Hola querida gente del mio cuore!
Yo aquí estoy de regreso, después de unos cuantos días de ausencia, compartiendo con uds un nuevo cap para continuar avanzando en el desarrollo de esta amada locura mía.
Así que lxs invito a leer el ONCE en paz y les pido que por favor me cuenten qué les pareció!
Todos los personajes pertenecen a su autora Naoko Takeuchi, yo sólo los tomé prestados.
Abajito me despido,
Bell.-
:: Capítulo Once ::
Una tarde, mis mejores amigas y yo nos encontrábamos distribuidas alrededor de la mesita de la sala del departamento de Lita conversando de todo un poco. Era la primera vez en mucho tiempo que las tres coincidíamos en una misma ocasión para merendar juntas y ponernos al corriente con lo que acontecía en nuestras vidas.
Mientras yo me ocupaba de servir un poco de té para todas y por su parte Lita acomodaba unas masitas dulces en unos platos, Mina nos relataba entusiasmada sobre sus planes para festejar los dos primeros meses de noviazgo que había cumplido con Kunzite.
Estaba simplemente radiante, feliz, y nos contaba sobre sus preparativos con lujo de detalles, aunque algunas cosas no las tenía del todo claras porque su adorado novio le estaba organizando una sorpresa especial para celebrar con ella.
—¿Ya pasaron dos meses? —dije yo sorprendida.
—Sí, es increíble cómo vuela el tiempo —dijo Mina con un nostálgico suspiro—. Para mí es como si hubiera sido ayer cuando tuvimos nuestra primera cita y yo le declaré mi amor y él también me confesó sus sentimientos y después fuimos a su casa y por horas y horas estuvimos…
—Bueno, bueno, bueno —la interrumpió Lita—. No queremos detalles, por favor, contrólate un poco, ¿quieres?
—¡Es que estoy tan enamorada! —exclamó ella con exageración—. Cada día lo amo más y más, porque es tan dulce, tan romántico, tan… sexy… ¡Ay, me vuelve loca, chicas! No se imaginan cómo me…
—¡Mina, por dios!
—Me mima —aclaró antes de que Lita la matara—, iba a decir cómo me mima y me consiente, nada más. Aunque bueno, también es muy… apasionado —dijo con una risita pícara.
Lita puso los ojos en blanco. —Ay, Mina, eres el colmo.
—¿Y saben cómo me llama últimamente? —preguntó haciéndose la misteriosa.
—¿Cómo? —pregunté yo.
—Adivinen.
—No sé, ¿"mi amor"? ¿"mi cielo"? ¿"mi alma gemela"? ¿"mi cucuruchito"? ¿"mi peor es nada"?
—¡No, no, no! Eres tan poco creativa a veces, Serena… —me reprochó—. Me llama Venus.
—¿Venus?
—Sí, Venus, porque soy su diosa del amor —y volvió a suspirar emocionada—. ¿No es divino? ¡Ay, lo amo tanto, chicas! ¡Tanto, tanto, tanto!
Yo tenía muy en claro que ella no estaba alardeando al decirnos estas cosas ni nada de eso, sino que en verdad era muy feliz al compartir con nosotras todo lo que vivía con su amado Kun y lo estupendamente bien que marchaban las cosas entre ellos.
Pero al mismo tiempo era consciente de que todo lo que nos contaba en cierto punto me causaba un poco de celos. Y algo ella debió percibir, y no sólo en mí, sino además en la actitud de Lita, ya que ella también se estaba comportando muy extraña recientemente.
—Oigan, ¿por qué esas caras largas? —nos regañó Mina—. Últimamente las dos están muy raras y ya me tienen cansada. Así que vamos, hablen, cuéntele a la diosa del amor qué les anda pasando y yo les daré mis sabios y útiles consejos —pero ninguna de las dos articuló palabra alguna—. ¡Vamos, desembuchen de una vez que me ponen nerviosa!
Yo inspiré para reunir valor y animarme a contarles todo por fin, creyendo que como siempre Lita no iba a querer decirnos nada. Pero justo cuando estaba a punto de abrir la boca para empezar a hablar sobre lo que me pasaba, ella se me adelantó. —Neflyte me hizo una propuesta —soltó como si nada y enseguida se metió una masita a la boca.
—¡¿Qué?! —gritamos Mina y yo.
Las dos sabíamos muy bien que Lita estaba rarísima desde la llegada de Nef a la ciudad. Pero como ella era tan reservada y especial a la hora de compartir cosas personales o íntimas con nosotras, nos tuvimos que aguantar la intriga por mucho tiempo para respetarla, para no atosigarla a preguntas y arriesgarnos a hacerla enfurecer. Sin embargo ahora lo mencionaba sin que se lo pidiéramos, así que estábamos desesperadas y muertas de curiosidad por saber más. Pero debíamos ser muy cautelosas.
—¿Acaso… —dijo Mina temerosa— te propuso… matrimonio?
—No seas ridícula, Mina, no me propuso matrimonio —la regañó Lita y comió otra masita.
—¿Entonces? —dije yo—. ¿Qué fue lo que te propuso?
—Que seamos socios —respondió un poco más tranquila—, que trabajemos juntos y que ampliemos el negocio —ahora bebía un poco de té y de nuevo se quedaba callada. Mina y yo cruzamos miradas, era evidente que las dos estábamos muy impacientes, pero no teníamos que desaprovechar esta oportunidad para saber lo que le estaba pasando a nuestra hermética amiga.
—Lita —volvió a hablar Mina—, ¿podrías ampliarnos un poquito más el panorama?
—Creo que ni Mina ni yo entendemos mucho lo que nos estás diciendo.
Lita suspiró largamente y dejó su taza sobre la mesita. —Yo soy pastelera y él es chocolatero, si nos asociamos el negocio puede crecer considerablemente —explicó—. Así que en un principio tuve muy en cuenta su propuesta, pero ahora…
Hacía tantas pausas a medida que hablaba que nos estaba volviendo locas. —¿Ahora…
—Mientras más lo pienso, más indecisa estoy sobre qué debo responderle.
—¿Por qué no te sientes segura? —dijo Mina—. Tú sueles ser muy objetiva y pragmática a la hora de hacer negocios, jamás tuviste problemas con eso.
—Lo sé, y si se tratara de cualquier otra persona no lo duraría ni un segundo. Pero él… Al ser él quien me lo pide no es lo mismo, no es tan sencillo tomar una decisión.
—¿Por qué? ¿Qué pasa con él? —pregunté yo.
—¿Acaso tú y Nef… —preguntó Mina—. ¿Alguna vez ustedes… tuvieron algo? —era muy peligroso preguntárselo tan directamente, pero a esta altura saber lo que ocurría ya era un asunto de vida o muerte para nosotras.
Lita otra vez demoraba en responder. —Cuando estudiábamos en la escuela de gastronomía, Neflyte y yo éramos… —¡por dios! ¿por qué tanto suspenso? ¡esta chica era exasperante, ni con un tirabuzón podíamos sacarle información!—. Éramos rivales.
—¿Rivales? —repetimos decepcionadas.
—Bueno, en realidad él decía eso todo el tiempo, porque siempre fue muy competitivo y nunca pudo superarme en las prácticas —explicó Lita—. Y a mí jamás me cayó bien por eso, porque siempre fue muy engreído, muy ambicioso. También era el don juan de la escuela, se hacía el galán con todas nuestras compañeras, hasta con algunas profesoras, un verdadero fastidio. Pero en realidad era pura apariencia, porque jamás le conocí una novia. Igual yo no le daba demasiada importancia, mis intereses pasaban por otro lado, por estudiar, aprender, perfeccionar mis habilidades. Hasta que un día, después de graduarnos…
—¿Qué pasó?
—Poco después de nuestra graduación, yo… Yo sufrí una horrible desilusión.
—¡¿Con Nef?!
—No, con él no.
—¿Entonces con quién?
—Con uno de mis profesores —Mina y yo nos miramos de nuevo y recordamos que una vez Lita nos contó que tuvo un amor imposible en aquella época, pero sólo lo mencionó una vez y no creímos que lo dijera en serio, porque nunca más nos volvió a hablar del asunto—. Yo me enamoré de él desde el primer día de clases —continuó—. Era tan profesional y talentoso, y a la vez tan modesto y reservado, muy diferente a los demás, tenía todo lo que a mí siempre me había gustado de un hombre y me enamoré con locura.
—¿Y alguna vez sucedió algo entre ustedes?
—No, porque como yo no quería causarle problemas si intentaba seducirlo o algo por el estilo, ya que las relaciones entre docentes y alumnos estaban prohibidas, lo amé en silencio durante toda la carrera. Con la convicción de que le diría todo una vez que me graduara, cuando no habría ningún impedimento para hacerlo.
—¿Y qué fue lo que pasó? ¿Por qué te desilusionaste?
—¿Te rechazó?
—No, jamás llegué a decirle nada, él nunca se enteró de lo que sentía por él.
—¿Pero cómo… —preguntó Mina—. No lo entiendo, ¿qué sucedió entonces?
Lita suspiró una vez más y respondió. —Un día pasé por la escuela para buscarlo después de clases y pedirle que hablemos, estaba completamente decidida a decirle lo que me pasaba, a confesarle mis sentimientos, estaba dispuesta a todo. Pero cuando llegué a su despacho y estaba a punto de golpear su puerta, él abrió antes de que lo hiciera y…
—¿Y…?
—Salió de la oficina acompañado de una mujer… embarazada.
—¡Ay, no! —las dos nos llevamos las manos al pecho. Era una terrible y desgarradora historia de amor la que nuestra querida amiga nos estaba relatando y estábamos muy conmocionadas con lo que escuchábamos.
—Tenía esposa y estaba esperando un hijo con ella —dijo Lita.
—¿Y qué hiciste cuando los viste?
—Los saludé amablemente y seguí de largo, haciendo de cuenta que nos cruzamos de pura casualidad. Él ni sospechó qué hacía yo ahí, tampoco me lo preguntó.
—¿Y entonces?
—Salí a uno de los patios y creí que no había nadie cerca. Me senté en un rincón bien alejado y lloré desconsolada por no sé cuánto tiempo. Estaba destrozada, me sentía la mujer más… ilusa y patética del mundo, estaba tan decepcionada de mí misma… ¿Cómo no me había dado cuenta antes? ¿Cómo pude llegar a pensar que alguien tan increíble como él iba a estar solo? ¿Cómo pude ser tan ciega y estúpida?
—Lo siento mucho, Lita —dije conmovida.
—¿Y Nef? —volvió a preguntar Mina—. ¿Él qué tiene que ver con todo esto?
—Ese día Neflyte también había ido a la escuela para hacer unos trámites y tuve tanta buena suerte que me vio llorando en el patio.
—¿No me digas que se burló de ti o algo parecido?
—No, nada de eso. Al contrario, me abrazó para consolarme, me dejó llorar en sus brazos por largo rato para que me desahogara todo lo que necesitara. Fue muy respetuoso y considerado, ni siquiera me preguntó por qué me encontraba en ese estado, simplemente me contuvo y me acompañó en silencio. Y después…
—¿Después…?
—Después me dijo que él sabía lo que me pasaba, por eso no me preguntó nada, porque ya se había dado cuenta hacía bastante tiempo que yo estaba interesada en nuestro profesor. Y me explicó que por eso nunca se había animado a decirme la verdad… que él… que en realidad él estaba…
—¡Por dios, Lita! ¿Qué fue lo que te dijo? —exclamó Mina impaciente—. ¡Ya suéltalo o me va a dar un ataque!
—¿Te dijo que te ama? —pregunté yo creyendo adivinar que de eso se trataba. Y efectivamente así había sido, Lita lo confirmó asintiendo con la cabeza.
—¡Oh, por dios! —dijo Mina—. ¿Y qué hiciste?
—Lo rechacé, por supuesto —las dos la miramos horrorizadas—. ¿Y qué esperaban que hiciera? ¿Que lo aceptara por despecho? ¿Que optara por quedarme con él como si fuera un premio consuelo? —se excusó enojada—. Además ni siquiera me caía bien, todo lo contrario, no lo soportaba, no lo aguantaba. Es más, creo que todavía hasta ahora me sigue cayendo un poco mal. Porque es tan estrafalario, histriónico, siempre quiere llamar la atención, hacerse el simpático, el artista.
—Pero es un chico muy agradable, a mí me cae tan bien.
—A mí también, creo que mi cuñado es un chico muy lindo.
—Pero es un payaso —protestó Lita cruzándose de brazos.
—Pobrecito, le rompiste el corazón.
—¡Yo no hice nada!
—¿Y bien? Continúa, ¿qué ocurrió después? —intervine antes de que estas dos empezaran a pelear.
—Bueno —siguió recordando Lita—, después me contó que había decidido ir a estudiar al extranjero para hacer una especialización en repostería. Que se había propuesto esforzarse para ser el mejor y que una vez que lo lograra regresaría para buscarme, prometió que lo haría.
Mina casi pegó un salto de la emoción. —¿En serio eso dijo? ¿Entonces por eso volvió? ¿Por eso te propuso asociarse contigo? ¿Porque quiere reconquistarte?
—Nunca me conquistó en primer lugar —la cortó Lita molesta— y honestamente no tengo idea de por qué regresó, si tiene o no intenciones de cumplir con aquella promesa. Por un tiempo estuvimos comunicándonos por correo, él me mantenía al tanto de todo lo que hacía y también me preguntaba por mis cosas, pero yo no le contaba nada de mí. Y hasta que un día directamente dejé de responderle.
—Eres tan insensible…
Lita ignoró la acusación de Mina. —Y ahora que ya está de vuelta y hemos retomado contacto, aún no ha mencionado nada respecto a su promesa o a por qué regresó, sólo me sugirió su idea de trabajar conmigo, y eso fue todo —concluyó—. Pero lo que a mí en realidad me preocupa es que si acepto su propuesta y emprendemos este proyecto juntos, las cosas se pueden llegar a poner confusas otra vez y, no sé… No sé qué hacer, qué decirle.
—Yo opino que deberías considerar tus prioridades —le aconsejó Mina—, decidir en función de lo que es importante para ti.
—Y mi mayor prioridad siempre fue mi carrera, mi trabajo, poder prosperar profesionalmente.
—¿Pero por qué siempre sola? ¿Por qué no te arriesgas e intentas hacerlo con alguien más? Una persona que comparta contigo los mismos gustos, los mismos intereses, los mismos objetivos. Alguien que te ayude a ampliar tu perspectiva de las cosas con nuevas ideas, con nuevos aportes, con nuevas energías. Para poder agrandar tu propio negocio, crecer, prosperar. ¿Y quién mejor que un colega como Nef para llevar a cabo todo eso?
—Sí, entiendo tu punto, y por momentos lo considero de la misma forma. Pero me preocupa que él tenga otras intenciones, que se confunda o interprete de una manera que no es el hecho de que yo acepte emprender todo esto con él, que…
—Basta, Lita, ya déjate de excusas —la interrumpió Mina—. Es obvio que lo que a ti te pasa es que aún te aferras al recuerdo de aquel amor ideal, aquel hombre perfecto que admiraste y amaste tanto y que te rompió el corazón. Pero tienes que entender que esa historia ya pasó, que quedó atrás, y que si continúas así, sin soltar esos recuerdos, esos viejos sentimientos, jamás podrás volver a sentirte bien, jamás te atreverás a darte otra oportunidad con alguien nuevo.
—Pero yo no quiero tener nada con nadie, mucho menos con alguien como Neflyte. Yo estoy muy bien así, muy tranquila, dedicándome a mi trabajo sin nadie que me robe el sueño.
—Bueno, quizás para ti aún es mucho pensar en un nuevo amor, pero al menos considéralo como un socio, como un buen amigo. Yo estoy segura de que él es una muy buena persona, que podrán hacer un gran trabajo juntos.
—No lo sé —dijo Lita dubitativa—, todavía tengo que pensarlo un poco más antes de darle una respuesta —suspiró una vez más y tras una larga pausa volvió a hablar—. Pero en realidad les he contado todo esto sólo para que después no me echen en cara que nunca les digo nada. Así que ahora… —me miró fijamente a los ojos con actitud desafiante— es tu turno, Serenita.
—¿Qué? ¿Yo? —quise hacerme la desentendida—. ¿Mi turno de qué? ¿Para qué?
—No te hagas más la distraída, Serena. Hace semanas que estás actuando muy extraña y es hora de que nos digas lo que te sucede.
—¿A mí? —dije simulando sorpresa—. Pues no me pasa nada, ¿de qué estás hablando?
—Lita tiene razón, amiga —intervino Mina—, ya deja de hacerte la misteriosa y dinos la verdad. ¿En qué andas últimamente? ¿Qué pasa contigo? ¿Por qué nos tienes tan al margen de tu vida, de tus cosas?
—Bueno… yo… en realidad…
Las chicas tenían mucha razón. Hacía rato que estaba algo dispersa y bastante confundida. Si bien seguía sosteniendo mi rutina con total normalidad, mi trabajo, mi relación con mis amigos, mi familia, y todo continuaba muy tranquilo y normal, todavía no les había contado sobre lo que viví las últimas semanas, porque necesitaba aclarar mis ideas yo sola. Y como ellas estaban muy metidas en sus cosas, aparentemente no sospechan nada, o al menos eso creía.
—Lo que me pasa es que… —se me hacía muy difícil escaparme de ésta—. Es que últimamente estoy con algunos problemas de dinero y eso me tiene un poco preocupada —dije lo primero que se me vino a la cabeza.
—¿Problemas de dinero? —preguntó Mina poco convencida—. Si en tu trabajo todo está bien, ¿o no? Kun me contó que ya pasaste el período de prueba y que te contrató de forma permanente.
—Sí, el trabajo está perfecto y yo estoy más que agradecida con él y su decisión de contratarme de manera definitiva —expliqué—. Pero el salario que acordamos, si bien es justo por el trabajo que hago, es mucho menor del que ganaba en mi empleo anterior y ya no me está alcanzando para cubrir mis gastos básicos.
—Entonces pídele un aumento, trata de llegar a un nuevo arreglo —sugirió Mina—. Sabes que él es muy flexible en ese sentido.
—Sí, puede ser. Estoy pensando en algunas opciones, ya veré qué hacer.
—Pero no es sólo eso lo que te sucede, ¿cierto? —adivinó Lita. Sin dudas ya no tenía más escapatoria—. Vamos, Serena, ya deja de ocultarnos la verdad, sabes que con nosotras no puedes disimular nada bien cuando algo te pasa.
—Es que… bueno… lo que pasa… —titubeé como estúpida tratando de evitar responderles—. La verdad es que yo…
—¡Ya suéltalo de una vez, por favor! —reaccionó Mina—. ¿Qué te anda pasando, amiga? Estamos muy preocupadas por ti.
—Está bien, les contaré —accedí suspirando y decidí decirles al menos una parte de la verdad—. Estoy… Conocí a alguien.
—¡¿Qué?! —gritaron al unísono.
—¿Conociste a un hombre? —preguntó Mina asombrada y yo asentí un poco avergonzada—. ¿Pero cómo? ¿Cuándo? ¿Quién? ¡Por dios, Serena! ¡¿Por qué nunca nos dijiste nada?!
—Porque no ha pasado nada entre nosotros —quise evadirme—, sólo somos buenos amigos y nos vemos de vez en cuando y…
—¿Quién es él? —insistió—. ¿Dónde lo conociste? ¿Es guapo? ¿Es soltero? ¿Crees que pueda interesarse en ti? ¿Te gusta? ¿Has hecho algún movimiento? ¿Será que pueda convertirse en tu novio algún día?
—Es el hermano de Diamante.
—¡¿Y qué más?! —dijo desesperada.
—Y nada más, somos amigos, eso es todo.
—Eso no es todo, no mientas.
—Bueno —esta mujer era demasiado perspicaz, no se le escapaba nada—, una vez me dijo que yo le gusto.
—¡¿En serio?!
—Sí, sólo lo dijo una vez y después de eso no volvió a demostrarme más nada, aunque… —en realidad Zafiro sí me demostraba su especial interés en mí, sólo que era muy discreto—. Bueno, me llama casi a diario, me invita a salir, me trata muy bien. Pero yo me siento muy cómoda así, no sé si quiero que las cosas cambien entre nosotros, si estoy dispuesta a tener otro tipo de relación con él.
—¿Por qué no? —preguntó Mina—. ¿Acaso no era eso lo que querías? ¿Conocer a una persona especial y enamorarte? ¿Alguien que te importe y se preocupe por ti? ¿Que te cuide y te deje cuidarlo? ¿Que te consuele cuando estés triste? ¿Que te haga reír cuando estés aburrida? ¿Que aguante tu mal carácter? ¿Que le guste lo que cocines para él? ¿Y todas esas cosas que siempre repites y ya me sé de memoria?
—Sí, eso es lo que quiero, y él reúne todos esos 'requisitos' pero…
—¿No me digas que es casado? —dijo horrorizada—. ¿O es que tiene novia? O peor aún, ¿también es gay? ¿como su hermano?
—No, no es gay —respondí riendo al recordar que yo también había pensado igual que ella—. Y está soltero.
—Entonces no te entiendo, Serena, ¿por qué no quieres que sea tu novio? Es justo lo que estabas buscando, ¿o no?
—Sí, teóricamente sí, pero…
—¿Y Darien? —preguntó Lita.
—Él no… Darien no… —me desanimé un poco al pensar en él—. Ya no estoy más interesada en Darien —dije con pesar.
—¿Por qué no?
—Porque él no piensa igual que yo respecto a cuestiones amorosas —respondí con un nuevo suspiro—. Y sobre todo porque me dejó bien en claro que ahora no quiere tener nada serio con nadie. Así que sólo somos amigos, nada más que amigos —concluí.
Hicimos una larga pausa. El ambiente entre nosotras se puso un poco tenso. Había un insoportable aire de velorio, se instaló un silencio interminable, y Lita y yo teníamos la mirada baja.
—Ay, chicas, me sacan de quicio con sus dudas y sus rodeos sin fin. ¿Qué quieren que les diga? —exclamó Mina molesta—. Si siguen así van a terminar solas y amargadas —Lita y yo la miramos con ojos enormes—. No pongan esa cara de espanto, saben que tengo mucha razón —enfatizó—. Así que escúchenme muy bien las dos: Arriésguense por lo que quieren, luchen por lo que desean, digan que sí sin miedo, sin remordimientos. Aunque estén inseguras, aunque todo parezca incierto y difícil. Porque si no se animan a hacerlo por querer evitar que les pase algo malo, si nunca lo intentan jamás nada les pasará. Y lo que es peor, después se arrepentirán por no haberlo intentado.
Lita quiso calmarla. —Oye, Mina, me parece que…
—¡No te parece que nada! —la cortó furiosa—. ¡O me hacen caso o dejo de llamarme la diosa del amor! ¡He dicho!
Pero Mina tenía razón, yo debía tomar una decisión de una buena vez por todas.
Y después de esta conversación, creí tener por fin la determinación y firmeza necesarias como para elegir lo que realmente me hacía falta en este particular momento de mi vida.
.
.
.
Una tarde, ya casi anocheciendo, yo acababa de regresar de hacer unas compras después del trabajo y estaba en la entrada de mi edificio intentando encontrar mis llaves en mi bolso. Tenía cientos de cosas encima y se me hacía muy difícil buscarlas así. Pero no soltaba nada y estaba haciendo un verdadero escándalo mientras sacudía todo en el aire y maldecía entre dientes. Una escena prácticamente cotidiana para mí.
Y tal y como me pasó muchas veces antes, sin que me diera cuenta alguien se acercó y abrió la puerta. Y cuando alcé la vista para ver quién era, reconocí esa amable y tierna sonrisa que hacía varios días no veía. —Hola, vecina —me saludó Darien.
Ésta era la primera vez en mucho tiempo que nos encontrábamos a solas. Ya que desde aquel desafortunado incidente del beso y mi inoportuna confesión, y de que jamás volviéramos a hablar al respecto y aclarar tan complicado asunto, seguimos interactuando lo justo y necesario, pero siempre acompañados de nuestros amigos.
—Hola, vecino —lo saludé gentil. Él enseguida tomó mis bolsas para ayudarme. —Muchas gracias —abrí más la puerta y pasamos los dos.
—¿Has estado de compras? —me preguntó al referirse a los paquetes que cargaba mientras subíamos las escaleras.
—Así es.
—¿Vas a cocinar? ¿Esperas visitas esta noche?
No respondí. Esforzándome por controlarme y mostrarme indiferente ante sus posibles provocaciones, ésas que a estas alturas ya no me resultaban muy divertidas que digamos.
Cuando cruzamos el pasillo y llegamos a mi departamento, nos detuvimos. —Gracias por tu ayuda, Darien —quise tomar de nuevo mis bolsas.
Pero él no me dejó —Permíteme llevarlas hasta la cocina —Se ofreció.
—No es necesario, puedo hacerlo sola —insistí.
—Están muy pesadas, yo las llevaré —insistió él.
—Pero Darien…
—Vamos, déjame ayudarte.
Yo siempre me consideré una persona obstinada, pero este chico me superaba y con creces. —Está bien, pasa —accedí al fin y lo dejé entrar.
—¿Y bien? No me respondiste, ¿qué vas a cocinar? —siguió con su interrogatorio mientras atravesábamos la sala—. ¿Con qué receta vas a experimentar hoy… —pero se detuvo de repente al notar algo diferente a su alrededor—. ¿Qué pasó aquí? —preguntó desconcertado. Yo de nuevo no respondía y seguí caminando apurada hasta la cocina. Darien me siguió—. Oye, Serena, ¿qué pasó en tu sala? —volvió a preguntarme cuando me alcanzó—. ¿Hay menos muebles que antes o es idea mía?
—Sí, hay menos muebles, menos cosas —respondí con naturalidad y le quité algunas bolsas para comenzar a ordenar las compras.
—¿Por qué?
—Los vendí.
—¿Los vendiste?
—Sí, tuve que hacerlo —no estaba segura si decirle o no el verdadero motivo—, porque necesitaba el dinero. Y también porque… —pero opté por decírselo igualmente, no tenía mucho sentido ocultarlo—. Porque voy a mudarme.
—¡¿Qué?!
—Tengo algunos problemas financieros últimamente —expliqué—. La renta de este departamento es muy cara como para costearla con mi salario actual y además ya me gasté todos mis ahorros. Así que lo pensé bastante y he decidido que lo mejor para mí ahora es irme de aquí.
—¿Pero cuándo te irás? ¿Adónde? —aunque quisiera disimularlo, era muy evidente que la noticia no le había impactado del todo bien.
Yo no dejaba de ordenar las cosas, me incomodaba mucho tener que darle explicaciones. —Aún tengo que hacer unos cuantos trámites, todavía estoy…
—¿Regresarás a lo de tus padres?
—No —respondí enseguida—. No, no. No iré a lo de mis padres —tenía algunos problemas de dinero, pero no eran para tanto—. Rentaré otro departamento, uno que se ajuste más a mi presupuesto. He estado viendo muchos durante estas semanas y ya encontré uno que queda cerca del consultorio de Kun y de la cafetería de Lita. Así que podré ir caminando a mi trabajo y visitarlas a las chicas con más frecuencia, entonces…
—Vaya, qué… —Darien pareció superar su sorpresa con la novedad y se dispuso a ayudarme a ordenar las cosas de las compras—. Qué inesperada noticia.
—Sí, no fue una decisión fácil —continué—. Pero por suerte Zafiro me ayudó mucho. Él entiende mejor que yo sobre contratos y esas cosas, porque es abogado y además conoce a algunos corredores inmobiliarios de confianza que me asesoraron mucho y…
—¿Zafiro es abogado? —me preguntó curioso.
—Sí.
—¿No me digas? —su actitud cambió automáticamente. Ahora recurría a ese modo arrogante y soberbio que a mí tanto me fastidiaba—. ¿Y cómo marchan las cosas con él? Parece que ha habido avances interesantes entre ustedes, ¿o me equivoco?
Inspiré hondo para no exasperarme y responder airosa. —Pues la verdad es que somos buenos amigos.
—¿Buenos amigos? —preguntó riendo—. Vamos, Serena, eso no te lo creo. He visto muchas veces la cara que pones cuando recibes un mensaje suyo o hablan por teléfono.
¿Cómo podía ser posible que Darien viera mi cara cuando Zafiro me llamaba? ¿Si las pocas veces que lo hizo y yo estaba con él, siempre me alejé para hablar con reserva y no aparentar que se lo refregaba por la cara o algo por el estilo? Yo era escandalosa y arrebatada, pero jamás haría una cosa así a propósito. —¿Ah, sí? —dije con soltura—. ¿Y qué cara se supone que pongo cuando él me llama?
Él parecía disfrutar tanto de estas provocaciones… —Cara de… ¿Cómo definirla? ¿Alegría?
—Por supuesto que me alegro mucho cada vez que él se comunica conmigo o nos reunimos —y francamente así era—. Porque como te dije recién, nosotros somos muy buenos amigos y además…
—Serena, por favor, no me mientas —me interrumpió riendo más—, estás saliendo con ese sujeto, es obvio que lo haces. Es más, hoy vas a cocinar para él, ¿verdad? Zafiro Black, el brillante y prestigioso abogado con el que sales vendrá a cenar contigo esta noche, ¿cierto? —dijo en tono desafiante.
Volví a inspirar profundo antes de responder. Si quería provocarme, no tenía que darle con el gusto. —Sí, es cierto. Lo invité a cenar esta noche porque quiero agradecerle por toda la ayuda que me brindó en estas semanas para buscar un nuevo departamento y también porque…
—Y veo que has elegido un delicioso vino para la ocasión —volvió a interrumpirme al examinar la botella que sacó de una de las bolsas—. Si mal no recuerdo creo que una vez yo te invité una copa de este mismo vino, cuando todavía te comportabas como una vecina simpática y amable conmigo —dijo con sarcasmo.
Ya no pude soportarlo más. —¿Qué te pasa? —pregunté enojada—. ¿Por qué dices todas estas cosas de repente?
Él echó a reír de nuevo. —Sólo estoy bromeando.
—No, Darien, esta vez estás siendo bastante agresivo con tus bromas y no me están causando nada de gracia —dije más enojada—. ¿Por qué reaccionas así? ¿Por qué tienes esta actitud tan chocante y provocadora de golpe? ¿Por qué eres tan grosero conmigo? ¿Por qué actúas…
—Porque estoy celoso —respondió con firmeza.
—Pues ése no me parece un motivo suficiente como para ser tan odioso y maleducado cuando yo no hice nada malo y encima de todo… —me callé al recapacitar sobre lo que acababa de oír—. Espera. ¿Qué dijiste?
—Nada, no dije nada —y siguió ocupándose de las bolsas.
—¿Dijiste que estás celoso? —no podía creerlo, pero no había vuelta que darle, ciertamente ésas fueron las palabras que salieron de su boca—. ¿Eso dijiste? ¿Estás celoso de Zafiro? —no sabía si exasperarme más o alegrarme o asustarme—. ¿De qué rayos estás hablando?
—No dije nada, Serena —repitió molesto. Soltó las cosas y las bolsas de mala gana, y comenzó a caminar con prisa para salir de la cocina.
Yo fui tras él. —Oye, ¿qué te pasa?
—Lo siento, tengo que irme —respondió sin dejar de caminar.
—Pero Darien, espera —quise detenerlo—, dime por qué…
—Espero que tengas una bonita y romántica velada, vecina —dijo con una fingida y enorme sonrisa antes de salir de mi departamento—. Buenas noches —se despidió al dar por terminada la conversación y se fue golpeando la puerta tras de sí.
.
.
.
Esa noche, tal y como se lo comenté a mi querido vecino, recibí la tan ansiada visita de Zafiro. Por fortuna y gracias a mi inmensa fuerza de voluntad pude olvidarme del incomprensible encuentro e intercambio de ideas que tuve con Darien. Y me dispuse a concentrarme en los preparativos de la comida y de disfrutar de la velada con mi invitado especial sin ningún problema.
Compartir juntos una vez más algo tan común y corriente como una simple cena, era una experiencia sumamente agradable y relajante para mí, y creo que para él también, como si lo hubiéramos hecho siempre. Porque con Zafiro podía sentirme tan cómoda y a gusto como si lo conociera de toda la vida. Él siempre era muy respetuoso y atento conmigo. Además desde que me dijo que yo le gustaba jamás volvió a insinuar nada ni apurarme de forma alguna, ni siquiera me coqueteaba, y eso me ayudaba a sentirme muy tranquila y despreocupada.
Y podía percibir en nuestras bromas, nuestras risas, nuestros comentarios, que ninguno de los dos se estaba esforzando ni fingiendo ser agradable con el otro, que no nos costaba tratarnos así y sentirnos bien estando juntos de esta forma. Pero claro, sólo como amigos.
Después de comer, estábamos los dos en la cocina. Zafiro me había ayudado a levantar las cosas de la mesa y mientras yo dejaba los platos en remojo y ponía agua a calentar para hacer un poco de té, le contaba una divertida anécdota de mi trabajo. —Entonces Kun —le relataba sobre una consulta que había hecho esa tarde con el hijo de una paciente, un niño de 6 años — después de revisarlo me dictó el diagnóstico y el tratamiento para que lo anotara en la ficha —continué—. Y me dice "pulpo", para resumir "pulpotomía". ¡Y de repente el niño comenzó a llorar desesperado!
—¿Por qué?
—Porque parece que se asustó con lo que escuchó —respondí muerta de risa— y gritaba como loco: "¡Noo! ¡Yo no tengo un pulpo en la boca! ¡No tengo un pulpo!"
Zafiro también reía. —Pobre niño.
—Sí, y pobre Kun también, si vieras la cara de pánico que puso.
—¿Y qué hicieron? ¿Lograron calmarlo?
—Sí, entre la madre y yo le explicamos que no era un pulpo lo que tenía, que el doctor se había confundido de palabra. Y cuando nos entendió, se le pasó.
—Menos mal que las escuchó.
—En realidad se calmó del todo cuando le regalé unos dulces, con eso convences a cualquier criatura.
—¿Te gustan los niños?
—Sí, me gustan mucho. Quizás porque yo soy una niña grandota —admití y los dos volvimos a reír—. Y hablando de dulces —dije en tono misterioso mientras sacaba un hermoso pastel de la nevera— mira esto y dime si no es una obra de arte.
—Vaya, se ve delicioso, ¿tú lo preparaste?
—¡Ojalá! Lo hizo Lita.
—Mmm, merengue italiano, ¡me encanta! —apenas dejé el pastel sobre la barra, Zafiro le pasó un dedo por encima.
—¡Oye! ¿Qué haces? —quise detenerlo pero no me hizo el menor caso.
—Lo pruebo —dijo como si nada después de meterse el merengue a la boca.
—Pero arruinaste la decoración —lo regañé y él de nuevo le sacaba más merengue al pastel con su dedo—. ¡No! ¡No vuelvas a hacerlo!
—¿Acaso no quieres probar un poco? —me untó una buena cantidad de merengue en la punta de la nariz.
—¡Zafiro! —me quejé enojada.
—Sabe bien —dijo muerto de risa.
—Eres un atrevido —busqué una servilleta para limpiarme.
Pero él me la quitó. —Permíteme —y se dispuso a limpiar el merengue de mi nariz. Yo puse los ojos en blanco y lo dejé hacerlo. Pero cuando terminó se quedo viéndome fijamente a los ojos.
Yo me puse muy nerviosa por su repentino cambio de actitud y por la intensa manera en que examinaba cada facción de mi rostro. Entonces bajé la mirada avergonzada y quise hacerme la distraída. —Bueno, buscaré unos platos para servir.
Antes de que pudiera alejarme de él, Zafiro me detuvo tomándome de la barbilla para que volviera a mirarlo. Y al verlo lo noté muy serio, con sus ojos clavados en mi boca. Yo me puse más nerviosa todavía al darme cuenta de lo que estaría a punto de pasar. Y no tenía idea de cómo reaccionar, qué decir, qué sentir.
Él estaba cada vez más cerca y sabía que deseaba besarme, que en cualquier momento lo haría. Y aunque creía tener en claro que yo quería lo mismo, había algo que me interrumpía, que me tenía como paralizada, que no me permitía hacer ningún tipo de movimiento ni emitir palabra alguna. —Zafiro… —logré articular con la voz entrecortada cuando sentí que él casi rozaba mis labios con los suyos—. ¿Qué… ¿Qué haces?
Él se detuvo al escucharme. Y cuando me miró a los ojos sonrió con dulzura. —Voy a besarte —susurró casi sin voz—. Sólo quiero… besarte —dijo al acercarse cada vez más a mi boca—. Por favor, déjame hacerlo…
Me quedé muda, estática, no supe qué responder ni qué hacer, sólo cerré los ojos y esperé a que me besara. Y cuando finalmente lo hizo, mi cabeza, que hasta entonces había sido un completo y turbulento desastre, se revolucionó aún más y se me vinieron infinidad de ideas confusas, de dudas y preguntas imposibles de aclarar a la mente, y cientos de emociones indefinidas e incómodas me presionaban el pecho. Estaba inmersa en una tremenda encrucijada. No sabía qué rayos me pasaba y si era esto lo que en verdad quería para mí.
Mientras mis pensamientos se enredaban más y más, sentía cómo Zafiro me besaba con mucha calma y suavidad, sin prisa, de una forma muy delicada y dulce. Pero cuando rodeó mi cintura con su brazo y me acercó más a él, intentó incrementar la intensidad de los besos, sin embargo yo ya no pude corresponderle.
Enseguida se dio cuenta de que no quería continuar porque de nuevo suavizó los besos y se alejó un poco. Abrí los ojos y cuando volví a encontrarme con su mirada sentí otra vez esa incómoda presión en mi pecho, tan intensa que hasta me costaba respirar. Y me di cuenta de lo terrible que era esta situación. No por él, claro, porque Zafiro me había demostrado que era una persona maravillosa, porque me respetaba, me trataba tan bien, era tan atento y amable conmigo, y yo sabía que estaba más que interesado en mí. Pero a mí no me pasaba lo mismo que a él. Y no sabía qué hacer para no rechazarlo, cómo evitar lastimarlo o decepcionarlo sin provocar que se alejara de mí.
No pude aguantar más su mirada, que era tan sincera y llena de determinación que hasta me lastimaba. Así que de nuevo evité sus ojos y quise hacer de cuenta que todo estaba perfectamente bien. Busqué un cuchillo y me acerqué otra vez a la barra. —Bueno, serviré un poco —dije con la voz apagada. Y recién cuando quise comenzar a cortar el pastel me percaté de que estaba temblando como una hoja. Es que estaba tan nerviosa, tan avergonzada que no podía disimularlo para nada.
Zafiro se acercó a mí. —Serena… —me llamó pero yo no lo miraba—. Serena, ¿estás bien? —su tono de voz denotaba preocupación y hasta me atrevería a decir que también cierta aflicción.
Yo sonreí sin mirarlo. —Sí, sí. Estoy bien —respondí con voz temblorosa. Y era más que evidente que no estaba bien. No lo estaba ni un poco.
Él suspiró con pesar. —Serena, mírame —me pidió tomándome del hombro—. Por favor, mírame y dime qué tienes.
—No tengo nada, estoy bien, en serio.
—Lamento si hice algo que te molestara o si me apresuré. No quiero que sientas que te estoy presionando ni nada de eso. Es que no pude resistirme, tú sabes bien que yo… Yo ya te dije una vez que me gustas y…
—Tú también me gustas —lo interrumpí, pero seguía evitando su mirada—. Me gustas mucho, Zafiro. Y me siento muy bien contigo, pero… —solté el cuchillo y dejé el pastel a un lado al no poder parar de temblar—. Lo siento, yo… Aún no sé si estoy lista para corresponderte —titubeaba nerviosa, tenía un amargo nudo en la garganta y apretaba mis puños con fuerza—. Todavía no me siento segura como para avanzar de esta manera y creo que… Tal vez necesito un poco más de tiempo. Sí, quizás es eso, necesito que me des más tiempo para poder…
—No —me cortó con un frío tono de voz. Yo lo miré de inmediato—. No te daré más tiempo —no se veía enojado ni disgustado, pero estaba muy serio, tenía una expresión muy dura en su rostro—, porque no lo necesitas —sus palabras eran muy claras y directas, y yo sabía perfectamente lo que significaban. Sin poder resistirme más dejé escapar las lágrimas que hasta ese momento me esforzaba por esconder—, porque tú ya sabes lo que quieres —me llevé las manos a la boca con la intención de contener mis emociones, pero no lo conseguí. Y peor me puse cuando percibí cómo el rostro de Zafiro se fue relajando y su mirada volvía a ser tan cálida y comprensiva como siempre—. Y yo no voy hacer nada en contra de eso —continuó mientras acariciaba mis mejillas con ternura—, tampoco quiero, porque no sería justo para nadie, además…
—Lo siento… —gimoteé angustiada y me tapé la cara completamente para evitar que me viera en este estado. Me sentía tan culpable, tan mala persona al rechazarlo, al causarle dolor, al no ser capaz de darle lo que él quería. Jamás me imaginé que se sentiría tan horrible estar en este lugar, ser responsable de la desilusión de una persona, más aún de alguien tan increíble y adorable como Zafiro. Pero es que no podía, me era en verdad imposible corresponderle. Por más que me esforzara, por más que lo intentara por todos los medios, no podía sentir por él lo que ya sentía por alguien más—. Lo siento mucho… —repetí entre ahogados sollozos.
—No, Serena —dijo preocupado y enseguida me abrazó con fuerza—, no te pongas así, por favor. No llores más, todo está bien.
—Lo siento, lo siento… —seguí repitiendo sin poder dejar de llorar contra su pecho.
Zafiro me mecía entre sus brazos y acariciaba mi cabello intentando calmarme. —Tranquila, te digo que todo está bien, no tienes por qué reaccionar así.
—Es que no es justo, soy una tonta. Tú no te mereces esto, no es justo.
—No digas eso, no es para tanto. Además yo ya sabía que esto podía pasar, que aún era muy pronto para arriesgarme a hacer algo como esto. Pero es que necesitaba intentarlo, necesitaba…
—Lo siento, Zafiro, lo siento tanto… —dije más tranquila y me separé un poco.
Él siguió acariciándome y tomó mi rostro entre sus manos. —Oye, en serio, todo está bien, ya deja de disculparte, ¿sí? —asentí haciendo pucheros y Zafiro sonrió—. Yo no volveré a presionarte ni a insistir de forma alguna, ¿de acuerdo? Y continuaremos siendo buenos amigos, ¿está bien? —volví a asentir esbozando una sonrisa—. Y seguiremos viéndonos, haciendo cosas juntos, reuniéndonos con mi hermano, volverás a cocinar para mí y todo estará bien, ¿sí? ¿Me crees?
—Está bien.
—Y aunque yo no pueda ser tu príncipe azul, como me lo pediste aquella vez —los dos reímos al recordar la vez que me acompañó hasta mi casa después del cumpleaños de Rubeus—, tú siempre serás mi princesa —y al decir estas últimas palabras, su sonrisa se desdibujó lentamente y me soltó. Otra vez creí percibir una repentina aflicción en él, como si lo que acababa de pasar en verdad lo hubiera lastimado de alguna manera. Pero antes de poder decir algo más, el sonido del agua hirviendo nos distrajo—. Bueno —ahora él evitaba mi mirada—, creo que… lo mejor es que me vaya.
Yo fui hasta la cocina para apagar el fuego. —¿Seguro? Puedes quedarte un rato más si quieres —dije al regresar a su lado—, aún no probamos el pastel y…
—Te lo agradezco, pero no —dijo cortante—. En serio, prefiero irme.
—Está bien, te acompaño.
Fuimos en silencio hasta la sala, Zafiro buscó su abrigo y al llegar a la puerta nos detuvimos. —Hasta aquí está bien —me dijo mientras abría—, no es necesario que me acompañes hasta abajo.
—Bueno…
—Muchas gracias por la deliciosa cena y… —se mostraba nervioso, apurado por irse, y yo también me puse bastante inquieta ante su nuevo cambio de actitud—. Avísame cuando te hayas mudado así voy a visitarte, ¿de acuerdo?
—Por supuesto, te avisaré.
—Bien —esta despedida se estaba haciendo cada vez más incómoda—. Adiós, Serena —dijo sin mirarme y finalmente salió del departamento.
—Adiós, Zafiro —lo seguí con la mirada hasta que atravesó el pasillo y lo perdí de vista cuando bajó las escaleras.
Apenas desapareció solté un largo y pesado suspiro y apoyé mi cabeza en el marco de la puerta. Entonces me percaté de cuán tensa había estado todo este tiempo, porque tenía una contractura tremenda en el cuello y los hombros y me dolían todos los músculos de la espalda.
Durante semanas había estado evitando, tal vez inconscientemente, llegar a este punto con Zafiro, porque muy en el fondo de mi corazón sabía que esto iba a pasar. Pero me costaba mucho aceptarlo, confirmar que lo que sentía por él era incomparable al lado de lo que me pasaba con cierta persona que estaba a unos escasos metros de distancia pero lo sentía tan lejano como si fuéramos de diferentes galaxias.
Miré la puerta de su departamento, suspiré una vez más y sin tener ni la más pálida idea de lo que iba a pasar conmigo a partir de ahora, entré a mi departamento y sin mirar atrás, cerré mi puerta.
Ay esta Serena y sus galanes hacen que hasta yo me contracture del estrés, ja! A uds cómo les fue? Qué se imaginan que va a pasar después de que se mude? Zafiro volverá a intentar algo con ella? Darien reaccionará como corresponde? Qué les parece? Cuenten, cuenten! :P
Bueno, mejor paso a responder sus reviews:
-leidy flourite: mi querida, este Zafiro ha conquistado el corazón de muchas de nosotras, pero parece que el de Serena no… pobrecito, si lo apapachamos entre todas? jijiji… todo lo que le dijo en el cap anterior se vio reflejado en éste, en cómo ella no es capaz de forzarse a sentir por él lo que en realidad ya siente por Darien. y bueno, Darien hoy dijo con todas las letras que está celoso, pero el "valiente" salió corriendo… ahora habrá que esperar a ver qué hace Serena con todo este nuevo panorama. ah! hoy también conocimos la historia de Lita, como te prometí que sucedería en este cap! qué te pareció? se aclararon tus dudas o surgieron más? al menos una buena parte ya la sabemos, hay que ver cómo continua eso… ¡kurute hey kids! sigo respondiendo al resto ¡kurute hey kids! :P
-yssareyes48: hoy Darien sí dijo claramente que está celoso, y aunque Serena estuvo dispuesta a escucharlo, esta vez fue él quien se "aceleró" y se fue corriendo…
-Marisol: sí, sí! nuestro Darien está bien celoso, pero todavía no activa como esperamos el muchacho…
-gaby: Serena parece que ya eligió entre Zafiro y Darien, por lo menos ya sabe a quién quiere.
-Miriam Ortiz: Zafiro quiso entrar en acción pero Serena lo rechazó… y Darien con sus celos al menos ahora es un poco más sincero.
-Maria Paolini: Serena intentó darle una oportunidad a Zafiro, pero no lo consiguió. Y Darien está tan celoso que ya ni lo oculta, quizás sólo le falta un empujoncito más para definirse.
-C-ELF: Zafiro es un sol! pero aunque Serena lo haya rechazado, su aparición bastó para que los celos de Darien se potencien.
-Bepevikn: yo tampoco quiero que Zafiro sufra! y pareciera que no le cayó tan mal el rechazo de Serena… ahora Darien esta vez tuvo una oportunidad de ser claro con Serena porque ella lo habría escuchado, pero el muchacho se nos asustó y huyó…
-Patyzparawhore: las cosas entre Serena y Zafiro no prosperaron, y aunque Darien demostró sus celos hay que ver qué va a pasar ahora que dejarán de ser vecinos.
-kaguya: Serena no pudo avanzar más con Zafiro, y Darien por lo menos ya aclaró y reconoció que está celoso, pero las cosas siguen bastante indefinidas…
-Lorena: Serena intentó ceder con Zafiro y recibir sus "mimos", pero no duraron mucho… y aunque sabe que con Darien no tiene demasiadas chances, ella lo quiere a él.
-romi: Darien debe haber percibido el peligro de perder a Serena, por eso sus celos. y ella intentó darle una oportunidad a Zafiro, pero al final lo rechazó.
-Camony: hoy Darien se mostró bien celoso, tanto que hasta lo dijo con todas las letras. y zafiro tuvo más participación, pero lamentablemente Serena lo rechazó.
-Ana: la personalidad de Serena es en esencia tal y como la describís, pero creo que poco a poco está siendo más madura y reflexiva, veremos cuánto le dura… y aunque todavía no hubo mayores avances entre ella y Darien, quizás las cosas empiecen a cambiar a partir de ahora.
-ivette: bienvenida a mi locura! me alegra que te guste el fic, pero lamentablemente no puedo actualizar más seguido de lo que lo hago porque me lleva mucho tiempo escribir los caps -por eso siempre son tan extensos-
-mary barrientos: qué bueno que disfrutaras del cap anterior! y espero que el de hoy también sea de tu agrado.
Bueno mi gente bella, esto es todo por hoy. Les agradezco de corazón por su constante e incondicional apoyo y entusiasmo de siempre, por seguir pendientes de esta historia y por no abandonarme! Valoro y aprecio mucho su interés!
Hasta la próxima! No se olviden de dejarme sus reviews!
Besotototes per tutti,
Bell.-
