ella cuando necesitaba hacerlo. Ni aunque fuera de vida o muerte su cuerpo se apiadaría de ella y dejaría de ser tan expresivo.
—Y-ya veo...
—No te asustes —Le pidió en cuanto notó el malestar que expresaba su rostro—. Él está preocupado, y creo que tiene razones. Estás completamente sola, Orihime, cualquiera podría acercarse con intenciones de hacerte daño o aprovecharse de alguna forma de ti, me fui pensando que podrías estar bien ya que Ichigo me prometió que se quedaría cerca, pero-.
—¿Él... te prometió eso? —preguntó.
No le estaba gustando esa conversación, ella jamás se había enterado de que las cosas habían sido así, pero no esperaba menos de Tatsuki, a decir verdad. Ella no la hubiera dejado sola si no hubiera tenido una garantía de que iba a estar bien, y aparentemente su palabra no había sido suficiente. Ella jamás podría cuidarse sola en la mente de ellos, ni en la de nadie. Era una realidad que no sabía que podía doler tanto.
—Sí, lamento si te hubiera gustado saberlo... —dijo, genuinamente arrepentida— La cosa es que, no sé qué ocurrió, pero Ichigo dijo que ya no estabas dispuesta a estar cerca de él, dijo que habías encontrado a alguien más para que te cuidara...
—No he encontrado a nadie para que me cuide, no necesito que nadie lo haga, Tatsuki-chan —respondió, tan decidida como le fue posible. Esa mentira por algún motivo había sonado convincente, pero Orihime no se la creía nada.
—Está bien —asintió—, pero entenderás que estaría más tranquila si te mantienes cerca de alguien que conozca. No tengo idea de quién es ése tal Grimmjow, pero por lo que Ichigo me comentó...
—Cualquier cosa que Kurosaki-kun pueda decir, está equivocada. Habla desde la subjetividad, y es perjudicial a la hora de conocer a alguien, si lo conocieras entenderías que no es malo. Tiene una forma especial para resolver los problemas... Pero me ha ayudado mucho.
Tatsuki entrecerró los ojos, intentando mantenerse en una posición más pasiva. Normalmente le hubiera dicho a Orihime que era un error relacionarse con alguien que arreglaba todo a golpes —porque Ichigo la había informado más que bien—, pero siendo que llevaba tanto tiempo lejos, era difícil opinar sobre algo que no había visto o vivido. Orihime solía cegarse demasiado, como cuando hasta la más mínima expresión vaga y mañosa de Ichigo se le hacía atractiva. Ojalá en esta ocasión hubiera sido algo parecido, algo menos riesgoso que un hombre desconocido con problemas de diálogo.
—¿Estás enamorada de él? —preguntó, notando de inmediato el sonrojo que le subía a las mejillas— ¿Qué pasó con Ichigo? Creí que si pasaban más tiempo juntos él...
—Él tiene novia...
Tatsuki frunció el ceño. Ichigo jamás le había comentado ese detalle.
—¿Pero le dijiste lo que sentías por él? Quizás si le hubieras dicho...
—Se lo dije —murmuró—. Aunque lo hice más para quitarme un peso de encima, pero... No puedo negar que esperaba una respuesta de él, algo... Una esperanza —Aún dolía, pero por suerte Orihime ya no tenía más que una sola lágrima para dedicarle a Ichigo. Lágrima que se apartó de inmediato en cuanto cayó—. En cambio, no me habló durante meses, pero aparentemente decidió que era buen momento para recordar su promesa en cuanto me vio cerca de Grimmjow.
—Orihime —Tatsuki le apartó la taza de las manos y luego se las envolvió con las suyas—, no tenía idea, ¿por qué no me lo contaste antes? Estoy a varios kilómetros, pero aún tenemos un teléfono, maldita sea. Sigo siendo tu amiga.
—Lo sé... E-es solo que... Me daba mucha vergüenza —apretó los labios—. Tampoco quería preocuparte con tonterías.
—No son tonterías, Orihime —Frunció el ceño—. Te sentiste mal durante meses y yo no tenía ni la menor idea, ¿puedes imaginarte lo terrible y preocupada que me hace sentir que hayas pasado por una desilusión tan grande completamente sola? Estuviste enamorada de Ichigo por años, no es para menos.
—Pero ya estoy bien.
—¿Y ahora te gusta un patán mujeriego? —preguntó con indignación.
Orihime de inmediato recordó todas las cosas que Kurosaki dijo en el departamento de Grimmjow, creyendo que jamás se enteraría. Le hubiera gustado decirle que el supuesto amor de su vida no se había comportado mejor hablando de ella a sus espaldas, pero él y Tatsuki aún eran amigos, y no quería causar más problemas.
—Según Ichigo, lo único que podría querer es acostarte contigo, eso es-.
—Está bien.
Tatsuki la miró horrorizada. Orihime se había puesto más roja que nunca y había agachado barbilla, como una niña que acababa de decir algo capaz de enfurecer a su madre. Tatsuki no era su madre, pero sin dudas aquella preocupación fraternal que había desarrollado durante más de la mitad de su vida, la hacía querer gritarle que era una estupidez aceptar algo así con tanta ligereza.
—¡Orihime! —Se detuvo en cuanto notó que la voz le había salido más alto de lo que quería en un inicio— No es un juego, el tipo podría estar contagiado de algo, podría hacerte daño, no puedes simplemente lanzarte a la vida de esta forma tras una decepción amorosa, es muy irrespon-
Sonaron varios golpes en la puerta, y tras mirar en aquella dirección, ambas regresaron a mirarse mutuamente.
—¿Esperabas a alguien? —preguntó Tatsuki.
Orihime sacudió la cabeza, negando.
—Seguramente es alguna vecina, voy a ver —Se puso de pie y llegó rápidamente a la puerta. Cuando abrió no esperaba encontrarse con Grimmjow del otro lado.
Pestañeó un sinfín de veces, creyendo que era su imaginación.
—¿Te crees alguna especie de abanico? No vas a conseguir que me vaya de esa forma, no estoy creyendo del todo que has perdido la cabeza.
—Yo no... —Frunció un poco el ceño, más como una rabieta que por enojo— ¿Qué haces aquí? Creí que... No querrías hablar más conmigo.
—Mira, amor —dijo—. No estaría aquí si no fuera por el imbécil de Shūhei, así que deberías agradecerle por ser tan insistente. Necesito hablar contigo sobre lo que pasó en el estacionamiento, pero esta vez no le grites a todo el vecindario que te acostaste conm-
Orihime se lanzó a cubrirle la boca en un segundo, espantada por la posibilidad de que Tatsuki lo hubiera oído. Grimmjow estaba a punto de apartarla, cuando precisamente habló.
—¿Orihime?
Grimmjow se congeló de inmediato, mirándola sin entender, buscando explicaciones. Se dio cuenta de que acababa de arruinarlo y ahora alguien más sabía que se habían acostado, así que si era una vecina, seguramente sí se enteraría todo el vecindario. Se maldijo por estúpido.
Tatsuki apareció entonces tras Orihime, encontrándose con su amiga muy cerca de Grimmjow mientras le cubría la boca.
—Debe ser una broma —murmuró.
—Y-yo... ehm, llegó la pizza —dijo.
Grimmjow rodó los ojos, fastidiado. La tomó de las muñecas y la hizo retroceder.
—Se te da pésimo mentir, Orihime —respondió Tatsuki—. Me imagino que tú eres... ¿Grimmjow?
—¿Tú quién demonios eres? —La miró con desconfianza.
Tatsuki frunció la nariz, no le estaba gustando nada el tono ni su forma de responder. Además estaba segura de que había oído algo de acostarse con alguien. Iba a sacarlo tan rápido como le fuera posible de esa casa.
—Soy Tatsuki —respondió de mala gana—, la mejor amiga de Orihime. ¿Vas a responderme ahora?
—No lo creo.
Orihime de inmediato intervino.
—Él es Grimmjow —sonrió, nerviosa, y volteó a mirarlo a él—. Solo pasabas a saludar, ¿cierto?
—Fui al maldito gimnasio y vine hasta acá, no creo que haya estado buscándote como imbécil para saludarte, cachorrito. Y en serio tengo que hablar contigo, así que no me iré hasta hacerlo, ¿entiendes?
—Me da exactamente igual el por qué, vas a tener que cambiar ese tono o voy a patearte el trasero —dijo Tatsuki, cada vez más molesta.
—Y-ya está bien —Orihime suspiró, tan nerviosa que sus manos comenzaron a temblar un poco—. N-no podemos hablar ahora, Tatsuki-chan viene desde lejos y no puedo pedirle que se vaya, así que...
—Entonces que escuche, me da exactamente igual.
Orihime lo miró horrorizada.
—Voy a hablar contigo así esté el imbécil de Kurosaki en su faceta de troglodita de nuevo.
—Yo preferiría hablarlo-.
—¿Por qué demonios te diriges hacia Ichigo de esa forma? —preguntó— Me dijo que eras un tarado abusivo, pero por lo que Orihime dijo había comenzado a dudar. Ya veo que él tenía razón.
Grimmjow dio unos pasos adelante, acercándose a ella.
—Ah, ya veo. Nelliel controla a Kurosaki y Kurosaki a ti. Una cadena alimenticia.
—¿De qué estás hablando?
Se dio cuenta entonces de probablemente la tal Tatsuki en serio no sabía de qué hablaba, quizás había sido demasiado violento para ella que insultara tan ligeramente a alguien que conocía.
—No importa. ¿Entonces te quedas a escuchar? —Alzó una ceja, esperando a que se moviera.
Tatsuki miró a Orihime, y finalmente decidió largarse a la habitación de su amiga.
—Estaré atenta, por cualquier cosa... Me iré a tu habitación —dijo, indicando la puerta y dando media vuelta.
Grimmjow volteó y tomó el casco que había enganchado a su cinturón para desamarrarlo y dejarlo sobre la mesa de centro en el que humeaban las tazas de café con leche.
—Creí que iba a ser más difícil.
—Tatsuki es un poco protectora, pero te aseguro que no está interesada en oír así que...
Escuchó la puerta cerrarse.
—Está bien si escucha, de todas formas se enterara... —dijo, dando la vuelta nuevamente para encontrarse a Orihime caminando hacia él— O no. He descubierto que eres muy buena guardando cosas —Se cruzó de brazos, viéndose más imponente que de costumbre.
Orihime rió, nerviosa.
—En realidad le conté a Rangiku-san ayer...
—Porque escuchó —dijo—. No ibas a contarle tan pronto si no se enteraba así, ¿verdad?
Iba a replicar, pero se detuvo antes de empezar. Tenía toda la razón del mundo, y al menos frente a él, que ya la había descubierto, no iba a gastarse más buscando excusas.
—De todas formas no quería hablar de eso —gruñó—. ¿Vas a quedarte ahí o prefieres sentarte?
—E-estoy bien así.
Grimmjow asintió.
—Vine a disculparme. Solo por no haber pensado mejor las cosas, porque aún podría molerlos a golpes si se me da la oportunidad —dijo, frente a la hipnotizante y estremecedora mirada de Orihime—. Y aún creo que debiste dejarme, sobre todo porque te trataron como la mierda solo por estar conmigo.
—Eso no es tu culpa...
—Sí y no. Porque sé cómo se comportan —respondió—. Me enfadó mucho que se metieran contigo, y me enfadó aún más que los defendieras. Pero debí esperarlo, sobre todo porque estás pasando demasiado tiempo conmigo en la universidad. Iban a empezar con sus comentarios estúpidos tarde o temprano.
—No los defendí... —replicó.
—Fuera por la mierda que fuera, cachorrito —dijo—. Jamás te golpearía, por favor no vuelvas a decir esa mierda. Eres una mujer adulta, tienes que respetarte a ti misma. Cualquier otro imbécil abusador no hubiera tardado en hacerte daño.
—Pero no eres cualquier otro —Frunció el ceño.
—Amor, sé que estás olvidándote de Kurosaki, pero no te ilusiones con tonterías porque no estoy dispuesto a entrar en tus jueguitos. Eres la mujer más atractiva que he conocido en la vida, y me cuesta un montón dejar de pensar en cualquier cosa que tenga que ver contigo —confesó, grabando con fuego en su mente la expresión de asombro que había puesto a penas mencionó que pensaba que era atractiva—. Pero no soy tan imbécil como para darle falsas ilusiones a alguien que no hace las cosas como yo. Así que deja esa estupidez de que no soy cualquier otro, porque hombres en el mundo hay y mucho mejores.
—¿Y si pudiera hacerlo?
Grimmjow se paralizó en su lugar. Estaba intentando dejar en claro todo con la voz más pacífica que había podido encontrar en su repertorio, ¿qué demonios creía que estaba insinuando? ¿Por qué tenía que hacerlo todo más complicado?
—¿Disculpa? Creo que no entendí bien tu mierda.
Orihime apretó los labios y se acarició el brazo, nerviosa.
—¿S-si hiciera las cosas como tú?
—A ver, no lo estás entendiendo. Tú no haces las cosas así, no tienes que forzarte a hacer nada por un idiota. La gente tiene que quererte así como eres, no puedes estar cambiando para quedar bien con to-.
—¡No estoy cambiando por nadie! —exclamó, tragando fuertemente en cuanto se hizo un breve silencio— He sido una buena chica, todo el tiempo, y estuve enamorada de la misma persona por mucho tiempo. Jamás... Jamás he hecho lo que la mayoría de chicos de mi edad sí. No he tenido novio, no he besado a nadie —dijo cada vez más roja—... Y tampoco s-sé lo que se siente... E-estar con alguien.
—Cuando te rompen el corazón te das cuenta de que estabas mejor antes —respondió.
—A-aún así, no lo sabré hasta intentarlo. Soy como soy porque pasaba el tiempo con una vecina que se hizo cargo de mí, siempre me decía cómo debía hacer las cosas, y siempre dijo que experimentar cosas era un peligro, que ningún hombre me querría si no era especial...
—¿Qué tontería me estás diciendo? ¿Tu tutora era una puta esposa de la maldita época victoriana? ¡Hasta las mujeres en ese tiempo le ponían el cuerno a sus maridos con los de otras o los sirvientes!
—L-lo sé, pero... Creí que era lo correcto —Jugueteó con sus dedos mientras miraba al suelo.
—Bueno, si tan convencida estás, hazlo. No soy nadie para decirte qué hacer o no —dijo.
—Sí... Sobre eso... Y-yo...
—¿Tú? —Enarcó una ceja.
—T-también creo que... Eres muy...
Orihime inhaló fuertemente, armándose de valor. Grimmjow soltó un suspiro, fastidiado. No sabía por qué había creído que hacerle caso a Shūhei era buena idea. Se había mentalizado para ir y no cagarla, para que Orihime pudiera entender más, pero a cambio ella solo pensaba en estar con alguien y había acabado sintiendo alguna cosa por él que no tenía idea de dónde había nacido. Si él fuera una chica, y tuviera que escoger entre un Grimmjow o un Shūhei, seguramente escogería a Shūhei para tener una relación.
Pero muchas veces las personas parecían elegir al peor adrede.
Se acercó un poco a ella, buscando su hombro para darse un apoyo más físico para calar en ella.
—No es necesario. Sé lo que me vas a decir, precisamente por eso vine, no quiero que te ilusiones con-.
—M-me gustas mucho —Soltó—. Quiero... Yo quiero...
Grimmjow entrecerró los ojos y, en lugar de tocar su hombro, decidió seguir avanzando, pero ella no se movió ni un poco.
—Hay muchas cosas que quiero también, amor... pero no estoy dispuesto a depender de nadie.
—¿Qué cosa? —susurró Orihime, abrumada pero demasiado hipnotizada con el aura peligrosa que desprendía Grimmjow. Sus ojos habían cambiado, se veían más oscuros, más profundos, y su cuerpo comenzaba a aprisionarla poco a poco— ¿Qué cosas quieres... También?
—Desde el primer día me he preguntado qué se sentirá tenerte en mi cama, cómo será devorarte... —Movió su mano lentamente hasta su cuello— He querido tocarte un sinfín de veces... Pero no soy tan tonto.
—Ni en un millón de años creería que lo eres... —Lo miró a los ojos— ¿Por qué no lo haces... Simplemente?
—Ah... Siempre me he preguntado de dónde sacas esa determinación que te hace tan atrevida algunas veces. ¿Hay alguna fibra que tocar, alguna palabra mágica que pueda decir para tenerte así toda la vida? —preguntó.
Orihime sintió la mano de Grimmjow envolver su cuello lenta y delicadamente, su mano estaba tan caliente y le provocaba un montón de sensaciones. Ese cosquilleo en el abdomen que también había sentido cuando se encontró tan cerca de él al chocar en el umbral de la puerta.
—Podrías tener al hombre que quisieras, cachorrito... Pero... Solo quieres tener a uno. Y escoges al equivocado —Deslizó la mano bajo su cabello, hasta su nuca, y la acercó un poco más a su rostro. Orihime soltó un suspiro que le chocó en los labios—. ¿Esto es lo que quieres? ¿Tenerme como un perro tras de ti?
—N-no...
—¿Qué has dicho? —Se acercó.
—No quiero tenerte para mí... Solo quiero ser libre, desear... Y sentirme deseada —suspiró otra vez.
Grimmjow movió su mano y puso su pulgar en la barbilla de Orihime, para mover su cabeza a voluntad. Se quedó mirándola atentamente, tenía los ojos entrecerrados, los labios levemente abiertos y su voz se había vuelto tan provocativa.
Se detuvo entonces.
¿Por qué le importaba tanto si ella se equivocaba o no? Podía simplemente dejarse llevar y si acababa queriéndola a ella, qué más daba. No había ninguna mujer que le hubiera gustado tanto en la vida, por más que lo sacara de quicio muchas veces.
—Bueno... Voy a pensarlo.
Orihime lo miró sorprendida, aún bajo el efecto embriagador de su cercanía y su tacto, pero con más claridad para entender lo que significaba.
—¿En serio?
—No todos los hombres pueden tener a la mujer más atractiva con la que han coincidido —respondió—. Ahora, intenta explicarle esto a tu mejor amiga. Creo que no le caí muy bien y no le hará mucha gracia pensar en que posiblemente la pases más que bien con el imbécil una vez que ella se vaya...
Orihime se apegó a la pared tanto como era posible, e instintivamente subió las manos hasta su pecho. En cuanto lo tocó, las alejó.
Grimmjow rió divertido.
—Ahí estás —dijo con un tono burlón— Bienvenido de nuevo, cachorrito. Parecía que el mismo infierno te había poseído.
Ella simplemente apretó los labios, intentando inútilmente dejar de sentirse tan avergonzada.
Tatsuki pudo haberla oído.
Tatsuki seguramente había oído todo.
Grimmjow se apartó lentamente, sin quitar la mirada de la suya.
—Te avisaré cualquier cosa.
Orihime asintió rápidamente, mientras él se giraba para ir en busca de su casco. Cuando volvió al lado de ella, sonrió, pero antes de que dijera nada, se le adelantó.
—G-gracias...
—No me des las gracias, aún no me decido.
Grimmjow se dirigió a la puerta, pero ni siquiera había abierto cuando ella lo detuvo.
—Grimmjow... Aún —Se ladeó un poco para mirarla— ¿Aún crees que no es suficiente?
Recordó entonces la discusión en el estacionamiento y lo que le había dicho al final. Sí, no creía que fuera suficiente, pero era él, se conocía a sí mismo, y no planeaba darle más problemas a la pobre chica. Al contrario, si decidía hacer lo que le pedía, si decidía que le importaba una mierda cualquier otra cosa mientras la tuviera a ella, no iba a darle más que gozos.
—Mientras no lo hagas con otro tipo... —Sonrió.
Orihime negó con la cabeza.
—Nunca.
—No te estoy diciendo que no puede gustarte alguien más, pero procura conocerlo más antes de lanzarte. Hay cada desquiciado en el mundo...
Grimmjow abrió la puerta y volvió a mirarla.
—Nos vemos, cachorrito.
—Nos... Nos vemos —dijo con un hilo de voz, viéndolo darle un último vistazo y luego cerrando la puerta.
Rápidamente se dirigió al baño y se miró al espejo. Estaba menos roja, su ropa estaba exactamente igual y seguía siendo la misma Orihime, pero por algún motivo sentía que en cuanto Tatsuki la viera, sabría que había ocurrido algo. Eso si es que no había escuchado. Si lo había hecho, era otro cuento, pero no perdía la esperanza.
Se arregló otro poco el cabello a pesar de que no se había movido ni un poco, y se acercó a la puerta de su habitación. Tomó una bocanada de aire y golpeó.
—Tatsuki-chan...
Casi de inmediato Tatsuki abrió la puerta.
—¿Ya se fue el idiota?
Orihime asintió.
Tatsuki salió y cerró la puerta. Cuando volvió a mirar a Orihime, carraspeó.
—Si no vas a decirme, prefiero no preguntar. Solo voy a preguntarte si estás bien —dijo—. ¿Lo estás?
Orihime sonrió con dulzura, asintiendo suavemente.
—Sí.
—Muy bien —La abrazó por los hombros—, vamos a tomar ese café con leche.
Orihime la abrazó de vuelta y caminaron juntas hasta el sofá. La cabeza aún le daba un poco de vueltas, el bochorno se había ido, pero su cuello y su nuca aún recordaban la mano de Grimmjow dejando estragos de un segundo a otro.
