Hola gente querida! Cómo están? Espero que muy bien!
Volví pronto volví :) Y les traigo un nuevo cap que acabo de terminar de escribir. No quiero adelantarles mucho para no spoilear, sólo les comento que va a ser un episodio bien surtidito y con avances interesantes…
Antes de invitarlxs a leer, les hago una pequeña aclaración: La canción a la que hago referencia hacia el final del cap es "I want someone badly" interpretada por Jeff Buckley. Les recomiendo cien por cien que la busquen y la escuchen para complementarla a su lectura. Si lo hacen, cuéntenme qué les pareció.
Ahora sí lxs dejo leer el CINCO en paz! Después me cuentan cómo les fue!
Todos los personajes pertenecen a su autora Naoko Takeuchi, yo sólo los tomé prestados.
Abajito me despido!
Bell.-
:: Capítulo Cinco ::
—¿Y ahora? ¿Qué les parece? —nos preguntó Mina mientras nos enseñaba el vigésimo atuendo que se probaba—. ¿Así estoy bien? —y giró en su lugar para que pudiéramos observarla mejor.
Vestía una minifalda extremadamente corta, una blusa demasiado escotada y se había puesto mucho maquillaje.
—¡No! —exclamamos Lita y yo al unísono.
—¿Por qué no? ¿No me veo sexy? —volvió a preguntar acomodándose el escote.
—Más que sexy, te ves algo… extravagante —dije yo.
—Y desesperada —dijo Lita.
—¡Oigan!
—Entiendo que estés emocionada y que quieras aprovechar la ocasión para conquistarlo —le expliqué con el poco resto de paciencia que me quedaba—, pero creo que tienes que calmarte un poco o vas a terminar espantándolo.
—No me digas eso, amiga, no quiero que se espante —dijo Mina preocupada—. Yo sólo quiero que se fije en mí, quiero gustarle, quiero que se de cuenta de lo que siento, quiero que…
—Pero es su primera cita, Mina, entiéndelo —insistí—. La impresión que le des esta noche es crucial, mucho más si pretendes conquistarlo. Y la ropa en una primera cita es esencial, tienes que usar algo no muy elegante y provocativo pero tampoco demasiado serio y casual, sino en el punto exacto donde te veas bonita pero sin parecer un paquete de regalo —ella bufó molesta y se cruzó de brazos—. No enseñes demasiado —agregué—, ser sensual no implica un escote de infarto o una mini con la que no te puedas ni mover —intenté bromear para distender un poco los ánimos.
—Ay, Serena —me interrumpió Lita—, no digas tantos disparates, por dios. Y ya dejen de preocuparse por lo que pueda llegar a pensar él —se acercó a Mina y la tomó de los hombros—. Aquí lo que en verdad importa es cómo te sientas tú, así que sólo ponte lo que a ti más te guste.
Pero Mina se puso peor. —Ay, pero no sé, ¡no sé! —y empezó a quitarse la ropa enojada—. Ya me he probado de todo y nada me convence —me arrojó la blusa por la cabeza—. Ayúdenme, por favor, no sé qué hacer, estoy muy nerviosa, ¡y ya no sé qué hacer!
—Bueno, bueno, no te alteres. Vamos a tu cuarto, yo te ayudaré —Lita la tomó del brazo y se fueron juntas.
Lo que estaba ocurriendo era nada más y nada menos que la previa de nuestra "cita doble" -así la había 'nombrado' Lita-. Porque esa noche Mina y yo íbamos a reunirnos con Darien y Kunzite.
Después de todo lo que pasó a partir de mi primera visita al consultorio de Kun, cuando supimos que era el amor platónico de Mina, que ella creía que estaba casado pero en realidad todo había sido un malentendido, y que Darien me confesara que él también estaba interesado en mi mejor amiga, hablé mucho con Lita al respecto.
Y luego de discutirlo infinidad de veces y tratar de pensar en las mejores y más viables opciones para intentar acercarlos, decidimos decirle la verdad a Mina. Contarle de mi conversación con Darien, pero sólo para aclararle el asunto de que Kunzite no estaba casado y que creíamos que sería una buena idea organizar una salida casual entre todos. También lo hablé con Darien, por supuesto, y él estuvo totalmente de acuerdo. Y se ofreció para elegir el lugar y persuadirlo a Kunzite con toda la delicadeza del mundo para que nos acompañara.
Ya había transcurrido una semana desde que empecé a trabajar para el amigo de Darien, mi primera semana en mi nuevo empleo, y todo estaba marchando perfectamente bien. Kunzite y Luna eran unas personas maravillosas, me hicieron sentir muy cómoda desde el primer momento. Me ayudaban en todo lo que me hiciera falta, me explicaban lo que no entendía, no me presionaban ni me apresuraban, ni me regañaban si me equivocaba. Los dos eran muy amables y cálidos, cada uno a su manera, y yo no podía sentirme más feliz y satisfecha.
Pero por otro lado, aunque trataba de disimularlo, también me sentía un poco triste después de haber confirmado que Darien estaba saliendo con alguien. Él me lo había dicho directamente cuando se lo pregunté, y mis ilusiones, las que en tan poco tiempo de conocerlo se habían elevado hasta las nubes, se vinieron a pique en un abrir y cerrar de ojos.
Aunque en ese momento sentí que mi corazón se rompía en mil pedacitos, al mismo tiempo era consciente de que en el fondo también me sentía agradecida y feliz a pesar de haber tenido que desilusionarme tan pronto. Porque desde que lo conocí había sentido tantas cosas tan increíbles y hermosas como hacía mucho no me pasaba y eso definitivamente era lo mejor que me ocurrió en mucho tiempo.
Incluso al darme cuenta de que tras este desafortunado descubrimiento volvía a perder mis fuerzas, decidí reponerme lo más rápido que me fuera posible, porque estaba harta de sentirme débil, triste, sin energías. Estaba decidida a no volver a caer en una depresión post-desilusión ni nada parecido. Quería creer que aún no estaba todo perdido, que era capaz de ser fuerte y no rendirme ni resignarme, que podía seguir intentando acercarme a él, conocerlo mejor, comportarme como la chica optimista y decidida que hacía tanto no era. Pero me costaba mucho…
Así que durante esos días puse mi mejor disposición y seguí manteniéndome en contacto con Darien, aunque no volvimos a vernos. Pero nos comunicamos muchas veces para hablar del importante y delicado asunto sentimental de nuestros amigos y planear un encuentro. Todo continuó siendo igual de natural entre nosotros, nada había cambiado desde la última vez que nos vimos y me dijo que estaba con alguien más. Y que las cosas fueran así me ayudaba a no desanimarme demasiado y tratarlo de la misma forma que siempre.
Mientras esperaba a las chicas y pensaba en todo esto, revisaba en mi celular una y otra vez los mensajes que él me había enviado ese día. Desde temprano estuvo escribiéndome y llamándome a cada rato para organizar nuestra salida, comentarme sobre el lugar, la hora, cómo haríamos para encontrarnos y cientos de cosas más. Estaba tanto o más ansioso que yo con la ocasión y me resultaba muy divertido conocer ese lado suyo tan lindo y preocupado por nuestros amigos.
Y como era de esperarse mi teléfono volvió a sonar. Sonreí contenta al ver su nombre en la pantalla y atendí. —Eres muuuuuy insoportable, ¿lo sabías? —lo regañé intentando sonar molesta.
—Y ustedes son muy impuntuales —se quejó él—, hace más de media hora que estamos esperándolas.
—¡Eso no es cierto! Hace un minuto me dijiste que acababan de llegar, ¿tan rápido pasó media hora?
—Sí, Serena, el tiempo pasa y tienen que apresurarse.
Y yo que me creía el ser humano más impaciente del universo… —Lo dicho, eres insoportable.
—Y dime, ¿qué están haciendo ahora? ¿Ya están listas? ¿Ya están en camino?
—Aún no, Mina se fue a cambiar de ropa otra vez.
—¡¿En serio?!
—Sí, y hasta que no esté perfecta no nos moveremos de aquí.
—Pero Serena…
—Lo normal es que el chico tenga que esperar a la chica, entonces es lógico que lleguemos un poco más tarde de la hora pactada. Así son las reglas.
—¿De dónde sacas esas cosas?
—Pregúntale a cualquier mujer y te responderá exactamente lo mismo.
—Ay, Serena, tienes cada ocurrencias…
Sonreí al escucharlo reír, parecía que había logrado calmarlo. —Bueno, ya hablando en serio, no te preocupes. En 15 minutos máximo estaremos allí, lo prometo.
—¿Segura? ¿No tendré que llamarte de nuevo para apresurarte?
—No hará falta, ya deja de ser tan riguroso, ¿quieres? Confía en mí.
—Está bien, confiaré en ti. En 15 minutos máximo, ¿de acuerdo? Si no están aquí hasta el minuto 16, te llamaré otra vez —me advirtió.
—En 15 minutos llegaremos, te doy mi palabra —aseguré.
—Bueno, nos vemos entones.
—Nos vemos.
Apenas colgué, apareció Lita y se acercó a mí. —¿Ya está lista? —le pregunté por Mina.
—Sí, ahora sí. Sólo le falta retocar un poco su maquillaje y estará perfecta.
Yo suspiré emocionada. —Se la ve tan radiante, con cualquier cosa que vista estará preciosa —y tomé las manos de Lita—. Ay, amiga, por favor, ven con nosotras —le supliqué desesperada.
Ella puso los ojos en blanco. —No, Serena, ya deja de insistir, no voy a ir, no quiero hacer de chaperona. Es una cita doble y yo voy a estar de más.
—Pero Lita, entiéndeme, yo no puedo tomarme esta salida como una cita. Porque en realidad no es más que una excusa para que Mina y su amor se acerquen y se conozcan mejor. En realidad somos Darien y yo quienes jugaremos el papel de chaperonas. Y volver a verlo va a ser algo muy incómodo para mí después de enterarme que tiene novia. Por favor, ven conmigo, no me dejes sola.
—Te dije que no voy y no iré, ¿entiendes? —Lita no estaba dispuesta a ceder—. Además aunque Darien te haya dicho que sale con alguien, también te aclaró que no es algo serio. Así que todavía no está todo perdido, no debes rendirte. Al contrario, tienes que aprovechar esta oportunidad, no te des por vencida tan pronto.
Yo hacía pucheros para intentar conmoverla. —Pero Lita…
Ella no me hizo ni el menor caso. —Mira, Serena. Tú sabes bien que yo suelo ser bastante escéptica con estos asuntos de las relaciones y el romance. Pero si se trata de ti y de la cabeza hueca de Mina, así no sea algo cien por ciento seguro, si existe una mínima posibilidad de que se enamoren de verdad y se animen a intentar tener algo con alguien, no dejaré de animarlas por nada en el mundo. Y si voy a esta cita, sólo las estorbaré, y eso es inadmisible para mí. Como su mejor amiga tengo que velar por su felicidad y no interferir de forma alguna.
—Pero Lita, tengo miedo. Temo salir lastimada si sigo ilusionándome y no quiero sufrir, no quiero que me rompan el corazón —dije con dramatismo.
—Eso no va a pasar, ya deja de ser tan fatalista y ten más confianza. Anímate, arriésgate por lo que quieres, no dejes que tus dudas y tus miedos te interrumpan.
—Pero Lita… —quise seguir con mi puesta en escena pero Mina me interrumpió.
—Ahora sí —dijo entusiasmada apenas apareció desde el pasillo—. ¿Qué les parece? ¿Cómo me veo? —y de nuevo giraba en su lugar para que pudiéramos verla mejor.
Se veía muy bonita, tenía un delicado vestido corto en tonos corales, sandalias claras, el cabello suelto y su maquillaje era mucho más natural. Y las dos la observábamos de arriba abajo sonriendo embobadas.
—Mina… te ves… muy hermosa… —dije emocionada.
—¿En serio? ¿Así me veo bien?
—Sí, amiga, estás muy muy bonita —dijo Lita.
Mina corrió hacia nosotras y nos abrazó con fuerza. —Ay, chicas, estoy tan nerviosa y al mismo tiempo tan feliz…
En verdad se veía radiante. Desde que se enteró que su amado Kunzite no estaba casado sus ánimos habían dado un vuelco de 180 grados. Y volvía a ser la de siempre, la chica carismática, entusiasta y cálida que tanto adorábamos. Y yo me sentía plenamente contenta y satisfecha de poder ser parte de su felicidad.
Lita la tomó de los hombros para poder mirarla de frente. —Mantente tranquila, no tengas miedo, ¿está bien? —le aconsejaba—. Confía en ti y muéstrate tal cual eres, ¿de acuerdo? Porque tú eres preciosa, Mina, eres la chica más dulce, graciosa y sensible del mundo y estoy convencida de que él te adorará, ya verás que así será.
Los ojos de Mina comenzaron a llenarse de lágrimas. —Ay, amiga, ¡te quiero mucho! —exclamó emocionada y volvía a abrazarla—. Gracias por todo…
—¡Yo también las quiero mucho! —exclamé yo más emocionada y las abracé a las dos.
Lita reía por nuestra exagerada demostración de afecto. —Ya cálmense, ¿quieren? —nos regañó al soltar el abrazo—. Y no lloren más o su maquillaje se arruinará.
—Perdón… —Mina y yo nos disculpamos haciendo pucheros.
—Bueno, váyanse de una vez que ya es tarde.
Las tres juntas salimos a la calle, detuvimos un taxi y después de despedirnos de Lita, Mina y yo nos dirigimos hacia donde los chicos nos estaban esperando.
.
.
.
Una vez que llegamos y entramos al lugar, comenzamos a dirigirnos hacia la barra. Era un bar que ninguna de las dos conocía y yo me dediqué a observar cada detalle del diseño y la decoración mientras caminábamos.
Cada uno de los espacios estaba íntegramente adaptado al estilo vintage. Había un enorme salón principal y algunas salas más pequeñas a los lados, seguramente se trataría de una vieja casona remodelada. Los muebles, la luminaria, cada detalle eran de una estética muy fina, de aire romántico, con diseños antiguos pero hechos con accesorios vanguardistas y modernos. Yo estaba simplemente maravillada con todo lo que veía a mi alrededor.
Cuando nos acercamos a la barra, por fin nos encontramos con los chicos. Y ellos se pusieron de pie apenas nos vieron.
—Hola, chicas —nos saludó Darien con una alegre y gentil sonrisa.
Y yo lo recorrí entero con los ojos en una mínima fracción de segundos para que no lo notara. Y por supuesto, estaba impresionada con lo guapo y sexy que se veía… Vestía jeans oscuros y una camiseta azul arremangada hasta los codos. Sencillo, pero irresistible.
—Hola, Darien —lo saludé con mi mejor sonrisa y me sentí la mujer más hermosa del mundo al notar cómo él también me observaba detenidamente sin dejar de sonreír—. Hola, Kun —él se inclinó levemente para responderme el saludo, siempre tan formal…—. Disculpen la demora, ¿hace mucho que nos esperan?
—No, acabamos de llegar —respondió Darien guiñándome un ojo.
—Menos mal. Bueno, Kun, te presento a Mina, mi mejor amiga —dije al señalarla—. Ella es la chica que me acompañó aquel día que nos conocimos en el consultorio, ¿lo recuerdas?
—Y soy la misma que te atiende cada viernes en la cafetería —agregó Mina con una risita pícara. Claramente se estaba comportando como en verdad era, sin mostrarse avergonzada ni asustada, y eso me encantaba de ella.
Kunzite se inclinó de nuevo con un mutismo que empezaba a desesperarme. Pero por suerte Darien, que estaba junto a él, reaccionó a tiempo. —Hola, Mina, qué gusto volver a verte —Dijo con un exagerado entusiasmo mientras que con muy poco disimulo empujaba a Kun para animarlo.
Él le tendió una mano a Mina para saludarla. —Ho… hola —dijo con timidez.
Mina sonrió coqueta. —Hola, Kun… —lo saludó. Pero en vez de tomar su mano se acercó más a él y le regaló un suave beso en la mejilla.
De inmediato miré a Darien para comprobar de alguna forma que estaba viendo lo mismo que yo, que no era una ilusión ni me lo estaba imaginando. Y él automáticamente también me miró con una clara expresión de desconcierto. Había sido una total sorpresa para los dos que Mina tomara la iniciativa tan pronto, las cosas parecían ir mucho más rápido de lo que esperábamos.
—Bueno —dijo Darien un tanto nervioso—, tenemos una mesa reservada por allá, ¿vamos? —y los cuatro nos dirigimos hacia donde él nos indicó.
Nos ubicamos alrededor de una mesa que se encontraba en una de las salas laterales del local. Y yo de nuevo prestaba atención a cada detalle de los muebles y la decoración. Había dos grandes sillones de estilo francés tapizados al capitoné en tonos morados y al centro una mesa baja de madera oscura. El espacio estaba delicadamente iluminado con lámparas de vitraux y un par de fanales del mismo tipo sobre la mesa.
Apenas nos sentamos, distribuidos en parejas en ambos sillones, un camarero se acercó y nos tomó la orden. Y una vez que nos trajeron las bebidas que habíamos pedido, comenzamos a hablar.
—¿Así que ustedes son amigas desde hace mucho tiempo? —Darien fue el primero en sacar conversación—. Serena me contó que fueron compañeras en la escuela.
—Sí, nos conocemos desde primaria —respondió Mina— y desde entonces somos inseparables. Porque más que amigas somos como hermanas. Crecimos juntas, compartimos todo lo que nos pasa, entre nosotras y también con Lita, la dueña de la cafetería.
—¿Y ustedes también se conocen desde hace mucho? —les pregunté yo.
—Sí, también —Respondió Darien—. En realidad yo fui compañero del hermano de Kun en la preparatoria, sólo que él después se fue a estudiar al extranjero. Y regresó hace unos meses, pero lo mismo se la pasa viajando por asuntos de trabajo, no lo vemos mucho.
—¿Así que tienes un hermano? —le preguntó Mina a Kunzite, quien sólo asintió con la cabeza sin decir una palabra—. ¿Sólo un hermano? —él asintió de nuevo—. ¿Y es más joven que tú?
Noté cómo Darien lo fulminaba con la mirada presionándolo a hablar. Y pareciera que se dio por aludido porque enseguida Kun se dignó a romper el silencio y dejar su mutismo de lado. —Sí, es dos años menor que yo.
Al escucharlo deduje que su hermano tendría 25, por ende la misma edad de Darien, o sea apenas un año más que yo. No era un dato demasiado relevante, pero me alegraba poder saber cada vez más cosas de él.
—¿Y a qué se dedica? —volvió a preguntar Mina.
—Es chocolatero —respondió Kun—, estudió gastronomía y luego viajó a Europa para especializarse en repostería.
Tras tan curiosa revelación, Mina y yo nos miramos automáticamente y estoy segura de que las dos pensamos en Lita.
Pero de inmediato opté por continuar platicando para disimular un poco mi inquietud. —Un hermano aficionado a los dulces y el otro dentista, ¡qué contradictorio! —quise bromear para seguir distendiendo el ambiente.
Kun no rió ni se inmutó con mi ocurrente comentario. —Así es. Yo seguí los pasos de mi padre como me correspondía por ser el hijo mayor, en cambio mi hermano eligió hacer su propio camino. Y yo lo admiro mucho por eso.
—Es un gran chico, todo un personaje —agregó Darien—. Cuando esté por aquí organizaremos otra reunión así lo conocen.
—Seguro, nos encantaría —dijo Mina.
—Lita también es repostera, ¿verdad? Y tú, Mina, trabajas con ella, ¿cierto? —Darien insistía en sacarle conversación.
—Sí, soy una de las meseras en su cafetería —respondió ella—. Trabajo allí desde que abrió el negocio, hace un par de años, para ayudarla en su emprendimiento y también para ganar algo de dinero extra y fijo, porque mi verdadero trabajo es algo inestable.
—¿A qué te dedicas?
—Soy actriz.
—¿En serio? Qué interesante.
—Sí, pero es bastante difícil. Me presento a cientos de audiciones y concursos, estudio canto, baile, hago de todo. Pero me cuesta mucho conseguir trabajo —mientras Mina nos relataba entusiasmada sobre su trabajo y sus aficiones, yo observaba a Kun con máxima discreción para ver qué hacía. Pero él la escuchaba atento, en silencio y sin ninguna particular expresión en su rostro, lo cual me exasperaba bastante—. Sólo he participado en alguna que otra publicidad, la mayoría de las veces modelando para alguna marca de ropa o accesorios y ese tipo de cosas. En realidad mi sueño es actuar en algún escenario, demostrar mis dotes interpretativos que con tanto esfuerzo vengo perfeccionando desde hace años. Pero no es tan fácil.
—Mina es una gran artista —comenté yo—, es muy talentosa y también es…
—Hermosa… —murmuró Kunzite sin sacarle los ojos de encima.
Darien y yo nos miramos sorprendidos. Y Mina parecía resplandecer y emanar corazoncitos y florcitas de colores por todos sus poros al escuchar el cumplido de Kun.
Los dos se miraban fijamente a los ojos y yo no podía creer la increíble conexión que se había generado entre ellos tan de repente. Estaban en su mundo, parecía que todo a su alrededor simplemente había dejado de existir y yo me puse tan nerviosa y emocionada que lo único que pude hacer fue patear a Darien por debajo de la mesa para llamar su atención y transmitirle de alguna manera cómo me sentía.
Él se puso de pie casi pegando un salto del sillón. —Mira, Serena, ¿ésa no es la vecina del tercer piso?
—¿Eh? ¿Qué? ¿Quién? ¿Dónde? —yo no entendía lo que me decía.
—Sí, aquella chica que está allá —señalaba hacia la barra—. Parece que es ella, vamos a saludarla —Darien me tomó de la mano para que me levantara—. Enseguida regresamos —se disculpó con los chicos y nos alejamos apurados.
—¿Conoces a la vecina del tercer piso? —le pregunté mientras andábamos—. Yo no tengo ni idea de quién es, jamás la vi en mi vida.
—Es mentira, Serena. Fue la primera excusa que se me ocurrió para irnos de la mesa y dejarlos solos, ¿no te diste cuenta?
No, no me había dado cuenta. —Ah, claro… Lo siento, es que estaba tan emocionada y nerviosa que no sé, se me nubló la mente.
—Yo también estoy muy nervioso —dijo él soltando un pesado suspiro apenas llegamos a la barra y se sentó en una banqueta.
Yo me senté a su lado. —Le dijo "hermosa", Darien… —recordé llevándome las manos al pecho—. Kun dijo que Mina es hermosa, ¿puedes creerlo? ¡Soy tan feliz!
—¡Esto está siendo todo un éxito! Jamás esperé que Kun se atreviera a decir algo como eso frente a nosotros y mucho menos tan pronto. Sin dudas está loco por ella.
—¡Y ella está loca por él! Y se ven tan lindos juntos… Ojalá que todo salga bien.
—Seguro que sí, y todo gracias a nosotros.
—Es cierto, ¡somos sus cupidos!
—Esto merece un brindis —como nuestras bebidas habían quedado en la mesa, Darien ordenó una nueva ronda y cuando nos las entregaron ambos chocamos las copas—. Por el amor de nuestros mejores amigos —dijo con una enorme y alegre sonrisa.
Yo también sonreía de oreja a oreja. —Por el amor, ¡salud!
—Qué alivio ver que todo esté marchando tan bien —comentó Darien después de beber—. La verdad es que estaba bastante preocupado.
—Claro que iba a estar todo bien, si esos dos se adoran, ¡se les nota demasiado! —aseguré—. Además, no es por nada pero Mina es capaz de ablandar a cualquiera. Ella es muy agradable, extrovertida, desenvuelta y ahora que se aclaró el malentendido del estado civil de Kun se está comportando tal cual es, sin sentirse avergonzada ni asustada, sin que nada la interrumpa o inhiba de forma alguna.
—Y Kun no es tan duro como parece, al contrario, es un sujeto muy sensible, honesto, considerado, sólo que no lo demuestra.
—Es cierto, durante esta semana que he llegado a conocerlo mejor, poco a poco puedo confirmar todas estas cosas que me dices de él. Es adorable, me trata tan bien, es muy amable y respetuoso, no es para nada exigente ni prepotente para pedirme las cosas, me explica lo que no entiendo, me ayuda cuando me equivoco o me confundo con algo.
—¿Entonces todo está yendo bien en tu trabajo?
—¡Sí, muy bien! Estoy muy contenta y muy agradecida con él, también con Luna por lo bien que me han recibido y tratado en los pocos días que llevo trabajando con ellos.
—Me alegra que así sea —dijo Darien y brindamos otra vez.
—¿Y tú? ¿Cómo estás con tu trabajo?
—Bien, me está yendo bien, pero últimamente estoy demasiado ocupado. Y vivo a las corridas, agotado, no puedo descansar lo suficiente. Mi trabajo me apasiona, pero a veces me vuelve loco.
—¿Y tu novia? Me imagino que le dedicarás algo de tiempo a pesar de estar tan ocupado.
No tenía idea de por qué le preguntaba sobre esto siendo que era un tema que no me agradaba en lo más mínimo. Pero tuve el impulso, la necesidad de averiguar más al respecto, quizás por masoquista, o tal vez por chismosa.
Como fuera, a él no pareció molestarle mi pregunta. —No es mi novia —enfatizó—, pero sí la veo con cierta frecuencia. Es una compañera de trabajo —comentó con total naturalidad, lo cual me llamó la atención—. La conozco hace mucho, pero empezamos a "salir" hace más o menos uno o dos meses, no estoy seguro. Fue un poco antes de mudarme.
—Ya veo…
No me convencía del todo el modo en que hablaba del asunto, parecía un tanto altivo, soberbio, no llegaba a descifrarlo bien. Pero sí me daba cuenta de que en cierto punto comenzaba a irritarme.
—¿Y tú? ¿Tienes novio o sales con alguien? —me preguntó con soltura.
Yo decidí dejar de preocuparme y abrirme con él para hablar de esto sin reparo, ya no tenía mucho sentido sobreactuar o hacerme la misteriosa. Así que le respondí con total franqueza. —No, estoy sola, hace años. El último novio que tuve fue un compañero de preparatoria. Al poco tiempo de entrar a la universidad él me confesó sus sentimientos por enésima vez -porque durante mucho tiempo intentó llamar mi atención sin que yo lo registrara- y salimos por casi dos años.
—¿Y por qué se separaron?
—Concretamente no sé cuáles fueron los motivos. Él era muy lindo conmigo, nos divertíamos mucho y nos llevábamos muy bien pero yo no estaba enamorada. Me esforcé por conseguirlo y llegué a quererlo mucho, pero no pude enamorarme de verdad.
—Comprendo.
—Y después de eso —continué— sólo me dediqué a trabajar y a enfocarme en mis asuntos, a hacer una buena carrera, tener un buen sueldo, rentar un enorme departamento y decorarlo íntegramente a mi gusto. Ésas fueron mis únicas prioridades en los últimos años, no me importaba más nada, ni mi familia, ni mis amigos, ni los hombres ni nada que no tuviera que ver con mis ambiciones, hasta que me despidieron…
—¿Y no saliste con nadie más en todo este tiempo?
—No.
—¿Ni siquiera te fijaste o interesaste en alguien?
Demoré en responder. Aunque me sentía muy cómoda y en confianza con él, aun siendo que nos estábamos sumergiendo en un tema bastante engorroso, al menos para mí, se me hacía algo difícil continuar hablando con sinceridad. —No —ahora optaba por omitir mi situación actual y recordar una no muy vieja anécdota—. Sólo una vez, hará ya varios meses atrás, tuve una cita con un amigo de Mina. En realidad era un chico que ella conoció en un curso de oratoria o algo así y que después perdimos de vista. Pero fue muy gracioso.
—¿Por qué? ¿Qué pasó?
—Aquel día llegué al sitio donde nos encontraríamos a la hora exacta en que habíamos acordado. Y como no lo había visto antes, ni siquiera en una foto, Mina me hizo una breve descripción de su aspecto para reconocerlo cuando lo viera. Pero no fue muy precisa que digamos. La cosa es que apenas llegué vi en una de las mesas del lugar a un chico que según yo encajaba perfecto con la descripción de Mina, así que me senté junto a él. Y entonces lo saludé, me presenté y empecé a hablar hasta por los codos, ¡no le di tiempo a decirme nada! Hablaba sin parar y el pobre chico me miraba sin entender nada de lo que pasaba. Yo estaba nerviosísima, sólo decía una tontería tras otra y por momentos él sonreía, quizás le causarían gracia mis agudos y ocurrentes comentarios. Hasta que en un momento, alguien se acercó a nosotros y…
—No me digas que lo confundiste con otro.
—¡Exacto! Eso fue lo que pasó —recordé muerta de risa y Darien también rió—. Se acercó alguien y yo creí que era el camarero, pero no, en realidad era mi cita, el amigo de Mina.
—¿Y el de la mesa? ¿Con el que estuviste hablando?
—¡Era un completo extraño! Pero tenía anteojos, estaba solo, parecía muy intelectual y serio como Mina lo describió y yo creí que era él.
—¿Y entonces qué hiciste?
—Me disculpé con los dos y me senté en otra mesa con el auténtico. Era un chico lindo, agradable, pero aquella cita al final fue una pérdida de tiempo porque él se la pasó hablando de su ex novia y encima de todo me hizo pagar la mitad de la cuenta, un verdadero fiasco. En cambio el otro chico, el extraño, me había cautivado al instante, y eso que no llegó a decirme nada, pero tenía una sonrisa tan hermosa, tan dulce y unos ojos azules tan bonitos…
A medida que describía a aquel chico, observaba fijamente el rostro de Darien y recién ahí caí en la cuenta de cuánto se parecía a él, al menos como yo lo recordaba. ¿O sería que estaba mezclando todo por culpa de mis confusos sentimientos? ¿O simplemente el alcohol comenzaba a hacer estragos en mi mente y mi memoria?
Darien pareció no notar nada raro. —¿Y al final cómo terminó todo? —volvió a preguntarme.
—No volví a verlos, a ninguno de los dos —respondí después de darle el último sorbo a mi bebida—. Y desde entonces no me he fijado más en nadie, hasta ahora.
—¿Ahora hay alguien que te interese?
¡No! ¡No! ¡No! ¿Qué estaba diciendo? ¿Qué le pasaba a mi lengua que estaba tan floja y me hacía decir estas cosas? ¿Cómo podía llegar a tal descuido y ser tan obvia? ¡¿Cómo arreglaba esto?!
—No, no hay nadie, no es eso a lo que me refiero —dije haciéndome de nuevo la misteriosa, pero no tenía ni idea de cómo salir de ésta sin quedar en evidencia—. En realidad lo que me pasa ahora es que desde que entendí que me estaba perdiendo de tantas cosas por enfocarme sólo en mi trabajo, me di cuenta de que quiero tener otras prioridades, otras metas para mi vida, y entre ellas está el amor —¡¿de qué rayos estaba hablando?! ¡¿por qué le confesaba todas estas cosas tan íntimas?!—. Sí, quiero encontrar el amor, quiero conocer a alguien especial y enamorarme de verdad, alguien con quien construir algo real y sólido, tener sueños y proyectos en común, ser felices… —por dios, eso sí que sonaba cursi.
—Vaya, eso suena… interesante —reflexionó Darien, pero estoy segura de que pensó que era una cursi—. Hoy en día no es muy frecuente encontrar gente que crea en esas cosas.
—Sí, puede ser. Yo antes ni me preocupaba por estos asuntos —seguí divagando— y quizás ahora tenga una mirada demasiado romántica e idealista de las relaciones, pero me gusta pensar así, tener este nuevo propósito para mi vida. Admito que suena bastante pretencioso y hasta exigente, pero quiero intentar conseguirlo.
—Me parece un propósito totalmente válido, pero no voy a mentirte, me impresionó un poco oírte decir todo eso, creo que hasta me dio vértigo.
¿Vértigo? ¿Qué quería decir con eso? ¿Acaso estaba en una montaña rusa? Aunque pensándolo bien, ésa era una buena metáfora de lo que acababa de decir. —¿En serio? ¿Por qué?
—Porque yo antes pensaba así, creía en ese tipo de relaciones y tuve la suerte de conocer a alguien con quien pude concretar y construir todo lo que acabas de mencionar. Compromiso, proyectos, amor —para mi sorpresa, Darien hablaba en serio, se estaba abriendo conmigo y estaba compartiendo algo muy íntimo—. Pero no funcionó, éramos muy chicos, ingenuos, aprendimos de una manera bastante dura que la realidad era muy diferente a lo que creíamos. Y ahora ya no soy capaz de tener algo así de serio e ideal con alguien, no tengo ganas. Es muy arriesgado, las personas son cada vez más quisquillosas y nunca es suficiente para satisfacerlas. Y a mí me resulta tan extenuante y agotador tener que rendir cuentas de mi vida, cubrir las expectativas de los demás. Ya no tengo energías ni ánimos para esas cosas. Prefiero estar solo, dedicarme a mi trabajo, hacerlo bien, ganar dinero suficiente como para llevar una vida cómoda, darme algunos gustos, ayudar a mi familia y vivir tranquilo. Sin molestar a nadie, sin que nadie me quite el sueño.
—Suenas bastante… amargado —dije con franqueza—. Y me sorprende oírte decir todo eso, porque no lo aparentas para nada. Desde el primer momento que te vi tuve la impresión de que eres un chico muy amable y atento, que te preocupas por los demás, que te gusta ayudarlos, mostrarte gentil y solidario —a él parecía no convencerlo del todo lo que oía—. En serio lo digo, lo hiciste conmigo al ayudarme para conseguir empleo, con Kun al empujarlo para que se anime a acercarse a Mina.
—Puede ser, con mis amigos aún me comporto de esa forma, no puedo evitarlo. Siento que si puedo ayudarlos en algo, por más mínimo que sea, tengo que hacerlo. Es más fuerte que yo, valoro mucho a mis amigos, quizás porque no tengo hermanos. Bueno, aunque con mis padres también soy así.
—Entonces lo único que no quieres o mejor dicho no estás dispuesto a hacer es tener una pareja, una relación estable, una… novia —¿qué me pasaba? ¿de dónde sacaba valor para afirmar estas cosas sin ningún tipo de filtro?
—Claro —admitió él.
Pero yo no lograba comprenderlo del todo. —Y la chica con la que sales, tu compañera de trabajo, ¿en qué categoría la pondrías? ¿Cómo te relacionas con ella? —¡qué descarada!—. Porque no es ni familiar ni amiga ni novia, ¿entonces qué significa para ti?
—No lo sé, ¿"amiga con beneficios"? —dijo con una soberbia sonrisa.
—¡Eso suena tan horrible! —dije impresionada.
Darien rió. —Bueno, no se me ocurre otra definición. Porque en verdad no hay nada entre nosotros, somos buenos compañeros, nos divertimos juntos de vez en cuando y nada más. Ella es tanto o más solitaria que yo, le obsesiona su trabajo y no le interesa más que esforzarse por conseguir un nuevo ascenso, eso es lo único que tenemos en común, creo que por eso empezamos a salir.
¿Cómo debía yo interpretar esto? ¿Como algo bueno? ¿Como algo esperanzador? ¿O todo lo contrario? —¿Pero no crees que tarde o temprano alguno de los dos podría confundirse? —me atreví a seguir indagando—. ¿O empezar a sentir algo especial por el otro?
Él demoró en responder. —No, eso jamás pasará —dijo con determinación—, los dos lo aclaramos desde un principio.
—¿Entonces es una relación superficial y pasajera?
—Probablemente —vaya que estaba sorprendida con lo que escuchaba. Y debí poner una desencajada expresión, porque él volvió a reír al verme—. Ya sé lo que estás pensando, que soy el típico sujeto frívolo y egoísta que tras una mala experiencia dejó de creer en el amor y no se toma en serio a ninguna mujer —había adivinado—. Admítelo, eso es lo que piensas de mí ahora, ¿verdad?
Yo también eché a reír y desvié mi respuesta. —Y tú debes pensar que yo soy la típica ilusa que sueña con conocer al amor de su vida, a un príncipe encantador que se convierta en un esposo amoroso y un padre dedicado, y junto a él tener un final feliz de cuento de hadas.
Darien no dejaba de reír. —Bueno, cada uno es libre de elegir a qué estereotipo de persona amoldarse.
—Somos lamentables.
—Tal vez un poco, sí.
Los dos volvimos a reír por unos instantes pero no dijimos más nada. Quizás porque ya habíamos hablado demasiado o porque el bullicio a nuestro alrededor nos distrajo.
Cerca nuestro, en un improvisado escenario, unos músicos se estaban acomodando para prepararse para tocar. —¡Qué bueno! —dijo Darien entusiasmado—. Parece que en cualquier momento comenzarán a tocar. Si no me equivoco, ya escuché a estos chicos antes. Y son realmente increíbles, muy profesionales.
Yo le agradecía a todos los santos porque cambió de tema. —Me dijiste que te gusta mucho escuchar música.
—Así es.
—¿Tocas algún instrumento?
—No, lo intenté algunas veces pero soy muy malo. Y eso que mis padres son dos virtuosísimos músicos, crecí rodeado de todo tipo de estilos y sonidos, ellos influyeron mucho en mí pero lamentablemente no heredé su talento.
—¿Tus padres son músicos? —pregunté sorprendida.
—Sí, mi madre es cantante y mi padre es productor.
—Vaya, con que eres hijo de artistas, jamás me lo habría imaginado.
—¿Y a ti te gusta la música?
—Sí, me gusta escuchar música y también me gusta cantar, pero sólo lo hago cuando no hay nadie cerca, me da mucha vergüenza.
—¿En serio? Me encantaría escucharte algún día.
—No lo creo, dudo que alguna vez me anime a hacerlo frente a alguien —dije apenada.
—Nunca digas nunca, ya pensaré en cómo convencerte y hacer que cantes para mí —y me miró de una forma tan intensa que mis nervios de nuevo se disparaban. Las cosas otra vez se estaban poniendo peligrosas entre nosotros, o al menos eso me pareció.
—Ya están por empezar —dije intentando disimular mi inquietud. Y los dos prestamos atención a los músicos que comenzaban a interpretar una canción.
—¡Esa canción es genial! —comentó Darien entusiasmado y parecía que conocía muy bien la letra, porque cantaba a la par de ellos.
Yo me relajé un poco y me divertía viéndolo tan desenvuelto y disfrutando del concierto. Y volvía a observarlo con detenimiento. Era tan hermoso, me gustaba tanto, aunque me haya desilusionado y fuera consciente de que probablemente sólo me veía como una amiga. Pero no podía evitarlo, me encantaba todo de él y de nuevo empezaba a preocuparme, a temer llegar a enamorarme de verdad y que él no me correspondiera. Y repasaba en mi mente todo lo que acababa de decirme y volvía a dudar.
Él volteó a mirarme sin dejar de cantar y me regaló una de sus hermosas sonrisas, ésas que hacían que me derritiera por dentro. Pero poco a poco se fue poniendo serio, sin dejar de verme profundamente a los ojos. Y yo le presté atención a la parte de la canción que los músicos interpretaban y sentí que la letra describía este momento a la perfección: "Now I want someone badly…" -Necesito a alguien con desesperación- "Could it be true?" -¿Podría ser cierto?- "That someone is you" -Ese alguien eres tú-.
Y me percaté de que una increíble e insostenible tensión se generaba entre los dos. Ya no entendía más nada. No lograba comprender lo que sentía. No sabía si era capaz de seguir así, de contener mis emociones por más tiempo sin hacer algo, sin perder el control.
Pero al ver que su atención se dirigía hacia otro lado, más precisamente hacia algún punto detrás de mí, me sentí algo desorientada y confundida. —No… No, no puede ser… —dijo casi sin voz.
—¿Qué? ¿Qué pasa? —quise darme la vuelta para ver de qué se trataba, pero Darien me detuvo tomándome de los hombros.
—Serena —me dijo muy serio—, mírame a los ojos y prométeme que… No, mejor júrame por lo que más quieras que no vas a hacer un escándalo cuando veas lo que está pasando justo ahora.
—¿Pero qué pasa? —dije nerviosa e intentaba soltarme—. Déjame ver, me estás asustando.
—Primero júrame que no vas a gritar ni a reaccionar haciendo un escándalo ni nada de eso —insistió.
—Está bien, lo juro, ahora déjame ver lo que está… —logré darme vuelta y ver lo que pasaba—. Oh, por dios —exclamé sobresaltada al ver cómo Mina y Kunzite estaban besándose apasionadamente. Volví a mirar a Darien —¡Oh, por dios, Darien! ¡Están… ¡Ellos están…
Él rió nervioso. —Están algo cariñosos, una inesperada pero feliz sorpresa.
—No puedo creerlo, Darien. ¡No lo puedo creer! —dije pegando saltos de la emoción—. ¡Lo logramos, lo logramos! —y sin titubear me abalancé sobre él para abrazarlo—. ¡Están juntos, se aman con locura y nada ni nadie los va a separar jamás! ¡Soy tan feliz!
Él no dejaba de reír. —Tranquila, Serena, me juraste que no ibas a reaccionar así.
Yo me separé de él muerta de vergüenza. —Lo siento, perdóname, Darien, no quise… —y volvía a mirar a los chicos—. Es que estoy tan emocionada, ¡es tan maravilloso lo que está pasando! ¿No te das cuenta? Nuestros mejores amigos, nuestros hermanos del alma se aman, ¡se aman, Darien!
—Pues sí, eso parece. Y creo que deberíamos irnos y dejarlos solos.
—Pero… pero…
Darien dejó su copa sobre la barra y me tomó de la mano. —Vamos.
Y sin darme tiempo a resistirme, comenzó a caminar hacia la salida del bar.
.
.
.
Una vez afuera, los dos nos miramos y juntos echamos a reír a carcajadas. Estábamos desconcertados, felices, sorprendidos. Habíamos logrado nuestro cometido, que Mina y Kun se acercaran, pero nuestras expectativas habían sido más que superadas y nos costaba procesarlo.
—Bueno, ¿y ahora qué hacemos? —dije cuando conseguimos calmarnos un poco y dejar de reír.
Él miró la hora en su reloj. —Aún no es muy tarde, quizás podríamos… no sé…
No tengo idea de dónde saqué coraje, pero a esta altura, después de tanta euforia e intensas emociones, sentí que ya no tenía nada que perder. —¿Qué tal si vamos a tu departamento o al mío y seguimos bebiendo algo, conversando…? —sugerí con una insinuante sonrisa—. La última vez me invitaste un vino delicioso y tal vez podríamos volver a compartir una copa, los dos…
No era yo. Definitivamente ni yo misma me reconocía al soltar una propuesta tan directa.
Darien también sonrió de una manera tan sugestiva que jamás había visto antes. —¿Crees que sería una buena idea?
—Sí, ¿por qué no?
—Está bien —respondió al tomarme otra vez de la mano—, una copa de buen vino no se le niega a nadie.
—¿Vamos?
—Vamos.
Paramos el primer taxi que pasó y nos fuimos.
Ay ay ay… Se puso un poco calurosa la cosa… O eso parece… Pero habrá que esperar al siguiente cap para saber qué pasará… Muajaja…
Bueno mis queridxs, por esta vez -y en serio me comprometo a que así sea- no voy a responder a sus reviews, porque se me dio por actualizar casi impulsivamente y no me di el tiempo para hacerlo… Pero igualmente podemos intercambiar opiniones por FB!
En fin gente, lxs dejo por hoy… Espero ansiosísima sus comentarios!
Besitos per tutti!
Bell.-
