Su día se había basado en empujar el carrito de compras, mantener la cabeza gacha y asentir. Astrid, por su parte, se encargaba de colocar las compras en el carrito, escoger y preguntar solo para obtener una respuesta alternativa.
Apenas y ella lo miraba, casi siempre estaba de espaldas a él, y eso no ayudaba en nada. Tampoco ayudaban sus jeans ajustados ni el incidente de esta mañana.
— Vasos, faltan vasos...— murmuraba la rubia, caminando, su casual meneo en sus caderas causaba que fuera demasiado difícil mirar al frente. Tenía que calmarse, por los dioses, decidió buscar por sí mismo los vasos típicos rojos. Eso lo ayudaría un poco.
Eso o... buscar un tema de conversación. Pasaron por el área de dulces, con la esperanza de toparse con los desechables en ese pasillo. Hiccup se fijo en la cantidad de dulces y en lo mucho que quería comprar una bolsa de caramelos de mantequilla.
O de chocolates. Lo que sea.
— ¿Te gustan los dulces?— que pregunta tan estúpida, ¿verdad? A todo el mundo le gustan los dulces. Puede que no lo parezca, pero Astrid es parte de este mundo. Por supuesto que le deben gustar los dulces.
La pregunta debió ser "¿qué dulces te gustan?", sin embargo, había preguntado sin pensar. Pensó que ella le iba a ignorar otra vez, debido a la pregunta tan estúpida, pero no,al contrario, Astrid se giró y le miro como si se tratara de un idiota.
O sea, su mirada habitual al mirarlo.
— ...Me refiero...— intentó repararlo, como siempre. A Hiccup le gusta reparar y diseñar cosas.— A qué tipo de dulces te gustan, porque, bueno, ya sabes, los dulces le gustan a todo el mundo y...
— ¿Por qué te importa?— ese tono ácido que siempre usaba solo con él hizo aparición. La pregunta fue justa, él mismo hubiera preguntado algo similar, o bueno, no a ella directamente, quizá esa pregunta se la hubiera guardado para sí mismo. Tragó saliva.
Porque estoy nervioso, no puedo dejar de pensar en que sé que llevas bragas de color rojo y eso está muy mal, porque no debería saberlo. Lo que es peor es que lo sé, pero tú no sabes que lo sé, pero lo sé de todas formas y eso me está carcomiendo por dentro. Ni siquiera fue mi intención verte en ese estado y quiero disculparme, aunque no halló como hacerlo, porque si me disculpo tú me golpearás y dejarás de ayudarme, y realmente necesito que me ayudes. Así que estoy nervioso, y cuando estoy nervioso no puedo dejar de hacer preguntas y de usar la letra "y" como única conjunción para unir mis pensamientos.
Y dioses, tu trasero es encantador.
Se mordió la lengua antes de contestar.— Ah, no lo sé, ¿para... saber mas del otro?— dudó, era lo primero que se le había venido a la mente.
No desvíes los ojos, no desvíes los ojos...
Astrid no apartaba su mirada de él, esperando que se quebrara. Algo le decía que esa sombra no se había tratado de su imaginación. No señor, para nada.
Tampoco había sido Stormfly, ella estaba en el consultorio de la madre de Hiccup. Se había deprimido otra vez y tal y como había pasado antes, no quería probar bocado. Así que, o había un fantasma en su casa, o Hiccup Haddock la había espiado durante quien sabe cuanto tiempo.
El pensamiento hizo que su espina dorsal se estremeciera.
— ¿Por qué querría saber más de tí?
¡Ah! ¡Estoy entrando en crisis!
— Porque... no lo sé, estamos pasando demasiado tiempo juntos, y... eso.— se encogió de hombros, mejor mira al suelo, sí, mira, es ese típico suelo de vinilo de color blanco, ¿por qué seguían comprando de ese suelo? Esta todo manchado y...
— Te dije que no quería ser tu amiga.
— ¿Por qué no?
Ups, error suyo. Fue una pregunta en automático, lo hizo saltar al instante, y es que, ¿por qué no? ¿Por qué no ser amigos? Es mas, no entendía porque lo odiaba, vamos, que él no era una mala persona, ¿alguna vez le había hecho algo?
— Porque no.
— Tiene que haber una razón...
— ¡No la hay! No me agradas y punto. Lidia con eso.— no, Hiccup no le agradaba, sin embargo esa no era una razón, de hecho. Era una un poco mas profunda, pero esperaba haberlo herido lo suficiente como para que él dejara de insistir de una buena vez.— ¿Feliz?
No, no en realidad.— Si tú lo dices.
Sus dulces favoritos son, de hecho, los chupachups de cereza. Todos han visto a las animadoras y a las villanas de las películas cliché comerlos, sí, ya sabe que si consume uno usando su traje de animadoras ella se convertiría en un autentico cliché, lo tenía en cuenta, por eso casi no lo hacía.
No iba a decirle eso de todas formas. Al final, los vasos estaban en el pasillo contiguo.
La casa de Hiccup parecía una casa vikinga. Fue lo primero que pensó cuando vio la chimenea y las armas vikingas que colgaban como decoración en las paredes, los escudos, las esculturas sobre las mesitas de café,y todas esas cosas. Las paredes estaban cubiertas por madera, dándole un toque todavía mas rustico al interior. La cocina era rustica, de un sólido color blanco, con un ventanal en una de las paredes que filtraba toda la luz del patio, la estufa se veía antigua, así como la mesa que servía como isla en medio de la cocina. En ella se encontraba la madre de Hiccup, que, mascullando cosas por lo bajo, mientras amasaba una enorme bola de masa pegajosa.
Hiccup sonrió al verla.
— Hola, mamá.— la saludó, Astrid se quedó estática, tratando de no mirar demasiado a cualquier cosa en particular. Sintiéndose tan fuera de lugar con su uniforme de animadora, su mochila y sus pompones a su espalda, todo tan moderno en esa casa tan rustica, era como si hubiese viajado en el tiempo y ahora se encontrara en Berk, una isla perdida en el mar llena de vikingos.
También eran inquietantes los dragones que estaban en los escudos colgados en la cocina, los adornos con esa misma forma e incluso en la vajilla expuesta. La gente en Berk creía que la madre de Hiccup era una lunática, Astrid creía que solo era un poco excéntrica, tampoco era para tanto, ¿qué tiene que le gusten unos seres mitológicos con alas y que escupen fuego?
— Oh, ¡hola, bebé!— lo saludó con alegría, alzando la vista. Su frente empezaba a llenarse de sudor, seguro que había estado amasando eso por un buen tiempo y con mucha fuerza. Hiccup hizo una mueca, un poco abochornado por el sobrenombre que usaba su madre cuando le veía, la mujer desvió la mirada a Astrid, la linda animadora con el cabello sujeto en una media coleta y un moño a juego con su uniforme, relacionó rápidamente sus facciones con todas las veces que su hijo le había hablado de ella, también la comparó con la chica a la que Hiccup dibujaba a veces y que había colgado en su cuarto. Oh.— ¿Tu eres Astrid?
Claro que era Astrid, tenía que ser Astrid, encajaba perfectamente con toda esa descripción...— Sí, soy yo.— vaya, sí, hasta su voz era tal y como su hijo la había descrito: severa, mandona, pero suave.— Buenas tar...
— ¡Bienvenida!— la interrumpió Valka, emocionada. Estuvo a punto de correr a abrazarla o algo, aunque hubo un problema, sus manos estaban atrapadas en la masa pegajosa. Uh, que mal.— Es un placer conocerte al fin, Hiccup nos ha hablado mucho de tí.— agregó, Hiccup saltó y avergonzado empezó a negar con la cabeza.— Tiene tantos dibujos...
— Creo que ella no quiere saber de eso.— la cortó Hiccup. Astrid alzó una ceja, ¿dibujos? ¿a qué se refería con eso? Valka, frunció el ceño, confundida.— Ella vino a ver a Garff.— le recordó, señalando el patio con la cabeza. La mujer asintió.
— Cierto, Garff...— asintió Valka, recordando ahora, la razón por la que Astrid había venido: venía a tomarle fotos a Garff, el perrito nuevo, Hiccup no la había traído como su novia, sino como una compañera que le iba a tomar fotos a un perrito sin hogar.— ¿Irán a las caballerizas entonces?— Hiccup asintió, Astrid sostenía la cámara que su padre le había prestado, él llevaba el triple, ya que había insistido en ayudarla.— Bien, bien... ¿necesitan algo mas?
— No, no lo creo.— sonrió Hiccup antes de abrir la puerta de la cocina, que daba al patio. Astrid no parecía ser de muchas palabras, aunque Hiccup ya le había dicho que todo estaba bien, que a ella no le agradaba él.— Y, ah, mamá, tal vez deberías... ponerle un poco mas de harina a eso.
— Sí, estaba pensando algo similar.— asintió la mujer antes de tratar de separar sus manos de la masa. Resopló cuando notó que la harina estaba algo lejos.
Afuera había una piscina, no era olímpica como la escuela, y se escuchaban sonidos de animales a lo lejos. La casa estaba rodeada por bosque, y el ambiente se sentía fresco. Ambos se dirigieron hasta una estructura de madera, de donde se escuchaba a un perro aullar de forma aguda, Astrid frunció el ceño, Hiccup notó el gesto y se apresuró a aclarar:
— Garff es... un poco ruidoso.— abrió la puerta y los sonidos se escucharon un poco mas fuerte.— No es porque esté nervioso, bueno, tampoco es porque extrañe su hogar, sino que parece que así se se comunica con los demás.
Ni bien abrió la puerta, se escuchó el tintineo de una cadena, así como unas pesadas pisadas corriendo a toda velocidad hacia la puerta, Astrid lo único que vió fue un manchón negro enorme, con la lengua de fuera, los ojos verdes, jadeando...
Y que la tacleó.
— ¡Toothless!— exclamó Hiccup, entre preocupado y un poco divertido. Astrid no gritó, pero no podía evitar verse un poco sorprendida por el acto. El perro empezó a lamerle las mejillas y a pisar su torso, dolorosamente. Era un pitbull color azabache, muy feliz de verla, a pesar de que, de hecho, nunca la había visto.— No hagas eso, perro travieso.— Hiccup lo tomó del collar que llevaba puesto.— Lo siento, él es muy efusivo con las visitas...
— La... cámara.— jadeó Astrid. Hiccup saltó, el maletín había volado no muy lejos. Corrió hasta ella y verificó que todo estaba en orden.
— De verdad lo siento, ¿necesitas ayuda con...?— le tendió la mano, Astrid le dio un manotazo a esta, dando a entender que ella sola se podía levantar. Toothless esperó a que ella se levantara para alzarse en dos patas y apoyarse en ella de nuevo. Astrid suspiró, antes de acariciar la cabeza del efusivo perro.— Le agradas mucho.
Astrid le dirigió una mirada nada agradable, no dijo nada mas, solo caminó dentro del sitio, con Toothless a su espalda, moviendo la cola.
La rubia cambió su expresión al ver al cachorro gimoteante, que saltaba por todos lados, era un perrito bicolor, de color blanco y café casi naranja. Le regresó la mirada y en vez de ladrarle, le aulló, moviendo la cola.
— Pareciera que no le gusta ladrar.— agregó Hiccup.
— ¿Le pusiste Garff?
— Tuff lo hizo. Su nombre completo es Garffiljorg.
Tuffnut era un idiota poniendo nombres. Sin embargo, el nombre Garff le quedaba bien.
— Acabemos con esto.
Garff era un poco inquieto, bastante, sin embargo, Hiccup sabía como, lidiar con él. Astrid le hizo algunas fotos, sonriendo débilmente de vez en cuando ante lo tierno que se veía el pequeño Garff. Una vez todas las fotos estuvieron listas, Hiccup decidió tomarse un descanso e ir por premios para el perrito y tal vez algo de comer para Astrid. Aunque sabía de primera mano, que la chica no aceptaría nada de él.
Ella era demasiado orgullosa para eso. Sin embargo, Hiccup estaba seguro que debajo de esa coraza, había alguien bueno...
La vio en la caballeriza, hincada, jugando con Garff, este aullaba y Astrid, en voz baja, imitaba el sonido, como si le respondiera, riendo. Hiccup se quedó justo donde estaba, sin hacer mas ruido, incluso calmó a Toothless para que no delatara su presencia.
Jamás la había visto así. Es decir, ella siempre actuaba sin sentimientos, o molesta, o incomoda cuando él estaba cerca. Pero verla así, tan relajada, con una actitud tan tierna y dulce, era... cautivador. Incluso mas de lo que cualquier gesto suyo lo había sido antes. Hiccup sintió una punzada en su corazón, ¿por qué ella lo odiaba tanto?
Lo único que no contempló fue que Garff lo viera. Aulló y corrió en su dirección, sólo para morder su zapato prótesico, a quien a partir de ahora, consideraría el villano número uno de su vida. Astrid endureció su expresión con sólo verlo, y la punzada en su corazón dolió un poco mas.
— Mamá sigue teniendo problemas con el pan.— saludó, notó que la chica chica estaba ligeramente sonrojada.— Pero traje fruta, porque no sé si te gustan las... galletas, o si puedes comerlas porque seguro que...— oh no, no digas eso, no digas que ella tal vez estaba en una dieta, ¿qué clase de sujeto diría eso?— Seguro que te gusta mas, quiero decir, seguro que te gusta mas la fruta, porque haces mucho ejercicio...
— Hiccup, callate.— lo silenció bruscamente. Lo vio encogerse y eso le hizo sentirse un poco mal, aunque no entendía porque.— No tengo hambre.
— Uh, bien.— hizo la fruta a un lado, viendo como Astrid recogía sus cosas.— ¿Ya te vas?
— Ya terminamos.
Tenía razón.— ¿Quieres que te lleve a casa?— ofreció, abajo, Garff estaba muy entretenido destrozando sus agujetas, Toothless pensó en interferir. Astrid rodó los ojos.
— No, le diré a mi tio que venga por mí.— dijo con su celular en la mano caminando fuera del lugar, Hiccup la siguió, bandeja en mano, con un cachorro mordiendo sus agujetas y con Toothless alerta, listo para alejarlo de su dueño.
Ah, sí, el señor Finn Hofferson era el jefe de policías de Berk. Muy amigo de su padre.
— Oh, bien, bien... Auch, Garff.— lo regañó cuando el pequeño perrito comenzó a mordisquear la pierna buena, mas exactamente en el tobillo. Toothless tuvo la maravillosa idea de taclear a Garff, solo para liberar a Hiccup.
Lo que no contempló fue el efecto colateral de su empuje, el cual hizo que Astrid trastabillara y sin que nadie pudiera evitarlo cayera de lleno a la piscina.
— Uy.
Soundtrack: Femmebot, Charly XCX, Dorian Electra y Mykki Blanco.
Go fuck your prototype
I'm an upgrade of your stereotype
Don't come with a guarantee
I'll use you up like you're my battery
Sólo se escuchaba el sonido del motor de la pick up de Hiccup. Él no se había atrevido siquiera a encender la radio, sin embargo, la miraba de reojo de vez en vez. Ella tenía los brazos cruzados, así como las piernas, el cuerpo ligeramente girado hacia la puerta, mirando a la ventana, mojada hasta los huesos, todavía su cabello goteaba agua y el maquillaje estaba ligeramente corrido. Su expresión era dura, arisca y titiritaba de frío cada cierto tiempo, cuando Hiccup lo notó, encendió la calefacción, obteniendo como respuesta, que Astrid no apretara tanto su cuerpo en busca de calor y un poco de relajación, de todas formas, estaba molesta, furiosa.
Y él se sentía culpable, así como Toothless, que gimoteaba ligeramente en el asiento trasero. Astrid no estaba molesta con el perro, para nada, estaba molesta con Hiccup y con su estúpida casa. Estaba molesta porque la convenció para ir.
Hiccup también observó la guantera. Había un bolso de arroz en ella, y dentro de esta, el teléfono de Astrid. Le rogaba a los dioses que funcionara, es decir, siempre funcionaba el truco del arroz, pero...
— Lo siento.— se disculpó por enésima vez en el día. Astrid torció los labios.— En serio lo siento, pagaré la tintorería de tu uniforme y...
— Hiccup, cállate.
— No era la intención de Toothless, en serio, él suele ser brusco pero no es malicioso...
— Hiccup, ya basta...
— No, ¿Por qué nunca aceptas mis disculpas?
— ¡Porque siempre te disculpas por todo!— espetó Astrid, Hiccup le regresó la mirada hasta que tuvo que volver a mirar al frente para verificar que estaba en el camino correcto.— ¡Es irritante!
— Bueno, es que siempre me miras como si mi existencia te ofendiera o algo...
— Detén el auto.
— ¿¡Qué!?
— ¡Que detengas el maldito auto!— chilló Astrid. Hiccup frenó de golpe y ella, con furia se deshizo del cinturón de seguridad. Tomó sus cosas con el mismo frenesí de la furia que estaba sintiendo y abrió la puerta. Olvidó la cámara, y al verla, Hiccup supo que no podía dejarla marchar así como así.
Astrid caminaba por la sola carretera que llevaba de vuelta al pueblo. Estaba hirviendo de ira, incluso sentía un incómodo nudo en la garganta, sentía un poco de humillación al tener que caminar totalmente mojada, con sus cosas al hombro, aunque era mejor que estar en una camioneta vieja con Hiccup Haddock, quien era raro, quién tenía una familia rara y que tenía mucha suerte al no tener la mandíbula rota.
— ¡Astrid!— Astrid apretó la mano que estaba sobre la correa de su mochila, al escuchar su voz llamarla. Gruñó y siguió caminando. Una de sus rodillas, de hecho, seguía sangrando por el impacto en el piso de la piscina, y ardía, aumentando su irritación.— Astrid, por todos los dioses, ¿Quieres dejar de ignorarme?
— Déjame en paz, Hiccup.— le advirtió sin mirarlo, tratando de ignorar el chapoteo que hacían sus tenis a cada paso y el dolor en la rodilla.
— ¡Oye!— insistió, corriendo detrás de ella, tratando de pescarla de algún lugar.— Astrid, por favor, tienes que dejarme que...
— No quiero oír nada de lo que tengas que decir, es más, no quiero seguir ayudándote.— habló. Hiccup no se rindió ante esto.— No quiero verte nunca más, así que déjame en paz.
— ¿¡Por qué!?— insistió, enojándose él también. Esto era ridículo, ella simplemente no podía renunciar ahora, no por esto.— ¿¡Porque mi perro te lanzó a una piscina!? Eso es ridículo...
— ¡Es porque no te soporto!— estalló Astrid, girando unicamente su cabeza, Hiccup alzó las cejas, pero inmediatamente frunció el ceño.— Creo que no te has dado cuenta de que NO te soporto. Ahora, alejate de mí.
— ¿Alguna vez te hice algo para que me odiaras?— le preguntó, recordando todas las noches de esta semana, en las que había forzado su memoria para saber si alguna vez le había ofendido, o si alguna vez había sido grosero o desagradable con ella, sin respuesta. Incluso le preguntó a los gemelos, a Fishlegs, pero nadie supo darle una respuesta.
— Hiccup...
— No, en serio.— movió una de sus manos, enfatizando su punto. Estaba serio, muy serio.— No entiendo porqué simplemente no te agrado, tiene que haber una razón. Es como si de toda la escuela tú fueras la única que me detesta y ni siquiera sé porque...
— Porque sí y ya.— cortó Astrid, retomando la marcha. Ella no iba a hablar de esto con él, ni con nadie. No tenía que seguir soportándolo, no ahora que se estaba muriendo de frio y que su camioneta estaba en medio de la carretera, con ambas puertas abiertas y con un enorme perro pitbull adentro.
¿Así que a Hiccup le molestaba no caerle bien a todos? Vaya, que idiota.
— No, tiene que haber un razón.
— Solo no me agradas y ya, lidia con eso.— si él tenía un problema de autoestima o de atención, sinceramente no le importaba. Que se fuera al demonio.— Y ya. déjame en paz.
— ¿Esto es por la presidencia de la clase?— adivinó Hiccup, aun quería saber porqué, no estaba dispuesto a irse de su lado si no se lo decía.— ¿Es eso? Sabía que te habías enfadado, pero no fue mi culpa, ¿es por el evento de beneficencia? Tampoco fue mi culpa, es sólo que...
— Claro, nunca es culpa tuya.— masculló Astrid entre dientes.— Nunca es tu culpa, siempre te metes en problemas por causalidad, ¿no?
I feel the sparks between us
Electric shock
Hot-wired, if you F it up (five, four, three)
I'll self-destruct (two, one)
— Si es por eso...
— Hiccup...
— ¡No! Escucha, si quieres la presidencia, te la doy, es mas, tú tienes el control de todo esto...
— ¡Yo no quiero eso!
— ¿¡Entonces qué es lo que quieres de mí!?— espetó Hiccup, tomándola del brazo, Astrid se frenó en seco ante su tacto, ante la forma en la que le había tomado de la muñeca, reteniéndola.— ¡Dime qué es lo que quieres de mi!
Se giró bruscamente, ahora sí lista para encararlo, para darle la bofetada de su vida, para descargar toda la ira contenida en un golpe hacia sus mejillas.
Sin embargo, eso no paso.
The way you look at me
I-I-I short circuit
You make me lose control
It's automatic
En su lugar, apartó la mano de Hiccup de un manotazo, antes, de con brusquedad, tomarlo de las mejillas y orejas, y unir su boca a la suya. De golpe, zas, apenas y dándole tiempo al pobre joven de reaccionar.
Era de esperarse para el lector, ¿no es cierto? Bueno, para Hiccup no, parpadeó un par de veces, se quedó estático al principio, mientras ella le devoraba los labios, con los ojos fuertemente cerrados. Por su mente pasó el brevísimo pensamiento de apartarse, de cuestionarle que rayos estaba pasando, si esto era una broma o algo parecido. Sin embargo, otro pensamiento llegó, atropellando violentamente al anterior, ordenándole que mejor se callara y que rodeara su cintura con sus manos, que no fuera un idiota y que devolviera el beso o se arrepentiría.
Y eso hizo.
Una vez ella sintió que él lo estaba aceptando, mudó sus manos a su cuello, donde jugó con los mechones de su cabello que caían por su nuca, relajó un poco la presión de su parpados y lo atrajo mas contra sí, lo quería cerca, muy cerca, tan cerca como para perderse en él. No quería separarse, dioses, no quería estar lejos de él nunca mas; dejó caer su mochila y con ello, él le rodeó por completo con sus brazos, arqueando la espalda de la rubia hacia atrás.
Recordó por un momento que estaban en medio de la carretera, eso y el hecho de que ella intentaba guiarlo hacia atrás fue lo que los hizo retroceder hasta la camioneta, todavía besándose con agresividad, como si la discusión continuara de esa forma. La espalda de Hiccup topó contra la puerta y Astrid lo empujó aun mas contra esta, colocando sus manos ahora en su pecho, mordiéndole los labios.
Él no se quedó atrás, pegó su cadera con la de ella, tratando de inmovilizarla con la falta de espacio, haciéndola jadear, quería girarla, que fuera ella la que se encontrara con la espalda pegada en la puerta, reflejar dominancia. Con este movimiento la hizo trastabillar un poco y abrir un poco sus piernas, lo suficiente como para que cada una quedara a sus costados, sin pensarlo mucho, la tomó de los muslos y la cargó. Astrid lejos de alejarse, jadeo y cruzó ambas piernas a su espalda.
Así era mas fácil girarla.
Ahora la espalda de ella estaba contra la puerta. Él aprovechó la estabilidad para posar su mano contra su mandíbula y cuello, mientras que con la otra mano, acariciaba su cintura. Astrid tanteó el terreno, buscando el borde de la camisa de él, quería sentir su piel, era una necesidad que le quemaba las manos. Lo escuchó gruñir por el frio tacto de sus manos gélidas contra la cálida piel de su vientre. Él hizo lo mismo, haciéndola temblar debido a su cálido tacto contra la helada piel, su ropa era ceñida, y estaba pesada por la humedad, pero eso no lo haría desistir.
Ella soltó un gemido agudo cuando sintió su enorme mano abarcando uno de sus pechos. El sonido lo hizo sonreír en medio del beso, con su pulgar, acarició por encima de su endurecido pezón, tentándola. Sabía que debían detenerse, por lo menos entrar al auto, no podían hacer esto en medio de la carretera, de todas formas, su mente estaba tan nublada a este punto, que no le parecía tan mala idea hacerlo contra su camioneta.
O en el asfalto de la carretera.
No era una carretera transitada, después de todo.
Hasta que volvió a jugar con su pezón y Astrid reaccionó. Entreabrió los ojos.
Oh.
Se separó, jadeando pesadamente, mirándolo de arriba a abajo. Él volvió a besarla, con un poco mas de caballerosidad y sin tanta necesidad, lento, como si buscara convencerla, lidiar con ella, calmarla... ahora fue él el que se separó, solo para besarle la frente, después se apartó, admirándola sonrojada, con los ojos vidriosos, las pupilas dilatadas, mojada y ahora acalorada. Se veía como una obra de arte. Una muy muy bella obra de arte.
You push my buttons
See-e-e-e how I work it
I-I-I-I get what I want
Like it or not
I'll be your femmebot
I'll be your femmebot
I'll be your femmebot
I-I get what I want
Like it or not
Le sostuvo la mirada azul, recuperando el aliento...
¿Era buen momento para sugerirle continuar esto en el asiento trasero? Podían terminarlo en la caja de atrás, el problema es que no encontraba como decírselo con de forma caballerosa. "Hey, ¿quieres hacerlo en mi camioneta?"
No, claro que no.
Eso estaba pensando hasta que ella le abofeteó.
La bofetada le hizo girar su cabeza, incluso le sacó el aire y lo hizo ver estrellas. Victima de la bofetada, mordió su labio inferior y terminó abriéndolo. Auch, ella tenía la mano pesada.
— AUCH.— exclamó tomándose la mejilla herida, la cual enrojecía tomando la forma de la mano de la chica.— ¿Y eso por..?
¡PLAF!
Volvió a darle otra, con menos fuerza, gracias a los dioses. Ella se bajó de su cuerpo, jadeando, los ojos un poco mas cristalizados, como si la hubiera herido. Lo empujó con fuerza, solo para ir por sus cosas, llorosa.
— ¿Hice algo mal?
— ¡No vuelvas a tocarme!— le espetó antes de correr carretera abajo. Dejándolo confundido.
Este es tal vez el mas corto hasta ahora. Igual estuvo bueno, que no?
Encontré mi memoria USB, la vida es autentica felicidad. No solo eso, Charli XCX sacó un albúm nuevo y la vida es aún mas felicidad, aunque, lo sería un poco mas si tuviera un paciente para endodoncia :C
En fin, disfruten este cap. Ya nos mudamos a M, pq esto estuvo medio intenso... UFF, y lo que se viene.
Jajaj
Una vez más gracias a UnsuccesBassist, que es mi beta, que quiero mucho y que me regaña pq pongo mal los puntos en los dialogos. Ah y que le hace memes a mis fics. Mil gracias.
Bai por el momento, les quiero, un abrazo.
