Muy buenas noches, mi gente querida! Cómo están? Espero que súper bien :)

Por suerte otra vez regresé pronto! Así que ya mismo comparto con uds este nuevo cap de mi adorada locurita. Sé que muchas lectoras se quedaron picadas con el anterior, por lo tanto hoy espero poder despejar sus dudas...

Antes de invitarlxs a leer, les comento que en esta ocasión de nuevo agregaré, en el final del cap, un pequeño fragmento de la letra de la canción que le da título a este fic. Me refiero a "Luna extraña" del dúo Alejandro y María Laura.

Y ahora sí, sin nada más para agregar, lxs dejo leer el SEIS en paz y, como siempre, les pido que por favor me cuenten cómo les fue…!

Todos los personajes pertenecen a su autora Naoko Takeuchi, yo sólo los tomé prestados.

Abajo me despido,

Bell.-


:: Capítulo Seis ::

Una vez que llegamos al edificio donde vivíamos, Darien y yo subimos las escaleras y atravesamos el pasillo de nuestro piso sin decir ni una palabra, lo cual me puso un poco nerviosa. Pero lo que en realidad me desconcertaba por completo y me llamaba mucho la atención fue que en todo el transcurso desde que nos bajamos del taxi hasta que llegamos a la puerta de su departamento, Darien no soltó mi mano ni por un instante. Y me sentía en las nubes, porque era tan atento, cuidadoso y amable conmigo, me trataba como si fuera una princesa y yo simplemente flotaba por los aires.

Apenas entramos, él cerró la puerta y dejó las llaves en una repisa que había cerca. También lo noté algo nervioso, porque no me miraba ni hacía nada, y yo tampoco sabía qué hacer, sólo lo observaba impaciente y sin moverme esperando a que dijera algo.

Hasta que por fin se atrevió a mirarme. —Bueno, aquí estamos —dijo con una tímida sonrisa, que apenas sus ojos se encontraron con los míos empezó a desdibujarse.

Y de nuevo reconocí esa increíble y extraña tensión que se generaba entre los dos, de la misma forma que momentos antes en el bar, y no podía despegar mis ojos de los suyos. Estaba como hipnotizada, completamente prendida de su mirada, tan intensa, tan penetrante… Y sentía cómo una inquietante y fuerte emoción presionaba mi pecho y provocaba que los latidos de mi corazón de aceleraran más y más, y mis deseos, mis impulsos de hacer algo con todo esto que sentía, de no poder controlarme más, se hacían incontenibles.

Sabía que estaba aterrorizada, que me asustaba la idea de exponerme y demostrarle lo que me pasaba. Pero también era consciente de que tenía que dejar de lado mis miedos, mis inseguridades para animarme de una buena vez a expresarle mis sentimientos, aunque no se lo dijera directamente, aunque ni yo misma supiera qué era lo que en verdad sentía. Y si no lo hacía ahora, quién sabe cuándo tendría otra oportunidad como ésta.

Así que no titubeé ni dejé de sostener mi mirada, tratando de transmitirle mi determinación. Y Darien pareció captar al instante mis intenciones, porque apenas atiné a dar un paso hacia delante, él, al mismo tiempo que yo, se acercó a mí casi corriendo y me estrechó entre sus brazos para besarme.

Yo no podía creer lo que estaba pasando, su inesperada reacción me había tomado totalmente por sorpresa. Sin dejar de besarme rodeó mi cintura con uno de sus brazos para pegarme a su cuerpo lo más que pudiera y llevó su otra mano a mi cuello para evitar que me alejara de él o me resistiera. Entonces yo no lo dudé ni un poco y de inmediato le correspondí el increíble y apasionado beso.

Eran unos besos tan perfectos y embriagadores, que provocaban que un ardiente deseo y un intenso calor comenzara a recorrer todo mi cuerpo. Ya no sentía ni el suelo que pisaba, sólo era capaz de percibir cómo estos increíbles besos se tornaban cada vez más profundos y posesivos, y nuestras lenguas se enredaban con pasión, cada uno saboreando la boca del otro con desesperación.

Hasta que oí a Darien soltar un ronco gemido y sin dejar de besarlo rodeé su cuello con mis brazos y comencé a profundizar cada vez más los besos, acariciando con impaciencia su espalda, la piel de su cuello, enredando mis dedos en su cabello, logrando que él estuviera cada vez más entregado a mis caricias.

Darien enseguida comenzó a recorrer mi cuerpo con sus manos, repasando mi espalda, mi cintura, mis caderas para luego regresar a mi cintura y empezar a acariciar mi piel bajo la blusa. Yo no pude contener un agudo gemido al sentir el contacto de sus manos sobre mi estremecida piel y volví a intensificar los besos con más pasión, explorando con mi lengua cada rincón de su boca, mordiendo sus labios, apretando mi cuerpo contra el suyo y jadeando a cada instante por la falta de aire, pero sin querer cortar los besos por nada en el mundo.

—Serena… —susurró él contra mis labios mientras me correspondía los besos y las caricias con igual desenfreno—. No aguanto más, Serena… —decía desesperado—. Te necesito, te deseo con locura… —y devoraba mi boca llevando otra vez su mano a mi cuello para impedir que me despegara de él—. Por favor, déjame continuar. Déjame…

—Yo también… —susurré agitada—. Yo también te deseo, Darien…

Él sonrió satisfecho apenas me oyó y sin interrumpir los besos ni disminuir su intensidad comenzó a caminar para guiarnos a ambos hasta la mesa que estaba cerca nuestro. Cuando llegamos, me tomó de la cintura para levantarme y hacer que me sentara sobre la mesa frente a él. Yo enseguida rodeé su cuerpo con mis piernas y comencé a acariciarlo bajo la ropa, para luego quitarle la camiseta de un tirón y continuar acariciándolo entero con impaciencia.

Darien no perdió más tiempo y también me quitó la blusa con un rápido movimiento. Ahora podíamos sentirnos más en contacto y recorríamos cada centímetro de nuestras pieles con caricias intranquilas. —Darien… Darien… —dije entre gemidos cuando él empezó atacar mi cuello—. Por favor, Darien…

—No voy a detenerme, Serena —dijo agitado al volver a mi boca—. No lo haré, porque quiero hacer esto desde el primer día que te vi.

Interrumpió los besos por unos instantes y yo lo miré algo confundida. —¿Qué pasa?

Sin dejar de mirarme a los ojos con una lujuriosa sonrisa en su rostro, Darien me inclinó lentamente para que me recostara y tomó mis manos para entrelazarlas con las suyas sobre la mesa. —¿Estás lista? —me preguntó seductor.

Yo sólo asentí sin decir una palabra, estaba totalmente rendida ante él. Darien se acercó de nuevo a mi boca, me besó suavemente, mordió mi labio inferior y regresó otra vez a mi cuello para depositar delicados y tibios besos en mi piel. Yo solté un suspiro de placer y a medida que sentía cómo me acariciaba con sus labios y su lengua y poco a poco comenzaba a descender por mi pecho, empecé a gemir extasiada por las increíbles y ardientes sensaciones que me provocaba.

Continuó su trayecto de besos hasta detenerse en mi ombligo y yo estaba tan desbordada de placer que mis gemidos eran incontenibles y mi cuerpo se estremecía y arqueaba con lentos movimientos ondulantes. —Darien… Darien… —gimoteaba agitada. La forma en que me besaba y me tocaba hacía que me quemara por dentro y cada vez estaba más desesperada—. Darien… —repetía su nombre entre gemidos, estaba totalmente fuera de control.

—Serena… —susurró él contra mi piel y comenzó a subir de nuevo por mi cuerpo sin cortar los besos—. Serena… —su voz repitiendo mi nombre era tan sensual y excitante… Este chico me estaba volviendo loca—. Serena… Oye, Serena… ¡Serena!

—¡¿Qué pasa?! —grité sobresaltada pegando un salto del susto.

—Tú teléfono está sonando hace rato —dijo Darien al señalar mi bolso.

—¿Qué? —yo lo miré desorientada. Y al sentir en mi cara el aire fresco que entraba por la ventanilla, me di cuenta de que aún estábamos en el taxi. Y que todo lo que acababa de "pasar" no había sido más que una absurda fantasía.

—¿Te sientes bien? —me preguntó preocupado.

—¿Eh? —tuve que parpadear varias veces y hacer un enorme esfuerzo para volver a ubicarme en la realidad. Sólo a mí se me ocurría imaginarme semejante escena cuando todavía no había pasado nada de nada entre nosotros. Definitivamente tantos años de soltera y de pasármela leyendo cientos de novelas románticas me habían afectado demasiado.

—¿Te ocurre algo? —volvió a preguntarme Darien—. Estás… Tu rostro está muy rojo.

—Estoy bien, estoy espléndidamente bien —me reí como estúpida para disimular la inmensa vergüenza que sentía -ni que él pudiera leer mi mente- y busqué mi teléfono en mi bolso—. Es sólo que aún no puedo dejar de pensar en los chicos y en lo que acabamos de ver. ¡Estoy tan emocionada! —enseguida me puse a revisar el celular, no podía mirarlo a la cara.

Había recibido una buena cantidad de mensajes de Lita preguntándome cómo marchaba todo. No alcancé a leerlos todos, pero inmediatamente me dispuse a responderle apurada. Necesitaba contarle lo que estaba pasando, que en ese preciso instante estaba con Darien en un taxi yendo a su departamento -o al mío- para beber algo juntos, solos, los dos.

Ella debió haber percibido al instante lo nerviosísima que me encontraba, porque no demoró nada en responderme y mandarme un montón de mensajes más para hacer que me calmara. Sin dudas, era mi mejor en amiga en el mundo mundial.

—Serena —Darien me llamó de nuevo.

Yo lo mire un poco más tranquila. —¿Sí?

—No te lo dije antes porque yo también estaba muy pendiente de ellos, pero creo que esta noche te ves… muy bonita —y me regaló una de sus sonrisas de ensueño, ésas que tanto adoraba.

Pero lo único que provocó con su cumplido fue que me pusiera más nerviosa todavía, así que sólo volví mi atención al celular para continuar intercambiando mensajes con Lita. ¡Estaba desesperada! ¡No entendía nada de lo que estaba pasando! ¡No tenía idea de qué pensar, qué hacer, qué sentir! Todo se estaba tornando muy peligroso e incierto, tomando un rumbo que probablemente no tendría retorno y yo estaba cada vez más ansiosa, aterrorizada, ¡histérica!

Hasta que sin tener noción de cuánto tiempo más pasó, me di cuenta de que de un momento a otro habíamos llegado a nuestro edificio. El auto se detuvo, Darien pagó y se bajó. Pero yo estaba petrificada en el asiento, no me podía mover.

Entonces él abrió mi puerta y me tendió una mano. —¿Vamos?

Yo dudé por unos breves instantes, pero finalmente reuní valor, tomé su mano y bajé. Y tal y como acababa de imaginármelo, durante el trayecto desde el taxi hasta que llegamos a la puerta de su departamento ninguno de los dos habló y Darien no soltó mi mano ni por un segundo.

Y me preguntaba… ¿Qué estaría por pasar entre nosotros? ¿Acaso mi fantasía se haría real? ¿Darien se sentía atraído por mí tanto como para atreverse a tener algo conmigo? ¿Yo estaba en verdad dispuesta a hacerlo, aunque tuviera en claro que no sería nada más que algo ocasional? ¿No sería demasiado arriesgado para mí y mi inestable salud emocional hacer algo como esto, con alguien que no sólo me gustaba muchísimo sino que empezaba a generarme sentimientos mucho más profundos que una simple atracción?

Estaba muy asustada, dudaba, me cuestionaba mil y una cosas. Y me daba cuenta de que aunque moría de ganas por estar con él en realidad no me sentía lo suficientemente preparada para hacerlo, al menos no de esta forma.

Cuando nos detuvimos frente a su puerta, antes de abrir Darien buscó su celular. —Por las dudas voy a avisarle a Kun que nos fuimos del bar, no vaya a ser cosa que después me reclame —dijo riendo.

Pero su actitud cambió por completo al ver la pantalla del teléfono. Soltó mi mano de repente y me miró con una extraña expresión. Estaba muy serio, parecía preocupado, inquieto y yo no sabía qué decir. —¿Hay algún problema? —pregunté intentando sonar tranquila, pero no lo estaba ni un poco.

—No, no hay ningún problema, lo que pasa es que… —titubeaba nervioso.

—¿Recibiste un mensaje? —le pregunté de nuevo. Él asintió evitando mi mirada—. ¿De tu novia?

—Te dije que no es mi novia —me corrigió molesto—. Lo siento —se disculpó enseguida al darse cuenta de que había reaccionado mal. Yo no dije nada, sólo bajé la mirada apenada—. Mira, Serena, creo que… —dijo tras una larga y tensa pausa—. Me parece que al fin de cuentas no es tan buena idea que nosotros…

Me atreví a volver a mirarlo. —No estamos haciendo nada malo —"no todavía" pensé para mis adentros.

—Lo sé, claro que lo sé. Pero no es lo mismo… —Darien se esforzaba por darme alguna explicación y no mostrarse nervioso, pero yo sabía que lo estaba tanto o más que yo—. A ver, ¿cómo te lo explico? No es lo mismo tomar un par de cervezas que beber una copa de buen vino.

—¿Qué? —tuve la clara impresión de que con este cambio de actitud me estaba marcando un límite, se estaba echando atrás y yo me puse automáticamente en alerta.

—Porque la cerveza es una bebida liviana que puedes tomar en cualquier ocasión sin que te produzca efectos demasiado interesantes o extraordinarios, sino que más bien es más acorde para situaciones ligeras, espontáneas, distendidas —sus argumentos no eran para nada claros y mientras hablaba parecía enredarse en sus propias palabras—. En cambio un buen vino, un fino y exquisito vino, es algo muy diferente. No lo bebes en cualquier momento sólo porque se te antojó, sino que es ideal para ocasiones mucho más especiales, para generar experiencias más sutiles, íntimas, que quieres preservar en tu memoria y tus recuerdos para toda tu vida. Es una cuestión mucho más seria, ¿entiendes?

—No, no entiendo nada de lo que estás diciendo.

—Lo que quiero decir es que —Darien soltó un pesado suspiro, se veía muy inquieto— para mí éste no es un buen momento para que… No me parece correcto ni conveniente beber una copa de vino como si fuera algo tan trivial como una cerveza.

Yo me esforzaba por comprender de qué demonios estaba hablando. —Pero ya hemos tomado vino antes, tú me invitaste la última vez y todo estuvo bien. ¿O es que acaso estás descompuesto? ¿Te cayó mal lo que bebiste en el bar? ¿Es eso? ¿No te sientes bien? —eso era lo único que se me ocurría que podía estar pasando.

—No, Serena. No es eso lo que me pasa —me respondió otra vez molesto. Y pareciera que se había resignado a continuar explicándome lo que sucedía—. Lo siento, creo que lo mejor es que por esta noche dejemos todo como está y no hagamos más nada, ¿puede ser?

Si estaba con esos ánimos, quizás tendría razón. —Bueno…

—Por favor, no te lo tomes a mal, mi intención no es… —de nuevo titubeaba al hablar—. Al contrario, yo no quiero que tú… No me gustaría perjudicarte ni hacer algo que pueda afectarte de alguna forma. ¿Lo comprendes ahora?

—Sí, creo que sí —en realidad no tenía ni la más pálida idea de lo que ocurría, pero me avergonzaba reconocerlo—. Está bien, Darien, no te preocupes —sonreí con soltura—. Mejor… Mejor vayamos a dormir y dejemos ese vino para otra ocasión, ¿sí?

Él también sonrió, se veía más calmado. —Sí, mejor así.

—Buenas noches —me despedí mientras entraba a mi departamento.

—Buenas noches, Serena —se despidió él—. Que descanses.

.

.

.

Al día siguiente, las chicas y yo estábamos por reunirnos en lo de Lita para hablar, analizar y evaluar todo lo acontecido en la "cita doble".

Esa tarde fui la primera en llegar. Y mientras esperábamos a que Mina se dignara a aparecer y dar señales de vida, yo me dispuse a contarle a Lita con lujo de detalles todo lo que pasó, pero hice especial hincapié en mi conversación con Darien durante y después de la cita, cuando nos despedimos en el pasillo del edificio.

Estábamos sentadas en el sofá de la sala platicando desde hacía rato. —Y eso fue lo que me dijo —dije yo cuando terminé mi detallado y minucioso relato.

Hasta este momento Lita me había escuchado con mucha atención sin interrumpirme. Y ahora yo esperaba muerta de la impaciencia a que me dijera lo que pensaba. —¿Y no volvieron a hablar después de eso? —me preguntó.

—No, no lo he visto en todo el día —respondí. Y me impacientaba cada vez más con sus interminables pausas—. ¿Qué piensas, amiga? ¿Cómo interpretas lo que pasó? ¿Qué crees que fue lo que me quiso decir? —Lita meditaba ensimismada y no volvía a hablar—. ¡Dime algo, por dios, que me estoy muriendo! —exclamé exasperada.

—Yo pienso que lo que te quiso decir fue que tú eres el vino y su "amiga con beneficios" la cerveza.

—¿Eh? ¿Y eso qué rayos significa?

—Que en realidad para él tú no eres una chica cualquiera o para una relación de una sola noche y que te respeta por eso.

Traté de procesar su interpretación, pero me costaba comprender del todo lo que me decía. —¿Tú crees que fue eso lo que en verdad quiso decir?

—Sí, eso creo —respondió Lita—. Y que fue gracias al mensaje que recibió de su "amiga" que pudo recapacitar a tiempo y no hacer algo de lo que pudiera arrepentirse después. Y no porque no deseara hacerlo, sino porque no quiso jugar contigo —concluyó.

—Bueno, viéndolo de esa forma quizás tengas razón pero… ¿eso es algo bueno?

—Y depende de cómo lo veas tú. ¿Habrías estado a dispuesta a compartir algo de una sola noche con él? ¿Eres en verdad tan impulsiva y despreocupada como para tener un encuentro ocasional con alguien que te gusta tanto?

Demoré en responder. —No, creo que no —aunque tenía algo de experiencia en el asunto, era consciente de que siempre me comporté como una mojigata—. Es más, nunca hice algo así con nadie antes, y aunque Darien hubiera sido un completo extraño o alguien a quien acabara de conocer, no sé si me habría animado a hacerlo.

—¿Lo ves? Y eso es precisamente lo que debe haber pensado Darien de ti, por eso dijo lo que dijo, por eso optó por dejar las cosas como estaban y no hacer nada.

—Comprendo —ahora comenzaba a entender mejor lo que pasaba—. Pero igualmente yo lo consideré, no voy a mentirte. En algún momento de la noche me sentí en verdad decidida y segura para hacerlo, por eso le propuse que bebamos ese vino. Hasta llegué a fantasear con lo que sucedería y sé que ganas no me faltaron, porque él me encanta y mi autocontrol ha estado a punto de flaquear en más de una ocasión. Pero ahora que lo pienso más fríamente creo que eso no es lo que quiero para mí. Incluso se lo dije cuando conversamos en el bar.

—¿Qué le dijiste?

—Que actualmente unas de mis principales prioridades es encontrar el amor, que quiero conocer a alguien especial y enamorarme de verdad, alguien con quien construir algo real y sólido, para tener sueños y proyectos en común y ser felices.

—Vaya, qué interesante confesión —dijo Lita sorprendida.

—Sí, y también es toda una revelación para mí misma, porque es algo que acabo de descubrir. Y creo que lo que pasó anoche, mejor dicho lo que no pasó, en cierto punto fue bueno. Así ya me hago a la idea de una buena vez que no tengo que hacerme más ilusiones con Darien, que él no es el chico indicado para mí, que sólo podemos ser buenos amigos —me dolía admitirlo, pero tenía que aceptar cómo eran las cosas, que no tenía sentido seguir ilusionándome, que si continuaba así corría el riesgo de salir lastimada o algo por el estilo.

—¿Y qué vas a hacer a partir de ahora?

—No lo sé, tratar de fijarme en otra persona, mirar hacia otra dirección y olvidarme de lo que siento por él.

Lita tomó mis manos y las apretó con fuerza para transmitirme su apoyo. —Tal vez sea lo mejor para los dos.

Yo suspiré melancólica. —Tal vez…

—Iré a preparar café, ¿quieres comer algo? Tengo pastel de chocolate —dijo Lita con una cálida sonrisa, haría lo que fuera para animarme.

También sonreí. —¿Y todavía lo preguntas? ¡Claro que quiero! Sabes que tus dulces son mi mejor consuelo.

Ella rió y se puso de pie. —Enseguida regreso —y se fue hasta la cocina a buscar las cosas.

Estaba siendo muy difícil para mí, pero poco a poco me estaba haciendo a la idea de que era casi improbable que las cosas prosperaran con Darien como a mi me hubiera gustado. Él mismo me lo había dejado muy en claro, que me veía más como amiga que como mujer, que ni siquiera estaba dispuesto a tener algo pasajero conmigo. Y no me quedaba más remedio que aceptar que las posibilidades de que existiera algo más serio y comprometido entre nosotros eran prácticamente nulas.

Y me sentía algo triste, no lo niego, porque tenía que renunciar a mis ilusiones, a los sentimientos que habían empezado a crecer en mi corazón, porque si continuaba así, si me enamoraba de verdad podía salir lastimada. No quería eso para mí, no quería sufrir por una desilusión, por un desamor.

Estaba cansada de sentirme débil, triste, sin energías. Estaba decidida a no volver a deprimirme por asuntos inconclusos, por metas inalcanzables, por frustraciones que se podrían evitar. Ya no tenía sentido continuar así. Y si Darien no estaba disponible, tampoco quería rendirme ni volver a caer. Lo mejor era aceptar que mis únicas opciones eran fijarme en alguien más para mirar hacia otra dirección y olvidarme de lo que sentía por él.

Estuve un buen rato reflexionando sobre todo esto y justo cuando Lita regresó de la cocina con una bandeja en sus manos, oímos golpear a la puerta. Así que dejó las cosas sobre la mesita para ir a abrir, y tal y como lo esperábamos apareció Mina. —¡Hola, chicas! —nos saludó entusiasmada al pasar.

Se la veía radiante, resplandeciente, estupenda, mucho más que la noche anterior. Noté que vestía la misma ropa y que tenía el cabello mojado. Entonces automáticamente miré a Lita y las dos sonreímos con picardía al adivinar lo que había pasado.

—¡Amiga, por fin llegas! —dije al acercarme a ella para tomarla del brazo y juntas caminamos hacia el sofá.

—¿Por qué tardaste tanto? —preguntó Lita que iba a nuestro lado—. ¿Estás bien? —y me guiñó un ojo con complicidad.

—¿Cómo te fue, Mina? ¿Qué pasó con Kun? ¿Cómo salió todo? —pregunté impaciente y ella no dejaba de sonreír como boba—. ¡Por dios, habla, Mina! ¡Dinos algo!

Nos tomó a las dos de las manos. —Amigas, ¡amigas! —dijo con voz temblorosa—. ¡Soy tan feliz! —y nos abrazó efusiva—. ¡Estoy enamorada, chicas! ¡Enamorada hasta los huesos!

—Eso ya lo sabemos, pero queremos que nos cuentes todo —dijo Lita al soltar el abrazo.

—¿Todo?

—¡Sí! ¡Todo! —exclamamos Lita y yo al unísono.

Entonces las tres nos sentamos en los sillones para dar inicio a nuestra muy seria e importante reunión.

—Bueno, Kun me dijo… —comenzó Mina—. Me pidió que… —estaba hecha una completa tonta porque no dejaba de suspirar y sonreír como una adolescente, y no soltaba ni una frase coherente.

—¡¿Qué?! ¡¿Qué fue lo que te dijo?! —pregunté más impaciente.

—¡Me pidió que sea su novia!

—¡Amiga! —yo volvía abrazarla emocionada—. ¡Qué maravillosa noticia! ¡Felicidades!

—Pero cuéntanos todo lo que pasó, te has saltado la mejor parte —la regañó Lita—. ¿Cómo estuvo su cita? ¿Qué fue lo que pasó cuando Darien y Serena los dejaron solos?

Me separé de ella. —Sí, Mina, queremos detalles. ¡Desembucha de una vez! —le supliqué.

—Está bien, les contaré —dijo Mina entusiasmadísima por ser el centro de nuestra atención—. Apenas llegamos al bar, yo estaba tan pero tan nerviosa que no sabía qué hacer, cómo reaccionar al verlo, cómo saludarlo. Pero cuando lo vi no pude contenerme y lo besé. Sólo en la mejilla, por supuesto, pero fue un impulso inevitable. Y entonces él…

—Pero eso ya lo sabemos —la interrumpió Lita—, Serena lo vio y ya me lo contó.

—Es cierto, amiga —añadí—. Cuéntanos que pasó después de que Darien y yo nos fuimos de la mesa.

—¿Después de que se fueron? —Mina se esforzaba por recordar—. Claro, eso fue cuando yo estaba hablando de mi trabajo y él me dijo que soy "hermosa".

—¡Ay, sí! —exclamé eufórica—. ¡Casi grito de la emoción cuando lo escuché! ¡Fue tan romántico!

Mina se acoplaba a mi euforia. —¡Yo también estaba muy emocionada! ¡No lo podía creer!

—¡¿Pero qué pasó después?! —preguntó Lita ya sin un mínimo resto de paciencia.

—Bueno, cuando nos quedamos solos —Mina retomó su relato— él se disculpó por haberme dicho algo como eso tan impulsivamente. Es que es tan centrado y respetuoso que me imagino que debe haber pensado que me ofendería o algo por el estilo. Así que continuamos conversando sobre otras cosas por un rato y poco a poco los dos estábamos más cómodos y en confianza. Pero el tiempo pasaba y yo estaba tan ansiosa que me incendiaba por dentro, ya no podía soportarlo más, tenía que decirle todo, tenía que confesarle mis sentimientos, dejar de ocultarlo. Entonces inspiré hondo, reuní todo el valor que pude y se lo dije.

—¡¿Qué le dijiste?! —preguntamos Lita y yo.

—Le dije que estoy enamorada de él, que todo este tiempo lo amé en silencio por miedo, por la vergüenza y la culpa que me atormentaban por haberme fijado en un hombre casado. Pero que cuando supe que había sido un malentendido, todo cambió para mí, que ya no tenía más miedo, que lo único que quería era poder demostrarle lo que sentía y hacer lo que fuera para que me correspondiera. Porque lo amo… Lo amo tanto, chicas… Y estaba muy asustada, pero necesitaba decírselo, ya no toleraba más seguir escondiendo lo que en verdad siento.

—Eres tan valiente, Mina —la adulé con exageración.

—¿Y él qué te dijo? —preguntó Lita.

—Nada, no dijo nada —respondió Mina con una pícara sonrisa.

—¿No dijo nada? —yo no entendía por qué ponía esa cara de satisfacción si él no le había dicho nada.

—Te besó —adivinó Lita.

—¡Sí! ¡Me besó! —siguió Mina—. No dijo ni una palabra, sólo tomó mi rostro entre sus manos y me besó. Y no se imaginan cómo me besó, chicas, sentí que todo desaparecía alrededor nuestro, que sólo existíamos nosotros dos, que al fin las cosas eran como siempre había deseado. Fueron los besos más increíbles y perfectos que jamás habría soñado.

—¿Y qué pasó después? —volvió a preguntar Lita.

—Después de besarnos mucho…

—¿Mucho? —pregunté yo llevándome las manos al pecho.

—Sí, nos besamos tanto… Es que, ¡ay, me lo quería comer a besos! ¡No quería soltarlo nunca más!

Lita reía divertida al vernos a Mina y a mí tan compenetradas y embobadas con lo que nos contaba. —Bueno, pero cuéntanos qué pasó cuando cortaron los arrumacos.

—Después de besarnos y calmarnos un poco, porque ya saben, los decibeles se estaban elevando considerablemente —dijo Mina con una nueva risita pícara—, me pidió perdón.

—¡¿Se arrepintió?! —pregunté asustada.

—No, no. No se disculpó por el beso —me aclaró Mina—, sino que me pidió perdón por no haberme dicho nunca nada antes, por no haber intentado acercarse a mí, hablarme en la cafetería cuando yo lo atendía. Y me explicó que creía que me caía mal, que no tenía interés en él. Porque siempre me limité a tomar su orden y nada más y con el resto de los clientes era mucho más simpática y amable. Pero que en realidad se había fijado en mí hacía mucho tiempo, desde que fue por primera vez al negocio y que nunca había tenido valor para demostrármelo. Entonces me dijo que… Que él también… Me confesó que…

—¡¿Qué?! ¡¿Qué fue lo que te dijo?! —yo estaba desesperada, todo lo que nos relataba era tan emocionante e increíble que parecía sacado de una cursi película de amor.

—Me dijo que me ama —respondió Mina con su voz otra vez temblorosa—. Me ama, chicas, Kunzite me ama. Y yo también lo amo, lo amo tanto que…

Yo también me quebré al verla tan movilizada. —¡Amiga! —la abracé de nuevo y lloramos juntas. No podíamos ser más exageradas.

—Continúa —insistió Lita sin conmoverse con nuestra escena.

Nos separamos y Mina siguió hablando mientras se limpiaba las lágrimas. —Bueno, después de aclarar todo y decirnos lo que sentimos y volver a besarnos, fuimos a su casa y… bueno… —y de repente su rostro se encendió de rojo.

—¡¿Lo hicieron?! —pregunté más desesperada.

—Ay, Serena lenta, es obvio que lo hicieron —me regañó Lita.

—¿Y cómo estuvo?

—¡No voy a decirte eso!

—Bueno, pero ¿cómo lo pasaste? ¿Te trató bien? ¿Cuántas veces lo hicieron? —estaba siendo algo descarada al preguntar tantos detalles, pero me moría de la curiosidad.

—¡Serena! —quiso detenerme Lita.

Pero a Mina no pareció importarle porque nos enseñó con los dedos de las manos el número de veces que lo habían hecho.

Y las dos pusimos los ojos como platos al verla. —¡Oh, por dios!

—Con razón llegaste tan tarde —recapacité yo.

—!Estoy tan feliz! —volvió a hablar Mina con una expresión de enamorada imposible de disimular—. Es como si estuviera viviendo en un cuento de hadas. Él es tan… tan dulce, tan cariñoso, me cuida, me mima, me trata tan bien, ¡me ama! —y a pesar de tener una enorme y radiante sonrisa en su rostro, otra vez las lágrimas comenzaban a brotar de sus ojos—. Me ama, chicas, y yo lo amo, lo amo demasiado, soy tan feliz…

—Y nosotras estamos felices por ti, amiga, por ustedes —la abracé otra vez hecha un mar de lágrimas.

Pero nos separamos al oír unos extraños gemidos. —Deseo… —era Lita que también parecía estar llorando emocionada—. Deseo de todo corazón que sean muy felices juntos y que puedan… Que tengan una buena relación, que se acompañen para caminar juntos, crecer, aprender, madurar. Que no sólo los una el profundo amor que sienten, sino también el compromiso, la disposición y la constancia para comprenderse, entender sus deseos de ser felices, comunicarse con claridad. Y elegirse todos los días, comprobar cuánto se aman, que se aceptan con todo lo que tienen, sus virtudes, sus defectos. Porque el amor… —su llanto se hacía más intenso—. El amor verdadero sana cualquier herida. El verdadero amor es… es lo mejor que les puede pasar. Cuídenlo mucho, no lo echen a perder.

Mina y yo nos abalanzamos sobre ella para abrazarla. —¡Lita! —exclamamos entre sollozos.

—Gracias, Lita, te quiero mucho —gimoteó Mina—. A ti también, Serena, las quiero mucho a las dos.

.

.

.

Pasamos el resto de la velada platicando y comiendo los deliciosos pasteles de Lita. Más tarde ella también me dio una nueva lección de cocina, actividad que habíamos empezado a compartir desde el fin de semana anterior. Y por suerte mis ánimos estaban cada vez mejor. Porque pasar tiempo con ellas, ver a Mina feliz, a Lita aliviada por encontrarnos bien y estables a las dos, hablar de cientos de cosas, todo, todo era muy maravilloso y valioso para mí. Porque eran mis hermanas del alma, siempre me daban fuerzas y me colmaban de buenos sentimientos.

Pero sobre todo, lo que más me entusiasmó y motivó de este encuentro, fue escuchar todo lo que Mina nos contó. Conocer sobre su experiencia, su nueva y hermosa historia de amor, su felicidad, me sirvió para replantearme muchas cosas y afianzar mis deseos, mis nuevas prioridades, mis nuevos objetivos. Cada vez me convencía más de que yo quería lo mismo para mí, para dejar de estar sola, para dejar de preocuparme por asuntos que no eran para nada imprescindibles, para buscar mi propia felicidad, para hacer realidad mis propios sueños.

Algunas horas después, decidí regresar a mi departamento. Ya era un poco tarde y debía prepararme y descansar para al día siguiente empezar una nueva semana laboral.

Mientras atravesaba el pasillo, vi a Darien saliendo de su departamento. —Hola, vecina —me saludó con una gentil sonrisa apenas me vio.

—Hola, vecino, ¿cómo estás? —lo saludé con soltura, por nada en el mundo quería parecer molesta ni nerviosa ni nada de eso. Todo tenía que continuar siendo totalmente natural entre nosotros.

—Bien —me respondió—. Voy a reunirme con Kun, quiero que me cuente cómo le fue anoche.

—Ya veo —me dio la impresión de que seguía siendo un tanto distante conmigo, pero no quise darle mayor importancia—. Yo acabo de estar con las chicas —comenté—, Mina nos estuvo contando con lujo de detalles todo lo que pasó entre ellos y está tan feliz y enamorada…

—Parece que todo salió estupendamente bien.

—Sí, eso parece. ¡Y todo gracias a nosotros, al final resultamos ser unos cupidos muy eficientes! Deberíamos pensar en emprender algún negocio como una agencia matrimonial o algo por el estilo.

Darien rió, pero me pareció una risa algo forzada. —No es mala idea.

Y se generó un incómodo y tenso silencio entre los dos. Pero yo no quería preocuparme más con todo esto, quería sentirme bien, ser capaz de vencer cualquier tipo de adversidad, superar los obstáculos, las dificultades, poder salir adelante otra vez, para no renunciar a mis sueños y luchar por ellos.

Me había propuesto reponerme lo más rápido posible tras haberme desilusionado tan pronto y reunir las fuerzas necesarias y suficientes como para enfocarme en una nueva meta para mi vida. Estaba decidida, tenía que dar una nueva vuelta de página y conseguirme un novio -uno real, no imaginario ni idealizado-. Y si Darien definitivamente no estaba disponible, buscaría otro candidato.

—El próximo viernes asistiré a una fiesta de promoción, ¿sabes? —dije tras una pausa. Quizás era demasiado osado de mi parte o hasta una actitud un tanto desafiante, pero quise hablarle al respecto. Para no ocultarle nada de mí, para ser honesta con él—. Esta tarde recibimos una invitación por correo electrónico. Rei, una amiga muy querida nuestra que hace tiempo no vemos, está organizando una reunión con todos nuestros ex-compañeros de preparatoria y yo le sugerí hacerlo en el bar donde estuvimos anoche.

—Qué bueno, es un lugar ideal para ese tipo de eventos —Darien ahora parecía un poco más relajado, lo cual en un punto también me tranquilizó a mí.

—Sí, y quería comentártelo porque lo conocí gracias a ti y… Bueno, en realidad te lo cuento porque mientras conversaba con las chicas sobre esto, recordé todo lo que tú y yo hablamos anoche, lo que te dije sobre mis experiencias sentimentales, mis propósitos personales. Y es muy probable que en esta fiesta me reencuentre con mi ex-novio.

—¿Ah, sí?

—Te hablé de él, ¿no te acuerdas?

—Claro, lo recuerdo.

—Y bueno, pensé que quizás esta ocasión sería una buena oportunidad para volver a verlo, intentar acercarme de nuevo a él y no sé, tal vez retomar de alguna forma lo que hubo entre nosotros.

—Ya veo…

—Porque yo no que soy una chica frívola y egoísta que tras una mala experiencia deja de creer en las relaciones y nunca más se toma en serio a ninguna otra persona. Yo aún creo en el amor verdadero, en que es posible apostar a un compromiso real, a proyectos y sueños comunes —Darien no me decía nada y yo ya no tenía más filtro, ¡¿qué rayos me pasaba?!—. Porque quiero conocer una persona especial y enamorarme, ya me cansé de estar sola, quiero encontrar a alguien que me importe y que se preocupe por mí, que me cuide y me deje cuidarlo, que me consuele cuando esté triste, que me haga reír cuando esté aburrida, que aguante mi mal carácter, que le guste lo que cocine para él. Y voy a esforzarme por conseguirlo —concluí orgullosa.

—¿Con tu ex-novio?

—Con quien sea que tenga el valor suficiente para hacerlo, para elegirme y para compartir todo eso conmigo.

Él sonrió de lado. —Bueno, pues hazlo, creo que es un propósito muy válido, te lo dije anoche, y estoy seguro de que eres capaz de lograrlo.

—Por supuesto que sí —aseveré—. No me daré por vencida ni dejaré de intentarlo.

—Me parece perfecto y te agradezco que lo compartas conmigo, para eso estamos los amigos, ¿verdad?

—Claro, por eso te lo digo, porque somos buenos amigos y los amigos se cuentan todo.

Darien rió. —Bien, ya tengo que irme —comenzó a caminar hacia las escaleras—. Adiós, princesa —¿"princesa"?—. Dale mis saludos a tu príncipe azul cuando lo encuentres —y se despidió saludándome con la mano y dándome la espalda.

—¡Por supuesto que lo encontraré! —alcancé a decirle antes de que se fuera. Entré a mi departamento y cerré la puerta con un fuerte golpe.

.

"Él te vio, te vio, te vio…

Rieron juntos un segundo

Y luego cada cual siguió su curso…"

.


Bueno bueno bueno… Estos dos se nos están poniendo un poco testarudos… Pero qué me dicen de Mina y Kun? Alguien se anima a adivinar qué numero les indicó Mina a las chicas con las manos? Lo dejo a su criterio, jijiji…

Como corresponde, a continuación van mis respuestas a sus rws (para quienes no tienen cuenta, al resto va por privado):

-leidy flourite: querida y demente amiga mía, ya te he dicho que tus rws son una preciosura, porque me hacés reír muchísimo y también me subís la autoestima con tantos cumplidos… así que gracias totales! bueno, hoy Mina estuvo alegre alegre, jiji! pero nuestros tortolitos estuvieron bien recataditos, imagino que te habrás reído con esa fantasía… pero no me pierdas la fe, tarde o temprano llegará la acción que tanto esperás!

-Patyz parawhore: Mina y Kun se convirtieron en unos novios acaramelados! pero Serena y Darien todavía no concretaron… habrá que seguir esperando…

-Miriam Ortiz: qué bueno haberte sorprendido con el cap anterior! y creo que hoy también pasaron cosas inesperadas, o mejor dicho no pasaron…

-Marisol: Mina y Kun son pura miel! pero las cosas entre Serena y Darien se enfriaron un poco, habrá que esperar a ver qué pasa…

-yssareyes48: si si si, Mina y Kun ni lerdos ni perezosos, jijiji…! aunque Serena y Darien por más eficientes cupidos que hayan sido todavía están desencontrados entre ellos…

-romi: bien rápidos fueron Mina y Kun! pero los que vienen medio lentos son Serena y Darien… es cierto que pinta difícil para ella…

-C-ELF: volví pronto! y creo que hoy te puedo haber dejado de nuevo en shock, pero no sé si muy contenta…

-kaguya: la evidente atracción entre Serena y Darien se vio algo interrumpida, y parece que las cosas seguirán así un tiempo más. pero Mina y Kun están muy muy enamorados, ellos sí que no pierden su tiempo!

-ferserenity: el lemon -o mejor dicho, casi lemon- sólo fue una fantasía de Serena… espero no haberte decepcionado! jiji… y que no me pierdas la fe y confíes en que tarde o temprano se hará realidad!

-Ana: hoy vimos que hubo muchos avances más entre Mina y Kun, pero lamentablemente las cosas entre Serena y Darien vienen algo lentas e interrumpidas, hay que esperar un poco más…

-Paty: Mina y Kun se besaron y se amaron con todas las letras, no perdieron nada de tiempo! pero Serena y Darien se frenaron antes de actuar impulsivamente.

-cotita83: gracias por ponerte al día con esta nueva locura! y si en el cap anterior Mina y Kun te parecieron "rápidos", cómo te habrá ido hoy? jeje! pero nuestra adorada parejita no llegó a concretar… habrá que esperar un poco más…

Bueno gente querida del mio cuore, esto es todo por hoy!

Antes de despedirme quiero avisarles que probablemente me demore un poquito para el siguiente cap, porque me ha surgido un viaje y tal vez mi escritura se vea interrumpida. Pero volver, vuelvo, no se preocupen!

Y también quiero agradecerles de todo corazón el que aprecien lo que hago y compartan conmigo lo que piensan y sienten al leerme. Nunca dejen de hacerlo, sus palabras y sus impresiones son muy valiosas para mí y me motivan a seguir produciendo… :)

Así que por favor no se olviden de dejarme sus reviews!

Ahora sí… Hasta la próxima gente linda!

Besotototes per tutti!

Bell.-