Advertencias: OoC. Escena subida de tono~.
Respuesta al comentario de Elena: ¡ELEENAAA! Me alegra que hayas decidido dejarme tu comentario, que además cuando lo leí me alegró la mañana. El hecho de que afirmes que es uno de tus Espadas favoritos es un tremendo halago, porque aunque diga que solo escribo porque me gusta, jamás niego la satisfacción de hacer que a las personas le guste determinado personaje o pareja —sobree tooodo cuando se trata de éstas. Lo de quién es el malo solo vas a descubrirlo si sigues leyendo. Pero deben tener presente que no hay malos ni buenos. Ya vimos que el mismo Grimmjow admite que su desagrado por Nelliel es algo personal que, aunque a él le afectó, no tiene por qué repercutir en nadie más. Y además dice que es una tontería, pero no puede evitarlo.
Sobre la experiencia de la primera vez. ¡Estoy muy feliz de que lo hayas compartido conmigo! Esta vez quise inclinarme hacia el cliché de que la primera vez duele —al menos a Orihime, porque Grimmjow le informa la posibilidad de que lo haga, dejando en el aire que no—, pero sin dudas es una idea que me gustaría tomar y, aunque quizás no es lo que esperarías, queda muy bien con el próximo Grimmhime que tengo en mente. Lo cierto es que, respecto al tema, tengo pocas referencias claras de cómo puede ser. No soy de compartir ese tipo de cosas con mis amigas, aunque sí con mis amigos e intento que Grimmjow me quede tan bien como sea posible xD Por eso, tu experiencia me sirve demasiado. Agradezco la sugerencia y petición.
Y ah, no te preocupes, adoro los reviews en general. Pero los extensos... Dios, por los extensos yo salto en un pie durante días, lol.
Besos, abrazos, deseos de buena salud y espero que a ti, y a todos los que lo lean, les guste este capítulo.
Namasté
Orihime despertó en la mañana, una vez más encontrándose sola. Esta vez, sin embargo, bastó con que se tomara un minuto, respirara profundo e ignorara su vergüenza. Lo más importante ya había pasado, si se esforzaba, podía actuar con más naturalidad junto a Grimmjow, estaba segura. Se sentó en la cama, apartando su cabello a un lado, dejándolo caer por su hombro, mientras fijaba la mirada en las cortinas. La luz del sol les daba un aspecto celeste más profundo y oscuro.
Se movió, dispuesta a levantarse de la cama. Solo bastó un roce entre sus piernas para que los colores se le subieran al rostro.
Lo había olvidado por completo, estaba tan concentrada en convencerse de que Grimmjow no estaba mirando, y luego se había perdido tanto en los besos, que a pesar de que lo había tenido en mente durante la noche no había sido un verdadero problema —a excepción de el hecho de que se había instalado aquella caliente humedad en esa zona. Pero ahora debía vestirse, debía levantarse, ¿cómo iba a sentarse tranquilamente en los taburetes de la cocina de Grimmjow sin sentir el material directo en su entrepierna?
¿Cómo iba a resolver eso?
A lo lejos escuchó ruidos, e intentó calmarse para pensar en que seguramente era Grimmjow. Se había dado cuenta la vez anterior de que se levantaba temprano, y alguna vez él había mencionado que estaba en pie muy en la mañana para hacer ejercicios rápidos antes de ir a la universidad. Los pasos se acercaron pronto por el pasillo y cuando ella volteó Grimmjow ya estaba bajo el umbral de la puerta. Como acto reflejo apretó los muslos, sabiendo que estaba en problemas y a la vez sintiéndose inesperadamente emocionada con solo verlo. Gracias a eso pudo notar que llevaba su chaqueta y una bolsa en la mano.
—No pensé que fueras a despertar pronto, parecías aún cansada cuando me fui —explicó, al mismo tiempo en que se acercaba hacia ella, recorriendo su figura con increíble descaro—. Prometí que iba a comprarte otras en compensación.
Orihime ladeó la cabeza, sin comprender a qué se refería. Cuando Grimmjow abrió la bolsa y tomó lo que cargaba para lanzarlo a la cama cerca de ella, se paralizó. Claro que sabía que no tenía bragas, él mismo las había roto, pero el que fuera especialmente a comprarlas temprano —aunque sonaba como algo justo— se sentía como una locura.
Grimmjow sonrió al ver su expresión.
—Solo encontré cajas de tres. Compré los más parecidos.
Orihime deslizó la mano hasta que sus dedos tocaron la caja, una vez más, avergonzada por ese hecho. Las bragas que Grimmjow había roto eran tipo tanga, y no tenían ningún diseño en especial. Había una muy parecida en la caja, pero las otras cambiaban, una tenía partes con encaje y la otra lazos.
Apretó los labios.
Muchas veces había oído conversaciones de alguna de sus compañeras en las que mencionaban que sus novios no eran capaces de escoger un paquete de compresas, demasiado avergonzados o confundidos, que les gustaría un hombre que hiciera eso por ellas sin problemas.
¿A algo como eso se referían?
—¿Hay algún problema? —Orihime notó su ceño fruncido.
Rápidamente sacudió las manos frente a su pecho, al mismo tiempo en que sacudía su cabeza para reafirmarlo.
—¡N-no, solo lo había olvidado por completo! —exclamó.
Él hizo un ruido insatisfecho con la garganta mientras comenzaba a quitarse la chaqueta.
—Te lo agradezco.
Grimmjow la miró un momento, sabiendo que aunque recalcara el hecho de que había sido su culpa y era su responsabilidad, no iba a dejar de agradecer como si le estuviera haciendo un enorme favor. Al final estaba aprendiendo de a poco a ceder ante esa costumbre de Orihime de dar las gracias por todo, incluso por lo que no correspondía.
—De nada —dijo con tono gruñón, pero pronto sintió que debía decir algo más—. En todo caso, era lo mínimo.
Grimmjow la vio tomar la caja entre sus manos y observarla con insistencia, aún manteniendo ese sonrojo en sus mejillas. Pero no se quedó a observarla demasiado.
Tomó la chaqueta en una sola mano y se dio la vuelta para salir de la habitación.
—Voy a hacer algo para desayunar. Ven cuando estés lista.
—Cl-claro.
Antes de desaparecer por el pasillo, Grimmjow volvió a dedicarle una mirada. Orihime vio cómo la recorría, y luego la sombra una pequeña mueca, muy parecida a una sonrisa.
Aquel lunes tenía la mente en otro lado. Era una desgracia porque, después de todo, era incapaz de concentrarse en la clase. Todo lo que podía recordar eran los besos de Grimmjow contra su puerta, antes de dejarla entrar y despedirse definitivamente dos días atrás.
—¿Orihime?
Su compañera de la izquierda la miró con curiosidad, después de susurrar su nombre. Orihime se inclinó un poco, confundida.
—¿Estás bien? —preguntó— Te veo algo colorada, ¿no tendrás fiebre o algo? Y... Si sigues así vas a sacarle fuego a tu lápiz.
Orihime observó un momento el objeto, sintiendo su pulgar arder. Cuando tenía un lápiz en mano y comenzaba a ponerse ansiosa, deslizaba su pulgar frenéticamente cerca del borde trasero. Comenzó a hacerlo inconscientemente cuando en la escuela uno de sus compañeros preguntó furioso quién hacía el ruido con el botón del lápiz, y se obligó a decirle con mucha vergüenza que era ella.
Cambió la táctica para no molestar a nadie con el ruido, pero el resultado era lo mismo. En ese momento era difícil no comenzar a sentirse ansiosa debido a la cantidad de pensamientos que la inundaban. Grimmjow, todo lo que había pasado, recuerdos de eso, ella reprendiéndose por no prestar atención, regresando a los recuerdos de Grimmjow entre sus piernas y luego la culpa por no estar escribiendo apuntes. Todo en un horrible bucle.
—Orihime.
—E-estaré bien, solo tengo algo de calor —sonrió nerviosamente, abanicándose el rostro con una mano para hacerlo más creíble—. Gracias.
Ella le sonrió, poco convencida pero sabiendo que preocuparse más por ella podía salirle caro.
Orihime soltó un suspiro, por fin llevando sus pensamientos a otro lado. Pero, una vez más, muy lejos de la clase.
Sentía envidia. Grimmjow y Shūhei iban juntos a clases, eran muy pocas las materias en las que no coincidían, y aún así, eran lo suficientemente amigos como para compartirse los apuntes cuando el otro los pedía por distraerse o los necesitaba por motivos de fuerza mayor. Ella podía pedir los apuntes, pero siempre le era difícil, realmente no era muy amiga de ninguno de sus compañeros.
Soltó un suspiro. Solo quedaban veinte y minutos y podría ir al casino, quizás podía encontrarse con Grimmjow o Shūhei. Con Rangiku era imposible a menos que le consultara, después de todo, su facultad estaba del otro lado del campus.
Cuando el profesor cerró su computadora y la puso sobre el libro que siempre llevaba, Orihime puso todo dentro de su mochila tan rápido como le fuera posible. Sin mirar atrás, dejó el salón y bajó las escaleras, hasta el segundo piso, en donde estaba el puente hacia el edificio que conectaba con el más cercano a través de túneles de fierro y vidrio. En aquel mismo piso, estaba el casino. Estaba un poco concurrido, pero no lo suficiente como para ubicar a Grimmjow y a Shūhei rápidamente casi del otro lado.
Una sonrisa tonta se le escapó, y se encaminó a la mesa de los chicos. Estaba en la mitad del trayecto cuando vio a una chica acercarse, de cabello negro y largo. Llegó desde la derecha y deslizó su mano por los hombros de Grimmjow, hasta que pudo inclinarse por la izquierda sobre su hombro.
Solo pudo desear hacer lo mismo.
Respiró profundo, de repente sintiéndose ahogada, pero finalmente apretó el asa de la mochila y siguió acercándose. Cuando estaba por llegar la chica se iba, ya dándole la espalda, varios metros más allá.
—Orihime.
Shūhei fue el primero en mirarla. Al instante le dedicó una sonrisa que ella le regresó. Grimmjow se movió a penas para mirarla de reojo, y regresó a su almuerzo.
Sin esperar más, descolgó la mochila de su hombro y se sentó junto a Grimmjow, igual como iba haciendo durante semanas, desde que ambos se habían acercado a ella.
—¿Todo bien?
—Sí —asintió—. ¿Y ustedes?
—Igual —Sūhei se encogió de hombros suavemente—. De hecho, estábamos hablando de ti.
El moreno no sonrió, pero Grimmjow lo miró deseando que cerrara la boca, sabiendo que de un momento a otro iba a comenzar a soltar cosas sin sentido que, justo después de lo que había ocurrido con Orihime, ya tenían todo el sentido del mundo.
—¿Si?
—Hm —aseguró—. Grimmjow me dijo que cenaron anoche.
—Yo no dije nada.
—Salió de tu boca.
—Estuviste preguntando por media hora porque Rangiku te lo insinuó —gruñó.
—Me interesa saber. Quizás ya no deba invitar a Orihime a algún lado —respondió, carraspeando levemente.
Orihime alternó la mirada entre los dos, de pronto sin saber a qué debía responder. Entendía, pero no estaba segura de qué era lo que Shūhei quería saber. ¿Si había sido una cita realmente, si había algo, si se habían acostado?
Grimmjow se tomó un segundo antes de inclinarse hacia ella, lo suficientemente cerca como para que ella sintiera leves cosquillas en su oreja.
—No le he contado nada, cachorrito —Miró de reojo a Shūhei—. Queda a tu criterio.
Shūhei alzó las manos en señal de derrota, y había algo de desaprobación en su mirada por la forma poco sutil que tenía Grimmjow de hacer todo.
—Acabas de decirlo todo.
—N-no, Shūhei-kun —Orihime intentó detenerlo cuando vio que comenzaba a ponerse de pie.
—¿No? —Grimmjow la miró enarcando una ceja.
—Q-quiero decir, no... No te vayas.
Shūhei se detuvo un momento, solo para después suavizar la mirada.
—Iré a buscar tu almuerzo —dijo con simpleza—. Habían papas fritas, arroz, vacuno y cerdo. O hamburguesas veganas.
—No es necesario, yo-.
—Yo ya terminé —Indicó el plato de aluminio en su puesto, quedaba poco menos de un cuarto—. Puedes hacerle compañía a Grimmjow mientras. Seguro que la agradece.
—Déjalo ir. Quiero hablar contigo —dijo Grimmjow, revolviendo un poco su comida con pereza.
Finalmente, ella cedió.
—Arroz y vacuno, por favor, Shūhei-kun.
—No hay problema —dijo, con esa suave sonrisa que solía darle a ella.
Grimmjow siguió revolviendo su comida un rato más, hasta que levantó la mirada para chequear qué tan lejos iba Shūhei. Cuando consideró que era suficiente, se movió y levantó su pierna para sentarse mirando directamente hacia Orihime en la banca. Ella se quedó paralizada un segundo, hasta que miró hacia ambos lados, esperando que nadie les estuviera prestando atención.
Grimmjow destacaba demasiado, se había dado cuenta muchas veces. Asumía que tenía que ver con que se había acostado con varias chicas que usaban ese casino también. Algunas veces en una de esas tantas veces en las que se había acercado a ellos para almorzar, sin quererlo, había cruzado miradas con alguna que mantenía la vista fija hacia ellos. Hacia él.
—¿Qué... Querías hablar conmigo?
—¿Tienes algún problema con que alguien te vea besándote conmigo? —preguntó directamente.
De inmediato su rostro se coloreó. Grimmjow se inclinó levemente, apoyando su codo en el borde de la mesa, en consecuencia colgando su mano.
—N-no. No lo c-creo —murmuró.
—Muy bien —asintió, deslizando su mirada de sus ojos, a sus mejillas, a sus labios y de regreso a sus ojos—. Voy a besarte.
Orihime no alcanzó a decir nada, cuando Grimmjow ya estaba tan cerca de sus labios que simplemente fue incapaz de hablar. Miró sus labios y luego sus ojos, y antes de que la besara, pudo ver de reojo la sonrisa que estiró las comisuras de su boca.
Grimmjow puso su mano en su nuca, abriendo sus labios y mordiéndolos brevemente.
Pasaron algunos segundos, no podía decirlo con seguridad. A lo lejos Orihime pudo escuchar un leve chirrido, como otra banca arrastrándose en el suelo. Pensó por un momento en alguien levantándose cerca, quizás miraría hacia ellos, pero intentó ignorar el impulso de alejarse. Había estado fantaseando con eso durante un par de días hasta ese minuto, y debía intentar ser más segura, más libre. Nadie tenía por qué decir nada sobre eso, no podía permitir que nadie lo hiciera.
Grimmjow se separó un momento y ladeó la cabeza del otro lado, acercándose para seguir.
—Ya está bien. Si lo están haciendo desde que me fui, llevan al menos tres minutos —Orihime enrojeció cuando escuchó la voz de Shūhei y puso las manos rápidamente en el pecho de Grimmjow. Solo pudo ver cómo rodaba los ojos antes de que ella agachara la cabeza—. Lo lamento, pero esto es extraño. Jamás había visto a Grimmjow besar a nadie en un lugar que no fuera el centro de una fiesta.
Orihime lo miró de reojo, pero regresó la mirada a la banca, mordiendo sus propios labios. Cuando revivió la sensación de los dientes de Grimmjow haciéndolo, los soltó.
—Además ella tiene que comer.
Grimmjow enarcó una ceja, regresando levemente resignado a su posición de antes.
—Orihime —Ella levantó la mirada hacia Shūhei nuevamente—. Despreocúpate. Veo todos los días gente besándose cerca de la entrada. No es nada nuevo.
Ella asintió, demasiado avergonzada todavía como para responder algo.
—Déjalo así —dijo Grimmjow, esta vez tomando su tenedor para comer en lugar de simplemente remover el arroz que le quedaba.
Shūhei deslizó el plato hasta que estuvo frente a ella.
—G-gracias, Shūhei-kun.
—Es un placer.
Mientras comía su almuerzo y Shūhei le platicaba algo a su compañero de alguna materia, Orihime recordó las palabras del moreno. ¿Nunca había visto a Grimmjow besarse con nadie fuera de una fiesta? Eso no significaba que fuera especial porque la hubiera besado ahí, en el comedor, pero no podía evitar sentir curiosidad.
Tal vez se lo preguntaría a Grimmjow luego...
—¿Sabes nadar, Orihime?
Ella le dirigió la mirada, conectándose pronto a la conversación.
—Sí —dijo.
—Hm, deberíamos ir a la playa. Dentro de poco viene el verano.
Había algo que había estado molestando a Orihime que detonó en ese momento. Quizás para Grimmjow estaba bien verla cuando quería y en los almuerzos, pero más allá de eso podía pensar que, por ejemplo, ir a la playa era demasiado.
—Yo...
—Tengo que comprar algún traje de baño.
Orihime alzó la vista para mirar a Grimmjow.
—Podría prestarte alguno.
—¿Y ser cómo tú? No gracias.
—Es solo ropa.
—Me refería a pedirlo todo —Sonrió.
—Ah, ya —Shūhei soltó una risa.
Orihime los observó a ambos, e inevitablemente se dibujó una enorme sonrisa en su rostro. Imaginaba que si le molestara, habría puesto algún pero.
—¿Con Rangiku-san?
—Rangiku adora mostrar su cuerpo y beber algún trago tropical mientras toma el sol. No tendrías ni que preguntarle, va a matarnos si no le decimos —respondió Grimmjow con gracia.
—Por cierto —Shūhei dudó un momento de seguir cuando Grimmjow lo miró—. La otra vez se veía un poco... Estresada. Había olvidado mencionarlo. No quise decirle nada, pero tú eres su amigo, quizás...
Lo dejó en el aire.
—Moriría antes que aceptar que tiene problemas —gruñó. Segundos después suspiró—. Voy a hablar con ella. Gracias.
—Entonces, ¿te apuntas, Orihime?
Ella notó que Grimmjow también la miraba, atento a su expresión y seguramente a su respuesta.
—Me encantaría —asintió, radiante.
No recordaba la última vez que había ido a la playa con amigos. Con amigos que considerara directamente sus amigos, no por alcance con Tatsuki, Ichigo o Rukia. La última vez había acompañado a Ichigo a la playa, estaban en el instituto y había sido idea de Rukia, directamente. Y aunque Orihime la había visto luego un poco avergonzada porque implicaba mostrar su cuerpo, rápidamente se había armado de valor cuando ella la tomó por los hombros y le había dicho, si no mal recordaba:
—¡Te equivocas, eres una chica hermosa Rukia-chan! ¡No lo dudes, estoy segura de que no soy la única que lo piensa!
Orihime aún lo pensaba, y el hecho de que apreciara tanto la amistad de Rukia era que se había arrepentido muchas veces de haberse confesado a Ichigo. Por eso planeaba hablar con ella, en algún momento, pero aún no descubría cómo y qué iba a decir exactamente. ¿Rukia la odiaría por haberle hecho eso? Orihime no planeaba que nadie más lo supiera, en primer lugar, y se había sentido tranquila. Ichigo jamás habría comentado eso con nadie, o eso había creído. Él lo había jurado.
La idea de que había sido demasiado ingenua no se le quitaba de la cabeza. El hecho de que hace un par de semanas ella aún planeara llevarse todos sus secretos a la tumba porque era incapaz de decir abiertamente sus miedos e inseguridades, no significaba que Ichigo fuera a hacer lo mismo. Seguramente Nelliel era lo mismo que Shūhei era para Grimmjow.
—¡Cierra la puta boca!
Aunque Grimmjow pocas veces se mostraba feliz de que Shūhei se enterara o le hablara directamente de esas cosas.
Orihime sencillamente sonrió, después de oír a Shūhei preguntarle a Grimmjow si iba a cenar ligero también ese día. Se preguntó por un momento a qué se referiría, e incluso miró a Grimmjow para encontrar una respuesta, pero no encontró nada.
—¿Qué te parece si empezamos tu entrenamiento hoy, Orihime?
Ella miró a Shūhei con las cejas alzadas, un poco perdida.
—¿No recuerdas?
—Claro que... Eh-.
Orihime miró de reojo a Grimmjow.
—Las clases de autodefensa, amor.
La comprensión se hizo presente en su rostro, mientras recordaba la cena de aquella noche, en la que habían preparado pizzas con Grimmjow.
—O-oh, claro —Rió nerviosa—. Aunque tengo las clases de yoga. Pero tengo un hueco de una hora antes de eso, si tienen libre...
—Claro que sí.
Grimmjow alejó el plato de aluminio, hasta que le quedó espacio para cargar los antebrazos en la superficie.
—Pero antes debes comer bien —Grimmjow indicó el de ella con un movimiento de barbilla, mientras posaba su barbilla cerca de su brazo al voltear en su dirección.
—Lo haré —Orihime llevó una de sus manos hacia su frente, en un saludo militar combinado con un adorable ceño fruncido que hizo a ambos sonreír.
—De costado.
Orihime dudó un momento antes de levantar su codo hacia un objetivo imaginario, hasta la zona en la que suponía debía estar su cuello.
—Bien. ¿Si tu atacante está detrás?
—Uhm...
Orihime tomó aire, pensativa, pero antes de que dijera o hiciera nada la paciencia de Grimmjow se fue en un suspiro y dio dos zancadas hasta llegar tras ella. El cuerpo de Orihime se tensó cuando sintió que Grimmjow posicionaba uno de sus brazos a través de su pecho y la mano contraria en su brazo. Él presionó, lo suficiente como para hacerla sentir ahogada.
Era un tacto diferente. Él no estaba intentando ser gentil, estaba intentando ponerla en situación tanto como le fuera posible, pero sin llegar a lastimarla.
Orihime respiró profundo.
—Recuerda los puntos débiles. No puedes mover tus hombros y estoy tomando tu brazo. Tu torso no puede hacer mucho, y por si solo, tu otro brazo tampoco. Estoy a tu espalda, así que lo único que tienes para orientarte es el tacto. ¿Qué es lo único que puedes hacer?
—Puedo... ¿Pisar tu pie y darte un cabezazo?
—¿Pisar? —Enarcó una ceja— ¿Eres una niña de cinco años?
—Grimmjow.
Él miró a Shūhei, que le advertía con la mirada. Se limitó a rodar los ojos y chasquear la lengua. A pesar de que había dicho antes que podía recurrir a algún pisotón si la situación lo requería.
—Bien. Solo asegúrate de que lo haces con fuerza. No todos caen en el truquito de la pisada —masculló. Cuando Orihime no se movió, él frunció el ceño—. ¿Estás esperando una maldita invitación?
—Y-yo-uh —Instintivamente ella buscó su mirada, pero Grimmjow presionó levemente sus hombros contra su pecho para evitarlo— ¿Quieres que lo haga...?
—Es una clase de autodefensa. Lo mínimo que podemos hacer es que puedas ponerla en práctica. Y ya que Shūhei es incapaz de mantener el profesionalismo sin convertirse en un auténtico idiota, sí, vas a golpearme —dijo cerca de su oído.
Estaba lejos de poder convertirse en momento íntimo, la voz de Grimmjow era fuerte y autoritaria, como la de un maestro muy estricto. Por un momento pensó que si Grimmjow impartiera todas las clases de su carrera, ella seguramente no tendría que pedir los apuntes nunca más.
O quizás sería todo lo contrario...
De cualquier forma, así le hablara como el más huraño maestro de gimnasia que pudiera haber tenido en el instituto o como si le preguntara si podía besarla, Orihime no podía simplemente ignorar su atractiva voz y su aliento chocando en su cuello, erizándole los vellos al instante.
Así que sí. Si fuera su profesor en la carrera, Orihime sería incapaz de prestar atención. En el sentido más perjudicial para sus apuntes.
—Orihime.
—E-está bien —Asintió, sintiendo la piel del antebrazo de Grimmjow contra su clavícula.
—Repasa los puntos en voz alta.
—Uhm, ojos, garganta, nariz, r-rodilla y p-p —De pronto se descompuso.
—Testículos.
—S-sí...
—Dijiste que podías darme un cabezazo. Pero no siempre es posible. Intenta hacerlo.
Orihime finalmente lo hizo, pero no lo suficientemente fuerte gracias a sus dudas. A pesar de que Grimmjow lo dijera de esa forma, golpearlo aunque fuera en un entrenamiento estaba lejos de ser lo ideal.
Su cabeza chocó contra algo, pero no fue con la nariz o la mandíbula de Grimmjow, fue con su pecho, muy cerca de su cuello.
—Soy mucho más alto que tú y no llegarías a mi nariz sin esforzarte. La clave es hacer movimientos simples que te permitan deshacerte de ellos y correr, así que cada situación debes resolverla de diferentes maneras. Pero siempre con la menor cantidad de movimientos posibles y deben ser efectivos. Enfadar a quien te tiene agarrada es el peor error que puedes cometer.
—Entiendo —Suspiró.
—Usa tu entorno, fíjate en sus debilidades y si lo haces bien podrías escaparte de un horrible rato. Otras veces todo lo que tienes que hacer es gritar.
Era una acotación ciertamente ridícula, pero Grimmjow sabía muy bien que no lo era para Orihime. Ella pudo haberse librado de la situación de Las Noches si tan solo hubiera gritado —era algo que los empleados ignoraban, pero no necesariamente lo hacían los clientes. Grimmjow aún no tenía claro cómo había reaccionado en aquel momento, pero después de unas semanas junto a ella podía imaginar a la perfección el shock en su expresión, mientras miraba fijamente su muñeca por la que era arrastrada o el suelo. La sola imagen lo hizo enfurecer, desear una vez más que fuera menos dócil.
Grimmjow carraspeó, intentando mantenerse sereno frente a Orihime y Shūhei. Era un trabajo muy difícil.
—Eso nos lleva a otro problema.
—¿Cuál? —preguntó Shūhei.
—Cachorrito.
—¿Si?
Grimmjow se alejó de ella y la rodeó para mirarla directamente.
—El peor enemigo que siempre vas a tener eres tú misma. El miedo te va a paralizar y eso, si te encuentras con un desgraciado, va a costarte caro. No puedes dejar de sentir miedo, pero al menos puedes hacer que tu mente trabaje mejor ante el.
—¿Cómo...?
—Haces yoga. La respiración es vital para mantener a tu mente tranquila dentro del caos muchas veces, así que puedes usarlo. Usa tu miedo para impulsarte. O piensa en alguien. El yoga también te ayuda a ser flexible. No vas a ser la maldita spider girl pateando traseros mientras haces volteretas extrañas, pero seguramente tu cuerpo da más que el de cualquier estúpido más fuerte que tú y podrías usarlo a tu favor.
—Todos los días ocurren milagros —dijo Shūhei con gracia—. Grimmjow hablando de mantener la calma.
—Ugh.
—A todo esto. Creí que no sabías siquiera qué era el yoga.
—Algo sabía —respondió vagamente.
—Ya... —Shūhei frunció el ceño con suavidad.
Grimmjow lo ignoró, sabiendo a la perfección que mentía. Shūhei tenía una mejor noción que él de lo que era el yoga, pero había hecho su tarea y había buscado. Solo bastó quedarse mirando a la nada por cinco minutos en el fin de semana para preguntarse si podía sacar provecho de eso. Y absolutamente, no fue para las clases de defensa. Se le vino a la mente después de acostarse con Orihime. Grimmjow sabía que era un caso perdido y que tal vez si alguno de los dos se enteraba iba a ser extraño o incómodo, pero estaba bien así. Adorar el sexo no lo hacía un estúpido, e iba a asegurarse de que sus verdaderas intenciones no las supiera ni dios.
—Vale. Golpea esta vez —dijo Grimmjow acercándose un poco al rostro de Orihime y regresando tras ella. Deslizó el brazo de regreso a su pecho y esta vez le tomó ambas manos, encerrándolas por las muñecas.
—P-pero mis manos...
—Puedes hacer muchas cosas sin las manos —Era claramente una exageración.
Orihime asintió.
La verdad era que no podía hacer mucho si él tenía sus manos secuestradas. Según todo lo que le habían explicado ambos antes, su mejor opción era conseguir zafarse lo suficiente como para quedar cara a cara. Con eso en mente, pisó a Grimmjow con su pie derecho.
—Con fuerza —gruñó con molestia.
Orihime dudó un momento. No quería hacerlo, de todas formas él la superaba en fuerza y su cuerpo era increíblemente duro, por lo que no debía preocuparse demasiado, pero golpearlo aunque fuera en beneficio a la práctica le causaba remordimiento.
Mentalmente sacudió su cabeza, y luego lo piso con más ganas. Como si se tratara de un interruptor, Grimmjow le permitió un breve momento, haciendo su agarre menos intenso. Justo después, Orihime levantó una de sus piernas hasta la zona más sensible de todas, pero en lugar de golpearlo directamente decidió rozar la parte interior de su muslo.
—Y si fueras otro desgraciado, oficialmente no tendrías bolas —dijo Shūhei.
Grimmjow solo sonrió, permitiéndose tomar las muñecas de Orihime un momento más, hasta que ella terminó por regresar su pie al suelo. En ese momento la soltó.
—Eso espero —Le dedicó una mirada significativa, esperando por un momento una respuesta, que llegó pronto cuando Orihime asintió con efusividad, haciendo que su coleta se moviera a su espalda.
Grimmjow tomó el teléfono del bolsillo de su pantalón deportivo que incluía cremallera, y le echó un vistazo rápido a la hora.
—Te quedan diez minutos —Se dirigió hacia ella.
—Ah, está bien. Estaré a tiempo —Sonrió. Segundos después comenzó a alternar la mirada entre ambos—. Los invito a un jugo de la máquina expendedora. En agradecimiento por la clase.
—¿Sabes que no será la primera y última clase, no? —preguntó Grimmjow, curioso por el tono en el que había compartido su invitación.
—¡Oh! —musitó, casi al instante riendo y asintiendo— Entonces será en agradecimiento por la clase de hoy —corrigió.
—Yo aceptaré —respondió Shūhei, colgando de su hombro el bolso con figuras romboides en rosa y el negro con detalles púrpura que estaban a su lado en el suelo.
Orihime se acercó al moreno, abriendo el bolso que le pertenecía desde su hombro, y cuando consiguió su billetera y sacó el dinero necesario, lo regresó y cerró la bolsa.
—¿Pueden ir cerca del salón de yoga? —preguntó— Los encontraré ahí si no les importa.
—Claro.
Grimmjow se sintió obligado a asentir cuando ella lo miró a causa de su silencio. Dedicándole una suave sonrisa, se alejó, dirigiéndose a buscar la dichosa máquina, saliendo de la vista de ambos.
—Comienzo a pensar en que debí sugerir una apuesta en el mismo momento en que dije que Orihime te gustaba.
Grimmjow intentó ignorarlo, simplemente ubicándose a su costado para ir al salón de yoga.
—Seguramente habría ganado mucho...
—Si ese hubiera sido el caso, me hubiera esforzado más para evitarlo. Y habrías perdido.
Shūhei chasqueó la lengua.
—De todas formas, ¿por qué sigues siendo rudo con ella? —Cuando Grimmjow lo miró sin creerse la estúpida pregunta, Shūhei se encogió de hombros— Quiero decir, cenaron, estabas besándola en el comedor hace unas horas... ¿Acaso ser más amable te matará?
—No veo cuál es el punto. Ella es consciente de que soy así, y no veo que se queje.
De hecho, Grimmjow tenía la impresión de que le gustaba. Aunque fuera un poco. Si no, no comprendía su insistencia por mantenerse cerca de él al principio.
—Además, es una maldita clase de autodefensa, ¿cómo va a ponerlo en práctica si no?
Llegaron fuera del salón y se sentaron en la banca que estaba pegada a la pared. Shūhei suspiró, un poco frustrado y con un motivo que medía casi metro noventa y estaba a su costado.
—No te entiendo.
—No hay nada que entender —replicó.
Shūhei simplemente lo ignoró y siguió hablando.
—Sé que no quieres tener una relación, y creo que estoy entendiendo perfectamente hacia donde va esto. Pero no estoy seguro de que Orihime soporte algo así, va a renunciar a esto en cuanto sienta que se ha equivocado.
—Eso es porque no has hablado con ella —respondió, con un tono simplón que hizo a Shūhei voltear por más que sus palabras. Grimmjow le regresó la mirada de reojo, viendo que enarcaba una ceja.
Grimmjow sabía que tenía la razón. Incluso si Orihime creía que se había equivocado al meterse con él, ese era el punto, hacer las cosas sin miedo a las consecuencias y luego solo enfrentarlas. Shūhei no tenía idea de eso, así que lo comprendía perfectamente. Si él no hubiera sido consciente de lo que buscaba Orihime, con seguridad le habría dado tres semanas o menos antes de que decidiera alejarse, muy arrepentida.
—Supongo que sí —Se encogió de hombros después de un rato—. Nunca sabré qué pasa por su cabeza, y ya que aceptaste esto... Tú debes saberlo.
—Tengo una noción.
—Rangiku va a querer que le digas.
—Me parece que Rangiku no es la única, ¿o si? —dijo, molesto porque había intentado usar a Rangiku como alguna especie de miedo para que soltara todo antes de lo inevitable.
Shūhei sonrió con suavidad.
—¿Puedes culparme? —preguntó— Jamás te había visto besar a una chica en público. Y jamás creí que aceptarías estar —Levantó las manos para simular comillas con los dedos— con Orihime porque no es el tipo de chica con el que te acuestas.
—Las cosas cambian.
Shūhei volteó de inmediato, y él supo que esa frase que había dicho era demasiado abstracta, general y que podía causar otro malentendido, como el que involucraba a Nelliel.
—Me refiero a Orihime, no a las relaciones estables —aclaró.
—Ya veo.
Grimmjow dio por terminada la conversación sutilmente, apartando la mirada y centrándola en donde debía estar Orihime, muchos metros más allá y con múltiples máquinas obstaculizando el trayecto. Por suerte Shūhei decidió dejarlo tranquilo, y en lugar de seguir con el mismo tema, puso en palabras lo mismo que había pensado justo un segundo atrás.
—Está tardando un poco —murmuró—. Quizás se puso a hablar con Sado.
—¿Sado?
—El de la recepción —dijo como si fuera obvio.
Grimmjow soltó un pequeño ruido, algo que sonaba como una a. Se cruzó de brazos entonces, mientras el silencio se instalaba entre ambos. Un par de minutos después, ambos vieron a un par de chicas dirigirse al salón, pasando frente a ellos sin voltearse a mirarlos. A excepción de una, la última. Grimmjow mentiría si tuviera que decir cómo se veía, realmente no había prestado atención. De inmediato pensar en eso hizo que todas sus alarmas se dispararan, pero decidió que era mejor dejarlo pasar por el bien, una vez más, de su salud mental.
—Ahí viene —dijo Shūhei.
A pesar de todo, sabía que Orihime se dirigía hacia ellos. No había apartado la mirada del corredor en ningún momento, y había visto el preciso momento en el que una mancha pelirroja había aparecido, con la cola de caballo moviéndose de un lado a otro y sus pechos rebotando levemente en el maldito peto deportivo ante el trote.
Se preguntó si debía hacer una sesión privada en su departamento.
Ella aún estaba un poco sudada, pero había secado su rostro. Cuando se detuvo frente a ellos, hizo un sonido de cansancio, similar a un silbido.
—Lo siento, Sado-kun me atrapó en recepción un momento. Se me hizo tarde —rió—. Vi a las chicas entrar, así que...
—No te preocupes.
Tras oír a Shūhei, ella les ofreció a cada uno un jugo diferente. Mientras se fijaba en Grimmjow y él le regresaba la mirada.
—Ve —Sacudió la cabeza en dirección a la puerta, deslizando los dedos por la tapa del jugo con ligereza—. Te pasaste por dos minutos.
Ella asintió y se despidió de ambos, alzando la mano y dedicándoles una sonrisa. Ambos escucharon la puerta cerrarse, y Shūhei miró el frasco que Orihime le había dado.
—Hey —dijo, llamando la atención de su compañero e inmediatamente después poniendo el frasco casi a la altura de su rostro—. Es de manzana.
Grimmjow miró el suyo.
—Piña —Leyó en un murmuro.
—Alguien es muy detallista.
—Hm.
—¿Recuerdas su jugo favorito? —preguntó Shūhei, tomándolo un poco por sorpresa. Evitó todo lo posible demostrarlo.
—¿Debería?
—Ella lo recuerda —dijo—. El de ambos —agregó, abriendo el frasco para beber un sorbo.
—No lo recuerdo —respondió—. Pero puedo compensarlo con otras cosas y ni siquiera pensará en esa estupidez.
Shūhei detuvo la botella y la alejó un poco de su boca. Soltó un bufido, sabiendo a la perfección lo que Grimmjow estaba diciendo, pero lo hacía de forma tan casual que era difícil captar el doble sentido a la primera.
—No quiero saberlo —decidió, dispuesto a ponerse de pie—. Duraznos. El jugo de duraznos.
Grimmjow rodó los ojos, pensando en lo inútil que era aprenderse eso. De todas formas, no era algo complicado, podía hacer el ligero esfuerzo para recordarlo si lo llegaba a necesitar. No iba a descartarlo.
Justo cuando Shūhei se estiraba con los brazos por encima de su cabeza, comenzó a sonar la parte de una canción. Amortiguada, como si estuviera bajo una tela gruesa.
—¿Qué es eso? —preguntó.
Shūhei se paralizó un segundo y después hizo caer el hilo enganchado a su brazo, que conectaba directamente a la mochila de Orihime. La tomó en una mano, mostrándole la evidencia. Grimmjow alzó las cejas.
—La próxima vez se quedará sin cabeza.
—No si puedes evitarlo —respondió el moreno, haciendo que la mochila se balanceara y cayera en los brazos de Grimmjow, que reaccionó de inmediato para evitar que cayera.
—No, espera-.
Shūhei lo ignoró y siguió su camino.
—Te espero en el cuadrilátero —Alzó una mano como despedida.
Grimmjow gruñó. Un día de esos iba a matarlo.
Se puso de pie mientras el teléfono aún sonaba y en un par de segundos se irguió frente a la puerta, que estaba a la vuelta de la esquina. Chasqueó la lengua con suavidad, tocó la puerta con los nudillos y abrió, sin esperar respuesta alguna.
—¡Adelan-! —Orihime se detuvo en cuanto lo vio en la puerta. Estaba de pie frente a al menos diez chicas, que también lo miraron. Aunque la forma en que lo hicieron se definiría más como un exhaustivo escaneo— ¿Ocurre algo?
Sin responder, Grimmjow se adentró en la sala, seguido por la mirada de todas las mujeres, hasta llegar junto a la única que tenía su atención en ese momento. Alzó su mochila a la altura de su pecho, y ella la observó con comprensión, de inmediato tomándola de entre sus dedos y abriéndola para rebuscar y hallar su teléfono. Grimmjow la tomó del brazo antes de que lo sacara, ocasionando que ella alzara la mirada hasta él.
—Ven conmigo hoy. Te iré a dejar al anochecer.
Al darse cuenta de lo que estaba diciendo, el rubor apareció en sus mejillas y rápidamente asintió.
—Claro.
—Nos vemos, cachorrito —murmuró, deslizando sus dedos más de lo necesario por su brazo, hasta que estuvo suficientemente lejos y volteó para salir de ahí.
Orihime se quedó mirando su espalda un momento.
—Profesora —dijo una chica, recibiendo su atención de inmediato. La vio indicar a sus manos—. Tu teléfono sigue sonando.
—¡A-ah, cierto! —rió nerviosa— Discúlpenme un momento, por favor.
Escuchó a lo lejos la puerta cerrarse lentamente, mientras tomaba el teléfono entre sus manos y se dirigía a una esquina de la sala. Aún seguía sonando, con un número sin agendar brillando en su pantalla. Finalmente contestó, tomando una respiración profunda para intentar concentrarse en eso y no en la caricia que Grimmjow había dejado quemando en su piel.
—¿Hola?
—¡Hola! —contestaron— ¡Orihime! Me alegra que finalmente respondas, por un momento creí que estabas enojada conmigo.
Orihime se congeló en su lugar, ya no tan en las nubes como hubiera querido. Se preguntó qué debía hacer. Sus deseos de inmediato le dijeron que colgara, bloqueara el número y siguiera con la clase como si nada hubiera ocurrido. Pero claro, Orihime aún estaba trabajando en eso, y era diferente acostarse con alguien a colgar el teléfono sin reparos. La llamada era mucho menos relevante, pero le incomodaba dejar con la palabra en la boca a una persona.
—¿Necesitas algo, Nelliel-san?
—En realidad... —Se detuvo un momento— ¡Sí! Quería hablar contigo de algo muy importante. Principalmente quería disculparme, ¿pero podríamos hacer esto en persona? Ya sabes —rió—. Te invito a beber algo.
Orihime no estaba respirando, y ni siquiera con pensar en el yoga para obligarse a hacerlo podría conseguirlo. Nelliel le estaba pidiendo que se reunieran para disculparse, luego de ser excesivamente cruel y despectiva, y casi echar a perder su primera cita. Eso claro, ella no podía saberlo, pero Orihime no estaba segura de poder olvidarlo realmente. Sin embargo, su consciencia le decía que le diera una oportunidad. No la conocía, podía estar hablando desde el enojo y era normal para muchas personas ser crueles cuando abrían la boca estando enojadas. Por otra parte, aquella parte egoísta que nunca dejaba salir, insistía en que, usando palabras de Grimmjow, la mandara al demonio y siguiera su vida, solo distrayéndose de la clase que impartiría por la expectativa de qué haría con él una vez terminara la jornada.
Respiró profundamente.
—E-está bien —dijo.
—¡Perfecto! —celebró— Hagámoslo hoy.
—No... No puedo.
Nelliel hizo un ruidito de decepción.
—Bien, yo no puedo el resto de la semana. ¿Qué tal el otro lunes? A las ocho. No tienes nada planeado, ¿no?
—N-no.
—Muy bien. Me alegra que nos entendamos, a pesar de lo tonta que fui —dijo, sonando probablemente demasiado animada.
—S-sí, yo... Debo colgar, me están esperando.
—Ooh —murmuró—. ¿Es Grimmjow verdad? —Soltó una carcajada.
—N-.
—Sí, será mejor que vayas. Es un hombre muy —hizo énfasis— impaciente. Oh, un consejo. Cuando tengan sexo, usa crema. Lo adora.
Orihime apretó los puños, tremendamente avergonzada. En dos segundos, después de soltar eso, Nelliel se despidió y colgó sin esperar respuesta de su parte.
—Orihime-saaan —dijo otra chica con mucha pereza— ¿Está todo bien?
—S-sí —dijo, apartando el teléfono de su oreja y agachándose un poco para dejarlo sobre su mochila—. Lo siento mucho, chicas. Vamos a empezar la clase ahora, ¿si?
Les dedicó una sonrisa al mismo tiempo en que se posicionaba frente a todas. En menos de un segundo, todas volvieron a su lugar, preparadas frente al mat de yoga.
Hasta ese minuto, Orihime había intentado mantener cualquier expectativa lejos del alcance de su soñadora mente. Las condiciones habían sido claras, no era una relación seria, no era nada parecido, solo eran ellos saciando sus deseos personales —y él de paso cumpliendo sus primeras veces excepcionalmente, como el beso y la cita. Y la verdad es que lo estaba llevando muy bien hasta el momento, más de lo que ella hubiera creído. Eso la hacía sentir feliz, plena, como si pudiera conseguir todo lo que quería.
No se preguntó por qué Grimmjow había insistido en que podía bañarse en su casa, siendo que podía hacerlo perfectamente en el gimnasio. Estaba dispuesta a dejarse llevar, satisfecha como estaba con lo que iba siendo la relación con Grimmjow hasta ese minuto. Le había dado una cita que había disfrutado, aunque estaba segura de que había oído a sus compañeras en el instituto poner el grito en el cielo al pensar en tener sexo en la primera. O en la segunda... O tercera.
De todas formas, eso era lo que ella había querido. Estaba complacida con su decisión.
—¿Estuvieron entrenando? —preguntó, mientras el ascensor llegaba al piso correspondiente. Grimmjow la dejó pasar primero mientras buscaba las llaves en su otro bolsillo, pasando el casco de una mano a otra para poder hacerlo.
—Sí, hasta que terminó tu clase.
Ella frunció el ceño.
—Normalmente no entrenaban cuarenta minutos, ¿o sí? —De pronto comenzaba a sentirse un poco culpable.
Que hubieran terminado cuando ella lo hizo quería decir que habían cambiado el horario para hacerlo. Imaginaba que por la clase de autodefensa y de yoga.
—Lo hacíamos, aunque media hora antes —dijo. La miró de reojo y supo de inmediato qué estaba pasando por su cabeza—. Pero está bien.
Orihime reprimió las ganas de disculparse una vez más. Ambos se detuvieron ante la puerta número veintiséis, mientras Grimmjow metía las llaves y quitaba el seguro. La dejó pasar y cuando cerró la puerta tras de sí, soltó las llaves en la mesita.
Tal como en la primera cita, se puso a su espalda para quitarle la sudadera, y esta vez, también el casco de las manos. Orihime suspiró de alivio al pensar en que podría descansar un rato y luego irse a casa completamente segura, ocasionando que Grimmjow le dedicara una intensa mirada.
—Me había dado cuenta muchas veces de lo atractiva que eres con cualquier maldita cosa que uses, y mientras practicábamos fue un poco difícil ignorar la forma en que el deportivo aprieta tus pechos —murmuró en su oreja, acercando su pecho a su espalda al mismo tiempo en que deslizaba las manos por encima de sus hombros y colgaba sus manos frente a su pecho—. Pero verte trotar hacia mí, hizo que me volviera loco.
Orihime tragó en seco, cada palabra que soltaba Grimmjow junto a su piel le causaba temblores placenteros en todo su cuerpo.
—Cuando entré en tu sala solo podía pensar en ver eternamente ese maldito movimiento —Movió sus manos, hasta que una de ellas se ubicó en el cuello de Orihime. Ella se había quitado la cola de caballo para poder calzar bien el casco en su cabeza—. Dame la liga.
—La... ¿Liga? —murmuró, confundida, pero no se tomó ni un segundo más y subió su muñeca, donde estaba envuelta.
Grimmjow la tomó y de un movimiento la quitó de su mano. Lo próximo que Orihime sabía es que Grimmjow le tomaba el cabello con manos expertas, sus yemas pasando con cuidado por su cuero cabelludo como si fuera un masaje. Un escalofrío la recorrió desde la nuca y siguió por la espalda. Eso le trajo a la mente a Sora un segundo, quien había decidido que era demasiado complicado amarrar su cabello, así que desde que era pequeña lo único que hacía para arreglar su cabello todas las mañanas era peinarlo y luego poner dos pasadores a cada lado de su cabeza.
Era hipnotizante tener a alguien amarrándole al cabello como si lo llevara haciendo toda la vida, con manos seguras y a la vez cuidadosas. Una última vuelta y Grimmjow dejó caer la cola de caballo en su espalda, consiguiendo que le hiciera cosquillas en la espalda solo cubierta por los tirantes del sostén deportivo.
—Te ves muy bien así, si te interesa saber —Sonrió, acercándose a su oreja y mordiéndola suavemente.
Orihime suspiró de nuevo, a cada movimiento más excitada.
—Cachorrito —La llamó.
—¿S-si? —preguntó.
—Ahora sabes un poco más como funciona. ¿Podemos hacerlo más rápido?
Orihime reconoció que no estaba preguntando, se lo estaba pidiendo, directamente, esperando su respuesta mientras metía los brazos por debajo de los suyos y movía sus manos por su cintura y abdomen.
—Sí... —asintió para reafirmarlo.
Sin decir nada más, Grimmjow la tomó del brazo y la hizo voltearse. En cuanto quedó frente a frente la tomó del rostro, con ambos pulgares cerca de sus mejillas, y la besó. Soltó un gruñido después de un rato en el que se dedicó a lamer, chupar y morder sus labios, y deslizó una de sus manos hasta su cintura. Se separó un segundo.
Grimmjow se alejó y se quitó la camiseta y los pantalones, tras descalzar sus zapatillas, frente a la mirada atenta de Orihime. Dejó todo esparcido por el suelo y se acercó a ella para deslizar los pulgares a cada lado de su cadera, metiéndose en la tela de sus calzas para bajarlo todo. Ella suspiró y gimió cuando, a medida que bajaba su ropa, las palmas calientes de Grimmjow acariciaban sus muslos. Cuando llegó a abajo, en dos movimientos Orihime se quitó las zapatillas, complaciente.
Cuando quitó todo, incluidos sus calcetines, Grimmjow se enderezó, dispuesto a hacer lo mismo con sus boxers. Pero se detuvo antes de bajarlos y miró a Orihime, que se la regresaba, en silencio y al parecer muy interesada con ese último movimiento.
—¿Quieres hacerlo? —arrastró la voz, sonriendo justo después.
—N-no estoy... —Orihime cerró los ojos y respiró profundamente un par de veces, finalmente, volvió a mirarlo. Su sonrojo la hacía ver como cuando estaba practicando con él, con los detalles de su cabello moviéndose tras ella y todo su maldito cuerpo tenso en cada movimiento. Esa forma determinada en que de repente lo miraba solo podía hacer que quisiera estar dentro de ella cada vez con más desesperación—. Lo haré.
Grimmjow la observó intensamente, a la espera. Orihime se acercó y, tal como él había hecho, intentó meter un poco los pulgares dentro de la tela. De paso rozó los oblicuos perfectamente duros, y miró a Grimmjow de nuevo, con la respiración agitada ante la expectativa y el nerviosismo.
Él estaba a punto de preguntarle si estaba segura de hacerlo, pero decidió guardar silencio y dejar caer las manos a cada lado de su cuerpo. Una de sus manos se enganchó a la de ella, y deslizó su pulgar con ligereza por el suave dorso. Grimmjow estaba seguro de que iba a hacerlo, solo necesitaba tiempo, ya no eran necesarios los empujones ni nada. Mientras esperaba, le dio una vista general a su cuerpo. Solo quedaban los sostenes deportivos cubriéndola. En general la pose de Orihime era la de alguien que aún se sentía inseguro estando desnudo frente a alguien más, sus piernas estaban tan juntas como podían. Notó que también en algún minuto había movido su cabello amarrado hacia sus pechos, tapando un poco lo que la tela dejaba expuesto.
Quiso tomarlo y regresarlo a su espalda, pero podía ignorarlo por esa vez. Ya estaba lo suficientemente complacido con el hecho de que hubiera accedido a bajarle la última prenda y que, en realidad, parecía muy interesada en cumplirlo.
Orihime apretó los labios y, finalmente, comenzó a bajarlos. Cabía decir que la erección de Grimmjow se apretaba contra la tela y la estaba poniendo más nerviosa, pero pudo hacerlo sin problemas. Bajó hasta que su miembro quedó libre, y apuntando directamente hacia ella.
Cuando Orihime no siguió moviéndose, Grimmjow la tomó del brazo y con la otra mano lo bajó más, hasta que pudo hacerlo con el simple roce de su piel y por fin conseguir que llegaran al suelo.
La acercó a él por la cintura, decidido a no perder más tiempo.
—Arriba.
—¿Arri-? ¡Ah! —Soltó un gritito por la sorpresa.
Grimmjow la mantuvo en el aire un momento, alzando las cejas con diversión.
—Rodéame con tus piernas, amor.
Orihime asintió, desconcentrada con la sensación de los fuertes brazos de Grimmjow manteniéndola apegada a su cuerpo. De un movimiento Orihime enganchó las piernas a sus caderas y no pudo evitar saltar un poco cuando Grimmjow la acomodó tomándola del trasero.
Él simplemente comenzó a caminar con ella, ladeando un poco la cabeza para mirar el trayecto y evitar cualquier accidente. Orihime se halló sorprendida cuando, en lugar de ir a la habitación, Grimmjow desvió sus pasos hacia la dirección contraria, bajó el escalón y se dejó caer en el sofá. Pero en lugar de apoyar su espalda atrás, le indicó el respaldo, sin apartar las manos que ahora se habían corrido hasta su pequeña cintura.
—Toma el respaldo y tira de el —Indicó a su espalda.
Obediente, Orihime se movió, notando que de esa forma él tenía absoluta libertad para admirar y tocar sus pechos. O al menos, toda la libertad que le permitía el sostén. Tragó en seco, sintiendo la risa profunda que emitió.
Hizo exactamente lo que pidió.
—Ahora debería haberse soltado. Cuando lo sueltes, caerá en el suelo del desnivel.
Orihime lo dejó caer con cuidado, ocasionando con mucha vergüenza que sus pechos se apretaran contra él en un intento por evitar que cayera demasiado duro. En cuando escuchó el ruido del respaldo contra el suelo, Grimmjow se movió y puso una de sus manos en su espalda, mientras mordía una parte de su pecho. Lamió, besó y deslizó sus dientes provocadoramente por su piel mientras con la mano restante buscaba uno de los cojines dispuestos en el sofá y lo tiraba tras su espalda. Movió su boca hasta uno de sus pezones tapados con la tela —pero escondidos con muy poco esfuerzo— y tras tirar suavemente de uno con sus dientes, se alejó y dejó caer.
Cuando notó que el cojín no había quedado como había imaginado, lo acomodó.
—Ya no te molesta, ¿no?
—No —respondió Orihime, asumiendo que se refería a su entrepierna y músculos del rededor.
—Bien... Vas a montarme —dijo—. Pero tienes que ser cuidadosa, o podría dolerte.
Orihime lo miró sin comprender.
—Pero... Creí que no dolería más.
—Es un proceso, no es que pierdas la virginidad y automáticamente deje de incomodar en todas las poses posibles, ¿sabes? —explicó— De esta forma, contigo encima, es posible que llegue más profundo de lo que llegó la primera vez. La posición lo permite.
Orihime suspiró.
—E-entonces debo hacerlo con cuidado.
—Sí.
Orihime se acomodó, un poco fuera de lugar, sin saber muy bien cómo proceder. Estaba sentada en el regazo de Grimmjow, un poco más allá de su entrepierna. De pronto se sintió muy abrumada. Había sentido la piel caliente de él entre sus piernas cuando la alzó, pero no lo había pensado demasiado.
La vez anterior Grimmjow había dicho que quería que disfrutara ella, principalmente. Eso la llevaba a la siguiente pregunta con mucha incertidumbre. ¿Qué se suponía que hiciera cuando era primera vez que lo veía tan cerca y tenía oportunidad de tocarlo?
Miró a Grimmjow. Él simplemente se había estirado y había puesto las manos tras su cuello. Tenía los ojos cerrados y una expresión demasiado neutra. Sintió que debía hacer algo y pronto.
Armándose de valor, Orihime levantó su mano, temblorosa, y envolvió el miembro de Grimmjow con sus dedos. El corazón le latía en los oídos y su cuerpo temblaba de puro nerviosismo, pero se convenció de no pensar en que podía ser una decepción. Solo tenía que hacerlo.
—Mételo.
Orihime le dirigió la vista, notando que había abierto los ojos y estaba muy pendiente de ella y lo que intentaba en vano hacer.
—Estás lo suficientemente mojada como para que entre a la perfección —dijo—. Así que desliza tu mano hacia abajo —Indicó, poniendo dos dedos en sus dedos que tomaban su pene y guiándolos hacia abajo con la más ligera de las presiones—. Una vez que está abajo, tienes que ubicarlo y debes estar cómoda. Cuando estés preparada, puedes deslizarte.
Orihime apretó sus labios, dejando un rastro brillante después de lamerlos. Se movió entonces, repasando las indicaciones de Grimmjow en su cabeza.
Debía ponerlo en la entrada, y luego acomodarse. Movió sus piernas, intentando con mucha dedicación que quedara centrado, y miró un momento a Grimmjow, insegura.
—Está perfecto —dijo, intentando animarla un poco.
Una pequeña sonrisa se le escapó, y Grimmjow la observó con satisfacción.
—¿Puedes mirarme mientras bajas? —pidió, consiguiendo que ladeara un poco la cabeza, avergonzada— No apartes tus ojos de los míos.
Con un rápido movimiento, Grimmjow se irguió un poco y se apoyó en las palmas de sus manos, sintiendo que ella volvía a acomodarse por eso.
—Solo respira —dijo cuando la vio paralizada.
—E-está bien —asintió, sabiendo que tenía razón y que no tenía nada de qué preocuparse. Había sido algo completamente nuevo y gratamente satisfactorio haber conseguido por sí misma. Estaba lidiando con sus pensamientos obsesivos sobre eso, pero una vez más, se dijo, debía callarlos. Debía seguir los consejos de Grimmjow y acabar con esa nueva sesión.
Orihime se mordió el labio, mientras ponía sus manos en los hombros de Grimmjow, que no le quitaba la mirada de encima. Ella hizo lo mismo, cumpliendo su petición. Era todo un desafío, siendo que solo quería cerrar los ojos, alejarse y esconderse en alguna esquina bajo una gruesa manta. Eso, sin embargo, no iba a ayudarla en su propósito.
Apretó su labio con más fuerza, al igual que los hombros de él, y con cuidado se deslizó por el miembro duro de Grimmjow. Soltó un jadeo mientras lo hacía, y cuando se sentó por completo, no pudo evitar apretar con más fuerza. Por suerte había soltado su labio para poder gemir, si no, quizás hubiera dolido. No dejó de devolverle la mirada ni un segundo, por lo que él había podido apreciar el cambio en su expresión con mucha claridad.
—Mierda —gruñó Grimmjow—. Ven acá un momento.
Sin decir más, la tomó por la nuca y tiró de ella, hasta que él mismo se encargó de morder y lamer sus labios. Grimmjow tiró suavemente de su cabello, de pronto sintiéndose fuera de sí. Quería perderse en el placer que sentía estando dentro de Orihime, en su boca caliente y succionar su maldita lengua hasta el cansancio. Acabó por sentarse, buscando su espalda y metiendo sus dedos por debajo de los tirantes cruzados del sostén deportivo.
Había conseguido descontrolarlo con la sola vista de su adictiva expresión. Jamás iba a olvidarlo, jamás iba a permitirse ser incapaz de verla de nuevo.
—Grimmjow —suspiró.
Él volvió a cubrirle la boca, mientras llevaba sus manos a su trasero y la incitaba a moverse.
—Oh por dios —exclamó bajito, su voz saliendo mucho más aguda.
Grimmjow soltó una risa maliciosa.
—Voy a ignorar eso por hoy —murmuró, empujando su torso hacia él. En consecuencia tenía al alcance su hombro, que besaba y mordía cada vez que ella subía y bajaba.
Le dio un par de apretones a sus pechos, masajeandolos con dedicación, hasta que regresó a su posición, estirándose mientras sus manos se deslizaban a sus piernas. Ella se detuvo, ante la mirada de reojo de Grimmjow.
—E-es... Extraño. No puedo moverme como antes.
—Eso es porque tienes que adaptarte. Sigue mis manos —Grimmjow las subió hasta sus caderas, y comenzó a moverlas para guiarla con el movimiento. Marcó un vaivén que de inmediato le arrancó un gemido—. Eres más caliente que el maldito infierno, amor —Frunció un poco las cejas, sintiendo absolutamente cada descarga de placer que le recorría todo el cuerpo.
El movimiento aún le causaba algunas dificultades después de un rato, pero a Grimmjow no le importó. Sabía que era un movimiento adquirido, algo que solo la práctica iba a permitirle perfeccionar. Además, considerando su buena elongación y todos los ejercicios que hacía... Estaba seguro de que Orihime se iba a convertir en una maldita experta en un abrir y cerrar de ojos. Pero no importaba, incluso sin ser una experta lo hacía sentir muy bien.
Orihime comenzó a gemir con suavidad, con las mejillas rojas y sus pechos moviéndose a la par.
Sin decir nada, Grimmjow volvió a tomar sus caderas, percatándose del vistazo lleno de confusión que ella le daba. Solo entrecerró los ojos, concentrado en su expresión, mientras esta vez movía su cadera con un desplazamiento hacia atrás. Sus cuerpos se despegaron un momento, con ella siguiéndolo obedientemente, y cuando volvió a bajar, ella volvió a gemir. Grimmjow la sintió apoyar ambas manos en su abdomen, y luego seguir con el nuevo movimiento que le había enseñado.
Tener buen sexo dependía de tres factores para Grimmjow: con quién se hacía, de la experiencia de al menos una de las partes, y finalmente, de abandonarse al instinto.
Ella rápidamente resolvió el método para sentir placer, moviendo sus caderas apegada a su cuerpo algunas veces, intercalándolo con el desplazamiento que le permitía alejarse de su ingle y tomar impulso.
—¡Ahn! —Se mordió el labio inferior.
—Aah mierda —Arrastró las palabras, moviendo las manos hasta su cintura para servirle de apoyo. Los dedos envolviéndose con firmeza en su piel tuvieron un gran efecto, considerando que tras eso Orihime consiguió aumentar un poco más la velocidad.
Grimmjow suspiró, sin dejar de mirar su expresión ni por un segundo. Verla bajo él mientras la consentía era una cosa, pero verla encima de su cuerpo, dándose placer a sí misma era algo que le volaba la maldita cabeza. Era la mujer más ardiente que había conocido, podía estar usando un estúpido e inocente pijama de flores y Grimmjow de todas formas iba a desear follársela una y otra vez, justo como en ese momento y en todas las posiciones que se le pudieran ocurrir.
Movió una de sus manos hasta la cola de caballo, que había llegado delante de su hombro con los movimientos tan hipnotizantes que Orihime hacía con su cabeza, montándolo con completa entrega, al punto en que el placer le movía la cabeza con cierta perdición. Enrolló su mano en su cabello, girándolo por el dorso de su mano y sus dedos, hasta que lo atrapó y tiró con suavidad. Orihime se tensó un segundo, pero de inmediato se dispuso a seguirlo.
Grimmjow la recibió en su pecho, apartando la mano de su cabello para deslizar las dos por toda la extensión de su espalda, firme, para después desplazarse hasta su trasero. Una vez más, la tomó con fuerza y comenzó a moverse, lento pero llegando tan profundo como podía.
—¡G-Grimmjowwh! —gimió cerca de su oído, ocasionando que deseara acabar con eso de una buena vez y meterla dentro de ella mucho más rápido de lo que lo estaba haciendo. Por suerte consiguió contenerse para mantener el ritmo que llevaba, Orihime lo estaba disfrutando mucho si tenía en cuenta sus halagadores jadeos y gemidos.
—Has sido una buena chica, Orihime —Tras decir eso, soltó un gruñido. Ella le enterró las uñas en el pecho y hombro, que era de donde se estaba sosteniendo—. Voy a hacerte una pregunta. Tienes responder con sinceridad.
—A-¡Ah! Ahamm —asintió, sin siquiera mirarlo. Grimmjow había usado el tono más serio que había podido, pero ya que ella no estaba prestando atención a nada más que el placer, se permitió sonreír. No era lo que pretendía en un inicio, pero de todas formas servía.
—¿Te gusta esto?
—Grimmjow... —El suspiro sonó más como un quejido esta vez.
—Ya —respondió dejando un jadeo salir al final, al mismo tiempo en que aumentaba más la velocidad—. Pero quiero saberlo, quiero que digas mi nombre y que grites lo mucho que adoras que te folle.
Orihime ahogó un gritito, consiguiendo que su sonrisa se ensanchara. Todavía se permitía avergonzarse, y cuando no fuera así Grimmjow creía que se congelaría el infierno.
—Grita —ordenó.
Ella sacudió la cabeza con muy poca convicción gracias a las embestidas.
—Orihime —Movió sus manos, una la dejó en su cintura para apresarla contra su abdomen y la otra la llevó a su rostro, acercándose a su oído—. Hazlo.
—Y-yo-uhm-.
—Voy a compensarlo muy bien —Rió en su oreja, sacando su lengua para lamer el borde y luego deslizó los dientes, haciendo un poco de presión en su lóbulo.
—¡A-ah!
Finalmente Grimmjow chasqueó la lengua. Enganchó la misma mano en su cintura hasta que la abrazó completamente, y se detuvo solo un segundo para dar la vuelta y quedar él encima esta vez. Ella por fin abrió los ojos, mirándolo por entre sus pestañas de una forma malditamente lasciva.
Grimmjow sonrió, moviendo su cuerpo a voluntad gracias a que ella se lo permitió. La hizo apoyarse en sus rodillas e inclinarse contra el sofá.
—G-Grimmjow... —musitó, insegura.
—Voy a conseguir que grites —dijo con simpleza—. Por las buenas, o por las malas.
A penas terminó de decirlo, deslizó su miembro dentro de ella otra vez. Un gemido increíblemente agudo salió de su garganta cuando llegó hasta el fondo.
Él puso una de sus manos en su espalda baja. Con la otra mano le separó un poco más las piernas y se acomodó mejor entre ellas. Entonces volvió a embestirla, primero probando si le dolía en caso de tocar muy adentro.
Celebró mentalmente cuando todo lo que salió fueron sonidos de satisfacción.
Posicionó sus manos en sus caderas con firmeza, y comenzó a penetrarla con más fuerza. Mientras lo hacía, su mirada se mantuvo atenta en su trasero, que se movía cuando chocaba con su cuerpo.
Lo que había sorprendido a Grimmjow esa y todas las veces anteriores en que miró a Orihime como la mujer que le atraía, era que podía haber visto al menos cientos de cuerpos increíblemente distribuidos y tonificados. Pero el sentimiento de euforia que lo inundaba cuando la embestía o tocaba, o lo hipnotizado que se quedaba viéndola gemir, lo hacían disfrutar plenamente el sexo.
No recordaba la última vez que lo había hecho y se había divertido como si fuera el hombre más afortunado del mundo.
Que en realidad, lo era. Y sus amigos estarían muy de acuerdo con eso.
—Maldición —gimió, siendo seguido de inmediato por Orihime.
—Ah... ¡Aah! —Mantuvo la profundidad y la firmeza de las embestidas, ocasionando que ella soltara un grito combinado con un suspiro.
—¿Vas a gritar ahora? —preguntó, jadeando— Solo tienes que decirme si te gusta cómo te cojo, amor —Sonrió.
—Grimmjow —jadeó fuertemente.
—¿Si? —Hizo que su tono sonara aterciopelado.
Grimmjow se mordió el labio inferior, sintiendo un cosquilleo en su mano. Tenía que hacerlo, al menos para saber si le gustaba o no, se dijo.
—¡Grimmjow!
—¿Si?
Ella estaba por decir algo nuevamente, cuando él dejó caer la palma de su mano con fuerza en su glúteo derecho.
—¡A-ah, Grimmjow!
—Dilo —insistió.
—N-no puedo más —jadeó.
Grimmjow notó que movía sus brazos hasta abrazar el cojín que él había estado usando. Lo tomó con tanta fuerza entre sus dedos que se preguntó un momento si lo habría hecho sangrar de ser su víctima.
En medio de eso frunció el ceño, sintiendo la característica presión dentro de él.
—Dime qué es lo que quieres, dime si hay algo que estés pensando justo ahora —dijo, soltando un gruñido justo después y apretando la piel bajo sus dedos con fuerza.
—Q-quiero... —jadeó. Su voz se había convertido en algo distorsionado por el placer, al punto en que sus palabras habían salido un poco arrastradas y agudas— Yo solo... S-olo te quiero a ti d-dentro...
—¿Dentro...? —La incitó a seguir.
—¡Dentro de mí! —gimió fuertemente, apretando con más fuerza que antes si era posible el pobre cojín entre sus brazos. Supo que había acabado cuando soltó un último alarido y su interior se contrajo contra él.
—Aash, ¡mierda! —exclamó, saliendo de ella en cuanto decidió que se había quedado suficiente. No alcanzó a terminar dentro gracias a eso, y antes de que saliera más envolvió la base de su pene con fuerza, frunciendo el ceño y apretando los dientes— Maldita sea —jadeó, tomando aire profundamente.
Junto a él, Orihime se tensó notoriamente. Grimmjow esperó de corazón que no le molestara que un poco de su semen se escurriera por su trasero, del mismo lado que había golpeado. Grimmjow soltó su agarre en su miembro un poco, controlándolo mejor, y deslizó la otra mano hasta la punta para evitar que lo que saliera cayera a su sofá o a la alfombra.
—Ugh —gruñó, con el pecho subiendo y bajando. Casi todo terminó por caer en su mano gracias a que había obstaculizado el paso de la mayoría.
—G-Grimmjow... —murmuró Orihime, un poco alarmada.
—Sí, no te muevas. Lo siento, debí preguntarte —dijo sintiéndolo genuinamente—. Volveré de inmediato, grita si se escurre muy abajo.
—E-está bien.
Grimmjow se puso de pie, alejándose del sofá. Pero aunque estaba muy preocupado del desastre que podría quedar o haber quedado, que debía limpiar cuanto antes, se permitió mirar a Orihime de reojo.
La vista de su trasero redondo y empinado por la posición compensó cualquier otra cosa. Se mordió la lengua para no reír y siguió su camino hasta el baño, mientras pensaba en la increíble decisión que los había llevado a eso. Nunca iba a arrepentirse, no iba a dejar que su parte más racional interviniera en eso.
Coger con Orihime se había posicionado muy arriba en su lista de cosas favoritas, y solo habían bastado dos veces para que eso sucediera. Se preguntó si ocuparía los primeros seis puestos de la lista cuando estuvieran por la sexta vez.
