Hola hola, mi gente querida! Cómo es que les va? Espero que súper bien!

Yo por suerte ando mejor de ánimos aunque todavía con unos cuantos asuntos complicados (eternos) sin resolver. Pero a pesar de todo he podido acomodarme y organizar mis tiempos y actividades para darme el espacio necesario y dedicarme a hacer algo que me gusta muchísimo: escribir.

Así que aquí me tienen de regreso, después de casi 3 meses, con un nuevo cap de mi adorada locurita!

El único comentario previo que les haré va a ser en realidad una recomendación: Que busquen y escuchen para complementar a su lectura una muy bonita canción que se me ocurrió usar para este episodio. Me refiero a "Time after time" en versión de Chet Baker -es una antigüedad, pero creo que les va a gustar-.

Sin más para agregar, lxs dejo leer el DIECISÉIS en paz. Que lo disfruten!

Todos los personajes pertenecen a su autora Naoko Takeuchi, yo sólo los tomé prestados.

Abajo me despido,

Bell.-


:: Capítulo Dieciséis ::

Me encontraba en la cocina de mi departamento muy afanada en los preparativos de la cena que con mucho empeño y entusiasmo estaba cocinando para mi adorado novio y mis queridos padres. Estaba muy concentrada controlando la pasta -panzottis de ricotta- y al mismo tiempo terminando de preparar la salsa -rossa con parmigiano, mi especialidad-.

Todo tenía que salir perfecto, no debía pasar por alto ni el más mínimo detalle. Así que probé la salsa por enésima vez con una cuchara de madera. —Mmm, ¡está deliciosa! —exclamé contenta al saborearla—. Sin dudas soy una experta en salsas, modestia aparte… —me halagué a mí misma y eché a reír.

Colé la pasta, la puse en una fuente y después de verter la salsa encima, la metí en el horno para que se siguiera cocinando. —Pasta: lista —dije satisfecha y seguí chequeando el resto de las cosas—. Queso: listo. Vino: listo —pero cuando volteé con la intención de encaminarme hacia la sala, me topé con Darien que estaba de pie junto a la barra del desayunador.

Aparentemente habría estado observándome en silencio sin que me diera cuenta, entonces pegué un salto del susto al verlo y me llevé las manos al pecho. —¡Por dios, Darien! ¿Qué estás haciendo ahí?

Él sonrió y comenzó a caminar lentamente. —Te miro —respondió con un suave tono de voz.

Yo también caminaba hacia él. —¿Me miras? ¿Por qué me miras?

—Porque me gusta mirarte —dijo al detenerse frente a mí—. Tú me gustas…

No pude resistirme ante semejante declaración y como la buena arrebatada que era -y sigo siendo- me abalancé sobre él para comenzar a besarlo repetidas veces. —Tú también me gustas… —dije entre besos haciéndolo reír— Me encantas, Darien, ¡me encantas!

Claro que me encantaba, me fascinaba, ¡me volvía loca de amor! Y quería comérmelo a besos todo el tiempo. Y si bien yo me esforzaba por controlar mi efusividad, parecía que él poco a poco se iba acostumbrando a mis tan poco delicadas demostraciones de afecto. —¿Y qué te gusta de mí? —me preguntó mientras intentaba separarse un poco.

—Todo tú me gustas —respondí al retomar los besos—. Me gusta tu mirada —besé sus párpados—, me gustan tus ojos —besé sus mejillas y sentí que el corazón me iba a estallar de tanto amor al verlo sonreír—, me gusta tu sonrisa… —dije suspirando como boba— Adoro tu sonrisa… —y volví a besarlo en los labios con intensidad.

Después de un largo y apasionado beso, de esos que me dejaban sin aliento, volvimos a mirarnos a los ojos. Darien tomó mis manos, las besó en las palmas y me regaló otra dulce sonrisa. —Tú también me encantas… —dijo en un suspiro.

—¿Ah, sí? ¿Y qué te gusta de mí? —pregunté coqueta.

—Muchas cosas.

—¿Por ejemplo?

—Por ejemplo… me gusta verte cocinar —respondió agrandando su sonrisa—, porque lo disfrutas tanto que siempre que lo haces te ves relajada y de buen humor.

—¿Entonces insinúas que cuando no cocino estoy nerviosa y malhumorada?

—Sí, un poco —respondió sin titubear y yo puse los ojos como platos simulando estar ofendida—. Porque habitualmente tienes muy mal carácter, pero no me malinterpretes, eso también me gusta de ti.

—Está bien, lo tomaré como un cumplido —bromeé y los dos reímos.

—Y también me gusta… —dijo al ponerse serio y muy despacio acercó una mano a mi rostro para empezar a acariciarme, ¿acaso podía ser más tierno y adorable?— Me gusta pasar tiempo contigo porque…

Mientras hablaba no dejaba de acariciarme y de mirarme fijamente a los ojos con una particular expresión, y tuve la impresión de que le estaba costando mucho decirme lo que pensaba. —¿Por qué te gusta estar conmigo? —le pregunté también seria.

—Porque sí, porque me gusta estar cerca de ti —hacía cortas pausas entre frase y frase, lo cual me impacientaba bastante y también me resultaba un poco extraño, por no decir sospechoso—. Porque me haces reír, porque disfruto de tu compañía, porque me haces sentir…

Se calló de repente y su rostro se tensionó. Lo notaba nervioso, preocupado, hasta un tanto asustado, como si algo lo interrumpiera. Sin embargo parecía tener todas las intenciones de sincerarse conmigo, de decirme abiertamente lo que le pasaba. O al menos eso era lo que yo quería creer.

—¿Qué quieres decirme, Darien? —insistí y tomé la mano que tenía sobre mi mejilla.

—Quiero decirte que… —inspiró hondo y continuó— Que desde que te conocí, desde la primera vez que te vi siento que… —mientras lo escuchaba percibía cómo los latidos de mi corazón se disparaban al verlo tan movilizado y creer confirmar mis sospechas: ¿Sería que en verdad iba a confesarme sus sentimientos? ¿Que por fin me diría lo que sentía por mí?— No encuentro las palabras precisas para describir lo que siento, yo… —estaba perdida en sus ojos, cautivada por su voz y mi pobre corazón se derretía de amor. No podía creer que estaba a punto de oír lo que siempre esperé que me dijera— Jamás me había pasado algo parecido —acercó su otra mano a mi rostro y volvió a acariciarme—. Serena, tú eres… —susurró— Siento que contigo yo…

—Dímelo, Darien —le supliqué haciendo un esfuerzo descomunal por mantener la calma y no desesperarme con sus interminables pausas—. Por favor, dime lo que sientes…

—Yo… Yo siento que… Creo que tal vez estoy…

Hablaba cada vez más bajo, tanto que su voz era prácticamente inaudible. Y su rostro estaba tan tenso que hasta daba la impresión de que estaba sufriendo. ¿Tanto le costaba decir lo que sentía? ¿Tan difícil le resultaba expresar sus sentimientos? ¿No era capaz de confiar en mí? Éstas y cientos de preguntas más invadían mi mente y me provocaban mucha ansiedad.

Sin embargo a pesar de que mis nervios y mi impaciencia me tenían al borde del colapso, me mantuve lo más centrada posible para que él no lo notara ni se sintiera presionado. Estaba muda, inmóvil, hasta aguantaba la respiración con tal de no interrumpirlo por nada en el mundo. Necesitaba con urgencia y desesperación escuchar lo que fuera que tuviera para decirme.

Pero justo cuando estuvo a punto de abrir la boca para volver a hablar, Darien entornó los ojos y dirigió su atención hacia otro lado, más precisamente hacia la puerta de entrada de mi departamento. —¿Golpearon?

—¿Eh?

—¿Oí bien? ¿Golpearon a la puerta? ¿Serán tus padres?

—Yo no oí nada, te habrá parecido —tomé su rostro para que volviera a mirarme—. ¿Qué estabas por decirme?

—Pero Serena —de repente en su rostro apareció una evidente expresión de pánico—, deben ser ellos, tenemos que…

—¡No! —lo interrumpí impaciente. No quería que el momento se arruinara, que ya no se atreviera a decirme nada, ni me importaba en lo más mínimo si eran mis padres o el mismísimo primer ministro de Japón quien se encontraba del otro lado de la puerta. Lo único que quería era escucharlo a él— No, Darien, oíste mal, nadie golpeó. No te distraigas y ya dime por favor lo que ibas a… —ahora sí escuché que efectivamente alguien estaba golpeando a mi puerta con insistencia y mi serenidad se fue al diablo— ¡Maldición! ¿Por qué justo ahora? ¡¿Por qué?! —grité furiosa.

—¿Lo ves? No oí mal, hay alguien golpeando —señaló Darien—. Seguro que son tus padres, ve a abrirles.

—¡No quiero! ¿Por qué ahora? Estabas a punto de decirme algo importante, ¡no es justo! —protesté.

—No era algo tan importante, no te preocupes —intentó calmarme—. Hablaremos después, ¿sí? Ahora ve a recibir a tus padres.

—Pero Darien… —quise insistir haciendo pucheros. Me sentía tan frustrada…

—Vamos, ve de una vez, ve.

—Bueno —accedí de mala gana—. Pero antes dame otro beso —le ordené.

—Pero Serena, tienes que…

—¡Que me des un beso te digo! —y cerré los ojos para esperarlo, frunciendo mis labios al estilo 'conejo'. Admito que me estaba comportando como una niñita caprichosa, pero opté por actuar así antes de que la frustración me hiciera estallar de rabia y le gritara de todo menos 'bonito'.

—Está bien, está bien —accedió él y me dio un rápido beso en la frente—. Listo, ahora ve.

¿En la frente? ¡¿Acababa de besarme en la frente?! No, si este chico era el colmo de los colmos. —¡Ay, me sacas de quicio! —no me aguanté más y me colgué de su cuello para volver a besarlo como realmente quería. Darien rió y trató de resistirse, pero acabó dejándose vencer ante mi insistencia— Me vuelves loca… —susurré entre besos— Loca de remate… Y me sacas de quicio… —corté los besos cuando oí que volvían a golpear— ¡Ya voy! —grité hacia la puerta para que nos dejaran en paz por unos segundos más.

Cuando miré a Darien de nuevo me tranquilicé al notarlo más relajado. Pero el momento había pasado, la magia se había esfumado, ya no iba a confesarme nada. Así que no me quedó más remedio que resignarme.

Solté un largo suspiro y comencé a acariciar su cabello. —Quiero… —dije con calma. De alguna forma debía demostrarle que me importaba lo que le pasaba, aunque no hubiera podido decírmelo, y que estaba dispuesta a esperarlo— Darien, yo quiero que confíes en mí —él asintió serio—. Todo va a estar bien, ¿sí? Tienes que confiar en mí —le di un último beso y nos separamos.

Fui hasta la puerta y antes de abrir volteé a verlo. —Todo va a estar bien —repetí en voz baja y él asintió de nuevo, pero esta vez sonriendo.

—¡Hola, hijita! —gritó mi papá apenas entró y me abrazó con fuerza— ¿Por qué tardaste tanto? ¡Hiciste que me preocupara! —era tan exagerado…— Qué bonita estás, hija, ¡te ves radiante! —dijo al observarme de arriba abajo y enseguida comenzó a darme cientos de ruidosos besos en las mejillas.

—Hola, Serena —me saludó mi mamá al pasar.

—Hola… —la saludé muerta de risa sin poder separarme de mi efusivo padre— Bueno, bienvenidos a mi nuevo hogar —dije cuando finalmente logré soltarme y cerré la puerta.

—Está muy bonito, hija —comentó mi mamá mientras examinaba todo a su alrededor—. Muy colorido y alegre como tú.

—Gracias.

—¡¿Chiba?! —exclamó mi papá al dirigirse a Darien que aún permanecía inmóvil en medio de la sala— Hola, muchacho, ¡qué alegría verte! —se acercó a él y lo saludó con un afectuoso abrazo— ¿Qué estás haciendo aquí?

—Buenas noches, señor —dijo Darien con timidez—. Señora —saludó a mi mamá con una leve inclinación.

—Hola, querido —lo saludó ella y con muy poco disimulo me clavó una intensa mirada con sus enormes ojos como exigiéndome una explicación. Era una mujer muy perspicaz y de seguro se había dado cuenta de todo al instante.

Yo me acerqué a él y lo tomé de la mano. —Papá, mamá, ¿recuerdan a Darien? ¿Mi vecino? Bueno, aunque en realidad ya no lo es más desde que me mudé —dije riendo como estúpida. Es que al notar cómo apretaba mi mano podía percibir lo nervioso que se encontraba y no pude evitar contagiarme su ansiedad.

—Claro que sí —respondió mi papá—, ¡el hijo del virtuosísimo Mamoru Chiba! Y ahora que lo recuerdo, me prometiste una copia de su música, jovencito. Espero que no lo hayas olvidado porque…

—Cariño, por favor… —mi mamá trató de frenarlo.

—No lo olvidé, señor —dijo Darien y soltó mi mano para dirigirse hacia el sofá—. De hecho se la traje —buscó algo en el bolsillo de su saco que estaba sobre el sillón y se acercó de nuevo a mi papá—. Aquí está —dijo al entregarle el estuche de un cd.

—¡No puedo creerlo! ¡Muchas gracias, muchacho! —dijo mi papá emocionado al recibirlo.

Yo tampoco podía salir de mi asombro al ver lo que acababa de hacer. Y comprendí que probablemente cuando pasamos por su departamento antes de venir al mío para que dejara las cosas del trabajo y se cambiara de ropa, también buscó el cd que ya tenía listo. No me había comentado nada al respecto y yo jamás hubiera imaginado que recordaría que se lo prometió a mi papá aquella tarde que lo conoció.

—De nada, señor.

—¡Tenemos que escucharlo, no perdamos más tiempo! Serena, ¿dónde está el equipo de música? —mi papá estaba desbordado de felicidad y yo también. Darien había tenido un gesto tan lindo y gentil que creí haberme enamorado un poquito más de él.

—Espera, Kenji —volvió a detenerlo mi mamá—. Creo que nuestra hija quiere decirnos algo —dijo al mirarnos alternadamente a los dos.

—¿Eh? ¿Yo? —aterricé de golpe— Ah, sí. Bueno, sólo quería… Lo que quiero decirles es que… —otra vez mis nervios volvían a dispararse y miré a Darien como para pedirle su apoyo, pero él tenía la mirada baja y lo noté mucho más nervioso que antes. Así que reuní valor y decidí anunciarlo sola lo antes posible, no tenía demasiado sentido pasar por tanto estrés por algo tan sencillo— Darien es mi novio —solté al fin y él me miró espantado, como si hubiera dicho una barbaridad, lo cual no me cayó para nada bien.

—¿En serio? ¡Felicidades, chicos! —dijo mi papá contento.

—Bienvenido a nuestra familia, querido —dijo mi mamá con una cálida sonrisa.

Darien estaba estupefacto ante su cordial reacción y no supo qué responder. Y la verdad es que yo me alegré al verlo sonreír otra vez, porque parecía que por fin sus temores se estaban desvaneciendo o al menos tuve esa impresión.

—Eres muy afortunado, muchacho —dijo mi papá mientras le daba unas fuertes palmadas en los hombros—. Serena es una chica maravillosa, como su madre. Aunque… —se acercó más a él— tiene un carácter del demonio —murmuró con una risita pícara—. En eso también es igualita a ella.

—¡Papá!

—¡Kenji!

Los dos rieron por nuestra reacción, sin dudas éramos idénticamente temperamentales. —Bueno, muchacho —siguió mi papá—, ya basta de charla. Vamos a escuchar este disco inmediatamente.

—Sí, señor —asintió Darien y fueron juntos hasta la biblioteca donde se encontraba el equipo de música.

—Toma, hija —me dijo mi mamá al entregarme un paquete.

—¿Qué es esto? —pregunté curiosa mientras lo desenvolvía.

—Los libros de cocina de tu abuela.

—Mamá… —dije emocionada al verlos— ¡Qué hermoso regalo! ¡Gracias!

—Como me contaste que sigues entusiasmada con perfeccionar tus habilidades culinarias —explicó— pensé que te gustaría tenerlos y experimentar con sus recetas. Más ahora que ya tienes a quien agasajar… —las dos miramos a Darien y suspiramos como bobas— ¡Ese chico es un príncipe, hija! ¿Cómo lograste conquistarlo?

—¡Cállate, mamá! —dije avergonzada. Pero Darien y mi papá ni nos escucharon porque estaban muy compenetrados en su conversación y en la música que ya había comenzado a sonar.

—No puedo creerlo, Serena. ¡Tienes novio! ¡Y es precioso! —la muy 'madura' de mi madre apretaba mis manos entre las suyas mientras daba saltitos de la emoción como una adolescente. Era más que evidente de quién había heredado mi excentricidad…— Cuéntame todo, Serena. ¡Todo!

Yo eché a reír y fuimos juntas a la cocina para poder cuchichear tranquilas.

.

.

.

La velada transcurrió de lo más distendida. Compartimos un momento sumamente cómodo y natural entre los cuatro, como si siempre lo hubiéramos hecho. Mi papá se la pasó hablando hasta por los codos y mi mamá no dejó de atenderlo a Darien y estar pendiente de él ni por un segundo.

No podía sentirme mejor, todo salió estupendamente bien, la comida, la sobremesa, la plática, las risas. Todo había sido simplemente perfecto. Hasta que mis padres se marcharon… Porque recién entonces caí en la cuenta de lo agobiado y tenso que estuvo Darien todo el tiempo desde que llegaron hasta que se fueron. Y apenas nos quedamos a solas no volvió a dirigirme la palabra por un buen rato. Sólo me ayudó a ordenar y limpiar el comedor y después se puso a lavar los platos sin decirme absolutamente nada.

Cuando terminé de guardar las últimas cosas en la nevera, puse a calentar un poco de café y mientras esperaba me dediqué a observarlo por unos instantes. Estaba de espaldas a mí, mudo, ocupado en su tarea sin emitir sonido alguno, era como si hubiera levantado unas impenetrables murallas invisibles a su alrededor. Jamás lo había visto así antes.

—Darien… —lo llamé temerosa. Necesitaba saber qué rayos le pasaba, por qué había tenido este vuelco tan abrupto en su estado de ánimo cuando hacía cuestión de unos pocos minutos parecía estar todo en orden— ¿Estás bien? —le pregunté preocupada pero pareció no escucharme, ya que seguía concentrado en lo que hacía— Darien —lo llamé de nuevo—, ¿te sientes bien?

Él volteó a mirarme. —Disculpa, ¿me hablaste?

—Te pregunté si estás bien.

—Sí, ¿por qué? —y volvió a darme la espalda regresando su atención a la vajilla que lavaba.

—Porque te noto… raro. Y pensé que quizás no lo pasaste bien esta noche o hubo algo que te molestó o…

—No, para nada. Al contrario, lo pasé muy bien. Tus padres son muy agradables, me sentí muy bien —me explicó con un cordial pero al mismo tiempo frío tono de voz.

Su respuesta no me convenció. Es más, lo noté algo forzado y creí comprender que así se había estado comportado todo el tiempo, esforzándose en mostrarse amable y desenvuelto, fingiendo que lo estaba pasando bien, que se sentía a gusto con nosotros cuando en realidad era justamente todo lo opuesto. Quizás me estaba precipitando al sacar estas conclusiones, pero a esta altura de las circunstancias y después de todo lo que había pasado ese día era lo único que se me ocurría.

No dije más nada y después de servirme una taza de café me fui a la sala. Subí el volumen de la música que estaba sonando, me senté en el sofá y comencé a hojear los libros de cocina que me regaló mi mamá. Necesitaba pensar en otra cosa, distraerme con lo que sea, dejar a un lado los pensamientos negativos y las desagradables sensaciones que empezaban a angustiarme.

Poco tiempo después apareció Darien sin que me diera cuenta y se sentó a mi lado. Tomó uno de los libros y también empezó a repasar sus páginas. —Se ve interesante, hay muchas recetas —comentó.

—Sí, a mi abuela le encantaba cocinar. Pero le gustaba más la repostería, era una especialista en pasteles —recordé con nostalgia.

Si bien me sorprendió este nuevo cambio de actitud, opté por tomármelo como un intento de acercamiento, de distender un poco los ánimos y volver a tratarnos como siempre. Pero de nuevo nos quedamos callados por unos instantes más. Y yo estaba bastante inquieta, no tenía idea de cómo interpretar su mutismo, no sabía si sentirme culpable o molesta o triste o incómoda o… —En serio lo pasé bien esta noche —dijo de repente y yo lo miré confundida—. En verdad creo que tus padres son unas personas muy agradables, me hicieron sentir cómodo, en familia. Pero…

Obviamente ya no me quedaba ni un mísero resto de paciencia y tuve que decirle lo que pensaba. —Ya sé lo que vas a decirme —y le reproché lo que me dijo cuando discutimos más temprano—, que fue demasiado pronto para presentarte con ellos, que lo nuestro todavía es muy reciente, que no estás listo para esto, que…

—No, no es eso. Lo que quiero decir es que…

—Todo parecía estar tan bien… —seguí protestando— Fue una cena agradable, conversamos tanto, nos reímos, nadie puso en tela de juicio el hecho de que tú y yo estemos juntos, es más ni siquiera se habló del tema. Nadie presionó a nadie, ni mis padres ni yo hicimos nada para que te sintieras mal. No lo entiendo, Darien, ¿por qué te pones así? ¿Por qué te cuesta tanto abrirte y compartir estas cosas con más soltura y naturalidad? ¿Por qué te sobreesfuerzas? ¿Por qué…

—Porque sí, Serena —dijo molesto—, porque me cuesta mucho, porque temo… Me preocupa que tengan una mala impresión de mí.

—¿Qué?

—No lo sé, es que ya no estoy acostumbrado a estas cosas, no puedo tomármelo con tanta naturalidad como lo haces tú, porque ni siquiera me siento capaz de hacerlo bien —ahora entendía lo que le pasaba, se sentía inseguro, asustado, y se estaba animando a decírmelo, lo que me conmovió profundamente—. Creí que no habría problemas —continuó—, que podría con esto, que no me costaría, pero no es nada fácil. Temo caerles mal o que piensen que no soy lo suficientemente bueno para ti o que…

—No, Darien, ¿de qué estás hablando? Ellos no piensan así, ellos no…

—Porque la primera y única vez que hice algo como esto, presentarme con los padres de… de mi novia, todo fue perfecto. Me abrieron las puertas de su casa, me recibieron como un hijo, como si fuera parte de su familia. Pero después todo se arruinó y yo los decepcioné y todo se fue al diablo y…

—No, Darien, no digas eso. Nada se va a arruinar, nadie se va a decepcionar de ti —intenté animarlo—. Tú eres un sol, eres una persona maravillosa, eres un príncipe…

—No, no lo soy.

—Para mí sí lo eres —enfaticé—. Eres mi príncipe, Darien. Eres perfecto para mí, ¿puedes creerme? Aunque me saques de quicio, aunque pongas a prueba mi escasa paciencia y me hagas estallar de rabia una y otra vez, yo… —tomé su rostro entre mis manos— Yo quiero estar contigo, Darien. Quiero que confíes en mí. Quiero que…

—Serena… —murmuró suspirando y apoyó su frente contra la mía— No tienes idea de cuánto te… —pero se detuvo antes de completar la frase.

Esperé lo más que pude por si se atrevía a continuar, pero no lo hizo. —¿Qué? ¿Qué estabas por decir? —le supliqué conteniéndome por no caer en la desesperación. ¿Por qué me hacía esto? ¿Por qué no podía abrirse del todo y decirme lo que sentía? ¿Por qué le costaba tanto confiar en mí?

Se separó un poco para mirarme a los ojos y volvió a suspirar. —Nada, tonterías mías, no me hagas caso. No quiero que los ánimos decaigan por mi culpa —respondió con una leve sonrisa.

—Pero Darien…

—Ya olvidémonos de todo —dijo al ponerse de pie—, tenemos que celebrar.

—¿Celebrar?

—Claro, dijimos que esta noche íbamos a celebrar, ¿no lo recuerdas?

Tenía razón, ese día él acababa de comprarse un auto nuevo y habíamos acordado celebrarlo juntos. —Es cierto, lo había olvidado —dije algo desanimada al confirmar que de nuevo me iba a quedar con las ganas de escuchar su 'confesión'.

Darien seleccionó una nueva canción en el equipo de música y luego me tendió una mano. —Ven, concédeme el honor de bailar esta pieza conmigo —dijo con una hermosa y cálida sonrisa, de ésas que yo tanto adoraba y que provocó que toda mi preocupación y mi ansiedad desaparecieran al instante.

Así que acepté su invitación sin titubear y me acerqué a él. Cuando tomé su mano llevó la mía a su pecho sin soltarla y me abrazó por la cintura acercándome a su cuerpo lo más que pudo. Yo reposé mi rostro en su pecho, cerré los ojos y comenzamos a bailar muy despacio, siguiendo el ritmo de la delicada música que nos envolvía.

Permanecimos callados por unos instantes, sólo bailando abrazados, concentrados en la melodía que sonaba. Era un momento tan romántico y especial, yo disfrutaba tanto de su cercanía y de las increíbles sensaciones que colmaban todo mi ser al estar entre sus brazos… Y al encontrarnos así podía sentir que nada malo podía pasar, que estábamos juntos, unidos, tan íntimamente conectados…

—Es una canción muy bonita —murmuré en un suspiro. Justo en una parte donde la letra decía algo así como "Y una y otra vez me oirás decir que soy muy afortunado por amarte".

—¿Verdad que sí? Es la favorita de mi madre. No te imaginas lo bien que la interpreta con su bella voz.

—¿No hay una versión suya en el cd que me grabaste?

—No, por eso grabé ésta, que es mi versión favorita después de la de mi madre, claro.

Además de la copia que le hizo a mi papá con las grabaciones remasterizadas de sus padres, también había hecho una para mí con algunas canciones más de otros intérpretes. Y una de ellas era la que estábamos escuchando ahora. Se trataba de una clásica balada de jazz muy hermosa y romántica que me encantaba y hacía mucho tiempo no oía.

Volví a suspirar emocionada y lo abracé con más fuerza sin dejar de bailar. Al estar juntos de esta forma podía escuchar cómo los latidos de su corazón se aceleraban cada vez más, al mismo ritmo y tiempo que el mío, de tal manera que podía sentir cómo ambos estábamos perfectamente sincronizados.

Darien empezó a acariciar delicadamente mi espalda con las yemas de sus dedos y acomodó su rostro cerca de mi cuello. Yo me estremecí al sentirlo tan cerca y noté que unas suaves y electrizantes cosquillas comenzaron a recorrerme entera al sentir la tibieza de su aliento contra mi piel. Yo también me acerqué a su cuello, podía percibir su aroma, respirar su perfume, intenso, sensual, y de manera casi imperceptible comencé a rozar su piel con mis labios.

Nos acariciamos suavemente con nuestros rostros, él rozaba mi mejilla con la punta de su nariz y muy lentamente se fue acercando a mis labios. Al quedar enfrentados nos miramos a los ojos y noté cómo nuestra respiración se profundizaba y un intenso deseo empezaba a invadirme.

—Gracias… —susurré un tanto avergonzada— Gracias por haber venido esta noche. Sé que no es fácil para ti, que te cuestan este tipo de 'formalidades'. Sin embargo viniste, aguantaste a mis padres, me aguantaste a mí y… —ambos sonreímos— Y quiero darte las gracias por eso.

—Yo también te agradezco que me hayas invitado y sobre todo que me tengas paciencia, aunque también te cueste —acarició mi rostro con dulzura y me miró serio—. Gracias, Serena —dijo en voz muy baja acercándose más a mí, casi rozando mis labios con los suyos—. Gracias… —susurró y me besó.

Lo hizo con tanta delicadeza, con tanta ternura, que sentía que flotaba en el aire. Comencé a acariciar su rostro con las manos y a medida que los besos pasaban a ser más intensos rodeé su cuello con mis brazos enredando mis dedos en su cabello. En respuesta él me tomó del cuello con una mano y de la cintura con la otra para acercarme aún más a su cuerpo.

Y cuando entreabrió su boca lentamente y acarició mis labios con la punta de su lengua para invitarme a profundizar los besos, yo accedí enseguida, saboreando su boca con dulzura, abrazándolo con más fuerza. Poco a poco empezamos a intensificar los besos alternando suaves y lentas caricias con nuestros labios y lenguas. Nos besamos largamente, acariciándonos sin parar y respirando de forma cada vez más entrecortada e irregular.

Pero cuando nuestras manos empezaron a inquietarse y nos dimos cuenta de que ya no podíamos sostener más la calma con la que nos estábamos tratando, suavizamos los besos y nos separamos un poco para recuperar el aliento y vernos de nuevo a los ojos.

Yo lo miraba extasiada y sentía como si el aleteo de cientos de mariposas me hicieran cosquillas en la boca del estómago. Porque estaba perdidamente enamorada de él, porque sus besos, sus caricias, su mirada, todo era tan perfecto y maravilloso que sentía que me enamoraba cada vez más y más, porque… —Eres una insaciable besucona —murmuró con una sonrisa triunfante interrumpiendo mis pensamientos.

—Es que tú eres muy 'besable', ya te lo dije —refuté y él agrandó su sonrisa. Era tan engreído…—. Y particularmente hoy tengo muchas más ganas de besarte que nunca, porque me hiciste pasar por mucho estrés desde bien temprano y necesito una buena dosis de mimos… —y retomé los besos.

—¿Yo? —preguntó riendo contra mis labios— ¿Yo te hice pasar estrés? ¿De qué estás hablando?

Corté los besos y lo miré seria. —No te hagas el santito, queridísimo novio mío, no olvides lo que pasó esta tarde —le recordé nuestra fuerte pelea por lo de la cena con mis padres y luego por lo de decirle a los chicos que estábamos juntos—. Me provocaste unos cuantos dolores de cabeza con tus planteos y tus excusas, así que ahora tendrás que compensarme.

Quise volver a besarlo, pero él no me dejó. —¿Eso significa que vas a castigarme y aprovecharte de mí? —preguntó en tono seductor— ¿Que vas a someterme a tus caprichos y maltratarme sin compasión hasta quedar satisfecha?

—Eso quieres, ¿verdad? —le seguí el juego— Quieres que me comporte como una novia dominante y lujuriosa, ¿cierto?

—Vaya, me leíste la mente… —dijo guiñándome un ojo con picardía.

—Entonces —murmuré al comenzar a caminar guiándolo hacia mi habitación—, no perdamos más tiempo y saldemos nuestras cuentas pendientes, ¿de acuerdo?

—De acuerdo… —dijo con voz ronca y me besó.

.

.

.

Una tarde, mis mejores amigas y yo nos encontrábamos distribuidas alrededor de la mesita de mi sala conversando de todo un poco. Era la primera vez que nos reuníamos en mi nuevo departamento para merendar juntas y ponernos al corriente con lo que acontecía en nuestras vidas. Particularmente en la mía, porque desde que empecé a salir con Darien no habíamos podido coincidir las tres solas para que les contara todo.

Así que durante un buen rato me dediqué a relatarles con lujo de detalles todo lo que pasó desde el primer minuto que estábamos juntos hasta ese día, que acababa de regresar de pasar el fin de semana en las montañas con él.

Mientras Mina se ocupaba de servir un poco más de té para todas y por su parte Lita servía unas porciones de pastel en unos platos, yo les hablaba entusiasmada sobre mi flamante novio, nuestra nueva y perfecta relación y el reciente viaje que hicimos juntos.

—Es tan atento y caballero… —comentaba emocionada— Todo el tiempo me trató como a una verdadera princesa. Hicimos de todo, fuimos a cenar a un lugar súper romántico, salimos de compras, me hizo un montón de obsequios, paseamos en el lago y también…

—¿Y el hotel? ¿Cómo les fue en el hotel? —preguntó Mina impaciente.

—¡Divino! La habitación era inmensa, tenía una vista increíble, ¡hasta había un jacuzzi en el baño! Me sentía como una estrella de cine.

—No es eso lo que te pregunto, Serena —me regañó y yo la miré sin comprender lo que decía—. No te hagas la tonta, sabes a qué me refiero —y me hizo una seña con las manos bastante explícita para que entendiera.

—Ah, ¿te refieres a… 'eso'? —pregunté y sentí que la cara me ardía de vergüenza. Pero estábamos en confianza y hablar de estas cosas con ella siempre era muy divertido.

—¡Sí, sí! ¡'Eso'! —asintió más impaciente— Vamos, cuéntanos todo, queremos detalles.

—Bueno —inspiré hondo para reunir valor y animarme a contarle algo—. Darien es…

—¡Por dios, Serena! ¡Habla, desembucha de una vez!

—¡Es una bomba sexual! —exclamé y las dos gritamos como histéricas.

—Son insufribles… —protestó Lita muerta de risa.

—Es tan apasionado, tan romántico, tan… —continué y enseguida me tapé la cara con las manos al recordarlo— ¡Ay, es tan sexy!

—Y dime, Serena —dijo Mina al tomar mis manos para descubrir mi rostro—. El primer día que estuvieron juntos, ¿cuántas veces lo hicieron?

—¿El primer día? No estoy segura…

—Haz memoria, amiga. Es un número muy importante, porque determina cuán duradera y apasionada será su relación.

—¿De dónde sacaste ese disparate? —preguntó Lita.

Pero ella la ignoró por completo. —Vamos, dinos cuántas veces —me apresuró.

—Unas dos o tres veces creo, no me acuerdo bien.

—¿Nada más? —dijo decepcionada.

—Perdóname por no ser tan fogosa como tú, mi querida Venus —dije en tono burlón.

—Bueno, no se peleen. Y ya dejen de decir tonterías —nos cortó Lita sin dejar de reír—. Lo importante es que ambas están muy enamoradas y sus adorados novios las tratan con respeto y cariño. Lo que vale es la calidad, no la cantidad.

—Tienes razón, mi adorado Darien es muy respetuoso y cariñoso —dije otra vez emocionada—. Soy tan feliz…

—¿Estás enamorada, Serena? —me preguntó Mina.

—¡Sí! Enamorada hasta los huesos…

— ¿Y Darien se preocupa por ti? ¿Te cuida? ¿Te consuela cuando estás triste? ¿Te hace reír cuando estás aburrida? ¿Aguanta tu mal carácter y le gusta lo que cocinas para él?

—¡Sí, sí ,sí! —asentí con convicción— Es el amor de mi vida, es mi príncipe azul…

—¿Y quiere estar siempre contigo? ¿Compartir todo contigo? ¿Cuidarte, acompañarte, hacerte feliz? —yo seguía asintiendo segura— ¿Y te dice cuánto te ama cientos de veces al día?

—Bueno… —todo mi entusiasmo se vino a pique por esa última pregunta— En realidad no me lo dice directamente —quise excusarlo—, pero me lo demuestra con sus gestos, sus atenciones.

—¡¿Qué?! —exclamó Mina horrorizada— ¿No te dice que te ama? —yo negué con la cabeza— ¿Pero al menos una vez te lo ha dicho? —volví a negar con la mirada baja— ¡Oh, por dios, eso es terrible!

—Es que Darien es un chico muy reservado —lo defendió Lita—. Pero aunque sea discreto en público y no te diga directamente que te ama, creo que si es tan atento y romántico como tú dices cuando están a solas es porque tiene fuertes sentimientos por ti.

—Viéndolo de esa forma, quizás tengas razón —reflexionó Mina.

—Y yo estoy muy feliz por ustedes —siguió Lita—. En verdad me alegra mucho que se hayan dado una oportunidad para estar juntos. Espero que todo marche bien y que no lo eches a perder —dijo guiñándome un ojo.

—¡Gracias, Lita! —la abracé efusiva, sus palabras me levantaron el ánimo— ¡Te quiero mucho!

—Bueno, bueno. Ya corten con los arrumacos o me pondré celosa —nos interrumpió Mina—. Hablando de parejas felices, tengo algo muy importante que contarles —las dos la miramos atentas y ella nos entregó unas tarjetas que sacó de su bolso—. Miren lo que recibí por correo esta mañana.

Cuando leí de qué se trataba me sorprendí bastante. Aunque ya sabía que era algo que tarde o temprano pasaría, no dejaba de provocarme cierta nostalgia. —Vaya, así que finalmente se casará… —dije con voz apagada. Efectivamente lo que tenía en mis manos era la tarjeta de invitación para la boda de Seiya, mi ex-novio— Y en un mes.

—Así es —dijo Mina—. Resulta ser que hace unos días, cuando pasé por esa productora donde hice una audición para una publicidad, ¿recuerdan? —ambas asentimos— Bueno, allí me encontré con él y fuimos a tomar un café y platicamos muchísimo. Fue muy divertido porque hacía tanto que no nos veíamos y me habló de sus hermanos. ¿Sabían que Yaten es el presidente de una discográfica? Y pensar que en preparatoria yo estaba tan enamorada de él… Habríamos hecho una pareja increíble. Bueno, aunque pensándolo bien mi Kun es mucho más guapo y es más alto, pero lo más importante es que a él sí lo amo de verdad. En cambio lo de Yaten fue algo platónico, yo era muy chica y fantasiosa y además…

—¡Ay, ya, Mina, no te vayas por las ramas! —la regañé molesta. ¿Cómo era capaz de hablar tanto? ¡Me desesperaba!

—Bueno, Seiya me contó que ya ha fijado la fecha para su boda y quiere invitarnos a todas. Entonces le pregunté si podemos ir acompañadas y me dijo que sí. Y me pidió que cuando recibiera las tarjetas se las reenvíe avisándole con quién vamos a ir así puede organizar el tema de las mesas y los lugares y…

—¿Acompañadas? —la interrumpió Lita— ¿Acompañadas por quién?

—Por los chicos, claro.

—¿Qué chicos? ¿Kunzite y Darien?

—¡Y Neflyte! —gritamos Mina y yo al unísono.

—¡Es una idea fantástica! —dije entusiasmada.

—¿Verdad que sí? Si vamos todos juntos a la boda será una excelente oportunidad para que…

—No, no, no —Volvió a cortarla Lita enojada—. Me parece una idea pésima. Él no tiene nada que hacer en esa boda, ni siquiera conoce a los novios, no me parece correcto que…

—Pero Seiya me dijo que sí, que podíamos invitar a quien quisiéramos —explicó Mina.

—Vamos, Lita, no seas testaruda —intenté convencerla—. Iremos los seis juntos, nos vamos a divertir muchísimo.

—Claro, tienes que ceder un poco y relacionarte más con él fuera del ámbito laboral, al menos como amigos —insistió Mina—. Si no lo único que hacen es pasársela encerrados en ese negocio y hablando de trabajo.

—Pero yo no…

—Nef regresó y te propuso asociarte contigo por alguna razón en especial. Deberías darle una oportunidad para que lo demuestre e intentar relacionarte con él desde otro lugar, no sólo como su colega y socia.

—Mina tiene razón —me acoplé a sus argumentos—. Deberías salirte un poco de tus estructuras y probar algo diferente. Siempre eres muy fría y cortante con él, y Nef es muy dulce contigo, es obvio que te tiene un cariño muy especial.

—Pero yo no tengo ningún interés en él. Sí, es cierto que en el trabajo nos llevamos muy bien y que el negocio está funcionando mejor que nunca desde que somos socios, pero…

—No seas tan dura, Lita —dijo Mina—. Vayamos todos juntos a esta fiesta, lo vamos a pasar muy bien. Y así podrás comprobar que en él también puedes encontrar un buen amigo, alguien con quien contar más allá del trabajo.

—Pero…

—Vamos, ¡di que sí! —le suplicamos las dos.

—No lo sé, déjenme pensarlo —dijo ensimismada mirando fijamente la tarjeta.

.

.

.

Algunos días después, fui a visitar a Diamante a su trabajo para volver a discutir el asunto del proyecto para el que pidió mi colaboración, siendo que yo ya había aceptado su propuesta. Así que una tarde, cuando salí del consultorio de Kun, me dirigí hacia allá.

Su estudio estaba ubicado en el último piso de una lujosísima torre del centro de la ciudad. Una vez que llegué, a medida que atravesaba un largo pasillo que comunicaba a varias oficinas, observé todo con atención y me asombré por la magnitud del lugar y el trabajo que allí se hacía. Lo cual me llevó a reconfirmar que se trataba de un gran profesional con una prolífica y admirable trayectoria. Y estaba sencillamente feliz por tener la increíble posibilidad de trabajar con él, era como un maravilloso sueño hecho realidad para mí.

Cuando llegué a la recepción del que sería su despacho, me anuncié con la secretaria. —Buenas tardes. Tengo una cita con Diamante Black a las 5.

—Disculpe, señorita…

—Lo siento —estaba tan nerviosa y emocionada que olvidé decirle mi nombre—. Soy Serena Tsukino —me presenté.

—Disculpe, señorita Tsukino, pero el señor Black no se encuentra en este momento.

—¿Cómo que no? Acordé directamente con él reunirnos aquí hoy a las 5.

—Lo lamento —la mujer revisó en su computadora—, pero lo único que tiene agendado para esta tarde es una reunión con uno de sus clientes en otro sitio. Se habrá confundido de día, señorita.

—No puede ser, si hablé por teléfono con él hace un par de horas y… —busqué mi celular en mi bolso y me alejé un poco— Rayos, no es posible que sea tan despistada y me haya equivocado de día —protesté en voz baja y marqué su número. Pero inmediatamente me atendió el contestador automático—. Maldición, ¿dónde te has metido, Diamante? —volví a protestar al colgar. Y cuando volteé a mirar a la secretaria para hablar con ella me llevé una inesperada sorpresa— ¡Zafiro! —exclamé contenta al verlo llegar.

—¿Serena? —dijo él algo sobresaltado cuando me reconoció— ¿Qué haces aquí?

—¿Qué haces tú aquí? —pregunté riendo al acercarme a él. En verdad me alegraba mucho volver a verlo pero no entendía cómo nos estábamos encontrando en este lugar de manera tan casual.

Zafiro también echó a reír. —No puedo creerlo.

—¿Qué cosa?

—Diamante no está en su oficina, ¿verdad? —le preguntó a la secretaria.

—No, salió temprano para ir a una reunión.

—Bueno, parece que nos dejó plantados a los dos —me dijo sin dejar de reír.

—¿A ti también te citó aquí a las 5? —pregunté confundida.

—Sí, algo así… ¿Tienes algo que hacer ahora? —yo negué con la cabeza— ¿Quieres que vayamos a tomar algo o a caminar un poco? Me gustaría hablar contigo.

—Pero…

—Diamante no va a venir y tampoco nos atenderá si lo llamamos —yo lo miré más confundida todavía—. Vamos, demos una vuelta, conversemos y de paso te explico lo que está pasando.

Yo dudé por unos segundos. Pero a decir verdad tenía muchas ganas de pasar un momento con él, para que pudiéramos volver a hablar, retomar nuestra amistad. Él era un chico encantador, me había demostrado muchas veces que era una muy buena persona y un gran amigo. Yo lo apreciaba mucho y quería aprovechar esta oportunidad para que volviéramos a acercarnos. Así que finalmente decidí aceptar su invitación. —Está bien, vamos.


Todo parece estar marchando muy bien para nuestros protagonistas, peeeeero parece que todavía hay algunos obstáculos que sortear… A uds qué les parece? Qué se imaginan que puede llegar a pasar con nuestra parejita adorada?

Bueno, paso a responder rws:

-romi: hoy hubo un poco menos de estrés y en términos generales parece que las cosas andan mejor entre Darien y Serena. veremos cómo sigue todo.

-yssareyes48: Serena hoy estuvo más centradita y las peleas fueron más tranquilas, ja! de a poquito los dos van aflojando.

-Gabriela Contreras: las cosas están mejor, Serena pudo controlar el tema de sus explosiones y Darien se pudo abrir un poquito más. veremos cómo les sigue yendo.

-Cathymoon: por suerte hoy hubo más amor que odio, ja! los chicos están más tranquilos. ahora quedó abierto el tema de Lita y Nef, si irán juntos a la boda o no. y Zafiro sigue rondando, aunque parece que en realidad es por obra de Diamante…

-Miriam Ortiz: coincido totalmente con vos en que estos dos son unos locos, jaja! pero de a ratos su neurosis disminuye y no es tan grave.

-Marisol: hoy Darien no la hizo renegar tanto a Serena, o por lo menos ella está acostumbrándose de a poco a cómo es él…

-kaguya: creo que hoy el estrés fue mucho menor, ja! Serena pudo ser un poco más paciente y Darien más demostrativo. esperemos que todo siga bien y les dure…

-brujitadcc: los chicos la siguen remando y aunque les cueste poquito a poco se están llevando mejor. esperemos que siga todo bien…

-Leidy Flourite: tu querido Zafiro volvió a aparecer! y sabremos más de él en el próximo capítulo (que vaya uno a saber cuándo lo escribiré…). por su parte Serena y Darien hoy tuvieron un poquito más de tranquilidad, pero no es garantía que les vaya a durar…

-Cotita83: bienvenida de vuelta, estimada! estás perdonada, por supuesto! en el cap de hoy Serena estuvo un poco menos "cacheteable", ja! y fue más paciente con Darien. pero a él todavía le cuesta aflojar del todo para ciertas cosas.

-Bepevink: hoy los chicos no estuvieron taaaan bipolares, aunque la idea de la terapia podría ser útil, ja!

-Ana: en el cap de hoy ha estado todo mucho más tranquilo, sobre todo Serena. así que espero que hayas tenido una mejor impresión de ella. veremos cómo sigue esta pareja dispareja, ja!

-emilce: bienvenida a mi locura! puede que tengas razón, Serena es bastante inmadura para su edad. pero a mi me gusta que no sea perfecta, y que evolucione a medida que avanza la trama. sobre Zafiro sabremos más en el próximo capítulo.

-Guest: para saber quién es el de la propuesta todavía falta mucho, así que paciencia! igualmente ahora que está apareciendo Zafiro, es probable que surjan algunos celos… veremos qué pasa.

-Cleo Yagami: las cosas entre Serena y Darien se van afianzando de a poquito y hoy no hubo tantas tormentas. y sí, Zafiro es un sol! pero no lo amo tanto como a mi dulce de leche :3

Bueno mis queridísimx lectorxs, esto ha sido todo por hoy. Espero que hayan disfrutado del cap y que me dejen unos bellísimos reviews!

Hasta la próxima! Ojalá pueda regresar pronto…

Besitos per tutti,

Bell.-