Advertencias: OoC.

Gracias FuckMeThen por comentar -inserte corazoncito-. Y creo que todos coincidimos en eso. ¡Que se coman! (?)


Namasté


Dio un par de vueltas en el corredor, quedaban veinte minutos para que comenzara la clase y sentía una sensación extraña en todo su cuerpo. Comezón, un cosquilleo insoportable, ansiedad...

Llevaba un rato queriendo abrir la puerta al balcón, hacer aparecer una caja y fumar un cigarrillo. Había dejado de hacerlo hace mucho, la mayoría del tiempo ni siquiera pensaba en ello y había estado meses sin fumar, casi un año. No entendía qué demonios le pasaba.

Deslizó una mano por su cabello, molesto.

La había cagado. No sabía en qué estaba pensando, más bien, estaba pensando con el pene. Eso era lo que había ocurrido. Había dicho que no quería amarrarse a nadie en el mundo, que Orihime era la persona más insoportable que había conocido. Pero se empeñaba en contradecirse solo, sin esfuerzo, solo hacía falta que ella lo mirara y entonces sentía un deseo enorme, unas ganas inmensas de tocarla.

Grimmjow cerró los ojos un momento y decidió salir al balcón tan de prisa como le fue posible.

A su derecha, el ruido de las escaleras exteriores le llegó a los oídos, pero lo ignoró. De pronto se detuvo a su lado.

—Uh vaya... Te ves como la mierda.

Volteó lentamente, fijando la mirada en el hombre. De inmediato lo miró extrañado, se le hacía muy familiar.

—Normalmente no iría regalando mis cosas por ahí, pero me parece que eres un buen tipo si ayudas a una chica que lo necesita, así que... —Rebuscó en sus bolsillos. Revisó en ambos de la chaqueta, pero no encontró nada, entonces pudo notar en su expresión que acababa de recordar algo. Tocó el bolsillo trasero de su pantalón y sacó una cajetilla de cigarros.

Grimmjow lo miró sin poder creerlo.

—Fumas, ¿cierto?

—Había dejado de hacerlo.

—Ah, no importa, no seré yo quién te regrese a eso —murmuró, dispuesto a guardarla.

—No, espera —dijo de inmediato. Cuando lo miró, suspiró—. Voy a aceptarlo.

Él sonrió.

—Bien. Me gusta fumar acompañado, si no te importa —dijo, acercándose para apoyarse levemente en la barandilla. Abrió la caja y la dejó a su disposición— Ten.

Grimmjow tomó uno y esperó hasta que él guardó la caja tras ponerse uno en la boca y sacó un encendedor. Permitió que le sostuviera el fuego mientras lo encendía, y luego lo vio encender el propio.

—Te he visto antes.

—Sí... En Las Noches. Buscabas a una chica pelirroja.

Grimmjow asintió. Él y su acompañante lo habían ayudado, sin ellos probablemente no hubiera encontrado a Orihime antes de que todo fuera peor.

—Gracias.

—No hay problema —dijo, guardando el encendedor.

Ambos aspiraron el humo profundamente. De inmediato Grimmjow sintió su cuerpo relajarse, la comezón, el cosquilleo se iban.

—Me llamo Ikkaku.

—Grimmjow.

—¿Cómo está la chica, Grimmjow?

Lo miró, dudando de contarle sobre ella. Más que nada porque era un tema privado, y porque no era la idea tenerla en mente para eso cuando lo único que deseaba era dejar de pensarla.

Bueno, qué más daba. Como había dicho Shūhei, ya estaba hasta la cabeza en mierda. O algo así.

—No muy bien. Si la ves parece que todo lo está, pero está aterrada.

Ikkaku asintió.

—Sí, no se veía bien ese día. Probablemente nunca lo olvidará, no es algo que puedas ni debas aceptar y ya, te persigue para siempre... Porque asumo que el desgraciado no pretendía hacerle nada bueno.

—Sí... —respondió— La cosa es... No quiero ayudarla, no quiero seguir estando cerca, pero es imposible.

—Oh... —sonrió— Déjame adivinar. Eres el eterno soltero que disfruta de la compañía de muchas mujeres, pero acabas de descubrir que no puedes alejarte de ella.

—Casi.

—Corrígeme.

—Sabía en lo que me metía...

Ikkaku soltó una carcajada y volvió a dar una calada. Antes de hablar, dejó escapar el humo.

—Tío, soy solo un desconocido y no ando dandole consejos a tipos por ahí casi nunca... Pero es lindo tener a una mujer a la que admires a quien llamar para comer algo. Quizás no lo quieras ahora, pero vas a pedirlo luego, recuerda lo que te digo. Cuando encuentras a la chica, la encuentras, y tienes que cuidarla.

Grimmjow simplemente se quedó mirando el edificio que entristecía la vista. El B, dedicado a la pedagogía.

—Grimmjow... He escuchado de ti antes...

Lo volteó a ver con curiosidad.

—¿Ah sí?

—Sí. Eres amigo de Shūhei, ¿verdad? —Grimmjow asintió—. Y eres el del video, en el que peleas con Kurosaki.

Grimmjow asintió, cansado.

—Diablos —gruñó—. Si a mí me insultaban de esa forma en el título, ése desgraciado no hubiera visto el mañana.

—Ganas de saber quién lo hizo no me faltaron, pero —Se encogió de hombros— al final no quise dedicarle tiempo a esa mierda.

—Creo que es una buena decisión.

Tras unos segundos en silencio, Ikkaku miró el reloj en su muñeca y se sorprendió con lo que decía.

—Mierda, voy a tener que dejarte, debo estar en clase en un minuto —Se separó de la barandilla, preparándose para irse—. Buena suerte, y no regreses al cigarrillo por esto.

Grimmjow sonrió.

—Sí, sí...

—Nos vemos, Grimmjow.

Ikkaku apagó el cigarrillo y lo tiró a un pequeño basurero en el costado del balcón, luego entró al corredor, dejando a Grimmjow atrás, que miró atentamente el suyo por unos minutos. Hizo una mueca, escuchando los pasos de Ikkaku a punto de desaparecer.

—Sí... No me sirves —Lo aplastó en la barandilla y lo dejó ahí, con intención de tomarlo luego para tirarlo a la basura. Aún estaba por la mitad, pero más le valía deshacerse de el cuanto antes.


Tatsuki se había ido finalmente más tarde, aquel mismo día. Habían tenido una conversación en la que más bien Tatsuki decía haber cedido, pero que aún se preocupaba por ella. Había dicho:

No me agrada el tal Grimmjow, podría ser mucho más amable pero en lugar de eso simplemente te habla pésimo seas quien seas. De todas formas, aunque no esté de acuerdo, eres una adulta, ya sabes lo que haces. Y como dicen... No puedes decir que has vivido si no te lanzas al mundo —suspiró y la miró—. Solo debes tener cuidado.

Sí, Tatsuki-.

Promételo —pidió con seriedad.

Orihime asintió.

Lo prometo, Tatsuki-chan. Seré cuidadosa...

Tres días después, no sabía del todo en qué debía ser cuidadosa cuando lo prometió, así que no estaba segura de poder cumplirlo. Entendía la preocupación de Tatsuki, siempre había sido demasiado tranquila y sumisa para muchas cosas, y tenía miedo de que eso la metiera en un lugar en el que no había salida.

Pero ella confiaba en Grimmjow, lo suficiente como para querer conocerlo más.

Además...

Una sonrisa tonta y un sonrojo que nada tenía que ver con el baño que se estaba dando en la tina, se instalaron en su rostro. El solo recuerdo de Grimmjow tan cerca de ella, tocándola, tras saber que pensaba que era una mujer atractiva...

Era demasiado para ella.

Metió la nariz y la boca bajo el agua tras acumular oxígeno, y soltó un gritito de emoción, que de todas formas nadie iba a escuchar. Justo en ese momento, su teléfono sonó. Para su suerte y desgracia, lo había puesto cerca en una pequeña mesita.

Regresó a como estaba antes y con una toalla que había dejado junto al teléfono, se secó las manos antes de tomarlo.

Kurosaki-kun.

Se mordió el labio, pensando en si debía responder o no. Finalmente, decidió hacerlo, por curiosidad y por culpa.

—¿H-hola?

—Orihime —dijo su nombre del otro lado, había sonado un poco sorprendido.

—Sí... —murmuró sin saber muy bien qué decir.

—Mira, Orihime —carraspeó—. Tenía que llamarte. Es decir —se corrigió—, quería llamarte para disculparme... Por todo. Aunque no estemos cerca... Siempre he intentado cuidar de ti cuando escucho a chicos hablar inadecuadamente y un poco de lejos, ya sabes, por lo que ocurrió.

Orihime no tenía idea de qué había ocurrido, pero suponía que se refería a su confesión.

—Aunque lo hacías por la promesa que le hiciste a Tatsuki-chan...

—Orihime...

—Está bien.

—No está bien —exclamó—, no quería que te enteraras de eso.

—Al contrario, me hubiera gustado que alguien me lo dijera. Así tal vez no hubiera quedado como una estúpida —murmuró.

—No eres estúpida, Orihime. Eres... Especial.

—Una ingenua a la que solo quieren abrirle las piernas.

Tras decir eso, se había instalado un nudo que apretaba su pecho con fuerza. Sabía lo que significaba, sabía el por qué, y no era del todo porque sabía que Ichigo había dicho eso en serio.

—Orihime, lo siento tanto. Precisamente por eso quería disculparme, fui un idiota, pero estaba furioso con la idea de que Grimmjow se podía estar aprovechando de ti y estaba ebrio... Un poco.

—Bueno, ya no te preocupes. No tienes que estar más pendiente de eso, Tatsuki-chan ya sabe que no quisiera tener un guardián desde ahora.

Tomó una bocanada de aire, intentando tranquilizarse. Lo que menos quería era romper a llorar mientras hablaba con Ichigo por teléfono, sería tremendamente vergonzoso.

—Tatsuki nunca... —Se hizo un silencio— ¿Ella en serio cedió?

—Sí, así que no tienes que estar atento de mí.

—Es una locura. Cuando Grimmjow te haga daño y te deje después de acostarse contigo-.

Orihime sintió las lágrimas escaparse abruptamente de sus ojos. No era por Ichigo, era simplemente que se sentía tan frustrada porque todos tenían la necesidad de cuidarla y decirle lo que estaba bien o no. Agradecía que Tatsuki hubiera entendido sin siquiera tener que discutirle demasiado que era una mujer adulta, y que incluso los adultos podían equivocarse. Pero lo hacían, y Orihime no recordaba una sola vez en la que hubiera hecho algo que deseaba incluso si traía consecuencias.

Hasta Grimmjow la subestimaba muchas veces, pero rápidamente entendía que no era asunto suyo, y lo agradecía.

Ichigo, sin embargo, siempre era una historia diferente. Fuera por lo que fuera, siempre debía estar vigilando a los demás para protegerlos, y siempre sonaba como que él tenía la razón. A esas alturas, a Orihime no le importaba si la tenía o no, solo quería vivir.

—N-no me importa, puede acostarse conmigo y dejarme luego —dijo con determinación, a pesar de que al inicio su voz la había traicionado.

—Orihime... ¿Qué demonios dices?

—Eso. Los príncipes azules no existen, y quiero vivir, quiero saber lo que se siente que alguien te desee, que alguien te quiera. ¿Es demasiado pedir? —A pesar de que intentaba parecer segura, su rostro no podía más de rojo y caliente que estaba. Estaba hablando impulsada por su frustración, pero en una situación más normal, habría evitado todo lo posible decir esas cosas

—¡Pero Grimmjow no te quiere!

—¿Y por qué debe quererme para acostarse conmigo? —preguntó. Por supuesto era una pregunta retórica, pero Ichigo no lo entendió.

—¡Porque tú lo quieres, y vas a venir llorando cuando te deje!

Orihime comenzaba a pensar en que se había formado un mito, eso que Ichigo rezaba con tanta seguridad, pero que ni en cien mil años luz era normal. Podrías querer un poquito a una persona en un corto periodo de tiempo, ¿pero por qué asumía que ya estaba enamorada de Grimmjow? Si bien no lo había negado la vez pasada, Orihime nunca se había acercado tanto a él como para quererlo antes, e Ichigo debía saberlo. Siempre lo había visto con él, entrenando o hablando de alguna fiesta, jamás habían entablado una conversación. Ichigo de todas formas parecía empeñado en insistir con eso, pero incluso cuando Orihime no se había confesado, la relación que tenían era muy distante. Ichigo nunca la habría llevado a alguna fiesta, diría que esas cosas no eran para ella y la dejaría con la palabra en la boca tras mencionar que era por su seguridad. Ichigo no tendría por qué preocuparse del día a la mañana sobre su reciente relación con Grimmjow.

—No iré a ningún lado, menos a ti, Kurosaki-kun. Y no puedes enamorarte de una persona en dos semanas. Ahora, si me disculpas... Tengo una cita.

Orihime cortó el teléfono antes de que Ichigo pudiera replicar, lo dejó en la mesita y regresó sus brazos bajo el agua. Se quedó mirando un segundo el otro lado de la tina, donde estaban sus pies, y se aguantó las lágrimas que había podido evitar por unos segundos.

Rápidamente volvió a hundirse en el agua, y esta vez gritó tan fuerte como fue capaz. Si antes nadie la había escuchado porque ni siquiera había gritado tan fuerte, esta vez desearía una vez que se calmara que en serio nadie comenzara a tocar su puerta para ver si estaba bien.

Además, le había dicho a Ichigo que tenía una cita. Y la única que tenía, hasta donde sabía, era en su salón, comiendo algún flan y deseando no haber vendido el televisor el año anterior.

Mientras se lamentaba por ser tan boca floja a veces, su teléfono volvió a sonar. Iba a dejarlo ser, probablemente fuera Ichigo de nuevo, pero lo pensó mejor. Quizás era Rangiku, o alguna vecina.

Volvió a repetir el proceso, secando sus manos y tomando el teléfono.

No lo tenía registrado.

Finalmente contestó y esperó unos segundos.

—¿Ibas a hacerme esperar hasta envejecer?

De inmediato se enderezó en la ducha, aunque nadie podía verla. Recuerdos se le vinieron otra vez a la mente, haciéndola temblar levemente.

—¿Hola?

—H-hola —respondió.

—Ahí estás. ¿Ya hablaste con tu amiga? Aún no recibo su visita para decirme que soy un desgraciado y que va a golpearme si te hago algo. Aunque se veía un poquito más centrada que Kurosaki.

—N-no... Tatsuki-chan se fue aquel mismo día. En la tarde. Debía regresar para su torneo...

—Ah. Bueno, eso te deja libre. ¿Cierto?

—Sí —respondió, un poco confundida.

—Vale, ¿recuerdas lo que te dije?

Orihime intentó hacer memoria, pero simplemente no podía recordar a qué se refería. Muy avergonzada, tuvo que asumir que no.

—No lo recuerdo...

—Hm —gruñó, y se tomó unos segundos antes de seguir—. Haré que lo recuerdes. Date un baño, vistete, haz lo que quieras, antes de las ocho. Iré a buscarte.

—A- a... ¿buscarme?

—Sí, demonios. ¿Tengo que repetir todo dos veces?

—¡No! —exclamó— No, es solo que... No me lo esperaba... —Se mordió el labio— ¿Qué... Quieres hacer?

—Lamentablemente, si no lo recuerdas... Tendrás que prepararte para cualquier cosa, cachorrito.

—Pero...

—Estaré a las ocho en punto. Te quedan dos horas, y si te faltan, avísame, puedo esperar un poco más.

Orihime escuchó la risa de Grimmjow, maliciosa, y sintió un escalofrío recorrerla. ¿Estaría hablando de eso que había dicho? Solo podía pensar en...

Ahora, intenta explicarle esto a tu mejor amiga. Creo que no le caí muy bien y no le hará mucha gracia pensar en que posiblemente la pases más que bien con el imbécil una vez que se vaya...

—Oh dios...

—No soy quien para juzgar si lo que vas a hacer en dos horas es rezar, pero quizás quieras arreglarte un poco. Aunque deberías saber que podrías estar en pijama y daría lo mismo.

En lugar de negar lo del rezo, que era lo que habría hecho hace dos semanas, Orihime simplemente sonrió emocionada y nerviosa, sabiendo que solo bromeaba.

—Estaré lista.

—Bien —dijo—. Nos vemos, cachorrito.

—Nos vemos, Grimmjow.

Decidió que mientras antes saliera de la ducha, mejor. Cuando estaba envolviendo su cuerpo en la toalla, se detuvo un segundo.

¿Eso significaba que ahora sí tenía una verdadera cita?


Grimmjow colgó el teléfono, con la voz de Orihime diciendo su nombre de esa forma tan deliciosa resonando en su cabeza. Esa mujer podía volverlo loco con un pestañeo si quería, y no tenía la menor idea.

Dejó el móvil en la encimera y se cruzó de brazos, soltando un suspiro para intentar relajarse un poco. A pesar de que no debía, estaba ansioso, tenso, nervioso. En realidad no había planeado nada, tras la conversación con Ikkaku en la mañana, en pleno momento de ocio tras llegar a casa, había decidido que quería ver a Orihime. Tan simple como eso.

Había pasado tan poco tiempo desde que la había conocido... Normalmente no sería un problema, si no supiera que Orihime no era como cualquier otra mujer con la que se había acostado. La tenía tan metida, tan arraigada en la cabeza, que no iba a olvidarse una vez que se acostara con ella. Cada vez que la miraba a los ojos o la tocaba, había algo más, no estaba solo caliente.

Soltó un gruñido.

Volvió a mirar el teléfono, mordiéndose el labio con frustración.

Era una mala idea...

Cerró los ojos fuertemente, descruzó los brazos y tomó rápidamente el teléfono. Antes de arrepentirse del todo, marcó el número de su maldita mejor amiga. ¿Que de qué iba a servirle? No tenía idea, estaba seguro de cuales iban a ser sus respuestas.

Uno. Dos.

—Hola cariño. ¿Está todo bien? Normalmente solo llamas para preguntarme si me comí mis vegetales, y no, mamá, ni me interesa.

—Cierra la boca —gruñó.

Rangiku hizo un ruido con la garganta, podría haber jurado que estaba frunciendo el ceño, de hecho. Finalmente la escuchó chasquear la lengua y suspirar.

—Bien. ¿Entonces?

—Tengo que hablar contigo.

—Claramente...

—Pero si te burlas me encargaré personalmente de patearte el trasero.

—Atrévete y te pateo la entrepierna.

—Hablo en serio.

—Yo también —dijo indignada—. Pero está bien. Veré qué puedo hacer, intentaré no burlarme —aceptó. Entonces la escuchó soltar una risita tras unos segundos—. Pero si crees que me voy a burlar... ¿Qué te traes entre manos, cariño?

Grimmjow miró a todos lados en su cocina, no iba a encontrar las respuestas en las paredes ni iba a pensar en una excusa y decirla para luego cortar, pero quizás podía retrasarlo un poco.

Frunció el ceño.

Ya estaba, se estaba comportando como un cobarde. Era Grimmjow, el mismo que tomaba el toro por los cuernos y se iba de cara a enfrentar a cualquiera que fastidiara, o que decía lo que quería con total libertad. Y si había algo que quería mucho ese último tiempo, era ir, tomar a Orihime del rostro y besarla hasta el cansancio. Rangiku normalmente no tendría por qué saberlo, pero había sido un impulsivo de mierda y en serio necesitaba ideas.

—Grimmjow.

—Sí, sí —murmuró—. Invité a Orihime a una... Cita.

Escuchó cómo Rangiku tomaba aire profundamente. Antes de que hiciera lo que iba a hacer, la detuvo.

—No me importa un carajo que te enteres, pero resulta que soy un imbécil, y la llamé sin tener idea de qué mierda hacer. Entonces, creí que ya que la conoces mucho más, podrías ayudarme.

—Oh por dios —susurró—. Oh... ¡Por dios!

Grimmjow alejó el teléfono de su oído de inmediato, sintiendo una punzada de dolor que lo obligó a cerrar los ojos un momento. Volvió a acercar el teléfono una vez que Rangiku se dignó a dejar de gritar.

—Me estás diciendo que-.

—Sí.

—Tú no tienes citas.

Grimmjow supo de inmediato a qué se refería.

—Lo sé.

—Maldito seas —dijo—. ¡¿Me estás diciendo que me vengo enterando recién de esto?!

—¿De qué hablas? Literalmente ocurrió hace unos días, le dije que me parecía atractiva y ella coincidió con que pensaba lo mismo de mí. No había ninguna mierda que contarte, Rangiku.

—Idiota —exclamó—. Eso lo es to-do.

Grimmjow rodó los ojos, comenzaba a impacientarse, pero sabía lo que ocurriría cuando le contara.

—¿Me vas a ayudar o no?

—Ni lo dudes, pero agradecería que fueras más considerado y entendieras que esto lo es todo. Tenía razón, Orihime te gusta, lo suficiente como para permitirle acostarse contigo. Eso no se ve todos los días, perdona si me emociono —dijo con ironía—. Ahora, Orihime adora los mariscos y la carne con su vida. Así que ten vino, tendrás que comprar. Pero no le permitas beber demasiado, si se excede de las tres copas, asume que va a haber una cuarta y considerala perdida.

Él simplemente se limitó a escuchar. Rangiku soltaba y soltaba información que iba a retener, por supuesto, pero no por ello le incomodaba menos que le diera tantos detalles y hablara tan rápido. Aún así, la dejó ser.

—... No sé si quieres hacer postre, pero le gusta mucho el chocolate y-.

—Tengo más o menos una puta hora y treinta minutos para hacer algo, así que no —respondió.

Rangiku exhalo, llena de indignación.

—Por dios, es su primera cita, podrías al menos haber pensado en ello más antes de-.

—¿Perdón? —la interrumpió— Estás bromeando, ¿no? Entiendo que no haya cogido con nadie nunca y que tampoco haya besado, ¿pero ningún tarado la invitó nunca a salir?

—Bueno... Como entenderás estuvo años enamorada de Ichigo así que... —dijo— Y Tatsuki era muy protectora —susurró.

—Vale —gruñó—. Me has hablado prácticamente solo de comida. Quizás...

—Cualquier cosa estará bien.

—¿Qué?

—Orihime adora aprender, y es muy fácil hacer que se mantenga entretenida. Podrías simplemente hablarle durante horas y estará bien para ella.

—Si fueras un poco más específica...

—Y no sabes cuánto me encantaría planear la cita perfecta de Orihime, pero vas a tener que esforzarte también. Así que te toca pensar.

—Hey, yo mismo pude pensar lo de los mariscos, necesito ayuda con lo que viene luego.

—Entonces debiste decirlo antes —dijo pacientemente—. Pero ya es tarde, tendrás que arreglarlo solo.

Grimmjow chasqueó la lengua. En cualquier caso, tenía razón. No podía pedir demasiado, no era Rangiku quien había invitado a Orihime.

—Bien.

—Nos vemos. Buena suerte en tu cita —rió.

—Gracias —masculló, escuchando como de una risa pasaba a una carcajada antes de definitivamente cortar—. Por nada...

Decidió preparar todas las cosas que iba a necesitar, después de dejar la comida medio lista iría a darse un baño y cuando fuera a buscar a Orihime pasaría a comprar un vino. Eso era todo.


Orihime se mordió el labio, viéndose atentamente al espejo. Se había puesto un vestido celeste, pero estaba pensando que quizás era demasiado. Jamás había usado aquel vestido, solo una vez en verano y luego nunca más. Pero ni era verano, ni estaba segura de que fuera buena idea. Todo lo que había dicho Grimmjow era demasiado abstracto, no sabía si arreglarse demasiado o parecer casual.

Soltó un lloriqueo y golpeó el suelo con un pie, haciendo un breve berrinche. Rápidamente tomó el teléfono, preguntándose si sería buena idea pedir ayuda.

Cerró los ojos fuertemente y finalmente marcó.

—¿Hola?

—¿Rangiku-san?

—Ah —rió—. Sí, la misma. ¿Se te ofrece algo, Hime?

Orihime no prestó atención al tono meloso que estaba usando.

—B-bueno... Tendré una cita y...

—¿Ah sí? —preguntó con interés— ¿Puede saberse con quién?

Orihime no tenía idea de si sería una buena idea decirle, había oído a Grimmjow muchas veces quejarse de que Rangiku ventilaba sus cosas, así que tal vez lo mejor sería omitir ese detalle por el momento.

—Uh, sí. Un chico del gimnasio.

—Ya veo —susurró Rangiku—. Debe ser muy apuesto y fuerte.

—E-eh, sí, eso creo —rió—. P-pero resulta que no fue muy específico con lo que haríamos... Así que no estoy segura de cómo vestirme. Además... No quisiera verme tan...

—¿Tan qué?

—Tan... Yo —murmuró.

Rangiku hizo un ruido de molestia.

—Orihime, no seas ridícula. Es una cita, diviértete, y por sobre todo, vístete como te gustaría vestirte en tu cita, no como piensas que podría gustarle a él. Si quieres ponerte un vestido o una simple falda y un chaleco, hazlo —respondió—. Esto no se trata de él, se trata de ti. Si no le gusta, puede irse jodiendo mucho, es lo que hay.

—Pero...

—¿Pero?

—No —negó con la cabeza—... Nada.

—Vístete como te gustaría vestirte —repitió—. Eso es todo.

Orihime asintió, y se despidió de Rangiku para luego cortar. Dio la vuelta y se miró al espejo otra vez. En realidad, había otro vestido que le gustaba más, y que hace mucho tiempo quería utilizar. La ocasión nunca se había dado, porque no solía salir con Ichigo, Rukia y los demás, que iban a fiestas regularmente.

Se dirigió al armario y buscó, hasta que dio con un vestido de lana blanco. Se puso frente al espejo y lo puso delante, cubriendo el que llevaba puesto en el reflejo.

Decidió tomar el consejo de Rangiku, se vestiría simplemente como a ella le encantaría vestirse.

Se quitó el vestido celeste con cuidado y miró de reojo la hora. Solo le quedaban veinte minutos. Tomó el blanco y una vez que se lo puso, caminó hasta el espejo para acomodarlo. Era lo suficientemente ajustado en su cadera como para mantenerse firme, y la caída hasta medio muslo seguía el mismo patrón. Se envolvía en sus piernas replicando la forma pero le permitía moverse libremente. Desde la cintura hacia arriba era más suelto, y tenía un cuello que podía acomodar en sus brazos que dejaba sus hombros al descubierto.

Sonrió levemente.

Le gustaba como se veía. Se pondría unas botas cafés y las combinaría con el abrigo.

Cuando quedaban diez minutos, su teléfono comenzó a sonar. Antes, cuando Grimmjow había llamado, guardó el número de contacto de inmediato en la agenda, así que al menos ahora sabía que él la llamaba.

Tomó el teléfono y contestó.

—Hola, cachorrito. Iba a ir a buscarte, ¿necesitarás más tiempo?

Orihime lo pensó un segundo. Se había vestido, peinado y maquillado un poco, luego de pasar una hora en absoluto pánico y emoción. Solo le quedaban las botas, guardar sus cosas personales en el bolso y estaba lista.

—Hola —dijo primero—. No, estoy lista. Puedes venir.

—Estaré ahí en unos siete minutos, entonces —Orihime juraría que podía sentir su sonrisa.

—Bien —sonrió también.

—Nos vemos, cachorrito.

Cuando cortó, Orihime dio un pequeño salto y se dispuso a recolectar todas sus cosas esenciales. Como las llaves de casa, su billetera o el pequeño bolso con maquillaje.

Diez minutos después, sintió golpes en la puerta.

Rápidamente se puso de pie, tomando su bolso rosa palo y guardando el teléfono en el. Luego se movió hasta la entrada para abrir la puerta, encontrándose con Grimmjow y su chaqueta de cuero.

—Hola —dijo de inmediato.

Grimmjow no respondió de inmediato, notó que la recorría de arriba a abajo con la mirada, y luego de vuelta. Se sintió cohibida, pero expectante.

—Vaya, veo que dos horas fueron más que suficientes —Sonrió—. No dudo que eres la mujer más hermosa que he conocido, cachorrito.

Su sonrisa le provocó escalofríos, y sus palabras hicieron que se elevara hasta el cielo. La forma en que la miraba... No recordaba a nadie que la hubiera observado así.

Orihime no era tonta para no notar las constantes miradas que recibía en la calle de todo tipo de hombres, pero la mirada de Grimmjow no la hacía sentir incómoda. Al contrario, la hacía desear que ese sentimiento jamás acabara.

En el completo silencio que se hizo, Grimmjow simplemente se limitó a seguir mirándola, esta vez a los ojos.

—No me mires así —Se acercó—, o voy a hacer todo lo posible para que la cena seas tú.

—G-grimmjow...

—Ya recuerdas mi nombre —dijo con diversión—. Vamos —Le ofreció la mano por cortesía—, no cociné con menos de dos horas para que finalmente no probemos la cena.

Orihime asintió.

—S-sí, tienes razón —murmuró, con las mejillas rojas, sin poder dejar de repetir las palabras de Grimmjow en su mente. Sin prestar real atención tomó su mano por un momento, hasta que tuvo que darse la vuelta para cerrar la puerta de su casa.

Subirse en la motocicleta de Grimmjow no fue un problema, considerando que el vestido se lo permitía. Aunque nunca le admitiría a nadie que el mantener las piernas alrededor de la moto con un vestido hasta el muslo no era una de las mejores ideas que había tenido.


Cuando llegaron al departamento y Grimmjow la invitó a entrar, ofreciéndole su casco también; ya había comenzado a oscurecer y desde el ventanal podían verse las luces de la ciudad encendiéndose. Orihime echó un vistazo al departamento nuevamente, fijándose con especial cuidado en la mesa, donde Grimmjow había dispuesto dos lugares con todo lo necesario. Incluso había una botella de vino blanco completamente nueva.

A su espalda, escuchó el seguro de la puerta, las llaves cayendo en la superficie de la repisa y los pasos de Grimmjow llegando justo tras ella.

Tragó en seco, nerviosa con el silencio.

—Con permiso —Lo escuchó.

Justo después, sintió las manos de Grimmjow llegar hasta sus hombros. Con cuidado, él deslizó el abrigo por sus brazos, hasta que salió por completo y pudo colgarlo en su antebrazo.

—Date la vuelta.

Orihime vio a su costado la mano de Grimmjow haciéndole un ofrecimiento. Sin dudar la tomó, y sintió cómo la seguía cuando se volteó en su dirección.

Grimmjow alzó las cejas levemente, pareciendo sorprendido.

—Hablaba en serio antes, pero no sabía que podías verte mejor aún —dijo—. El abrigo... —Llevó su mano a su hombro por un momento— estorbaba un poco.

Orihime sonrió suavemente, avergonzada y emocionada. Aunque se había vestido para ella, aún esperaba impresionarlo un poco.

—¿Qué... —comenzó. Cuando Grimmjow puso toda su atención en lo que decía, carraspeó levemente con tal de expresarse con más firmeza— ¿Qué vamos a cenar?

Grimmjow miró su teléfono antes de responder.

—Es tarde, ¿tienes hambre?

—Sí —dijo emocionada.

—Entonces te mostraré —respondió—. Colgaré tu abrigo, puedes sentarte en el sofá o a la mesa mientras.

—Está bien...

Orihime lo vio, tal como había dicho, ir y colgar su abrigo junto a la puerta, y luego lo siguió con la mirada hasta la cocina americana.

—¿Quieres algo de beber?

—Hm... ¿Puedo tomar un poco de vino?

Grimmjow enarcó una ceja, de espaldas a ella.

—Claro —dijo—. Lo llevo en un momento.

Orihime comenzó a caminar hacia la sala, por detrás del sofá, deslizando los dedos por el borde superior del respaldo. Todo estaba tal como la última vez, a excepción de una cosa. Se acercó a la esquina, cerca del ventanal, y la miró con atención.

—Olvidé guardarla en la habitación —Se volteó a ver a Grimmjow, que se acercaba con la copa de vino que había elegido.

—¿Es tuya? No la había visto antes —dijo.

—Ah, la tenía Shūhei. Me la regresó hace dos días —Se sentó en el borde del sofá, acercándole la copa para que la tomara—. ¿Has tocado alguna vez?

Orihime negó con la cabeza mientras la recibía.

—Nunca.

Grimmjow se quedó mirándola por unos segundos, recordando las palabras de Rangiku cuando la llamó. Una sonrisa apareció en sus labios, ya tenía algo más.

—Si te interesa, puedo darte una pequeña clase —ofreció.

—¿En serio? —preguntó ella.

Grimmjow vio el preciso momento en el que sus ojos comenzaban a brillar, y francamente se sintió un poco contagiado por su emoción. Un golpe de buen ánimo lo hizo agrandar levemente su sonrisa.

—Sí, por favor —pidió, acercándose un poco—. ¿Es muy difícil?

—Será la clase más dura que tendrás en tu vida.

—No lo creo —dijo, ignorando la intensa mirada que le había dedicado—. No hay nada más difícil que matemáticas, no creo que sea peor.

—Te equivocas —rió levemente, mientras se ponía de pie nuevamente con la intención de regresar a la cocina—. Vas a tener muchos calambres, cachorrito.

Orihime se preguntó entonces si era ella la que estaba malinterpretando todo. Estaba segura de que era era la forma normal de hablar de Grimmjow, no había notado ningún cambio en su tono ni nada parecido, pero aún le sonaba como una provocación.

Con nerviosismo y la mirada pegada a la enorme espalda de Grimmjow, se puso un mechón de cabello tras la oreja y luego bebió un sorbo de vino. Sentía el calor abrasador de sus mejillas instaurado ya hace mucho tiempo, y estaba segura de que no se iría pronto.

Volteó, en busca de la vista a la ciudad, cubierta levemente por el edificio de enfrente. Respiró profundamente, sintiendo la necesidad de abrir la puerta corredera del ventanal y salir al exterior.

Cuando Grimmjow regresó ella miraba desde el balcón. Era pequeño, pero al menos le permitía un poco de brisa fresca, aún así, deseó que no fuera tan diminuto cuando Grimmjow se apoyó a su costado.

Era un sentimiento contradictorio. Lo deseaba muy cerca, sin embargo, su vergüenza e inexperiencia se la estaban comiendo por dentro, alegando que debía mantenerse lejos un tiempo más.

Notó con demasiada intensidad el silencio, pero Grimmjow no parecía dispuesto a caer en eso de no saber qué decir, y lo agradeció.

—¿Hay algo en especial que estés pensando?

En general, Grimmjow estaba siendo más amable de lo normal. Si era sincera, eso la sacó un poco de su órbita, no esperaba que fuera así.

—Bueno... —murmuró, sabiendo que no había nada más que frases de ánimo para mantenerse cuerda y hablando frente a él.

Cuando finalmente no respondió, Grimmjow volteó, escaneando la zona de su cuello y hombros brevemente.

—Quiero que me digas algo —dijo—. ¿Habías tenido una cita antes?

Antes de pensar siquiera en responder, Orihime se terminó la copa de un sorbo bajo la atenta mirada de Grimmjow. No lo sorprendió en absoluto, sabiendo lo que implicaba su pregunta.

—N-no...

—Vale —murmuró y puso una mano en su hombro mientras se despegaba del balcón, acercándose un poco. Hizo que volteara hacia él y Orihime alzó la mirada para posarla en sus ojos—. Quería verte. Así que te llamé para que tuviéramos una cita, pero realmente no tenía nada planeado —confesó sin señales de remordimiento—. Por eso no puedo decir que tu primera cita va a ser la mejor del mundo —Se detuvo un momento, decidiendo omitir el comentario de su otra particular primera vez sin resistirse a sonreír un poco—. Pero estoy decidido a que sea una buena noche y planeo hacerlo mejor la próxima vez.

—La... ¿Próxima vez? —preguntó.

—Sí —Se inclinó, acercándose a su rostro. Con cuidado, acomodó el mechón de cabello tras su oreja—. Dije que iba a hacerte disfrutar, ¿no?

Orihime asintió suavemente, hipnotizada.

—Ahora, vamos a comer —dijo, alejándose lentamente e invitándola a pasar primero.

Orihime se movió, con movimientos algo robóticos y la cabeza levemente agachada. Grimmjow la siguió y notó que esperaba por él mientras deslizaba la puerta para cerrarla.

Cuando se volteó, sin previo aviso le pasó el brazo por los hombros y la guió hasta la mesa, donde había servido la cena y la cerveza en su vaso. Le pidió la copa en silencio mientras deslizaba el brazo de sus hombros para tomar la botella de vino y rellenarla para ella.


Justo frente a él, Orihime miró el plato vacío. Tallarines con almejas y queso. Por supuesto había estado delicioso. Grimmjow había demostrado ser un gran cocinero, y el hecho de saber que había cocinado especialmente para ella, de alguna manera, no hacía más que mantenerla en un permanente estado de adoración. En el mejor y más inocente sentido de la palabra.

—Una vez —Grimmjow soltó una risa breve y profunda— Rangiku decidió que se había hartado de mí por insistirle que comiera lentejas. Tomó mis maletas y las tiró al pasillo. Pero Rangiku siempre ha sido mala para dejar ir a alguien, así que solo tuve que prepararle algo dulce para que dejara de molestar con que me fuera.

—¿Qué ocurrió después?

—Al día siguiente, ella salió un momento. Para el almuerzo, le había preparado hamburguesas, y conseguí que el sabor de las lentejas pasara más desapercibido. Se comió todo —dijo, enfatizando en todo—. Me odió cuando le dije que eran hamburguesas de lenteja pero no volvió a cuestionarme ni a luchar, siempre que fueran hamburguesas, claro —Rodó los ojos.

Orihime sonrió.

—¿Volvió a echarte?

—Nunca más —respondió, terminando lo que quedaba de cerveza en su vaso.

Orihime lo vio finalizar su anécdota cruzando los brazos y estirándose un poco en silla.

—¿Qué?

—Yo... —deslizó la mirada de sus ojos a sus labios, luego por su antebrazo marcado y luego miró rápidamente a su copa. Movió su mano para tocarla, y Grimmjow se movió para tomar la botella de vino. Orihime lo vio tomar la copa del otro lado, rozando sus dedos.

Lo miró a los ojos y dejó que la rellenara, devolviendo la mano por el momento a su regazo.

—Te he visto usar faldas, pero hasta ahora no te había visto con vestido —Lo escuchó mientras vertía el vino—. Si tuviera que opinar, aunque dije que podías usar lo que quisieras, elegiste lo peor para subirte a una motocicleta —Dejó la botella de lado y le ofreció la copa directamente, mirándola fijamente—. Aunque no he usado un vestido en la moto —sonrió de lado un momento—. ¿Fue incómodo?

Orihime estaba decidida a no mencionar jamás lo extraño que había sido sentir de repente brisas metiéndose bajo su falda, y el hecho de que se le había subido lo suficiente como para desear que nadie lo notara desde los coches, sobre todo cuando habían tocado los semáforos rojos. Aún así, aunque no iba a comentarle los detalles, no podía mentirle.

—Lo suficiente —murmuró avergonzada, recibiendo la copa y bebiendo de inmediato un sorbo.

—Ya sabes qué no usar la próxima vez —dijo como conclusión—. Pero no te negaré que probablemente lo voy a extrañar.

Grimmjow volvió a apoyarse en el respaldo de la silla, esta vez con una mano sobre la mesa y la otra deslizándose hacia su pierna.

Antes mientras comían lo había notado, el hecho de que llevaba una camisa negra medio abierta que lo hacía ver más formal y demasiado bien, tanto como para alterar su ritmo cardíaco.

—Recuerdo... Una vez que te vi de lejos, hablando con Kurosaki-kun —dijo, llevando la mirada a sus ojos. Bajo la mesa, apretó ligeramente las piernas al notar la forma tan penetrante en que la observaba—. Reían, se llevaban... Bien.

—Hm.

—No estás dispuesto a volver a eso, ¿verdad?

Grimmjow entrecerró los ojos, y Orihime sabía que se había molestado por la mención de Ichigo. Sin embargo, ella necesitaba una distracción para que olvidara, si es que era posible, cómo lo había mirado. Y también le convenía saberlo, creía.

—No estoy dispuesto a fingir que no nos tratamos como la mierda mutuamente.

Orihime asintió.

—Nelliel-san... —notó la mirada de Grimmjow, no parecía en absoluto contento, y Orihime hubiera deseado no sacar el tema, pero la verdad era que la curiosidad la estaba matando— ¿Qué te hizo?

—Cachorrito —comenzó—, no creo que sea el mejor tema que se te pueda ocurrir para una cita, y si lo piensas voy a aclararte que es una mierda. Así que vas a tener que preguntarme del maldito clima o si creo que primero fue el huevo o la gallina, porque no voy a responder esa estupidez.

En todo momento Grimmjow había mantenido un tono neutral, y eso la hizo arrepentirse todavía más. Orihime no pudo evitar agachar la cabeza, olvidando por completo lo que ese simple gesto implicaba.

—Hey —Grimmjow la llamó de inmediato, fastidiado. Pensó un momento sobre la situación antes de hablar, y mientras ella le devolvía la mirada angustiada, decidió soltarlo—. ¿Eres amiga de Nelliel?

—No... Solo la saludé un par de veces —respondió.

—¿Crees que podrías ser su amiga alguna vez? —preguntó.

Orihime lo miró confundida.

—Yo... No lo sé. No la conozco realmente.

Grimmjow suspiró.

—No voy a envenenarte la cabeza con lo que ocurrió, amor, porque acepto que fui un estúpido —explicó—. No soporto a Nelliel, y no tengo idea de si le estará metiendo algo en la cabeza a Kurosaki, pero no me importa. Pero es mí percepción y no quiero que la adoptes —Luego de unos segundos en silencio, agregó—. Y tampoco quiero contarte. Menos en una maldita cita.

—Lo entiendo —respondió ella al instante.

—Bien.

Después de unos segundos y de que la vio terminarse su tercera copa, Grimmjow decidió que había sido suficiente de hacer sobremesa. Según Rangiku tres copas eran el límite, y no planeaba que su acompañante acabara hablando o haciendo tonterías.

—Es hora de tu lección.

Orihime parpadeó varias veces mientras lo veía levantarse y tomar los platos con la intención de retirarlos.

—Te ayudo.

Grimmjow no dijo nada, simplemente le dedicó una breve mirada cuando lo imitaba y se ponía de pie. Orihime dejó los utensilios en los platos apilados frente a Grimmjow y tomó ambas copas, luego ambos se dirigieron a la cocina. Mientras Grimmjow tomaba las copas de sus manos para dejarlas junto a las demás cosas en el fregadero, decidió hablar.

—Estuvo delicioso —dijo, mostrándole una sonrisa.

Grimmjow rió, y luego de dejar que el agua del grifo remojara las cosas, se volteó y se acercó a ella.

—Claro que estuvo delicioso, amor.

Orihime ya no sentía el calor en sus mejillas, probablemente porque había estado toda la velada tan avergonzada con sus propios pensamientos y tan hipnotizada con las miradas de Grimmjow, que había pasado a ser un estado permanente. Era tan confuso, tan adictivo, y al mismo tiempo deseaba que dejara de mirarla así por un momento, que le diera un respiro.

Desde aquella tarde cuando fue a su casa, Orihime no lo había visto, pero la forma que tenía de posar sus ojos sobre los suyos, sobre ella, era muy diferente a como era antes de esa conversación. Él había dejado claro que creía que era atractiva, sí, pero hacía que se preguntara por qué de pronto su actitud era tan distinta. ¿Qué había cambiado? Sabía que no se conocían lo suficiente como para comprender del todo su forma de actuar o pensar, pero la desconcertaba que hubiera decidido tan rápidamente aceptar lo que le había dicho. Que no lo quería para ella, que solo quería sentirse deseada.

Grimmjow había hecho un leve movimiento, como para alejarse, pero casi al instante regresó y la hizo retroceder hasta toparse con la encimera. Ella alzó la mirada a sus ojos, mientras notaba cómo se acercaba más y más, lo suficiente como para sentirse deliciosamente encerrada.

—Oye —dijo finalmente—, creo que es mejor idea preguntarte directamente. ¿Sabes por qué estamos aquí, cierto?

Orihime boqueó un momento.

—S-sí, eso creo...

—Bien —Asintió—. Suponiendo que estás en lo correcto. ¿Prefieres ir rápido o lento? Podríamos saltarnos la tontería de tu dura lección de guitarra, dejarla para otro día, y simplemente pasar a la siguiente. Pero si prefieres llevarlo más lento, no tengo problema.

Orihime tragó fuertemente la saliva que se le había acumulado en segundos en la boca. Sentía el perfume de Grimmjow envolverla igual que su cuerpo. Él había deslizado una mano para apoyarla justo al lado de su cadera, y su mente jugó con ella imaginando que se movía para tomar su cintura.

Sin embargo, ante su silencio, Grimmjow había usado su otra mano para, una vez más, poner un mechón inexistente tras su oreja. El hecho de que tras hacerlo había acariciado levemente parte de su mandíbula, la había vuelto loca.

—¿Necesitas tiempo? —preguntó.

—No —dijo rápidamente—. Y-yo... —suspiró— ¿Crees que podemos dejar las lecciones de guitarra para otro... —Grimmjow sonrió levemente mientras apartaba su cabello del pecho, dejando libre su cuello y hombro— momento?

—Lecciones. Suena a muchas —comentó, acercándose a su rostro. Mientras Orihime le devolvía la mirada atentamente, sintió una mano deslizarse por su cintura—. Podríamos acordar que fueran muchas lecciones, pero no de guitarra. ¿Te parece?

Orihime sin pensar en absoluto asintió, admirando como los ojos de Grimmjow se entrecerraban y él terminaba de acercarse.

Su corazón latía desenfrenado.

Grimmjow se detuvo a nada de su boca.

—Solo sígueme, no es tan complicado —murmuró, buscando sus ojos.

Orihime asintió de nuevo, y Grimmjow la besó. Un cosquilleo recorrió todo su cuerpo, mientras Grimmjow deslizaba la mano a su barbilla y le separaba los labios. Con los ojos cerrados, sintiendo cada sensación, intentaba seguirlo como le era posible, pero la mezcla de nuevas emociones que se habían desbordado ante el primer contacto con sus labios la tenían seriamente paralizada.

Grimmjow se separó por un momento de ella.

—Intenta relajarte. Después se volverá algo natural.

—A-ajá —Orihime suspiró.

Ella no pudo ver la sonrisa que apareció en los labios de Grimmjow antes de que volviera a besarla.

Orihime sintió la mano de Grimmjow pasarse por el borde de su rostro hacia su nuca y luego a su cuello, guiando su cabeza suavemente. Después lo sintió alzarla y sentarla sobre la encimera. De inmediato se posicionó entre sus piernas, haciéndola saltar un momento e instintivamente lo alejó poniendo una mano en su pecho.

—Lo-lo siento —susurró en sus labios.

Grimmjow la miró sin expresión alguna.

—¿Por qué?

—No quería alejarte, fue... Fue-.

—Voy a callarte —avisó, acercándose de inmediato, pero en lugar de cubrirle los labios con los suyos, la miró de reojo y se movió hacia su cuello. Orihime se estremeció al sentir sus labios arder en su piel, una y otra vez, mientras acariciaba su espalda y con su otra mano tiraba levemente del borde de su vestido, permitiéndole recorrer y besar más allá de lo que cubría la lana.

—Grimmjow...

—Demonios. En realidad... Si es para decir mi nombre de esa manera entonces no te calles nunca, cachorrito —gruñó, alejándose para mirarla y besarle la boca de nuevo.

—H-hm —asintió ella mientras recibía la lengua de Grimmjow. Sentía que todo su cuerpo estaba caliente, sobre todo su rostro. Y todo se volvió todavía más intenso cuando, en lugar de poner la mano en su cintura o su cuello, esta vez Grimmjow tocó su pierna cubierta solo por sus medias.

—Oh dios.

—No. Grimmjow —bromeó junto a sus labios.

—Hmm —gimió suavemente cuando él apretó su muslo.

Orihime sintió su vestido subirse gracias a la mano de Grimmjow, y de repente, él la acercó tanto como era posible a sus caderas, aún sosteniendo su pierna.

—Repítelo.

Orihime lo miró, nerviosa por la cercanía de su entrepierna.

—¿Q-qué cosa?

—Di mi nombre —respondió—. Dime lo que quieres.

Esta vez creyó que iba a explotar. Pero ya le había dicho antes lo que deseaba, si ya lo había hecho, no tenía nada de qué avergonzarse. Aún así, la presión por el hecho de que habían sido más que solo besos, que la intención de ambos era ir más allá, le impedía pensar con claridad. Jamás se había acostado con nadie, Grimmjow lo sabía, igual que sabía que no había besado a nadie y que no había tenido una cita antes. Se había encargado de pedir su opinión y ella, aunque avergonzada por verse obligada a decir lo que pensaba, se había sentido realmente bien al compartirlo con alguien. Con él.

Respiró profundamente.

—Grimmjow... —dijo— Quiero que me desees...

—Oh diablos, justo así —Sonrió, mirándola con devoción. Se acercó a besarla nuevamente, tomando su rostro entre sus manos—. No te imaginas cuánto te deseo, Orihime.

Algo atontada por su reacción, Orihime le devolvió la sonrisa. Notó que Grimmjow se acercaba nuevamente, dispuesto a seguir besándola.

Y sonó el timbre.

Grimmjow frunció el ceño, terminando de acercarse a ella para meterse en su boca y en su falda. Sin embargo, el timbre volvió a sonar. Con cuidado, Orihime puso una mano en su pecho y lo miró, apretando los labios.

—Puta mierda —maldijo—. Voy a asesinar al desgraciado.

Orihime rió con nerviosismo.

—Tranquilo —Palmeó su hombro, intentando reconfortarlo.

Lo vio suspirar y, con muchos insultos de por medio, alejarse de ella. A continuación le ofreció la mano para ayudarla a bajar de la encimera, y ella se arregló el vestido tras caer en sus pies.

Grimmjow se acercó a su puerta, terriblemente molesto con la interrupción. Abrió, finalmente, y lo que vio no le gustó nada. La última persona en el mundo que creía podía tocar su puerta.

—Hola, Grimmjow.

—Qué demonios...

La maldita Nelliel Tu Odelschwanck, para joderle la existencia.