Buenas noches querida gente del mio cuore! Cómo es que les va? Espero que muy bien :)

Tal y como les comenté a algunas de mis lectoras, llegué a terminar un nuevo cap de mi locurita para publicarlo el finde, así que aquí estoy dando acto de presencia y cumpliendo con mi promesa.

Hoy comparto con uds un episodio que, si bien me dio un poco de trabajo, me resultó bastante divertido de escribir. En esta ocasión vamos a ver cómo de a poco se siguen acercando nuestros adorados protagonistas y también conoceremos alguito más de las 'loquillas' amigas de Serena. Así que espero que les guste y les resulte entretenido :)

Sin más lxs invito a leer el TRES en paz y les pido, como siempre, que no dejen de contarme qué les pareció!

Todos los personajes pertenecen a su autora Naoko Takeuchi, yo sólo los tomé prestados.

Abajo me despido,

Bell.-


:: Capítulo Tres ::

Durante las siguientes semanas, me dediqué a realizar una exhaustiva y furiosa búsqueda de trabajo. Después de tanto tiempo de encierro y depresión, gracias al incondicional apoyo de mis mejores amigas volvía a estar tan animada y de buen humor como hacía mucho no me pasaba.

Me sentía plena, llena de energías, capaz de llevarme el mundo por delante sin nada que me detuviera. Y estaba absolutamente convencida de que iba a encontrar un empleo tanto o más apasionante que el que perdí, no tenía ni la menor duda.

Envié cientos de currículums, asistí a muchísimas entrevistas, llené infinidad de formularios y solicitudes, todo en lugares que valieran la pena, claro. Sin embargo los días pasaban y nada parecía resultar como esperaba. Las únicas respuestas que recibía eran de agradecimiento y buenos deseos, pero nadie se dignaba a contratarme. Igualmente no pensaba rendirme ni decepcionarme tan pronto, tenía la total convicción y seguridad de que tarde o temprano encontraría lo que buscaba.

Además, si bien mi prioridad y principal objetivo en este momento de mi vida era solucionar mis problemas laborales, había también otro motivo muy particular para mi tan espléndido y radiante estado de ánimo. Ese especial motivo era una interesante y misteriosa personita que había conocido hacía muy poco, nada más y nada menos que mi adorado y nuevo vecino.

No podía negar que desde el día que lo conocí, aunque todavía no lo había vuelto a ver, no dejé de pensar en él ni por un segundo. Porque me había cautivado desde el primer momento, con esa manera tan dulce y gentil de hablarme, de sonreírme, de mirarme con esos ojos tan preciosos y encantadores… Ni qué decir de cuando me regaló el chocolate para disculparse por la confusión con las locas de mis amigas y me trató con tanta amabilidad… Lo adoré, definitivamente adoré a ese chico al instante.

Si bien aún no llegaba a conocerlo demasiado, era capaz de admitir que estaba más que fascinada con él. Tanto así que hasta sentía las típicas mariposas en el estómago cada vez que lo recordaba o me reía sola como tonta cuando pensaba en su hermosa sonrisa o cada noche dormía abrazada a mi almohada imaginándome que era él.

Sí, sí, sí. Lo reconocía sin titubear. Me había convertido en una empalagosa y ridícula adolescente enamorada. Pero estaba más que conforme y contenta con eso, con poder sentir todas estas cosas después de mucho tiempo que no me fijaba ni interesaba por nadie. Y quería dar rienda suelta a estas emociones sin preocuparme ni pensar en las consecuencias, porque me sentía revitalizada, entusiasmada, simplemente feliz.

Sin embargo por momentos mi alegría desenfrenada se desvanecía, porque los días pasaban y no lo había vuelto a ver, lo extrañaba tanto… Y moría por saber más de él, conocerlo mejor, demostrarle de alguna forma que me gustaba, que yo, Serena Tsukino, la cabeza dura del siglo, había salido de mi covacha para asomarme a la vida real y entregarle mi corazón a quien estuviera dispuesto a recibirlo.

Sí, sí, sí. Esta madura y emancipada adulta de 24 años en grave proceso de regresión psicológica había tomado la decisión de encontrar otra vez el amor. Porque después de reflexionar mucho al respecto y tras los fallidos intentos en mi búsqueda de un empleo ideal, pensé en tomar en serio los consejos de mis amigas, dejar un poco de lado mi obsesión por el trabajo y recuperar mi vida amorosa, la cual tenía abandonada hacía años. Y Darien Chiba era el individuo indicado, tenía que serlo.

Una tarde, ya casi anocheciendo, yo acababa de regresar de una entrevista y estaba en la entrada de mi edificio intentando encontrar mis llaves. Tenía cientos de cosas en las manos, mi bolso, unas carpetas y los paquetes de las compras que acababa de hacer, y se me hacía muy difícil buscarlas así. Pero no soltaba nada y estaba haciendo un verdadero escándalo mientras sacudía las cosas en el aire y maldecía entre dientes.

Hasta que sin darme cuenta alguien se acercó y abrió la puerta por mí. Y cuando alcé la vista para ver quién era, sentí que los latidos de mi corazón se disparaban a mil revoluciones por segundo al reconocer esa sonrisa de ensueño que tanto había echado de menos. —Hola, vecina —me saludó Darien.

—Ho… hola, vecino —lo saludé muerta de vergüenza al percatarme de que seguramente estaría sonrojada hasta las orejas. Es que no podía disimular ni un poco mis nervios. Y creo que una quinceañera habría sido mucho más delicada y perspicaz que yo en esta situación.

—Adelante —me dijo gentil al abrir más la puerta para dejarme entrar.

Antes de hacerlo, aproveché para hacer un rápido examen de su aspecto y observarlo con mayor detenimiento. Y vaya que se veía muy bien, vestía un traje gris oscuro, una camisa blanca con los dos primeros botones desabrochados y llevaba un maletín colgando de su hombro. Pero a pesar de su seria y formal apariencia, me trataba de una manera tan desenvuelta y amable que me hacía sentir sumamente cómoda.

—Muchas gracias —dije ya más tranquila al pasar. Él también entró y cerró la puerta tras de sí.

Entonces comenzamos a subir juntos las escaleras. —¿Regresando del trabajo? —me preguntó.

—No precisamente —respondí algo desanimada—. En realidad vengo de una entrevista de trabajo.

—Ya veo. ¿Y cómo te ha ido? ¿Crees que lo lograrás?

—No lo sé con seguridad, es probable que no. Porque aunque me dijeron que me llamarían para avisarme sobre los resultados de la selección, me aclararon de antemano que mi perfil no encaja con lo que están buscando, así que…

—Comprendo. Buscar empleo no es una tarea nada sencilla. Pero no te des por vencida, sigue esforzándote y lo conseguirás.

—Gracias.

Cuando llegamos a la puerta de mi departamento nos detuvimos. Y yo supe que aún no podía despedirme, que tenía que seguir hablando con él, que debía aprovechar esta oportunidad para conocerlo mejor, acercarme más a él, intentar entablar una relación más estrecha que la de dos simples vecinos. Así que sin perder tiempo volví a hablarle para sacarle conversación. —¿Y tú… tú estás regresando de tu trabajo?

Darien ya estaba a punto de abrir la puerta de su departamento, pero antes de hacerlo volteó a verme y me respondió. —Sí, hoy salí mucho más tarde porque tuve una reunión que se extendió demasiado, por eso decidí volver directo a casa. Estoy exhausto.

—Ya veo.

De nuevo mis nervios se disparaban al tenerlo frente a mí y no supe qué más decir. Como una tonta me quedé muda e inmóvil como estatua, con una estúpida sonrisa en la cara.

—Bueno, supongo que tú también debes estar muy cansada, así que mejor seguimos conversando en otra ocasión.

¡No! ¡En otra ocasión sería demasiado tarde! ¡Tenía que ser ahora o nunca! —¿Quieres tomar un café? —me atreví a preguntarle con todo el valor que me fue posible reunir en una mínima fracción de segundos—. O un té, como prefieras —Darien no respondía y me miraba con una divertida expresión en su rostro. Probablemente lo estaría tomando por sorpresa o quizás le resultara graciosa mi repentina y hasta algo infantil actitud. Pero no tenía nada que perder, iba a convencerlo como fuera, él tomaría ese café conmigo sí o sí—. Mira, tengo pastel —dije con entusiasmo al enseñarle uno de los paquetes que traía conmigo—. Quizás no sea la gran cosa, pero si te invito un poco de pastel con algo de beber tal vez podría compensarte por el malentendido del otro día, al menos un poco.

Él dudó por un momento. —¿Cuál malentendido? —y enseguida recordó—. Ah, ¿te refieres a aquella confusión con tus amigas?

—Sí, esa desafortunada confusión —dije algo apenada—. Aunque en realidad fuiste tú quien se disculpó conmigo regalándome un chocolate, que por cierto estaba delicioso. Pero creo que soy yo quien debería pedirte perdón por lo que pasó.

—Tú también te disculpaste aquel día, así que no te preocupes más por eso, en verdad no estoy molesto ni disgustado contigo.

Yo sabía que él estaba siendo amable -demasiado amable- al decirme estas cosas. Pero todavía no aceptaba mi invitación y yo empezaba a desesperarme cada vez más.

—Bueno, entonces si no es necesario volver a disculparme —tenía que encontrar otro motivo, tenía que convencerlo a como diera lugar—, podrías aceptar mi invitación como una forma de darte la bienvenida al edificio —insistí—. Vamos, acepta, sólo es un café, será cosa de un minuto, no me hagas suplicarte.

Darien sonrió, haciendo que me derritiera por dentro, y después de pensarlo por unos interminables segundos finalmente accedió. —Está bien, acepto el café.

—¡Genial! —casi pegué un salto de la alegría, pero me contuve a tiempo. De inmediato abrí mi puerta y lo invité a pasar—. Adelante.

—Con permiso.

.

.

.

Una vez dentro, encendí las luces, dejé mi bolso y mis carpetas en un silloncito que había junto a la entrada y le pedí su maletín y su saco. —Pasa, ponte cómodo —le dije al recibirlos.

Mientras yo acomodaba sus cosas en un perchero, él comenzó a atravesar la sala lentamente y observaba todo a su alrededor con mucha atención. —Vaya, tu departamento es muy lindo.

—¿Te parece?

—Sí, está muy bien decorado, los muebles tienen mucho estilo, la iluminación es muy delicada.

—¿En serio te gusta? Yo los elegí especialmente a cada uno —comenté orgullosa mientras acariciaba una de mis lámparas de pie favoritas y enseguida lo tomé de la mano para llevarlo a la cocina—. Y mira, todo el mobiliario de la cocina fue hecha a medida, yo elegí los colores, la distribución y el tipo de materiales, ¿no es preciosa? —le enseñaba cada detalle como si se tratara de un valioso tesoro, porque en realidad para mí sí lo era—. La remodelé hace poco, estoy tan emocionada…

—Sí, te quedó muy bonita. ¿Eres diseñadora? —preguntó curioso.

—No, ojalá lo fuera —respondí mientras ponía la cafetera a andar—. En realidad soy contadora, pero me fascina la decoración y el diseño de interiores. Me encanta todo lo que tenga que ver con muebles, objetos, pinturas. Siempre estoy pendiente de esas cosas y cada vez que puedo compro muebles nuevos o hago remodelaciones en alguna habitación. Me apasiona hacerlo.

—Qué interesante, veo que tienes muy buen gusto.

—Gracias.

Cuando terminé de preparar todo y servir el café y el pastel en una bandeja, regresamos a la sala y nos sentamos en el sofá. —¿Así que eres contadora? —me preguntó Darien mientras recibía la taza que le entregaba.

—Sí, me gradué hace unos años. Aunque al principio la idea era trabajar con mi papá, porque él también es contador, decidí buscar algo que tuviera más que ver conmigo, con lo que a mí me gusta. Y cuando todavía estaba en la universidad, conseguí un puesto en el departamento de ventas de un importante estudio de diseño y arquitectura.

—¿Y trabajaste mucho tiempo allí?

—Casi cuatro años, era el trabajo de mis sueños. Si bien mis tareas eran más que nada administrativas y no tenían mucho que ver con el diseño de los proyectos, yo era completamente feliz al vivir rodeada de dibujos, muestrarios, fotografías y maquetas, asistiendo a exhibiciones, inauguraciones y lanzamientos de nuevos productos.

—Pero si tanto te gustaba ese trabajo, ¿por qué lo dejaste y ahora buscas un nuevo empleo?

—Porque me despidieron —dije con un pesado suspiro.

Darien pareció sorprenderse al escucharme. —¿Te despidieron? ¿Por qué?

Demoré en responder. Aunque me sentía muy cómoda y en confianza con él, aun siendo que acababa de conocerlo, éste no dejaba de ser un tema algo difícil para mí. Pero sabía que al hablar al respecto quizás podría llegar a superarlo de una buena vez, o al menos empezar a aceptar lo que me pasó para poder soltarlo definitivamente y dejarlo atrás.

—Porque los dueños del estudio —expliqué— se asociaron con una empresa constructora y tuvieron que despedir a muchas personas, entre ellas yo. Además los nuevos socios ya contaban con personal suficiente en el área de contabilidad, así que de un momento a otro me dejaron en la calle, sin darme tiempo a nada ni demasiadas explicaciones. Simplemente dejé de serles útil y me pidieron que me fuera. Aunque con una adecuada disculpa y una buena indemnización, por supuesto.

—Lo siento.

—Fue un tremendo shock para mí, era mi trabajo ideal, sacrifiqué mucho durante años por conseguirlo y mantenerlo. Tiempo, dedicación, esfuerzo, y cuando creía que estaba a punto de alcanzar el ascenso que siempre había querido, me despidieron, así sin más. Estaba tan deprimida y decepcionada de mí misma que me atrincheré en mi departamento por semanas, estaba furiosa. Y la verdad es que si no fuera por mis amigas no me habría recuperado jamás —y al pensar en las chicas sonreí contenta y comencé a sentirme animada de nuevo.

Él también volvió a sonreír. —Parecen unas chicas muy agradables.

—Son adorables, son mis hermanas del alma, las quiero como a nadie.

—Y parece que a ti también te quieren mucho, hasta se comportan como tus guardianas.

Los dos echamos a reír al recordar aquella vez que lo confundieron con un 'acosador'. —Ni me hagas acordar de aquel bochornoso papelón —dije apenada.

Darien no dejaba de reír. —No fue tan terrible, ya deja de avergonzarte.

—Está bien, mejor olvidémonos del asunto.

Como la conversación volvía a tomar un tono distendido y agradable, quise intentar saber algo de él. Así que serví un poco más de pastel para los dos y me atreví a hacerlo. —Y cuéntame de ti, Darien, ¿dónde trabajas? —pregunté mientras le ofrecía una porción.

—En un banco —respondió al recibirla sin titubear. Era más que evidente que le gustaba mucho el pastel de chocolate.

—¿Ah, sí? No me digas que también eres contador.

—No, no lo soy. En realidad no llegué a graduarme, me retrasé con mis estudios por ciertos problemas personales y tuve que dejar la universidad. Pero hace unos años conseguí un buen puesto en este banco y me está yendo bastante bien. Aunque empecé como cajero, he logrado ir ascendiendo paulatinamente y ahora estoy en un cargo importante.

—¿Cuál?

—Soy jefe operativo. Y mi intención es llegar a ser el gerente de la sucursal, pero para eso todavía me falta bastante.

—Vaya —dije sorprendida. No imaginé que siendo tan joven tuviera un trabajo tan importante y demandante como ése. Sin dudas era un chico brillante, muy profesional y responsable con lo que hacía. Y lo que más me llamaba la atención, y al mismo tiempo me fascinaba, era que no lo aparentara ni alardeara al respecto. Más bien todo lo contrario, tenía un modo muy reservado y discreto para hablar del asunto.

—Mi trabajo es mi vida —continuó—, y admito que soy algo extremista en ese sentido. Así que puedo entender cómo te sientes con tu despido. Y si alguna vez yo llegara a pasar por una situación como ésa, no sé qué haría, creo que todo simplemente se acabaría para mí.

Estaba tan conmovida, ¡dijo que entendía cómo me sentía! Y eso me dio más valor para seguir abriéndome con él y hablarle más de mí. —Yo te juro que sentí que me moría —dije completamente desinhibida—, que el mundo dejaba de existir a mi alrededor, que ya nada tenía sentido para mí. Pero me di cuenta de que dejé muchas cosas de lado, que perdí de vista otros asuntos en verdad importantes, que me descuidé a mí misma.

Darien me escuchaba con mucha atención y sin interrumpirme, y yo sentía que me comprendía, que se interesaba en lo que le decía, que podía confiar en él. Al sentirme de esta forma, escuchada, contenida, valorada, podía identificar una intensa sensación de seguridad, de calma, de bienestar que jamás había experimentado con nadie antes.

—Hasta ahora que empecé a buscar un nuevo trabajo —continué relatando— seguí dándole prioridad a cosas que no tienen nada que ver conmigo. Porque debo ser realista, es obvio que jamás me contratarían como diseñadora en una revista, por la simple razón de que no tengo talento para eso —dije con resignación, y debí haber sonado algo irritada o exasperada al mencionarlo, porque lo hice reír de nuevo—. En realidad lo mío son los números, el papeleo, las tareas administrativas. Ésas son mi únicas habilidades a la hora de trabajar. Así que he decidido empezar a buscar algo relacionado a eso, a lo que sé hacer, como para volver a estar ocupada pero con un trabajo que no me exprima ni me consuma demasiadas energías. Quiero tener tiempo para otras cosas, quiero ver más a mis amigas, quiero aprender a cocinar.

—¿Aprender a cocinar?

—¡Sí! —respondí entusiasmada—. Le pedí a Lita que me enseñe, porque es una gran chef y repostera. Ella preparó este pastel.

—¿Ella lo preparó? Está delicioso.

—¿Viste? ¡Lita es la mejor, es toda una experta! Y yo soy muy inútil, así que espero que me tenga paciencia.

Darien volvía a reír. —¿Por qué dices que eres inútil?

—Porque lo soy —dije con total sinceridad.

—No seas tan dura contigo, Serena —me regañó sin dejar de reír—. Recién también dijiste que no tienes talento para el diseño y esas cosas que tanto te gustan, pero este departamento se ve en verdad muy bien. Se nota que cada detalle, cada color los has elegido tú, porque todo luce muy alegre, muy cálido y acogedor. Y si lograste ambientar un espacio de esta forma tan prolija y precisa, es porque tienes talento.

—¿Te parece? —pregunté poco convencida. Aunque en el fondo me emocionaba hasta los huesos que me adulara tanto.

—Claro que sí, es muy agradable estar aquí —aseguró y recorría toda la sala con la mirada—, es un lugar muy reconfortante.

Sonreí muerta de vergüenza y al mismo tiempo sintiendo que se me inflaba el corazón de felicidad. Porque Darien estaba siendo gentil pero lo hacía con total franqueza. —Gracias, eres… muy amable.

—Esa biblioteca, por ejemplo —dijo al ponerse de pie y caminaba hacia el mueble—, creo que es sencillamente perfecta.

—¿En serio lo dices? —también me levanté del sofá y me acerqué a él—. Es la primera intervención que le hice a este departamento. Un compañero de trabajo la diseñó y construyó para mí, yo le expliqué todas mis ideas y él se encargó de hacerla.

—Es muy linda —ahora Darien observaba detenidamente cada estante y se detuvo en un portarretratos—. ¿Puedo? —me pidió permiso para tomarlo.

—Claro.

Mientras miraba concentrado la fotografía, yo no dejaba de examinarlo entero. Y moría de ganas por decirle tantas cosas, que me alegraba tanto haberlo conocido, que me sentía tan agradecida por cuánto se interesaba en mí y en mis cosas, que estaba disfrutando tanto de su compañía como si lo hubiera hecho toda mi vida, que me encantaba todo de él, que deseaba… —¿Ésta eres tú? —su voz interrumpió mis pensamientos a tiempo, porque si transcurría un segundo más habría cometido alguna locura.

—Sí, en mi graduación de la preparatoria —respondí con soltura intentando disimular mi inquietud—. Ellas son Mina y Lita, y estas dos mis otras mejores amigas, Rei y Ami —le expliqué señalando a cada una en la foto—, aunque a ellas hace mucho que no las veo.

—¿Usabas brackets? —preguntó riendo.

Yo también eché a reír nerviosa y asombrada porque notara ese detalle. —Sí, los usé por años, los odiaba. Pero ahora tengo una sonrisa adorable, ¿verdad que sí? —y lo miré con una exagerada y enorme sonrisa para enseñarle mis dientes.

Él me miró y se puso serio. —Es cierto —dijo al dirigir su atención hacia mi boca—, tienes una sonrisa muy bonita —estaba muy cerca, cada vez más cerca, y yo temía llegar a perder el control si continuaba acercándose así. Era una situación en verdad peligrosa, podía percibir su suave y tibia respiración sobre mis labios y sentía a mi corazón latir tan pero tan fuerte que…—. ¡Claro! —dijo de repente y yo tuve que parpadear varias veces para volver a ubicarme en el tiempo y el espacio reales—. ¿Cómo no se me ocurrió antes?

—¿Qué? ¿Qué cosa? —pregunté desorientada.

—Tengo un amigo que es dentista —respondió mientras dejaba de nuevo la fotografía en la biblioteca— y hace poco me dijo que está necesitando una nueva secretaria, así que podría recomendarte, ¿qué dices?

—¿En serio harías eso por mí?

—Seguro, ¿por qué no? Es justo lo que los dos están buscando, tú un trabajo administrativo y mi amigo una secretaria. ¡Es perfecto! Hagamos lo siguiente —ahora buscaba su teléfono en el bolsillo de su pantalón—. Envíame tu currículum por correo electrónico y yo se lo pasaré a él para que luego se ponga en contacto contigo.

—¡Está bien! —asentí contenta y busqué mi celular en mi bolso para intercambiar nuestros datos.

Pero antes de poder hacerlo, su teléfono sonó y él se fijó en la pantalla de quién se trataba. —¿Me disculpas un momento? —me dijo antes de atender.

Yo me resistía a irme y darle privacidad para hablar, moría de curiosidad por saber quién sería la persona que lo llamaba. Pero debía comportarme como una respetuosa y centrada señorita. —Claro, con permiso —regresé a la mesita para levantar las tazas y me fui a la cocina.

Con la mayor discreción que me fuera posible, intenté escuchar su conversación desde ahí, pero no lograba entender nada de lo que Darien decía. Lo único que pude notar fue que hablaba con un tono de voz muy suave, hasta un tanto seductor, lo cual me dio mala espina. Rió un par de veces, se despidió y finalmente cortó la llamada.

Yo comencé a sentirme algo molesta con lo que acababa de pasar y trataba de adivinar quién rayos podría haberlo llamado. Pero cuando me di cuenta de que estaba a punto de ponerme extremadamente pesimista, sacudí la cabeza para dejar de pensar en tonterías y regresé a la sala. —¿Todo bien? —le pregunté con mi mejor y más desenvuelta sonrisa.

Él también sonrió gentil, como siempre. —Sí, todo está bien, pero tengo que irme.

—Qué lástima —dije resignada—. Bueno, buscaré tus cosas —y me mordía la boca para no soltar la pila de insultos que se me venían a la mente al sentirme tan furiosa y decepcionada.

Una vez que le devolví su saco y su maletín, lo acompañé hasta la puerta. —Muchas gracias por el café y el pastel, lo pasé muy bien —me dijo con una amabilidad que comenzaba a fastidiarme.

Pero no se lo demostraría por nada en el mundo. —Yo también lo pasé bien, gracias por aceptar mi invitación.

—La próxima vez te invitaré yo, ¿de acuerdo?

—De acuerdo, invítame tú la próxima vez.

—Lo haré —se puso repentinamente serio. ¿Se habría dado cuenta de cómo me sentía? ¿Acaso me aclararía lo que acababa de pasar sin que tuviera que preguntárselo? ¿Se estaría sintiendo culpable o algo por el estilo?—. Adiós, Serena —fue todo lo que dijo. Dio media vuelta y atravesó el pasillo hasta llegar a la puerta de su departamento.

—Adiós, Darien —dije yo y me quedé viéndolo por unos instantes más, como si fuera la última vez que lo hacía, como si me estuviera despidiendo de él, como si acabara de desilusionarme irremediablemente cuando apenas comenzaba a interesarme en alguien otra vez, como si…

Darien volteó y me miró a los ojos. Y lo hizo con tanta ternura, con tanta calidez que por esos breves segundos sentí que todos mis miedos, mis pensamientos negativos y todo el malestar que de un minuto a otro me había provocado esa simple llamada, se desvanecieron por completo. Y un tibio e intenso regocijo inundó mi pecho.

Él sonrió una vez más. —Adiós, vecina —se despidió al fin y entró a su departamento.

—Adiós, vecino —murmuré cuando cerró la puerta.

.

.

.

Una semana después, finalmente había llegado el día en que tendría la entrevista con el amigo de Darien. Durante ese tiempo no volvimos a vernos, sólo nos comunicamos por teléfono en varias ocasiones para intercambiar algunos datos y poder ponerme en contacto con su amigo.

Por supuesto que ya les había contado absolutamente todo a las chicas, con lujo de detalles. Que lo invité a mi departamento a tomar un café, que hablamos bastante, pero en lo que más había hecho especial hincapié fue en la misteriosa llamada que había interrumpido tan agradable momento aquella tarde que compartimos juntos.

Entre las tres analizamos y evaluamos la situación una y otra vez intentando comprender y adivinar lo que estaría pasando. Aunque no tenía idea sobre qué habría estado conversando, mucho menos con quién, yo estaba casi segura de que lo más probable era que se tratara de una novia o algo parecido. Y mientras más vueltas le daba al asunto, más me convencía de que así era. Y me sentía algo desanimada al tener que llegar a desilusionarme tan pronto cuando hacía muy poco tiempo que lo conocía y me había interesado en él.

De igual modo también sabía que mi estado de ánimo todavía continuaba bastante inestable tras mi depresión post-despido, así que quería creer que nada estaba siendo tan terrible como pensaba. Sino que en realidad aún llevaba a cuestas algunos restos de pesimismo y negatividad que todavía influían en mi humor, pero que tarde o temprano volvería a sentirme plenamente bien como lo había conseguido en los últimos días. Al menos eso quería creer.

Esa tarde, antes de ir a la entrevista, decidí ir a visitar a mis amigas en su trabajo. Lita era la propietaria y administradora de una cafetería y desde su inauguración Mina trabajaba para ella como mesera, hacía ya un par de años atrás. Y como la tienda quedaba cerca del lugar donde iría a entrevistarme, quise reunirme un rato con ellas para platicar y relajarme un poco. Pero después de haberles contado por enésima vez sobre Darien y la 'fatídica' llamada, mis endebles ánimos volvieron a decaer.

Me encontraba en una de las mesas cerca del mostrador acompañada de Mina y hacía rato que entre las dos estábamos dando un concierto de lastimosos suspiros.

Lita se acercó a nosotras. —Mina… —la llamaba pero ella ni reaccionaba—. Mina, los clientes te están esperando, tienes que llevarles la cuenta.

Mina suspiró de nuevo con la mirada perdida en la nada. —"Amor no correspondido, tiempo vencido" —dijo con un melancólico y deprimente tono de voz.

—No es 'vencido', es 'perdido' —la corregí y solté otro pesado suspiro.

—Como sea, mi corazón está roto en un millón de pedacitos…

—El mío también…

Lita puso los ojos en blanco al vernos tan afligidas. —No puedo creerlo —protestó y se fue a atender a los clientes, que se trataba de una joven pareja que hacía rato estaban esperando para pagar.

Una vez que les cobró, regresó a nuestra mesa—. ¿Podrían dejar de emanar tanta negatividad en mi negocio, por favor? —nos reprochó molesta—. Están espantando a los clientes.

—Mejor así —objetó Mina—, el día de hoy no están permitidas las parejas felices en esta cafetería.

—Es cierto, nada de parejas felices —aseveré yo.

—¿Tú también, Serena? —dijo Lita sorprendida—. Que Mina sea la reina del drama no es nada nuevo. ¿Pero tú? ¿Cómo es posible que tras tan estupenda recuperación que tuviste después de tu despido ahora estés de nuevo así de desanimada?

—Es que tiene novia, Lita —respondí desconsolada—. Darien tiene novia y me rompió el corazón —y Mina me abrazó por los hombros para contenerme—. ¿No te das cuenta de lo terrible que es interesarte en alguien después de tantos años y prácticamente al mismo tiempo descubrir que no está disponible? ¿Entiendes lo grave de la situación? —exclamé con dramatismo.

—En primer lugar, no estás segura de que tenga o no tenga novia, ésas son puras especulaciones tuyas que hiciste a partir de una simple llamada telefónica. Y en segundo lugar, aunque compruebes que efectivamente Darien está con otra persona, no deberías reaccionar así, estás siendo demasiado catastrófica.

—¡Y tú eres una insensible! —le reprochó Mina—. ¿No ves que a la pobre chica le arrojaron todas sus ilusiones al suelo en un abrir y cerrar de ojos? ¿Después de haberse animado a salir de su covacha y mirar a alguien tras años de soledad y amargura? ¿De sostener una vida monótona y gris, enfrascada en un trabajo demandante y rutinario, aislándose como una ermitaña, abandonándose como mujer y desaliñando su aspecto, descuidando cosas tan importantes como…

—Oye, Mina, detente —decidí interrumpirla antes de que me hiciera sentir peor—, creo que te estás sobrepasando un poco.

—Ella es la que se sobrepasa con su indiferencia y falta de comprensión —volvió a reprocharle a Lita.

—¡¿Yo?! ¿Dices que yo soy indiferente y que no las comprendo? ¿Por qué te desquitas conmigo y me acusas así?

—Porque tú eres una mujer tan superada y autosuficiente —explicó Mina en tono irónico—. Tienes tu propio negocio, eres independiente profesional y económicamente, dices que te sientes bien estando sola y que no necesitas de ningún hombre que te acompañe o esté a tu lado de forma alguna. ¡Entonces jamás comprenderás cómo nos sentimos! —exclamó con voz temblorosa—. ¡Nunca sabrás lo doloroso y triste que es esperar semana tras semana, contar los días, las horas, los minutos para volver a ver aunque sea por un instante al amor de tu vida! —y sin poder contenerse, estallaba en llanto llevándose las manos a la cara. Estaba siendo exagerada al extremo como siempre, pero sabíamos que se sentía así de verdad.

Porque aunque estuviera hablando de mí, en realidad el mal humor y la angustia de Mina se debían a otro asunto. Resultaba ser que desde que trabajaba en esta cafetería se había enamorado platónica y perdidamente de uno de los clientes habituales. Un joven hombre que sin saber quién era ni cómo se llamaba había conquistado su corazón como nunca nadie lo había conseguido antes. Él sólo iba los viernes por la tarde, probablemente al salir de su trabajo, y Mina siempre lo atendía. Pero jamás cruzaban más palabras que no tuvieran que ver con el café o el pastel que ordenaba. Y ese día aún no había aparecido. Por lo tanto ella estaba destrozada.

—No es que no te entienda, Mina —Lita intentó tranquilizarla—, es sólo que ya me tienes un poco cansada con esta historia interminable. Si te vas a deprimir así cada vez que no aparece, deberías reunir algo de valor y la próxima vez que lo veas hablar con él, pedirle su número o intentar acercarte de alguna forma. Pero da un paso al frente de una buena vez, por el amor de dios, haz algún movimiento, ya déjate de tonterías.

—¿Así que no ha venido en toda la semana? ¿Ni una sola vez? —pregunté preocupada. Las dos negaron con la cabeza—. Creo que Lita tiene razón, amiga —también intentaba alentar a Mina—, deberías hacer algo la próxima vez que venga. Tú eres una chica encantadora, eres simpática, dulce, bonita, estoy segura de que vas a gustarle.

—Es que me muero de vergüenza —dijo ella entre sollozos—, y no sé por qué. Jamás me había pasado esto con nadie antes, ustedes saben bien que no soy una chica tímida ni miedosa, que no tengo mayores dificultades para conocer gente, socializar, hasta seducir cuando me he interesado por alguien —poco a poco lograba calmarse y dejaba de llorar—. Pero con él no puedo hacerlo, no me sale, me cuesta muchísimo. Porque es tan serio, tan caballero y prolijo, que creo que si me muestro como realmente soy lo voy a espantar o algo por el estilo.

Lita limpiaba sus lágrimas con una servilleta. —No digas eso, tienes que tener más confianza en ti misma y animarte a acercarte a él de otra manera, a demostrarle que te gusta, ya ha pasado demasiado tiempo.

—¿Demostrarle que me gusta? Eso sería muy vergonzoso, no podría hacerlo nunca.

—Sí puedes hacerlo, claro que sí —aseguré—. Tú siempre me animas y me dices que debo ser más decidida, optimista, dispuesta, resolutiva, que tengo que recuperar mi alegría y mi espontaneidad. Y en realidad eres tú quien posee todas esas increíbles cualidades, así que aprovéchalas y haz algo al respecto. Demuéstrame que eres capaz de hacerlo y así me darás aún más ánimos para intentarlo por mí misma.

—Amiga, me vas a hacer llorar otra vez —dijo Mina haciendo pucheros.

—No tenemos que dejarnos vencer por las adversidades, somos jóvenes y fuertes, y capaces de salir adelante y luchar por nuestros sueños —me puse de pie y me llevé una mano al corazón como si estuviera dando el discurso motivacional del año—. Yo quiero salir adelante y haré lo que sea por lograrlo, ya tengo todo planeado. Ahora mismo daré una excelente entrevista y conseguiré ese trabajo. Después averiguaré si mi vecino está disponible o no, ya no soporto más la duda. Y si está libre, les juro que me esforzaré por conquistarlo.

—¿Y si no lo está? —preguntó Lita.

—Si no lo está, si en verdad Darien tiene novia —al pensar en esa alternativa volvía a perder mis fuerzas. Pero me repuse enseguida, estaba harta de sentirme así, débil, triste, sin energías. Estaba decidida a no volver a caer—. Si Darien no está disponible, no me rendiré ni me deprimiré. Porque no pienso desilusionarme ni permitir que un amor no correspondido arruine mi vida. Porque ya lo he decidido, voy a conseguir novio cueste lo que cueste, ésa es mi nueva meta. Y si él no resulta ser el indicado, daré una nueva vuelta de página y buscaré otro candidato.

Mina también se puso de pie y me aplaudía con entusiasmo. —¡Bravo, Serena! ¡Así se habla, eres mi heroína! Aunque… —dudó por unos instantes— ¿escuché bien? ¿Dijiste 'otro candidato'?

—Bueno, heroína, me alegra mucho verte tan animada de nuevo —dijo Lita— y en verdad no quiero interrumpir tan conmovedor discurso, ¿pero no se está haciendo tarde?

Yo me sobresalté al mirar la hora en mi teléfono. —¡Maldición! ¿Ya son las 5? ¡Voy a llegar tarde a la entrevista!

—¡Tienes que darte prisa, amiga! —me apresuró Mina.

—¡Lo sé, lo sé! —me puse mi abrigo, colgué mi bolso de mi hombro y las miré a las dos como pidiéndoles auxilio. De repente me sentía muy nerviosa y asustada—. Ay, chicas, tengo miedo. Deséenme suerte, por favor, recen por mí, enciéndanle velas a todos los santos. ¡Ayúdenme, por favor!

Lita comenzó a empujarme hacia la salida. —Ya deja de lloriquear y vete de una vez.

—Pero es que tengo miedo. ¡Mina, ven conmigo! —le imploré mientras tomaba sus manos.

—¡¿Qué?!

—Acompáñame, por favor, si estás conmigo, me tranquilizaré. Por favor, necesito de tu apoyo, acompáñame, Mina, ¡por favor!

—Pero aún no acaba mi turno —y miró a Lita suplicante—. ¿Tú me dejarías salir antes, jefa?

Me acerqué a ella y ahora tomaba sus manos. —Por favor, Lita, te lo ruego. Déjala salir, deja que me acompañe, necesito que venga conmigo, estoy desesperada. Por favor, ¡por favor!

Lita se soltó y nos empujó hacia la calle. —Por supuesto que sí. ¡Ya váyanse!

—¡Gracias, amiga! —gritamos las dos al unísono.

Ella rió y nos despidió saludándonos con la mano. —¡Buena suerte, Serena!


Uffff tanta efusividad me agotó, jaja! A uds cómo les fue? Creen que Darien tendrá alguna novia o no? Y quién piensan que puede ser el amor de Mina? Cuenten, cuenten!

Bueno, aquí van mis respuestas a sus rws:

-yssareyes48: yo también envidio a Serena por tener a semejante dulce de leche de vecino… aunque la pobre está sufriendo al imaginarse que no está disponible como quisiera… tendremos que esperar para confirmarlo…

-romi: hoy pudimos saber algo más sobre lo que pasó entre Serena y Darien después de conocerse. pero todavía falta mucho por descubrir!

-Patyzparawhore: hoy pudimos conocer un poquito más al 'sexy vecino' de Serena… pero aún falta mucho por saber, hay que esperar un poco más…

-Marisol: hoy de nuevo Mina y Lita hicieron su aparición, y más de ellas sabremos más adelante.

-Brujitadcc: Darien y Serena tuvieron un nuevo acercamiento, aunque surgió otro interrogante que más adelante podremos responder…

-Miriam Ortiz: hoy tuvimos algunos avances más en la relación de Serena y Darien, pero aunque todo parece marchar bien, todavía quedan muchas cosas más por conocer…

-Paty: espero haber aclarado algunas de tus dudas, pero supongo que te surgieron nuevas… aún queda mucho por conocer, así que paciencia!

-leidy flourite: te juro que para este cap no consumi ni una gota de fernet! jaja! hoy nuestro Darien creo que volvió a enamorarnos un poquito, pero también nos dejó con algunas dudas… y las locas de las amigas de Serena también hicieron su aparición, sabremos más de ellas más adelante.

-Ana: bienvenida una vez más! aunque todavía no podemos confirmar si es Darien quien le hace la propuesta a Serena, hoy pudimos conocer un poco más sobre ellos dos y el inicio de su relación.

-kaguya: hoy pudimos conocer un poco más del acercamiento de Serena y Darien y también hicieron su excéntrica aparición Mina y Lita, pero todavía hay mucho más por saber!

Bueno gente, ya todos sus mensajitos han sido leídos y respondidos. Muchísimas gracias por sus cumplidos, sus lindas palabras y sus ganas de seguir esta locurita mía :) Espero que hayan disfrutado del cap de hoy y me cuenten cómo les fue!

Así que estaré a la espera de sus reviews!

Besotototes para todxs! Y hasta la próxima!

Bell.-