Hola gente querida del mio cuore! Estoy de vuelta al fin!

Mil perdones por mi retraso… Fueron dos meses muy agitados y llenos de contratiempos… Pero aquí estoy! Más vale tarde que nunca!

Por suerte he podido terminar este nuevo cap para continuar avanzando con mi adorada locura. También quedó bastante extenso, pero como siempre les digo -me excuso- creo que así compenso un poco mi larga ausencia :P

Ya mismo lo comparto con uds! Y lxs invito a leer el QUINCE en paz. Que lo disfruten!

Todos los personajes pertenecen a su autora Naoko Takeuchi, yo sólo los tomé prestados.

Abajito me despido,

Bell.-


:: Capítulo Quince ::

Una tarde, mientras esperaba a que Kun terminara de trabajar y se dignara de una buena vez a salir del consultorio, yo me encontraba en mi escritorio hojeando unas revistas de diseño. Estaba tan concentrada en lo que leía que apenas sonó el teléfono fijo atendí de manera casi automática. —Consultorio odontológico, buenas tardes.

—Buenas tardes, señorita Serena —dijo la seductora voz masculina del otro lado de la línea.

Milagrosamente lo reconocí enseguida. —¿Darien?

—Sí, soy yo —respondió riendo—. ¿Cómo estás?

—Bien, todo bien, ¿y tú?

—Bien también. Veo que aún estás en el trabajo.

—Sí, hoy se nos hizo un poco tarde, pero… ¿por qué me llamas aquí?

—No atiendes tu celular, hace rato que estoy insistiendo.

—Lo siento, no lo escuché —dije avergonzada mientras lo buscaba en mi bolso para confirmar que efectivamente estaba en modo silencioso y tenía unas cuantas llamadas perdidas.

—Descuida, sólo quería preguntarte si irás a lo de Lita hoy.

—Sí, iré con Kun en un momento, lo estoy esperando para salir juntos.

—De acuerdo, porque yo también voy a ir.

—¿En serio? ¡Qué bien! —exclamé contenta.

Estaba muy ansiosa por verlo, porque después del fin de semana que estuvimos inseparables en mi departamento no nos habíamos vuelto a reunir, sólo estuvimos comunicándonos por teléfono. Y lo extrañaba tanto…

—Pero quizás me demore un poco —me explicó—, todavía tengo un par de asuntos que atender.

Durante esos días Darien había estado muy ocupado con su trabajo, más de lo habitual, y aparentemente sus obligaciones le seguirían demandando mucho tiempo.

—No hay problema, te esperaré allí —dije entusiasmada.

—Tengo muchas ganas de volver a verte.

—Yo también, no tienes idea de cuánto te extraño, han sido los días más largos y tristes de toda mi vida…

—Serena, no exageres, fueron pocos días.

—Para mí fue una eternidad.

—Señor Chiba —oí que alguien lo llamaba.

—Sí, ya voy —respondió él—. Bueno, tengo que colgar, nos vemos en un rato, ¿sí?

—Está bien, adiós.

—¿"Adiós"? ¿Así te despides de mí? ¿Con tanta frialdad? —dijo sonando ofendido.

—Darien, estás en el trabajo, yo también —murmuré coqueta.

—Despídete como lo haces siempre o no colgaré.

—Bueno —y accedí a saludarlo como lo hacía cada vez que nos despedíamos desde que estábamos juntos—. Te mando muchos besitos de conejo —¡hasta hice el gesto con la boca! ¿acaso podía ser más infantil?

Él echó a reír de inmediato. —Por dios, Serena, eres tan dulce y cursi…

—¡No te burles! Tú me lo pediste.

—No me burlo, sabes que me encanta que seas así.

Suspiré como boba. —Oh, Darien, tú también me encantas…

—Bien, ya tengo que irme —dijo tras una pausa—. Nos vemos más tarde, adiós.

—Nos vemos.

Apenas colgó volví a suspirar como una empalagosa quinceañera mientras apretaba el teléfono contra mi pecho. Este chico me volvía loca, estaba enamorada hasta los huesos, no tenía ninguna duda.

Pero cuando menos me los esperaba se apareció Kun desde su puerta tomándome totalmente desprevenida. Apenas lo vi pegué un salto de mi asiento por el tremendo susto que me di y me apresuré en ordenar las cosas de mi escritorio intentado disimular mis nervios.

Él tenía un teléfono en su oreja, el inalámbrico de su consultorio, y me miraba fijamente muy serio. De seguro habría escuchado la conversación que acababa de tener con Darien y yo quería que me tragara la tierra.

—No… no es lo que piensas, Kunzite. Nosotros… —no sé por qué, pero me daba mucha vergüenza que mi jefe descubriera de esta forma que estaba saliendo con su mejor amigo y necesitaba con urgencia inventar alguna excusa—. Nosotros no… Sólo estábamos bromeando, sí, eso es todo, sólo era una broma —dije riendo como una completa estúpida, como si así fuera a creerme—, una broma de amigos. Siempre bromeamos así porque somos buenos amigos y…

—Me alegra haberlo confirmado al fin —me interrumpió esbozando una sonrisa.

Al escucharlo me quedé petrificada como estatua. —¿Eh?

—Sospechaba que esto debía estar pasando. Es bueno saberlo —dijo al dejar el teléfono sobre mi mesa.

—¿Qué? ¿Saber qué? ¿De qué estás hablando? —insistí en disimular.

—De que se hayan dado una oportunidad para estar juntos.

—Bueno… en realidad… nosotros… —titubeé como idiota—. Darien y yo… lo que pasa es que…

—Entiendo cómo te sientes. Él es muy reservado, mucho más que yo, y seguramente te pidió que lo mantuvieran en secreto por ahora, ¿verdad?

¿En secreto? ¿A qué se refería con mantenerlo "en secreto"? Yo creía tener bien en claro que Darien era un chico introvertido -demasiado- y reticente a hablar abiertamente de sus asuntos personales, pero jamás se me cruzó por la cabeza que fuera más reservado que Kunzite. Eso sí me parecía bastante extremo, tanto que hasta empezaba a preocuparme, aunque más bien diría a molestarme.

—Algo así —dije pensativa, preferí no poner en cuestión lo que me estaba diciendo y tratar de no darle importancia.

—Descuida, no se le diré a nadie —concluyó Kun y volvió a ponerse serio, probablemente percibió mi repentina inquietud—. ¿Vamos?

—Vamos.

.

.

.

Mientras caminábamos juntos hacia la cafetería de Lita, que quedaba a pocas calles del consultorio, yo le comentaba a Kun algunas cuestiones sobre las que estuve investigando a partir de la propuesta que Diamante me hizo días antes. Después de pensarlo mucho finalmente había decidido aceptar colaborar con él y su nuevo proyecto, el cual consistía en una serie de remodelaciones en el restaurante de un importante hotel del centro de la ciudad.

—Entonces leí en uno de los artículos que antes de emprender el proyecto lo mejor es conocer el negocio a la perfección —le explicaba con mucha seriedad—. Y que para eso son fundamentales las entrevistas previas con los clientes, también estudiar y analizar toda la información disponible al respecto, y sobre todo hacer una observación minuciosa de la competencia, ¿entiendes?

Para mi sorpresa, Kunzite sonrió al escucharme. —Te lo estás tomando muy a pecho, pareces entusiasmada.

—Sí, es cierto —reconocí—. Es que en verdad estoy muy entusiasmada, y asustada al mismo tiempo, porque jamás he participado en algo como esto antes. Pero estuve leyendo cientos de cosas y estudiando sobre hotelería, gastronomía, marketing. Porque como bien dice el artículo es muy importante entender de antemano para qué tipo de negocio se va a trabajar y cuáles son las necesidades del cliente.

Realmente estaba muy interesada en todo este complejo asunto, durante esos días había estado informándome y averiguando muchas cosas al respecto y casi hablé sin parar en todo el trayecto que hicimos hasta la cafetería.

Una vez que llegamos Kun abrió la puerta de entrada para que pasáramos juntos. Y yo, por supuesto, seguí muy compenetrada en mi verborragia. —Porque el diseño de interiores es un arma comercial muy fuerte y hay que tomárselo muy en serio. Y también otro punto sumamente importante es…

—¡Mi amor! —la estridente voz de Mina interrumpió mi discurso y al voltear los dos la vimos corriendo hacia nosotros desde la cocina—. ¡Por fin llegas, mi amor! ¿Por qué tardaste tanto? —se abalanzó sobre él para abrazarlo efusiva y comenzó a besarlo repetidas veces sin darle tiempo a responder absolutamente nada—. Te he echado tanto de menos… —decía emocionada—. Me hiciste mucha falta, te extrañé tanto, mi amor… —Kunzite reía y le devolvía los besos. Cambiaba tanto cuando estaba con ella que parecía que se tratara de otra persona. Era increíble que siendo tan diferentes consiguieran entenderse y complementarse así de bien. Y se veían tan lindos juntos…

Cuando se separaron un poco y se miraron a los ojos él tomó el rostro de Mina entre sus manos y la acarició con ternura. —Yo también te extrañé —dijo con un dulce tono de voz y le regaló un suave beso en la frente.

Yo los observaba embelesada, me fascinaban estas escenas tan melosas y románticas entre ellos, y a cada rato suspiraba como una boba. Es que lucían tan felices y enamorados que al verlos juntos siempre me daba la impresión de que un montón de corazones y lucecitas de colores resplandecían a su alrededor. Sin dudas eran una pareja hermosa y perfecta.

Me encantaba todo de ellos, la manera en que se trataban, la forma en que expresaban lo que sentían y al verlos así me convencía cada vez más de que quería exactamente lo mismo para mí, que quería vivir algo semejante, un amor tan precioso como el suyo. Y deseaba con todas mis fuerzas poder lograrlo con Darien.

Mientras los tortolitos continuaban con sus arrumacos y en su propio mundo, escuché un lejano ruido que me hizo regresar a la realidad. Era mi teléfono que estaba sonando hacía rato, entonces lo busqué apresurada en mi bolso y atendí enseguida sin fijarme. —Hola…

—Hola, Serena, ¿ya llegaste?

—¿Darien?

—Sí, soy yo. ¿Ya estás en lo de Lita?

Me alejé de los chicos y me dirigí hacia nuestra mesa de siempre para que no me escucharan. —Sí, acabo de entrar. ¿Por qué? ¿Pasa algo? —no estaba del todo segura, pero por su extraño tono de voz tuve la impresión de que estaría algo nervioso, tenso.

—Yo también acabo de llegar, pude desocuparme antes de tiempo y vine directo hasta aquí.

Dejé mis cosas en una de las sillas y volteé a mirar hacia la entrada de la cafetería por si lo veía aparecer. —¿Ya llegaste? ¿Dónde estás?

—Afuera, ¿puedes salir un momento? Necesito hablar contigo, a solas.

—Bueno —respondí preocupada. Su tono de voz empezó a asustarme, estaba demasiado serio y cortante, sin dudas algo debía estar pasando.

—No le digas nada a nadie, sal a la calle y yo te indicaré cómo encontrarme.

—Está bien —regresé a la puerta y me dirigí a Mina y Kun antes de salir—. Es mi papá —les dije la primera excusa que se me ocurrió—, iré a hablar afuera un momento, enseguida regreso —y una vez que llegué a la acera, retomé la conversación telefónica—. ¿Dónde estás? No te veo.

—Ve hasta la siguiente esquina y dobla a la derecha —me indicó Darien.

Yo comencé a caminar hacia donde me dijo mientras trataba de indagar qué era lo que estaba pasando. —¿Qué sucede, Darien? ¿Por qué tanto misterio? Me estás asustando.

—Hay algo muy importante que debo decirte —respondió más serio, lo cual me asustó aún más—, en persona.

—Pero…

—Ya te vi —dijo cuando llegué a la esquina—. Cruza la calle —yo hacía todo lo que me indicaba—, acércate al auto azul que está delante de ti y… ¡Sorpresa!

Me detuve de repente al toparme con un elegante y resplandeciente automóvil color azul marino donde él se encontraba sentado del lado del conductor. —¿Qué… ¿Qué es esto? —pregunté confundida.

—Un auto nuevo —respondió Darien con una alegre sonrisa.

—¿Es tuyo? ¿Te compraste un auto?

Él asintió riendo. —Sí, acaban de entregármelo. Cuando te hablé más temprano estaba en el concesionario haciendo los últimos trámites —abrió la puerta del lado del acompañante y me invitó a subir—. Ven, sube, vamos a dar un paseo.

Yo obedecí enseguida. —Vaya, Darien —dije entusiasmada apenas entré al auto y me senté junto a él—, es muy… ¡Es genial!

—¿Verdad que sí? Hacía tiempo que lo venía pensando, pero cuando me contaste que ibas a mudarte acabé por decidirme y finalmente lo compré. Ahora podré ir a visitarte más seguido —dijo con una risita pícara.

Yo no podía salir de mi asombro y observaba cada detalle a mi alrededor. —¡Es bellísimo! Y muy lujoso, debió haberte costado muy caro.

—No demasiado.

—Estoy impresionada, jamás había subido a un auto tan elegante, ¡me siento una celebridad! ¿Por qué no me dijiste nada?

—Quería sorprenderte.

—¡Y sí que lo hiciste! Casi me matas del susto cuando me pediste que habláramos a solas —busqué el cinturón de seguridad para abrocharlo—. Estabas tan serio que pensé que…

Pero sin que me diera cuenta, Darien se acercó a mí y sin previo aviso tomó mi rostro entre sus manos para besarme. Yo me entregué por completo al tan dulce y añorado beso que me estaba regalando, tanto que perdí toda noción del tiempo y el espacio reales.

Lentamente nos separamos y cuando abrí los ojos lo miré extasiada, como si saliera de un estado de trance. Él me sonrió con tanta ternura que sentía que mi corazón estaba a punto de estallar de tanto amor. —Hola… —susurró acariciando suavemente mis mejillas.

—Hola… —susurré en un suspiro sin sacarle los ojos de encima. Estas sorpresivas y espontáneas demostraciones me enternecían tanto que hacían que me enamorara cada vez más de él.

—Bueno, ¿damos un paseo? —dijo al volver a acomodarse en su asiento —Aunque sea un par de calles, así te enseño cómo…

No pude resistirme más y me abalancé sobre él para colgarme de su cuello y besarlo como realmente quería. En un principio Darien rió divertido ante mi impulsiva reacción, pero enseguida se dejó vencer por mis insistentes besos y rodeó mi cintura con sus brazos para acercarme más a él y corresponderme.

Después de besarnos intensamente por unos instantes poco a poco volvimos a separarnos por la falta de aire y nos miramos a los ojos. Pero yo quería más, así que continué regalándole cortos besos en todo el rostro sin soltarlo. —Te extrañé tanto… —murmuré entre besos—. Tanto… tanto… tanto…

—Yo también —murmuró él y lo miré emocionada—, te extrañé mucho… —dijo con una de sus sonrisas más adorables, de esas que hacían que me derritiera por dentro—. ¿Vamos?

—Vamos —asentí contenta y después de besarlo una vez más, regresé a mi asiento y abroché mi cinturón.

Darien hizo lo mismo y luego comenzó a conducir. —¿En serio te parece muy lujoso?

—Bueno, en realidad no sé casi nada de autos. El solo hecho de que sea nuevo ya me parece un lujo —comenté riendo.

—Al principio pensaba comprar uno usado, pero tenía unos ahorros que no tocaba hacía mucho tiempo y me dije: "qué diablos, trabajo como loco, ni vacaciones me tomo, ¿por qué no habría de darme con el gusto alguna vez?"

—¿Eso significa que no fue una decisión fríamente premeditada y calculada de antemano como es propio de ti?

—No te burles, me siento muy orgulloso de haber sido capaz de actuar por impulso, aunque sea un poco.

—Y yo estoy muy orgullosa de ti —dije pellizcándole la mejilla para molestarlo.

Él volvió a reír. —Ahora podremos hacer muchas cosas juntos, no sólo nos veremos con más frecuencia, también saldremos más. Hasta podríamos hacer algunos viajes de fin de semana, ¿qué te parece?

—¡Ay, sí! ¡Me encantaría!

—Bueno, para empezar esta noche vamos a celebrar, ¿quieres?

—¡Sí, hay que celebrar! ¡Hay que celebrar!

—Así que podemos ir a tu departamento, comer una deliciosa cena preparada por ti y brindar con un buen vino, ¿qué dices?

—¡Sí, sí, es una magnífica idea! Justamente hoy tenía planeado preparar pasta.

—¿Pasta casera?

—Bueno, en realidad ya la compré hecha. Yo prepararé la salsa, ésa es mi especialidad.

—Suena bien.

—Porque invité a mis padres a cenar para que conozcan el departamento. Y como a ellos les gusta mucho la comida italiana, sobre todo a mi papá, porque él…

—Espera un minuto —me interrumpió repentinamente serio—. ¿Acabas de decir que tus padres irán a cenar a tu departamento esta noche?

—Sí, eso dije.

—Bueno, entonces si ya tienes planes deberíamos dejarlo para otra ocasión.

—¿Qué? ¿Por qué? —su cambio de actitud comenzó a irritarme—. ¿Por qué no podemos celebrar esta noche?

—Porque estarán tus padres.

—¿Y qué tiene de malo que estén?

—No, no tiene nada de malo, pero quizás no es un buen momento para…

—Además ellos suelen irse temprano, podemos celebrar después de que se hayan ido.

—No me refiero a eso, sino que…

—¿Entonces qué es? ¿A qué te refieres? —insistí en preguntarle mientras hacía un inmenso esfuerzo por controlarme y no mostrarme molesta, como si fuera posible…—. ¿Por qué de repente ya no quieres celebrar?

—No es que ya no quiera, es sólo que creo que si lo posponemos para otro día o si tal vez…

—¿Posponerlo? ¿Por qué habríamos de posponerlo? ¿Acaso no quieres cenar con mis padres? ¿Es eso?

—Bueno, yo…

—Explícame qué rayos estás pensando, Darien, deja de dar tantas vueltas —le exigí sin ya poder disimular ni un poco mi inevitable enojo.

—Bueno, lo que pasa es que no me parece oportuno presentarme con tus padres tan pronto y…

—¡¿Qué?!

—Es que lo nuestro es muy reciente, Serena, todavía no es algo tan formal como para…

—¡¿De qué demonios estás hablando?! ¿Presentarte con mis padres? ¿Algo formal? Yo en ningún momento dije ni sugerí nada de eso.

—Sí, bueno, pero yo pensé que…

—Además a mis padres ya los conoces —le recordé—, hasta me dijiste que te parecieron agradables, así que no será necesario presentarte.

—Es cierto, los conocí hace poco pero fue de pura casualidad —Darien tenía razón, los había conocido de una manera muy casual, el día antes de mi mudanza cuando estábamos cargando unas cosas en su auto y él llegaba del trabajo, cuando todavía no habíamos empezado a salir juntos—. En cambio ahora no sería lo mismo porque…

—¿Qué? ¿Ahora qué? —lo interrumpí con más preguntas—. ¿Por qué no sería lo mismo? ¿Acaso te sientes bajo presión? ¿Piensas que por el simple hecho de compartir una cena conmigo y mis padres estás obligado a, no sé, proponerme matrimonio o algo por el estilo?

—No te alteres, Serena. No lo interpretes de esa forma, no es eso lo que yo…

—¡¿Y cómo esperas que lo interprete, si siempre es lo mismo contigo?! —ya estaba desbordada por completo, sus planteos me sacaban de las casillas con mucha facilidad—. ¡Siempre me sales con tus fobias y tus rodeos inmediatamente después de haberte llenado la boca de bonitas palabras, de ideas de paseos, viajes, cenas románticas! ¡Pero quieres hacerlo todo a escondidas, sin que nadie se entere de nada, no vaya a ser cosa que crean que esto es algo serio y formal, que piensen que somos 'novios' o una especie de 'pareja', porque sería terrible que los demás creyeran eso de nosotros, ¿no?!

—¿De qué hablas? Yo jamás dije nada de eso —intentó excusarse. Él también comenzaba a sonar molesto.

—¡Pero lo piensas, tú no te tomas lo nuestro en serio! ¡Para ti sólo somos "amigos con beneficios", lo dijiste bien clarito el otro día!

—Eso no es verdad. Yo fui honesto contigo, te dije muchas veces que…

—¡Sí es verdad, porque lo dijiste, haciéndote el chistoso con tus bromas de mal gusto pero lo dijiste! ¡Porque eso piensas de nosotros, porque eres un… —me callé a tiempo para evitar insultarlo. Estaba totalmente descontrolada, las cosas que me estaba diciendo sumado a lo que me comentó Kunzite más temprano, sobre que Darien era muy reservado y quería mantener nuestra relación en secreto, todo eso me daba vueltas en la cabeza y me sentía cada vez más nerviosa y furiosa.

—¿Qué? ¿Qué soy? Vamos, dilo.

Por supuesto no pude mantener mi bocota cerrada por mucho tiempo. —¡Eres un cobarde, Darien! —solté sin reparo—. ¡Eres un témpano de hielo! ¡No tienes las agallas suficientes para demostrarme y expresarme abiertamente lo que sientes por mí, lo que yo significo para ti! ¡Y prefieres ocultar lo nuestro y mantenerlo en secreto por eso, porque eres un… un maldito cobarde!

—¿Por qué dices eso? ¿Por qué me insultas así?

—¡Porque es la verdad, así eres en realidad! ¡No tienes valor para reconocer que estás saliendo conmigo, no lo tienes! ¡Porque así te comportaste el otro día frente a Diamante, cuando él te preguntó si eras mi novio y le respondiste que no sin titubear! ¡Y ahora quieres hacer lo mismo con mis padres, ¿verdad?! ¡No quieres que se enteren que estamos juntos, pero como no te da la cara para mentirles como a Diamante prefieres evitar verlos, ¿no es cierto?! ¡Por eso no quieres cenar con ellos!

—No, eso no es cierto. Yo no quiero mentirle a nadie, yo sólo creo que lo mejor es esperar un poco antes de…

—¡A Diamante sí le mentiste!

—Pero él es un completo extraño para mí, es amigo tuyo, no mío. Yo no tengo por qué compartir mis asuntos personales con él.

—Por favor, ésa es la excusa más estúpida que podrías inventar.

—No es una excusa, no estoy inventando nada. Yo soy así, Serena, y tú lo sabes. Soy un sujeto muy reservado, desconfiado, no puedo compartir con cualquiera lo que pasa con mi vida privada.

—Está bien, está bien —traté de calmarme y reflexionar un poco sobre lo que me estaba planteando—. Supongamos que tienes razón: Diamante no es amigo tuyo y no tienes la suficiente confianza con él como para contarle estas cosas. ¿Pero qué me dices de los chicos? ¿Con ellos tampoco quieres compartirlo? ¿Prefieres mantenerlo en secreto?

—Bueno, para decírselo a ellos creo que también deberíamos esperar un poco antes de…

—¡¿Qué?! —exclamé horrorizada—. ¿Es en serio? ¿Ni siquiera a nuestros amigos se lo podemos contar?

—No —respondió cortante—, al menos por ahora me parece que no tendríamos que…

—No puedo creerlo —volví a interrumpirlo—, esto es el colmo, Darien. Ni que lo nuestro fuera secreto de estado o estuviéramos cometiendo una locura.

—Yo no soy como tú, Serena —dijo con ese típico modo frío y altivo que tanto me fastidiaba—. No necesito gritar a los cuatro vientos que estoy en una relación para sentirme seguro, mucho menos rendirle cuentas a los demás de lo que hago con mi vida amorosa.

—¡Pero no se trata de gritar nada ni de rendirle cuentas a cualquiera! ¡Se trata de mis padres, de nuestros amigos, ellos son las personas que más quiero, que más me importan! ¡¿Por qué no puedo compartir las cosas que me pasan con ellos?!

—¿Hace cuánto que estamos juntos? ¿Cuatro días? ¿Cinco? —preguntó desafiante y yo lo miré confundida, sin comprender a qué se refería—. ¿Te parece que ha pasado el tiempo suficiente como para definir lo nuestro como un noviazgo formal y seriamente afianzado? ¿Que de la noche a la mañana nos hemos convertido en una pareja estable y perfecta como tú quieres, como siempre soñaste? ¿Que ya tenemos una relación sólida y comprometida por el simple hecho de habernos sincerado y demostrado lo que nos pasa?

—¿Qué… —me esforzaba por entender lo que me decía, pero me costaba aceptarlo—. ¿Qué demonios estás diciendo?

—Digo que pienso que estás yendo demasiado rápido —respondió en un tono tan calmado y centrado que me sacaba de quicio—, que te estás apresurando. Lo nuestro acaba de empezar, Serena, aún tenemos mucho por delante, mucho por hacer, por compartir, por descubrir y aprender de cada uno. Y me parece que…

—Por favor —solté una carcajada—, no me vengas con esos disparates, ¿quieres? ¿O es que crees que soy tan ingenua como para tragarme ese absurdo discurso de don juan arrepentido que quiere sentar cabeza?

—¿Don juan arrepentido? —preguntó también riendo, era tan engreído que me hacía estallar de rabia.

—¡Claro, porque eres el típico don juan que después de una mala experiencia amorosa y de tener puras relaciones pasajeras y superficiales durante años, te das cuenta de lo vacía y aburrida que es tu vida y eliges a la primera idiota que se cruza por tu camino para ver si puedes redimirte de una maldita vez!

—¿Redimirme?

—¡Sí, y para eso estás conmigo, Darien! —seguí gritando como desquiciada, ya no tenía filtro—. ¡Sólo soy una experiencia más para ti, no me tomas en serio! ¡Porque si lo hicieras no te avergonzarías de mí, de decirle a nuestros amigos que estás conmigo, de demostrarme que…

—Por dios, Serena, eso no es verdad, ya deja de inventarte cosas que no son. Tú sabes muy bien que yo sí te tomo en serio, te lo dije cientos de veces. Y quiero hacer las cosas bien contigo, intentar algo real, algo especial entre nosotros. Pero debemos hacerlo juntos, entre los dos, sin involucrar a nadie más, al menos por ahora, ¿puedes entenderlo? Debemos ser cuidadosos, mantenerlo en la intimidad, no quiero que nos precipitemos, que…

—¡Claro, manteniéndolo en secreto!

—No necesariamente en secreto, pero sí manejarnos con discreción, con cierta reserva. Porque no me parece que aún sea momento de…

—Está bien —lo interrumpí una vez más antes de que sus ridículos argumentos me hicieran sentir peor—. Está bien, Darien, ya no me expliques más nada. Si así es como piensas, yo… No le diré nada a nadie, yo… —pero estaba fuera de control, no podía ni quería aceptar nada de lo que me decía—. ¡Maldición, Darien, ¿por qué todo es tan difícil contigo?! Si tan sólo… —y de nuevo me callé antes de continuar reprochándole cosas.

—¿Qué? ¿Sin tan sólo qué?

—Nada, olvídalo —miré hacia la calle y me di cuenta de que estábamos regresando a la cafetería de Lita—. Detén el auto, quiero bajarme —le pedí de mala gana, no soportaba más tenerlo cerca.

—Espera un poco, ya casi llegamos.

—¡Que detengas el auto ahora! —grité nerviosa.

—No te alteres más, por favor, sólo déjame que lo estacione y podrás bajarte —pero sin poder esperar más abrí la puerta obligándolo a clavar los frenos, me bajé del auto y después de cerrar de un portazo empecé a caminar apurada—. Oye, ¿qué te pasa? —dijo Darien mientras bajaba el cristal de su ventanilla—, ¿por qué te vas así?

Me detuve de inmediato y regresé. —Casi lo olvido —volví a hablarle—. Lamento informarte que Kunzite ya sabe que estamos juntos, esta tarde nos escuchó hablando por teléfono. Pero no te preocupes, me aseguró que no le dirá nada a los chicos. Así que debes estar tranquilo porque lo mantendrá en secreto, tal y como debe ser —concluí y le di vuelta la cara ofendida para volver a alejarme de ahí.

Pero como el auto estaba parado en medio de la calle, los demás conductores empezaron apresurarlo con bocinazos. —Maldición… —protestó Darien—. Serena… ¡Serena! —siguió llamándome pero yo lo ignoré y aceleré mis pasos.

.

.

.

Cuando llegué a la cafetería entré los más rápido que pude sin mirar atrás. Y mientras atravesaba el salón principal para dirigirme hacia el baño, me crucé con Nef que se acercó a mí apenas me vio. —Hola, ma cherie, qué bueno que llegaste. Estaba esperándote para hablar contigo, Lita y yo queremos pedirte que…

—Ahora no puedo —lo corté enojada sin dejar de caminar y cuando llegué al baño me encerré trabando la puerta desde adentro, pensando que si Darien venía a buscarme no podía seguirme hasta ahí.

Estaba tan furiosa, tan desbordada y descontrolada que no podía quedarme quieta. Y deambulaba de un lado a otro maldiciendo en voz alta sin parar. —¡¿Quién rayos se cree que es para hacerme esos planteos tan ridículos?! —protestaba—. ¡Ay, me saca de quicio, ya no puedo soportarlo más! ¡¿Hasta cuándo voy a tener que aguantar su actitud tan testaruda y… desagradable?! ¡Me va a volver loca, loca de remate! ¡Yo no tengo tanta paciencia para estas cosas, no la tengo, nunca la tuve y jamás la tendré! ¡Ay, lo odio! ¡Lo odio!

Seguí despotricando por un buen rato hasta que el sonido de mi teléfono que aún tenía en la mano me distrajo. No me quedó más remedio que callarme e interrumpir mis pasos para atender la bendita llamada sin fijarme quién era. —¡Ya déjame en paz, ¿quieres?! —grité al suponer que se trataba de Darien—. ¡¿O es que acaso no puedo venir al baño tranquila?! ¡¿No te das cuenta que no quiero seguir discutiendo contigo?!

—Se… ¿Serena?

—¡Claro que soy yo! ¡¿Quién más se supone que sea?! ¡Este es mi teléfono!

—Lo siento, creo que llamé en un mal momento, no quise…

Recién entonces me di cuenta de que no era su voz. —¿Quién habla? —pregunté enseguida. Dicha persona demoraba en responder, lo cual me exasperó todavía más—. ¡¿Quién habla!? —insistí impaciente.

—Soy yo, Zafiro.

—¡Oh, por dios! —al caer en la cuenta de que era él a quien acababa de gritarle como una demente me sentí tan avergonzada que no supe cómo reaccionar—. Zafiro, perdóname, creí que eras… —no tenía idea de qué decirle, cómo disculparme. Hacía tanto que no hablábamos y justo cuando volvíamos a comunicarnos yo tenía que montar semejante papelón—. Pensé que era otra persona quien me había llamado y… —titubeaba como idiota, ¿acaso podía ser más arrebatada y despistada?—. Lo lamento, no quise gritarte, es que no me fijé y…

—Descuida, sólo ha sido un malentendido. Te llamaré más tarde, ¿sí?

—No, no es necesario, podemos hablar ahora —como siempre, su modo tan maduro y comprensivo me transmitía mucha calma y me ayudaba a tranquilizarme.

—Pero no quiero importunarte —insistió—, seguramente estás ocupada con un asunto delicado, no debería interrumpirte ni molestarte.

—No me molestas, en serio. Todo está bien, puedo ocuparme de ese asunto después.

—Bueno, si tú lo dices… —carraspeó un poco nervioso o eso me pareció. Quizás volver a hablar conmigo después de lo que pasó entre nosotros la última vez que nos vimos lo incomodaría de alguna forma. Al menos yo reconocía que me sentía un tanto inquieta, aunque también me alegraba escucharlo—. Simplemente llamé para saludarte, porque hace bastante que no hablamos y quería saber cómo estás, cómo salió todo con la mudanza.

—Bien, todo salió estupendamente bien —respondí aliviada al percibir que podíamos tratarnos con la misma naturalidad de siempre—. Aunque todavía me estoy adaptando, ya sabes, es otro vecindario, es un departamento mucho más pequeño que el anterior y creo que me llevará un poco de tiempo acostumbrarme. Pero estoy muy contenta con el cambio.

—Qué bueno que así sea —comentó tras una breve pausa.

—Sí, es bueno —y esperé a que siguiera hablando.

—También… —dijo después de una nueva pausa y carraspeó otra vez—. También quería pedirte disculpas por lo del otro día.

—¿Lo del otro día? —no comprendía a qué se refería—. ¿Qué pasó el otro día?

—El otro día mi hermano se apareció por tu departamento sin avisarte nada. Hoy estuve con él y me lo contó.

—Ah, cierto —dije al recordar la sorpresiva visita de Diamante aquella noche cuando recién acababa de mudarme—. Ahora me acuerdo, fue a saludarme y felicitarme por la mudanza, me llevó un ramo de flores y platicamos un poco. Pero no entiendo por qué te disculpas por eso.

—Es que fui yo quien le dio tu dirección sin consultarte antes —me explicó—. Lo que pasó fue que cuando él me la pidió dijo que quería enviarte las flores con un cadete y no mencionó nada de ir a verte en persona, como finalmente lo hizo. Por eso quería disculparme contigo y explicarte que en realidad…

—Diamante te engañó para que le dieras mi dirección —completé la frase y eché a reír al entender lo que había pasado.

Zafiro también rió. —Sí, algo así. Ya sabes cómo es de manipulador y entrometido.

—¡Es tremendo! Hasta me dijo que iba a ir contigo pero que no quisiste acompañarlo.

—¿Eso dijo? ¡Yo ni siquiera sabía que iría! Si será descarado…

Ambos volvimos a reír. —No te preocupes, no me enojé contigo porque le dieras mi dirección. Tampoco me molestó su visita, fue algo breve pero pudimos conversar un poco, hacía mucho que no lo veía.

—Está bien, igualmente necesitaba aclarártelo y pedirte disculpas.

—Disculpas aceptadas.

—Gracias —hizo otra pausa y cuando volvió a hablar lo hizo con un tono de voz más apagado—. Me dijo… —carraspeó de nuevo y continuó—. Diamante me dijo que Darien estaba contigo.

Apenas lo oí recordé de repente aquel incómodo encuentro que durante estos días había querido borrar de mi mente. También me acordé de lo que Diamante me contó sobre Zafiro, que después de haberlo rechazado había estado muy mal y deprimido. Y sin poder evitarlo comencé a sentirme muy nerviosa y culpable. —Ah, sí, estaba conmigo porque… —quise inventar alguna excusa para evitar decirle la verdad y no lastimarlo más—. Porque ese día me había ayudado con la mudanza y…

—Están juntos, ¿verdad?

Demoré en responder. Era obvio que él ya estaba al tanto de lo que en realidad pasaba y no tenía ningún sentido insistir en seguir ocultándolo. —Sí, estamos juntos —dije segura, pero me sentía cada vez más culpable y también convencida de que le estaba haciendo daño al confesárselo.

—Me alegra saberlo —dijo más animado, lo cual me descolocó por completo.

—¿En serio? —pregunté con desconfianza.

Zafiro rió de nuevo. —Sí, en serio —respondió con soltura, yo no podía creer que se lo estuviera tomando tan bien—. En verdad me alegro mucho por ti, Serena. Porque es lo que siempre deseaste, porque es la persona que quieres y me imagino que debes estar muy feliz de que te haya correspondido.

—Sí, bueno, en realidad nosotros… Todo es muy reciente todavía y estamos… Yo estoy… —al escuchar tan sinceras palabras y confirmar una vez más lo increíble, comprensivo y maravilloso que era este chico, volví a sentirme culpable. Y no sólo por él, por haberlo rechazado y confesarle que estaba saliendo con alguien más. Sino también porque al recordar la horrible discusión que acababa de tener con Darien me daba cuenta de que en lugar de sentirme feliz y disfrutar de esta nueva situación que hacía tanto soñaba con poder vivir, no hacía más que arruinarlo todo una y otra vez con mis recurrentes inseguridades, mis infantiles caprichos y mis incontrolables ataques de ira.

—¿Estás bien?

—¿Eh?

—Te quedaste callada de repente, quizás dije algo que te molestó o tal vez…

—No —me repuse enseguida—, no me molesta lo que me dices. Al contrario, te agradezco que sigas siendo tan honesto y lindo conmigo como siempre. La verdad es que estaba un poco preocupada, creí que las cosas entre nosotros se habrían arruinado irremediablemente después de todo lo que pasó y… —volví a callarme al recordar lo que sucedió entre nosotros: Su confesión, los besos, mi reacción al rechazarlo. Y ahora mi cabeza era un torbellino de preguntas y dudas, y mi pecho un revoltijo de remordimientos y confusiones.

—Comprendo, pero no debes preocuparte, todo está bien. Podemos seguir siendo buenos amigos, yo quiero que sigamos siendo amigos.

—Yo también quiero.

—De acuerdo —volvió a reír—. Seremos amigos como siempre y todo estará bien, ¿sí?

—Sí —respondí más tranquila. Al escucharlo animado de nuevo podía sentirme un poco más aliviada—. Todo va a estar bien.

—Y no olvides que aún me debes una cena, me la prometiste para cuando te mudaras, ¿recuerdas?

—Es cierto, te lo había prometido —recordé riendo—. Y cumpliré con mi palabra, no te preocupes.

—Eso espero —reímos unos instantes más y volvimos a quedarnos callados—. Bueno, no te interrumpo más. Nos mantendremos en contacto, ¿de acuerdo?

—Claro, en cualquier momento te llamaré para invitarte a cenar y enseñarte el departamento.

—Está bien, llámame cuando quieras. Adiós, Serena.

—Adiós.

Apenas colgamos me acerqué al lavatorio, dejé el teléfono sobre el mármol y enjuagué mi cara varias veces con abundante agua fría. Después de esta inesperada conversación que tuve con Zafiro y de la turbulenta pelea que acababa de tener con Darien minutos antes, estaba tan revolucionada que no podía pensar con claridad.

Sin embargo al sentirme tan culpable y avergonzada por mi comportamiento, en ambas situaciones, podía volver a darme cuenta de que no era nada más y nada menos que una niñita inmadura y caprichosa. Que no hacía más que empecinarme en ver las cosas de una única manera, de la forma en que a mí se me antojaba, sin tener en cuenta la perspectiva de los demás, sin medir mis palabras, mis acciones, sin considerar que podía llegar afectarlos o lastimarlos de algún modo.

Y al pensar en Darien y en todo lo acabábamos de decirnos, recordé lo que Zafiro me dijo una vez: Que no debía forzar la situación ni forzarme a mí misma a sentir o hacer cosas que en realidad no elegía. Que "el amor no es algo que se pueda conseguir a la fuerza, sino que es una decisión, una construcción entre dos personas que se eligen, que están dispuestas a estar juntas y acompañarse y ayudarse en pos de esa construcción. Y eso es algo que no se logra en un abrir y cerrar de ojos, sino que en realidad lleva mucho tiempo y dedicación."

Sólo un verdadero y desinteresado amigo podía ser capaz de decirme tan elocuentes y acertadas palabras, de aconsejarme tan bien y brindarme todo su apoyo y su comprensión para ayudarme a actuar de la manera más correcta. Y no podía desaprovecharlo, debía tener en cuenta todo esto si en verdad quería que las cosas funcionaran bien entre Darien y yo. Si estaba tan segura de cuánto lo amaba, de que deseaba con todas mis fuerzas estar con él y construir algo verdadero juntos, debía actuar en consecuencia y dejar mi inmadurez de lado. O por lo menos tenía que intentarlo.

Así que inspiré y suspiré unas cuantas veces para tratar de relajarme y reunir algo de valor. Y decidí salir a buscarlo para disculparme con él e intentar arreglar las cosas entre nosotros. Eso era lo correcto, lo mejor para todos.

.

.

.

Repasé mi imagen en el espejo, acomodé mi ropa y mi cabello y cuando estuve lista finalmente salí del baño. Pero ni bien atravesé la puerta, con tanto ímpetu y determinación que sentía que era capaz de llevarme al mundo por delante, escuché que alguien me llamaba. —Serena, espera —dijo la voz masculina a mis espaldas.

Apenas volteé confirmé que se trataba de Darien, quien estaba junto a la puerta del baño y tenía su celular en la mano. Y sin poder contenerme corrí hacia él y lo abracé con fuerza. —¡Darien! ¡Darien! —repetí su nombre con voz temblorosa mientras refugiaba mi rostro en su cuello. Me sentía muy avergonzada y arrepentida después de haberlo tratado tan mal—. Perdóname, Darien. Perdóname, por favor…

Él también me abrazó y soltó un pesado suspiro. —Por dios, Serena, estaba desesperado. No podía abrir la puerta, te llamé cientos de veces, no sabía qué hacer.

—Lo siento, soy una tonta. No debí gritarte como lo hice, no debí reaccionar tan mal, no debí…

—Tranquila… —dijo al profundizar el abrazo—. Tranquila, Serena, ya pasó.

Poco a poco pude calmarme y me separé lentamente de él para atreverme a mirarlo a la cara aunque estuviera muerta de vergüenza. —Lo siento mucho. Volví a romper mi promesa y me impacienté y me enojé y te dije cosas horribles y… Lo lamento, por favor, perdóname. Yo en verdad me estoy esforzando por ser tolerante y respetarte, pero a veces me cuesta tanto y…

—¿Por qué tenemos que pelear así cada vez que no estamos de acuerdo con algo? ¿Por qué no podemos tomarnos las cosas de otra manera?

—Es mi culpa, por ser tan explosiva, tan impaciente. Yo…

—También es mi culpa, Serena, por no saber darme cuenta a tiempo de cómo piensas o cómo te sientes y… —volvió a suspirar—. No quiero que peleemos, que discutamos, que nos enojemos.

—Yo tampoco quiero que peleemos más. No me gusta que peleemos, no me gusta… Por favor, perdóname.

Darien volvió a abrazarme. —Tranquila, no tengo nada que perdonarte, no estoy molesto contigo. Es sólo que me pongo muy nervioso cuando reaccionas así y automáticamente me pongo a la defensiva. Y sé que no respondo de la forma que tú esperas y no porque no quiera hacerlo sino porque no me doy cuenta, porque no estoy acostumbrado a esto y me tomo todo de una manera que quizás no coincide con tu perspectiva de las cosas y…

—No te preocupes, yo te dije que no iba a apresurarte, que te daría todo el tiempo y el espacio que necesitaras para que te sientas cómodo. Así que no volveré a reclamarte ni exigirte nada, lo prometo.

—Es que ahí está el problema —dijo al mirarme de frente de nuevo—, en que tenemos ritmos y modos muy diferentes. Así es muy difícil ponernos de acuerdo.

—Es mi culpa —admití con pesar y bajé la mirada—, yo soy demasiado arrebatada, demasiado impulsiva, soy…

—No, no, no —tomó mi rostro entre sus manos para captar mi atención—. No digas eso, ya dejemos de echarnos la culpa. Lo mejor es que aprendamos a ceder, a ser más flexibles. Yo estoy dispuesto a ceder, aunque me cueste o me lleve tiempo darme cuenta de que es preciso que lo haga. Así que si para ti es tan importante, voy a ir a cenar contigo y tus padres esta noche.

—¿En serio? —pregunté sorprendida. No esperaba que fuera capaz de cambiar de parecer, al menos no tan pronto.

—Sí, en serio. Pensé en lo que me dijiste y tienes razón, no tengo por qué sentirme bajo presión si cenamos con ellos. Además ya los conozco y no creo que…

—¡Oh, Darien, me haces tan feliz! —lo abracé otra vez y él echó a reír—. ¿Cenaremos con mis padres esta noche?

—Sí.

—¿Y les diremos que somos novios? ¿Y no tendremos que ocultar más lo que pasa entre nosotros?

—Bueno —volvimos a separarnos y Darien tomó mis manos—, si lo manejamos con cierta discreción yo creo que sí, que podemos decir que…

—¿Que somos novios? —insistí.

—Bueno, si tú quieres plantearlo en esos términos entonces…

—¡Ay, somos novios! ¡Somos novios! —estaba tan feliz que pegaba saltitos de la emoción y él no dejaba de reír.

Pero justo cuando estaba a punto de abrazarlo otra vez con toda la intención de comérmelo a besos, Darien cambió de expresión de repente y soltó mis manos haciendo un paso hacia atrás para separarse de mí. —Disculpen —cuando volteé al escuchar a Lita, comprendí su reacción—, lamento interrumpirlos, pero vine a avisarles que los estamos esperando hace rato y… —nos observaba alternadamente a los dos, era muy probable que se hubiera dado cuenta de todo—. Neflyte y yo queremos hablar contigo, Serena.

—De acuerdo, enseguida voy.

—Con permiso —se disculpó y se fue.

Apenas se alejó de nosotros, volteé a ver a Darien con una mirada asesina, quería fulminarlo con los ojos. Sin poder evitarlo, su reacción cuando Lita nos vio hizo que mis nervios y enojo volvieran a dispararse. —¿De nuevo? —pregunté molesta—. ¿De nuevo sales con lo mismo, Darien?

—¿Qué? ¿Por qué? ¿Qué hice? —el muy descarado se hacía el desentendido.

—No puedo creerlo, ¡eres insufrible! —preferí no volver a montar una escena ni discutir. Así que le di vuelta la cara y quise comenzar a caminar.

Pero él me detuvo tomándome del brazo. —No, Serena, espera, no te enojes.

—¡No me toques! —dije furiosa y me solté para retomar mis pasos.

Darien me siguió. —Por dios, Serena, no otra vez.

.

.

.

Cuando llegué a la mesa, donde todos se encontraban, inmediatamente Nef comenzó a atosigarme con preguntas y pedirme cientos de consejos. Hacía poco que él y Lita habían decidido asociarse y ampliar el negocio de la cafetería juntos, por lo tanto querían hacer algunas refacciones y cambios en el local para darle un nuevo aspecto. Y como yo manejaba algunos conocimientos sobre diseño, querían contar con mi opinión y sugerencias.

Mientras hablábamos los tres, Darien, que estaba sentado a mi lado, participaba de la plática de lo más desenvuelto y de a ratos intentaba acariciar mi rodilla bajo la mesa. Pero yo lo empujaba cada vez que me tocaba y no hice más que ignorarlo todo el tiempo. Ni siquiera lo miraba, sólo prestaba atención a lo que los chicos comentaban, o al menos eso le demostraba.

Conversamos e intercambiamos ideas por un buen rato hasta que en un momento Lita y Nef empezaron a discutir entre ellos. Y como todos estaban compenetrados en lo que decían, Darien se me acercó para hablarme al oído sin que se dieran cuenta. —¿Hasta cuándo vas a seguir ignorándome?

De nuevo intentó acariciar mi pierna, pero yo quité su mano sin mirarlo. —Te dije que no quiero que me toques.

No quería ni verlo a la cara, pero sin mirarlo podía asegurar que él estaba sonriendo. ¿Acaso podía ser más arrogante? El muy odioso disfrutaba tanto de hacerme enojar que de seguro todo lo que diría o haría a partir de ahora sólo iba a ser para provocarme aún más. —No dejas de sorprenderme, Serena, tu mal carácter no tiene límites. ¿Cuánto tiempo más vas a maltratarme y torturarme con tu indiferencia? ¿No piensas volver a dirigirme la palabra nunca más? ¿O es que estás conteniéndote para volver a gritarme e insultarme cuando estemos solos?

—Cállate o voy a golpearte.

—Vaya, ¿ahora me amenazas con golpearme? Qué cruel eres… Y yo que creía que habíamos hecho las paces.

No pude sostener más mi postura de superada e indiferente, así que volteé a verlo para contestarle. —Hicimos las paces, pero tú volviste a arruinarlo todo en un abrir y cerrar de ojos —le reproché.

Efectivamente el muy atrevido tenía una estúpida sonrisa de placer en la cara, era tan irritante… —¿De qué hablas? Yo no hice nada malo.

—Disimulaste cuando apareció Lita y ahora sigues disimulando frente a todos, como si no quisieras que se enteraran de nada.

—Es que yo soy muy reservado y tímido.

—¿Tímido?

—Sí, y tú no me entiendes. Quieres someterme a tus caprichos y si no lo hago te enojas y me maltratas y… Por dios, eres tan sexy cuando te pones así… —murmuró con voz ronca entornando los ojos, y de nuevo intentaba tocarme bajo la mesa.

Y para mi sorpresa, en lugar de seguir enojándome la situación comenzó a resultarme graciosa. —¿Qué rayos estás…

—Es como en ese libro tan famoso, sólo que al revés —dijo al acercarse más a mi oído y sin que yo me resistiera comenzó a acariciar mi pierna.

—¿Libro? ¿Qué libro?

—Aquel libro del tipo adinerado que sale con una estudiante y le hace firmar un contrato o algo así —explicó—. ¿No me digas que no lo conoces? Si hasta hicieron una película.

—No sé de qué estás hablando —quise retomar mi actitud indiferente, pero ya había logrado persuadirme. Y ahora en vez de contener mi rabia, me esforzaba por aguantarme la risa.

—Vamos, seguro que tienes una copia en tu prolífica colección. Perdón, la colección que Mina te prestó.

—¿Te refieres a…

—No recuerdo cómo se llama, era algo parecido a Dorian Gray y no sé qué del lado oscuro.

—¿"50 sombras de Grey"? —adiviné.

—Ése mismo, ¿lo has leído?

—No, no me gusta ese género.

—A mí tampoco me atrae, mucho drama. Pero ahora que lo pienso en nuestro caso podría haber un poco de…

—¡Por dios, Darien! ¡¿En qué estás pensando?! —no podía creer que fuera capaz de decir tantas tonterías, y sin poder disimular más eché a reír.

Él agrandó su sonrisa y siguió desvariando. —No te asustes, sólo se me ocurrió que si en la novela el sujeto es el amo y la chica la sumisa, en nuestro caso vendría a ser exactamente al revés, ¿no te parece?

—¿Quieres decir que yo soy tu ama y tú mi sumiso?

—Claro, algo así. Porque tú me maltratas sin compasión y yo lo disfruto… —concluyó con un exagerado tono seductor.

Yo no podía parar de reír. —Ay, Darien, ya deja de decir disparates, ¡vas a matarme!

—Al menos logré hacerte reír y que dejaras de ignorarme —dijo al volver a hablar con normalidad y buscó mi mano bajo la mesa para entrelazar sus dedos con los míos.

—Eres tremendo —dije más tranquila y apreté su mano con fuerza.

Él sonrió con dulzura. —Y tú eres preciosa —susurró al acercarse lentamente a mí.

Otra vez estuvimos a punto de besarnos, pero la voz de Nef nos interrumpió. —Oigan, ¿qué es lo que está pasando entre ustedes dos?

Recién entonces aterricé de nuevo en la realidad y recordé que no estábamos solos. Y cuando volteé y vi que todos nos miraban fijamente y expectantes me puse nerviosísima al instante, tanto que sentí que la cara me ardía en llamas de la vergüenza. Estaba tan estresada y contrariada por todo lo que había pasado ese día que no tenía idea de qué pensar, qué decir, si debía disimular o no. Ya no entendía más nada.

—Hace rato que cuchichean —dijo Mina— y se comportan como si… ¡Oh, por dios! —exclamó al pegar un salto de su asiento.

—No, no es lo que parece —balbuceé como idiota—. Sólo estábamos hablando de… de…

—Serena —me interrumpió Lita—, tu cara está roja como un tomate, ¿acaso tienes fiebre? —dijo sarcástica.

Yo bajé la mirada más avergonzada. —Bueno… yo… nosotros… él… estamos… tan sólo estamos…

—Está bien, Serena —dijo Darien—. Ya deja de disimular, no seas tan testaruda.

Lo miré confundida. ¿Yo era la testaruda que quería disimular? ¡¿Yo?! —¿Perdón?

Me guiñó un ojo con picardía y se dirigió a los demás. —Quizás es algo pronto para anunciarlo pero ustedes son nuestros mejores amigos y no tiene mucho sentido ocultarles la verdad —apretó mi mano con más fuerza, no me soltó en ningún momento—. Serena y yo estamos juntos —dijo sin rodeos.

—¡¿Qué?! —gritamos Nef, Mina y yo al unísono.

—¿Se lo diremos? —seguí preguntando. No podía creer lo que acababa de oír, después de tantos dolores de cabeza en vano…—. ¿Vamos a decírselo?

Darien rió con soltura. —Ya se los dije.

Mina se acercó a nosotros y nos abrazó emocionada. —¡Oh, dios mío! ¡Serena, Darien! ¡Están juntos! ¡¿Entonces eso significa que… que son novios?!

Darien quiso responder. —Bueno…

Pero yo me le adelanté. —¡Sí, somos novios!

Ahora Mina me abrazaba a mí. —¡Amiga! ¡My cherry! ¡Por fin! ¡Qué felicidad! —era tan exagerada, igualita a mí.

—Ya era hora de que sucediera —agregó Lita.

—¡Felicidades, chicos! —dijo Nef—. Hacen una grandiosa pareja, ¿verdad que sí? —le preguntó a Lita mientras la abrazaba por los hombros. Por supuesto ella se soltó enseguida y sólo asintió con la cabeza.

—¡Esto hay que celebrarlo! —exclamó Mina entusiasmada y llamó a uno de sus compañeros para pedirle que nos trajera más bebidas.


Después de unos cuantos tironeos y altibajos, Serena se salió con la suya y logró que Darien se animara a "blanquear" su relación. La verdad es que me he divertido bastante escribiendo este cap. A uds cómo les fue?

Respondo a continuación sus rws:

-Miriam Ortiz: Otra vez los tortolitos tuvieron una agitada discusión, pero por suerte las cosas terminaron bien.

-yssareyes48: Hoy volvimos a confirmar lo metiche que es Diamante, jaja, lo adoro! Y por su parte Darien ya empezó a ceder un poco, aunque a Serena le sigue costando tenerle paciencia…

-Leidy Flourite: Como dijo Serena, nuestro Darien se está "redimiendo" de a poquito y está cediendo. Y entiendo que ames a Zafiro, el chico es adorable! Pero por ahora sigue en plan amigos.

-Marisol: Me alegra que disfrutaras del cap anterior y espero que el de hoy también te haya gustado.

-Brujitadcc: Por más que quiso mantenerse reservado, a nuestro dulce no le quedó más remedio que ceder ante la insistencia de Serena. Hay que ver cómo le va con los "suegritos", jeje!

-Mary Barrientos: Me alegra que te gustara el cap anterior, espero que hayas disfrutado de este también.

-Salyluna: A Darien le sigue costando ser demostrativo y desenvuelto como quiere Serena, pero de a poquito va cediendo.

-kaguya: La paciencia de Serena sigue siendo muy escasa, pero Darien se está esforzando por consentirla a pesar de sus dificultades.

-Cleo Yagami: Aunque le cueste, Darien está pudiendo aflojar de a poco. Habrá que ver cómo se siguen dando las cosas.

-romi: A Serena se le agota muy fácilmente su paciencia, pero Darien la entiende y parece que ya no negará más que son novios.

-Bepevink: Hoy las crisis las tuvo Serena, y de las histéricas, ja! Y con la llamada de Zafiro supimos que él está bien y que Diamante fue un poco exagerado y metiche.

-Ana: De nuevo hubo bastantes tensiones entre este par, pero por fortuna parece que lograron superarlas y seguir adelante con su nueva relación.

-Paty: Darien sigue siendo considerado y paciente, mucho más que Serena! Esperemos que les dure la calma después de la pelea de hoy.

-Cathymoon: Bienvenida a mi locura! Te agradezco por acercarte a mi fic y dejarme tu comentario. Serena y Darien tienen sus encontronazos, pero intentan entenderse y llevarse bien. Sobre Zafiro y cómo terminarán las cosas con él lo sabremos más adelante.

Bueno gente, esto es todo por hoy. Muchas gracias a todxs por su eterno e incondicional apoyo y entusiasmo! Pero sobre todo por tenerme paciencia y no abandonarme a pesar de mis "cuelgues", valoro y aprecio mucho el aguante que me brindan!

Espero que hayan disfrutado del cap, y que me compartan su opinión en sus reviews!

Besotototes per tutti,

Bell.-