Advertencias: Nada importante. OoC.

Ok, ¿sabían que actualicé un día antes de mi cumpleaños por última vez? Ni siquiera recuerdo que lo hice en ese entonces, lol. Una vez más me trabé con este capítulo, lo influencié mucho con la carrera de los chicos de cierta forma, aunque la escena sea breve. Espero que no se sienta extraño leerlo.

Recuerden que, además de escribir, también dedico mi tiempo a dibujar. ¡He hecho múltiples dibujos Grimmhime, si están interesados! Solo sigan mi enlace a Twitter de mi perfil.

Responderé sus reviews por pm, pero hay un guest al que no puedo responderle. Lo haré por aquí, no hay problema.

Para Ani: ¡Hola Ani! Gracias por darle una oportunidad a mi historia, estoy feliz de que hayas encontrado algo de tu agrado aquí. Gracias por dejar tu comentario, es algo que aprecio mucho. Estuve muy atareada con todas mis clases, así que me costó demasiado actualizar. Por suerte no tuviste que esperar tanto tiempo como los demás. Espero poder completar el siguiente capítulo pronto, ¡que sigas disfrutando de esta historia! Muchos cariños, te deseo lo mejor para este año también. Si pudiera poner un corazón, no pondría uno, pondría muchos.


Namasté


En cuanto terminó el enfrentamiento de Tatsuki con ella proclamándose vencedora, Orihime se irguió en su lugar y empezó a dar saltos, emocionada y orgullosa por el primer lugar de su mejor amiga. En la televisión el anunciador comentaba enérgicamente el fin del enfrentamiento, mientras el entrenador y los compañeros de Tatsuki la rodeaban y abrazaban con fuerza. Incluso uno de sus compañeros se animó a alzarla en su hombro, tomándola por sorpresa.

Podía ver la enorme sonrisa y los ojos cristalizados de Tatsuki cada vez que la cámara la apuntaba.

Tras ese momento de euforia volvió a dejarse caer sobre su pecho. Grimmjow notó entonces muy desconcertado los hipidos que salían de Orihime.

—¿Es una maldita broma? —preguntó, llevando la mano hasta su rostro. Apartó su cabello y deslizó sus dedos cerca del borde de su ojo.

—Tatsuki-chan... —sollozó.

Grimmjow dejó caer su cabeza con pesadez.

—No sé qué es lo que me sorprende.

Orihime dejó salir una risa entre sus leves hipidos, ya acostumbrada a los gestos de Grimmjow. Unos segundos después, una leve caricia cerca de su oreja le puso la piel de gallina, y una mirada de soslayo a Grimmjow fue lo único que necesitó para hacerlo sonreír.


—¿Qué entra en el examen?

Grimmjow entrecerró los ojos, mirándolo con cierto cansancio.

—¿Es una broma?

Shūhei solo se encogió de hombros.

Antes de que respondiera, Orihime regresó a la mesa, acomodando su bandeja y disponiéndose feliz a su lado para comer. No tenía que ver mucho con su presencia, desgraciadamente, sino con el hecho de que Tatsuki había prometido visitarla ese día. Tras ganar el torneo y acabar las transmisiones, Orihime recibió una llamada en pleno coqueteo de camino a su habitación.

Se notaba difícil y escuchó un par de insultos hacia su persona, pero de alguna manera Orihime consiguió convencerla de que sería divertido tener un encuentro con ellos. A Tatsuki le encantaban los deportes en los que podía golpear o taclear personas, según dijo Orihime, así que el mayor problema fue hacer que cediera a convivir con él.

Pero Grimmjow ya había notado lo débil que era Tatsuki ante las peticiones de Orihime. No tenía tantos medios para negarse.

Tatsuki llegaría en dos horas más o menos, justo a la hora en que finalizaban sus clases. Orihime estaría desocupada después del almuerzo, por lo que Shūhei había sugerido que se diera una vuelta por el taller si deseaba, prometiendo que no se arrepentiría. En cuanto terminó de decirlo, Orihime lo miró de inmediato.

Predecible.

Después de todo, había llegado a la conclusión de que Orihime era un libro cliché que no le importaría leerse una o mil veces.

—Iré entonces.

A pesar de eso, no le incomodaría que siguiera buscando permiso en sus ojos para mantenerse cerca.

—Tenemos examen sobre seguridad activa —respondió finalmente.

—¿Seguridad activa? —Orihime ladeó la cabeza, sin entender del todo.

Grimmjow dejó que Shūhei respondiera.

—Sí, en un vehículo la seguridad activa engloba cada sistema que hace que la conducción sea segura. Como el sistema de frenos.

—Oh, ya veo... —Sonrió— ¡Buena suerte!

—Vamos, quedan siete minutos para llegar —Al instante se preparó para ponerse de pie, a lo que Orihime lo siguió.

Shūhei se quedó mirándola.

—¿Has ido alguna vez al área mecánica, Orihime?

—No —dijo con voz animada, contrastando de una extraña manera su respuesta con la situación.

—Entonces espero que te guste.

Orihime no tenía motivos para ir al área de mecánica y el tema no era de su interés, así que seguir a sus dos acompañantes se volvió una travesía por demás curiosa. Un par de veces había visto el uniforme que usaban en chicos que cruzaban al edificio, con los colores y nombre característicos de la institución.

De camino al taller se cruzaron con un montón de personas que saludaron, algunas de lejos, con un simple movimiento de cabeza, y otros como un simpático hombre que se detuvo con movimientos tranquilos y pausados a estrechar sus manos.

—Señor Jeagerjaques, señor Hisagi, veo que tienen compañía.

—Buenas tardes. Sí, nos preguntamos si es posible que observe el examen.

De inmediato él la miró, sonriendo y extendiendo la mano en su dirección.

—Shin Igaraki a su servicio, profesor de seguridad y motorización.

—Uh, oh —de inmediato reaccionó y ofreció su mano para recibir el saludo. Su tacto fue firme, pero no fuerte al punto de que le molestara—. Orihime Inoue.

—Bien —Volteó a ellos otra vez—, saben que no puede entrar al taller sin el equipo correspondiente. Pero vamos a trabajar cerca del portón, así que mientras se mantenga tras él, no hay problema.

—Gracias, profesor —dijo Shūhei.

—La llevaré por el otro lado —indicó Grimmjow, dedicándole una breve mirada para que lo siguiera.

Sin una sola duda, ella lo siguió, mirándolo con cierta admiración que provocó la sonrisa en Shin. Miró a Shūhei, intrigado.

—Parece una buena chica. ¿Es muy rudo con ella?

—Hm —Shūhei hizo una mueca—. No lo creo, solo le cuesta mostrarse un poco más flexible. Pero ella parece saber algo que nosotros no, porque sino no lo comprendo.

Él soltó una carcajada y le dio una palmada en el hombro.

—Siempre hay un roto para un descosido, señor Hisagi. Pero no se trata de azar, se trata de hacerlo funcionar —Hisagi solo lo miró un segundo, incapaz de responder algo ante eso—. Vamos, son los primeros en llegar. Pasarán primero y podrán irse a casa.

El plan era hacer tiempo durante la evaluación, pero Hisagi nunca se negaría a despedirse antes de sus responsabilidades. Quizás podían charlar como de costumbre, era fácil que se esfumara una hora y media de esa manera.

Lo siguió dentro del taller, y unos segundos después de observar el auto con el que trabajarían, Orihime y Grimmjow aparecieron por la derecha, en el enorme portón por donde entraban y salían los autos. Notó como Grimmjow deslizaba la mano por la muñeca de Orihime sutilmente, una sonrisa pretenciosa y un sonrojo después, se alejó de ella y no la soltó hasta que estuvo demasiado lejos.

Su amigo estaba perdido. Nunca desde que lo conoció había hecho eso con alguien, mucho menos en público, mucho menos hubiera invitado a alguna chica al taller en el que trabajaba muy concentrado.

Pero se empeñaba en no verlo.

—No necesitamos ir a buscar herramientas. Está todo lo necesario aquí.

—Quiere enviarnos a casa pronto —murmuró Grimmjow.

—Ah sí, dijo eso mismo. No necesitamos quedarnos luego.

Grimmjow se quedó mirándolo.

—Tendremos que hacer otra cosa para esperar entonces.

—Sí, pero no es mucho tiempo. Con suerte tardaremos un rato y solo quedará una hora.

Grimmjow rió.

—Trabaja como de costumbre, da igual.

—Muy bien —El profesor se acercó con una sonrisa y un cuaderno y lápiz en las manos, dispuesto a evaluarlos de inmediato—. Están listos, ¿verdad?

Ambos asintieron.

—Perfecto, desarmen y diagnostiquen frenos. Tienen quince minutos.

En cuanto empezaron, para Orihime fue una de las cosas más alucinantes que había visto a Grimmjow y Shūhei hacer. Se movían con rapidez pero con precisión, sin dudas sabiendo a la perfección lo que debían hacer. Desde su lugar podía ver a Grimmjow cada vez que se agachaba, hacía fuerza y movía los mechones que de vez en cuando le molestaban.

—Señorita Orihime.

—A-ah, hola de nuevo, profesor Shin —Debió dejar de mirar a Grimmjow, seguro sería de muy mala educación permanecer con la mirada en su espalda siendo que su profesor había decidido ubicarse junto a ella para mirarlos.

—Estos chicos han hecho un increíble trabajo siempre —Empezó—. Como profesores no podemos darles todo en bandeja de plata, también deben aprender por su cuenta, y siempre lo han hecho perfectamente.

—¿A qué se refiere... Con eso? ¿Ellos tienen que aprender por otros medios?

—Sí. En profesiones más técnicas, el tiempo es vital. Solo tenemos dos años para transformarlos en profesionales en todo el sentido de la palabra, y eso es imposible. Por eso instamos a los estudiantes a trabajar en pequeños empleos dedicados al área, porque hay muchas cosas que solo requieren experiencia para aprenderlas —Explicó—. Eso no ha sido problema para ellos.

Por un segundo, Orihime sintió que estaba presentando una recomendación y que estaba recitando el currículum de ambos.

—¿Es usted profesor hace mucho?

—Ah —suspiró con orgullo—. Llevo catorce años enseñando en este lugar.

Orihime parpadeó impresionada, sin dudas él se veía como alguien con interminable experiencia, pero no creyó que se dedicara tantos años a lo mismo. Constantemente se preguntaba, como futura educadora de párvulos, si podría estar más de cinco años en una misma institución. No se trataba de que no le gustara estar en el mismo lugar por mucho tiempo, sino que le gustaría explorar otros lugares, con niños de distintas situaciones económicas, de salud y familiares. Sentía que podía ser de ayuda para cualquier tipo de niño, y no siempre se mezclaban en la misma institución.

—Pero usted... ¿No ejerció como mecánico?

—Oh, por supuesto que lo hice. Durante diez años.

Ella lo miró asombrada. En realidad podría ser algo normal, pero Orihime no estaba acostumbrada a tratar con más personas fuera de su área de estudios que estuvieran en el mismo rubro por tantos años. Era un mundo nuevo para ella oír eso de alguien mayor y que se veía tan pacífico.

—Aunque no soy profesor de título, creo que enseñar ha sido una de las cosas más emocionantes que he hecho a lo largo de mi vida. Me siento satisfecho, siendo que a pesar de no haber estudiado para ello, los estudiantes me recompensan diariamente expresando lo mucho que los he ayudado.

—¿En qué sentido los ayuda?

—Les doy los conocimientos que necesitan, pero siempre que lo requieran, también soy bueno escuchando. Convivimos durante dos años enteros con los estudiantes si tenemos suerte, así que no solo somos estudiante y profesor. Somos compañeros. En un futuro ellos podrían ser mis compañeros de trabajo, así que una buena relación y encaminarlos correctamente es tan importante como instruir en su área de trabajo.

De lo poco que Orihime había oído, estaba segura de que quería ser como él. Sabía de primera mano que incluso si los estudios eran importantes, era difícil para los niños o cualquier persona desempeñarse bien si estaba viviendo alguna situación complicada. No recordaba a ningún profesor ayudándola con ello, solo la llamaban para insistir en que debía sacar mejores notas. Era un suplicio. Llegaba a casa y lo que menos deseaba era estudiar durante cinco horas seguidas. Le parecía una tortura cuando frente a su mesa estaba la foto de su hermano fallecido, y el peso de que sus padres también lo estaban a la espalda.

—Grimmjow y Shūhei-kun deben estar agradecidos también de tenerlo como profesor.

Él rió, un poco avergonzado de pronto.

—Estos muchachos son complicados. Jamás han hablado conmigo porque lo necesitan, se ve como que no ocurre nada en sus vidas que no los deje dormir. Pero es imposible. Me gustaría que algún día se acercaran y compartieran cualquier cosa conmigo. Los veo y solo puedo verlos concentrados en el trabajo. Y recientemente en las chicas.

Orihime sintió su mirada. Sin poder evitarlo, un sonrojo reptó a sus mejillas. Por algún motivo sentía que lo estaba diciendo por ella. Si era así, sería tremendamente vergonzoso, porque si bien Grimmjow no era sutil en absoluto en el comedor, acababa de conocer a su profesor y ya tenía en mente que algo tenía que ver ella en todo eso.

—Si la avergüenzo, discúlpeme. No es una crítica, es una observación positiva. Los dos se veían más reservados antes.

Reservados era sin duda la palabra.

Cualquiera diría que Grimmjow, a comparación de Shūhei, no lo era. Pero estar con un sinfín de chicas y nunca permitirle a alguna ir más allá, si le parecía algo que haría una persona reservada.

Se dio cuenta de que quizás ella había hecho algo positivo al acercarse a ellos. No había sido su intención terminar así con Grimmjow ni mucho menos, pero estaba más agradecida de lo que podía expresar por todo lo que la había ayudado. Y si había sido positivo para él, aunque tampoco lo demostrara, hacía que valiera la pena cualquier corazón roto. Y Shūhei también, por supuesto, era un amigo muy lindo. Siempre era un poco la voz del sentido común, hacía comentarios muy graciosos y siempre estaba para Grimmjow y de cierta forma, sabía que también para ella.

—Se lo agradezco —Le sonrió finalmente. Él asintió, correspondiendo su gesto.

—Profesor.

Él giró para mirar a Shūhei, que le hacía un gesto con una mano para indicar que estaba todo listo.

Se alejó de ella, con su atención puesta en sus estudiantes que estaban a la espera de lo que haría a continuación. Por un segundo Grimmjow miró hacia ella, y Orihime se percató del fugaz guiño que le regaló.


Tatsuki finalmente llegó y decidió echar por tierra cualquier esperanza de Orihime de relacionarse ellos además de ese estúpido desafío. No entendía por qué debía luchar con ellos después de ganar. Ella había ganado, ¿por qué se sentía como si tuviera que demostrar algo?

Los cuatro caminaban por la acera de camino al gimnasio, y de pronto, interrumpiendo la conversación de Grimmjow y Shūhei sin querer, suspiró.

—¿Qué pasa?

Sus tres voces en conjunto hicieron saltar a Orihime, que los miró un poco sorprendida. Una risa nerviosa después y miró a Tatsuki.

—Solo sentí un poco de nostalgia. ¿Recuerdas cuando caminábamos a la cafetería junto a los chicos? Se siente como cuando hacíamos eso en el instituto. Era divertido.

—Sí, con la diferencia de que teníamos compañía grata.

Grimmjow notó de reojo cómo la morena lo miraba, sacándolo de sus casillas completamente.

—Hey —masculló—. Si tienes algo que decir, dímelo a la cara. Así puedo corresponder tus sentimientos, amor.

La expresión de Tatsuki decayó, sintiéndose molesta tras oír el apodo sarcástico.

—No seas imbécil. Esta fue tu idea. Solo estoy aquí porque Orihime me lo pidió.

Shūhei suspiró.

—Vamos, déjenlo.

Pero ninguno lo tomó en cuenta.

—Bueno, campeona, tampoco es que me interese discutir estas gilipolleces. Si lo sugerí fue por ella.

—¿E-eh?

Tatsuki soltó una carcajada, deteniéndose abruptamente.

—Oh vamos, no te hagas el galán conmigo. Todos sabemos que lo único que quieres es abrirle las piernas.

—Uh... —susurró Shūhei, prediciendo de inmediato el siguiente movimiento de Grimmjow. Estrelló la mano contra su pecho, deteniéndolo en su lugar.

—Tatsuki-chan —Orihime tiró de la camiseta de su amiga, pero simplemente no dejaban de mirarse el uno al otro.

Grimmjow apretó la mandíbula, pero bastó una rápida mirada a Orihime para apartar la mano de Shūhei y relajar su cuerpo. Se supone que había sugerido eso porque sabía que a Orihime le iba a gustar pasar tiempo con su amiga. No necesitaba incluirse con Shūhei en el plan, pero en realidad le atraía la idea de luchar contra una campeona, fuera el deporte que fuera.

Y tarde o temprano iba a tener que aguantarse a la pequeña chica que lo miraba como si fuera la peor escoria del mundo.

—¿Te comió la lengua el ratón? —provocó Tatsuki.

Una sonrisa cruzó los labios de Grimmjow. Shūhei se lanzó a cubrir su boca, pero le detuvo la muñeca antes de que lo consiguiera.

—En realidad fue tu amiga.

—Maldito hijo de-.

—¡G-Grimmjow! —Orihime intentó detener a Tatsuki de avanzar tomando su brazo— Tatsuki-chan, por favor, ignora lo que tenga que decir. Si tan solo dejaran de provocarse el uno al otro...

—¿Qué? —Enarcó una ceja.

—Estoy segura de que podrían llevarse bien —dijo—. Olvida todo lo que dijo Kurosaki-kun, piensen que están apenas conociéndose.

Grimmjow se cruzó de brazos, sin apartar la mirada de Tatsuki. Ella por su parte le regresó la mirada, con las palabras de Orihime revolviendo sus pensamientos.

Unos segundos después estalló.

—¡Ay, demonios! —Lo indicó con la mano— ¿Acaso no ves lo mismo que yo? A kilómetros de distancia puedo ver el patán que es, ¿por qué-?

Orihime rió alegremente.

—En realidad no es tan malo.

Los tres la miraron como si fuera un bicho raro.

—No creo que eso ayude a convencerla, Orihime... —dijo Shūhei—. Quizás si fueras más positiva...

—¿No tan malo?

—Grimmjow es muy considerado, Tatsuki-chan. Siempre me ayuda, cuida de mí en situaciones difíciles y me hace muy feliz tenerlo cerca. Hace unos días estuvo conmigo durante toda una tormenta porque se lo pedí. ¿Podrías hacer un esfuerzo, por favor? —Juntó sus manos, reafirmando su petición..

—¿Estamos hablando del mismo Grimmjow?

El aludido fulminó a su compañero, mandándolo a callar con una sola mirada. Shūhei se encogió de hombros. Los dos sabían que tenía razón, esa no era ni por asomo la descripción de Grimmjow.

—Shūhei-kun siempre bromea con que es imposible. ¡Pero es verdad!

Tatsuki la miró con angustia y apoyó la mejilla en su mano. Sus ojos dejaron de mostrarse furiosos y se tornaron preocupados.

—¿No puedes solo volver a ser mi amiga que gustaba de Ichigo?

Orihime guardó silencio y Grimmjow notó el movimiento de su cabeza. Se acercó y puso la mano sobre ella para regresar sus ojos a Tatsuki en lugar del suelo.

—No bajes la cabeza por más que sea tu amiga —murmuró, sin apartar los ojos de Tatsuki, que sin dudas no se lo estaba tomando muy bien.

Orihime sin embargo asintió y tomó aire.

—Que me guste Kurosaki-kun no me trae nada bueno, Tatsuki-chan. Al contrario. Siempre me sentí culpable por Rukia-chan, y él no logra comprenderme cuando le explico cualquier cosa. Solo dice que tarde o temprano me arrepentiré —Mordió su labio—. Kurosaki-kun cree que... Estar junto a Grimmjow me hará daño. Pero lo que siempre me hizo daño fue estar cerca de él...

Y ella lo sabía bien. Su amiga había estado enamorada durante años de Ichigo, y lo entendía, él no tenía el deber de corresponder, pero aún había herido a Orihime.

—B-bien —Tatsuki la observó, profundamente arrepentida. Se acercó un poco y puso las manos en los brazos de Orihime—. Está bien, si es así cómo te sientes... Lamento haber dicho algo así, Orihime.

Sin poder aguantarlo más, Tatsuki terminó de acercarse para estrecharla entre sus brazos.

—Lo siento tanto, no creí que te sintieras de esa manera junto a Ichigo. He sido una pésima amiga, obligándote a permanecer junto a él.

—Ah, ¡no! —Orihime sacudió la cabeza— Nunca me obligaste. Solo me di cuenta tarde de que ya no era bueno para mí.

—¿Pero por qué escogiste a tremendos idiotas?

—Ahh —Soltó una risa—. En realidad, como dije, Grimmjow es bueno. Me ha ayudado a desprenderme de lo que me hace daño, y siempre dice que no debo avergonzarme por lo que deseo. Siempre me lleva a casa, así que llego sana y salva y-.

—O-Orihime, es suficiente —La calmó Tatsuki, sintiendo que explotaría si escuchaba una más de las buenas acciones del enorme hombre que no dejaba de mirarla a espaldas de Orihime.

¿Realmente podía ser tan bueno para ella?

Es decir, había entendido aquel gesto. Siempre se preguntó por qué Orihime tendía a bajar la cabeza cuando estaba avergonzada o recibía algún tipo de crítica. No era difícil conseguirlo, Tatsuki recordaba haberla visto así la mayor parte del tiempo, pero siempre lo atribuyó a que era tímida con las personas. Se dio cuenta entonces de que quizás no era puramente timidez, sino que indicaba lo oprimida que se sentía por las actitudes de sus compañeros y suyas.

Se maldijo por no notarlo, tan preocupada de sus propias cosas que había estado dañando todo este tipo a su preciada amiga. Ichigo también era su amigo, confiaba plenamente en él. Pero las personas cambiaban dadas las propias circunstancias de sus vidas. Ichigo había cambiado, y Orihime también.

La vio girarse con una enorme sonrisa hacia Shūhei, que había puesto una mano en su hombro. No pudo evitar fijarse en su cicatriz, se veía sumamente extraña. Miró a Grimmjow entonces, que no había dejado de observarla. Frunció el ceño, indicando que no era de su agrado aunque ya lo sabía perfectamente, y lo usó de excusa para mirarlo detalladamente.

El azul de sus ojos era muy intenso, casi eran celestes. Había apartado la mano de la cabeza de Orihime, pero aún estaba de pie a su espalda como si fuera un guardián impenetrable que al más mínimo movimiento se lanzaría a su yugular. Era sin dudas el tipo de chicos que si ella veía por la acera, pensaba en cruzar a la de enfrente solo por si acaso. Su espalda era enorme y había notado que sus nudillos tenían un aspecto duro, como los de un boxeador que había generado callos y capas tras romperlos.

Él no tenía buena reputación, el mismo Ichigo se lo había dicho. Incluso insinuó que podía meter en problemas a Orihime con los demás estudiantes.

Pero Orihime tenía un punto. Había sufrido años la indiferencia de Ichigo, y había decidido alejarse. Sin pensarlo, ella había insistido en que no lo hiciera, preocupada por quién cuidaría de ella si no era Ichigo.

Quizás se había equivocado.

E incluso si todo lo que buscaba era abrirle las piernas...

En realidad, nadie que buscara solo eso iba a conseguir desplazar el lado oprimido y triste de Orihime.

—¿Tatsuki-chan?

Sintió la mano cálida de Orihime tomar la suya.

¿Qué le había hecho a su amiga? Si quería protegerla, debió hacerlo ella misma y quedarse en lugar de delegar la tarea a Ichigo como si se tratara de cuidar a un perrito.

Entrelazó sus dedos con los de Orihime, tomándola un poco por sorpresa.

Sus ojos estaban brillantes. No recordaba haberlos visto tan relucientes y felices. Su sonrisa también, era enorme, alegraba todas las facciones de su cara y le recordaba a la Orihime que jugaba con ella en el parque a los diez años, antes de la muerte de Sora.

Soltó un suspiro.

—¿Con quién se supone que lucharé?

—Ambos.

Tatsuki los miró sin poder creerlo.

—¿De qué demonios hablan? Estaré en desventaja. Para cuando deba enfrentarme al segundo ya no estaré al cien por ciento.

—Entonces solo con Shūhei.

Los dos morenos lo miraron de inmediato con enfado.

—Fue tu idea.

—Le daré lecciones a Orihime mientras tanto —Se encogió de hombros.

—¿Lecciones? —murmuró Tatsuki.

Orihime saltó en su lugar.

—¡Es cierto! Me han estado enseñando defensa personal, Tatsuki-chan. Es muy divertido, excepto cuando me insisten en golpearlos de verdad.

En realidad era una buena idea. Alguna vez había pasado por la cabeza de Tatsuki enseñarle algún movimiento para que pudiera defenderse, pero la había subestimado y había descartado la idea por completo. De todas formas necesitaba a alguien más, se dijo. Enfrentarse sola a delincuentes o a cualquier acosador... Iba a salir mal.

—¿Por qué decidieron hacerlo?

No lo entendía. Orihime dijo que Grimmjow la llevaba todos los días a casa sana y salva, seguramente tenía un coche o una moto, así que no entendía por qué eran necesarias las lecciones.

Los tres guardaron silencio. Fue tanto que sin querer comenzó a alarmarse. Pensó en lo peor. ¿Alguien la había asaltado o seguido a casa en algún minuto? ¿Por eso Grimmjow la llevaba todos los días sin falta?

—A-ah... Uhm, Tatsuki-chan...

Orihime rió nerviosa.

—¿Te parece si te lo cuento en casa?

Orihime decidió que no podía seguir ocultándolo de Tatsuki. Tener que esperar sin embargo no le daba buena espina a la morena, pero de todas maneras aplacó su preocupación y asintió.

—Entonces quieres que pelee con Shūhei... A pesar de que fue tu idea —murmuró.

—Yo también puedo darle las lecciones a Orihime —dijo Shūhei.

—No. Lo haré yo.

Shūhei miró a su amigo y chasqueó la lengua. Grimmjow le regresó la mirada, enarcando una ceja. Decidió entonces dejarlo ser tras pensar en lo que su profesor había dicho.

No se trataba de azar, sino de hacerlo funcionar. Grimmjow lo estaba intentando a su manera, aún si no se daba cuenta del todo o si se llenaba de excusas para hacerlo. Hubiera querido ser él a quien Orihime miraba de esa manera, pero no podía hacer nada. Su deseo era egoísta, de cierta forma, así que solo debía callarse y aceptar los intentos de su amigo.

—Bueno —suspiró—. No nos queda mucho, por favor dejen las discusiones. Me gustaría ir a tomar un café a casa de Grimmjow.

—Hey —masculló Grimmjow, buscando detenerlo por el hombro, pero se le escapó.

Orihime soltó una alegre risa que hizo que Tatsuki se relajara, y tras dedicarle una mirada a Grimmjow, siguió a Shūhei.

—Así que, Tatsuki. ¿Te interesa el boxeo?

—Ah, si, cualquier deporte donde pueda golpear gente está bien.

Shūhei soltó una risa.

—Por favor recuerda que no soy Grimmjow, Tatsuki.

Ella pareció entender su comentario, así que emitió un bufido divertido.

Orihime volteó hacia Grimmjow, que estaba concentrado en hacer un agujero en la espalda de su compañero. Ella se desplazó hasta su lado, y con cuidado puso la mano tras su brazo.

De inmediato llevó su atención a ella.

—Gracias por tu apoyo. No hubiera podido levantar la mirada sin ti —musitó, avergonzada.

—Para eso estamos, cachorrito.

Grimmjow deslizó la mano hasta su cintura y dejó una caricia mientras la instaba a seguirlos. Sintió una risa salir de sus labios. Echó un vistazo a los otros dos, Tatsuki había decidido tener algo de paz y conocer a la persona con la que se iba a enfrentar. Lo agradecía, porque gracias a eso podía detenerse, tomar a Orihime de la cintura y besarla.

Él nunca hubiera besado a nadie en una calle aleatoria, pero Orihime hacía cosas con su cuerpo y con sus convicciones que sencillamente no deseaba suprimir.

—G-grimmjow...

Volvió a acercarse, tomando su mejilla en su palma y apretándola un poco más contra él. Sintió los brazos de Orihime engancharse en su cuello y, sin poder evitarlo, sonrió contra su boca al mismo tiempo en que la levantaba del suelo.

Orihime soltó un gritito, alertando a sus amigos. Inmediatamente Tatsuki rodó los ojos al fijarse en lo que estaban haciendo, frunciendo el ceño.

—Ugh, demonios.

Shūhei vio como Grimmjow volvía a besarla, sin dejar de sonreír como la maldita hiena que era.

—Dios. Está absolutamente perdido.

—Aw, vamos, es solo un idiota.

Shūhei se percató entonces de lo rojas que se veían sus mejillas. Sonrió, un poco enternecido. Tatsuki era dura, por lo que había visto, pero finalmente era débil ante las muestras de afecto tan abiertas.

—¿Te gustan las apuestas?

Eso lo tomó por sorpresa.

—Supongo. No hacen daño de vez en cuando.

—Si te gano, invítame un trago. No los soporto más.

Shūhei lo meditó un segundo.

—¿Y si gano yo?

Tatsuki rió.

—No lo harás.

Permaneció observándola un rato más, mientras veía como se alejaba. Volteó a los amantes. Grimmjow y Orihime habían decidido volver a caminar, pero ella sostenía su mano en el brazo de Grimmjow, mientras le hablaba de algo que Shūhei era incapaz de descifrar porque... ¿Tatsuki acababa de despreciarlo?

La siguió.

—Oye —exclamó.

—No llevo entrenando desde los catorce años para que un aficionado me gane —explicó.

Bueno, ella tenía un punto.

—Suponiendo que ganes... ¿Cuándo irías por el trago?

—No lo sé.

—Ve al departamento de Grimmjow pasado mañana entonces.

Tatsuki se giró hacia él, extrañada.

—Seguro que a Orihime le encantaría seguir pasando tiempo con los dos juntos.

Tatsuki miró atrás una última vez. Grimmjow tenía un curioso ceño fruncido casi eterno, o eso había deducido durante el poco tiempo que lo había visto, pero se relajaba un poco mientras Orihime le hablaba de alguna serie de televisión.

No era su tipo. Y hubiera creído que tampoco el de Orihime. Pero suponía que aún era un hombre atractivo para cualquiera que lo viera.

Mientras cuidara su sonrisa... Quizás daba un poco de igual.


Retiraba lo dicho.

Era imposible. De reojo podía ver a Grimmjow demasiado cerca de su amiga. Ya lo había visto levantarla y besarla, pero... Estaba dando una lección, ¿necesitaba dejar las manos en su cintura, apartar su cabello cuando se ponía en su espalda y-?

—Tatsuki... No dejará de hacerlo porque lo mires.

Volteó hacia su contrincante. Él estaba quitando los velcros de los guantes. Tatsuki rompió su postura mientras respiraba agitadamente.

—¿Qué estás haciendo?

—¿Podríamos considerarlo mi victoria?

—¿Qué? No, espera —Se quitó el casco, sacudiendo el cabello que quedó molestando su visión.

Shūhei sonrió levemente.

—Estás más pendiente de a dónde van las manos de Grimmjow. No te culpo, pero tu mente no está conmigo y así es imposible. Nunca sabremos quién ganará.

Suspiró y volvió a removerse el cabello. Estaba completamente sudada, ya que había ido para eso tenía un cambio de ropa, pero estaba sudando por nada si no resolvía ese encuentro de manera satisfactoria.

—Lo siento. Probemos de nuevo.

—No lo creo...

—Lo tomaré en serio. Te lo juro.

Shūhei se quitó el casco y sacudió su cabello. Tatsuki lo observó durante todo el tiempo hasta que por fin asintió.

—Pero primero tomemos un descanso.

Tatsuki vio como se quitaba los guantes y caminaba hasta las cuerdas del cuadrilátero. Dejó los implementos en el suelo y se apoyó en el borde, observando directamente a Grimmjow y Orihime. Decidió seguir sus pasos, así que tras quitarse todo se apoyó junto a él.

—¿Tienes familia?

Shūhei la miró.

—Sí. Aunque no están cerca.

—Tengo a mi padre y mi madre —dijo—. Pero desde que conocí a Ichigo y a Orihime, ellos se volvieron como los hermanos que nunca tuve. Y quiero mucho a Ichigo, pero con Orihime es diferente. Solo quiero protegerla —Suspiró.

Grimmjow susurró algo en el oído de Orihime y ella sonrió, volteando a verlo.

—Siempre creí que en algún punto Ichigo se daría cuenta de lo que Orihime sentía por él y que estarían juntos. Yo sería la madrina de sus hijos y...

Apretó los labios.

—Me siento muy incómoda de solo pensar que está con alguien como él. No importa si es bueno o no, solo... No es lo que esperaba.

Tatsuki soltó un gruñido.

—Podría ser alguien más serio, más tranquilo, con una mejor reputación. Son solo mis prejuicios hablando, lo sé, sé que está mal pero-.

—Hey, tranquila. No tiene nada de malo tener prejuicios alguna vez. Menos cuando se trata de la persona a la que más aprecias y proteges.

Tatsuki lo miró.

—¿Eso piensas en realidad?

—Sí. Quiero decir... Grimmjow es mi mejor amigo. Tuve otros amigos antes, pero nadie se ha preocupado por mi bienestar como él. Es tosco, terco, insolente y nunca dice las cosas de buena manera. Pero nadie ha cubierto mi espalda así —Sonrió—. Y aprecio mucho a Orihime, de verdad. Sé que la conoces de pequeña, seguro sabes cosas que yo no puedo imaginar. Pero he conocido a la Orihime del presente. Creo que es muy valiente.

Tatsuki frunció los labios, aún con dudas pero ya más tranquila. Volvió a mirar a su amiga. Grimmjow se había alejado un poco y le explicaba cómo hacerlo. Ella lo seguía con la mirada, y una vez más se posicionó tras ella. Grimmjow envolvió su brazo en el cuello de Orihime y ella replicó los movimientos. Finalmente, cuando consiguió alejarse, lanzó una patada a su entrepierna.

Grimmjow la detuvo con la palma de su mano justo a tiempo, y le dedicó una intensa mirada.

—Oye amor, no te sabotees.

De inmediato bajó la pierna y se acercó a él.

—¡Grimmjow, lo siento tanto! Y-yo, me dejé llevar. Es solo que siempre dicen que los golpee, olvidé que-.

Él chasqueó la lengua y puso sus manos en sus mejillas.

—Cállate. Eso estuvo perfecto.

—Pero-.

—Cállate.

Orihime asintió.

—¿Estás bien?

—No ibas a golpearme, no seas ilusa.

Ella soltó una risa.

Tatsuki había quedado muy sorprendida, y aún tenía la boca levemente abierta.

—Lo hizo muy bien.

—Ah, bueno, llevamos unas lecciones —explicó Shūhei—. Cada vez pisa y golpea más fuerte, he escuchado a Grimmjow quejarse de que va a perder el pie. Eso nos alegra, porque el idiota que quiera meterse con ella lo va a perder con total seguridad. Mejor si es el pene.

Tatsuki sonrió finalmente.

—Supongo que es inevitable —Le dio un pequeño golpe en el brazo. Shūhei prestó atención de inmediato, un poco sorprendido por su toque—. Vamos a intentarlo de nuevo.

—Bien. Podrías decidir qué vas a comprarme mientras tanto.

La vio fruncir el ceño y se agachó a recoger sus cosas. Se calzó el casco y cuando estaba acomodándose el guante, ella reaccionó.

—Más bien iré pensando en qué vas a comprarme.

—Lo que digas, campeona.

Terminó de ajustar el segundo guante y los golpeó entre sí.

—Listo. Te espero en el centro.

Tatsuki entrecerró los ojos, sabiendo bien que solo la estaba provocando. Dentro de lo poco que habían luchado, había descubierto que lo hacía muy bien. Era ágil, rápido y certero. Pero él se dio cuenta de lo distraída que estaba, así que no estaba siendo tan duro como podría. Rápidamente se puso sus implementos y regresó al centro, no sin antes echar un vistazo más abajo del cuadrilátero.

Orihime había pisado a Grimmjow y se había escurrido de su agarre. No pasó desapercibido para ella el gesto y la silenciosa maldición que pronunció.

No podía ser tan malo si su intento de ayudar a Orihime era genuino, ni tampoco si tenía un amigo como Shūhei que hablaba de él con aquella sinceridad. No había excusado los defectos de su amigo y había intentado demostrar su lado protector. Había sido una buena estrategia, eso era lo que ella había buscado desde un inicio en Ichigo.

Se sintió agradecida. Al menos Orihime ya no se sentía sola en su ausencia.


Rangiku golpeó su cabeza contra sus manos. Echó un vistazo, las cortinas estaban cerradas y permanecía aquel aroma de encierro en su sala. Se acurrucó contra su manta y finalmente decidió ponerse de pie.

¿Qué estaba haciendo?

Dejó caer la manta y tomó aire. Profundo, lento.

No había dejado de pensar en todo lo que Grimmjow le había dicho, la última y todas las veces en que acudió en su rescate. Llegó finalmente al punto en que se percató de su alrededor. Su hogar estaba destrozado, ahogado en su tristeza, que había conseguido que se volviera una cueva, gracias a sus cortinas cubriendo cada entrada posible a la luz.

Se había emborrachado, había llorado y Grimmjow se había visto obligado a meterla bajo el agua helada para hacerla reaccionar. Pero a pesar de que la despertó, había mentido, y aún no reaccionaba en realidad.

Estaba harta, sin embargo, de sentirse tan miserable. Estaba llorando por un hombre que le había robado el corazón y luego se había olvidado de ella, la había ignorado todos los días en que visitó su lugar de trabajo cuando lo descubrió otra vez, solo esperando una pobre mirada. Nunca la consiguió, y ahora…

Rangiku agarró su cabello y soltó un grito furioso.

La había vuelto un intento de mujer.

No tenía excusa, no tenía ningún motivo para hacerlo, y aún así siguió.

Ella le había dado su corazón. Estaba segura de que él lo sabía, lo había visto en sus ojos la última vez que estuvieron juntos. Pero nada importó.

Otro grito más y se mantuvo de pie en medio de su sala, respirando con dificultad. Apartó las manos de su cabello y se enderezó. Estaba iracunda, ya no quería respuestas, no quería saber nada. No entendía por qué había recibido ese paquete, él era el único que pudo hacerlo llegar. Y si había buscado mantenerla en su lugar, recordarle aquella herida como si fuera nueva, había ganado. Por unos días.

Caminó dando grandes zancadas hacía su ventana. Corrió las cortinas, abrió la ventana, recogió los cojines que había lanzado y los regresó a su lugar en el sofá donde había estado antes. Dobló su manta, se tomó el cabello en una coleta, y decidió devolverle el color a su hogar, donde no solo había vivido buenos y muy malos momentos por su culpa. También donde había vivido con Grimmjow, quién también había robado su corazón. No quería seguir dándole problemas, no quería pasar por la vergüenza de tener que ser cargada hasta el baño, de que le secara el cabello porque ella se sentía demasiado débil para hacerlo, de que tuviera que insistir a que comiera sus verduras.

Su cuerpo aún no se sentía fuerte, pero su repentina convicción fue suficiente para moverla por toda su casa, deshaciendo cada desastre que había hecho dentro de su angustia.

Cuando terminó se sentó de nuevo. Respiró profundo, sintiendo el aire fresco aliviando sus pulmones.

Se preguntó si Grimmjow estaría ocupado con Orihime…

Los quería a ambos. A Grimmjow tomando su mano y a Orihime estrechándola entre sus brazos, aplacando su dolor como la última vez.

Tomó su teléfono y escribió un rápido mensaje.

Grimmy, ¿estás ocupado?

Antes de poder enviarlo, el timbre sonó. Frunció el ceño, ¿podría ser el casero una vez más? Esta vez tendría la fuerza para hacerle frente. Había prometido que pagaría ese día, ¿por qué iba a molestar?

Chasqueó la lengua cuando sintió que tocaban nuevamente. Envió el mensaje y tiró su teléfono encima del sofá, a su lado, y entonces se dispuso a caminar hasta la puerta principal.

Abrió la puerta.

Deseó morir.

Gin le regaló un gesto, una sonrisa.

Entonces deseó vivir para quitarla de su rostro.

—Rangiku, cuánto tiempo. ¿Recibiste mi regalo?

Ya no quería ser sólo una parte de la Rangiku que alguna vez fue, pero él era insoportable, buscándola de esa manera cuando quería desechar su pena… ¿Por qué no lo hacía bien y desaparecía para siempre?