Buenas noches, mis estimadxs lectorxs! Cómo están? Espero que muy bien!

Yo aquí estoy de regreso con un nuevo cap de esta nueva locurita mía. Por lo que leí en sus comentarios, creo que he dejado a más de una bien intrigada después del primer cap. Pero la historia recién empieza, hay mucho por contar, así que ténganme paciencia!

Antes de invitarlxs a leer, les comento que el título de este fic pertenece al de una canción del dúo Alejandro y María Laura, de la cual usaré fragmentos de la letra en algunos capítulos a lo largo de la historia. Hoy es el caso. Y a quienes les interese conocer el tema, les recomiendo que lo busquen y escuchen para complementarlo a su lectura. Si lo hacen, cuéntenme qué les pareció!

Bueno gente, ahora sí lxs dejo leer el DOS en paz. Que lo disfruten!

Todos los personajes pertenecen a su autora Naoko Takeuchi, yo sólo los tomé prestados.

Bell.-


:: Capítulo Dos ::

No quiero recordar. No quiero remover el pasado ni volver atrás. No quiero ceder. No quiero volver a ser la que fui ni sentir lo que sentí.

Pero no puedo evitarlo, cientos de recuerdos y sentimientos que creía perdidos para siempre se imponen de repente en mi mente y mi corazón.

Y vuelvo a recordar. Todo empezó hace un año atrás…

.

.

.

Aquella tarde, como lo venía haciendo desde hacía semanas, me había encerrado en mi departamento y me encontraba cómodamente desparramada en el sofá de la sala. No tenía idea de qué hora ni qué día de la semana era. Lo único que recuerdo es que estaba envuelta en un par de mullidas cobijas durmiendo plácidamente hasta que unos insoportables ruidos que provenían de la puerta interrumpieron mi tranquilidad y comencé a despertarme.

—Déjenme en paz… —protesté mientras me cubría la cara con un almohadón— Por favor, déjenme sola.

Y tal y como me lo imaginaba que sería, reconocí la estridente voz de una de mis mejores amigas. —¡Serena! ¡Abre esta maldita puerta ahora mismo o Lita lo hará a patadas!

—¡Es cierto, Serena! —ahora Lita se acoplaba a los ruidosos chillidos de Mina—. ¡Si no abres inmediatamente, yo lo haré a los golpes!

—Qué fastidio, ¿por qué hacen tanto escándalo? —protesté otra vez.

De mala gana estiré mi brazo hacia la mesita para buscar mi celular a tientas. Y después de arrojar unas cuantas cosas al suelo, finalmente lo tomé. Pero cuando quise fijarme en la hora me di cuenta de que estaba apagado porque se había quedado sin batería.

—Rayos… —volví a quejarme.

Y comprendí que era muy probable que por eso habían venido hasta aquí, por no lograr comunicarse conmigo por teléfono. Arrojé el celular a un lado refunfuñando entre dientes y al notar que los golpes y gritos de las chicas no cesaban ni un poco, decidí levantarme.

Sin soltar las mantas y andando a paso pesado, casi arrastrando los pies, llegué finalmente a la puerta y abrí. —¡Serena! —exclamó Mina con dramatismo—. ¡Gracias a dios estás bien! ¡Estaba tan preocupada! —y enseguida saltó sobre mí para abrazarme.

—¿Por qué tienes el celular apagado? —me regañó Lita.

—Batería… descargada… —respondí con dificultad ya que Mina aún no me soltaba y sus abrazos, como siempre, me dejaban sin aire.

—Eres una irresponsable, Serena —siguió Lita—. Hace días que no sabemos nada de ti, no vuelvas a hacer esto nunca más, ¿entendido?

—Lo siento, no me di cuenta —me disculpé apenada y cuando Mina por fin se dignó a soltarme, las dos entraron al departamento.

Apenas cerré la puerta Lita fue directo a abrir una de las ventanas. —¿Por qué está tan oscuro aquí? Esto parece una covacha.

Por su parte Mina también abría de par en par la puerta corrediza del balcón. —Afuera hace una hermosa tarde de sol, tienes que dejar que entre un poco de aire fresco.

Y cuando volvieron su atención al interior las dos se sobresaltaron al ver el tremendo desorden en que se encontraba la sala. —¡Oh, por dios! —exclamaron horrorizadas.

Yo no les hice ni el menor caso y volví a acostarme en el sofá, dándoles la espalda y cubriéndome con las mantas hasta la cabeza.

—Esto es… ¡un basurero! —dijo Mina.

—Sin dudas, una covacha espantosa —dijo Lita.

Sin darme tiempo a nada las dos se acercaron a mí, me quitaron las mantas de encima y tiraron de mis brazos para obligarme a ponerme de pie. —¡Oigan! ¿Qué les pasa? —intenté resistirme pero no hubo caso. Casi a rastras comenzaron a llevarme por el pasillo que dirigía a mi habitación.

—Eres un desastre, Serena —ahora era Mina la que me regañaba—. ¿Cómo pudiste llegar a este extremo? No debes tomarte las cosas tan a la tremenda, la vida continúa, tienes que salir adelante —me sermoneaba.

—Es cierto, deprimiéndote y aislándote como lo haces no resolverás nada —agregó Lita—. Tienes que seguir con tu vida, dejar de encerrarte, de venirte a pique de esta forma.

Apenas llegamos a mi cuarto me solté de ellas y me desplomé sobre la cama. —Pero es que ustedes no entienden nada —balbuceé contra la almohada—. Mi vida ya no tiene sentido. Porque soy la mujer más mediocre y fracasada de la tierra —lloriqueaba acongojada mientras abrazaba mis rodillas y me hacía un ovillito.

—Ay, Serena, ¡eres insufrible! —se quejó Lita al abrir la ventana.

—Ya deja de lamentarte —dijo Mina—. Y no vuelvas a repetir ese discurso autocompasivo de cuarta —se acercó a mí y de nuevo me tomaba de los brazos para hacerme poner de pie—. Vamos, levántate y quítate estos horrendos harapos.

—¡No quiero! —grité enojada y forcejeaba con ella para no moverme de la cama.

—No seas caprichosa, Serena —insistió—. ¡Levántate de una vez!

—¡Dije que no quiero! —grité de nuevo y logré soltarme—. ¡Déjame sola! ¡Déjame en paz! —y volvía a abrazarme con más fuerza a la almohada.

—Lita, por favor, ayúdame —suplicó Mina.

—Ven aquí, mocosa insolente —Lita consiguió levantarme a la fuerza, me cargó sobre su espalda y empezó a encaminarse hacia el baño.

—¡Suéltame! —yo intentaba resistirme—. ¡Suéltame, Lita! ¡Déjame en el suelo ahora mismo o voy a gritar!

—Pero si ya estás gritando.

—¡Suéltame, Lita! —yo seguía forcejeando—. ¡En serio te lo digo! ¡Me estás haciendo enojar!

—De acuerdo, te soltaré —accedió. Y apenas entramos al baño abrió la mampara, me arrojó al suelo y enseguida abrió la ducha, haciendo que el agua helada comenzara a caerme encima.

Mina estaba muerta de risa presenciando tan ridícula escena. Yo no podía levantarme porque cada vez que lo intentaba me resbalaba y volvía a caer. —¡¿Por qué lo hiciste?! —le reproché a Lita—. ¡Mi pijama! —exclamé nerviosa y empecé a quitarme la ropa—. ¡Mi pijama se está empapando!

—Escúchame bien, jovencita —dijo Lita con prepotencia—. Mientras tú te bañas, Mina y yo nos pondremos a ordenar y limpiar el desastre que tienes en tu departamento. Y cuando estés lista iremos de compras y luego yo cocinaré algo sano y nutritivo para que cenemos las tres juntas como gente civilizada, ¿de acuerdo?

—¡No quiero! —volví a gritar.

—¡Basta, Serena, ya fue suficiente! —me retó Mina—. Hazle caso a Lita, apresúrate así también nos ayudas a ordenar, ¿puede ser?

Yo recurrí a mis lastimosos pucheros para intentar ablandarlas. —Pero… pero… —balbuceé con mi mejor cara de niñita inocente.

—¡Pero nada! —enfatizó Lita sin inmutarse ante mi conmovedora puesta en escena—. ¡Ya cállate y obedece! —cerró la mampara y las dos salieron del baño cuchicheando entre ellas.

.

.

.

Lo que ocurría era que hacía unas semanas yo había perdido mi empleo. Así era, para mi desgracia me habían despedido sin previo aviso y había sido un verdadero y terrible trauma para mí. Porque se trataba de mi trabajo ideal, por el cual había sacrificado tantas cosas durante muchos años para conseguirlo y mantenerlo. No sólo le había entregado todo mi tiempo, dedicación y esfuerzo desmedido, sino que también había resignado muchos otros asuntos para enfocarme y concentrarme sólo en eso. En trabajar, en ser la mejor, en lograr el reconocimiento que me merecía, en alcanzar el ascenso que siempre había querido.

Pero todo había pasado tan rápido, tan de repente y sin siquiera habérmelo imaginado jamás, que me sentía muy frustrada. Me despidieron de un momento a otro sin darme tiempo a nada, sin demasiadas explicaciones. Simplemente me pidieron que me fuera con una mísera y absurda disculpa y, por fortuna, con una buena y considerable indemnización.

Y estaba muy decepcionada, me sentía furiosa, ofuscada, desilusionada. Estaba tan deprimida y shockeada que no quería ver a nadie ni hablar con nadie. Sólo deseaba estar sola, para reflexionar y evaluar por mí misma cuál pésimo había sido mi desempeño como para acabar así. Y sobre todo para pensar en qué podía hacer a partir de ahora. Por eso decidí encerrarme y atrincherarme en mi departamento hasta aclarar mis ideas, ordenar mis pensamientos, despejar mi cabeza. Pero muchos días habían pasado y si no fuera por las chicas vaya uno a saber cuánto tiempo más permanecería en este estado tan lamentable y patético. Ya había sido más que suficiente.

Una vez que terminé de ducharme, salí del baño y fui a mi cuarto para vestirme. Me puse ropa limpia y presentable, arreglé mi cabello y después de retocar un poco más mi imagen en el espejo, ensayé una amplia y alegre sonrisa y fui a buscar a mis amigas.

Cuando regresé a la sala, las dos dejaron lo que estaban haciendo y me examinaron de pies a cabeza. —Ahora sí empezamos a entendernos —dijo Lita con satisfacción.

—¡Serena! —exclamó Mina mientras me tomaba de la mano y me hacía girar en el lugar—. ¡Por fin estás de vuelta, Serena! —estalló en llanto y me abrazó con fuerza.

Yo eché a reír por su reacción. —Eres una llorona.

Después de que Mina me soltara, Lita se acercó más a nosotras y agrandó su sonrisa. —Te ves bien, amiga. No vuelvas a asustarnos de esta forma, ¿quieres?

—Sí, Serena, en verdad nos tenías muy preocupadas —agregó Mina mientras se limpiaba las lágrimas con un pañuelito, era tan exagerada…—. Jamás habías hecho algo como esto antes. Que no se vuelva a repetir, por favor.

Yo suspiré y bajé la mirada, me sentía algo avergonzada por mi comportamiento y también culpable por haberlas hecho sentir mal a mis mejores amigas. —Lo sé, y les pido perdón por preocuparlas. Pero gracias a ustedes ya me siento mejor.

—¿Estás segura?

—Sí, ya pasó. Estoy bien, en serio —y volví a mirarlas con una nueva sonrisa.

Mina se colgó de mi brazo. —Bueno, entonces, ¿vamos de compras?

Asentí contenta. —Vamos.

.

.

.

Momentos más tarde, después de haber recorrido de principio a fin la tienda donde haríamos las compras, yo estaba esperándolas a las chicas en la fila para pagar mientras ellas buscaban unas cosas que se habían olvidado.

Como aún se demoraban en regresar y yo comenzaba a aburrirme, me puse a mirar unos estantes que había a mi lado para distraerme un momento. Y cuando me di cuenta de que eran dulces, me tenté y tomé uno. —Chocolate… —murmuré como boba al ver que era uno de mis favoritos—. Suave y delicioso chocolate…

Estuve a punto de poner varias barras en el canasto, pero recapacité de golpe y me puse a pensar que esta vez lo mejor sería no ceder a la tentación. Porque hacía semanas que me venía alimentando muy mal, sosteniendo una dieta basada en carbohidratos y grasas saturadas -gracias al bendito delivery de pizza-, ni qué decir de azúcares y calorías en exceso. Si compraba esos chocolates de seguro ofendería a Lita, que ya me había advertido que sólo iba a preparar una amplia variedad de verduras y carnes magras para que comiera sano. Lo cual no me entusiasmaba ni un poco, pero debía aceptarlo después de todo por lo que les hice pasar a mis pobres amigas.

Así que suspiré resignada y dejé de nuevo los dulces en el estante. Y mientras lo hacía, un chico que estaba detrás de mí me habló. —Disculpa… —yo seguía concentrada en los chocolates, me costaba tanto tener que dejarlos…—. Oye, disculpa, es tu turno.

—¿Qué? —pregunté algo desorientada al voltear a verlo.

—Es tu turno para pagar —me dijo con gentileza.

Y apenas lo vi mejor me quedé paralizada al instante, inmóvil como estatua, completamente absorta ante la sonrisa más tierna y hermosa que jamás había visto en mi vida entera. Nunca antes me había pasado algo como esto. Podía identificar que en el precisísimo segundo que me encontré con sus ojos, una extraña y repentina presión inundó mi pecho. Pero no lograba identificar del todo de qué tipo de emoción se trataba. Si era el típico flechazo a primera vista o simplemente me sentía avergonzada por la situación. Quizás sólo fue eso, además era muy probable que estuviera algo sugestionada después de leer tantas novelas románticas en los últimos días.

Sin embargo estaba frente a un chico precioso y encantador en toda la extensión de esas palabras, no cabía ninguna duda.

—Señorita… —una voz me sacó de mi estado de trance—. ¡Señorita!

Pegué un salto del susto cuando me di cuenta de que la cajera me estaba llamando. —¿Ah? —volteé y más nerviosa me puse todavía al ver que la mujer me miraba con cara de pocos amigos—. Oh, sí, lo siento.

Estaba tan avergonzada e inquieta con lo que pasaba que las manos me temblaban. Y cuando comencé a sacar las cosas del canasto, sin querer se me cayeron varios paquetes al suelo. El amable y gentil chico se acercó de inmediato para ayudarme a recogerlos y yo me puse peor. —Lo siento, gracias —murmuré sin atreverme a mirarlo a la cara.

Afortunadamente enseguida llegaron las chicas. Así que me disculpé una vez más, pagamos todo y nos fuimos.

.

.

.

Durante el corto trayecto desde la tienda hasta el edificio donde vivía, logré relajarme bastante después de tan bochornoso acontecimiento, y por suerte ya me había olvidado de aquel chico.

Mis amigas no dejaban de conversar y bromear, y yo reía a cada rato con sus comentarios. Definitivamente gracias a ellas mis ánimos estaban cada vez mejor y por fin podía volver a sentirme bien.

Cuando llegamos y empezamos a subir las escaleras, ya que mi departamento quedaba en el primer piso del edificio, nos dimos cuenta de que alguien venía detrás nuestro. Yo no le di demasiada importancia al asunto, pero las chicas comenzaron a ponerse nerviosas.

—Chicas —murmuró Mina mientras atravesábamos el pasillo—, por favor, no se alarmen, pero creo que alguien nos está siguiendo.

Yo quise voltear a ver. —¿Qué? ¿Quién?

Pero Mina no me dejó. —¡Disimula, tonta! —me regañó en voz baja—. Es el chico que estaba en la tienda, nos está siguiendo desde que salimos.

—¿En serio? —dije sorprendida y al mismo tiempo un tanto emocionada al saber que se trataba de él.

—No voltees, Serena —murmuró Lita—. Yo también lo noté, pero creí que lo perderíamos de vista cuando entráramos al edificio. Y me parece que si llegó hasta aquí es porque no tiene buenas intenciones, tal vez ha logrado entrar de alguna forma indebida, forzando la cerradura de la puerta o algo por el estilo.

—Oigan, creo que están siendo algo paranoicas, quizás él…

—¡Quieto ahí! —gritó Lita al pararse de repente delante de mí en actitud protectora—. ¡No te atrevas a dar un paso más o no responderé!

El pobre chico obedeció enseguida, pero por su clara expresión de desconcierto era evidente que no entendía absolutamente nada de lo que estaba pasando.

—¿Quién eres? —lo encaró Mina—. ¿Por qué nos seguiste hasta aquí? ¿Es que acaso eres un acosador? ¿Quieres aprovecharte de Serena porque sabes que es una vulnerable e inocente jovencita que vive sola y desamparada?

—¡Yo no estoy desamparada!

—Vamos, responde, ¿quién eres? ¿Cómo lograste llegar hasta aquí?

El chico quiso dar un paso al frente para acercarse a nosotras. —Disculpen, creo que están malinterpretando…

—¡No te muevas! —gritó Lita—. Serena, llama a la policía.

—No tengo el teléfono encima —lo había dejado cargando en casa.

—Usa el de Mina.

—Pero Lita —comenzaba a sentirme muy incómoda con la situación, este chico en verdad parecía inofensivo y las desquiciadas de mis amigas estaban armando en verdadero y vergonzoso escándalo—, no creo que sea necesario.

—¡Llama a la policía, ahora! —insistió Mina mientras me daba su celular.

—Por favor, no se precipiten —el pobre volvió a hablar—, déjenme explicarles lo que…

—¡Quieto!

Él se detuvo. —No las estoy siguiendo, yo vivo aquí.

—¡¿Qué?! —gritaron las dos al unísono.

—¿Vives aquí? —pregunté confundida.

—Sí, en aquel departamento —respondió al señalar el que estaba frente al mío—. Me mudé hace unos días.

—¿Es cierto eso, Serena? —me preguntó Lita con desconfianza—. ¿Este sujeto es tu vecino?

—Bueno, pues… La verdad es que no recuerdo haberlo visto antes.

—Me mudé hace muy poco y lamento no haberme presentado antes, es que no se había dado la oportunidad —las chicas parecían no convencerse todavía—. Lo siento, me llamo Darien —se presentó—. Darien Chiba.

—Yo me llamo Serena Tsukino.

—¡No seas imprudente! —Mina me regañó de nuevo—. No le digas tu nombre completo, aún no estamos seguras de que no sea peligroso.

—Tú acabas de decirle que soy una vulnerable e inocente jovencita que vive sola y desamparada, ¿acaso eso fue prudente?

—Gusto en conocerte, Serena, señoritas —dijo él al dejar las bolsas de sus compras en el suelo y buscaba algo en su bolsillo—. Mira, para que me creas aquí tengo las llaves de mi departamento, ¿ves? —se las enseñaba a Lita—. Déjame demostrarte que digo la verdad —se dirigió despacio hacia la puerta, manteniendo cierta distancia de las chicas que seguían escudándome, y cuando llegó finalmente abrió—. ¿Lo ves? Yo vivo aquí. No soy un acosador, sólo soy el nuevo vecino. ¿Ahora me crees?

—Ya, Lita. Es obvio que está diciendo la verdad.

—Es cierto, no está mintiendo —accedió ella al fin—. Disculpa, creo que exageramos un poco al acusarte de la forma que lo hicimos.

—Por favor, perdónanos, Darien —se disculpó Mina—. Ha sido un horrible malentendido y no reaccionamos precisamente bien.

"Son un par de descaradas" pensé para mis adentros.

—Descuiden, todo está bien. Sólo ha sido una simple confusión —Darien buscó sus bolsas—. Con permiso —se disculpó y entró a su departamento.

Apenas cerró la puerta, miré furiosa a mis amigas. —¡Son unas tontas! ¿Cómo se atreven a hacerme pasar semejante papelón con mi nuevo vecino?

—Tú eres la tonta antisocial que no conoce a sus propios vecinos —refutó Mina y las tres entramos a mi departamento.

—¿Y cómo iba a saberlo si jamás me había cruzado con él antes?

—Eso te pasa por pasártela encerrada como una ermitaña durante semanas —me acusó Lita y comenzó a dirigirse hacia la cocina.

—Si no fuera por nosotras —continuó Mina que iba tras ella— jamás habrías salido de esta covacha y mucho menos conocido a semejante adonis. ¡Ese hombre es precioso, Serena! Deberías pensar en cómo disculparte con él y conquistarlo.

—¡¿Qué?! ¿Conquistarlo? ¿Estás loca? —cada vez me sacaban más de quicio estas dos—. ¿Cómo es que pasó de 'acosador' a 'adonis' tan rápido? Además las que deberían disculparse son ustedes por acusarlo injustamente, yo no hice nada malo —dejé las bolsas sobre la mesa y me senté junto a la barra de brazos cruzados.

—Pero eres su vecina, te corresponde a ti disculparte. O si no al menos piensa en alguna forma de darle una bienvenida al vecindario, de acercarte a él, ya deja de ser tan antipática.

—¿De qué estas hablando? Lita, defiéndeme —le supliqué haciendo pucheros.

—Mina tiene razón.

—¡¿Qué?!

—Sé amable con él y discúlpate como corresponde.

—¡Pero si yo no hice nada!

—Entiende, Serena, es la excusa perfecta para acercarte a él —insistió Mina—. Vamos, no seas odiosa. Es una perfecta oportunidad para conocer a alguien, hace tanto tiempo que estás sola. Ese trabajo te absorbía demasiado, que te hayan despedido es lo mejor que te puede haber pasado.

Al recordar que estaba desempleada me deprimí un poco. —Era el trabajo de mis sueños, perderlo fue lo peor que me pasó en la vida entera.

—Claro que no, ha sido lo mejor —me animó Mina—. Ahora tienes que dar vuelta a la página y empezar de nuevo, recuperar tu alegría, tu espontaneidad, todo lo que te define como la hermosa persona que hace rato dejaste de ser. Y sobre todo, debes retomar tu vida social y amorosa —agregó con una risita pícara.

—Pero… pero… Lita, di algo.

—Mina tiene razón.

—Pero el trabajo de mi sueños, el ascenso… Lo perdí todo, ya no tengo energías para empezar de nuevo otra vez.

—Ya deja de pensar en eso y ocúpate de ti —siguió Mina—. Plantéate una nueva meta, supera todas las dificultades y los obstáculos, empieza de nuevo. Puedes hacerlo, siempre lo has hecho. Tú eres decidida, optimista, dispuesta, resolutiva. Ya conseguirás otro trabajo, vas a ver. Pero que ése no sea el único objetivo en tu vida. Eres joven, bonita y hace mucho que no sales con nadie. Vamos, anímate, este vecino te vino como regalo del cielo, no desaproveches esta oportunidad.

—No lo sé, quizás tengas algo de razón, pero…

—Ay, Serena, ¡no seas tan cabeza dura! Siempre es lo mismo contigo, sugerirte que busques novio es como pedirle peras a un nogal.

—No es nogal, es olmo —la corrigió Lita.

—Como sea, al menos considera la idea de acercarte a él, de comportarte como una buena vecina, ¿verdad que lo harás, amiga?

—Tal vez.

—Bueno, ya basta de charlas y ayúdenme a cocinar —nos ordenó Lita.

Pero cuando quise ponerme de pie para acercarme de nuevo a la mesa y disponerme a ayudar en algo, oí que golpeaban a la puerta. Las chicas me miraron con ojos enormes y comenzaron a empujarme hacia la entrada para que atendiera. Al llegar les hice señas para que guardaran silencio y después de inspirar y suspirar unas cuantas veces, me animé a abrir.

—Hola de nuevo —me saludó Darien apenas me vio.

—Ho… hola…

—Quizás sea una pequeñez, pero quería darte esto —y me entregó una barra de chocolate, de las mismas que momentos antes en la tienda yo estuve a punto de comprar—, para disculparme por el malentendido de recién.

—Gracias… —dije al recibirla y sonreí con timidez.

No podía creer que me sintiera de esta forma frente a él. Estaba tan nerviosa y avergonzada como una adolescente de secundaria, sentía un intenso calor en mi rostro, probablemente estaría colorada hasta las orejas. Y cuando me atreví a mirarlo a los ojos volví a comprobar lo llamativamente atractivo que era.

¡Por dios! Me sentía como la protagonista de las novelas románticas que leía últimamente, conociendo de manera casual al futuro amor de mi vida, ¿acaso podía ser más ilusa? Sin dudas tanto tiempo de estar soltera me había afectado considerablemente.

Mientras más lo observaba con detenimiento, más me impresionaba lo guapo que era este chico. Alto, cabello oscuro, ojos azules y una sonrisa de ensueño… Adoré su sonrisa desde el primer instante que lo vi. Y también su modo tan gentil y amable de tratarme. Me sentía en las nubes, esto se estaba poniendo cada vez peor.

—Bueno, no quiero importunarte más, así que… —quizás era impresión mía, pero él parecía estar tanto o más nervioso que yo. Tal vez también era algo tímido, y en realidad eso lo hacía aún más adorable— Hasta luego —se despidió y regresó a su departamento.

—Espera —lo llamé antes de que cerrara la puerta. Darien volteó y me miró—. Yo… Yo no —titubeaba como tonta—. Lo siento, creo que soy yo la que debe disculparse. Mis amigas fueron algo groseras contigo, así que te pido perdón por el mal rato que te hicieron pasar.

—Descuida, no fue nada —me dijo con una nueva sonrisa.

—Es que ellas suelen ser algo sobreprotectoras conmigo —le expliqué riendo— y a veces no miden sus actos.

—Está bien, acepto tus disculpas.

—Gracias.

—De nada.

Nos quedamos en silencio por unos instantes más, mirándonos a los ojos. Yo no tenía idea de qué hacer, si dar por terminada la conversación y entrar a mi departamento o si esperar a que dijera algo más. Sólo apretaba el chocolate entre mis manos esforzándome sobremanera por no demostrar mis nervios y no dejaba de mirarlo expectante y muerta de vergüenza.

—Bueno, tengo que… tengo algunas cosas que hacer —volvió a hablar tras una larga pausa—. Encantado de conocerte, Serena.

—Encantada de conocerte, Darien —y dando media vuelta me metí apurada en mi casa e inmediatamente cerré la puerta tras de mí.

Una vez dentro, me encontré a las chismosas de mis amigas. —Oh, por dios, ¡oh, por dios! —dijo Mina llevándose las manos al pecho y dando saltitos—. ¿Te das cuenta de lo que acaba de pasar? Esto es obra del destino, Serena. ¡Esto tiene que ser obra del destino!

—¡Ya déjame en paz! —quise hacerme la desentendida y me fui directo hacia la cocina—. Cocinemos de una buena vez, ¿puede ser? Que estoy muriendo de hambre.

.

"Luna extraña

que se escapa de la noche

para ver al sol partir,

rodeada de azul estás…"

.


Bueno, ya supimos cómo nuestros adorados protagonistas se conocieron… Por Kami, que no daría yo por tener un vecino como él… En fin, no es fácil la vida :')

A continuación les respondo los reviews a quienes no tienen cuenta (al resto les respondo por privado):

-Guest: no descansé demasiado, pero me hizo bien! así que regresé con ideas frescas… gracias por la bienvenida!

-yssareyes48: qué bueno haberte dejado con la duda, jijiji… pero todavía falta para saber quién es el dichoso "príncipe" y cuál será la respuesta de la "princesa", paciencia!

-leidy flourite: querida amiga, aún queda mucho por contar antes de que sepamos quién es el de la propuesta y qué fue lo que le pasó a Serena en este año, así que a esperar…

-marisol: etiquetada estás por supuesto mi querida! hoy hubo alguito más para leer, pero todavía falta bastante…

-kaguya: yo también estoy muy feliz de haber regresado y reencontrarme con todxs uds! muchas gracias! espero que con el cap de hoy también te haya atrapado más esta nueva locura…

-Miriam Ortiz: en el cap de hoy, donde conocimos el inicio de la historia de Serena, otra vez le pasó algo cuando menos lo esperaba, tal cual lo dijiste… hay que ver cómo se sigue dando todo de ahora en adelante…

-romi: siiii regresé pronto! soy una desquiciada… espero haberte dejado intrigada de nuevo con el cap de hoy…

-brujitadcc: la pregunta del millón no te la puedo responder, así que te quedarás con la duda un tiempo más, jijiji… gracias por alegrarte con mi regreso!

-patyzparawhore: todavía no podremos saber quién le propuso matrimonio a nuestra adorada Serena, habrá que seguir esperando…

-Serenity Itzel Tsukino de Chiba: bienvenida a mi locura! hoy empezamos a conocer qué le pasó a Serena en este año, pero aún queda más por saber, a esperar pues!

-ferserenity: por suerte pude actualizar pronto! espero que también te haya gustado el cap de hoy.

-Paty: como te dije por FB, no puedo responder a tu pregunta para no spoilearte, así que tendrás que quedarte intrigada... jijiji...

Bueno gente linda, a todos y todas les doy las GRACIAS MUCHAS GRACIAS por sus palabras, su interés y su apoyo! Me alegra que se hayan acercado a mi nueva locura y deseo de todo corazón que sigan enganchadxs con la lectura!

Espero ansiosa sus reviews!

Besotototes per tutti…

Bell.-