Me cansé, este es el cap del lemon.

Ya que cojan, maldita sea.


Hay pocas canciones que les gustan tanto a Hiccup como a Astrid, una de ellas, es esta: Love Me Harder, de Ariana Grande con The Weeknd.

Recogerla de la práctica se volvió un hábito. Así como llevarla a casa en la pickup, hablar con ella un momento, sobre el día, sobre las tareas, sobre las regionales que estaban a la vuelta de la esquina y en planear una siguiente cita. Él le habló de su cirugía láser para los ojos y ella se vio genuinamente interesada por el tema, preguntó el día, la hora...

Y si podía ir.

— No lo creo... Pero puedes verme después. Tendré dos parches en los ojos y estaré momentáneamente ciego. — Le había dicho. — Bueno, más ciego que ahora.

— Bien. — aceptó. Le gustaría verlo después de eso, no sabía porque, pero tenía que verlo después de su operación. Hoy cuando llegara a casa investigaría todo al respecto, y compraría comida (sí, porque ella sabía que no sabía cocinar), aprendería todo lo importante que se debía saber y le ayudaría lo más que pudiera.

Si es que él quería.

Una vez llegaban a su casa, Hiccup se estacionaba frente a ella, desabrochaba su cinturón y ella hacia lo mismo, se inclinaba un poco hacia él y esperaba a qué le besara los labios. Se sentía extraño porque, parecía que hablaba con él como si fueran amigos (no mejores amigos, pero, ya era algo que no terminarán peleando después de decirse tres palabras) para después besarse como si fueran una pareja. No se encontraban mucho entre las clases, y todavía no daban ese paso de besarse en público (había pasado semana y media, por favor), lo harían en el almuerzo, de no ser por la mirada inquisitiva de Heather y las curiosas miradas de los demás, así que el único momento en el cual ambos se sentían cómodos besándose era en el solitario vecindario de Astrid, dentro de la camioneta de Hiccup, en medio de la quietud de Berk.

Trataban que se tratara de un beso de despedida, uno normal, salvó que ella a veces quería más de él. Había días en los que lo veía muy poco, había días en los que él se veía mejor que otros días, o días en los que él tenía práctica de natación y ella era la que tenía que esperarlo. En esos días en los que lo veía en traje de baño, ella solía querer un poco más de él.

Si no hubiera entrenado su auto-control, ella ya se hubiera lanzado al asiento del conductor y estaría tratando de deshacerse de su ropa. En cambio, se conformaba con acariciar su mejilla, con acariciarle el cabello y escucharlo gruñir cada que mordía su labio inferior. Una vez se separaban, él le daba un tierno beso en la nariz, en la frente o en las mejillas. A veces ella volvía a atacarlo, reacia a irse, o mejor aún, con planes de llevarlo a su casa, de atraparlo otra vez en su habitación y está vez, estando completamente sobria, no dejarlo marchar hasta tenerlo sobre su cama.

El problema era que no habían hablado de eso. Ni ella sabía cómo empezar una conversación sobre ello; esperaba que él lo sugiriera, pero a decir verdad, Hiccup tampoco sabía cómo sacar a relucir el tema. Ni siquiera ahora que no sabía cómo pero la tenía sobre su regazo, él apretando su trasero con sus manos, ya con mucha más confianza, a la vista de todo su vecindario y seguramente infartando a una vecina chismosa que los miraba desde su ventana. Con la lengua de él peleando con la de ella, buscando dominancia, volviendo el beso un poco más obsceno de ver ya que las pelea no se estaba desarrollando en sus bocas precisamente...

Hasta que sonaba su reloj de pulsera marcando la hora. Eso la traía de vuelta a la realidad, jadeando, preguntaba por la hora mientras trataba de ordenar su cabello, alisar sus ropas y se separaba un poco, manteniéndose sobre sus piernas. Dándole un beso en la mejilla, un "te veré mañana" y bajando del auto desde (para su descaro) la puerta del conductor. Lo dejaba hecho polvo, lo dejaba con un calentón de los mil demonios, ella no tenía idea de lo que le estaba haciendo.

No ayudaba verla marchar. Verla andar hasta su casa, con ese hipnótico caminar, en el que meneaba un poco las caderas... Seguro que lo estaba haciendo al propósito.

Esto tenía que parar porque sus sueños indecentes se habían incrementado. Eso y que ahora tenía un extraño fetiche de hacerlo en la pickup, con ella sobre él, marcando el ritmo mientras él la tomaba del cuello, la mirada fija en su expresión de saciedad y satisfacción.

Astrid no estaba mejor, ya eran demasiados sueños. Ya era demasiado esperar. Tenía que armar un plan, incluso si él no era parte del plan; estudió los horarios de su tío, los horarios de hasta sus vecinos, planeando excusas. Llegó a la conclusión de que, si quería que fuera en su casa, tendría que ser en el horario de clase.

Vomitar no era una buena idea, lo mejor que podía hacer, era... Una caída. Las lesiones no muy graves eran buenas para eso; por eso mismo, movió la práctica de esa semana a las mañanas. Odiaba tener que pedirle favores a los gemelos, pero pagándoles bien, nadie se enteraría de nada.

— ¿Un tobillo?— preguntó Heather, viendo cómo Astrid se sostenía su tobillo. — Astrid, tienes que...

— Ir a la enfermería. Ya sé. — Tuffnut la ayudó a ir. Y una vez ahí, efectuaría su plan. La enfermera le revisó el tobillo, un poco inflamado pero estaría bien después de un tiempo de reposo.

— Es mejor si vas a tu casa. — Recomendó la enfermera con una sonrisa amable. — Llamaré a tu tío. — avisó antes de caminar hasta el teléfono.

— No, no, él debe estar muy ocupado. — La frenó Astrid, todavía en la camilla. — Hiccup puede llevarme. — su corazón latía con fuerza, no sabía porque estaba tan nerviosa. La enfermera se volvió, entornando los ojos. — No hay problema, él siempre tiene permiso de faltar. — se encogió de hombros, todavía con la compensa de hielo sobre su tobillo.

— ¿Estás segura?— preguntó la enfermera. — No quisiera meterlo en problemas...

— No, estará bien. — negó Astrid, sonriendo de forma tranquila.

— Lo llamaré. — aseguró la mujer, saliendo de la enfermería. Esto estaba bien, íbamos bien. Tomó aire, esperando.

Esperando.

— Pero yo no soy su...— Hiccup se detuvo cuando la vio, sentada en la camilla, con una compensa en su tobillo. — Oh, hola. — La saludó, llegó hasta ella, un tanto preocupaba. — ¿Estás bien? ¿Te caíste?

— Estoy bien, solo es un tobillo torcido.

— ¿Tobillo?

— Estoy bien.

— Hiccup, cariño, ¿Crees que puedas llevar a Astrid a su casa?— preguntó la enfermera. Claro que conocía a Hiccup, y claro que lo trataba lindo, todo el mundo era amable con él. — Se torció el tobillo y tiene que descansar.

Sospechoso. Sin embargo, a juzgar por la compensa fría y por la forma en la que estaba sentada, esto parecía una coincidencia bastante extraña. Bastante conveniente.

— Claro, claro. — aceptó casi de inmediato. La tomó en brazos, sin siquiera preguntarle si podía caminar, mejor prevenir que lamentar, ¿Sabes? Mejor eso a que ella se lastimara aún más el tobillo, especialmente ahora, que no faltaba mucho para las regionales.

— ¡Gracias! Uh, Astrid, ¿Estás segura de que no quieres que le diga a tu tío que Hiccup te está llevando a tu casa?

Hiccup se lo pensó un momento. Alto, ¿Ella había rechazado que su tío la recogiera? ¿Por qué? ¿Qué no preferiría...?

— Nop, estoy bien. — Astrid asintió, colgándose al cuello del joven. — Yo lo llamo. — aseguró. La enfermera parpadeó un par de veces, tratando de convencerse de que esto no era algo un poco irresponsable y poco ético.

— Con mucho cuidado.

Hiccup la llevó en volandas por los pasillos vacíos, con Astrid recargada entre su pecho y el cuello, muy tranquila porque había pasado el filtro de la enfermera y que ahora estaba yendo en los brazos de su nerd larguirucho favorito. Justo como quería.

— ¿Cómo pasó esto?— preguntó Hiccup, la voz un poco entrecortada por el tiempo en el que la estaba cargando. Astrid negó con la cabeza.

— Tuffnut es un idiota. Me dejó caer antes de tiempo.— respondió de forma distraída, no sonando enojada, ni siquiera se veía un poco molesta.— No es nada serio, Hiccup.— llegaron a la pickup estacionada frente a la escuela. Astrid extendió la mano para ayudarlo a abrir la puerta; la ayudó a sentarse en el asiento.

Lo esperó hasta que él llegó al asiento del conductor. Una vez ahí, arrancó el auto, listo para llevarla a casa.

— ¿Estás segura? La práctica...

— Muy segura. — De hecho sí, el dolor iba disminuyendo. — ¿Te estoy causando problemas?— le preguntó, girándose lo más que le permitía el cinturón de seguridad.

— No en realidad. Me estaba durmiendo en química. — sonrió el castaño. No sabía si eran los nervios, o el deseo bullir en su vientre, pero no pudo evitar mirar sus manos sobre el volante. Manos grandes, de dedos largos, las venas se marcaban muy poco debajo de la piel, ¿Era su imaginación o había pecas en el dorso de la mano? Seguro que sí. Había sentido su tacto antes, suave pero rasposo en algunas partes, notó también algunos manchones de tinta y lo que parecía ser grafito.

— Estabas dibujando. — no fue una pregunta ni nada similar. Fue una contundente afirmación, Hiccup sonrió, atrapado.

— Tal vez. — a veces era extraño como es que ella notaba algunas cosas que nadie notaba a primera vista. A la chica le gustaba mucho observarlo, en especial ahora que se lo permitía ya que había admitido sus sentimientos y no era tan extraño. — ¿Cómo fue la caída?

Una cosa controlada. — Nada grave en realidad. Solo quería escaparme de la escuela. — admitió, viendo que ya estaban lejos del territorio escolar. Hiccup saltó preocupado, ¿¡Ella había hecho qué!?

— ¿¡Qué!?

— ¿Uh?

— ¿¡Por qué querías escaparte de la escuela!?— se frenó en un muy oportuno alto. Astrid casi sonríe por su ataque nervioso. — Es decir, yo no sabía que tú querías... Sí creí que era sospechoso, un poco, pero no esperaba que...

— Para ser tan listo eres muy tonto. — estaba de buen humor, Hiccup notaba que eso era algo peligroso, no en plan malo, sino en un plan un poco... Era un peligro que le gustaba y al mismo tiempo le alteraba el pulso de sobremanera. — Quería pasar tiempo contigo, es todo.

—Espera, ¿¡Te hiciste daño solo para salir conmigo!?—

Esta vez sí soltó esa carcajada. — No me hice daño. Solo caí mal, estaré bien. Siempre pasa. — no mentía, ya no le dolía el tobillo debido a la compresa que le habían dado en la enfermería. Hiccup seguía viéndose un poco preocupado. — Estoy bien. En serio. Puedes cargarme de nuevo si quieres.

Diablos, ella sí quería eso.

Hiccup seguía tratando de entenderlo, porque seguía pareciéndole irreal. — ¿Querías saltarte las clases solo para pasar tiempo conmigo?— ¿Ella quería ir a algún sitio?

— Sí. — Respondió de forma lenta, tratando de dejárselo en claro. — ¿Qué? ¿Tienes miedo de meterte en problemas?

Claro que sí. — No, bueno... Un poco. — No solo eso, faltar a la clase de Viggo Grimborn no siempre era una buena idea. Todavía el hombre no había jugado su carta con lo que había visto antes, lo que significaba que estaba esperando a la menor oportunidad para arruinarle la vida. Astrid frunció el ceño. — Er, es que, bueno, pueden llamar a nuestros padres y...

— No creo que les importe demasiado. — y a ella tampoco. Una falta al semestre no hacía daño. — Eres el mejor promedio, dudo mucho que llamen a tus padres.

— Oh... Entonces...— dudó, no sabiendo si sí dirigirse a su casa o no. De todas formas, Astrid no le había indicado lo contrario. — ¿Quieres que te lleve a tu casa?

— Sí. — bien, bien, él iba directo a su vacía casa. Todo iba conforme ella quería, como siempre; Astrid miró por la ventana: su cuadra estaba ahí, las casas pasando a moderada velocidad. — A menos que quieras que vayamos a la tuya.

No había mentido cuando había dicho que quería conocer su cama. Su cuarto, más bien, y es que, ¿cómo era su cuarto? ¿Tendría cientos de figuras de acción en repisas? ¿A Hiccup le gustaban los funkos? Seguro que estaba lleno de posters nerds de películas que a ella no le interesaba ver para nada. Era un rancho, seguro que las paredes eran de madera como el resto de la casa.

El auto se detuvo, él se había estacionado nuevamente frente a su casa. Tomó nota del espacio vacío que dejaba la patrulla del tío de Astrid y lo sola que se veía la casa, no quería hacerse ideas equivocadas, pero esto se veía como una trampa. Una parte de él esperaba que sí, y otra parte, la más inocente, esperaba de todo corazón que no, que ella solo le ofreciera ver una película, o lo que sea, porque pensar en eso le estaba alterando los nervios.

Igual, no quería volver a la escuela. Entre Astrid y Viggo, prefería pasar tiempo mil veces con la animadora. Se aseguró de que ella pudiera bajar (le reclamó, todo este tiempo ella pudo caminar perfectamente y no dijo nada), lo que sí hizo, fue cargar la mochila de Astrid, solo por si acaso. Ella abrió la puerta y con solo entrar al lugar, lo invadió una inquietud terrible. Si esto iba a pasar en serio (y si no había nada que pudiera detenerlos en este momento) tenía que asegurarse de que... ¿de qué? Se había duchado antes de salir de casa, todo estaba en orden, el único problema que veía es que no venía...

Graznido, ¿por qué había graznidos en la casa de Astrid?

— ¡Hola, nena!— saludó Astrid antes de caminar hasta la cocina con familiaridad y cojeando todavía un poco. Hiccup se preocupó un poco, tal vez esto no era tan grave, pero no podía dejar de preocuparse; la siguió hasta llegar a la cocina.

La vio frente de una jaula, ahí dentro, un pájaro azul con plumas amarillas, se le había acercado a la rubia, desde los delgados barrotes sobre un columpio para pájaros de alambre. La chica sonreía con cariño a su mascota, diciéndole cariños por lo bajo, el pájaro le respondía con graznidos; era la misma expresión que Astrid había tenido con Garff, la misma que adoraba bastante.

Astrid recordó que Hiccup estaba ahí, se giró y todavía con una sonrisa dulce (que alteró su pulso aún mas), le devolvió la vista.— Apenas volvió, tu madre la estuvo cuidando estos días.— informó con una voz suave, regresando la vista a su pájaro. Hiccup de inmediato recordó eso, su madre le había hablado de un ave que llegó muy deprimido y deshidratado. No sabía que fuera de Astrid.

— Oh, sí... mi mamá estaba algo preocupada. — explicaba porque no la había visto el sábado. — ¿Ya se siente mejor?

— Le gusta estar aquí. Le recuerda a papá, supongo. — soltó ella de forma distraída. Hiccup alzó un poco el rostro, un poco impresionado por la oración que ella acababa de decir. Astrid frunció el ceño, no quería hablar de eso, no por lo menos ahora. Quizá después. Admiraba que él fuera tan bueno escuchando, no le había hecho ninguna pregunta incomoda, es más, parecía que quería escucharla más. — Uh, ¿quieres algo?— desvió el tema, él no se vio tan mal por el hecho, Astrid hablaría de eso cuando se sintiera lista para eso. — Tenemos jugo, agua... café. — era muy temprano para beber, ¿no es cierto? Miró la cafetera antes de que él pudiera responder, él soltó una risa.

— Café está bien. — eso lo relajaba un poco. Solo un poco. Astrid encendió la cafetera, al momento de hacerlo, la cocina se llenó del amargo olor del café, la vio arrugar la nariz. — No puede disgustarte hasta el olor. — ella se encogió de hombros, sonriendo todavía de forma suave, cómoda.

— Se me queda en la nariz todo el día. — esperó a que el chorro de líquido cayera. — Es molesto. — en lo que su taza estaba lista, ella tomó un vaso de plástico de la alacena. Fue hasta el refrigerador y buscó la botella de jugo de arándano que tenían guardada. A Hiccup le gustaba la luz de la mañana colándose en las ventanas, le daba un ambiente más cálido a todo esto, resaltaba sus movimientos controlados y al mismo tiempo desinteresados en un acto tan simple como servir un vaso con jugo. Lo bebió frente a él, para luego recargarse en la barra de la cocina, la vista enfocada en el frutero sobre esta.

Naranjas. Fascinante.

— No es tan malo, exageras. — Hiccup se acercó de forma cautelosa, no quería que ella se le fuera encima como hacía siempre que estaba de buen humor. Bueno, eso no siempre estaba mal.

— Lo es. — se separó de su lado después de escuchar que el chorro había dejado de caer. Sirvió el contenido en una taza, y la dejó en la barra. — ¿Quieres azúcar?

— No, está bien así.

— Ew, eso lo hace más asqueroso que antes. — exclamó con una mueca de asco. Le respondió con una risita, bebió el contenido de la taza a sorbos largos, sin hacer siquiera una mueca para impresión de la rubia. — Debe doler el estómago después de eso.

— Nah.

Lo espero a que terminara su taza de café, mientras tanto, ella bebía de su vaso con jugo. Una vez terminó el suyo, llevó su vaso al fregadero, a paso demasiado despreocupado como para no ver que había algo en su camino. Por accidente pateó una de las patas de la mesa, con el tobillo lastimado, casi deja caer el vaso de sus manos y se queja en voz alta. Hiccup se levantó de un salto.

— ¿Estás bien?

No, ciertamente no. No iba a demostrarlo de todos modos. — Estoy... bien...— intentó dar un paso, su tobillo se negó rotundamente. Hiccup le tomó de los brazos, por detrás. Bien, ella no había planeado esto, ella no había planeado lastimarse en serio.

— ¿Segura?— le preguntó muy cerca de su oído, cosa que la hizo estremecerse. Vale, tal vez esto no estaba tan mal.

— Tal vez no. — antes de que pudiera siquiera aceptarlo en su mente, él volvió a tomarla en sus brazos, sabiendo muy bien que ella jamás admitiría que se había lastimado. — No, no, puedo caminar... ¡Hiccup!— le llamó la atención un poco fastidiada, la estaba tratando como una niña pequeña, una niña a la que estaban llevando a la fuerza a su habitación. — Oye, esto no es...— la dejó en su cama. Agh, no, no otra vez. Ahora él se negaría por miedo a "lastimarle el tobillo", vaya idiota.

Infló las mejillas cuando lo vio salir del cuarto, casi le da una patada al suelo, sintiendo la ira crecer en su vientre. Estaba harta de todo esto y de lo caprichoso que era el destino... Tal vez esto era una señal, tal vez algo le estaba gritando que todo esto era demasiado rápido... o que estaba demasiado mal.

O que los clichés no se cumplían en la realidad.

Estúpida mesa, estúpido tobillo...

Ni siquiera quiso alzar la vista cuando lo escuchó volver, con una bolsa de vegetales congelados en la mano y un trapo de tela en la otra. Tomó aire, tratando de calmarse, de no hacer un berrinche ridículo. La verdad es que no rechazó que le quitara su zapato y su calcetín, ni el frescor de la bolsa de vegetales sobre su inflamado tobillo.

Ella no era así de torpe, en serio. Era mejor que esto.

No solo eso, Hiccup palpaba la articulación, solo para asegurarse de que no se tratara de algo grave. Ella estuvo a punto de patearlo. Se contuvo.

— Bueno, no es grave, solo la inflamación volvió. — la consoló el castaño, su sonrisa era incluso mejor que el hielo... Bueno, no tanto, pero sonaba romántico, ¿no?— No te enojes. — lo dijo en un tono tan meloso que ahora sí quiso patearlo en serio. Y lo hubiera logrado si él no estuviese reteniendo su pie con ambas manos. — Dije que nada de golpes.

— Lo pones difícil. — rezongó, Hiccup siguió apoyando la compresa contra la piel de la animadora. Para calmarla, se decidió a besarle su rodilla. Recibió el sonido de ella soltando el aire de golpe, molesta, dispuesto a derretir todo el hielo en la actitud de la joven, repitió la acción, con cariño. Fue subiendo muy poco, a veces encimando los besos unos con otros.

Su respiración empezó a entrecortarse un poco, en el momento en el que la pierna de la chica ya no se sentía igual de tensa que antes, al contrario, estaba a su disposición. Alzó la vista, sintiendo tibias las mejillas, topándose con la mirada oscurecida de la rubia, que, aunque se veía sorprendida, tampoco se veía incomoda con el trato que estaba recibiendo.

Esto va a pasar en serio, nadie va a interrumpir esto. Por lo menos no de momento, esto era real... estaba pasando de verdad.

Le acarició el cabello, Hiccup hizo una mueca, lo cual la hizo reír. — ¿No te gusta que te toquen el cabello?— preguntó ella en un susurro. Esta vez mudando sus dedos a la oreja de Hiccup, jugando con el pabellón, sonriendo, divertida. Lo vio negar con la cabeza. — ¿Por qué no?

— No lo sé, es extraño. Me siento raro cuando lo hacen. — explicó en el mismo volumen de voz, tratando de enfocarse en sus rodillas y no en la zona más arriba de estas.

— ¿No quieres que lo haga?— mudó sus caricias nuevamente a su cabello. Tenía reflejos rojos, le encantaba la gama de colores de su cabellera, podría mirarla durante horas. — Puedo no hacerlo...— abrió un poco sus piernas, no demasiado, pero sí lo suficiente para hacer que él la mirara por el rabillo del ojo. —... Si no quieres.— eso sonó demasiado seductor para su salud, demasiado. Mucho. Tembló, tomando valor para dejar la bolsa de vegetales en el suelo y posó ambas manos en los muslos de ella, acariciando y trazando círculos invisibles con sus dedos; el movimiento le causaba piel de gallina.

Tenía el corazón en un puño, sí, pero no le impidió seguir besando ambas piernas, alternando sus besos en cada una y subiendo a un ritmo deliberadamente lento. Recibía caricias en su cabello como respuesta, mismas que lo alentaban a seguir avanzando, a abandonar su timidez. Llegó al dobladillo de la falda, fue lo único que lo detuvo, dudó, ¿debía continuar ahí o quizá ella quería que él le diera un beso? ¿Qué era lo mejor que podía hacer?

Reformuló la pregunta para sí mismo, de forma oscura, ¿qué quería él?

Esperó una negativa de su parte en cuanto alzó la falda, ella le miraba expectante, ansiosa por saber qué es lo que tenía planeado. Él siguió besándola, sin importarle que la falda estaba cubriendo su cabeza y que eso lo privaría de saber su expresión, contaba con su oído entonces.

Él era tierno, sin duda alguna. Astrid sentía sus labios contra su piel, humectados y suaves, la sensación de su respiración contra ella, sentía que la quemaba, sin embargo, al mismo tiempo, deseaba que ese fuego se extendiera. Brincó cuando sintió una nueva textura contra su piel, una más dura y afilada, ¿La estaba... Mordiendo?

No eran mordidas agresivas, solo un cauteloso roce. Nada más. Le pareció nuevo, un poco extraño, pero no malo. Le gustaba, le alteraba la respiración, la hacía abrir de forma inconsciente sus piernas, solo un poco más, un poco...

Dio otro salto en el momento en el que él fue bajando el short de licra de su uniforme, no dijo nada, se dejó hacer, incluso le ayudó a arrojarlo lejos. Le pareció bastante gracioso cuando él gruñó con frustración al ver que había una prenda más, por lo que se rio por lo bajo y retomó sus caricias. No tuvo que esperar mucho para que él volviera a besar su piel, primero rodeando el elástico de sus bragas, y luego, besando directamente la tela azul. Abrió los ojos de par en par sorprendida. No esperaba esto, no esperaba que él se atreviera...

Besos húmedos por encima de la tela, ella estaba conteniendo hacer sonidos muy fuertes o vergonzosos. Eso no bastaba para Hiccup, necesitaba escuchar que le gustara, no le parecía bueno que ella se contuviera, por lo que, sintiéndose con más suerte de la que creía en un principio, posó sus manos en el elástico de la sencilla prenda.

Auch, jalón de cabello.

—Hey. — le llamó la atención. — Tranquilo, nerd. — lo frenó sonriendo, a él le pareció gracioso que Astrid lo llamara así. Salió de entre su falda, y para ella, su mirada le perturbo, la hizo flaquear un poco, congeló un poco su sonrisa.

La estaba mirando de una forma en la que no la había mirado antes. Sus ojos verdes, siempre chispeantes y vivos, estaban oscurecidos, nublados, le quitaba el aliento por lo hambriento que se veía. Lejos de asustarla, le gustó, ella misma lo había cambiado, aunque, también encendió un foco de advertencia. Ella no podía perder el control sobre esto.

No iba a permitirlo.

Hiccup, por su parte, empezaba a sentirse más seguro. El color azul es su nuevo color favorito, definitivamente; la mano sobre su cabello ya no le parecía un toque incómodo, todo lo contrario, ella lo había transformado en una sensación mucho más placentera. Con los ojos fijos en la boca entreabierta de ella, subió rápidamente por su cuerpo para darle un feroz beso en los labios. Ella le recibió yendo un poco hacia atrás, las manos en sus mejillas, luego su cuello y finalmente en su pecho.

Sentía sus manos pequeñas recorrerle el pecho y los brazos por encima de la tela, lamentando que tuviera la ropa puesta. Algo que ella adoraba era el cómo ambos peleaban por quién quería dominar en el beso, o en todo en general. Era divertido pelear de esa forma.

Ahora que lo pensaba, sí, él tenía mucha ropa puesta, decidió empezar por la molesta camisa de franela a cuadros verdes. La deslizó sobre sus hombros, sintiendo su complexión sobre la ropa, suspiró al sentir los músculos tan firmes bajó su tacto; él por su parte, fue reclinándola poco a poco, si ambos iban a recostarse en la cama, no necesitaba seguir apoyándose en ella, ¿Cierto?

Dejó que le quitara la camisa, no la iba a extrañar después de todo. El calor de sus manos delicadas fue mucho más intenso, Astrid se sentía realizada, finalmente estaba tocando el pecho con el que había soñado tantas veces en estas semanas. Él se separó lentamente, solo para repartir más besos en su mandíbula y luego mudarlos de lleno a su delgado cuello. Lo besó en su totalidad, embriagándose con su olor, la notó cooperativa, tanto así que hizo a un lado su cabello para darle mejor acceso.

El cuello alto de su uniforme lo molestó. Impedía que siguiera deleitándose con su tierna piel. Humedeció los besos en su garganta mientras buscaba como deshacerse de esa parte del uniforme; con las manos temblando, encontró el borde de su camiseta, y con la misma cautela que antes, fue alzándola, no solo temblaba por los nervios, al contrario, estaba sumamente ansioso, tanto así que tenía que contenerse para no ser brusco o verse demasiado desesperado.

— Alza los brazos. — ordenó una vez sus brazos se volvieron un problema. Astrid le miró divertida y algo sorprendida, ¿Él dando órdenes? Vaya, ¿Qué tenemos aquí?

Le dio un manotazo a sus manos sobre el dobladillo de la ropa, las reemplazó por las suyas, con un movimiento rápido y ágil se deshizo de la prenda y la arrojó lejos. La acción no pasó desapercibida por los ojos verdes, primero, por su terquedad y por haberlo desobedecido, y segunda, mucho más importante, porque jamás la había visto solo con su sostén.

A pesar de tener ropa interior mucho más adecuada para todo esto, a pesar del plan, Astrid no estaba usando nada que se saliera de la norma habitual. Esto lo estaría usando incluso si Hiccup se negaba a hacerlo con ella hoy; era un cómodo sostén deportivo en tonos azules y bordes negros, no varillas ni metales, solo tela deportiva que impedía que ella pudiera sentir la gravedad (por completo) en sus pechos, igual, no eran muchos. Ella no tenía una talla muy extravagante, ni llamativa, nunca le había molestado.

A él tampoco.

Lo distrajo una risa, la de ella, precisamente. — ¿Qué miras?— le preguntó como si fuera ajena a lo que estaba pasando. Su expresión era interesante, parecía estar estudiándola con la mirada.

Hiccup sacudió la cabeza, antes de posar su mano sobre el costado expuesto de Astrid, subiéndola poco a poco. Volvió a atacar su cuello, las mordidas volvieron con un poco más de potencia, cosa que la hizo abrir los ojos con alarma, eso y el cómo succionaba la piel.

— No, no...— susurró, tratando de apartarse, sin quererlo. Le gustaba bastante la sensación, pero le preocupaba que fueran marcas visibles...— Un poco más abajo, mi tío...— ahogó un gemido, el hecho de recordarle a su tío, en vez de hacerlo detenerse, lo hizo succionar un poco más fuerte.— ... Va a... Hacer preguntas. — preguntas que no quería responder, preguntas un poco incómodas.

Eso aumentó su morbo, ¿Cómo reaccionaría Astrid cuando alguien le preguntara acerca de ellas? Sería demasiado bueno escucharla decir que él se las había hecho. Que toda la escuela, todo el pueblo sepa que...

Empeoró un poco cuando empezó a bajar lentamente, mordiendo con suavidad, lamiendo. Viendo que, esto estaba yendo deliberadamente lento, Astrid decidió tomar las riendas de todo esto; como pudo, lo giró sobre la cama, quedando ella sobre él, antes de que Hiccup pudiera regresarla a la posición inicial, le tomó de las muñecas, inmovilizándolo.

Jadeante, lo miraba fijamente: tenía el pecho repleto de pecas, el cabello aún más revuelto, con el pulso visible en la vena yugular. Vulnerable a sus ojos ahora, justo como le gustaba.

— Hey. — su voz sonaba un poco más tranquila ahora, un poco más controlada. A pesar de que ella le había llamado, sus ojos únicamente de encontraban en su top. Divertida, llevo sus manos al mismo y acunó las copas con sus manos, recibió una sonrisa torcida en respuesta. — Vas a hacer que tenga que usar suéteres toda la semana. — le reclamó.

— No tienes que usarlos. — su voz ronca hizo efecto en su bajo vientre, la punzada explotó de forma placentera. — No los uses. — con las manos libres, no fue a su torso, al contrario, fueron directo a sus muslos, levantando un poco su falda, diablos, desearía que fuera un poco más corta.

— ¿Ah no? ¿Y qué les diré a todos los que me pregunten?— mientras las manos de él avanzaban con decisión hasta su trasero, ella también fue bajando las manos hasta quedarse en la hebilla de su cinturón, notando que había un bulto en el pantalón.

— Diles quien lo hizo. — volvió la vista a él cuando escuchó su respuesta, un poco sorprendida. Su tono no era el de alguien qué había dudado si sugerirlo, no, era más bien una orden. Vaya, vaya, Hiccup no se sentía listo para darle órdenes a sus equipos de trabajo, pero sí a ella.

Interesante.

Igual le pareció gracioso, se rio en su cara, lo hizo fruncir el ceño, ¿Hiccup dándole órdenes a ella? Eso estaba por verse. — ¿Nada te haría más feliz, no es verdad?— lo retó, quería ver hasta dónde podía llegar.

Sí, por eso las había hecho. — No le veo lo malo. — susurró, tentando el elástico de sus bragas. Pensó que todavía no era tiempo de eso, que ella tenía razón y que quería intentar ir por partes. Conservó una mano en su trasero y la otra la llevo de lleno a su seno derecho, todavía cubierto. Ella no mentía, de verdad combinaba su ropa interior. Coló sus largos dedos por debajo de la prenda, como respuesta, ella dejó salir un gemido silencioso, mordió su labio inferior, sonriendo.

No bastaba.

Sin dejarla caer se incorporó en la cama hasta quedar sentado con Astrid sobre su regazo, frente a él. Antes de que ella pudiera empujarlo de vuelta, y viendo que no sabía cómo retirar la prenda (¿Tenía broches esto?) solo la levantó lo suficiente para liberar ambos senos del sostén deportivo.

— Oye...— le reclamó antes de sentir los labios del chico sobre su sensible piel. Contuvo la respiración, mientras sentía como dos manos firmes la tomaban por las muñecas, impidiéndole escapar o defenderse. Abrió su boca, forcejeando débilmente.

Sorprendida y con la guardia baja, dejó salir un gemido un poco más sonoro que los anteriores en el momento en el que él llevo sus labios a su pezón, succionando, ¿Cómo sabía que era muy sensible en esa zona? Dejó de forcejear, porque, a pesar de lo extraño que era, adoraba esto y quería sentirlo más cerca. Hiccup le permitió llevar sus manos nuevamente a su cabeza, para que pudiera enredar sus dedos con su cabello; de forma inconsciente fue meneando las caderas un movimiento leve pero lleno de anhelo. Trató de controlarse también, no quería ser tan ruidosa, vamos...

Eso y que, la presión sobre su pecho causada por su sostén, la estaba molestando. Alzó los brazos, para poder retirar la prenda, eso aumentó la comodidad. No entendía porque le gustaban tanto, ni siquiera eran su mayor atractivo, pero a él parecían gustarle demasiado. Mucho, tanto así que encajaba sus dientes con delicadeza en su piel.

Le gustaba morder. Cielos, era como si se la estuviera comiendo, el pensamiento le encantó, le hizo estremecerse y soltar aún más sonidos. Sintió un nudo crecer en su bajo vientre, él la estaba llevando cerca de forma sumamente rápida para lo que estaban haciendo. No entendía si era su deseo por él el que la tenía así de sensible o sí él era realmente bueno en lo que estaba haciendo. Seguro que ambas cosas.

Con brusquedad, le tomó de la barbilla, alejándolo de su pecho para plantarle un beso, el pecho desnudo de él impactó con el de ella y eso la hizo gemir de gusto. Sentía los dedos largos de él clavándose en su piel, con posesividad, como si no quisiera separarse de ella jamás.

Se separó tratando de inhalar un poco de aire. Este se sentía extrañamente húmedo, agradable en su nariz; bajó hasta que posó sus dos pies sobre el piso, el tobillo dolía pero no demasiado, o bueno, tal vez las endorfinas altas aminoraban el dolor. Él la miró expectante, ¿Mencionó lo de la luz, no?

El cuarto de Astrid estaba repleto de luz entre amarilla y de colores lilas, debido a las cortinas. Si no sintiera los lentes de contacto sobre sus córneas, diría que seguía en su sueño dónde todo tenía luz dorada y Astrid actuaba realmente deseosa por él, sin embargo no, ella estaba ahí, y él estaba frente a ella. La luz de la mañana iluminaba su cuerpo de forma delicada, suave... Casi irreal.

— Ven, siéntate ahí. — le indicó en voz baja, soltando su cabello y peinándolo con los dedos para alisarlo. Hiccup la obedeció, maravillado por la vista, el cabello salpicándole el torso desnudo, la luz creando sombras y dando luz, aclarando el cabello con la luz directa.

Dioses.

Una vez él quedó sentado en el borde de la cama, ella se hincó entre las piernas abiertas de Hiccup. Verla en esa posición lo hizo contener la respiración, a la expectativa, sabía lo que venía. Lo confirmó cuando ella volvió las manos a la hebilla de su cinturón; a diferencia de él, Astrid tenía las manos firmes, decididas a quitarle el cinturón.

Esta vez no la detendría.

Desabotonó el pantalón, luego encontró el cierre y lo bajo a una velocidad sumamente lenta. Astrid sonrió al sentir su respiración entrecortada, viendo por el rabillo del ojo como iba enterrando poco a poco sus dedos en la tela. Era casi doloroso en sentir las manos de la chica sobre su ropa interior, acariciando con curiosidad y al mismo tiempo seguridad por toda su longitud.

Primero, lo hizo por encima de la tela, tentándolo y demorándose un poco más, solo para ver su reacción, verlo contenerse era divertido, muy satisfactorio. Pero no podía durar para siempre. Por lo que, para deleite del castaño, bajo la prenda y fue a por todas, provocando un fuerte estremecimiento por todo el cuerpo de Hiccup; bombeó con moderación.

Estaba muy sensible, tanto que podía sentir su fresca respiración en la punta de la cabeza, gemía por lo bajo. No sintiéndose satisfecha, Astrid aumentó la velocidad con la que subía y bajaba su mano, causando que el volumen de sus sonidos también aumentara.

— ¿A-Astrid?— la llamó, jadeante, ¡Dioses! No ayudaba verla tan concentrada en su acción. Astrid solo alzó los ojos en su dirección, sin dejar de mover su mano; al verlo sonrió de forma angelical, inocente, como si no tuviera idea de qué estaba haciendo.

— Sí, dime. — dijo con un tono inocente. Ella lo estaba matando. En serio.

Tenía la cabeza repleta de nubes, le costaba pensar o enfocarse en una cosa que no fueran sus validas manos sobre su piel febril. — Usa...— tragó saliva, tratando de controlar su voz. Inhaló profundo, sintiendo que podía no sonar tan débil. — Usa tu boca. — ordenó. La vio alzar las cejas, impresionada, desafiante.

— ¿Ni siquiera "por favor"?— respondió, actuando como si la pregunta le hubiera ofendido. Hiccup gruñó. — ¿Me lo estás ordenando?

La tomó de la mandíbula con firmeza, apoyando su pulgar contra los labios de ella. Astrid entreabrió los labios, permitiendo que Hiccup pudiera introducir su pulgar en su boca.

— Sí. — respondió. El aspecto de Astrid, lamiendo su pulgar, de rodillas, le parecía demasiado. Claro que le estaba ordenando. Ella, que le daba órdenes a todo el mundo, iba a obedecer las suyas de una vez por todas, era lo más oscuro con lo que había fantaseado: verla obedecer sus órdenes sin rechistar.

A pesar de lo atrevido y dominante que había sido ese gesto, Astrid no se molestó. Al contrario, nadie la había tratado así, esto era nuevo... Y la excitó de sobremanera.

Empezó a succionar y lamer el dedo en su boca, con los ojos entrecerrados, la mirada fija en los ojos de él. Las pupilas dilatadas, moviendo ligeramente la cabeza de atrás a adelante, se veía hermosa, más de lo que lo había estado antes, no podía concebir una imagen todavía más hermosa que...

Ella tomó su mano para apartarla de sí, el sonido de la separación sonó como un chasquido. De acuerdo, le daría esto, tenía que reconocer que un poco de dominancia de su parte era bastante interesante y nada de lo que había esperado.

Mentía, de hecho, sí había una visión más hermosa de ella. La estaba viendo justo ahora, lo podía sentir, mierda, por supuesto que lo podía sentir.

— Dioses...— soltó sin pensar. Su boca era demasiado caliente, demasiado estrecha y su lengua se movía sobre su eje, estimulándolo aún más. Ni siquiera podía concentrarse en el sonido, este estaba lleno de sonidos húmedos, de succión, uno que otro chasquido, sus propios gemidos, incluso los de ella, incluso cuando ella intentaba tomarlo por completo la escuchaba atragantarse un poco.

La tomó de la nuca, Astrid sabía lo que intentaba hacer. Relajó la garganta, y lo dejo hacer. Supo también que estaba cerca por el aumento en la brusquedad, así como en las palpitaciones de él sobre su lengua, oh, ¿Acaso quería...?

— Me voy a...— su voz ronca fue el último indicio de lo que estaba a punto de pasar. Intentó alejarse, pero él no se lo permitió, no por lo menos por completo, ¿Esto también iba a permitirlo?

Lo sintió llegar, fuerte, él soltando sonidos ahogados y agudos, llenando su boca. Tragó la mayor parte del líquido como pudo, aunque no pudo hacerlo por completo, seguro que algo de él se quedó atrapado en su piso de boca. Su mandíbula quedó floja una vez que él salió de ella, más del líquido blanquecino se resbaló por la barbilla y algunas gotas cayeron sobre su pecho y clavículas.

Que buena chica, pensó de forma oscura cada vez más convencido de que estaba viendo la imagen más bella de Astrid.

La vio tragar y limpiarse con el dorso de la mano, con gracia, respirando de forma entrecortada. Astrid se levantó, las piernas un poco tambaleantes, apreciaría mucho recibir algo a cambio, eso y que, la falda se volvió demasiado molesta, la dejo caer revelando sus bragas. Hizo un gesto de dolor, y ante eso, Hiccup la tomó en sus brazos para traerla hacia sí, ambos echándose en la cama, con él besándole la mejilla.

— No deberías estar tanto tiempo de pie. — le susurró en el oído, de pronto, Hiccup había usado su voz habitual, la misma voz melosa y tierna que usaba siempre. Le siguió besando el rostro, recorriendo el contorno del rostro con pequeños besos.

Contrastaba un poco con el hecho de que la mano de Hiccup estaba bajando por su vientre y colándose por su braga. No lo detuvo, esa parte estaba clamando por su toque, lo había estado clamando desde hace mucho, demasiado. Ni siquiera había avanzado mucho y ya la tenía temblando sin control. Hiccup fue explorando la zona, buscando el bendito manojo de nervios.

La volvió a tomar con sorpresa, arqueó la espalda, sintiendo la fricción en la zona sensible, siendo aumentada por sus callosos dedos. Primero en círculos, luego frotando de arriba a abajo, presionando un poco; él se sentía orgulloso por generar esas sensaciones en ella, por verla así.

Encontró la entrada, sin dudarlo introdujo uno de sus dedos en ella, haciéndola saltar, lanzar un grito, y balbucear sobre lo mucho que le gustaba, sobre lo bien que lo estaba haciendo y también, sobre el tamaño y grosor de sus dedos. Se retorcía un poco, se quejaba y movía las caderas de adelante hacia atrás; no supo ni en qué momento había pasado, pero ahora lo tenía besando su vientre con dulzura, bajando y bajando...

— ¡Oh!— jadeó, aferrando sus dedos a las sábanas debajo de ella. Él finalmente había bajado sus bragas y finalmente, había reemplazado sus dedos por sus labios. Sonó casi como un grito, respiraba con dificultad, y soltando aún más sonidos que ella consideraría vergonzosos después de que esto haya acabado.

Le sostuvo de la cabeza, le jaló del cabello acercándolo un poco más a ella, reacia a soltarlo, lo quería cerca, no quería que su boca se alejara de su sexo nunca.

Ahí, justo ahí.

Cada vez sentía el nudo en su bajo vientre crecer y crecer. Había algo irreal al respecto de todo esto, ella no podía estar tan excitada en este momento, era demasiado. Sí, bueno, lo había deseado por algo de tiempo, y tiene mucho que ver qué ella se haya encaprichado por él, pero vamos, ella no podía sentirse tan vulnerable en este momento. Le aprisionó la cabeza con los muslos, seguro que en algún momento él tendría que apartarse para poder respirar, pero no podía simplemente dejarlo marchar.

Esperaba que su tío no estuviera cerca de su casa, y de hecho de arrepintió de no haber puesto música o alguna otra cosa que pudiese ayudarle a disimular sus gritos. Seguro que los vecinos la mirarían extraño o algo así, o habría bastantes mirones cuando todo esto haya acabado... De todas formas no le importaba, lo único que importaba era lo deseosa que estaba por él y lo cerca...

Tan cerca...

— ¡Hiccup!— lo llamó con el poco rescoldo de cordura que le quedaba en la cabeza. Sentía que el cerebro se le estaba derritiendo, eso o que estaba explotando por todas las endorfinas; fue como si estuviera reventando, descargas eléctricas le recorrieron el cuerpo, incluso sintió que estaba bizqueando.

Espasmos descontrolados y por último un gemido ahogado prolongado, seguido de unos más pequeños. Hiccup alzó la vista, estaba hecha un lío: sonrojada hasta el cuello, dando bocanadas de aire tratando de regular su respiración, revelando sus dientes blancos y la punta de su lengua, los ojos entrecerrados y el cabello revuelto.

Astrid sintió como la miraba, incorporó la cabeza, tratando de recuperar la dura coraza habitual que tenía. Él volvió a acariciarla, solo para saber su reacción.

Ella dio un brinco, se quejó. — ¡No, no!— balbuceó, no, sentía que no podía recuperar ni la cordura ni reflejar dominancia, era muy difícil a este punto. — No, es demasiado...

Ya no quería sus manos. Necesitaba otra cosa. Lo necesitaba a él.

— Eres hermosa. — le escuchó decir. Astrid abrió los ojos, sintió que sus mejillas aumentaban su picor y que su corazón volvía a alertarse, así como, aunque no lo crean, mariposas en el estómago. Hiccup colocó sus manos sobre la cintura desnuda de la chica, moviendo las manos de arriba a abajo. — No tienes idea de cuánto. — le besó la mandíbula, el cuello, inhalando su aroma.

Astrid se sentía halagada, sin armas para defenderse del comentario, solo sonriendo, regresándole el afecto acariciando su cabello con la misma dulzura con la que Hiccup la estaba besando.

— Tú... Cállate...— fue lo único que pudo decir. Lo escuchó reír contra su piel. Si seguía con sus comentarios cursis ella terminaría derritiéndose en sus brazos, rogando, seguramente. — Hazlo. — le ordenó.

Hiccup volvió a sonreír. — ¿Qué quieres que haga?— preguntó en su oído. Su voz ronca había vuelto, Astrid se dio cuenta de que eso también la reduciría a nada en poco tiempo. — Dime. — ordenó.

— Sabes lo que quiero. — ¿Qué no era obvio?

— Puede que lo sepa, puede que no. — Para irritarla, frotó su miembro entre los labios del sexo de ella, cosa que la hizo estremecerse. — Quiero que lo digas.

Un sádico, eso era lo que era. Quién lo diría. Ella hubiese pensando que Hiccup era la persona más tierna y sumisa en el sexo y no... No alguien que buscara dominarla.

— Fóllame. — le pidió, sintiendo que sus mejillas picaban todavía más, de forma casi insoportable. Se estremeció cuando él aumentó la velocidad con la que estaba frotando.

— ¿Cómo se dice?

La escuchó resoplar. Debía estar bromeando. — Fóllame... Por favor. — apretó los puños.

Ella no decía por favor en estas situaciones. Jamás, de hecho, tomaba lo que quería y ya, pero esto...

— Bien, de acuerdo. — aceptó antes de incorporarse, apretar sus manos en la suave piel de su cintura, a la altura de sus riñones, estuvo a punto de empezar a empujar, cuando lo recordó de golpe. — Alto.

Astrid se quejó audiblemente, molesta. — ¿Ahora qué?— refunfuñó, apoyándose de sus codos.

— Uh, es que...— vale, esto era algo vergonzoso. Se recriminó por eso, por no tener condones en su mochila y por no haberse anticipado a todo esto. — Yo no... No tengo protección y...

Hiccup, tan lindo y considerado como nadie. — Oh. — no podía enfadarse por el gesto ni la preocupación. Incluso la hizo sonreír sin poder evitarlo. — No hay problema con eso. — lo decía en serio.

— Pero... Puedes...— podía quedar embarazada. Tragó saliva al pensar en la posibilidad. — Tampoco quiero que tú tengas que tomar algo después, he escuchado que es un poco molesto y...

¡Basta! Demasiada dulzura. — No. No tendré que tomar nada. Estoy usando implante así que...— vaciló, Hiccup asintió, comprendiendo. Aun así, la siguiente vez sería un poco más precavido. — No habrá problema, créeme.

— ¿Segura?

— Claro. — lo tranquilizó. Hiccup volvió a acariciar su cintura. Habiendo aclarado eso, podía dejarse ir, ¿No?— Solo ve un poco despa... ¡Oh!

¿Por qué ir despacio? Lo hizo de golpe, no había razón, solo quería sentirla cerca, a su alrededor. Ahora él tuvo que morderse el labio para no soltar ningún sonido vergonzoso, ella estaba muy caliente, muy húmeda y por todos los dioses, era demasiado estrecha, demasiado para su salud, sus paredes le apretaban con fuerza. La imagen frente a él no le ayudaba para nada, su aspecto de sorpresa y vulnerabilidad lo estaban volviendo loco. Gruñó y empezó a moverse con suavidad, para ayudarla a acostumbrarse, aumentando poco a poco sus estocadas.

Astrid se aferró a sus sábanas de nuevo, está vez porque los empujes la hacían moverse de adelante hacia atrás de forma rítmica, sintiéndose llena. Lo hacía con fuerza desde un principio, como si intentara... Romperla, partirla en dos. No podía dejar de balbucear, de tratar de sentirlo mucho más, abría sus piernas e incluso intentaba levantarlas un poco; Hiccup lo notó y tomó una de sus piernas para colocarla sobre su hombro, agradecido por su flexibilidad.

Su voz la sacó del estado tan rosa en el que se encontraba.— ¿Puedo?— Astrid miró su que la mano de él estaba sobre su cuello, extendida, él sin parar de empujar, con fuerza, el rostro tenso, las venas del cuello un poco saltadas y sudor formándose en su frente, humedeciendo un poco su cabello, cielos, de verdad era guapo. Demasiado.

Pensando en eso, ella no entendió a qué se refería. — ¿Q-Qué?— suspiró. Volvió la vista a la mano del joven. Mano. Cuello. Oh. ¿Quería... Ahorcarla? Nunca había sentido eso, eso era un poco extraño, bastante... Pero quería intentarlo. — Claro, cla... ¡Ah! — sintió su mano sobre su delicado cuello, apretando con suavidad, no demasiado en un principio, no quería asustarla ni cortarle la circulación de golpe.

Con el tiempo fue aumentándolo, viendo cómo su rostro se sonrojaba por la falta de aire y los ojos se le nublaban un poco. Ella no se encontraba mejor, el estrangulamiento le daba latigazos de adrenalina que estaba segura que le reventarían las venas, la presión a veces ahogaba sus sonidos y la hacía poner los ojos en blanco. Era demasiado a este punto, la mitad de su cabeza estaba fuera de su cama, en cualquier momento esta se colgaría... La estaba tratando como a una muñeca, y lejos de molestarle, de repudiarlo, le encantaba.

— ¡Hiccup yo...!— estaba cerca, lo sentía demasiado cerca. Hiccup podía sentirlo, ella lo estaba apretando con fuerza. — ¡Dame más... Más rápido!— balbuceó, apenas pudiendo pronunciar palabra. Hiccup apretó su cuello, aminorando la marcha. Astrid gimió frustrada, recordó entonces lo anterior, cuando le obligó a pedir las cosas "por favor". Suspiró, moviendo las caderas con anhelo. —... por favor. — pidió con la respiración limitada.

— A sus órdenes, Mi lady.— ¿¡Y ese apodo!? Dioses, él lo había dicho con esa voz tan ronca, jadeante al mismo tiempo, en la última sílaba su voz se había quebrado, sonando extrañamente erótica, mucho más que antes. Hiccup aumentó la velocidad tomándola de las caderas, clavando sus dedos sobre la suave piel, eso también dejaría marcas seguro.

La escuchó gritar, la vio arquear la espalda. — ¡Mierda! ¡No pares! ¡Voy a...!— soltó un sonido agudo, ahogado. Empezó a desmoronarse lentamente, estremeciéndose y con espasmos que la hacían alejar sus caderas de él. La dejó hacer, él no había terminado con ella aún. Contuvo el aliento mientras la veía consumirse, podía acostumbrarse a esto, en serio.

Astrid vio estrellas de colores, clavadas en sus pupilas, sonreía. Sintió los labios de él besarle la frente, antes de tomarle la mano, invitándola a levantarse.

El problema era que ella no sentía las piernas. Tendría suerte si es que llegaba quedarse más de cinco segundos de pie, aun así, él le ayudó a incorporarse, estando justo detrás de ella, tomándola de los brazos y una vez en sus dos pies, abrazándola por la cintura, besando sus hombros, podía sentir algo duro clavarse en su trasero. A este punto a ella no le importaba nada, si él quería tomarla de la manera en la que quisiera, lo dejaría hacer. Quería que volviera a hacerla correr de la forma anterior.

— ¿Astrid?— la llamó en su oído. Hasta su nombre sonaba irrealmente hermoso y provocador en este momento.

— ¿Hmm?

Hiccup sonrió con gracia al verla en ese estado, halagador sin duda. — ¿Crees que puedas apoyarte sobre tus codos?— definitivamente ella no podría con sus manos, porque eso significaría apoyarse también con los pies, y Hiccup podía estar dispuesto a romperla, pero no a lastimarle el tobillo aún más. Su plan era apoyarla contra la cama y que su peso se distribuyera en ambos brazos. La vio asentir. — ¿Puedes hacer eso por mí, Mi lady?— le besó el pabellón de la oreja justo después de decir el apodo, ella se estremeció en sus brazos.

Anotado, a Astrid le gusta que la llamen así.

Como pudo, se flexionó hasta que quedó recostada boca abajo sobre su propia y deshecha cama, quedando con el trasero en popa, a su merced. Sus codos y antebrazos evitaban que cayera de cara en la cama, también se ayudaba de las puntas de sus pies; respiró hondo, tratando de ignorar lo sensible que se sentía ahora. Las manos callosas le recorrieron la espalda, marcando su figura, hasta posarse en sus caderas.

¿Cuántas veces había soñado con esto? Ahora era real, ella estaba ahí, en esa posición tan comprometedora, frente a él, deseosa, a su disposición y gozándolo tanto como él, ¿Quién hubiera pensado que esto se volvería realidad? Amasó sus glúteos disfrutando lo firmes y suaves que eran al mismo tiempo, notando cómo la respiración de la chica volvía a entrecortarse; no se contuvo y con la palma abierta le dio una sonora nalgada.

¡Plaff!

Saltó, la escuchó jadear con sorpresa y un poco de dolor. Observó maravillado que su mano quedó marcada sobre la blanca y perfecta piel, contrastando con su color rojo. Gruñó con satisfacción, antes de arremeter de nuevo contra ella, golpeando está vez, del otro lado, con la misma fuerza y dejando una nueva marca. Astrid intentó decir algo, nunca le había gustado eso, los que lo habían intentado habían terminado fuera de su habitación y con una bofetada en el rostro, sin embargo, había algo en el hecho de que Hiccup lo hiciera que no le molestaba en absoluto, al contrario, la hacía morder su labio inferior con fuerza, sintiendo como el dolor se desvanecía con un hormigueo que le cosquilleaba el sexo y mandaba oleadas de placer por todo su cuerpo. Ya se lo cobraría después, lo haría, eso era seguro.

Pero por ahora, quería disfrutar esto. Solo por ahora.

Una vez logró que todo su trasero quedara rojo, decidió que era hora de terminar con esto. Con delicadeza, tomó la rodilla derecha de Astrid, reconociéndola como la pierna del tobillo lastimado (ayudaba también a identificarla que en la izquierda seguía llevando la calceta, le dio algo de morbo verla solo con esa prenda puesta), y la colocó sobre el borde de la cama, solo para estar seguros de que no se lastimaría.

En contraste a como había empezado todo esto, se introdujo en ella despacio. A ritmo lento primero, sintiéndola aún más caliente y húmeda que antes; a pesar de su cautela, Astrid no paraba de hacer sonidos un poco altos, producto de lo altamente sensible que estaba ahora, no era para menos, después de dos orgasmos y pronto uno más en camino.

Se quejó, ¿¡Por qué tan lento ahora!?— Haddock, te juro que si no vas más rápido voy a... ¡Woah!— sintió el agarre nuevamente de su cuello, con más fuerza y seguridad, él la hizo incorporarse un poco.

— ¿Qué vas a hacerme?— le mordió su oreja con suavidad. La rubia tragó saliva. Lo sintió empujar más fuerte, llegando aún más profundo dentro de ella, gimoteo por lo bajo. — ¿Vas a golpearme o algo así? ¿Vas a gritarme?

Santa mierda, ¿A dónde se había ido el idiota que no paraba de observarla con anhelo, inseguro y torpe?

— Dime. — Empujó con fuerza nuevamente, llevando la otra mano a uno de sus senos, apretando con fuerza, usándolo como punto de apoyo. — ¿Qué vas a hacerme?

Volvió a tragar saliva. — Voy a... ¡Uh!— los golpes de cadera, pausados, pero potentes desviaban su atención al hecho de que le encantaba está nueva posición. Céntrate, vamos. — Voy... Te golpeare tan fuerte que tú...— soltó un gemido prolongado, sintiendo ahora su respiración sobre su hombro, quemando y enfriando su piel al mismo tiempo. — Yo...— ¿Qué iba a hacerle? No podía pensar en nada más que en él llenándola de golpe a ese ritmo deliberadamente lento, que la estaba volviendo loca. — Por favor...— soltó sin pensar, su cerebro dándose por vencido, cediendo, sumiso.

Hiccup besó su nuca. — Buena chica. — Dicho esto, ahora sí aumentó la velocidad. — Dioses, eres tan estrecha...— soltó también, sin pensar, extasiado.

No duró mucho, ella podía sentirlo todo, en serio, todo, incluso el sentirlo palpitar dentro, avisando lo cerca que estaba. Imaginar y esperar lo que pasaría después la perturbo tanto que no pudo evitar correrse de nuevo, soltando un grito que seguro que se escuchó por toda la casa y que ahora sí, haría que todas las miradas se centrarán en ella y en la camioneta aparcada delante de su casa. No le importaba, es más, quería ser escuchada, quería que todo el mundo supiera lo bien que esto se estaba sintiendo, su mejor orgasmo desde que podía recordar ahora.

Viendo de nuevo los movimientos evasivos de su cadera, Hiccup la tomó de sus caderas, fuera de sí, arremetió con fuerza un par de veces más, antes de correrse dentro de ella, procurando hacerlo lo más dentro posible. Astrid sintió que volvía a correrse, un poco menos aparatoso que antes, solo sintiendo el líquido impactarse con fuerza en sus paredes; completamente sumisa dejó que le girara la cabeza para besarle. No fue un beso muy intenso, contrario a lo que estaba pasando, al contrario, fue bastante tierno, con gratitud incluso. Astrid se separó porque empezaba a sentirse con menos fuerzas, Hiccup la atrapó, sintiendo su cuerpo laxo y satisfecho contra el suyo.

Ella estaba muy ocupada viendo las estrellas de colores en ahora en el techo, tanto que no notó que Hiccup la había acostado entre sus sábanas, arropándola con cariño, recostándose él también junto a ella. Cuando lo hizo, de inmediato se abrazó a su pecho, no podía dejar de sonreír.

— ¿Dónde has estado toda mi vida? — susurró sin pensarlo. El comentario lo hizo reír y como respuesta, le dio un beso en la frente de nuevo, estrechándola más contra sí.


Así es. El capítulo del lemon es el más largo.

Así es. Hice un Dom!Hiccup.

Así es... Escribí parte de esto estando ebria, perdón xd

Escribí esto hace MESES, mas concretamente, al final del primer parcial de mi semestre, por eso estaba medio ebria cuando lo terminé, ya que había salido a hacer mi examen y pues me fui a una peda (fiesta, acá en los Méxicos), todavía estaba medio mareada cuando hice algunos fragmentos del capitulo.

Pero bueh, ya está aquí. Recuerden que, si les gusta como escribo los lemons, tengo mis comisiones abiertas. Los precios son muy accesibles, por si les interesa uwu

La verdad no tengo mucho que decir en este momento. Espero no dejen de leer después de este punto, porque se vienen cosas grandes, más clichés bien chidos que den cringe así bien como a todos nos gusta.

Es todo, les quiero, bai uwu