¿Saben? Tienen razón, no hemos hablado de Hiccup. Supongo que tiene mucho que decir, ¿no? Y otro tipo de música a escuchar. Así, que, sí, que suene la música.

Fior di latte, Phoenix.

The picture on your phone

Could do so much wrong

But we'll take it don't worry

And I know it already

Para empezar, es cierto. No es culpa de Hiccup meterse en tantos problemas. En serio, puede que parezca que sí lo es, y puede que para Astrid todo esto sea su culpa, que es un engreído, un sujeto egoísta, pero nada mas lejos de la realidad. Solo era un chico que trataba, por todos los medios, que el accidente no le afectara tanto como lo había hecho antes. Y es que nadie lo sabía (bueno, solo su perro pitbull, Toothless) pero el perder su pierna fue...

Fue un golpe demasiado duro.

Lo fue desde que vio por primera vez su muñón en la cama del hospital, después despertar de un coma de una semana, adolorido, apenas pudiendo hablar. Incluso cuando le dieron el alta y volvió a su casa, no quiso probarse la pierna nueva, es mas, no salía de entre las cobijas, no quería hablar ni pasar tiempo con nadie mas que con Toothless. Él también había estado en la camioneta esa noche, aunque afortunadamente no hubo secuelas más que una patita rota, aunque dicha patita no había curado adecuadamente (no ver a Hiccup hizo que Toothless se estresara un poco mas, la ultima vez que lo había visto estaba medio muerto) por lo que su pata izquierda trasera cojeaba un poco a cada paso.

Sin embargo algo bueno había pasado de todo esto: sus padres dejaron de pelear. Su madre dejó de hacerle la ley del hielo a su padre y su padre empezó a dejar de llegar tan tarde, el verlos convivir mas, como antes, le había ayudado un poco. Eso y dibujar, dibujar le había ayudado bastante a distraerse, a sentirse lo suficientemente listo como para tomar el consejo de Gobber (y de su doctor) de ir a terapia. Al principio fue difícil, dolió bastante, hubo algunas lagrimas de por medio... Pero todo había valido la pena.

Claro, la gente empezó a tratarlo un poco distinto. Algunos con condescendencia, otros con miedo, pero después de un tiempo, todo volvió a una extraña normalidad, una bastante interesante, en la que se había vuelto... popular. Al principio él mismo no lo notó, tampoco es como que le importara demasiado, vamos, que no era tan malo, las chicas ya eran un poco así cuando se reemplazó las gafas de pasta por lentes de contacto, y cuando cambió su corte de cabello a uno que hacía que su cabello se viera un poco mas desalineado que de costumbre (cosa que, al parecer le gustaba a las chicas, no tanto así a su madre, que insistía en peinarle el cabello, que era una causa perdida), o cuando se volvió mas alto que la media, (lo notó en el momento en el que sus pies empezaron a sobresalir de su cama, o en el momento en el que su ropa empezó a dejar de quedarle, sus pantalones que antes eran demasiado largos para él, ahora le quedaban como pantalones pesqueros)... sí, estaba al tanto de que la pubertad le había golpeado fuerte, un día simplemente despertó y ya estaba así.

En serio, no se dio cuenta, nunca lo notó hasta que un buen día, giró su cabeza unos treinta grados, muy poco en realidad, solo desvió ligeramente la mirada, cuando lo notó.

On

We're meant to get it on

We're meant to get it on

We're meant to get it on

Astrid estaba molesta. Desvió los ojos otro poco, y con ello, observó como Ruffnut lo veía como esos pastelitos que daban en la cafetería los viernes, y del como Heather se reía de la expresión de la rubia, al verlo rodeado de chicas. Notó esa misma mirada cuando la gente empezó a felicitarlo de sobre manera al ganar el torneo de ajedrez, y cuando se volvió el mejor promedio de la escuela. Notó que estaba siendo popular y eso la estaba molestando...

El problema es que no entendía porqué.

Fior di latte, fior di latte

Throw your weight around behind me

Fior di latte, fior di latte

Don't think about it, trigger me happy

Al contrario de Astrid, a Hiccup le gustaba hablar de Astrid. No lo hacía mucho, claro, no era un obsesivo, sin embargo, le gustaba hablar de ella, busca hablarle siempre que puede. La razón es sencilla: la quiere. La quiere desde que estaban en preescolar, bueno, desde preescolar le agrada, Astrid siempre ha sido bonita, bonita y mil veces lo opuesto a lo que él era. De carácter fuerte, muy fuerte incluso para ser una niña, una líder nata y bastante enfocada en lo que quería; era obvio que ella iba a estar mil veces por encima de él. Antes incluso él dudaba que ella supiera de su existencia, seguro que, aunque Berk era un pueblo un poco pequeño, y que su tío y su padre eran parte del mismo club de pesca, no sabía ni su nombre. Ella jamás había posado sus ojos en él mas de treinta segundos, ella jamás había notado su presencia en las gradas en cada partido, ni su verde mirada al verla en los pasillos, o en las clases que tenían juntos...

All other acts are for idiots

Come on come on come and provide it

Let's be quiet and wrap it up

Give me your fior di latte

Hasta que ella empezó a notarlo prácticamente a la fuerza. Cuando él le quitó cosas que ella había logrado por años en unos cuantos días, hasta que sus amigas no pararon de hablar al respecto, hasta que todo el mundo empezó a, repentinamente, quererlo.

Él no era ningún tonto, sabía que ella lo odiaba, sabía que lo evitaba, lo notaba en los huesos. Le dolía un poco, y le molestaba a él también, ¡no tenía la culpa de todo esto! En serio que no, esto no era su culpa; con el tiempo se fue dando cuenta de eso, que no soportaba simplemente no agradarle, ¿cómo era posible que le agradara a todos, incluso a Snotlout (bueno, no, no tanto, pero por lo menos el sujeto ya no lo golpeaba como en la primaria) y a ella no? Tenía que haber una mejor razón que la de haberle robado la popularidad de golpe, ¿cierto? Ella no podía ser tan superficial. Ella no era como esas animadoras de las películas, aunque, de hecho, se veía como una.

Las has visto cientos de veces, en todas las películas para adolescentes de ayer y hoy. Seguro que la semana pasada ha salido una de esas películas, y en dicha película, la villana es la rubia, la rubia y engreída capitana de animadoras. La que buscaba hacerle la vida imposible a la chica protagonista, la misma chica fría e inalcanzable, orgullosa, irritante a veces, con un estatus quo marcado, con complejo de villana; chica material a veces, con una insana obsesión por el color rosa, con el maquillaje, con el mariscal de campo y con ser cruel con literalmente cualquier forma humana que estuviera en la escuela. Bueno, Astrid no es así.

Es decir, sí, es fría, calculadora, orgullosa y agresiva la mayoría de las veces. Pero no era una chica material y vestía de otros colores que no eran rosa. Hasta donde sabía, Eret no le atraía en lo mas mínimo, no odiaba a ninguna chica, es mas, la había observado defender a mas de una de algún abusivo. Sí, se maquillaba, pero su vida no giraba en torno a lo que estaba usando, tenía amigas y a pesar de que se notaba que Ruffnut la sacaba de sus casillas, nunca la trataba como si fuera menos o boba. Sí, era severa, estricta, pero solo con su equipo, en especial ahora que quería ganar el campeonato regional de animadoras. Según lo que le contaba su padre, a ella le gustaba pasar tiempo con su tío, era el tipo de chica que no le molestaba romperse las uñas. Ser popular no significaba que ella descuidara sus estudios o algo similar, era muy estudiosa, se veía que le importaba su promedio, el entrar a la universidad. Su mal genio no era siempre, era algo que le aseguraba Tuffnut después de sus practicas.

Solo lo expresaba con él, al parecer. Con él y su continua reacción al estrés.

De hecho, su mal genio era lo que a él le gustaba. Por muy increíble que pareciera. A muchos les espantaba que ella fuera tan directa, tan dura y tan irritable; a él no. Le parecía incluso mas atractivo que su físico, su temple ante los problemas era algo que admiraba, admiraba lo extrañamente fuerte que era a pesar de su complexión, adoraba su inflexibilidad y su capacidad de decir "no", porque, vamos, a él le costaba trabajo decirlo incluso después de tanto tiempo. Él era bueno dirigiendo, sí, pero era demasiado permisivo, ella, por su parte, lograba que todo se hiciera a su modo, bien y a tiempo. Seguro que a ella no le habría costado tanto trabajo procesar lo de la pierna. Ella siempre encontraba la solución para todo, siempre.

My story's too long

Not that exciting, a mourning city

But there's no seasons in LA

Oh no! No you're not on your own

Just a minute alone would do

Su ambición lo cautivaba todo el tiempo, eso y forma de aterrizar cuando la lanzaban por los aires. Su terapeuta le había aconsejado dibujar todo lo que le gustara, y en cuanto se lo dijo, él empezó a dibujar a Toothless y a Astrid. Cuando se aburría en las clases, la miraba discretamente (lo mas discretamente que podía) y la dibujaba, trazaba su perfil en la ventana, admirando como la luz a través de esta acariciaba la piel de la chica, volvía el color de sus ojos un poco mas claro, y como su cabello rubio se volvía mas platinado y brillante. Copiaba la perfección su gesto aburrido o concentrado, la forma en la que sus pestañas rodeaban sus ojos, rizadas, enarcando su mirada, el ligero sonrojo por la piel expuesta a la luz solar, su piel perfecta, sus uñas perfectamente cuidadas y filosas al mismo tiempo cuando ella recargaba la mejilla en una de sus manos. Sus labios eran todo un tema aparte, era una de las cosas que no podía evitar mirar y prestarle mas atención de la que debería. Siempre hidratados, nunca secos, sin piel muerta, rosas, carnosos, pero no demasiado; a veces los entreabría y dejaba ver sus dientes blancos, otras los fruncía momentáneamente... cielos, adoraba cuando el profesor Viggo (Su némesis jurado), ponía problemas difíciles, porque ella mordía su labio inferior y entrecerraba los ojos, completamente concentrada. Cuando tenía el cabello suelto, lo peinaba con los dedos y lo acomodaba todo de un lado, cuando estaba sostenido por una trenza, apartaba los mechones rebeldes de su rostro y los colocaba detrás de su oreja, a veces solo soplaba para quitarlos fuera del camino...

Cuando menos se daba cuenta, ya estaba completamente girado en su pupitre admirándola. A veces ella lo notaba de reojo y cuando estaba a punto de girarse él disimulaba y volvía la atención a sus libros, ella fruncía momentáneamente el ceño y volvía a la clase. Hiccup tardaba un poco en volver a admirarla, trazaba en ese tiempo, todo lo que había visto y cuando no estaba seguro de cualquier detalle, volvía su atención a ella.

A little bit of disrespect could be

Another way to break the ordinary

It's all too fancy, no it's not for me

No more bragging already

Till you got something to say

De acuerdo, estaría mintiendo si dijera que su cuerpo no le llamaba la atención. Claro que lo hacía. Le gustaba en especial con su uniforme de animadora, le gustaba que fuera ajustado y que ella se viera tan cómoda con él, le gustaba como ese tono de azul le beneficiaba en la piel, le gustaba que resaltara su cintura pequeña, le gustaban sus largas piernas debajo de su falda, siempre ha querido comprobar lo suaves que eran, recorrerlas con sus manos callosas; era un pervertido, sí, lo sabía, se regañaba a sí mismo por el hecho, especialmente cuando ella se agachaba y...

Su trasero parecía un corazón al revés. En serio, lo había visto tantas veces que la forma se le había quedado en su memoria, grabado con fuego. Era inevitable verlo, inevitable no notarlo...

Lamentaba las veces en las que, cuando la dibujaba a cuerpo completo, prestaba mas atención a esa parte y a sus caderas. Se sentía como un sucio pervertido, seguro que si ella se enteraba no dudaría en colgarlo de los tobillos de la portería de fútbol.

Recordaba haber pensado adormilado, con calor, mientras la veía marchar: podría poner mi cara ahí. Ni bien lo pensó, sacudió la cabeza, alarmado, esperando no haberlo dicho en voz alta. Se alivió al ver que no y se dispuso a guardar sus cosas, recordando la visión que había tenido.

Podría enterrar mi cara y hacer "brr"...

¡No! ¡¿QUÉ?!

Pero creánle, la decisión de haberla escogido para ayudarlo en el evento de la beneficiencia no tiene nada que ver con lo cautivado que lo tenía. Para nada. En realidad lo hizo porque, una vez que empezó con la planeación, se dio cuenta de que no tenía ni idea de qué hacer, ni si lo que estaba haciendo estaba bien, ni los números de los proveedores, ni nada de nada. No solo eso, sino su ceño fruncido, la forma en la que apretaba los puños, y su frustración...

Quizá esto era importante para ella. Y para él también. La clínica veterinaria de su madre había recibido bastantes reportes de gatos sin hogar, y empataba con el evento; era la oportunidad perfecta para ayudarlos, el problema era, claro está, que no sabía como empezar. Eso y quería ser justo con ella, Astrid había planeado los eventos todos los años, era obvio que ella debía saber mas de esto. Mucho mas.

Además, esta era una oportunidad para limar asperezas. Seguro que sí, bueno, quizá no saldrían en una cita o algo similar, pero, vamos, seguro que se podía ser amigo de ella, ¿qué no? Debía haber algo que tuvieran en común, lo que sea. Algo. Por lo menos la música o... algo.

"NO me agradas. NO quiero ser tu amiga. NO pienso pasar más de dos horas contigo, NO pienso llegar a casa tan tarde, NO voy a ayudarte a hacer las decoraciones, nos veremos siempre a las tres de la tarde, después de mis prácticas, si llegas tarde, me largo y JAMÁS pienso volver a ayudarte en algo, ¿entendiste?"

¿De qué se habla con Astrid Hofferson? Bueno, si eres Hiccup Haddock todo es mas difícil. Como unas cien veces mas difícil que si fueras un ser humano normal, Astrid lo evitaba en serio, a veces de forma demasiado cortante e infantil que lo sacaba de sus casillas. Intentaba ser lo mas amable que podía, ser paciente, sin embargo no sabía como, pero ella siempre lograba derribar todo eso, Hiccup se consideraba una persona razonable, bastante tolerante...

Y eso lo estaba volviendo loco.

Sabía que estaba mal, que era incorrecto, él no era así. No era una persona de retos, ni mucho menos estaba para rogarle a una muy arrogante animadora, Gobber mismo se lo había dicho, tal vez lo mejor era no prenderse de ella. No obstante, él notaba algo distinto, ella le rechazaba demasiado rápido, debía haber algo...

Estaba pensando como Snotlout. Sí, lo sabía. Aunque esto no eran las fantasías de Snotlout, no. Esto era real, lo había visto cuando la atrapó, antes de que se desnucara con una de las sillas del salón de música. No pudo ser el único en verlo, en ver sus mejillas sonrojadas, que no pudieron ser producto del calor, en sus ojos brillantes, que le observaban de la misma forma en la que él la estaba mirando, con intensidad, su respiración entrecortada... tenía que haber algo. Claro que esto podía ser una imaginación suya, lo tenía en cuenta, sin embargo, tenía la esperanza de que esto fuera real.

Si fuera una imaginación suya, esto hubiera sido mucho mas fácil. Como diez veces mas fácil.

.

Hey.

Se removió entre las cobijas, soñoliento, siendo despertado por el sonido. La voz volvió a llamarle, de la misma manera seductora en la que le había hablado antes (y como nunca antes le había hablado), un poco mas alto esta vez. Abrió los ojos, lentamente, alzando muy poco su cabeza, estaba en su habitación, era sábado por la mañana (creo), nadie mas que Toothless debía estar en su cuarto. Además la voz sonaba demasiado suave y tersa como para ser de su padre, y su tono no era uno que se asemejara al cariño de su madre...

Oh, Dioses, ella estaba ahí.

Astrid estaba ahí, recargada en su escritorio. Las manos apoyadas en la superficie de este, el torso ligeramente hacía adelante, le daba la cara, llevaba el cabello en una coleta baja; él bajó la mirada, tomando nota de los pompones en sus manos y en su uniforme de animadora, el cual se conservaba igual que antes, salvo que la falda era un poco mas corta, le permitía ver la mitad de sus muslos ahora, las calcetas, sin embargo, eran un poco mas largas, que le llegaba al muslo y apretaba un poco, haciendo que la piel sobresaliera un poco. Ella se veía relajada, muy relajada, jamás la había visto así, por lo menos no creyó que algo así fuera posible con él cerca.

Hasta la luz de la mañana se veía diferente, muy brillante, todo estaba silencioso, ni siquiera los gallos lo habían despertado. No despegó su mirada de ella, no buscó inconsistencias y no se preguntó qué es lo que ella estaba haciendo ahí, ni como había entrado, ni porque se veía tan bella en ese momento... bueno, Astrid siempre era bella, pero en este caso, ella se veía radiante.

Hola.lo saludó, cruzando ligeramente las piernas, el movimiento no pasó desapercibido por sus ojos verdes. Buenos días.canturreó, alegre, notó que iba descalza. Antes de que él pudiera hablar, ella continuó.Quería sorprenderte y por eso llegué un poco mas temprano.dijo meneando un poco las caderas, él no podía despegar su mirada de ellas.Espero no te moleste.agregó, fingiendo preocupación.

Hiccup negó con la cabeza.N-no,claro que...la vio sentarse en su escritorio, con un movimiento rápido y ágil.No.repitió, haciéndola sonreír.

También... estoy usando esto porque te gusta mucho verme con él.señaló su uniforme. Hiccup sintió que las mejillas empezaban a picarle como si alguien le enterrara alfileres en las mejillas, eso y la acumulación de sangre en un lugar en donde no debería acumularse la sangre en este momento.Apuesto que quieres quitármelo tu mismo, ¿cierto?

¿Qué?

¿O quieres que lo lleve puesto?abrió ligeramente sus piernas. Ah, no, no, no, no.Puedo montarte llevándolo puesto. esto no podía ser real, era demasiado perfecto para ser cierto.¿Quieres arruinarlo cuando termines?

Ah...

Ven.le pidió, balanceando un poco sus piernas. Hiccup lo hizo, no sabía como pero ya tenía la pierna de metal puesta, y eso que él jamás dormía con ella. Se acercó con cuidado, temiendo que ella se desvaneciera en sus manos. La escuchó gemir, por extraño que parezca; permitió que ella le tocara, que recorriera con sus pequeñas manos su torso, bajando lentamente hasta sus pantalones. Tragó saliva. Vas a llegar tarde...

¿Eh?

Ella lo tocó por encima de la tela.

Levántate, vas a llegar tarde...

¿A dónde?jadeó, disfrutando de su toque.

Hiccup, arriba, ya es tarde...

— ¿Qué...?

Algo húmedo, con aliento a comida de perro lo hizo abrir los ojos de verdad. Su madre tocaba la puerta con insistencia.

— ¡Hiccup! ¡Arriba! ¡Vas a llegar tarde! ¡Astrid debe estar esperándote!

Fior di latte, fior di latte

Throw your weight around behind me

Fior di latte, fior di latte

Don't think about it, trigger me happy

Asustado, en medio de las lamidas de Toothless, observó el escritorio. Todo estaba normal, tal y como lo había dejado en la noche; suspiró, apartó a Toothless y se llevó las manos a la cara, rayos, había sido un sueño. Un muy buen sueño, de hecho. Eso explicaba la luz en su cuarto, explicaba bastante bien que nada en él se veía tan borroso como siempre y explicaba la forma tan normal con la que le había hablado, explicaba su falda corta, explicaba el verla tan ansiosa, su modo seductor tan irreal que daba miedo. Explicaba también porque nada de ese sueño tenía sentido.

Diablos, casi.

Se sentía sucio, él no debería siquiera pensar en ella de esa manera, no debería tener fantasías de ese tipo con ella. Era irrespetuoso, sumamente grosero, ¿cómo ella le miraría después de todo eso? Cielos, seguro que ella sentiría asco de tenerlo cerca si ella se llegaba a enterar de que a él lo volvía loco su uniforme...

Ella no tiene que saber que quiero hacer un desastre en su uniforme...

— ¡Hiccup! ¿¡Ya estás despierto!?

Ni sentir sus muslos en mi cara otra vez...

— Sí, mamá.— ah, casi olvidaba a su mamá que seguía tocando la puerta en un intento de despertarlo.— Estoy despierto...— muy despierto al parecer, lo notaba por el bulto entre las sabanas. Agh. Bien, la ducha de hoy será con agua fría.

Estaría mintiendo si no dijera que estaba molesto por no saber como terminaba el sueño. Pero también estaba aliviado de no saberlo. Era mejor no saberlo, era mil veces mejor no saberlo, si lo supiera seguro que hoy no podría ni mirarla a la cara.

Hoy irían al almacén del pueblo vecino. Van a comprar las cosas que faltan para el siguiente sábado, vasos, algunas decoraciones... pasarían gran parte del día juntos. Esperaba. Realmente esperaba eso, por lo menos esperaba que ella fuera un poco mas amable esta vez, es decir, ya no estaban en la escuela, no había porque seguir el estatus que la escuela le había asignado.

Soltó el aire. A por esa ducha.

Fuera de todo lo aparatoso que fue el accidente, lograron salvar la pick up vieja. Fue un proyecto personal para Gobber y para él, él mismo buscó las piezas y la recuperó, su un aspecto importante para su terapia junto con dibujar. Si la pick up negra estaba bien, él podía estar bien.

Recordaba haber pensado eso entre lagrimas, viendo el cárter del motor estando abajo del auto, manchado de grasa y apretando los dientes.

Claro, la camioneta era ruidosa, pero siempre lo había sido. Fuera del ruido fuerte del motor, todo funcionaba bien, hasta la radio y la calefacción. Manejar lo tranquilizaba bastante, le gustaba concentrarse en cambiar las velocidades conforme al terreno, sentir la velocidad, el rugido del motor.

Astrid no vivía muy lejos, era de las primeras casas que se encontraban en la carretera que llevaba al rancho de los Haddock. La casa de la rubia, a diferencia de su enorme granja, era pequeña, de tipo americano con porche al frente y una vieja mecedora, de un color azul suave y con las protecciones de blanco. No había necesidad de que fuera mas grande, solo vivían ella y su tío.

Se estacionó frente a la casa, tomó aire y apagó el auto. Salió de la camioneta, hacía frio, como todas las mañanas en Berk, así el sol estuviera dándolo todo con sus rayos cálidos, Berk era un pedazo de tierra frio y húmedo. Tocó la puerta y se preparó, seguro que ella lo miraría como poca cosa aunque había llegado un poco mas temprano, seguro que le reclamaría por llegar temprano.

No pasó, porque el que le abrió fue Finn Hofferson. El tío de Astrid.

— ¡Hiccup!— lo saludó con alegría. Finn era un sujeto alegre, pero igual de poco tolerante como su sobrina.— ¡Hola, muchacho! Pasa, pasa...— lo invitó a pasar, Hiccup todavía sin haber tenido la oportunidad de decir nada.— Astrid me dijo que vendrías.— cerró la puerta tras de sí. Finn era un hombre alto, le sacaba unos centímetros a Hiccup. Todos en Berk tenían la altura de auténticos vikingos, en serio.

— Oh, sí, nosotros vamos a...

— No le agradas mucho.— apuntó el hombre, Hiccup asintió. Sí, él también sabía eso.— Ella está arriba, ¿por qué no subes a verla?

— ¿Subir?— ¿estaba hablando completamente en serio? Seguro que sí, por la forma en la que lo miraba, sabía por parte de Snotlout que Finn Hofferson era el hombre mas sobre-protector del planeta. Enterró una de sus uñas en el dorso de una de sus manos, solo para asegurarse de que no estaba soñando.— ¿A su habitación?

— Claro. No hay riesgo. Ella te detesta y yo tengo la lasagna en el horno. — no solo eso, Hiccup era el chico mas decente de todos los chicos de Berk. No solo eso, era todo lo opuesto que le gustaba a su sobrina.— Ve, ya debe estar lista.

Aún dudando, subió las estrechas escaleras, lleno de fotos de Astrid, el preescolar, la primaria, la secundaria, la preparatoria... un espejo. El nuevo ami-enemigo de Hiccup, el espejo en el pasillo de la casa de Astrid. Enemigo porque este espejo daba justamente a la habitación de Astrid, era un espejo recto, un rectángulo alargado con un marco lleno de adornos, inocente en un principio. Sin embargo, mientras mas subía, mejor podía ver el reflejo en este. Uno que le hizo detenerse en el ultimo escalón, congelado. Amigo, por la vista que le estaba dando.

El cuarto de Astrid era como el de cualquier adolescente, posters de artistas, un color neutro, un poco desordenado (no tanto como su habitación), la cama hecha, tonos morados en todo el lugar, un tocador de madera oscuro y... Astrid maquillándose recargada sobre él. Hasta ahí bien, ¿no?

El problema estaba en que ella no llevaba mas que una blusa blanca y bragas... rojas. Claro. Tenían que ser rojas. Y claro, ella tenía que estar en esta posición. Por supuesto que este espejo le iba dar una vista clara de su trasero...

Cielos, es verdad, incluso así parece un corazón al revés.

All other acts are for idiots

Come on come on come and provide it

Let's be quiet and wrap it up

Give me your fior di latte

Ella estaba totalmente concentrada en que las lineas en el rabillo de sus ojos quedaran simétricas y en que resaltaran sus hermosos ojos, tal vez por eso no lo había visto. Eso o los dioses finalmente lo estaban ayudando a no ser brutalmente golpeado. No sabía si eso era algo bueno o si era una especie de castigo,pero por todos los dioses...

Se estremeció cuando ella terminó y colocó el lápiz de color en el tocador, para luego posar sus manos en las caderas. Sabía que estaba mal, muy mal, que estaba dando asco con esto, pero...

A ella le pareció ver algo en el espejo del pasillo. Hiccup inmediatamente se pegó a la pared frente a él, tratando de aprovechar el lado ciego de esa pared. Hiperventiló, la con los ojos fijos en el espejo mientras ella escudriñaba con la mirada el reflejo.

Por favor, por favor, no camines hasta aquí...

Volvió a girarse, encogiéndose de hombros. Hiccup respiró hondo, antes de, despacio, sin hacer ruido, caminar escaleras abajo. El corazón en un puño, cielos santo... una vez estuvo en la planta baja, entró en pánico al ver al tío de Astrid en el sofá, leyendo el periódico, muy tranquilo; cuando el hombre lo escuchó volver, alzó la vista y quiso preguntar:

— ¿Ella está...?

— ¿Puedo usar su baño? ¿Sí? ¡Gracias!— agradeció antes de correr como rayo al baño, cerrando la puerta detrás de sí. Recargó su espalda en la puerta, el corazón le taladraba los oídos, temblaba, las mejillas estaban rojas. Relajate, Haddock, relajate... calma, calma... No pienses en eso, no... No...

Que bien le queda el color rojo, dioses, podría dibujar... No, no, no. Corrió hasta el lavabo y arrojó agua fría en la cara, sentía sus pantalones ligeramente mas ajustados, así que arrojó aún mas agua. Tan blancas, suaves... ¿cómo se verían después de unas buenas nal...? ¡QUÉ NO!

Iba a abofetearse, iba a hacerlo si su libido no se callaba de una buena vez. Respiró hondo, pensando en cualquier cosa que no fuera lo que había visto. Repasó la lista de las compras, repasó en su mente las fotos de los gatitos a adoptar...

Astrid bajó las escaleras, ahora con unos jeans y una chamarra de mezclilla, así como un bolso en el hombro, su tío la miró con una ceja levantada.

— ¿Hiccup no ha llegado?— preguntó la rubia, mirando la hora en su teléfono. Si no había llegado, entonces el muy idiota iba tarde.

— Sí, ¿no lo viste? Subió a tu habitación.— respondió su tío. La rubia hizo una cara de confusión antes de escuchar que la puerta del baño se abría, dando paso a Hiccup Haddock, sonriente.— Ahí está, ¿todo bien, muchacho?

Astrid lo miró: desalineado, encorvado, nervioso... un pensamiento la abordó: ¿hace cuanto que subió?

La sombra.

Mirón pervertido...— ¿Hace cuanto llegaste?— lo tomó del cuello de la chaqueta, para sorpresa de su tío, quien, a pesar de eso, no hizo para para apaciguar a su sobrina. Momento de pánico, Hiccup, momento de pánico...— ¡Responde! ¿¡Subiste a mi habitación!?

Hiccup negó con la cabeza. Rápido, piensa algo, piensa, piensa...— No, no, solo subí... las escaleras.— dijo, nervioso, tratando de conservar la calma, de no quebrarse y de quitarse la hermosa imagen de su trasero de su mente.— Me quedé respondiendo mensajes, luego bajé... al baño...

Astrid entrecerró los ojos, le miró por un par de segundos, no le parecía que mintiera, cuando ella era agresiva, Hiccup solía temerle.— Jamás vuelvas a subir a mi habitación, ¿¡oíste!?

— Astrid, preciosa, fui yo el que le pidió subir.— intervino Finn. Astrid se giró ahora para posar su mirada asesina sobre su tío.— Tenía que sacar la lasagna del horno, ¡esta vez no se me iba a quemar, corazón!

Bien, bien...— Lo siento.— murmuró Hiccup, una vez el agarre de la rubia se aflojó un poco.

Astrid rodó los ojos.— Cállate.— lo soltó, antes de ir a una de las mesitas de café donde se encontraban las llaves.— Iremos a Caldera Clay, compraremos unas cosas... Vuelvo pronto.— agregó para su tío, sonriendo, él asintió, antes de mirar a Hiccup.

— Cuídala bien muchacho... y no lo asustes demasiado, Astrid.

La rubia chasqueó la lengua. — Trataré.

We're meant to get it on


Asi es, dos fics actualizados el mismo día. No es que esté de racha, es que me atrasé con las fechas.

Esto se está volviendo mas clichoso, y se pondrá más, lo prometo.