Hola querida gente del mio cuore!

Volví prontito volví! Y hoy comparto con uds un nuevo cap para continuar avanzando en el desarrollo de esta amada locura mía.

Así que lxs invito a leer el OCHO en paz y les pido que por favor me cuenten qué les pareció!

Todos los personajes pertenecen a su autora Naoko Takeuchi, yo sólo los tomé prestados.

Abajito me despido,

Bell.-


:: Capítulo Ocho ::

Algunos días después…

Una tarde, luego de salir del trabajo, regresando de la tienda cerca de mi casa, estaba en la entrada de mi edificio tratando de buscar las llaves en mi bolso. Pero se me hacía tremendamente difícil encontrarlas porque llevaba un montón de bolsas y paquetes a cuestas y mis manos estaban ocupadas.

Mientras protestaba entre dientes y hacía 'malabares' con mis cosas para evitar arrojar todo al suelo, apareció Darien, que también acababa de llegar. —Hola, vecina, ¿necesitas ayuda?

—Hola, vecino —lo saludé al verlo. Él enseguida tomó mis bolsas para ayudarme—. Te lo agradezco, estaba empezando a ponerme histérica —abrí la puerta y pasamos los dos.

—¿Has estado de compras? —me preguntó mientras subíamos las escaleras y observaba la cantidad de cosas que había en las bolsas que cargaba.

—Sí, tenía que abastecerme con urgencia, me había quedado sin un pedazo de pan en casa y no quise volver a recurrir al vicio del delivery. Ahora que Lita me está enseñando a cocinar, tengo que practicar para no olvidarme de todo.

Cuando atravesamos el pasillo y llegamos a mi departamento, ambos entramos.

Darien me siguió hasta la cocina y dejó las bolsas sobre la mesa. —Cierto que estabas tomando lecciones con ella. ¿Cómo va eso?

—Bastante bien por ser yo tan inútil —respondí y comencé a sacar las cosas de las bolas para ordenar un poco—. Pero todavía no he probado cocinar sola, sin tenerla a ella a mi lado dándome indicaciones —comenté riendo.

Recién entonces me percaté de que estábamos los dos juntos en la cocina de mi departamento conversando de lo más relajados, como buenos amigos, con total naturalidad y soltura. Y me di cuenta de que me sentía muy cómoda así, tanto que estaba sorprendida de mí misma. Quizás, después de todo no era tan mala idea relacionarnos de esta forma, como amigos, como vecinos, como lo que realmente éramos.

Así que no lo pensé demasiado y le dije lo que se me acababa de ocurrir. —Justamente hoy había decidido intentar cocinar algo sola, por eso compré todas estas cosas. ¿Qué te parece si me acompañas y pruebas lo que prepare?

—¿Ahora?

—Sí, quédate a cenar conmigo y de paso me ayudas un poco, o me asistes en caso de que incendie algo —los dos reímos—. ¿Qué dices? ¿Te animas a degustar uno de mis deliciosos manjares?

—De acuerdo, suena divertido —aceptó entusiasmado. Dejó su maletín y su saco en una banqueta, se arremangó la camisa hasta los codos y regresó a mi lado—. Bien, dime, ¿qué quieres que haga?

—Bueno… —pensé por unos instantes qué podía pedirle que hiciera, cuando en realidad ni yo misma sabía por dónde empezar—. Primero lavemos las verduras.

Entre los dos empezamos a lavar. —¿Qué tienes pensado cocinar? —me preguntó.

—Curry con arroz, ¿te gusta?

—Si no usas pimientos, me va a encantar.

—Esta receta no lleva pimientos, así que no te preocupes.

Cuando terminamos de lavar todo, le pedí que pelara unas papas y yo comencé a picar unas cebollas después de poner a cocinar el arroz.

—¿Puedo preguntarte algo? —me dijo mientras se disponía a pelar las papas con tal prolijidad que me dejó impresionada.

—Dime —yo me esforzaba por no llorar con la cebolla.

—¿Sabes si pasa algo entre Neflyte y Lita?

—¡Cierto! —arrojé el cuchillo al diablo al recordar tan importante y delicado asunto—. Casi lo olvido, yo también quería preguntarte si sabías algo, porque Lita no nos quiso contar nada. ¿Sucedió algo entre ellos en el pasado? ¿Fueron novios o algo por el estilo?

—No lo sé, no tengo idea —Darien se mostraba tanto o más ansioso que yo—. Nef tampoco quiso decirme nada, ¡y la intriga me está matando!

—¡A mí también!

—¿Crees que deberíamos hacer algo? ¿Como lo hicimos con Kun y Mina?

—No, no me parece conveniente —respondí un poco más tranquila, creía firmemente que en esta ocasión no debíamos tomarnos nada a la ligera—. Lita es muy especial, puede llegar a enojarse con nosotros y no volver a dirigirnos la palabra nunca más si nos entrometemos demasiado. Dame un poco de tiempo, hablaré con Mina y trataré de averiguar algo.

—Está bien, yo haré lo mismo con Nef —accedió él también más calmado y ambos retomamos nuestras tareas—. Y bien, ¿vas a contarme o no? —me preguntó.

—¿Qué cosa?

—¿Cómo te fue la otra noche? ¿Qué tal estuvo tu "reencuentro"?

Y yo que ya me había olvidado del asunto… —¿En serio quieres saber cómo me fue?

—Claro que sí, me quedé muy intrigado después de todo lo que me dijiste y de verte tan entusiasmada con los preparativos.

—Es cierto, esos días estaba un poco pasada de revoluciones —"y todo por nada" me quejé para mis adentros. Dudé por unos breves segundos si debía o no contarle lo que pasó, pero decidí que no tenía demasiado sentido ocultárselo—. Está bien, te contaré, pero sólo si me prometes que no te burlarás de mí.

—¿Burlarme? ¿Por qué habría de burlarme?

—Porque durante días no he hecho más que llenarme la boca de ridículas frases motivacionales y afirmar sin un mínimo fundamento sólido que me llevaría el mundo por delante y saldría victoriosa en mi conquista.

—¿Y no fue así?

—No.

—¿Qué pasó?

—Está comprometido. Se va a casar… con otra…

—Lo siento.

—Descuida, no fue tan terrible. Al fin de cuentas yo creo que ni se dio por aludido de cuáles era mis verdaderas intenciones. Igualmente nuestro encuentro fue agradable, conversamos un poco, recordamos algunas cosas y cuando me contó sobre su situación, yo…

—¿Te decepcionaste?

—Sí, pero no de él, sino de mí misma.

—¿Por qué?

—Porque me había hecho tantas ilusiones y todo fue en vano. Porque puse tantas expectativas en algo que ni siquiera estoy segura que en realidad deseaba. Y todo por ser una orgullosa, una niña caprichosa que sólo se dedica a perder la cabeza en cientos de fantasías absurdas e irrealizables, para no aceptar la realidad tal como es y no hacerme cargo de que no soy más que una completa estúpida.

—Oye, no digas eso, no seas tan dura contigo.

—Es que estoy muy enojada, muy decepcionada. Me comporté como una tonta, y menos mal que Seiya no se dio cuenta de nada, me habría muerto de vergüenza.

—Bueno, quizás tengas algo de razón —al escucharlo, lo miré enseguida con cierta desconfianza, temiendo que dijera algo hiriente o chocante—. No en que te comportes como tonta, no me refiero a eso, no me malinterpretes —me aclaró antes de que me enojara—. Sino que creo que tal vez te enfocaste tanto en tus expectativas, en cómo deseabas que se dieran las cosas, que perdiste de vista lo que en verdad ocurría frente a ti. Como si tu criterio de realidad se hubiera visto algo… alterado.

—Claro, porque definitivamente estaba delirando —dije con sarcasmo y los dos volvimos a reír—. Puede que haya sido así, incluso he pensado mucho al respecto desde entonces y me he replanteado varias cuestiones. Sobre todo por lo que sucedió después.

—¿Ah, sí? ¿Sucedió algo más? —preguntó curioso—. ¿Qué pasó?

—Conocí al artista más brillante y genial del mundo entero —y suspiré emocionada al recordarlo.

—¿A quién?

—Adivina —dije con una pícara sonrisa.

—No sé, ¿a quién? —Darien se mostraba impaciente.

—No lo vas a poder creer. ¡Diamante Black! —respondí entusiasmada.

—¿Diamante Black? ¿Es un actor?

—¡No! Es un diseñador, el mejor del país. ¿No lo conoces?

—Jamás en mi vida escuché de él.

—Por dios, Darien, ¿acaso vives en un termo? Espérame aquí, enseguida regreso.

Limpié mis manos y fui hasta la sala para buscar unas revistas, aquellas de mi prolífica colección, que había estado leyendo en esos días.

Cuando volví a la cocina le enseñé a Darien algunos artículos donde aparecían fotos de Diamante. —Mira, éste es Diamante Black —él también limpió sus manos y comenzó a hojear la revista—. La forma en que nos conocimos fue tan graciosa, por no decir vergonzosa —comenté muerta de risa—. Chocamos en la calle cuando yo salía del bar y él fue tan caballero conmigo, me ayudó a buscar un taxi y me dio su número para que le avise cuando llegara a casa sana y salva.

—¿Y lo llamaste? —me preguntó sin alzar la vista.

—Le envié un mensaje. Y al día siguiente él me llamó y hablamos muchísimo. Es tan agradable, tan simpático y atento que…

—"Mi vocación es mi pasión y mi desafío siempre han sido los diseños emocionantes" —Darien leyó en voz alta una frase de Diamante en uno de sus reportajes—. "Quiero crear objetos que seduzcan, que generen impacto, pero sin caer en la vulgaridad" —por la cara que puso no parecía agradarle mucho lo que leía—. Vaya, es un poco… ostentoso.

—Es que es una estrella, desprende glamour y elegancia por todos sus poros. Su trabajo es fantástico, tiene mucho talento. ¡Y además es guapísimo! —y volví a suspirar mirando las imágenes de la revista.

—Estas fotos están retocadas —protestó Darien.

—¡No es cierto! —le quité la revista enojada, su tono de voz comenzaba a fastidiarme—. Yo lo vi en vivo y en directo y puedo dar fe de que es tanto o más encantador de lo que se ve en las revistas.

—Más que diseñador, parece un modelo de pasarela —siguió quejándose—. Mira el color de ese traje, es demasiado… llamativo.

—Es que tiene mucho estilo, así son los artistas —yo no dejaba de defender a mi adorado Diamante—. Lo que pasa es que tú no entiendes nada más allá de los números y los cálculos, porque eres un amargado y un odioso de cuarta.

—Y tú eres una enamoradiza de primera.

—¡¿Yo?! ¿Enamoradiza? ¿Por qué lo dices?

—Porque lo eres, estoy seguro de que ya estás fantaseando y haciéndote ilusiones con este sujeto.

—¡Eso no es cierto! ¿En qué te basas para afirmar semejante cosa?

—Vamos, Serena, no lo niegues, es obvio que ahora estás interesada en él.

—Claro que estoy interesada en él, pero no de la forma que tú dices.

—¿Ah, no?

—No, porque yo a Diamante lo admiro por su trabajo, lo he admirado por años, tengo cientos de revistas donde aparecen sus diseños, sus entrevistas…

—Y sus fotografías, porque el sujeto es un galán, y bastante presumido por lo que se ve. Hasta en la portada aparece.

—Eres un… ¡Grosero! —ya no podía ocultar lo furiosa que estaba con sus provocaciones.

Pero el muy bromista echó a reír a carcajadas. —No te enojes, sólo estoy bromeando.

—No eres nada gracioso, ¿sabes?

—Oye, lo siento, no te pongas así —insistió y yo le di vuelta la cara ofendida—. ¿Todavía no te has dado cuenta de que digo estas cosas a propósito? Sólo me divierto haciéndote enojar, pero tú te lo tomas demasiado en serio. Por favor, perdóname, ¿sí?

—¡Ay, es que me sacas de quicio, Darien!

—Lo siento, ¿me perdonas? —y me miró con esos ojitos tan lindos y esa sonrisa tan tierna que no pude resistirme.

—Sí, sí, te perdono. Pero ya déjame en paz, ¿quieres? —dejé la revista a un lado y regresé a la cocina para retomar los preparativos de la cena.

Darien me siguió y se paró a mi lado, apoyándose de espaldas a la mesa con los brazos cruzados y observando lo que hacía. —Y bueno, cuéntame, ¿en qué quedaste con tu nuevo galán? ¿Van a volver a verse o algo?

—No es mi nuevo galán —le respondí molesta sin interrumpir mi tarea—. Y sí, vamos a volver a vernos. Me invitó a una fiesta el próximo fin de semana.

—¿En serio? Vaya, eso sí que fue rápido. ¿Y qué vas a hacer? ¿Irás?

—Por supuesto que iré, soy su fan número uno, no puedo desaprovechar esta oportunidad.

—¿Y volverás a alisarte el cabello? —dijo en tono sarcástico.

—¡Darien!

Él rió divertido. —Lo siento, lo siento.

—No, esta vez es muy diferente —expliqué—, no quiero entusiasmarme demasiado ni considerarlo como una conquista, al menos no por ahora. Prefiero tomármelo con calma, no dejar volar tanto mi imaginación y conocerlo mejor, estar más segura de quién es antes de sacar conclusiones precipitadas. No soportaría otro baldazo de agua fría como el de mi ex.

—Entonces quieres decir que sí estás interesada en él de una manera "romántica" —hizo el gesto de las comillas con los dedos para enfatizar la palabra—, aunque sea un poco.

—Puede ser, pero sólo un poco —admití con franqueza—. Esta vez quiero controlarme, ser más cautelosa y reflexiva de antemano, prevenir cualquier tipo de desilusión. Además es cierto que lo que realmente me atrae de él es su trabajo.

—Si tú lo dices… —otra vez Darien recurría a ese modo arrogante que tanto me irritaba.

—Eres insufrible —le dije con una mirada fulminante.

Él echó a reír otra vez al ver mi expresión. —Pues perdóname la vida —dijo guiñándome un ojo.

Yo puse los ojos en blanco y suspiré resignada, poco a poco comenzaba a acostumbrarme a su particular sentido del humor. —Bueno, ya todo está en marcha —dije después de poner la comida al fuego—. ¿Quieres beber algo? —me acerqué a la nevera para revisarla—. Creo que tenía un vino blanco sin abrir. ¡Sí, aquí está! —dije al encontrarlo.

Darien tomó la botella que yo acababa de sacar de la nevera. —Permíteme —se ofreció a abrirla.

—Todo tuyo —le entregué el destapador y fui hasta las alacenas para buscar unas copas.

Cuando regresé a la barra, donde él estaba, me senté en una de las banquetas a su lado y esperé a que acabara de destapar la botella. —Terminé con Reika —soltó como si nada sin mirarme a la cara.

Yo creí no haberlo escuchado con claridad. —¿Perdón? ¿Qué dijiste?

—Que terminé con Reika —repitió y ahora sí me miró, estaba bastante serio—, ya no salgo más con ella.

Yo entendía cada vez menos. —¿Reika? ¿Quién es Reika? —y finalmente comprendí de lo que estaba hablando—. ¡Ah, tu novia! ¡¿Terminaste con tu novia?! —pregunté sobresaltada.

—No era mi novia —me corrigió.

—¿Pero cómo? ¿Cuándo? ¿Por qué? —yo estaba completamente desconcertada y me estaba costando horrores procesar semejante noticia, más cuando él acababa de anunciármela tan directamente.

Darien se tomó unos cuantos minutos antes de volver a hablar. Sirvió muy lentamente el vino en las copas y yo me moría de la impaciencia por saber más. —Hablé con ella hace poco más de una semana —dijo tras una tensa pausa—, precisamente al día siguiente de nuestra salida con Kun y Mina.

—¿Al siguiente día de nuestra "cita doble"?

—¿"Cita doble"?

—Ocurrencias de Lita, no me hagas caso —¿acaso podía ser más descuidada con mi tremenda bocota?—. ¿Qué pasó? —volví a preguntarle—. ¿Por qué terminaron?

Darien suspiró largamente. No parecía triste ni nada de eso, sino más bien nervioso, hasta un tanto avergonzado por lo que me contaba, al menos tuve esa impresión. —Porque ninguno de los dos tenía intenciones de seguir —respondió—. Pero principalmente terminamos porque… —ahora se rascaba la cabeza—. Digamos que yo… —titubeaba inquieto y evitaba mi mirada—. Bueno, en realidad ella me dijo que… —inspiró hondo y me miró—. Que está interesada en alguien más y que cree que esta vez tiene intenciones de hacer las cosas bien con esa persona, sin nadie que se interponga entre… ellos.

—Vaya… —dije asombrada. No tenía idea de cómo me estaba impactando esta noticia y no sabía qué pensar, qué decir, mucho menos qué sentir.

—Sí, estoy bastante sorprendido, pero es lo que nos pasa —continuó Darien—. Bueno, lo que a ella le pasa —carraspeó nervioso—. Y creo que lo mejor es que no nos involucremos más, que sólo sigamos siendo compañeros de trabajo y nos llevemos bien.

—Comprendo —traté de ordenar un poco las ideas, de no demostrarle lo conmocionada y perpleja que estaba con lo que oía, y también carraspeé nerviosa—. ¿Y cómo te sientes? —pregunté con cierto temor, cualquier cosa que me dijera a partir de ahora sería una verdadera revelación para mí.

—¿Yo? Bien, me siento muy bien —aseguró—. Lo tenía muy en claro desde el principio, lo nuestro sólo era algo pasajero y superficial. Y ella también lo sabía, sin embargo la noto… ¿Cómo decirlo? Confundida, preocupada, hasta algo dispersa.

—Tal vez se esté enamorando de esa persona.

Darien volvió a mirarme a los ojos, pero esta vez lo hizo con tanta determinación en su mirada y su actitud que provocó que los latidos de mi corazón se dispararan a mil revoluciones por segundo. —Tal vez —dijo sin sacarme los ojos de encima.

Yo estaba congelada, paralizada como estatua, totalmente desconcertada. Se había generado una tensión tan fuerte entre los dos, mucho más intensa que en otras ocasiones. Y él no dejaba de mirarme fijamente, con esos ojos tan hermosos que me cautivaban por completo, que hacían que todas mis resistencias se vinieran a pique, dando lugar a tantas emociones que jamás había experimentado con nadie antes.

Estaba prendida de su mirada, no tenía más registro de lo que pasaba a mi alrededor, podía permanecer en este estado por una eternidad, ya no me importaba más nada, sólo él, sus ojos, su presencia, su cercanía.

Pero de repente comencé a sentirme asustada y supe que temía dar rienda sueltas a mis sentimientos y arriesgarme a salir lastimada. Porque no estaba segura de lo que me pasaba, de lo que le pasaría a él, todavía todo era demasiado incierto y confuso para mí.

Entonces esquivé su mirada y bebí apurada de mi copa. Y cuando el silencio y la tensión del ambiente comenzaban a hacerse insoportables, sonó mi teléfono. Atendí enseguida, agradeciendo por dentro a quien fuera que me haya llamado e interrumpió tan incómodo momento, y hablé por unos pocos minutos. Cuando colgué, dejé el celular sobre la barra y volví a beber más vino.

—¿Todo está bien? —me preguntó Darien un tanto preocupado.

Yo lo miré con una amplia sonrisa, por nada en el mundo le demostraría lo inquieta y confundida que me sentía. —Sí, todo bien. Era mi papá consultándome por unos asuntos de trabajo. Yo suelo asesorarlo a veces y él me llama para pedirme que lo ayude. Tengo que ir a verlo en un rato, así que preparemos la mesa para comer y que no se me haga muy tarde —me puse de pie—. ¿Me ayudas? —le pregunté agrandando mi sonrisa.

—Claro.

Por fortuna todo continuó marchando perfectamente bien entre nosotros, la tensión y la incomodidad que se habían generado entre ambos se desvanecieron enseguida.

Preparamos la mesa, comimos, conversamos, reímos. Compartir juntos por primera vez algo tan común y cotidiano como una simple cena, era una experiencia tan divertida y relajante como si lo hubiéramos hecho cientos de veces antes.

De a poco pude volver a sentirme otra vez cómoda y a gusto como al principio, y me daba la impresión de que Darien también se sentía así, que en verdad estaba disfrutando del momento. Y podía percibir en nuestras bromas, nuestras risas, nuestros comentarios, que ninguno de los dos se estaba esforzando ni fingiendo ser agradable con el otro, que no nos costaba tratarnos así y sentirnos bien estando juntos de esta forma.

Como amigos…

.

.

.

El siguiente sábado en la noche, después de alistarme para salir, me dirigí al sitio donde tendría lugar el evento al que Diamante me había invitado.

No quise considerarlo como una cita, esta vez en verdad quería tomarme las cosas con más calma. Por lo tanto decidí no arreglarme demasiado, así que opté por un atuendo sencillo pero formal. Me puse un entallado pantalón negro, una suelta blusita de gasa color violeta, sandalias no muy altas y maquillaje natural. Quería verme bien, pero no despampanante. Para sentirme cómoda, para mostrarme tal cual era.

Un poco -bastante- más tarde de la hora acordada -yo siempre tan 'puntual'-, cuando finalmente llegué al lugar de la fiesta, que era en una famosa discoteca en la zona céntrica de la ciudad, me acerqué a la entrada después de bajar del taxi y me anuncié con el recepcionista.

El hombre hizo una llamada en su celular y en cuestión de unos pocos minutos apareció Diamante. —¡Hola, mi reina! —dijo entusiasmado al verme.

—Hola, Diam… —su efusivo e inesperado abrazo me tomó totalmente por sorpresa.

—Qué alegría volver a verte, preciosa —me dijo al separarnos y me examinó de arriba abajo—. Te ves… bellísima —me aduló seductor.

—Gracias —respondí con timidez y también observé con detenimiento su atuendo. Vestía un elegante traje blanco con unos finos bordados azules en las solapas y zapatos de charol negro y blanco, sin dudas era todo un galán.

—Ven, no perdamos más tiempo y vayamos a la fiesta que acaba de empezar —tomó mi mano y entramos a la disco.

Una vez adentro yo me dispuse a mirar todo a mi alrededor, había muchísima gente, la música era bastante fuerte y luces de diferentes colores resplandecían por todos lados. Hacía muchísimo que no asistía a este tipo de lugares y estaba fascinada con cada cosa que veía.

Caminamos hasta un sector que parecía ser mucho más exclusivo, probablemente se trataría de la sala VIP, y después de que Diamante le dijera algo a uno de los hombres de la entrada que parecía ser un guardia de seguridad, pasamos juntos.

Nos acercamos a la barra donde había un grupo de personas y Diamante me presentó con todos. —Ella es mi querida admiradora secreta, Serena Tsukino.

—Ho… hola —saludé a sus amigos con la mano. Su desbordante efusividad me ponía un poco nerviosa, pero me resultaba muy divertida.

—Bueno, aunque ya no es más secreta —bromeó y me abrazó por los hombros—, ¿verdad, mi reina?

Yo asentí riendo sin saber qué responder, había algo en su modo tan poco convencional de ser que me resultaba un tanto extraño. Es que en verdad se mostraba de una manera muy extravagante y llamativa, lo cual me resultaba muy simpático y digno de mi admiración, era como estar con una verdadera celebridad.

Inmediatamente me invitó una copa de champagne y después de brindar, conversar sobre tonterías y bromear por un buen rato, otro chico se acercó a nosotros. —¡Jovencito! —exclamó Diamante al verlo—. ¿Dónde te habías metido? Quería presentarte a mi nueva musa.

—Hola, gusto en conocerte —me saludó con una leve inclinación.

—Él es mi hermano menor, Zafiro Black —nos presentó Diamante—. Y ella es Serena Tsukino, mi fan número uno, ¿verdad que lo eres, cariño?

—Hola, Zafiro —saludé a su hermano—, el gusto es mío.

—Oye, ¿sabes dónde está el cumpleañero? —le preguntó Diamante—. Hace rato que lo perdí de vista y no lo encuentro por ninguna parte, quiero presentárselo a Serena.

—Creo que lo vi por allá —Zafiro señaló hacia el otro extremo de la sala—, conversando con Esmeralda y los demás.

—Iré a buscarlo, enseguida regreso.

Apenas Diamante se alejó de nosotros, Zafiro se sentó junto a mí. —¿Así que eres su nueva musa? —preguntó riendo.

Desde un principio este chico me dio una muy buena impresión y hasta me llamó la atención lo atractivo que era. Alto, cabello oscuro, ojos azules. Por una mínima fracción de segundos tuve la sensación de conocerlo de antes, pero no le di demasiada importancia. —Eso parece —respondí también riendo—. Creo que está más entusiasmado que yo por habernos conocido.

—Me dijo que te gusta mucho el diseño y tienes ideas muy interesantes, que le gustaría desarrollar algún proyecto contigo.

—Sí, me apasiona el diseño, y admiro muchísimo su trabajo, pero no tengo talento para estas cosas. Ya se lo aclaré mil veces, pero él insiste en que hagamos algo juntos.

—Es increíble que en tan poco tiempo de conocerse hayan congeniado tan bien.

—Sí, es cierto, hemos hablado por teléfono cada día durante toda la semana, y es como si nos conociéramos de toda la vida —Zafiro también se sirvió una copa de champagne después de volver a llenar la mía—. ¿Y tú a qué te dedicas? —le pregunté—. ¿También eres diseñador?

—No, soy abogado —me sorprendió lo que dijo, porque aparentaba ser bastante más joven que yo—, trabajo en el mismo estudio con…

La voz de Diamante, que se acercaba de nuevo a nosotros pero esta vez acompañado de un joven hombre de traje oscuro, nos interrumpió. —Al fin lo encontré —dijo riendo y cuando llegó junto a mí volvió a abrazarme por los hombros—. Ella es Serena —me presentó—, mi admiradora y mi musa personal —¿era necesario que le dijera lo mismo a todo el mundo?

—Encantado de conocerte, Serena —me saludó el sobrio hombre.

—Hola.

Diamante me soltó y se paró a su lado. —Él es Rubeus, mi compañero.

—¿Trabajan juntos? —pregunté curiosa.

—No —respondió Zafiro—, es mi socio, trabajamos juntos en el mismo estudio.

—Ah, entonces eres abogado.

Yo no comprendía demasiado lo que me decían y debí haber puesto una clara expresión de confusión, porque Diamante echó a reír y cruzó miradas con Rubeus, para luego colgarse de su brazo y volver a hablarme. —Rubeus es mi compañero de vida —me explicó—, mi pareja.

Yo entendía cada vez menos. —¿Perdón? —pregunté más confundida. ¿Qué rayos quería decir con "pareja"?

Diamante volvió a reír. —Rubeus y yo somos pareja —repitió con énfasis y yo tuve que hacer un esfuerzo sobrehumano para no sobresaltarme tras semejante revelación, jamás me hubiera imaginado enterarme de algo como esto, jamás siquiera se me había ocurrido algo así. Pero no cabía dudas, me lo estaba diciendo en la cara: ¡Diamante era gay!—. Mi querido hermano nos presentó, él es el principal responsable de todo —bromeó y yo reí nerviosa junto con ellos.

—Vaya, felicidades —no sabía qué decir ni qué hacer para disimular el total estado de shock en el que me encontraba. Así que bebí apurada de mi copa y le pedí a Zafiro que me sirviera más.

—Y esta noche —continuó Diamante— estamos celebrando su cumpleaños, así que ni se te ocurra irte temprano porque tenemos que festejar largo y tendido, ¿de acuerdo? Por él —miró a su amado con una emotiva sonrisa— y por ti, mi reina —volvió a mirarme y me guiñó un ojo.

—¡Feliz cumpleaños, Rubeus! —dije alzando mi copa—. Gracias por invitarme a tu fiesta —y bebí de nuevo.

Enseguida Diamante pidió otra ronda de bebidas y después de brindar entre todos una vez más, la música comenzó a sonar más fuerte todavía. Sin darme tiempo a nada él me quitó la copa, se la entregó a Zafiro y me llevó hasta la pista para invitarme a bailar. Y yo por supuesto acepté encantada.

Y así transcurrió gran parte de la noche. Yo estaba totalmente desinhibida y fuera de control, bailé con todo el mundo, bebí champagne hasta el hartazgo, me divertí como hacía muchísimo tiempo que no lo hacía. Si bien jamás me hubiera esperado que las cosas se dieran de esta forma, al no haberme hecho prácticamente ninguna expectativa sobre Diamante y sus intenciones al invitarme a esta fiesta, no me importaba más nada y no tenía ganas de detenerme a pensar ni reflexionar en absolutamente nada.

Sólo quería divertirme, olvidarme de todos mis problemas, soltar todo el enojo, la frustración y las malas energías que llevaba a cuestas desde hacía tanto tiempo. Y si tenía que descartar a Diamante como un posible candidato a novio o lo que fuera que estaba buscando con desesperación desde hacía semanas, no me desilusionaría ni me rendiría, ni mucho menos permitiría que mis ánimos volvieran a decaer y mis energías se desvanecieran de nuevo.

.

.

.

Algunas horas más tarde, cuando noté que mis pies me estaban matando de dolor por tanto bailar y saltar en la pista junto a Diamante y sus amigos, regresé a la barra para sentarme un momento y descansar un poco.

Zafiro, que estaba en la misma banqueta de la que ni se movió en toda la noche, me observaba y reía divertido. —¿Te encuentras bien? —me preguntó y yo asentí llamando al cantinero para pedirle otra copa de champagne—. No has parado de bailar en toda la noche, ¿no estás cansada?

—¡Estoy exhausta! —respondí dándole un sorbo a mi bebida—. Pero hacía siglos que no me divertía tanto, ¡tu hermano es incansable! —comenté riendo y los dos miramos hacia la pista donde Diamante ahora bailaba con un grupo de chicas—. Y es el centro de la fiesta, todo el mundo lo invita a bailar, hombres, mujeres, ¿su novio no se pone celoso?

—No, lo conoce bien y sabe que tiene complejo de estrella de Hollywood, siempre se comporta así en este tipo de fiestas.

—¿Y tú tienes novio?

—¿Yo? No, no tengo novio.

—¿En serio? Pero me imagino que no te deben faltar candidatos, eres un chico muy guapo, creo que hasta más guapo que tu hermano.

—Bueno, gracias por el cumplido —sin dudas era un chico sumamente agradable, tenía un modo algo tímido y nervioso que me enternecía por completo, y me sentía muy cómoda con él—. ¿Y tú? ¿Tienes novio? —me preguntó. Yo negué con la cabeza y volví a beber—. Es una lástima, eres una chica muy bonita.

—Y muy cabeza hueca —agregué molesta—. Soy tan cabeza hueca que una cabeza hueca como yo jamás volverá a tener un novio en toda su vida —hablaba con cierta dificultad por todo el champagne que tenía encima. Ni yo misma entendía lo que decía.

—¿Por qué dices eso?

—¡Porque soy una cabeza hueca! Una pretenciosa, caprichosa y estúpida cabeza hueca que vive en las nubes, que cree en los cuentos de hadas, que no tiene idea de nada por ser tan cabeza hueca —refunfuñaba arrastrando las palabras, ya me costaba modular con claridad—. ¡No pongas esa cara! —dije riendo al ver la expresión de Zafiro, debe haber pensado que estaba loca—. ¡Sólo estoy bromeando! No me hagas caso, estoy… sólo estoy un poco borracha.

Quise ponerme de pie para volver a llamar al cantinero y me mareé de tal forma que perdí el equilibrio. Estuve a punto de caerme, pero Zafiro logró sostenerme a tiempo. —Serena, ¿estás bien?

Yo estaba muerta de risa, tanto que no podía articular ni una sola palabra más. Enseguida se acercó Diamante, probablemente se había percatado de mi bochornoso estado de ebriedad. —¿Ocurre algo? —preguntó afligido.

—No, sólo está algo pasada de copas —respondió Zafiro—. Creo que debería irse a su casa.

—¡No quiero irme! —protesté—. ¡Quiero seguir bailando!

—Reina, creo que ya has tenido suficiente, mejor vete a casa, ¿sí?

—Pero Diamante… —yo traté de convencerlo recurriendo a mis lastimosos pucheros.

—Hermano, ¿serías tan amable de acompañarla? —le pidió a Zafiro—. Dile a Wiseman que los lleve en el auto, ¿de acuerdo?

—De acuerdo. ¿Vamos, Serena?

—¡No quiero irme! ¡No quiero! —yo intentaba resistirme.

Pero Zafiro llevó mi brazo a su espalda para que me apoyara en él y me abrazó por la cintura para comenzar a caminar juntos y salir de ahí. —Ya deja de protestar, Serena —me regañó—, vámonos.

.

.

.

Durante todo el trayecto de la disco hasta mi casa, yo estuve desparramada contra el respaldo del asiento trasero con la ventanilla totalmente abierta y el frío viento de la madrugada dándome en la cara. Poco a poco se me fue pasando el mareo y podía sentirme mejor. Tenía la mirada perdida en la calle y tarareaba en voz baja una pegadiza canción de ésas que había escuchado y bailado con Diamante momentos antes. Y al recordar de a ratos todo lo que había pasado esa noche, me reía sola a cada instante.

—¿Ya te sientes bien? —me preguntó Zafiro que iba sentado a mi lado. Volteé a verlo y asentí con una sonrisa—. Qué bueno, me tenías bastante preocupado, creí que te desmayarías o que te pasaría algo malo —me tocó la frente y las mejillas con su mano—. Estás helada, Serena, no deberías tomar más frío —y subió el cristal de la ventanilla para que dejara de darme el aire encima. Yo observaba con atención todo lo que hacía y cuando me miró de nuevo le regalé otra sonrisa. Él también sonrió—. ¿Qué pasa? ¿Por qué me miras así? —preguntó un poco avergonzado.

Y de nuevo tuve la impresión de conocerlo de antes. Sus ojos azules, tan dulces y hermosos, su sonrisa de ensueño, tan cálida y tierna, su oscuro cabello, tan… ¡Claro! ¡Ahora entendía todo! ¡Se parecía muchísimo a Darien! O al menos eso creí, pero no sé si fue porque el alcohol había hecho estragos en mi mente y mis pensamientos o tal vez porque estaba mezclando todo por culpa de mis confusos e inciertos sentimientos hacia mi vecino.

Pero al volver a pensar en él, al recordar nuestra última conversación aquella noche que cenamos juntos y me confesó que había terminado con su "novia", sentí una punzante presión en mi pecho y tuve un repentino deseo de llorar. Es que estaba tan confundida, ya no tenía idea de lo que sentía, de lo que quería… Todo se estaba haciendo cada vez más caótico para mí y mis emociones se estaban convirtiendo en algo mucho más profundo que una atracción, en un sentimiento tan fuerte e intenso que jamás había experimentado en mi vida entera.

Y tenía miedo de no saber qué rumbo seguir, de arriesgarme a salir lastimada si tomaba una decisión equivocada, de exponerme demasiado si me dejaba llevar por lo que sentía, de…

—Serena… —la voz de Zafiro me trajo de nuevo en la realidad—. Oye, Serena, creo que ya llegamos —recién entonces me percaté de que el auto se había detenido—. ¿Es aquí donde vives?

Miré hacia afuera y reconocí mi edificio. —Sí, aquí es.

—¿Quieres que te acompañe hasta tu departamento?

—No, descuida, no hace falta. Podré llegar sana y salva, no te preocupes —me enderecé y colgué mi bolso de mi hombro—. Gracias, Señor Whitman, por traerme —le dije al chofer, pero el hombre no me respondió.

Zafiro echó a reír. —No es Whitman, es Wiseman —me corrigió.

—¿Wildman?

—No, Wiseman.

—¿Wolfman?

—¡Wiseman!

—Bueno, no importa. Gracias, Señor Innombrable, por traerme —él hombre asintió sin decir nada y Zafiro no dejaba de reír—. ¿Y tú de qué te ríes tanto?

—De nada, de nada —y se llevó la mano a la boca para tratar de calmarse y contener la risa.

Yo sonreí enternecida, es que era tan adorable… —Eres lindo, Zafiro —le dije con completa sinceridad—. Un chico como tú no debería estar solo, ¿por qué no tienes novio?

—Bueno, digamos que un novio no es precisamente lo que yo…

—¿No me digas que eres de esos sujetos que sólo buscan relaciones pasajeras y superficiales?

—No, no es eso, lo que pasa es que… —parecía algo nervioso, quizás mi pregunta lo habría incomodado—. Tal vez sólo sea que aún no encontré a la persona indicada.

—Pareces ser un chico muy sensible y romántico.

—No lo creo, soy bastante estructurado.

—Eres lindo, Zafiro —insistí con convicción, ya no tenía filtro—, hasta pareces un príncipe. ¡Ya sé! —exclamé al colgarme de su brazo—. ¿No te gustaría ser mi príncipe azul personal?

—¡¿Qué?!

—Es que tienes todo lo que me imagino que debería tener un príncipe encantador —expliqué—. Porque eres guapo, amable, tienes unos ojos muy hermosos, tu sonrisa es adorable y… —me detuve al percatarme de que lo estaba describiendo exactamente igual a como lo veía a Darien—. Lo siento, no me hagas caso, estoy diciendo muchos disparates por culpa del champagne.

—Está bien, no es necesario que te disculpes, me halagan tus cumplidos.

—¡Ay, eres tan lindo! —no pude resistirme más y le di un ruidoso y largo beso en la mejilla, haciéndolo reír de nuevo—. Gracias por traerme a casa, mi príncipe —acaricié su mejilla con suavidad y finalmente bajé del auto—. ¡Adiós!

—Adiós, princesa —me despidió él.

Los dos reímos otra vez, lo saludé con la mano y cerré la puerta. Y recién cuando terminé de entrar al edificio, el auto se alejó.

.

.

.

Mientras subía las escaleras con cierta dificultad, volví a sentir el horrible dolor de pies que me habían causado las largas horas de baile y jolgorio. Así que cuando llegué al primer piso me quité las sandalias y caminé descalza hasta mi puerta sin dejar de tararear la canción que se me había pegado desde la disco.

Y sin poder evitarlo, al caminar por ese pasillo volví a pensar en Darien. Ya no podía negarlo más, me gustaba demasiado, me encantaba todo de él y de nuevo empezaba a preocuparme, a temer llegar a enamorarme de verdad y que él no me correspondiera. Y repasaba en mi mente todo lo que me dijo días antes y volvía a dudar, pero por más que me obstinara en sacármelo de la cabeza, no había manera de conseguirlo.

Todo se estaba volviendo muy peligroso e incierto, tomando un rumbo que probablemente no tendría retorno, y yo estaba cada vez más asustada. Ya no entendía más nada de lo que me pasaba, no lograba comprender con claridad lo que sentía, no sabía si era capaz de continuar así, de contener mis emociones por más tiempo sin hacer algo al respecto.

Una vez que llegué a mi departamento apoyé mi frente en la puerta y permanecí así por unos instantes. Me daba cuenta de que cientos de preguntas se imponían en mi mente e infinidad de emociones encontradas se removían en mi interior. Estaba totalmente perdida y desorientada, y pensaba que cuando volviera a verlo se me iba a hacer muy difícil ocultar o disimular lo que me pasaba, porque mis sentimientos, mis profundos sentimientos se estaban haciendo cada vez más incontenibles.

Solté un pesado suspiro y justo antes de entrar, oí una puerta que se abría a mis espaldas. Y sentí que el corazón se me paralizaba cuando reconocí su voz. —Serena…


Ayyyy… Qué pasará? Qué pasará?! De nuevo dejé todo en un "bendito" misterio… Muajaja…!

Bueno, antes de despedirme dejo a continuación las respuestas a sus rws:

-leidy flourite: bueno, como habrás leído, hay cero chances de lemon con Diamante… lo hice uke al muchacho! ja! sobre Lita y Nef sabremos algo más adelante, porque a partir de ahora me voy a enfocar más en los protagonistas, tienen que venir los verdaderos violines tristes -al menos los primeros…– lo del compromiso del ex y la revelación de Diamante es sólo anecdótico, el baldazo de agua fría posta aún no llega! adoro tus rws nena! me haces reír muchísimo y además me encanta que te compenetres tanto con esta locura, disfruto mucho de eso! así que gracias :)

-yssareyes48: Diamante no resultó ser un psicópata aunque sí está "casado", ja! pero Serena se lo tomó bastante bien, porque sólo tiene a Darien en su cabeza y en su corazoncito…

-Miriam Ortiz: a Serena también le salió mal lo de Diamante, aunque no le afectó demasiado por suerte. sobre lo de Lita sabremos algo más adelante. y Darien… bueno, Darien pareciera que muy poquito a poco está empezando a aflojar…

-FERSERENITY: ya se aclaró el asunto de la "novia" de Darien, y no hubo embarazo! igualmente sabremos más al respecto en el siguiente cap. por lo pronto hoy pudimos ver que ya se está dando cuenta de que siente algo por Serena, veremos si hay algún avance o no a partir de ahora…

-Mary Barrientos: me alegra que disfrutaras del cap! y espero que el de hoy también te haya gustado.

-Ana: yo también tengo revolucionadas mis emociones, no sabés cuánto! jaja! bueno, por más "plan amigos" que plantee Darien, ya se le está notando que le pasan cosas con Serena. y la pobre tampoco pudo concretar con su galán Diamante, se está haciendo algo difícil! ja! sobre las otras parejitas sabremos más cosas más adelante.

-romi: las cosas con Diamante no prosperaron como imaginábamos, pero al menos se hicieron buenos amigos. y Darien pareciera que empezó a reconocer que siente algo por Serena…

-C-ELF: la tercera no fue la vencida! es que esta Serena es la excepción a todas las reglas, jaja! no pega una! vamos a ver cómo le irá con Darien a partir de ahora…

-kaguya: Serena no tuvo mejor suerte con Diamante, pero al menos se divirtió en la fiesta! y parece que se está calmando un poco con eso de buscarse novio con tanta desesperación, porque ya se le están haciendo más fuertes sus sentimientos hacia Darien. hay que ver si se anima o no a demostrárselo…

-Carlita: el nuevo, guapo y decidido galán tampoco está disponible… pero Serena ya está un poco más calmadita, ahora hay que ver qué hará Darien, si alguno se animará a avanzar o no… sabía que te alegraría lo de Lita y Neflyte! sobre ellos sabremos más cosas más adelante.

-Marisol: después de la desilusión con su ex, a Serena le pasó algo similar con Diamante, sólo que por suerte no le impactó tan mal! y a Darien parece que ya no le sale muy bien lo del plan amigo, ya que ha demostrado que está sintiendo algo más por ella…

-Maria paolini: lo del tercer galán tampoco prosperó, y la intriga continua! ja! y Darien con sus provocaciones y bromas hacia Serena está dejando ver sus incipientes celos…

-Bepevikn: bueno, con Diamante las cosas no prosperaron, pero parece que a Darien sí le molestó un poquito lo que Serena le contó, y además demostró que algo pareces estar empezando a sentir por ella… y sobre Lita y Nef sabremos algo más adelante.

-Paty: creo que el de hoy también fue un cap bien intenso, espero que te haya gustado!

Bueno gente linda, esto ha sido todo por hoy!

Agradezco una vez más a quienes me siguen y comentan cap a cap, y espero que sigan haciéndolo, todo lo que comparten conmigo me anima a seguir escribiendo, así que sus comentarios como siempre son totalmente bienvenidos!

Espero con ansias su reviews!

Besotototes per tutti…

Bell.-