Este capitulo es traido a ustedes gracias a... LA PRESION SOCIAAAAAAL.

Vale, no. Disfruten este cap.


— ¡Muchas felicidades, chicos! ¡Fue el mejor evento en años!— celebró Oswald alzando los brazos, con una enorme sonrisa. Siempre tan entusiasta.

Era lunes, el lunes siguiente a la fiesta. Los dos estaban de vuelta en la oficina del director, Astrid con los brazos cruzados, su traje de animadora, tan pulcro como siempre, y con su usual cara seria, sin mucha emoción más que el desagrado de estar ahí y no en clases. Hiccup sonreía de forma cordial, y asentía de vez en cuando, tratando de que esto pasara lo más rápido posible. Oswald parecía ser el único que realmente quería estar ahí.

— ¡En serio! Debieron ver a todos esos gatitos adoptados...

— Sí, el único que faltó fue Garff. — masculló Hiccup. Sí, Garff por el momento se quedaba en su casa, al cuidado y mando de Toothless, que lo trataba como si se tratara de su pequeño lacayo, era tierno, sin embargo, quizá no podrían conservarlo. Ya había demasiados animales en su casa.

— Eso es una pena, Hiccup. — lamentó Oswald bajando un poco la mirada. Hiccup asintió, ya vería que hacer, su madre era buena convenciendo a la gente de adoptar, no solo eso, seguro que alguien en Caldera Clay estaría interesado en el pequeño Garff. — Estoy seguro de que sabrás encontrarle una solución.

Sí, él siempre sabía cómo resolver los problemas.

— ¿Podemos irnos...?— empezó Astrid.

— No, aún hay cosas que quiero decirles. — apuntó Oswald, Astrid rodó los ojos. No era que quisiera ir a clases, al contrario, tenía que hacer otra cosa. Una un poco más importante que la boba clase de cálculo. — Tendrán créditos extra por esto, solo tienen que añadirlos...— explicó el engorroso procedimiento para registrar los créditos, el cual Astrid y Hiccup se habían al derecho y al revés. No aporta nada a todo esto, entonces nos lo vamos a saltar. — Eso, sí, ¿saben cómo se hace todo eso?— recibió un asentimiento por parte de los dos adolescentes. — Bien, bien, nuevamente, muchas gracias, chicos. Pueden irse.

Estuvieron a punto de dar la media vuelta, cuando de pronto, Oswald recordó algo.

— Oh, cierto, el profesor Viggo me comentó algo...

Esa frase los dejó helados. Santa madre de Dios, Hiccup y Astrid se miraron entre sí, los ojos muy abiertos, a ambos se les había bajado el azúcar, se veían pálidos. Viggo, claro que los había acusado, cualquiera lo habría hecho, claro...

Hiccup se adelantó, sintiendo que tenía que repararlo. — Antes de que continué quiero decirle de parte de ambos que lo sentimos mucho, no sabíamos que era su oficina...

Astrid, más astuta que él, se detuvo a mirar la cara de Oswald, él no se veía enfadado ni incomodo, solo un poco confundido. — Hiccup...

— Y sabemos que no es excusa, en serio, pudo haber sido en cualquier...

— Hiccup...

—... oficina. Fue una actitud reprobable, lo sabemos...

— ¡Hiccup, cállate!— lo jaló del pelo, haciéndolo callar. Hiccup se quejó de dolor, la miró molesto, ¿qué? ¿Por qué rayos lo estaba tomando (literalmente) del pelo? Ella necesitaba ser más sutil, eso o dejar de maltratarlo físicamente...— Continúe. — le ordenó a Oswald, todavía con el cabello de Hiccup entre sus dedos.

Con lo que me gusta que me toquen el cabello.

— Oh, sí. — Oswald volvió a sonreír, esta vez un poco incómodo y confundido. No sabía cómo decirle a Astrid que soltara a Hiccup. — Viggo dice que fue una velada agradable, hasta adoptó un gatito... ¡Jamás lo había visto tan animado! Bueno, en lo que cabe.

De modo que, no había mencionado nada sobre el incidente en su oficina, ¿bien, no? Para Astrid estaba bien, supuso. Para Hiccup, por su parte, era una señal de alarma que lo hizo entrecerrar sus ojos.

— Está planeando algo. — murmuró, Viggo nunca pasaba la oportunidad de hacerle la vida imposible. Era algo obvio que estaba planeando algo. — Algo grande.

Astrid rodó los ojos. Que molesto era el conflicto infantil entre Hiccup y Viggo. Solo esperaba que ese conflicto no terminara manchándola a ella.

— Bien, gracias. — sonrió Astrid.

— Uh, Astrid, ¿podrías dejar de... lastimar a Hiccup?— preguntó Oswald, sin saber exactamente como ser firme con ella. Astrid abrió la palma de su mano, liberando a Hiccup, quien se sobó esa zona adolorida del cuero cabelludo, ¿cómo alguien de su complexión podía ser tan fuerte? Cielos. — No lo hagas... de nuevo. — recibió una mirada asesina por parte de la rubia, ¿cómo es que una adolescente le daba tanto miedo? Más que miedo era un poco difícil tratarla. — ¿De qué estabas hablando, Hiccup?

Hiccup iba a decir algo, sin embargo, Astrid se le adelantó. — De nada importante. Hiccup solo está confundido. Si no hay más que decir, nos iremos ahora. — cortó de forma tajante. Oswald decidió dejarlo por la paz, sí, seguro que no era algo tan importante.

Dejó a los jóvenes marchar, Hiccup seguía sobando el lateral de su cabeza. Ni bien estuvieron fuera, en el pasillo solitario (ya que, todos estaban en medio de sus clases), Astrid lo pescó del antebrazo con fuerza, como si su mano fuese una pinza hidráulica, Hiccup volvió a quejarse. La rubia no se detuvo ahí, lo arrastró por el pasillo, la mirada fija hacia el frente, desviando los ojos de vez en cuando, buscando algo con la mirada, Hiccup se quejaba en voz baja, tratando de apartar su mano. Él podía caminar solo, no necesitaba esto.

Bingo, Astrid lo encontró. El armario del conserje; abrió la puerta de golpe, y con un agresivo movimiento, lo hizo entrar a la fuerza, cerrando la puerta tras de ella. Ugh, estaba oscuro, Astrid buscó el cordón para encender el foco por encima de sus cabezas. La tenue luz amarilla no ayudaba mucho de todas formas.

— ¿Quieres soltar mi brazo de una vez?— preguntó Hiccup fastidiado. Si había algo que él odiaba de Astrid (que no era mucho de todas formas), era que fuera tan agresiva, ¿qué rayos le pasaba? Astrid lo soltó. — Gracias. — Hiccup sostuvo su antebrazo, auch, la presión de su mano causaría estragos después.

— Tengo que hablar contigo.

— Ah, pudiste mencionarlo antes, y no arrastrarme hasta aquí sin decirme nada. — le reclamó, en serio molesto. Astrid le miró como si él estuviera exagerando, vamos, ni siquiera le apretó tan fuerte.

— No seas un llorón.

— ¡No soy un llorón! No tienes derecho a hacer eso, ¿crees que puedes lastimar a quien tú quieras y no recibir consecuencias de eso?— le respondió, desafiándola. Astrid abrió los ojos, ¿estaba reclamándole esto? ¿Le estaba llevando la contraria? Nadie hacia eso. — Las personas no son tus lacayos. — Ajá, claro. La vio rodar los ojos, fastidiada, ¿ah, en serio?— Y yo tampoco. Tal vez... tal vez yo no quiera hablar contigo. — aventuró, tratando de causar una reacción en ella.

Lo logró, Astrid se cruzó de brazos, sonriendo de forma sarcástica. — Claro que quieres hablar conmigo.

— No. No quiero si sigues tomándome así del brazo o jalándome el cabello. — aclaró, si esto iba a avanzar, si es que ese era el plan, entonces era mejor dejar eso claro. No iba a tolerar abusos físicos... o de ningún tipo. Astrid cambió su expresión a una un poco más desencajada, similar a la que hizo el sábado. Seguro que nadie la había puesto en su lugar antes, y el hecho de que Hiccup, el nerd, lo hiciera no parecía agradarle nada.

Se sentía un poco avergonzada, desencajada, mas no molesta, era un sentimiento extraño. No iba a dejar que él se diera cuenta, por lo que solo le regresó la mirada, cruzada de brazos. Si Hiccup no fuera él, si hubiese sido cualquier otra persona, la que fuese, Astrid lo hubiera dejado ahí, o peor, le enseñaría que todo se hacía de acuerdo a lo que ella dijera. Todo. No hay excepciones.

Bueno, quizá sí: Hiccup.

— De acuerdo. — masculló, entre dientes. — Lo siento. — se disculpó, para sorpresa de Hiccup, quién no esperaba que Astrid llegase a disculparse por esto. La disculpa parecía sincera de todas formas, aunque la chica se viera disgustada por decirlo. — Quería hablar en serio contigo. No sabía cómo decírtelo.

Hubo muchas maneras de decírselo, de todos modos. No quiso pelear, lo que había pasado había sido... un avance importante.

— Uh... de acuerdo. — asintió Hiccup, solo esperaba que ella no volviese a golpearlo. — ¿De qué querías hablar?

— Bueno, para empezar, no llamaste. — habló la chica, entrecerrando los ojos, viéndose molesta, Hiccup enarcó una ceja, ¿ah?— Ayer. Ni hoy. No llamaste después del sábado.

Ah, ¿llamar? ¿Él tenía que llamarla? ¿Por qué?— ¿Llamarte?

— Sí, no llamaste. — Astrid apretó sus puños, para ser tan listo Hiccup era demasiado bobo. — No me llamaste para saber cómo estaba, ni para saber cuándo te devolvería tu chaqueta o algo.

— Bueno... yo no sabía que tenía que hacerlo. — Hiccup empezó a sentirse incomodo, tanto que se rascó la nuca, también desvió la mirada. — Tú tampoco llamaste. — atajó, atacándola con sus mismas armas.

— Yo no tenía que llamarte. Tú eres el que debe hacerlo. Fuiste tú el que me llevaste a casa.

— Bueno, con más razón debiste llamarme, pude no haber llegado a casa...

— No seas ridículo. — siseó ella, acercándose a él de forma amenazante. Sabía que cabía la posibilidad, él una vez no llegó a casa. Podía pasar de nuevo. — Tan siquiera una llamada. Algo. Pude haber terminado en el hospital, no sé...— Hiccup notó que en parte, ella tenía razón, una sobredosis no era algo a tomar a juego. Astrid se dio cuenta de que lo que estaba reclamando era demasiado ridículo. — No importa. — Cortó, para después resoplar, Hiccup hizo una mueca. — Quería hablar contigo para...— cerró los ojos, seguía siendo un poco raro. De hecho demasiado raro aún.— Gracias.— su voz fue un poco más baja cuando dijo eso.— Ya sabes, por llevarme a casa y cuidarme... después de eso.— le costaba trabajo, en serio, no sabía cómo manejar eso, en serio. Odiaba no tener control sobre sus emociones. — Y lamento... lamento si dije cosas bobas mientras estaba mareada.

Hiccup sonrió un poco, ella estaba tratando de ser linda con él. Por lo menos un poco amable, tratando de hacer de lado su orgullo.

— No te preocupes, no hay problema. — le respondió con simpleza. En realidad no fue nada malo, fue un poco extraño, y ella estaba casi incontrolable, pero no malo.

— Uhm. — Astrid no quería mirarlo. El verde de sus ojos la haría derretirse.— Y también... quería decirte que...— inhaló profundo, esto era un poco más difícil estando sobria, debió doparse de nuevo con sus pastillas para alergia.— Nada de lo que te dije... fue mentira. Aunque es difícil de creer tú me gustas...— admitió en serio. Sus mejillas se habían teñido de rojo, y lo odiaba. — Eso. Nada más.

— Oh. — Hiccup no sabía que decir en realidad. — Bueno, tú también me gustas. — respondió de vuelta. Astrid entrecerró los ojos, con furia. — Bastante de hecho. — agregó.

— Eso... ya lo sé. — Astrid quería sonreír, de hecho lo hizo un poco, elevó un poco una de sus comisuras. Finalmente, le regresó la mirada, sus ojos verdes hicieron estragos en sus rodillas, llenaron de dulce azúcar sus venas.

— ¿Eso nos hace... novios?— preguntó Hiccup no muy seguro de sí. Astrid abrió los ojos con sorpresa, ¿qué se había creído? Ellos ni siquiera habían pasado tanto tiempo juntos.

— ¡No, claro que no!— lo dijo de una forma bastante hiriente, más de lo que le hubiera gustado, vio que el rostro del joven se deformaba un poco por el dolor y la sorpresa. El gesto le dolió terriblemente, agrió el azúcar en sus venas, le hizo un nudo en el estómago y sentía que eso le atravesaba el pecho. No, ella no quería eso, no quería hacerle daño, no debió decir eso de esa manera. — Es decir, no, porque... eso sería muy rápido. — trató de enmendarlo. Ella nunca intentaba enmendar algo. — No es que no quiera... — por favor, deja de mirarme así...— Solo...— ¿por qué en nombre de Thor estaba balbuceando?— Estamos saliendo.

Saliendo. — ¿Saliendo?— ¿a qué se estaba refiriendo?

Por favor, quita esa cara. — Sí, es como... salimos a citas, nos conocemos un poco. — necesitaba que Hiccup dejara de estar triste, no podía soportar que él siguiera triste. Quería tocar su mejilla, quería llenarle el rostro de besos, lo que sea. — Antes de... ser novios o algo así.

Bueno, eso era un alivio. Hiccup de todos modos, no se confió del todo. — ¿Cómo una... versión de prueba?— sonaba extraño. Bastante mal, también.

— Si quieres verlo así...— suspiró Astrid, sin saber qué hacer, con su dedo índice le tocó el pecho, como un extraño gesto de cariño. Hiccup miró su dedo, atrapó este con su propio índice, uniendo sus manos de esa forma tan extraña.

— Bien, ¿entonces... saldremos en citas?

— Si eso quieres...

— De acuerdo, entonces... ¿Quieres salir esta tarde después de clases?

— Supongo. — Astrid extendió su palma, conectándola con la de él. — ¿A dónde iremos?

Uh, no había pensado en eso. — Eh, yo... no lo sé. — admitió encogiéndose de hombros, había recobrado su buen humor. Eso la hizo sentirse mucho más tranquila.

— Tienes hasta después de mi práctica para pensarlo. — condicionó, tratando de sonar dura. Hiccup volvió a sonreír, entrelazando sus dedos con los de ella. — Si no lo sabes me iré.

— Me parece justo. — Aceptó Hiccup, miró los labios de ella, iluminados por la tenue luz amarilla, se veía bellísima con la poca luz, su corazón empezó a latir un poco más fuerte. — Entonces...— vaciló, a punto de tomarla de la barbilla y plantarle un beso.

— Entonces...

— ¿Nos... besamos?— se sintió bobo al preguntarlo, la pregunta la tomó por sorpresa, tanto que se le escapó una sonrisa pequeña. Necesitaba ver esa sonrisa de nuevo.

— Claro...— aceptó.

Al principio fue un poco incómodo, ya que ambos no sabían que hacer. Astrid no sabía si esperar a que él la besara o besarlo ella directamente, torpemente él la tomó de la barbilla y pegó sus labios a los de ella; como siempre, con ambos, el beso fue escalando, profundizándose, con ella colgándose de su cuello y él recorriendo con sus manos la cintura de ella.

Se quejó cuando sintió las manos de Astrid recorrer su cabello, con suavidad, jugando con él, enroscando los suaves mechones en sus dedos. A pesar de que le no le gustaba demasiado que le tocaran el cabello, no le molestaba mucho que ella lo hiciera.

Ella deseaba que él la tocara un poco más, que moviera sus manos a otro lugar, a un lugar más privado. Su piel le gritaba que lo hiciera, sin importarle en donde estaban, a ella no le interesaba ser descubierta, de momento. Llevó una de sus manos a las de él y las fue bajando poco a poco.

Abrió los ojos al sentir la nueva superficie. De acuerdo, esto era genial, apretó un poco por encima de la tela, gruñó al escucharla gemir por lo bajo. Movió la otra mano hacia abajo, apretando también. Necesitaba más. Un poco más.

Estuvo a punto de alzar su falda cuando escucharon la puerta abrirse, así como una nueva intromisión de luz. Lo primero que hizo él en un acto de reflejo, fue levantar sus manos, Astrid se separó de él, y ambos miraron a la puerta, asustados. No vaya a ser que Viggo...

Pues no, era Dagur, el conserje (e hijo de Oswald y hermano de Heather), quien les miraba un poco sorprendido. Tenía su carrito de limpieza a lado y una escoba en una de sus manos. No esperaba ver a dos jóvenes enrollándose en su closet. Aunque eso era un poco de esperarse, ¿no? Su clóset nunca tenía llave y era un poco predecible...

Reconoció a Hiccup de inmediato, lo que lo hizo sonreír con malicia. Así que el hijo de Stoick sí que podía romper las reglas... y nada más ni nada menos que con la sobrina de Finn Hofferson.

Qué cliché.

— ¡Dagur!— exclamó Hiccup, viendo al chico pelirrojo desalineado con sorpresa. — ¿Q-qué haces aquí?— tartamudeó.

— Este es mi clóset. — Le recordó sonriendo Dagur, alzando las cejas. — ¿Quieren que se los preste o algo, chicos?

No, ya lo había arruinado.


La miró desde las gradas, sonriendo. Saliendo. Estaban saliendo. No eran una pareja oficialmente, solo se estaban conociendo. Le parecía prudente, era algo razonable, ¿y si no funcionaba? Ellos lo sabrían antes. Suspiró, ella se veía un poco más relajada que antes, y le devolvía la mirada cada tanto; su mirada era mucho más cálida que antes, menos hostil. Eso era mucho mejor que antes, un poco menos confuso.

Podría dibujar algo como esto. Suspiró, antes de alzar buscar su cuaderno de dibujo, con uno de sus lápices empezó a trazar líneas guía y trató de conectarlas para que se viera natural. Siguió dibujando hasta que la música terminó y por ende, la práctica de animadoras.

— No puede ser, es cierto. — exclamó una de las chicas al ver a Hiccup sentado en las gradas. Las otras jadearon con sorpresa, algunas se quejaron de forma audible. Astrid alzó una ceja, Hiccup estaba en lo más alto de las gradas, un poco difícil de ver, y a la vista al mismo tiempo, entornó los ojos, pero no dijo nada.

Heather sí tenía mucho que decir. — Oye. — Llegó hasta Astrid, quien le regresó la mirada como si todo esto no tuviera tanta importancia. — ¿Cuándo ibas a decírmelo?— le preguntó con un tono ofendido, Astrid rodó los ojos. — ¿Desde hace cuánto que esto está pasando? ¡Se supone que lo odiabas!

— Nunca lo odió, Heather. — Se burló Ruffnut, apoyándose en el hombro de Astrid, quien le regresó la mirada. — ¿No es así, Astrid?

La rubia era demasiado orgullosa como para admitir que se había equivocado (de nuevo), demasiado como para no soportar que se burlaran de ella.

— No tengo nada que explicar. — cortó, apartándose un poco de Ruffnut. Tuffnut también llegó al lugar. Bien, eso no estaba mejor.

— ¡Claro que tienes que explicar esto!— por supuesto que tenía que explicárselo a su mejor amiga, no solo eso, perdió veinte dólares por su culpa. Mínimo tenía que saber por qué.— Todos los días decías que Hiccup Haddock te causaba repulsión, tanta que incluso podrías vomitar.— la siguió mientras Astrid iba guardando sus cosas.— Y yo te creí, quiero decir, sonaba en serio... ¡Y de pronto, en el baile, tú... lo besaste!— Astrid resopló molesta, tratando de guardar la calma.— No solo eso, te dopaste y lo tratabas como si fuera tu novio; así que sí, algo está pasando y yo lo tengo que saber.— la rubia le devolvió la mirada con fastidio. Sí, esperaba algo como esto.

Astrid tomó aire, luego volvió la vista a Hiccup, quien ya se había dado cuenta de la intervención que había hecho Heather, dudaba si bajar o algo así, sin embargo, la rubia se veía que, aunque fastidiada, sabía qué hacer.

— Tampoco lo sé. — su tono no fue... malo. Es decir, fue tranquilo, pero no había demasiadas emociones en él. Heather quedó boquiabierta. — Solo pasó y ya. — Tuffnut carraspeó y Astrid le dirigió una mirada de advertencia. — Pero te lo contaré luego, lo prometo. — colgó su mochila al hombro, dando por terminada la conversación.

— ¿A dónde vas?— bueno, tal vez para Heather la conversación no se había acabado. Oh no, ¿ahora él la iba a llevar a casa? ¡¿En serio?!

Pero qué fastidio. — Tengo una cita.

Escuchó la carcajada de los gemelos al ver la cara de Heather, su cara desencajada y los ojos muy, muy abiertos, casi saliéndose de sus orbitas.

¡¿Una cita?!

Astrid llegó hasta él, no avisó su llegada, solo esperó a que él se diera cuenta que estaba enfrente por el cambio de luz. Hiccup alzó la vista y en cuanto sus ojos se encontraron, la rubia sintió que el aliento empezaba a faltarle, a su vez, sus ganas de lanzarse sobre él aumentaron bastante. Esto no era normal, esto no debía pasar, ella nunca estaba tan hambrienta de amor, ella nunca...

Detestaba esto... un poco.

— Hola. — la saludó, cerrando su cuaderno. Esperaba que ella no hubiese visto su dibujo sin terminar. Ella se cruzó de brazos, para evitar correr a sus brazos. Ugh.

— Hola. — Le devolvió el saludo, mirándolo desde arriba, como si intentara convencerse que él era poca cosa. — ¿Ya decidiste a dónde iremos?— exigió saber. La pregunta lo tomó por sorpresa, tanto así, que rascó su nuca, nervioso.

— Eh, no. No exactamente...— eso la sorprendió, ¿qué había hecho en todo ese tiempo entonces?

— ¡¿No?!— apretó los puños. Hiccup se encogió de hombros. — ¿A dónde iremos entonces?

— Pensaba que tal vez podríamos pasar tiempo en el centro comercial de Caldera Cay, no sé, tal vez ver una película. — Hiccup se encogió de hombros.

La vio fruncir el ceño. — No. — películas no. Principalmente porque ponerse de acuerdo para ver una película era engorroso, tomando en cuenta que Hiccup y ella no tenían gustos similares. Eso y que no confiaba en él... O más bien en ambos estando en un cuarto oscuro con probablemente (debido al día) poca gente, con ella usando falda.

No sonaba mal, y su libido le pedía aceptar, pero ella no iba a ceder. No quería ser vetada del cine. Además, vaya idiota, en Berk había un cine, pequeño pero...

— ¿Por qué?

— Por que no. Películas no.

Bueno, tenía razón. Tal vez ambos no hablarían mucho si veían una película. Él no había pensado en el cuarto oscuro hasta ahora. Ah, sí, eso.

— Uh... entonces tal vez...

— ¡Hey!— Tuffnut. Claro que era Tuffnut quien se había colgado de sus hombros, sonriendo ampliamente, como si no estuviera interrumpiendo algo importante. — No pude evitar escuchar que irían a Caldera Cay...

— ¿Qué estás haciendo aquí?— momento de mal humor, Hiccup tragó saliva. A él no le importaba tanto que Tuffnut haya decidido ir hasta ellos. Lo había salvado.

— Espiar. No importa, el punto es...— lo admitió con tanta naturalidad que Astrid no podía creer que él estuviera hablando en serio, lo estaba haciendo, de todas formas. — También tengo que ir, Ruffnut va a hacer no sé qué y no puede llevarme, ¿creen que puedan llevarme, chicos?— pidió Tuffnut con cara de perrito abandonado.

— No.

— Sí. — respondió Hiccup al mismo tiempo que Astrid. Ella miró a Hiccup con sorpresa, él se encogió de hombros, él no tenía problema con darle un aventón a Tuffnut, ella de verdad no quería pasar tiempo con Tuffnut.

— ¿Eso es un sí?

— Sí.

— No. — repitió Astrid un poco más insistente. Miró al castaño con cara de pocos amigos, Hiccup la retó con una mirada tranquila, estaba segura que él contratacaría, seguro que diría que era su auto...

Y ella le diría que esto era una cita y que las citas no se llevaba a nadie más.

Tuvieron una batalla de miradas, por un tiempo, en la cual Tuffnut estaba atrapado. Atrapado en medio del fuego cruzado. Solo esperaba que no se besaran o hicieran algo raro frente a ellos.

— Er...

Astrid fue la primera en rendirse, estaban perdiendo tiempo. — Está bien. Que vaya.

— ¡Yay! ¡Gracias! Ustedes no notarán que estoy ahí, en serio.


Tuffnut chasqueaba la lengua con un sonoro "poc" cada tanto, ya que el silencio en la camioneta lo incomodaba bastante. Astrid estaba a punto de echarlo de la camioneta, incluso con ella andando, sin embargo, se contenía, si Tuffnut se lastimaba, faltaría alguien en el equipo. Ella no quería buscar a nadie más, no tenía tiempo para eso.

Llegaron al lugar, Hiccup se estacionó en el centro comercial y Tuffnut soltó un grito de alegría, ¡finalmente! Tomó sus cosas, sabía que si se quedaba ahí, Astrid lo haría papilla.

— ¡Gracias!— les agradeció, metiendo su cabeza entre ambos asientos. — ¿Qué es lo que van a hacer ustedes?— preguntó de forma cordial y con curiosidad.

— Ah...— Hiccup no lo había pensado aún. No sabía si alguna de sus ideas fuera a funcionar. — Bueno...

— ¡Uh! Si es una cita pueden ir al laser tag. — Sugirió el gemelo, Astrid le miró como si hubiese dado una pésima idea. — O... también pueden ir al arcade o... al cine.

— Ella no quiere. — se rió Hiccup, estaba de buen humor en contraste con Astrid, que estaba a punto de ahorcar a Tuffnut.

— ¿No? Bueno... ¿qué tal helado? Los helados saben bien, ¡compren un pastel de helado!— exclamó, emocionado. Astrid estuvo a punto de decirle que era una ridiculez, hasta que, se lo pensó mejor. Uh, de hecho estaba bien, bastante, así podrían... hablar o algo así.

Y eso era lo mejor que podían hacer. Hablar. No atacarse para luego terminar enrollándose en espacios públicos en dónde... No sé debían enrollar. Bien, finalmente Tuffnut tuvo una buena idea.

Hiccup sonreía como siempre. A él también le había parecido una buena idea.

— Supongo que está bien. — Astrid se encogió de hombros y desvío un poco la mirada, estirando los brazos y colocando una de sus manos en el reposabrazos. Tuffnut tomó aire, triunfante, bien, por lo menos Astrid no lo asesinaría o algo peor.

— ¡Genial! Ahora tengo que irme... ¡Los veo luego!— abrió la puerta de la camioneta y se desvaneció después de que la cerró, dejando, finalmente, el auto en silencio.

Un poco de paz.

Astrid esperó a que él hiciera algo, pero lo único que obtuvo fue el toque tímido de su mano sobre la suya, sin saber exactamente si debía tocarla o no. La rubia se volvió, un poco sorprendida por el toque, se tenía que acostumbrar a qué él hiciera eso. Las parejas se tomaban de las manos, ¿No?

Hiccup estaba dudoso, ah, ¿Esto lo tendrían que hacer siempre o solo a veces? Es que sería extraño... Ir a todos lados tomados de la mano, ¿Qué no?

—... ¿Quieres ir a la heladería entonces?

¿Por qué todo se estaba poniendo tan incómodo? ¿Así son siempre las primeras citas? Qué horror.

— De acuerdo.

Caminaron en silencio hasta la heladería. Astrid trataba por todos los medios no mirarlo, sentía que le estallaba el corazón con solo mirarlo, no sabía qué hacer. Está no era la primera vez en la que iba a una cita, esto... Esto se sentía demasiado nuevo, demasiado extraño, demasiado fuera de su zona de confort.

No había nada que no estuviera en su zona de confort, sin embargo, tomar la mano de Hiccup y sentirlo tan cerca de ella, se salía un poco de ella. El castaño sí externaba su nerviosismo, trazaba círculos en el dorso de la mano de ella con su pulgar y de vez en cuando se rascaba la nuca, muy, muy nervioso.

Finalmente, helado.

Entraron al local, miraron la tabla de sabores un rato, aprovechando que había más personas en la fila, Hiccup empezó a sentir la ansiedad de no saber que pedir y Astrid lo miran de reojo, ya sabiendo que pedir.

— Yo... Ahm...— tic de hombros. Astrid lo notó de inmediato, a veces él lo hacía, movía los hombros de forma rara cuando él estaba nervioso. El gesto que antes creía que le irritaba en realidad le parecía cómico. — ¿Cuál es tu helado favorito?

No tuvo que pensarlo mucho tiempo. — Chocolate con menta. — él le regresó la mirada, alzando una ceja y sonriendo de lado.

— ¿De verdad?

¿Tenía algo de raro?— Sí.

Hiccup contuvo una risa. Astrid seguía sin verle lo gracioso. — Sabe a pasta de dientes. — soltó, riendo entre dientes. Astrid entornó los ojos.

— No es verdad. — contradijo Astrid, claro que no sabía a pasta de dientes. El helado de menta con chocolate era el mejor de todos.

— Sí, lo es. Es como... Cuando comes chocolate después de lavarte los dientes. A eso sabe.

— Claro que no.— lo encaró, apretando un poco su mano, Hiccup notó el cambio de fuerza, era una advertencia; igual, la idea de que a Astrid le gustara un helado tan raro como el de menta con chocolate le parecía un poco risible.— Sabe bien. Apuesto a que sabe mejor que tu helado favorito.

— ¿Sabe mejor que el café?

— El café es asqueroso. — vale, NO podía creer que a Astrid Hofferson no le gustara el café, ¿Qué tomaba entonces por las mañanas? ¿O a media tarde? ¿Té?

— ¿No te gusta el café?— o tal vez le estaba llevando la contraria. Si eso. — ¿De verdad?

Astrid rodó los ojos. — No. Lo detesto. Es amargo y te mancha los dientes. — wow, sí era de verdad. Creía que había sido producto de la confusión que había tenido el sábado. A Hiccup le encantaba el café, podía beber como un litro al día... Aunque claro, no hacía eso. Bueno, no lo haría de nuevo.

En parte, Astrid tampoco admitiría que era porque su cuerpo no soportaba la cafeína y que a veces le alteraba demasiado el pulso. Como tener a Hiccup cerca, claro, aunque esto era un poco más placentero que la cafeína.

— Vaya... Nunca había conocido a alguien que no le gustara. Todo el mundo ama el café. — aunque ella había dicho las razones por las que lo odiaba, Hiccup no se veía ofendido, es más, sonreía ampliamente. El sujeto no podía ser más tierno. Maldita sea. — Bueno, entonces... Te comparé un helado de chocolate con menta, que sabe horrible, por cierto...

— ¿Quién dijo que tenías que comprarlo tú?

¿Eh?— ¿Qué eso no lo hacen en las citas? El chico paga. — igual, no tenía problema con pagar. Estaba bien, de hecho, quería hacerlo, no sabía exactamente porqué, pero quería hacerlo.

Ella no necesitaba que el pagará nada. Ella misma podía pagar su helado. — No conmigo. Puedo pagar mi helado...

— No es necesario, tengo suficiente...

Además, él ya tenía su corazón (o lo que sea), ella necesitaba sentir el control en algo. — Pagaré lo mío, Hiccup.

— Pero no tienes qué.

— Hiccup...

— No, ya sé, ¿Qué tal si yo pago esto y tú pagas la siguiente vez?— sugirió, tratando de desviar todo lo que estaba pasando, aplazarlo un poco. Astrid lo pensó un momento, ¿Volverían a la heladería? Esperaba que sí, así que esto... Podía aceptarlo — ¿Qué dices?

— Bien. — Astrid posó sus ojos en el lugar, si el sitio se llenaba tendrían un problema a la hora de escoger una mesa. — Buscaré donde sentarnos. — soltó su mano y de inmediato sintió que algo faltaba. Sintió el vacío, ya se había acostumbrado al calor de la mano pecosa de él.

Agh.

Encontró una mesa relativamente alejada de las familias y grupos de amigos en el sitio. Lejos del barullo y de las posibles interrupciones; se sentó en él y extendió las piernas en el suelo, miró su teléfono, en un afán de dejar de sentirse tan fuera de lugar. Varios chicos la habían llevado ahí, varios habían intentado sacarle plática, unos lo habían logrado y otros se habían rendido. Y luego estaba Hiccup Haddock, que se burló de su sabor favorito de helado y que insistió en pagarlo.

Y que la había convencido.

Viendo que no había nada interesante en el internet, dejó el teléfono a un lado, buscando al castaño con la mirada, lo encontró hablando con la dependienta, haciendo ademanes con las manos, como siempre. No pudo evitar sonreír al ver que todavía le costaba trabajo hablar y envolverse con otras personas, a pesar de eso, seguía teniendo un carisma extraño, que hacía que nadie pudiera tratarlo mal.

Era encantador a su modo. Ayudaba que fuera atractivo. El pensamiento no le gustó y al darse cuenta de eso, quiso levantarse para saber si la encargada le estaba coqueteando (y él en medio de su inexperiencia combinada con timidez, no se había dado cuenta) o saber porque rayos se estaba demorando tanto en...

Alto, ella no es celosa.

Astrid no era celosa. Ella no sentía celos de nadie. Vamos, Astrid, la mujer debe tener más de treinta, seguro que no le interesa un chico tímido que había venido con su novia. A pesar de saber eso, no paraba de preguntarse si Hiccup realmente era capaz de diferenciar un coqueteo de un acto amable. Dioses, esperaba que sí.

Desvío la vista cuando lo vio venir, con los helados en ambas manos, sonriente. La localizó de inmediato y se sentó en la silla frente a ella, no sin antes dejarle su helado en la mesa.

— Un helado de pasta de dientes para ti, y otro de una sustancia que deja los dientes amarillos y altera el sueño para mí.— bien, puntos por tirarle más tierra a su propio helado que al de ella. Y por saber manejar el sarcasmo.

— Gracias. — tomó la cuchara de bambú y empezó a picar el helado de color turquesa con pequeñas chispas de chocolate. Hiccup la miró por un tiempo, tomando en cuenta su forma de tomar la cuchara y lo linda que se veía justamente el día de hoy. Astrid se fijó en su mirada en el momento en el que iba a darle el primer bocado a su helado, con la cuchara a centímetros de su boca. — ¿Qué?

¿Tenía algo en la cara o algo? Tuvo esa urgencia de verse en un espejo, de mirarse los dientes o de arreglarse el cabello.

Lo vio negar con la cabeza. — Nada. Es solo que creí... Que nunca pasaría. — La vio todavía dubitativa. — Esto. Una cita. Contigo.

Ah. Astrid asintió antes de meter la cuchara en su boca, sintiendo el frescor de la menta y la calidez del chocolate. Era lo mejor del mundo, Hiccup no sabía nada sobre helados.

Hiccup arrugó la nariz. Astrid hizo una mueca. — ¿Es tan repugnante para ti?

— No, nada de eso, es solo que... Jamás lo había pedido, no es una combinación que yo crea que funcione. — admitió, con la vista en la cuchara y en sus labios, los cuales habían adquirido un tono un poco más rosa debido al contacto frío con el helado.

Astrid tuvo un impulso. El impulso de darle una porción de su helado en la boca. Un impulso cursi, desenfadado y ridículo. Un impulso que, a pesar de todo eso, no pudo contener.

Hiccup vio confundido como ella dirigía su cuchara a él. — Abre. — ordenó ella, él no quiso contrariarla. Obediente, abrió la boca y permitió que ella le alimentara.

Ella tenía razón. No estaba tan mal.

Astrid se apartó, no soportando más ser tan cursi ni tan vulnerable. Hiccup masticó las chispas de chocolate y asintió.

— Bueno, me retracto. — luego tomó una cucharada de su helado, la dirigió hasta el rostro de la rubia, siguiéndole el juego. — Abre. — la imitó, pero su voz no sonó igual de demandante, sino un poco más dulce. Astrid sintió que los colores le subían al rostro, se sintió atrapada, y con una timidez muy impropia de ella, abrió los labios.

A pesar de que los helados son dulces, este seguía siendo amargo, tanto así que la hizo arrugar la nariz. Hiccup soltó una carcajada.

— Vamos, no es tan amargo en esta forma.

— No sé cómo puedes comer eso, es horrible y...— la detuvo un beso en la mejilla. Fue inesperado, tanto que la frenó totalmente en seco. Sus labios estaban fríos, eran suaves...

Y hizo que el café supiera un poco mejor.


Astrid reproduce en el esteréo de su cuarto: Detonate, de Charli XCX


UnsuccesBassist tiene razón, a la banda le gustan los clichés.

¿Cómo están? Yo hundiendome en la desesperanza y miseria, pero ahí andamos. Me pasa lo mismo que a Astrid con el café, para mi es demasiado amargo y a veces provoca que me den subidones, lo cual deriva en mi persona tomando decisiones extremas en los fanfics. Y luego bajones xd

Y sí, no tomen demasiado café o se les mancharan los dientes.

AHORA SI, EL CAPITULO QUE VIENE ES EL CAPITULO MAS ESPERADO POR TODOS AQUI. SI, SEÑORAS Y SEÑORES, ESTA AQUI, LO TENGO JUSTO AQUI ESCRITO EN MIS DOCUMENTOS...

Pero no sé cuando lo suba, estoy super atrasada con este fic.

Asi que se esperan. Pero tranquilos, no espero demorar demasiado. He estado muy estresada estos días con los examenes, practicas y trabajos. Prometo ponerme al dia, pero necesito tiempo.

Muchas gracias por sus comentarios. De verdad, me hicieron tomarle cariño a este fic uwu

Les quiero, un abrazo, cuidense!