Advertencias: Leve resurgimiento de traumas. Y lo de siempre.
Namasté
—¿Te gusta usar otras cosas al... Tener... s-sexo?
Grimmjow levantó la cabeza y la miró de reojo desde la cocina.
—¿Has estado investigando? —Soltó una breve risa.
Orihime, sentada y acurrucada contra una manta en su sofá, se obligó a responder afirmativamente. Cualquier cosa que a Grimmjow se le ocurriera preguntar porque había abierto la boca, iba a ser incapaz de responderla bien, porque no había investigado nada, solo estaba comprobando si lo que había dicho Nelliel era verdad.
—¿Qué quieres saber entonces? —preguntó— Me gusta usar juguetes, es divertido.
No pudo hacerse una idea de a qué se refería exactamente con juguetes. Tendría que investigar de verdad.
—Y... ¿Te gusta usar crema?
—No. Es asqueroso —Su negativa fue fuerte e inmediata, ni siquiera lo pensó por un segundo.
—Ah, ya veo.
Nelliel había mentido, entonces. ¿Debía esperar lo mismo cuando se reunieran el día siguiente?
—Al menos a mí me molestaría usarla contigo. Si tú quieres usarla... —Se volteó, trayendo dos platos de comida con él— Puedes imaginar que mi pene es un helado, me da igual.
Carraspeó nerviosamente, intentando ignorarlo.
—¿No te molestaría de todas formas?
Grimmjow se encogió de hombros y se sentó a su lado. Orihime recibió el plato y el tenedor enganchado a un lado, ocasionando que la manta se abriera un poco. Solo se había puesto la ropa interior inferior para evitar ensuciar la tela del sofá.
—No. No será mi nariz la que esté cerca —respondió, descansando la espalda contra el respaldo y tomando su propio tenedor.
La pequeña estufa que había podido conseguir con su primer pago por las clases de yoga, aún estaba prendida. No era la gran cosa, era en realidad bastante pequeña, apenas había conseguido secar las prendas de Grimmjow, que de todas formas no parecía necesitarlas porque se había mantenido casi desnudo desde que la había arrinconado contra la pared. Al igual que ella, solo llevaba puesta la ropa interior. Había cocinado así, y se había paseado por toda su casa también.
Ella, sin nada que decir, solo se había mantenido observando. Demasiado agradecida como para siquiera pensar en su bienestar hasta ese momento.
—¿No tienes frío?
—No hay como tenerlo contigo.
Orihime frunció el ceño adorablemente.
—No estoy bromeando.
—¿Crees que yo sí?
Lo miró de reojo, notando que la observaba de vuelta. Finalmente sacudió la cabeza, restándole importancia.
Se dispuso entonces a comer el pollo sazonado que Grimmjow había decidido preparar. Ambas tazas de café que ella había preparado se habían acabado enfriando, considerando lo ocupados que estuvieron después de la interrupción de Hoshiki.
—¿Aún quieres que me quede?
Orihime lo miró después de deslizar un poco de pollo y ensalada en su boca.
—Si quieres... puedes irte.
—Todavía no deja de llover. Dijiste que querías ver qué se sentía estar con alguien durante una tormenta... Solo me aseguro de no incomodarte.
Ella sacudió la cabeza, algo desconcertada. Le había pedido que se quedara con ella, ¿por qué se aseguraba y reiteraba la pregunta cuando ya había respuesta?
—¿Crees que... Cambié de opinión?
—Es posible —respondió—. Cuando dijiste que me quedara, podías simplemente querer sexo.
La franqueza con que podía decir algo así muchas veces, aunque le gustaba, también la sorprendía. Le hacía recordar eso, cuando Tatsuki llamaba perras a algunas personas. Quizás debía decirle que eso era todo, que solo quería sexo. Así estaría cumpliendo su palabra. Hacer de sus primeras veces algo digno que contar no implicaba que debía acurrucarse con ella en el sofá, quedarse cuando se lo pedía en una tormenta, ni aceptar que creyeran que eran pareja, ¿verdad?
Grimmjow chasqueó la lengua.
—Deja de poner esa cara.
Pero era difícil, siendo que para estar con Grimmjow, realmente debía ser una perra. Estaba segura de que Tatsuki no creería que ella se había atrevido a tener una relación basada en sexo, tal como Ichigo, que aún parecía creer que Grimmjow iba a romper su corazón.
Una tarea compleja, siendo que el mismo Ichigo se lo había roto al compartir sus sentimientos y vergonzosa confesión con Nelliel.
Mientras buscaba la ropa para Grimmjow, había recibido una vez más un mensaje con una pobre y vacía disculpa y una advertencia sobre su acompañante. Nada nuevo.
—Hey.
Orihime sintió la mano de Grimmjow en su muslo, apretando levemente. De inmediato lo miró, siendo incapaz de mantenerse en su hilo de pensamientos con el delicioso estremecimiento que su tacto había causado. Había dejado el tenedor en su plato y ahora lo sostenía todo en una mano, con tal de llamar su atención.
—L-lo siento...
—No seas ridícula...
Orihime sonrió avergonzada, asintiendo al mismo tiempo en que regresaba su atención a su plato. Tras ese momento, tras ser regresada al plano de su sofá por Grimmjow, comenzaba a sentir mucha hambre. Un hambre insistente y voraz que la hizo comer casi la mitad de su plato en menos tiempo del que creía siquiera era posible.
—¿Hay algo que quieras decir? —preguntó Grimmjow, entrecerrando los ojos en su dirección, demasiado pendiente de ella como para ingerir su propia comida.
Orihime solo sacudió la cabeza.
Grimmjow frunció el ceño y finalmente se deslizó hasta el borde del sofá. Dejó el plato en la pequeña mesita y la movió un poco más lejos, haciendo más espacio en el suelo. Luego se giró hacia Orihime y tomó su plato con cuidado. Con una sola mirada, ella lo soltó y dejó su tenedor, aún masticando.
Parecía una maldita ardilla.
Una maldita ardilla con ansiedad.
—¿Qué...?
Esta vez, fue Grimmjow quién optó por guardar silencio. Sabía que ella no lo había hecho a propósito, pero iba a quitarle lo divertido si abría la boca.
Se puso de pie y se arrodilló frente a ella. Ubicando las manos en sus piernas, la incitó a descruzarlas y deslizó los dedos hasta su tanga. Ella no opuso resistencia alguna, sin embargo, se notaba en su rostro lo confundida que se sentía.
Una vez le quitó la prenda, la dejó por ahí y volvió a tomar sus piernas para acomodar su cuerpo en el sofá. Cuando él comenzó a flexionar sus piernas con tal de dejar su entrepierna a su disposición, Orihime se dio cuenta de que debía preocuparse.
—G-Grimmjow...
Antes de que terminara de llevar sus manos al lugar para interrumpirlo, Grimmjow usó una de las suyas para tomar sus dos muñecas.
—¿Qué haces? —susurró, sonrojándose en cuanto su otra mano comenzó a moverse desde su abdomen hasta su clítoris.
—Cierra la boca.
—P-pero- —Ella carraspeó— N-no has terminado de comer...
—Hubo un cambio en el menú.
Él le dedicó una sonrisa, al mismo tiempo en que acercaba su boca a ella.
—G-¡Grimmjow! Espera —sollozó, tan roja y alarmada al darse cuenta de lo que iba a hacer que casi consigue golpearle la cara con una de sus rodillas. Por suerte él alcanzó a reaccionar, inclinando su cuerpo hacía ella para conseguir que sus hombros empujaran sus piernas, dejándola ligeramente encerrada y sin poder moverse.
—¡Oye!
Ante su voz demandante, Orihime se detuvo, paralizada en su propio sofá, demasiado expuesta ante Grimmjow. ¿Alguna vez le había hablado así? ¿Por qué de pronto el calor en su cuerpo había subido y se humedecía ante su voz y su expresión?
Debía haber perdido la cabeza.
O simplemente había sido la virginidad y ahora comenzaba a entender cómo funcionaba su cuerpo cuando se excitaba.
Quizás no debía sobrepensar por qué el Grimmjow levemente enfadado que hacía su voz un toque más profundo y le ordenaba cosas mientras la tenía vulgarmente abierta de piernas, la calentaba tanto. Quizás si lo hacía, iba a comenzar a juzgarse a ella misma sin saber realmente sobre el tema.
Quizás si le preguntaba a él lo entendería y la ayudaría.
—G-Grimmjow.
—¿Qué?
—¿P-puede excitarme que... ¿Me hayas... Hablado de esa manera?
En cuanto lo soltó, se arrepintió.
Grimmjow sonrió como una maldita hiena, con malvada diversión bailando en su boca, y soltó sus muñecas. Dejó de presionar sus piernas con su cuerpo para hacerlo con sus propias manos. Ella jadeó levemente en cuando sintió sus piernas presionando sus pechos.
—Puede.
Guardó silencio un momento.
—Cuando tienes sexo, no siempre vas a ser compatible con tus parejas. Pero da la casualidad...
Orihime lo miró, expectante, demasiado pendiente de sus ojos y sus labios.
—De que a mí me encanta tenerte a mi merced.
Orihime tragó en seco, observando cómo con lentitud y sin quitarle la mirada de encima volvía a acercar su boca a ella. Hasta que simplemente no pudo hacerlo más y cerró los ojos, deslizando con lascivia su nariz y boca por la extensión de su intimidad.
Ella, por su parte, no podía simplemente cerrar los ojos, no todavía. ¿Era posible que la imagen de alguien cerca de su entrepierna fuera tan erótica? Y la forma en que parecía estarla provocando poco a poco con sus movimientos, dios, iba a matarla.
Su respiración comenzó a ser irregular, mientras sentía cada cosquilleo recorrerla por las piernas y de vuelta hasta el abdomen.
Y entonces sintió su lengua caliente y húmeda, deslizándose, sacándole un gemido profundo y repentino.
Se mordió el labio.
—Oh por- —Él la miró un segundo. Orihime no pudo percatarse de ello porque, hipnotizada y a su merced, había cerrado los ojos y dejado caer su cabeza en el respaldo del sofá. Grimmjow deslizó la lengua hasta su clítoris, decidido a sacarle la frase completa— A-ah, ¡Grimmjow!
No pudo evitar sonreír por un segundo.
—Buena chica.
Se habría engañado si decía que no estaba nerviosa. La tarde anterior había comprobado que Nelliel había mentido en parte de lo que le había comentado. Probablemente su propósito era que hiciera enojar a Grimmjow o algo por el estilo, pero realmente Orihime no se caracterizaba por hacer cosas sin preguntar. Solía pedir opiniones al respecto a alguien más, y ahora tenía a alguien con quién compartir su vida sexual. Hasta cierto punto.
En realidad, jamás habría intentado usar crema sin antes consultarlo con Grimmjow porque ella sabía casi todo lo que él le había enseñado y lo que había estudiado en la escuela sobre educación sexual. Nada más.
Nelliel no la conocía, se dio cuenta con eso, y probablemente Ichigo no le había hablado sobre ella más allá de su confesión. Eso solo la hacía sentir peor.
Descubrir que había mentido, por lo tanto, la había hecho dudar sobre cualquier cosa que le dijera esa tarde por adelantado. No podía ser de otra forma, no creía ser tan ingenua como Nelliel parecía creer.
Ese mismo día, entrada ya la noche, se transmitiría el torneo de Tatsuki. Le había pedido a Grimmjow que le permitiera verlo en su casa, así que habían quedado en que pasaría a buscarla a casa una hora antes. Según eso, debía estar en su hogar al menos media hora antes, sabiendo que no le había comentado a Grimmjow nada respecto a que saldría ni con quién, así que no podía permitirse oír a Nelliel más de lo necesario.
Respiró profundamente y empujó la puerta de Las Noches, adentrándose al mismo tiempo en que intentaba moler la correa de su cartera con sus dedos.
El nerviosismo se la estaba comiendo rápidamente. Sentía el corazón en su cabeza, era horrible.
Tal como había dicho Nelliel, estaba apoyada en la barra, charlando con Ulquiorra, que parecía estar ignorando su presencia deliberadamente.
—Nelliel-san.
—Oh —Se volteó de inmediato, terminando de acercarse a ella para darle un abrazo—. ¡Orihime! ¿Cómo has estado?
Le sabía un poco fuera de lugar la actitud de Nelliel, considerando su mentira y la forma tan despectiva de tratarla que había tenido en el departamento de Grimmjow. La hacía sentir indefensa y enferma.
—H-hola. Bien —respondió apenas se alejó de ella.
—Me alegra —Sonrió—. Le estaba pidiendo a Ulquiorra unos tragos, pero no sé qué te gusta. Pensé en un Bloody Mary, pero probablemente eres más de margaritas.
—Con agua estará bien...
Nelliel soltó una risa divertida.
—Qué graciosa eres. Dame un whisky y una margarita, Ulquiorra.
Orihime hizo una mueca preocupada, sintiéndose tan pasada a llevar. Miró a Ulquiorra, rogando casi un poco de ayuda, pero él solo la miró y preparó meticulosamente ambos vasos.
No había probado nunca las margaritas, y tampoco pretendía hacerlo, no al menos junto a Nelliel, no se sentía segura bebiendo con alguien en quien no confiaba.
—Yo invito —dijo Nelliel, deslizando la mano por su brazo por un momento.
Orihime mordió su labio inferior, frustrada por ser incapaz de ponerse firme y rechazarla.
Grimmjow había dicho que no era asunto suyo si pensaba que podía ser amiga de Nelliel. Por un momento, ese día, acostada junto a él y pensando en que cada historia tenía diferentes versiones, lo creyó. Pero tras su llegada imprevista al departamento y tras insultarla, Orihime simplemente no podía, aunque lo intentara. No se sentía cómoda con cómo Nelliel la trataba, ni sabiendo que Ichigo le había compartido algo tan privado e importante sobre ella, ni siendo consciente de que había intentado poner a Grimmjow en su contra con algo tan ridículo.
Para haber sido su amiga en algún momento de la vida, tampoco parecía conocerlo bien.
—Woo —suspiró—. El trabajo ha sido muy estresante estos días, algunos hombres son realmente asquerosos. ¿Tú trabajas, Hime?
Orihime le devolvió la mirada por un momento, sintiendo la necesidad de pedirle que no la llamara de esa manera. Pero una vez más, su voz simplemente no salió más que para responder con obediencia.
—Soy instructora de yoga en el gimnasio de la universidad... Es solo un trabajo de medio tiempo.
—Ah, ya veo. Tiene sentido que Grimmjow esté interesado —Soltó una risa.
—¿D-disculpa?
—Una vez me inscribí al mismo gimnasio que él, estaba cerca de la escuela. Nunca había estado tan apegado a mí —dijo—. Creo que tiene una fijación por las mujeres que van al gimnasio. Y haces yoga —comentó como si eso último respondiera todo—. Debes ser flexible.
En cuanto consiguió entender a qué se refería, los colores se alojaron en sus mejillas.
—Ustedes...
—Éramos compañeros, amigos y teníamos sexo. Hasta que conseguí novio.
Orihime volvió a mirar a Ulquiorra, demasiado perturbada con la aparente necesidad de Nelliel de restregarle que había estado sexualmente con Grimmjow. Si lo conocía, ella no podía creer que eran pareja, ¿por qué pensaba que le interesaba en lo más mínimo?
Carraspeó suavemente, incómoda con la situación.
Realmente había sido una pésima idea aceptar hablar con ella.
—Aquí tienen.
Ulquiorra dejó ambos vasos en la superficie de madera de la barra y, sin siquiera mirarlas, se volteó hacia el próximo cliente.
A esa hora había un poco de concurrencia en el local, pero no estaba en su límite, aún no era la hora punta.
—Oh dios, que maravilla —jadeó Nelliel, tomando su trago—. Necesitaba esto.
Sin saber del todo qué más hacer, Orihime tomó el que había pedido para ella, sabiendo que no iba a tomar más allá de un sorbo.
—Vamos arriba, ¿te parece? Me encantan las mesas de ahí, tienen asientos muy cómodos. ¿Has subido alguna vez?
—N-no.
No había ninguna otra respuesta correcta a esa pregunta.
—Qué lástima —dijo—. Tienes suerte de que haya decidido invitarte.
Orihime la miró de reojo mientras se dirigían hacia la escalera, escuchando el leve tarareo que iba haciendo después de soltar esa frase. Con seguridad, si fuera capaz de oponerse, Orihime no habría vuelto a ese lugar sin alguien que supiera lo que le había ocurrido. Nadie más iba a preocuparse o entender si mencionaba que no deseaba subir, nadie más iba a saber ayudarla a sentirse mejor en ese lugar.
Pero era Orihime Inoue, quien estaba demasiado aterrada por compartir sus opiniones.
No había forma de decirle que no a Nelliel.
En cuanto echó un vistazo al segundo piso y se fijó en las puertas que daban a las terrazas, Orihime sintió que dejaba de respirar. Con demasiada intensidad, la sensación de la mano del hombre de la cicatriz apretando fuertemente su muñeca la hizo salirse de su propio cuerpo.
Comenzó a caminar tras Nelliel en un estado automático, sin oír nada más que los sonidos de entonces. También estaban las personas y una luz de la derecha que había que cambiar porque era inconstante y tenue, y el ambiente estaba tan helado y se sentía tan gris como aquel día.
A cada paso que daba sentía que iba a tropezar y caer, sintiéndose arrastrada con su muñeca ardiendo de dolor.
Era una pesadilla. Y dentro de ella lo siguió hasta la terraza del fondo, donde comenzó a tocarla insistentemente. Sus manos recorrían sus piernas y tocaron dolorosamente sus pechos. Solo quería llorar.
—Orihime...
¿Por qué no podía simplemente rechazar a Nelliel y regresar a casa? Esperaría a la llegada de Grimmjow y se sentiría protegida contra su esaplda mientras la llevaba a su departamento en su motocicleta. Y vería feliz el torneo de Tatsuki, esperando su victoria.
—Orihime.
Nelliel tomó su muñeca, sacándola de sus memorias. Finalmente le regresó la mirada, perdida, preguntándose cómo ese hombre se había metido tan fuertemente en su piel, haciéndola sentir tan débil y tonta.
—Orihime, ¿estás bien?
Por un segundo pudo ver genuina preocupación en los ojos de Nelliel, quizás temerosa de que de pronto se desmayara, sin saber en dónde vivía ni como llevarla como peso muerto de regreso a casa. Probablemente temía tener que llamar a Ichigo o, en el peor caso, a Grimmjow.
—S-sí...
—Estás pálida.
Volteó hacia atrás, echando un vistazo al camino que habían recorrido. La luz había sido reparada y no estaban los mismos rostros de aquella vez. Regresó a Nelliel, sintiendo la garganta demasiado seca y su corazón apenas latiendo.
—Solo tengo un poco de frío —sonrió nerviosamente.
Nelliel sabía que era mentira, nadie saludable tenía frío dentro del local y con la chaqueta que ella llevaba puesta. Y nadie con solo frío tenía esa mirada perdida y aterrada.
—Ven, hay que sentarnos aquí —dijo entonces, arrastrándola mucho más gentilmente que el hombre de la cicatriz, directo a una mesa vacía que permitía mirar las del primer piso.
Ambas dejaron su copa sobre la mesa mientras se acomodaban, una frente a la otra.
—¿Qué eres de Grimmjow? —preguntó.
Orihime recordó por un momento el trato que se habían dado mutuamente la última vez. Era pésimo, pero aún Nelliel decía libremente lo atractivo que le parecía. Estaba segura de que al menos estaría a gusto con acostarse con él, porque si no, no entendía su insistencia en mencionar a alguien que detestaba.
—¿Por qué te interesa tanto? —murmuró.
—Hmm —hizo como que lo pensaba—. Grimmjow fue mi amigo en algún momento, así que creo que lo conozco. Me parece curioso el hecho de que pasen tanto tiempo juntos, o eso imagino... Porque él nunca habría hecho eso después de que rompí su pobre corazón. ¿Te lo ha contado? Después de que mi novio me dejó, nos acostamos una última vez. Parece que se ilusionó un poco, así que cuando le dije que solo lo quería por su atractivo y por su pene... —Se encogió de hombros—. No lo sé, solo desapareció tras decirme que no me acercara. ¿Puedes creerlo?
Orihime apretó los labios, de repente enfadada con la manera orgullosa en que había dicho eso. ¿Cómo podía ser feliz o sentirse satisfecha al jugar con los sentimientos de quién consideraba de alguna u otra manera su amigo? Entendía entonces por qué Grimmjow le guardaba tanto rencor y la quería lejos de él. Con lo tajante y directo que era, con seguridad no había dudado en romper relación con ella tras sentirse traicionado.
—Aún le tengo un poco de lástima. Pero gracias a mí es el experto que es —Sonrió—. Todo lo que te ha hecho... —La miró de arriba abajo, tanto como la mesa le permitía— Me lo hizo primero a mí.
Nelliel comenzó a reír.
—Lo siento. Me encanta presumir que fui la que le enseñó todo lo que sabe. Se siente bien.
Tomó su vaso y le dio un trago, aún con una sonrisa presumida en sus labios, que finalmente no desapareció. Orihime comenzó a jugar con sus dedos por debajo de la mesa, frustrada. Aparentemente, había ido para que Nelliel le restregara en la cara todo lo que había hecho, el hecho de que había sido la primera y muchas veces de Grimmjow y luego probablemente siguiera, presumiéndole el hecho de que era ella quién estaba junto a Ichigo ahora.
—Bueno, si no me quieres responder está bien —suspiró—. En realidad, el motivo por el que te invité fue otro. Me gustaría confesarme, siento que no estamos en igualdad de condiciones, ya que Ichigo me contó de tus sentimientos por él y todo eso —dijo con un tono desinteresado, como si nada de eso tuviera importancia—. Solo no me parece justo. ¿Me sigues?
Orihime dejó de mirar su margarita y asintió, dispersa. Tenía razón, no debió ir en primer lugar. Aún tenía el sabor amargo de sus recuerdos atormentándola y, además, debía escuchar a Nelliel hablar orgullosa de haberle hecho daño al hombre con el que ahora se sentía protegida y a gusto. Al hombre con el que le gustaba pasar el tiempo y que adoraba que la tocara, al punto en que olvidaba las sucias marcas en sus piernas y pechos de esa tarde en Las Noches.
Su situación no era justa.
—Bien... —dijo, no muy satisfecha— Grimmjow tiene razón. Estoy enamorada de Ichigo. Es uno de los mejores hombres que he conocido. Siempre ha sido tan protector y atento conmigo —suspiró con ilusión—. Estoy muy agradecida de que hayas decidido alejarte un poco, aunque no eres y nunca fuiste el gran problema. Por eso quise que saliéramos juntas, quiero que te vayas con un chico esta noche, alguien que conozcas y con quién sientas después lo mismo que yo siento por Ichigo. Como una forma de compensar todos los malos ratos que has pasado por mi culpa. Lo siento, ¿sí?
Orihime respiró profundamente.
¿Qué descarada forma de minimizar y despreciar a su persona era esa? Alguien con quién sintiera lo mismo que con Ichigo. Qué tontería era esa viniendo de su boca. Al parecer no se había equivocado con su predicción, pero de alguna forma había conseguido hacerlo peor, insinuando que quería la felicidad para ella, buscando un hombre en el mismo bar que le había dado una de sus peores experiencias. Eso Nelliel no podía saberlo, por supuesto, pero parecía una mala broma.
—Nelliel-san, yo... No necesito encontrar a nadie, y menos que seas tú quién me ayude con eso —murmuró.
La escuchó suspirar con fuerza y cuando la miró, estaba rodando los ojos con fastidio.
—Lo dices por Grimmjow —adivinó—. Créeme, no es el hombre que necesitas. Ese hombre es lo que justamente nadie necesita. No seas tonta, en cualquier momento va a desecharte y se irá con una mujer más hermosa, atractiva, y no te dejará nada bueno. Grimmjow es el tipo de hombre que usas para una cogida, una muy buena cogida —recalcó—, pero nada más.
—T-te agradecería que dejaras de hablar de esa manera de él.
—Orihime —gimió, perdiendo la paciencia.
—E-es solo que... —Se mordió el labio y luego tomó aire— Grimmjow me ha ayudado mucho, le tengo mucha estima. Y si lo que hiciste es verdad, no creo que tengas derecho a hablar de él de esa manera. Imagino que él estaba enamorado de ti, no lo sé, pero... ¿Cómo te sentirías si Kurosaki-kun hiciera algo parecido contigo?
Nelliel sonrió.
—Ambas sabemos que eso no va a ocurrir.
Orihime asintió, no tanto por estar de acuerdo, más bien pensando en lo complicado que parecía hacer entender a Nelliel lo horrible que había sido. No era su deber ni tenía por qué esforzarse en eso, pero por algún motivo, esperaba que dejara de comportarse así. Ella sí creía un poco en el karma, o en las consecuencias.
—Pero Kurosaki-kun te contó eso de mí —dijo entonces—. ¿No crees que pueda hacerlo con algo tuyo que sea privado?
Solo entonces notó que Nelliel hacía una mueca, ya sin ánimos de sonreír alegremente. Solo le quedó para una pequeña sonrisa, amarga y con poca gracia.
—Orihime... —comenzó— No estás entendiendo. Voy a conseguir que Ichigo solo me vea a mí. Cuando se dé cuenta, no le quedarán ganas de hablar pestes de mí como si fuera cualquiera, no va a hablar de mí a menos que sea para presumir.
Reconoció su malvada intención, dándole a entender que ella era cualquier persona.
—Pero Rukia-chan-.
—En mi experiencia, ni un hombre casado está muerto, Orihime —Sonrió.
Habían bastado treinta minutos para que Nelliel la hiciera sentirse tan agotada como lo estaría tras una maratón. Se había pasado tratándolos a Grimmjow y a ella como si sus sentimientos no valieran para nada. Pero Rukia... Rukia sin dudas no se merecía eso, hasta se había sentido como la peor persona cuando se confesó a Ichigo. No sabía si había sido la culpa la que la hizo ponerse de pie, moliendo la correa de su cartera, o si simplemente había llegado a su límite.
—¡Nelliel-san!
Ella alzó las cejas, un poco sorprendida.
—Decidí venir porque dijiste que ibas a disculparte, y porque creí que tu actitud en el departamento había sido algo aislado —Tomó aire—. Si realmente estuvieras enamorada de Kurosaki-kun, creo que entenderías la tortura por la que hiciste pasar a Grimmjow y lo mal que me hizo sentir que mencionaras en mi cara algo que creí había quedado solo entre Kurosaki-kun y yo. Desde que llegué me has estado insultando, y a mis amigos también. Y-yo... De verdad no me importa si Kurosaki-kun y tú... Creen que está bien estar... Juntos —murmuró al final—. Pero por favor, no lastimen a Rukia-chan en el proceso, ella no se lo merece.
—Ah... —Nelliel carraspeó—. Rukia-chan no se lo merece —Imitó ligeramente su tono—, pero aún así intentaste quitarle al novio.
Orihime tragó en seco, sintiéndose avergonzada. Así era como se veía, lo sabía, aunque ella estaba esperando una respuesta negativa cuando se confesó. No esperaba que ellos se separaran, no quería traicionar a Rukia, solo...
Solo quería hablar por una vez, y dejarlo ir.
—Eres una hipócrita —Chasqueó la lengua—. Me enfada tanto mirarte, eres solo una mosquita muerta. Me dices que soy una persona horrible y no quieres que Rukia-chan salga lastimada, pero es exactamente lo que tú hiciste. Intentaste meterte en medio de una relación, y cuando Ichigo lo compartió conmigo y lo supiste, actuaste como si fueras la víctima en todo esto.
Tal como ella, Nelliel se puso de pie, apoyándose levemente en la mesa.
—Pero ahora estás con Grimmjow, y las dos sabemos por qué —Sonrió—. Eres una perra. Al menos yo te digo en la cara lo increíble que es Grimmjow en la cama y que si pudiera, le rogaría que me cogiera. Pero tú... Dices que le tienes estima —Soltó una carcajada—. Vamos, Orihime, es una noche de confesiones. Dime en la cara que eres una perra y el único motivo por el que estás al lado de Grimmjow es por el sexo, imaginando que en realidad el que está entre tus piernas, es Kurosaki-kun.
Sus mejillas estaban tan rojas, y su rostro entero comenzaba a calentarse.
No llores, no llores.
Nelliel tenía razón en algo. No era más que una perra hipócrita. Y le gustaba el sexo.
Pero se equivocaba al mencionar a Ichigo, porque ni siquiera cuando estuvo perdidamente enamorada de él se atrevió a pensar de esa manera. También se equivocaba en que realmente... Sí quería a Grimmjow. Ni siquiera lo estimaba. Lo quería tanto que tenía que repetirse que su corazón no debía latir emocionado cada vez que la tocaba, se acercaba o le sonreía. Que debía recordarse cada vez que iba de camino al comedor que solo tenían sexo, que él solo había cedido a sus deseos, que él no estaba buscando querer a nadie, que si él la besaba en público de vez en cuando, era porque simplemente se sentía atraído, tal como había dicho cuándo comenzó todo eso.
—Pareces un poco celosa.
Orihime se paralizó en su lugar y comenzó a sudar frío. A Grimmjow no iba a importarle que hubiera ido con Nelliel, pero lo había mantenido en secreto y planeaba actuar como si hubiera pasado directamente a su casa tras la universidad. El hecho de escuchar su voz en algún punto tras su espalda, la había espantado, porque se sentía como si lo hubiera engañado de alguna manera.
Nelliel solo se quedó mirando, un poco desconcertada. Hasta que Grimmjow terminó de acercarse, sin siquiera mirarla a ella, y se sentó ligera y despreocupadamente en la mesa.
—¿Es envidia porque no eres tú la que puede tener buen sexo conmigo mientras piensa en Kurosaki? Porque eso es lo que vas a tener que hacer, llevarte a un imbécil cada noche a casa que va a cogerte mal, pensando en que es Kurosaki, porque él jamás dejaría a Rukia, una mujer competente, por un par de... —Sonrió, bajando la mirada— ¿Pechos?
Ella frunció el ceño, molesta.
—¿En serio trajiste a nuestro amigo? —Se dirigió a Orihime, que era incapaz de alzar la mirada— ¡Te estoy hablando, maldita sea!
Se inclinó sobre la mesa con el fin de tocarla y llamar su atención de la forma menos amable posible, seguramente, pero antes de que pudiera hacerlo, Grimmjow puso la palma de su mano en su frente y la echó hacia atrás, consiguiendo con su propio impulso que volviera a sentarse en el sillón.
—¡Oye-!
—No la toques.
—¿Por qué te importa? —Entrecerró los ojos, acomodándose y acercándose un poco a él— Tú eres igual, solo quieres un par de pechos.
—Precisamente. No la toques, vas a ensuciarla.
Nelliel soltó una risa incrédula.
—Eres un patán.
—No pretendo ser otra cosa contigo. Así que vete, aléjate de Orihime. Si veo que le hablas otra vez, te irá muy mal.
Nelliel comenzó a reír a carcajadas.
—Eres muy gracioso, ¿crees que puedes amenazarme, así como así?
Grimmjow asintió.
—Le has causado muchos problemas a Aizen... Hay que ponerlo a prueba. ¿A quién le creerá? A la mujer que le roba y se pasea frente a sus narices, o al exempleado que tuvo que mamarse dos meses de desagradables ordenes por tu culpa.
Con la sola mención de Aizen, Nelliel apretó los labios y bajó la cabeza. Ante su silencio, Orihime no pudo evitar mirarla. El tal Aizen parecía un hombre de cuidado, y por lo que había oído de Grimmjow, si era cierto que Nelliel le robaba de alguna manera, seguramente lo sabría.
—Lárgate.
Frunciendo el ceño y haciendo una leve pataleta, Nelliel tomó su vaso y pasó junto a Grimmjow, lo más lejos que pudo. Mientras pasaba por el costado, ambas se miraron durante un segundo, hasta que Nelliel desvió su atención, dispuesta a irse sin más.
Hasta ese momento no lo había notado, ya que no había levantado la cabeza, pero había otro hombre cerca. No lo había visto nunca, pero parecía haber llegado con Grimmjow.
—¿Quieres un aventón? —Le habló.
Grimmjow negó con la cabeza.
—No, tengo mi motocicleta en la universidad, y debo llevar a Orihime. Pero gracias —Extendió la mano en su dirección, a lo que el hombre respondió chocándola con la suya.
—Los dejo entonces, llámame cuando quieras beber algo.
—Claro.
—Nos vemos —dijo, y luego la miró a ella—. Nos vemos, Orihime.
—A-ah, sí... —Se inclinó levemente— Adiós...
Nada más se fue, Grimmjow se puso de pie y se giró para mirarla.
—Era Ikkaku. Él me ayudó a encontrarte esa noche —Explicó mientras la miraba de arriba a abajo—. Creí que nunca más querrías volver aquí.
—N-no quería...
Grimmjow gruñó con molestia.
—Vamos —Sacó su teléfono del bolsillo para chequear la hora—. Dijiste que era a las nueve. No hubieras llegado a tiempo a casa, estuviste diez minutos más de lo debido.
Sabía de lo que hablaba, pero no respondió. Grimmjow le hizo una leve seña con la cabeza, y ella tuvo que moverse para comenzar a caminar. Él la siguió detrás, y ninguno dijo nada en todo el camino hasta el departamento.
Fue una tortura tener que quedarse sola con sus pensamientos, insistiéndole que estaba tan enfadado que ni siquiera quería hablarle.
Él ni siquiera pudo ver las lágrimas que se derramaron sobre sus mejillas, las que había estado aguantando desde que Nelliel aún estaba frente a ella.
Tatsuki la había llamado entrada la noche el día anterior, así le había avisado muy emocionada que viera televisión. Sabía que había vendido el suyo, pero no había encontrado problema alguno en consultarle a Grimmjow, porque de todos modos no parecía que lo usara demasiado.
Todavía no le hablaba. La había dejado en el sofá con el mando a distancia del televisor en la mano y había partido hacia su habitación, suponía.
Orihime soltó un suspiro, llevándose una mano al rostro. El cabello cayó a sus lados, como una cortina pelirroja que la separó por unos momentos del lugar que gritaba Grimmjow por todos lados. Eso y el hecho de que no era como su casa, que sonaba casi a cada paso que daba por ser una vieja casa de madera, no le permitieron notar su presencia hasta que ya era demasiado tarde, y se había sentado en el sofá.
Pero tampoco dijo nada.
Orihime solo apartó la mano y lo miró de todas formas, muy apenada como para apartar su cabello, que le estaba haciendo casi un favor al mantener una línea o barrera imaginaria entre ambos.
Aunque cuando lo miró bien, notó que ya estaba haciendo perfectamente ese trabajo, siendo que estaba al otro extremo del sofá.
—¿Qué? —le preguntó, frunciendo ligeramente el ceño.
Orihime se sintió responsable.
En la televisión aún no aparecía Tatsuki, se suponía que iban a transmitir el último enfrentamiento del torneo, por lo que de ahí saldría el podio. El presentador permanecía hablando a un volumen moderado, relatando las demás peleas como si fueran de lo más interesante del mundo. A ella solo le interesaba si salía Tatsuki, al menos en ese momento, que venía de una tarde estresante y en la que solo había conseguido sentirse culpable por varios motivos.
Entre esos, estaba Grimmjow. Sentía que debía explicarse.
—No quería ir... —murmuró.
Grimmjow solo guardó silencio, y regresó la mirada a la televisión, claramente buscando evitar sus ojos por un rato. Por supuesto que estaba más consciente de su sola presencia que de lo que estaba ocurriendo en la pantalla.
—Nelliel-san... dijo que quería disculparse. Dijiste que no debía importarme lo que tú opinaras de ella, así que... creí que era bueno darle una oportunidad.
Más silencio.
—No quería ir —repitió—, pero una vez más... solo no pude decir que no. No fui capaz de decirle que no quería reunirme en Las Noches, ni que no quería una margarita, ni que no quería ir al segundo piso —Se mordió el labio inferior.
Grimmjow la miró de reojo, notando lo brillantes que se veían sus ojos. De inmediato se sintió avergonzada, iba a llorar de nuevo, y Grimmjow había decidido mirarla justo en ese momento.
—Y-yo... —Cruzó sus brazos, abrazándose a sí misma y rascando nerviosamente su piel, llamando la atención de Grimmjow en menos de un segundo. El regresó la vista a su rostro, esperando— N-nunca... He pensado en K-Kurosaki-kun mientras...
Se detuvo cuando lo vio sonreír y dejar salir una carcajada.
—Sería difícil pensar en ese imbécil al mismo tiempo que intentas decir solo mi nombre... Si es que no imposible —Dijo finalmente—. No te creo capaz de tremenda concentración.
Esta vez ella guardó silencio, tan avergonzada que sentía el vapor salir por sus orejas, o algo parecido.
—Está bien —Comenzó él—. Entiendo que lo hayas intentado con Nelliel, pero no tenía caso exponerte de la forma en que lo hiciste. No deberías volver ahí, no con alguien que no lo sabe al menos, y en contra de tu voluntad.
—¿Por qué la gente dice que eres tan malo? —murmuró, consiguiendo una mirada curiosa de su parte— No lo eres, tampoco reaccionas agresivo cada vez que puedes... Me has ayudado mucho.
Grimmjow sonrió.
—Aparentemente hay excepciones.
Orihime no preguntó a qué se refería, pero se hacía una idea. Aún así, la desechó de alguna manera. ¿Qué caso tenía que su corazón se acelerara por eso? Solo debía seguir siendo una perra, por eso estaban en esa situación en primer lugar, había prometido que su corazón no se escaparía de sus manos para irse en un viaje en donde todo era rosa e increíble junto a Grimmjow. No se supone que sintiera deseos de que deslizara su brazo para invitarla a acurrucarse contra su pecho, ni que deslizara su caliente mano por la piel de su brazo, su cintura y cadera.
Pero parecía que Grimmjow conseguía leerle la mente de alguna manera.
Lo vio extender su brazo y mirarla, haciendo que su corazón diera un vuelco. No debía aceptar, era una trampa, no debía ceder.
—¿Qué estás esperando? —preguntó enarcando una ceja— Ven.
Orihime siempre había sido una chica obediente.
Se movió por la extensión del sofá, acercando su cuerpo completo al de él al mismo tiempo en que llevaba el control remoto consigo. Sintió la piel de su brazo hacer una leve caricia en su espalda y brazo cuando se deslizó bajo él, buscando con en su mirada algún signo de rechazo, hasta que se apoyó en su hermosamente formado pecho.
Dios, era una idiota.
Se le escapó un gemido, y en cuanto la escuchó, a Grimmjow una risita burlona.
Decidió solo mirar la televisión, por su salud mental, mientras intentaba ignorar el calor que le había dado por la vergüenza.
Mientras ambos observaban la pantalla, Orihime sintió la mano de Grimmjow deslizarse por su brazo, su cintura, su cadera... Y entonces, se escurrió por debajo de la tela de su pantalón y se enganchó con fuerza en la piel de su muslo y glúteo.
Ahogó otro gemido, sintiendo en su pecho el vibrar de su risa. Acarició su piel por unos segundos, y luego tomó su trasero, dispuesto a quedarse en ese lugar.
La cantidad de cosas que hacía sentir a su cuerpo eran tan abrumadoras, y tan adictivas. Con un solo toque, deseó estar bajo su caliente y enorme cuerpo.
Nelliel tenía toda la razón, y se sentía bien aceptarlo.
Sabía que el motivo podía estar relacionado con lo que ocurría con su cuerpo al tener sexo, naturalmente. La liberación de hormonas que la hacían sentir deseada, eufórica y feliz. El que la hicieran sentir fuera del agujero profundo y oscuro, era suficiente para ella, era más de lo que hubiera esperado. No se arrepentía de tener sexo casi a diario con un hombre que no quería su corazón porque, de todas formas, así era el trato.
Sintió cómo acercaba sus labios a su oreja, provocando que respirara pesadamente.
—Te ves un poco... emocionada —dijo—. Es una lástima porque acaba de aparecer tu amiga...
Orihime parpadeó un segundo, sorprendida, y entonces se enderezó bruscamente. Grimmjow soltó una maldición, echándose un poco hacia atrás. En cuando lo escuchó quejarse, ella volvió la vista a él, notando que sostenía su nariz con la mano libre. La otra aún estaba pegada a su trasero como si hubiese usado el mejor pegamento disponible en el mercado.
—¡Grimmjow! L-lo siento, no quería...
—Lo sé —gruñó—. Maldición, no recordaba que tuvieras la cabeza tan dura.
—Déjame ver... —Alzó su mano para apartar la suya, pero Grimmjow sacudió la cabeza y apuntó con el meñique hacia la pantalla, sin dejar de apretar su nariz con los demás.
—No te preocupes, ya va a empezar.
—Pero...
—No es el primer golpe en la nariz que recibo. Solo mira el televisor.
Orihime apretó los labios, aún a una corta distancia desde que se había enderezado en el sofá. Volvió a mirar la tele, y sintió la mano de Grimmjow salir de su trasero para ir a su cadera, empujarla contra él, y luego acercar su cabeza a su pecho.
Como de costumbre, solo se dejó hacer.
Cuando se acomodó, aquella mano regresó bajo su pantalón. Orihime solo miró la pantalla en silencio, pensando en lo bien que se veía Tatsuki en la tele. Se veía tan profesional con su traje. Una sonrisa orgullosa y feliz se le formó en los labios.
—¿Puedes creerlo? Tatsuki-chan está peleando por el primer lugar. Es increíble.
—Algo así entendí... —murmuró Grimmjow, apartando recién los dedos de su nariz, un poco menos adolorido.
—Ella siempre fue la chica de los deportes en la escuela. Creo que, a pesar de la primera impresión, se llevarían bien.
—Hm —musitó, no muy convencido—. ¿Sabe boxear?
—Es posible.
—Dile que tengamos un round. Con Shūhei.
Orihime abrió la boca ligeramente, sorprendida.
—¿En serio?
—Solo si gana el maldito primer lugar.
Ella sonrió, mucho más feliz que antes. Asintió frenéticamente durante un segundo, y siguió prestando atención a lo que decía el presentador. Y entonces la pelea de Tatsuki comenzó.
—¡Aplástalos, Tatsuki-chan! —exclamó, alzando una mano en señal de apoyo y victoria.
Grimmjow la miró de reojo, demasiado concentrado en ver cómo se había fruncido su ceño y su sonrisa hacía que sus mejillas se alzaran y lucieran tan redondas.
Volvió a acomodarse con Orihime sobre su pecho, y escuchó un leve carraspeo de su parte que, finalmente, decidió ignorar.
Orihime había pasado de ser una mujer que ni siquiera podía oírlo decir pene, hasta una mujer que lo sexualizaba y babeaba por su cuerpo cada vez que podía. En eso la había convertido. Y en realidad, era un honor ser el maldito bastardo que consiguiera mojarla con un chasquido de dedos. Ser consciente de eso hacía que se excitara demasiado, y por el silencio sepulcral que había seguido a ese carraspeo, Orihime lo había notado perfectamente.
—La vista en la pantalla... Cachorrito —susurró en su oreja. Ella asintió torpemente—. Eso es. Buena chica.
