Advertencias: OoC. Y espero que aquí todo el público esté en edad.

Murdermoon: ¡Ya está, es hoy es hoy! Espero que te guste mucho este capítulo, ya nos merecíamos esto. Gracias por tus comentarios, soy muy feliz cuando me dicen aunque sea que les gusta. Ojalá pudiera poner corazones, quiero que sepas que pondría un montón.


Namasté


La presencia de Nelliel implicaba un par de cosas muy desagradables, que en cuanto Grimmjow relacionó, deseó matar a cualquier estúpido suicida que se le interpusiera.

Nelliel jamás había pisado su departamento, se había encargado de eso personalmente evadiendo cualquier reunión que la involucrara incluso por casualidad. Solía preguntarle a Kurosaki por ella, y cuando le decía que tenía trabajo o alguna otra cosa irrenunciable, aceptaba si le pedían reunirse en su hogar.

Así que el hecho de que Nelliel estuviera de pie frente a su puerta, frente a él, implicaba que alguien había compartido su dirección. No tenía que ser un erudito para saber que había sido Kurosaki. Tras la última conversación que había tenido con Rukia, era imposible que ella buscara incordiarlo más, así que estaba automáticamente descartada.

Apretó el pomo de la puerta, escuchando de pronto a lo lejos en la cocina el agua cayendo al fregadero. Al parecer Orihime había decidido dejarle espacio para atender la puerta, y lo agradeció, aunque una parte de él hubiera deseado que no.

—¿No vas a invitarme a pasar?

Grimmjow frunció el ceño ante su provocación. Nelliel estaba consciente de lo mucho que la detestaba, y ella tampoco disimulaba el rencor en sus ojos.

—No veo por qué —respondió.

—Creí que al menos habrías aprendido modales.

—Solo para las mujeres.

Nelliel enarcó una ceja, cruzándose de brazos. Parecía haberle molestado el hecho de que había insinuado que ella no entraba en esa categoría.

—Hablo en serio, es tarde, me estoy congelando. Y necesito hablar contigo.

Grimmjow le dedicó la sonrisa más irónica en su repertorio, apoyándose en la puerta levemente.

—No necesitamos hablar el uno con el otro en años, así que puedes tomar el mismo camino por el que llegaste e irte directo a la mierda.

Nelliel rodó los ojos, cansada. Sin embargo, en lugar de responder cualquier pesadez de regreso, lo recorrió de arriba a abajo con la mirada. Una suave sonrisa apareció en sus labios, ocasionando el disgusto de Grimmjow.

—Te ves bien —dijo—. No sueles acostarte con chicas vistiendo tan formal. ¿Acaso murió alguien? —bromeó.

Grimmjow rió. Había decidido que se estaba tomando demasiadas molestias, mandarla a la mierda se había sentido bien, pero lo siguiente era hacer que desapareciera de su vista. Si ella no estaba dispuesta a hacerle el favor, entonces tendría que cerrarle la puerta en la cara.

—Sí, tu tiempo —respondió.

Antes de que acabara de cerrar la puerta, Nelliel la empujó tomándolo desprevenido y se deslizó como una víbora dentro de su departamento. Grimmjow apretó la mandíbula, reaccionando de inmediato para tomarla de la muñeca y regresarla al pasillo, pero Nelliel se escapó, pretendiendo dar una vuelta por el recibidor, admirando la sala y el comedor.

—Woa —exclamó—, tu decorador entendió a la perfección cuando le dijiste que querías un estilo macho alfa, ¿no?

Estaba realmente molesto, no solo se estaba burlando en su cara después de haberse escapado y metido a la fuerza en su departamento, también tenía la cara dura para comportarse como la perra insoportable que siempre había sido.

—Estás tentando a tu suerte.

Cuando Nelliel se volteó para enfrentarlo nuevamente, Grimmjow ya había avanzado hasta ella para cogerla por la camiseta.

—Hey, vaya-.

Hizo que se elevara, teniendo que apoyarse solo en la punta de sus pies.

—Vete por las buenas, antes de que te eche a patadas.

Nelliel simplemente soltó una risita. No se parecía en nada a la risa de Orihime, aunque cualquier idiota diría que sí. En comparación, la risa de Nelliel era una vil desgracia.

—Grimmjow —dijo de repente sorprendida—, por dios, han pasado años desde que estuvimos así de cerca. Eres más atractivo de lo que recordaba.

Grimmjow notó como se mordía el labio levemente. Con mucho asco, hizo una mueca y la soltó, viendo cómo se apoyaba en la mesa al caer. Sintió mucha satisfacción al darse cuenta de que, incluso si parecía que no le importaba en absoluto, la diferencia física entre ambos la amedrentaba. Después de todo sí le tenía algo de miedo.

Mientras Nelliel recomponía su sonrisa, Grimmjow escuchó el agua detenerse y unos pasos vacilantes.

—Y tú te ves cada vez más como la perra falsa que siempre has sido.

En realidad Grimmjow tenía algunas opciones para sacarla de su departamento. Podía aprovechar la ventaja de su cuerpo y simplemente agarrarla y tirarla fuera, pero conociéndola, probablemente conseguiría armar un escándalo con tal de que cediera ante sus deseos.
Lo más insólito sería escucharla, y también lo más efectivo para que se fuera. Seguir con esa pelea estúpida en la que ella lo insultaba entre bromas y él se lo regresaba directamente solo le serviría para que tardara más en irse.

Su orgullo, sin embargo, no quería permitirle el gusto de ceder ante lo que ella quería.

—¿Te estás quedando sin ideas tan pronto? —Hizo un puchero.

—¿Grimmjow?

Nelliel miró de inmediato en dirección a Orihime, tal como lo haría un depredador ante un ruido.
—Orihime, ¡hola! —La saludó eufóricamente, agitando su mano a la par.

Rápidamente se acercó a Orihime antes de que la mano de Grimmjow la alcanzara, otra vez. Sin embargo no iba a permitir en esa oportunidad que siquiera llegara a ella.

—¿Cómo estás? Te ves bi-.

Grimmjow tiró del cuello de su chaqueta hacia atrás, alejándola de Orihime y acercándola a él para tomarla del rostro. Nelliel frunció el ceño e intentó zafarse, pero Grimmjow no se lo permitió.

—Siempre vas por ahí haciéndote la indestructible, Nelliel, pero no en ni puto departamento. Te lo he dicho ya tres veces, vete de aquí, antes de que deje de pensar que eres una niña tonta y decida arrastrarte por el suelo —masculló.

Nelliel le devolvió la mirada con la misma fiereza con la que él había hablado, e inútilmente intentó soltarse.

—G-Grimmjow —Con cuidado, Orihime puso una mano en su hombro, ocasionando que volteara a mirarla.

Grimmjow notó el cambio en su expresión, sabiendo que jamás lo había visto tan furioso, aunque no fuera su culpa. Ella lo sabía, pero de todas formas alejó su mano y retrocedió un poco.

—Oh... —musitó Nelliel, pasando la mirada del uno al otro—. Creí que habían estado hablando de Ichigo ahora que ambos se alejaron de él, ya sabes —dijo cuando Grimmjow regresó a mirarla—. Ella siempre ha estado perdidamente enamorada de él aunque fue rechazada y tú... Pero en realidad no esperaba que te fijaras en una chica tan... Tranquila.

Su sonrisa le indicó que, a pesar de que había decidido usar una palabra común, la intención de insultar a Orihime estaba.

Grimmjow ni siquiera se molestó en mirar a la pelirroja, sabía que no le había gustado nada oír sobre sus sentimientos de la boca de una persona que era básicamente una desconocida. Con seguridad Orihime había bajado la mirada, tan sumisa y pequeña como de costumbre, y realmente lo enfadó que otra mujer la hiciera sentir de esa manera.

Podía soportar que un idiota lo hiciera, él podía golpearlo mientras pensaba en lo asqueroso que era. Pero en ese caso, aunque quisiera golpear a Nelliel, ni su sentido común ni Orihime se lo iban a permitir.

—Cierra la puta boca.

—Pero es la verdad —Se excusó—. ¿Te olvidaste muy rápido de Ichigo, verdad Orihime? Aunque con Grimmjow al lado... Dios, entiendo que un orgasmo valga más que Kurosaki-ku-.

—¡Es suficiente! —Le gritó en la cara, acercándola tanto como para distinguir los tonos verdes y café en sus ojos asustados— Si con dejarte hablar consigo que te vayas de una buena vez y vayas a mamársela a Kurosaki por la eternidad, entonces habla. Tienes un minuto.

Grimmjow la soltó bruscamente, tanto que a Nelliel le costó un poco retomar el equilibrio. La vio fruncir los labios y acariciarse el borde del rostro, dirigiendo la mirada a Orihime que simplemente estaba paralizada. No pasó ni medio segundo hasta que, sin pensarlo siquiera, Grimmjow se cruzó en su campo de visión, cruzándose de brazos y entrecerrando los ojos en forma de acusación.

—Bien —gruñó. Se tomó unos segundos para respirar, y se removió inquieta en su lugar bajo la mirada penetrante de Grimmjow—. Realmente vine para exigirte que dejes a Ichigo en paz, no eres tú el que tiene que curarle las heridas después. Estoy harta de que la única forma que tengas para callar a la gente por decirte la verdad sea golpeándola. Eres un agresivo de mierda, siempre lo has sido. No quiero saber que te acercas a él de nuevo, ¿entiendes? Si lo haces, voy a hacer que te arrepientas.

Grimmjow movió tan levemente la ceja con curiosidad que a penas se había notado, había decidido mantener una expresión neutral, inexpresiva, pero tras oírla había sido más difícil controlar su risa que su enfado.

Nelliel había ido a decirle que no se acercara a Kurosaki, cuando lo menos que él quería era topárselo y escuchar todas las estupideces que tenía que decir. Ni siquiera había sido capaz de presentarse sobrio tras romperle la nariz, ni siquiera había intentado por un segundo comportarse como alguien civilizado. La daba risa que tras todo eso, él aún fuera considerado el troglodita.

—Ahora que vienes y dices toda esa mierda como si realmente te la creyeras... —comenzó—. Disipa esta duda que tengo, Nelliel. ¿Quién es el que manipula a quién? Porque ya sabes, te conozco desde adolescentes, sé muy bien cómo actúas, y creí todo este tiempo que eras tú la que le metía mierda en la cabeza a Kurosaki. Pero ahora que te escucho... —Soltó una carcajada—. Solo pareces una estúpida enamorada. No creo que tu percepción esté funcionando tan bien como para etiquetarte como la mente maestra.

Dio un paso hacia ella, sintiendo brevemente los dedos de Orihime rozar su muñeca al intentar mantenerlo en su lugar.

Había sentido su respiración entrecortada todo ese tiempo, y lo tenía enfermo. Solo quería que parara, aunque tuviera que ser su maldito salvavidas una vez más.

—Ve donde Kurosaki, y dile que te diga la verdad. Porque todas las veces que le he roto la cara, y has tenido que hacer que parezca humano de nuevo, ha sido él quién ha traspasado los límites interrumpiendo en mi departamento. Igual como lo hizo al darte mi puta dirección —gruñó, acercándose más y más mientras Nelliel intentaba mantener inútilmente la distancia—. No me creo que estés aquí sin que él lo sepa, así que al menos suprime tus malditas mentiras compulsivas y di la verdad. Es un consejo —indicó—. Hacerlo puede salvarte incluso la vida.

Nelliel frunció el ceño, dejando de retroceder y sintiendo la furia en todo el cuerpo de Grimmjow tan cerca, que tuvo que resistir el impulso de correr hasta el otro lado de la sala si era necesario.

—¿Es una amenaza?

—No. Es un consejo, dije.

—Pues eres terrible dando consejos.

—Así como lo eres tú como ser humano.

Nelliel rodó los ojos, de pronto más firme para escupirle en la cara.

—No hables demasiado que te pisas la cola, gatito.

Finalmente Nelliel decidió que debía irse, y lo evitó para pasar por su lado chocando su hombro. Antes de seguir hasta la salida, miró a Orihime. Estaba roja por el esfuerzo que había estado haciendo limitando sus lágrimas al mínimo, mantenía sus manos juntas frente a su abdomen y jugueteaba lentamente con sus dedos, nerviosa.

—Sabes que en realidad solo eres un agujero caliente, ¿no? —preguntó.

Orihime levantó la mirada hasta ella, preguntándose cuál había sido la necesidad de decirle eso. Si realmente no lo supiera, si en el tiempo que conocía a Grimmjow se hubiera interesado realmente por algo más serio, le habría roto el corazón.lñ

Nelliel sonrió levemente, ocasionando que sus ojos se entrecerraran un poco. Después siguió el camino hasta la puerta y cerró con firmeza, dejando tras su espalda a Grimmjow con su furia y a Orihime sintiéndose como la peor estúpida del mundo. Grimmjow bajó la mirada hasta ella, notando que se le escapaban un par de hipidos tras intentar respirar profundamente.

—Cachorrito...

—Soy una tonta —musitó—. Nunca se me pasó por la cabeza que Kurosaki-kun podría contarles que me había confesado. Seguramente le contó a Rukia-chan también, que vergüenza... Todas las veces que la saludé y le sonreí... —Se llevó las palmas al rostro, cubriendo sus ojos y enredando pequeñas porciones de cabello entre sus dedos.

—Sí hay alguien tonto, con seguridad es Kurosaki. No seas tan dura contigo misma —respondió mientras se preguntaba si debía acercarse realmente o no.

No quería que siguiera apegándose demasiado a él emocionalmente, Grimmjow no quería estar ahí siempre que quisiera llorar para ponerle el hombro, incluso aunque se había abandonado a la idea de que si no podía contra su fijación en ella, al menos iba a disfrutarla.

Era un estúpido, se dijo cuando se acercó y estiró la mano hasta rodear ambos hombros de Orihime. De inmediato la apretó contra su pecho, ocasionando que ella se acurrucara levemente cuando ni siquiera habían pasado un par de segundos.

Orihime dejó escapar un sollozo, y luego otro, y otro. Grimmjow lo entendió. No estaba llorando por Kurosaki, estaba llorando por vergüenza y humillación.

Deslizó la mano que tenía en su hombro, con muchas dudas, pero finalmente la dejó caer con toda la suavidad que pudo sobre su cabeza, acariciando levemente su cabello. Olía a duraznos. Maldita sea. Sin quererlo recordó haber sentido su perfume mientras besaba su cuello.

Que imbécil.

Orihime lloraba en su pecho y él no encontraba nada más oportuno que fantasear con comérsela.

De repente sintió que Orihime ponía distancia entre ambos con delicadeza, eso le regresó los pies a la tierra. La miró, evaluando su estado. Se había calmado un poco y se apartaba las lágrimas de las mejillas y los ojos, con esa mirada que tanto le gustaba.

—Está bien —dijo determinada, intentando por todos los medios mantenerse firme. Grimmjow notaba que le estaba costando mucho—. F-fue suficiente. Lo arreglaré de alguna manera, cuando la vea...

—Muy bien —Alzó su mano y la puso a la altura del rostro de Orihime. Ella le devolvió la mirada, viendo su palma abierta. Le tomó un momento darse cuenta de lo que Grimmjow estaba haciendo, pero finalmente chocó su palma con la de él.

Pero no apartó la mano.

Orihime le sonrió y deslizó sus dedos hasta tomar su mano.

—Gracias.

Grimmjow simplemente se quedó mirándola, preguntándose si lo estaba haciendo por lo mismo que había tomado la mano de Shūhei aquella vez o...

Era distinto.

Orihime no tenía esa mirada asustada. Había preocupación, sí, pero no estaba asustada ni daba la impresión de que quisiera seguir pegada a él.

Decidió que si profundizaba en eso, probablemente se iba a acabar arrepintiendo luego. Igual que decidió olvidarse de la escena de Nelliel, si le comenzaba a dar vueltas, su enojo iba a regresar multiplicado por diez. Aún así, sin siquiera desearlo, el desagradable rostro de Nelliel y sus palabras regresaban cada tanto.

—¿Quieres beber algo? —preguntó— Es algo tarde, podríamos hacer eso y luego ir a dormir. A menos que desees que te vaya a dejar a casa.

Orihime frunció un poco el ceño, parecía más confundida que otra cosa. Grimmjow enarcó una ceja, mientras ambos bajaban sus manos, con los dedos de ella aún tomando la suya.

—E-en realidad... No me gustaría regresar a —Se detuvo un momento, percatándose de que la mirada de Grimmjow se volvía más intensa. Siempre que la miraba de aquella forma le daba la sensación de que sabía a la perfección lo que pretendía, lo que quería, o lo que iba a hacer. De todas formas se obligó a terminar la frase— casa.

—Entiendo —respondió Grimmjow—. ¿Qué quieres hacer?

—Yo- —Se mordió el labio.

Grimmjow relajó finalmente su mano, y tomó también la de Orihime. Sin embargo, su intención era acercarla más a él.

—Creo que... —Orihime lo miró nerviosa.

—¿Qué?

—¿Podríamos... Continuar? —Se llevó la otra mano cerca de los labios, sintiendo el calor corporal de Grimmjow cerca de su pecho y brazo.

Grimmjow sonrió.

Las sonrisas de Grimmjow solían ser muy expresivas, y solían aparecer cuando desafiaba a alguien o se burlaba. Orihime, entre la confusión que su perfume y cercanía le provocaban, pudo notar que esta vez parecía más divertido y satisfecho que cualquier otra cosa.

—No soy un hombre que se haga de rogar, cachorrito —dijo, inclinándose levemente.

—Lo sé.

De inmediato Orihime se percató de lo mal que sonaba eso.

—Q-quiero decir, no me refiero a eso, no creo que seas un-un hombre que-.

—Dilo, Orihime —sonrió—. Soy muy fácil.

—Dios mío... —Ella cerró los ojos con fuerza, avergonzada.

—No me importa si eres una mujer devota o no —bromeó—. Pero mientras te bese y toque —Deslizó su mano libre hasta su cintura—, vas a decir mi nombre. Siempre. ¿Entiendes?

Ella asintió a duras penas.

Grimmjow movió su mano para deshacerse de la de Orihime, y la subió hasta tomar su rostro. La otra que estaba en su cintura se movió por su espalda hasta el borde de su vestido, que recorrió acariciando a la vez su piel hasta llegar a su pecho. Se inclinó hasta llegar a sus labios y la besó, abriendo su boca, al mismo tiempo que acariciaba su mandíbula y llegaba hasta su nuca para mantenerse ahí.

Orihime dejó caer su mano cerca de su pecho, sintiendo en la punta de sus dedos el borde de la camisa, justo la parte que Grimmjow había llevado abierta toda la noche.

Siguió besándola, esta vez lento, saboreando su boca. Era cálida, ya no tenía rastros de vino ni ningún otro sabor, solo estaba el de ella. Grimmjow besó su labio inferior y lo mordió, tirando de el. Después de unos segundos, Orihime hizo lo mismo, causando que se alejara un momento para mirarla.

Orihime rió nerviosa.

—Creí que...

—Creíste bien.

Grimmjow se acercó y le dio un breve beso en los labios.

—Vamos.

—¿A- a dónde? —preguntó.

—A mi habitación, amor —Grimmjow se movió hasta su lado y puso su mano en su espalda baja, incitándola a avanzar—. Ve primero. Ya sabes en dónde está.

Orihime asintió una vez más y se dirigió por el pasillo hasta su habitación. Grimmjow se acercó hasta el pilar de la cocina, y apagó todas las luces que estaban encendidas.


Orihime soltó un suspiro, sintiendo las calientes manos de Grimmjow recorrer su cuerpo, pasando entre sus pechos, yendo por su abdomen y deslizándose por su pierna, hasta que la enganchó por encima a su cadera. Ella entendió que debía dejarla ahí, mientras Grimmjow se acercaba a su cuello y movía sus dedos por el borde superior del vestido.

Grimmjow recorrió su piel con su nariz y subió hasta llegar cerca de su oído.

—Vamos a descubrir qué es lo que te gusta, amor —dijo—. Así que, si algo te incomoda, o te gusta, tienes que decirme —Mordió su oreja, ocasionando que soltara un quejido—. ¿Escuchaste?

—S-sí, Grimmjow.

—Muy bien —Besó su mejilla.

La miró de reojo, buscando sus ojos, y notó que ella le regresaba la mirada. Aprovechando eso, sonrió y se movió, poniendo atención en que su mirada se mantuviera sobre él, y tiró de su vestido hasta dejar sus pechos a la vista. Llevaba un sostén strapless, que sinceramente lo dejó impresionado por la forma tan increíble que le daba a sus pechos.

Volvió a mirarla, notando que su respiración se descontrolaba aún más. Grimmjow acercó su boca a sus pechos y comenzó a besarla recorriendo toda la zona, sin intenciones de quitarle el sostén todavía. Llevó su mano hasta su falda y recorrió con delicadeza su muslo, de ida y de vuelta, apretando de vez en cuando, e introduciendo los dedos cada vez más bajo la tela, consiguiendo que subiera hasta que se enrolló sobre su abdomen.

—Espera... —Orihime puso la mano sobre la suya cuando él deslizó la mano bajo el vestido.

—¿Qué?

—No quiero que seas el único que haga algo —confesó avergonzada—. E-eséñame, dime qué debo hacer.

Grimmjow ladeó la cabeza y se posicionó nuevamente sobre ella, quedando con su mirada a la altura de la de Orihime.

—Eso me tienta —dijo—. Pero hay algo que ocurre muchas veces cuando te acuestas con alguien, y eso es que no se preocupan por tu placer —Movió su mano hasta sus costillas, acariciando la curva de su cintura por sobre el vestido arrugado—. Así que lo primero es... Hacer que disfrutes. Esa siempre debe ser tu prioridad. Ya habrá otra oportunidad para guiarte.

Orihime abrió los labios, mirándolo intensamente.

—¿Seguro?

—Orihime —dijo seriamente—. Si algo va a salir de tus labios, haz que sean gritos de placer.

Grimmjow tomó las manos de Orihime y las presionó por las muñecas contra la cama. Con la otra mano le abrió la boca y se metió en ella, al mismo tiempo que acomodaba sus piernas para que quedaran tan cerca como fuera posible de las de ella. Debido a la presión ella tuvo que mantenerlas flexionadas a cada lado de su cadera.

Grimmjow regresó la mano hasta su abdomen, encontrándose con el borde de sus medias. Las había olvidado por completo.

—Mierda —gruñó Grimmjow, pensando un segundo lejos de ella y volviendo a besar su rostro, bajando por su cuello—. Voy a conseguirte otras.

—¿Qu-?

Orihime soltó un jadeó cuando Grimmjow se enderezó rápidamente, soltando sus muñecas, para llevar ambas manos al inicio de las medias y separar la tela. En un segundo Orihime sintió el ruido que hacía al rasgarse, de los hilos cortándose y la fuerza del movimiento levantando levemente su trasero. Observó con el rostro rojo cómo dejaba totalmente al descubierto su piel y sus bragas justo en la parte del centro.

Grimmjow le dirigió la mirada y sonrió.

Orihime sentía que su corazón se salía de su pecho, ver a Grimmjow destrozar la tela, con sus músculos tensándose suavemente y el cabello cayéndose justo en su frente, le habían provocado un retorcijón suave y luego intenso, que causó el deseo de que le quitara todo. Absolutamente todo.

Se preguntó si debía avergonzarse por pensar eso, siendo que al fin y al cabo, estaban teniendo sexo.

—¿En qué piensas? —Grimmjow frunció el ceño— No pienses.

—¿Podrías...? —Orihime suspiró, intentando controlar su voz para darse a entender perfectamente. Se levantó y se apoyó en sus antebrazos— ¿Podrías hacerlo de nuevo?

Grimmjow enarcó una ceja.

—¿Esto?

Tomó una porción de la zona de su muslo e hizo lo mismo, escuchando el jadeo que salió de sus labios en cuanto la tela rasgada rozó su piel. Grimmjow sonrió.

—Es una fijación muy interesante.

Grimmjow puso la palma en su pecho, echándola hacia atrás. Orihime se dejó caer en la cama nuevamente, mientras las grandes manos de Grimmjow rompían la parte de su otro muslo. Orihime suspiró.

Grimmjow le ofreció las manos, y Orihime lo miró sin comprender. De todas formas las tomó y él la hizo sentarse un poco, lo suficiente como para tomar el vestido desde abajo y quitarlo. Cuando salió por completo, Grimmjow notó especialmente la forma en que su cabello volvía a esparcirse por todas partes en su cuerpo. Por sus pechos, por sus brazos y un mechón de cabello se enganchó a su rostro. Grimmjow lo movió hasta su oreja, mientras se inclinaba para besarla nuevamente al mismo tiempo que tiraba su vestido sobre la cama.

Orihime se mantuvo en el mismo lugar, sosteniéndose en sus propias manos gracias a que él deslizó una de las suyas hasta su espalda. Bajo sus dedos estaba el broche de su brasier, y su cabello le hacía cosquillas en el dorso de la mano. Mordió sus labios y se movió para besar su cuello y luego su hombro. Orihime suspiró y jadeo mientras mordía su piel con suavidad. Su otra mano la llevó hacia su abdomen, donde acarició su piel con su pulgar, haciendo círculos, hasta que decidió seguir bajando. Deslizó la mano por su cadera y el pulgar por la figura que hacía su ropa interior.

Grimmjow regresó a sus labios y mientras Orihime se perdía en la intensidad de su beso, él soltó su brasier de un solo movimiento. Inmediatamente Orihime reaccionó, alejándose y sosteniendo a penas la prenda contra sus pechos con una mano.

—Y-yo... —respiró profundamente, mirándolo con arrepentimiento.

—Está bien —respondió—. Ahora quita tus manos.

—Me da mucha vergüenza —confesó en un susurro.

—La vergüenza se va.

—Pero y si... ¿No te gustan? —preguntó, mordiéndose el labio, ansiosa.

Grimmjow gruñó levemente, desesperado con su pregunta, su tono y la forma en que lo miraba, como si en serio pudiese no gustarle algo de ella.

—Cierra la boca —contestó—. Te dije que eres la mujer más atractiva que he conocido, no hay nada que pueda no gustarme. ¿Ves esto? —Grimmjow llevó la mano hasta su abdomen y tomó entre sus dedos un pequeño rollito que Orihime no había notado que estaba ahí, por la forma en que se sonrojó— Es lindo.

Grimmjow deslizó la mano hasta sus muslos, por el lado exterior, y la hizo mirar donde le indicaba..

—No has dicho nada por esto, cuando a la mayoría de mujeres las acompleja —En su piel habían un par de estrías que cruzaban su pierna hacia su trasero—. Pero no hay ningún problema, porque no tienes que ser la puta perfección que aparece en los anuncios de internet. ¿Entiendes?

Orihime lo miró, sonrojada pero arrepentida de haberlo cuestionado. Lo peor era que había dudado de sí misma, era eso lo que precisamente ya no quería hacer, ni de sus capacidades ni de su cuerpo.

—L-lo lamento...

—Claro que vas a lamentarlo —respondió, poniendo sus dedos en su pecho para hacerla bajar otra vez—. Permiso.

Orihime ladeó levemente la cabeza, preguntándose a qué venía lo último que había dicho. Pronto lo descubrió, cuando Grimmjow volvió a romper algo, pero esta vez no eran sus medias, que en realidad ya no quedaba por donde destrozarlas en la parte de al frente. Ella sintió con mucho horror como el movimiento era nuevamente en su ingle, notando que se había quedado sin bragas. Grimmjow siguió rompiéndolas hasta que pudo sacarlas por completo de su cuerpo.
Cuando tuvo la prenda entre sus manos, Grimmjow la miró. Al notar su expresión al límite de la vergüenza sonrió. Orihime ya no sostenía el brasier en sus pechos, pero aún estaba ahí, así que lo quitó bajo la atenta mirada de ella.

Tras tirarlo por ahí, sin decir nada y sin apartarle la mirada, movió sus manos por su cuerpo, recorriendo su cintura, sus caderas, rozando el borde de sus pechos y tomando uno con su mano en el proceso. Ella gimió, cerrando los ojos con fuerza y sintiendo cada movimiento sobre su seno. Después de unos segundos en los que tomó su pezón entre sus dedos y jugó con el, Grimmjow deslizó su otra mano entre sus muslos, apretando ligeramente. Orihime siguió jadeando y suspirando, y un gemido más fuerte salió de sus labios cuando Grimmjow deslizó sus dedos en su entrepierna. Lo hizo lento, sintiendo el calor, la enorme humedad y la forma bajo sus yemas. Cuando movió sus dedos hacia arriba, rozó suavemente su clítoris, ocasionando un movimiento más brusco en el cuerpo de Orihime. Ella abrió los ojos, dirigiéndole la mirada y recibiendo una pequeña sonrisa de inmediato.

Grimmjow repitió el movimiento una vez más y entonces comenzó a mover sus dedos dibujando círculos alrededor de su clítoris. Un sinfín de gemidos comenzaron a salir de los labios de Orihime, de pronto algunos eran más altos y agudos que otros, pero absolutamente todos lo tenían vuelto loco. Se inclinó sobre el cuerpo de Orihime una vez más, sin detener el movimiento de sus dedos. Orihime estaba muy mojada, de vez en cuando recorría toda su extensión y luego regresaba, todo mientras se acercaba a su rostro, apoyando el antebrazo en la cama, cerca de su mejilla.

Orihime tenía los ojos cerrados nuevamente, sintiendo cada descarga de placer y el caliente cuerpo de Grimmjow cerca. Creía que no podía sentirse más en el cielo. Su mente estaba nublada, apagada, y solo su cuerpo y sus gemidos reaccionaban ante las caricias de Grimmjow. Casi no podía moverse a voluntad, ni siquiera podía escuchar realmente sus propios gemidos.

Él la miró, fijándose sus labios entreabiertos y su respiración apresurada. Se acercó y dejó un beso en sus labios, luego en su mandíbula y recorrió el camino por su cuello hasta finalmente llegar a su pecho. Por un segundo aumentó la velocidad, sintiendo las manos de Orihime aferrarse a sus hombros mientras sus caderas seguían inconscientemente el movimiento. Ella le enterró las uñas, y él abrió la boca para tomar uno de sus pechos.

Orihime gimió con fuerza, con cierta desesperación, mientras Grimmjow deslizaba su lengua alrededor de su pezón. Por un momento se alejó, sintiendo las piernas de Orihime aferrarse a los costados de su cuerpo. Una sonrisita nació en sus labios, y mordió con suavidad su pecho, arrancándole otro alarido. Siguió mordiendo con la misma delicadeza hasta que llegó de vuelta a su pezón, que también mordió.

—¡G-Grimmjow! —Y luego suspiró.

—De eso hablaba —susurró, deslizando sus dedos en su intimidad buscando su entrada. Con la facilidad que la humedad le permitía, metió uno de sus dedos, ocasionando que Orihime volviera a mirarlo.

Él la ignoró, desplazándose hacia su otro seno, metiéndoselo en la boca al instante.

—Grimmjow —jadeó.

Movió otro de sus dedos dentro de ella, sintiendo el maldito calor salido del mismo infierno que podía sentir a través de ellos. El deseo de seguir escuchando sus gemidos, pero esta vez mientras él estuviera dentro de ella, crecía cada vez más. Sintió la saliva acumularse dentro de su boca, viéndose obligado a tragar para seguir atendiendo su pecho.

Orihime gimió, sintiendo sus dedos, pero por supuesto la intensidad había bajado. No había comparación entre el movimiento de sus dedos dentro de ella y el de sus dedos sobre su clítoris. Así que los sacó, empapados un poco más allá de la mitad con sus fluidos, y regresó a su clítoris para seguir haciéndola gritar. A penas la tocó por unos segundos y el volumen en sus gemidos aumentó otra vez. Grimmjow despegó su antebrazo de la cama y comenzó a bajar, apoyándose en su mano para alcanzar a besar su abdomen.

De pronto sintió una mano de Orihime en su cabello, y un pequeño tirón inconsciente de su parte que le provocó un escalofrío que le recorrió todo el cuerpo.

—L-lo siento...

Le tomó el brazo por un momento para evitar que alejara su mano, deseando que lo hiciera las veces que fueran necesarias. Volvió a apoyarse con la misma mano cuando ella se quedó ahí.

Grimmjow aumentó la velocidad y sintió las piernas de Orihime tensarse, luego soltar y repetir todo una vez más. Sus gemidos fueron aún más recurrentes, y supo que estaba en pleno orgasmo cuando ella tiró de su cabello, luego movió la mano hasta su hombro y apretó. Su mirada se dirigió a la cama, en donde la otra mano de Orihime presionaba con fuerza. Grimmjow se apoyó en su mano, alejándose del cuerpo de Orihime mientras veía su cadera moverse.
Se detuvo por un momento, mirándola. Una sonrisita tiró de sus labios y volvió a mover sus dedos.

—¡Grimmjow! —exclamó.

Orihime apretó los ojos con fuerza, al igual que su muñeca.

—Bien —rió, alejando la mano de su entrepierna.

Regresó para estar a la altura de su rostro, presenciando el movimiento acelerado de su pecho a causa de su respiración. Llevó una mano a su rostro, acariciando levemente su mejilla. Justo en ese momento ella abrió los ojos otra vez, y el brillo increíble de sus ojos lo hizo sentir dichoso. Probablemente ese no había sido el primer orgasmo de Orihime, confiaba en que ella se había tocado alguna vez antes al menos, pero era muy diferente masturbarse a sentir las manos de alguien más tocando. Si no era su primer orgasmo, seguramente había sido uno de los mejores, y solo el primero de muchos que iba a causarle.

—Hiciste lo que te pedí —dijo cerca de su boca.

—¿Qué... Qué cosa? —preguntó con dificultad.

—Realmente fueron gritos —Hizo especial énfasis— de placer.

Ella se mordió el labio, avergonzada.

—¿Fue... demasiado?

—Nunca es demasiado —Deslizó la mano hacia su nuca y la besó—. Veremos si hay diferencia cuando esté dentro de ti.

—¿D-dentro? —tragó en seco.

Grimmjow rodó los ojos, viéndose tentado a preguntarle una vez más si iba a repetir todo lo que le decía. Sin embargo, decidió enderezarse y extender los brazos un momento, mostrándole su cuerpo.

—Sigo con esta maldita ropa, esto no termina todavía.

Grimmjow se apartó y se puso de pie, dirigiéndose al cajón de la mesita de noche en busca de un preservativo. Lo tiró en la cama mientras veía de reojo como Orihime dejaba caer sus piernas, la una contra la otra, y luego bajarlas al colchón temblorosamente. Sonrió mientras se quitaba la camisa por la cabeza, evitando la perdida de tiempo de desabrochar los botones uno por uno. Desenganchó el cinturón y desabrochó el botón del pantalón para bajarlo y quitarlo junto con sus boxers, zapatos y calcetines.

Dejó todas las cosas en el suelo y se llevó la mano al cabello, peinándolo descuidadamente. Al mismo tiempo, Orihime se volteó a mirarlo, y el mismo color intenso que tenía en sus mejillas mientras tenía el orgasmo, regresó.

Grimmjow la miró divertido cuando empezó a, prácticamente, hiperventilar.

Se acercó y tomó el condón en el camino, y sin decir nada lo abrió para ponerlo en su pene, al mismo tiempo en que se subía a la cama. Cuando terminó de deslizarlo, Grimmjow se acomodó entre las piernas de Orihime, que lo miraba nuevamente cohibida.

—¿Qué ocurre? —preguntó, exhalando con fuerza mientras se inclinaba hacia su cuello, dejando besos por todos lados.

Orihime suspiró, dejándose llevar de a poco.

—Nada...

—Esto va a ser difícil, amor —dijo acercándose a su oído y luego alejándose para mirar sus ojos—. Estás tan mojada que quizás no se complique tanto, pero ya que es la primera vez, de todas formas tendrás que aguantar un poco —explicó.

—¿Dolerá...? —Preguntó.

—Seguramente. Según Rangiku arde, un poco —respondió.

Orihime asintió, cerrando los ojos y tomando una bocanada de aire bajo la mirada fija de Grimmjow. Cuando ella los abrió, Grimmjow ya se había inclinado hacia su hombro. Él puso su mano ahí mismo y luego recorrió un camino por su brazo, de regreso a su hombro y después por el costado de su cuerpo, presionando con firmeza la piel de su cintura y cadera. Volvió a tomar uno de los pechos de Orihime en su boca, deslizando su lengua y besando una y otra vez.

Grimmjow movió sus manos, poniendo el peso de su cuerpo en sus rodillas, para tomar las piernas de Orihime y acomodarlas sobre las suyas. Se apoyó con una de sus manos mientras llevaba la otra por su ombligo y luego hacia su entrepierna, pero en lugar de tocarla a ella, tomó su pene desde la base y lentamente comenzó a moverlo, haciendo el mismo camino que sus dedos antes, hacia arriba y luego hacia abajo.

Orihime suspiró, temblando ligeramente.

Grimmjow siguió así un tiempo más, hasta que lo posicionó en su entrada y presionó suavemente por un momento. A ella pareció no importarle, pero hizo lo mismo de nuevo, lo movió de arriba hacia abajo y volvió a presionar. Esta vez, sintió un quejido salir de su boca al mismo tiempo que se tensaba.

Repitió lo mismo durante un tiempo, oyendo los suspiros de Orihime, hasta que decidió que se había relajado lo suficiente como para intentarlo de nuevo.

—Respira profundo.

Ella de inmediato obedeció, y mientras lo hacía, él se deslizó dentro, causando un alarido un poco más fuerte.

—R-Rangiku-san... Tenía razón —respiró profundamente una vez más, mirando a Grimmjow que se había detenido dentro de ella.

Orihime se detuvo a pensar un momento.

Oh dios, estaba dentro de ella.

Grimmjow se movió un poco más y ella sintió la presión, el ardor un poco más, sacándole gemidos incómodos. Pero podía sentirlo dentro, y un latido, algo dentro de ella que no podía definir a quién pertenecía.

Grimmjow volvió a estirarse sobre ella, y se acercó a besarla. Casi de inmediato olvidó el ardor, entregándose al lento beso que le estaba dando. Sin pensarlo en absoluto, Orihime movió sus manos hasta el rostro de Grimmjow mientras se lo regresaba tan encarecidamente como podía. Le costaba todavía, pero si se concentraba en lo que sentía en lugar de seguirlo, había descubierto que era menos complicado. Era justo como había dicho él, solo debía relajarse. Había sido complicado al inicio, pero ahora...

Grimmjow movió su mano hasta su pecho, y extendió su palma todo lo que pudo sobre el. Sus dedos rozaban sus clavículas y su meñique el nacimiento de sus pechos. Orihime movió sus manos a sus hombros, y entonces sintió que Grimmjow empujaba dentro de ella.

—¡Dio-! —Se separó un segundo, pero Grimmjow volvió a besarla para cubrirle la boca. Orihime lo sintió alejarse y comenzó a respirar profundamente.

Había sido demasiado, un dolor intenso acompañado de un ardor horrible, que estaba segura de que pudo haber sido peor. Sus ojos se pusieron brillantes por culpa de unas lágrimas que no alcanzaron a formarse del todo. Tras un momento el dolor disminuyó, aunque aún estaba. Deslizó las manos hasta los antebrazos de Grimmjow cuando él se alejó para observarla.

—Ibas a decir dios, otra vez —dijo, intentando captar su atención.

Orihime asintió, sonriendo a penas, nerviosa.

—S-sí —Inhaló profundamente una vez más.

—Dime cuando estés lista.

Ella asintió otra vez.

Grimmjow comenzó a mover su mano lentamente por su cuerpo, recorriendo toda su extensión con tal de ayudarla a relajarse. De pasada se quedó observando sus pechos, eran preciosos, al igual que su abdomen, que tenía una leve curva. Muy adorable. Deslizó sus dedos, cruzando por su ombligo. Tenía un pequeño lunar sobre su costilla izquierda, y otro en su antebrazo derecho.

—Grimmjow... —susurró, captando su mirada al instante— E-estoy lista.

Grimmjow la vio morderse el labio con nerviosismo.

—Puedes arañar todo lo que quieras —dijo, antes de moverse dentro de ella.

La vio fruncir el ceño, incomoda, sintiendo aún algo de dolor, y por lo mismo procuró no ser demasiado brusco.

Puso sus manos en sus caderas, y siguió deslizándose dentro con cuidado, sintiendo lo caliente que era y a la vez preocupándose por su expresión.

Eventualmente parecía que el dolor era mínimo, y su rostro se había relajado. Intentó hacerlo más rápido, y se sintió satisfecho cuando ningún quejido salió de sus labios. Solo suaves jadeos.

Comenzó a introducirse dentro de ella con lentitud pero profundamente, de vez en cuando soltaba quejidos, pero eran opacados por los gemidos que pronto empezaron a aparecer.

—Oh- —Grimmjow sabía lo que le seguía a eso— Grim-mmjow —Gimió.

Eso era un avance. Como recompensa, se movió con más rapidez, escuchando al instante los jadeos, gemidos y suspiros que le dio en respuesta. Ella deslizó las manos sobre las suyas, que la sostenían por la cadera, y apretó ligeramente. Grimmjow le regresó el apretón sobre su piel, y escuchó un jadeo en especial salir por eso. Grimmjow pasó la mirada por todo su cuerpo mientras la embestía una y otra vez, gracias al movimiento sus pechos le seguían el ritmo y no pudo evitar quedarse ahí unos segundos más.

Con sus manos levantó sus caderas, haciendo que entrara directamente y por ello un gemido mucho más fuerte salió de sus labios.

Grimmjow sonrió y justo después se mordió el labio inferior, manteniéndola a ella en la misma posición solo para hacerla gritar.

—¡A-ah!

Orihime intentó tragar la saliva que había acumulado sin darse cuenta, y luego regular su respiración. Sin embargo Grimmjow se lo hizo imposible, cambiando el ritmo de las embestidas de repente. Comenzó a hacerlo más lento y profundo, como en un principio, y luego más rápido. Orihime lo miró desde su lugar, a penas pudiendo mover la cabeza. Su maldita mirada lasciva lo prendió, como ninguna otra cosa lo había hecho antes. Así es como había querido verla hace tiempo, enloqueciendo por la forma en que su pene se introducía en ella, por sus manos que la sostenían con fuerza y la promesa de que habrían muchas más noches así a partir de ese instante. Grimmjow hizo una mueca, parpadeando un momento, notando que se había quedado pegado en su mirada, hasta que a ella le fue imposible mantenerla y echó su cabeza hacia atrás lo poco que el colchón se lo permitía.

Grimmjow sintió la presión de sus piernas a sus costados y sus uñas arañando sus brazos, una vez más, sabiendo que no pretendía hacerlo realmente. Los impulsos que se tenían cuando se sentía placer eran difíciles de controlar, si no imposibles, sobre todo si eran las primeras veces. Luego de muchas veces, el sexo debía ser demasiado bueno para conseguir nublar totalmente la cabeza de una persona.

—Amor.

—¿S-si?

—Podría hacerte esto durante meses.

Grimmjow sintió una presión alrededor de su miembro, y la miró divertido, pero no lo mencionó.

—¿Estás bien?

—Si... —Grimmjow vio una pequeña sonrisita escaparse de sus labios antes de que la penetrara con un poco más de fuerza y gimiera fuertemente como respuesta— ¡Grimmjow!

—Oh, lo sé, amor —dijo con voz extasiada. Sintió un cosquilleo en su mejilla, y apartó una de sus manos de ella para deslizar su brazo por su rostro. Estaba sudando—. Esta fue la maldita mejor decisión de nuestras vidas.

Orihime abrió los ojos y lo miró, una vez más, percatándose de su enorme sonrisa. Algo dentro de ella se movió, junto con la forma en que había dicho eso, su corazón había dado un vuelco. De pronto lo sentía latir en sus oídos y el sonrojo quemándole las mejillas. Grimmjow entrecerró los ojos, percatándose de ese detalle para después regresarle la mirada.

Ese momento se le hizo eterno, pero no fueron más que un par de segundos antes de que tuviera que gemir de nuevo.

De repente Grimmjow puso una de sus manos en su abdomen, y deslizó su palma por su piel. Sintió la humedad provocada por las pequeñas gotas de sudor que comenzaban a acumularse, y entonces decidió que era suficiente. Hace unos momentos atrás, había comenzado a sentir el familiar tirón en su abdomen, aquella presión que se instalaba antes de terminar. Aún podía soportarlo, pero no estaba seguro de que fuera lo mejor, si bien a ella no le dolía en el momento, probablemente lo iba a hacer luego. Y si abusaba demasiado, iba a hacer que su dolor aumentara en vano.

Por eso llevó su mano nuevamente a su entrepierna, y mientras la embestía, con el pulgar comenzó a hacer círculos nuevamente. De inmediato la sintió temblar bajo sus manos. Orihime movió sus brazos, en busca de un lugar para apretar con sus manos, y pasó de sus brazos a la mano en su cadera y luego a las mantas de la cama.

—¡Grimmjow! —exclamó.

Grimmjow apretó la mandíbula, sintiendo la presión de las piernas de Orihime a su alrededor al mismo tiempo que lo presionaba al interior.

—¡Mierda!

Grimmjow movió rápidamente la mano en su clítoris para posarla sobre su cadera, y tomándola de ambos lados presionó sus dedos, sintiendo cómo se corría ante las últimas embestidas justo después de que lo hiciera ella.

Aflojó el agarre sobre ella y echó la cabeza hacia atrás un momento, enderezándose a la vez. Respiró profundamente y soltó el aire, sintiendo su pecho moverse rápidamente junto con los latidos de su corazón.

Volvió a mirarla un momento después, notando que se había cubierto el rostro con el antebrazo. Solo podía ver sus labios, y ese hecho era muy tentador. Estaban un poco hinchados, la había visto morderse los labios un par de veces y él también lo había hecho cuando la había besado. Grimmjow deslizó sus manos suavemente por sus muslos, sintiendo un suave temblor nacer a raíz de su tacto.

Luego tomó una de sus piernas y con cuidado la hizo pasar justo frente a su rostro, para dejarla descansar junto a la otra. Ante el movimiento Orihime soltó un quejido. Para que estuviera más cómoda, se dejó caer, sentándose un poco más a la derecha en la cama.

—Hey, amor.

Orihime dudó un momento, pero apartó el brazo de sus ojos y lo miró, al mismo tiempo en que lo dejaba descansar sobre sus costillas.

Grimmjow le dedicó una sonrisa.

—Vas a estar bien —dijo—. Aunque quizás deberías agradecer que mañana no hay clases.

Orihime, sin saber muy bien que responder, simplemente soltó una risita. Grimmjow reconoció de inmediato el nerviosismo.

—E-es cierto...

—Descansa mientras. Iré al baño.

Grimmjow se puso de pie, apartándose de la cama y revolviéndose el cabello de la nuca, mientras caminaba hacia el pasillo. Orihime lo miró de reojo, y de inmediato su mirada se ancló a su trasero.

Dios, tenía unos muslos muy fuertes también. Claro que sí, se sintió estúpida cuando pensó en que debía ser obvio. Grimmjow entrenaba varios días a la semana en el gimnasio, y los únicos motivos de falta que había tenido habían sido seguramente por certámenes. Quizás durante la semana le había preguntado a Sado si podía ver los registros...

Orihime cerró los ojos con fuerza y se cubrió el rostro.

—No recuerdes eso, no recuerdes eso —Su voz salió aguda, casi como si gritara en volumen bajo.

Escuchó un ruido a lo lejos y la puerta del baño cerrarse. No podía mirarlo de nuevo cuando regresara, recordó, si no inevitablemente su mirada iba a desviarse una vez más a su entrepierna.

Todo el color que se había ido durante los segundos en que estuvo tranquila, regresó, atormentándola cuando Grimmjow entró de nuevo en la habitación. Para su mala suerte, él se quedó de pie en el umbral un momento.

—Es posible que después de tener sexo te de hambre, o...

—¿Sueño? —susurró, luchando por mantener la mirada fija en la de él.

—Sí, sueño —dijo—. Me imagino que no tendrás problemas en compartir la cama.

Grimmjow sonrió mientras se acercaba, y notó la sonrisa de ella antes de agacharse para recoger su ropa interior. Rápidamente se la puso, enderezándose y echándose el cabello hacia atrás.

—Creo que deberías ir al baño, antes de dormir. Los fluidos y el sudor son enemigos de la comodidad.

—Tienes razón —Orihime suspiró. Se tomó unos segundos antes de intentar levantarse. De inmediato Grimmjow se acercó cuando la vio tambalearse, apoyando una rodilla en la cama, le tomó el brazo para mantenerla sentada—. Gracias.

Grimmjow rió.

—Tengo algo de culpa.

Orihime bajó la mirada, avergonzada, mientras lo sentía sacudir la cabeza con diversión. Con ayuda y dificultad logró ponerse de pie, siendo seguida por Grimmjow, que la miraba desde atrás.

—¿Puedo tomar un baño?

Justo después de formular su pregunta, se tambaleó levemente y Grimmjow la mantuvo en su lugar sosteniéndola de la cintura con ambas manos. Aprovechando el momento, de acercó a su espalda y a su oído.

—No necesitas preguntar eso, cachorrito.

Orihime asintió, mirándolo de reojo un momento. Grimmjow se la mantuvo.

—Vamos, eres un desastre.

—¿Qué?

Sin decir nada más, Grimmjow se acomodó a su costado y la elevó en sus brazos, sentándola encima y haciendo que ella le rodeara el cuello. Orihime dejó de respirar por un segundo, pero Grimmjow no lo notó, simplemente la llevó hasta el baño, haciendo el momento más rápido para ambos.

Ella, sin embargo, una vez más sentía que su corazón se salía de su pecho.


Apoyado en la puerta, Grimmjow oía atentamente el ruido de su ducha. El agua cayendo como lluvia sobre el cuerpo de Orihime que ahora podía imaginar a la perfección.

Acababa de coger con Orihime. Tenía que aplaudirse a sí mismo por esa hazaña, que francamente no pensó que ocurriría, ni que dejaría que ocurriera.

Dejó caer su cabeza en la puerta, soltando un gruñido de frustración mientras miles de pensamientos se le cruzaban uno tras otro.

Igualmente podía hacerse el estúpido, nadie iba a culparlo por eso. Porque todo eso que corría por su mente no era algo a lo que pudiera —ni quisiera— enfrentarse en ese momento, y esperaba que tampoco en mucho tiempo más.

El agua se detuvo de repente, y despegó la espalda de la puerta. Se dio la vuelta lentamente, apoyando una mano con un aire de derrota en el marco de la puerta.

—Las toallas están en el mueble, junto a la ducha.

—Okei —canturreó.

Un rato después escuchó un ruido, y luego la puerta se abrió un poco. Solo alcanzó a ver el rostro sonrojado de Orihime, una parte de su hombro y la toalla que aferraba insistentemente a su cuerpo. Supo sin que abriera la boca de qué se trataba todo eso.

—Yo mismo te quité la ropa, no te atrevas a decirme que quieres que te traiga algo para vestirte.

—Pero...

—Si quieres no voy a mirarte, pero puedes salir con la toalla simplemente.

Orihime asintió después de un momento y abrió lentamente la puerta, permitiéndole verla por completo. Se había amarrado el cabello y unas pocas gotas de agua le recorrían el cuello gracias a un mechón de pelo que se había mojado.

—Adelante —Se apartó un poco para permitirle pasar, pero solo lo suficiente para que pasara. Mientras le rozaba el costado con su brazo desnudo, Orihime alzó la mirada para dar con la suya.

Iba a mentir si decía que no le había mirado el trasero envuelto en la toalla cuando se alejó. Se aseguró de dejar todo apagado en el baño y la siguió. Ella estaba junto a la cama, y él sin decir nada pasó de largo hasta la cama, abriendo las mantas y estirándose boca arriba. Aún con los ojos cerrados, podía sentir los movimientos llenos de duda de Orihime, el roce de la tela, y también cuando tomó su cabello y lo desamarró para que cayera sobre su espalda envuelta en la camiseta que se había encargado de dejar antes sobre la cama.

Luego escuchó sus pasos y la cama cediendo ante su peso desde el otro lado.

—¿Están mejor? —preguntó, y ante el silencio decidió aclararlo—. Tus piernas, ¿aún molestan?

—Oh, no. Solo las siento un poco acalambradas.

—Quizás mañana vas a desear no sentirlas.

—¿Quizás... Podrías ayudarme?

Grimmjow abrió los ojos al mismo segundo en que acabó de procesar su pregunta. Entrecerró los ojos cuando se encontró con la sonrisa nerviosa de Orihime.

—La única forma de ayudarte es hacer que te acostumbres —Se volteó en la cama para quedar de costado—. ¿Estás segura?

Orihime sacudió la cabeza.

—O-olvídalo —Y se arrastró dentro de la cama, acostándose y cubriéndose el rostro con el cabello sin quererlo.

Grimmjow decidió molestarla, y movió su mano para apartarle los mechones de la cara. Cuando sus mejillas se tornaron rojas, Grimmjow supo que no era su en sí tacto, sino lo que le traía a la memoria.

Inevitablemente soltó una risa y se apartó.

—Tienes agallas para seguir avergonzándote de esa manera.

Grimmjow volvió a mirar al techo, sintiendo el frío en su piel, aumentando poco a poco. Estaban en la temporada helada aún, cosa que a ninguno le había importado mientras tenían sexo, pero ahora que estaban descansando, seguramente ella también lo habría sentido.

De un movimiento se cubrió y apagó la luz de la habitación, agradeciendo que tenía un interruptor junto a la cama.

—Que tengas lindos sueños, cachorrito.

Orihime se tensó a su lado y Grimmjow volvió a reír. La estaba provocando. Sin embargo fue un arma de doble filo, la alusión a los sueños le trajo el recuerdo reciente de Orihime entregada al placer bajo su cuerpo. Y así estuvo, durante lo que le parecieron horas, y sabía que Orihime se encontraba en una situación parecida. Podía sentir su respiración pesada a su lado, lo desconcentraba y se preguntaba si estarían pensando lo mismo.

No quería hablarle, no quería acercarse, pero una y otra vez se imaginaba tomando su muñeca y acercándose a ella para besarla, o para ponerse sobre ella y sentir su piel otra vez. Grimmjow esperaba que eso ocurriera, pero no que no le permitiera ni siquiera dormir.

—Cachorrito.

Por un momento dejó de respirar. Grimmjow se volteó a mirarla, encontrándose con sus ojos fijos en él.

—Grimmjow...

—¿No puedes dormir? —enarcó una ceja.

Orihime negó con la cabeza al mismo tiempo que apretaba los labios.

—Tampoco me lo estás dejando fácil.

Grimmjow dio la vuelta una vez más, apoyándose en su costado, y se acomodó lentamente cerca de ella. Sintió como la respiración le temblaba gracias a su sola cercanía.

—¿Recuerdas que dijiste que ibas a besarme? —preguntó de repente, haciendo que ella lo mirara con curiosidad.

—¿En... La universidad?

Grimmjow asintió.

—Aún no lo haces.

Orihime bajó la mirada un momento, acurrucada bajo las sábanas. Grimmjow la vio morderse el labio y pensar, y pensar y pensar, hasta que decidió volver a mirarlo. Creyó que iba a ponerle alguna excusa, pero esa fue una de las tantas veces que Orihime logró sorprenderlo.

Con cuidado, temblorosa, subió su mano hasta arrancarla de la calidez de las mantas y puso su palma en su mejilla. Luego se movió, impulsando suavemente su cuerpo hacia arriba hasta que estuvo muy cerca de sus labios.

Casi los rozaba. Su respiración chocaba junto a su nariz.

—Eres una maldita —Sonrió junto a su boca—. Hazlo.

Orihime hizo a penas un suave movimiento afirmativo con la cabeza antes de deshacer el espacio entre ambos. En cuanto Grimmjow sintió los labios de Orihime en los suyos, se movió para deslizar su mano por debajo de las sábanas hasta su cintura, y la acercó tanto como le era posible.

No iba a darse un momento para pensar en lo íntimo que era simplemente besarse en su cama con ella, de esa forma, incansablemente. Grimmjow iba a pasarse hasta el amanecer si era necesario pegado a su boca, sin pensar en la inmediata adicción que sus labios le habían provocado.


PD: Me gustan los capítulos de puro sexo, you can see~. Igual, tiene que ver con que nueve mil palabras me parecen suficientes para un capítulo, si no, esto no sería casi completamente de Grimmjow comiéndose a Orihime.