Hola. Regresaron las notas de autor JAJAJA

Inserte algún chiste sarcástico e ingenioso acerca de este fic.

Actually, we have one. But this one is in English, because I released that there's people who doesn't speak Spanish reading this fanfic. Hi! And welcome!


No había hablado con Astrid en todo ese tiempo. Cosa rara, porque estaba dispuesto a explicarle todo lo que había pasado, en serio, Hiccup no dejó de llamarla, sin embargo, ella solo ignoraba sus llamadas, lo cual lo desesperaba más. Estuvo tan distraído que derramó todo el aceite sobre el suelo del taller, en medio de su torpeza.

— Tal vez deba ir a su casa. — saltó cuando ni bien terminó de limpiar el piso. Gobber salió debajo de un auto, hizo una mueca y se rascó la mejilla, sin estar muy de acuerdo. — Ella no contesta mis llamadas, debe estar sumamente molesta conmigo. — se lamentó, antes de pasar las manos y engrasadas en su cabello. — Ya vuelvo, yo...

— Hiccup, no creo que sea buena idea que vayas con ella. — lo frenó el mecánico. — Primero que nada, estás hecho un asco, necesitas un baño, quitarte toda esa grasa. Y segundo, Hiccup, si haces eso, quedarás como un intenso, ¿Cuántas veces le has llamado?

— ¡Es que de verdad necesito explicarle!

— Lo sé, pero primero tienes que darle tiempo... Quizá lo está procesando. — Gobber se levantó, apoyó su mano en el hombro del afligido muchacho. — Así son las mujeres, Hiccup, necesitan tiempo, ¿Ya hablaste con Cami?

— Ya. Está arrepentida, quiere disculparse. — Hiccup se recargó en el auto que estaba reparando. — No tuvo esa intención, ella no sabía que... Ya estaba en otra relación. No habíamos hablado en bastante tiempo, y ella no creyó que de verdad fuera a pasar...

— Nadie creía que fuera a pasar de hecho. — Admitió Gobber, Hiccup le regresó la mirada con los ojos entornados. — ¿Qué? Es verdad, ella de verdad parecía odiarte. Aunque bueno, ya sabes lo que dicen.

— ¿Qué dicen?

— Las chicas que molestan a los chicos quieren llamar su atención porque están enamoradas de ellos. — Reveló Gobber con una sonrisa pícara, Hiccup negó con la cabeza. — Vamos, Astrid seguro que no está enojada contigo. Ella vio todo, seguro que tiene una buena excusa para no responder.

No. En realidad no la hay. Astrid estaba molesta, era como si todo se le viniera encima. Primero, pierde el primer puesto y segundo, la chica que le había quitado el primer lugar besó a Hiccup...

¡Frente a su cara!

No había llorado. Esto no era para tanto, sin embargo, sí había apretado los dientes y ahogado varios gritos de furia en su almohada. Sin embargo, evadió el tema todo el fin de semana.

Bueno, Heather no. Interrogó a los gemelos, y ellos, aterrados, le dieron la poca información que tenían:

Camicazi era... La ex novia de Hiccup. La había conocido hace tiempo ya, los gemelos no sabían exactamente cuándo (más bien, no querían decirle, porque... bueno, no querían que Astrid siguiera demasiado enfadada), al parecer se había mudado al pueblo cercano hace poco y quien sabe cómo, se había hecho con el puesto de animadoras del equipo rival de forma sencilla. Astrid pensó en stalkearla, sin embargo, cuando estuvo a punto de hacerlo, se contuvo, respiró hondo y dejó su teléfono lejos. Heather, por el contrario sí que la espió e incluso encontró fotos de ella con Hiccup, claro, no había nada malo, Camicazi parecía ser una chica normal, le gustaban los collares, no le gustaba cepillarse mucho el cabello... Lo que sí le gustaba eran los reptiles.

Sin embargo, Heather no podía dejar de pensar en que se parecía demasiado a Astrid y en que era capitana del equipo de animadoras.

— No puede ser, Hiccup tiene un "tipo". — susurró Heather, frente a su laptop, a las tres de la mañana, con una taza de chocolate caliente. Después de ver todas las fotos y publicaciones había llegado a la conclusión de que Hiccup tenía cierta debilidad por las animadoras rubias de ojos azules, con fuerte carácter y líderes natas.

En realidad... no. Bueno, sí. Es complicado. Tal vez había sido inconsciente, o es lo que a Hiccup le gustaba pensar; no había sido con mala intención, en serio, en lo último que había pensado cuando estuvo en esa relación era en Astrid. Él y Camicazi habían terminado por la distancia y porque sentían que ya no estaban funcionando, no fue una ruptura demasiado dolorosa, incluso pensó en lo anormal que fue eso, ya saben, usualmente el termino de las primeras relaciones es un desastre. Todo lo contrario pasó aquí, ella entendió perfectamente sus razones, y él las de ella, así que continuaron siendo amigos. No habían perdido demasiado el contacto. Cuando pasó lo de la pierna, ella fue de las primeras en dejar todo e ir a verlo.

Supo que se había mudado cerca, pero justamente ese día se dio cuenta exactamente de a donde se había mudado, ni había recordado que había audicionado para ser parte del equipo y que, había sido tan buena que quedó como capitana cuando la capitana de verdad se lesionó la cadera.

Así que todo esto había sido una serie de conveniencias dignas de una película. Aunque Hiccup no había esperado que su ex novia lo abordara de esa manera, es decir, había sido un saludo muy efusivo, e innecesario. Hubo un punto en el que Astrid no pudo seguir soportándolo y se fue rápidamente, apenas dándole tiempo de reaccionar, cuando intentó ir tras ella ya se había ido, dejándolo con las palabras en la boca y sumamente preocupado.

Por lo que esperó todo el fin de semana, apenas y pudo dormir. Corrió hasta ella cuando la vio en su casillero, guardando sus libros, no sabía si estaba molesta, porque su rostro carecía de expresión. Se colocó detrás de la puerta de este, para que ella al cerrarla lo viera y no pudiera evadirlo. Estaba siendo intenso, lo sabía, pero de verdad tenía que explicarle todo.

Astrid cerró su casillero y suspiró en cuanto vio al castaño detrás de este. Lo miró por un par de segundos, antes de que Hiccup pudiera hablar.

— Astrid, tengo que hablar con... ¡Oye!— ni siquiera lo dejó terminar, al igual que la última vez, lo tomó con fuerza del brazo (está vez con un poco más de fuerza que antes, Hiccup sentía que se le estaba cortando la circulación en el brazo) esta vez todo el mundo se giró a verlos, debido a que el castaño se estaba quejando en voz alta por el dolor. Astrid negaba con la cabeza y rodaba los ojos, Hiccup era un auténtico bebé. — ¡Ya suéltame!— se quejó, la rubia no se detuvo hasta dar con el closet del conserje, abrió la puerta de un portazo, dando con Dagur sentado en el suelo, comiendo un sándwich.

— Oh, ho...

— ¡Sal de aquí!— ordenó la rubia de forma demandante. Dagur se levantó de inmediato y salió del pequeño cuarto. Reaccionó una vez estuvo un paso afuera de su closet.

— Espera, este es mi closet...

— ¡Largo!— Astrid le cerró la puerta en la nariz. Acto seguido, soltó a Hiccup de golpe. Ahora sí que había expresión en su rostro: estaba molesta. Muy molesta.

Para Hiccup eso no le daba derecho que lo tratara así. — ¡Te dije que no quería que hicieras eso!— le reclamó, sintiendo la ira concentrarse en su vientre, siendo alimentada con el dolor en su brazo, el cual se sobó con la mano izquierda. — ¡Sé que estás molesta, pero no te da derecho de lastimarme!

La escuchó chasquear la lengua. — ¡Me mentiste!

— ¡¿Qué?!— ¡¿en qué le había mentido?! ¡Él no le había dicho ninguna mentira!

Astrid apretó los puños. — ¡Escúchame bien, Haddock!— lo amenazó, tomándolo del cuello de la camisa. — No soy plato de segunda mesa, ni pienso ser una aventura. Tal vez te guste mentirle a esa chica, no lo sé, ¡sea lo que sea, no pienso seguir con esto!— Hiccup alzó las cejas, oh, ¿ella creía que Camicazi y él seguían juntos? Bueno, no la culpaba. — ¡Así que olvídame o...!

— Cami no es mi novia. — la voz calmada de él la hizo frenarse, parpadear un poco, confundida.

— ¿Qué?

— Que Camicazi no es mi novia. Bueno, lo fue, pero ya no lo es. — Hiccup se encogió de hombros. Sonaba sincero, pero a Astrid todavía no le convencía del todo.

— ¿Ah sí? ¡¿Y por qué te besó?!— exigió saber, Hiccup se vio un poco más nervioso que antes, incluso se rascó la nuca.

— Sí, bueno, hace mucho que no nos veíamos... ella suele... emocionarse mucho. — confesó, Astrid no le creyó para nada.

— ¡¿Crees que te voy a creer esa mentira?!

— ¡No estoy mintiendo!— se defendió en automático. — ¿Por qué te mentiría? Ella y yo ya no estamos juntos. Incluso ella quiere disculparse contigo. — wow, ¿en serio?

— ¿Por qué?— chilló la rubia. No le parecía nada lógico todo lo que estaba pasando en realidad, ¿Por qué rayos la chica querría...? Alto, ¿Cuál había dicho que era su nombre?

Camicazi, vaya nombre tan extraño. Bueno, no es como que los nombres de todos sean comunes. El más normal es el de Astrid o Heather, los demás tenían nombres bastante cuestionables a decir verdad.

Hiccup volvió a encogerse de hombros. — Uh, le conté que estamos saliendo. Ella lo entendió y de verdad está arrepentida. — Explicó el castaño. — Ya te lo dije, hace mucho que no nos vemos. Ella pensó que estaba bien...

— ¿Y por qué se besan sin ser novios?— Astrid realmente sentía curiosidad al respecto. Es decir, un abrazo está bien, no está tan mal después de todo, es algo que da todo el mundo. Un beso, sin embargo... Era demasiado. Hiccup torció los labios.

— No es como que lo haga cada que me ve. Tampoco lo sé. — Desvío la mirada. — Entonces, ¿Me sueltas?— señaló los nudillos de la chica, ya blancos, que sujetaban su camisa con fuerza. Astrid lo soltó de golpe. — Tenemos que hablar sobre los golpes y los jaloneos...

— ¿Te molesta?

— ¡Mucho!— soltó Hiccup, acomodándose la camiseta. Astrid se cruzó de brazos. Él no tenía derecho de enojarse en estos momentos, de hecho. Eso aumentó un poco su enfado, todavía dudaba en creerle o no. — No puedes seguir haciéndolo.

— ¿O qué?

— ¿¡En serio no ves lo mal que está!? Eres muy agresiva, no deberías hacer eso. — retomó la pregunta infantil que le había hecho la chica, inhalando profundo. — No me gusta. Y yo... Te respeto. — Balbuceó, no se estaba dando a entender y lo sabía por la expresión de triunfo en el rostro de la chica. — Quiero decir. Te respeto y por eso mismo no hago cosas que no te gusten ni te trato como si fueras una cosa... Me gustaría que por lo menos no hagas esto de jalonearme.

Astrid no quería admitir que tal vez tenía razón, por lo que suspiró y rodó los ojos. — De acuerdo.

— Tienes que decirlo de verdad. Porque siempre que te enojas lo haces...

— Ah, ¿Acaso crees que no estoy diciendo la verdad? Aquí el que está mintiendo eres tú.

— ¡No te estoy mintiendo! ¡Ella no es mi novia!— alzó la voz, apretando los puños. — Escucha, solo quería explicártelo. No me importa si me crees o no. — en realidad sí. No sabía porque trataba de convencerla con tanto ímpetu, bueno, sí tenía una idea de porqué.

— Eso diría un mentiroso, ¿Sabes?

— ¡Pero yo no!

— Bien, supongamos que te creo. — Que Hiccup se encontrará así era el estado mínimo en el que quería verlo, ¿Acaso él sabía lo mal que la había pasado? ¿O lo mal que se encontraba ahora? Porque aunque quería creerle (y una parte de ella le creía fervientemente, en serio, no dudaba de ninguna de sus palabras), no quería ceder tan fácil. Sonaba demasiado conveniente. — Quiero hablar con ella.

— De acuerdo, la llamaré ahora y...— Hiccup, harto de la situación sacó su teléfono, dispuesto a llamarla. Astrid, anticipando la acción, negó con la cabeza, antes de decir:

— En persona. — Hiccup alzó la vista, el ceño fruncido y los labios apretados. Mal momento para pensarlo: Hiccup es guapo incluso cuando se enfada. Vamos, que es más atractivo verlo así, le recordaba a cuando...

Nope. No es tiempo de recordar eso. Si lo hacía, cedería más pronto, no solo eso, se sonrojaría. Y definitivamente no quería eso.

— Bien, le diré que venga después de clases. — mandó un mensaje justo frente a ella. Astrid no necesitaba eso, él estaba siendo un dramático, aunque, de todas formas no despreció el gesto, hacer eso significaba que tal vez estaba diciendo la verdad. — ¿Contenta?

Astrid le miró fijamente, antes de asentir. Hiccup jamás había conocido a nadie tan... Tan... ¡Tan terco! ¡Lo estaba sacando de sus casillas y...!

La tomó de los delgados hombros para plantarle un beso. Astrid abrió los ojos con sorpresa e instintivamente trató de separarse empujándolo del pecho. Él jamás la había besado así de improviso, bueno, no lo había hecho de esa manera. Casi siempre lo hacía para molestarla, nunca de la manera tan hambrienta en la que lo hacía ahora.

Además, él no se merecía este beso, ¿Y si de verdad tenía novia y...?

Enredó sus dedos en el cabello de él y le correspondió. Él, a al verla más cooperativa, mudó sus manos de los hombros a la estrecha cintura, la cual recorrió de arriba a abajo. Astrid saltó a su torso, enredando sus piernas en él, sabiendo que Hiccup la atraparía. Este no pudo evitar dar dos pasos atrás, chocando contra la repisa detrás de él, algunos objetos se cayeron, lo que lo hizo reír, a ella también.

La había extrañado bastante. Era verdad que no estaba en una relación con Camicazi. En este momento, solo quería a Astrid, a nadie más que a ella. A pesar de su mal genio y su terquedad. Podía estar mal, pero nada lo haría cambiar de parecer.

— ¿Por qué crees que te miento?— le preguntó en un susurro, mirándola a los ojos, vulnerable, todavía con sus manos sobre las caderas de la rubia.

Astrid suspiró. — No serías el primero en tratar de engañarme. — ella usó un tono más alto que el de Hiccup. Él recargó la cabeza en el espacio entre el cuello y el hombro de ella. Vale, nadie podía ser tan tierno. — Llamaste muchas veces.

— De verdad quería explicarte todo. Lo siento.

Astrid suspiró, antes de acariciarle el cabello con mimo. Lo sintió estremecerse. — ¿Aún odias que toque tu cabello?— no apartó la mano, él negó con la cabeza.

— No cuando lo haces tú. — ¡Eso fue demasiado cursi! ¡Demasiado! Casi le derrite el corazón, Dioses, el comentario ni siquiera es tan cursi, pero el tono en el que lo había dicho y lo que significaba... No ayudaba que justo ahora, sus labios estaban contra su piel, haciéndole cosquillas.

Lo que perturbo la momentánea paz fueron unos toques en la puerta. Ambos se giraron, pálidos.

— Er, ¿Chicos? No los escucho discutir, ¿Uno de ustedes está muerto o están...?

— ¡Largo de aquí, Dagur!

— ¡Este es mi closet!


— Entonces... ¿vas a hablar con ella?— Heather no se sentía del todo cómoda con el hecho de que Astrid haya aceptado a hablar con Camicazi, la ex novia de Hiccup.

— Ella quiere hablar conmigo. Puede que esté diciendo la verdad. — Astrid se encogió de hombros. Los gemelos trataron de escapar del sitio antes de que la rubia se diera cuenta. No tuvieron tanta suerte. — Ustedes dos lo sabían, ¿no es así?

— Er...

— Bueno, Tuff lo sabía, y después me lo dijo, así que ahora yo también lo sé. — Explicó Ruffnut jugando con sus trenzas. — ¿No es divertido? Hiccup tiene un "tipo", le gustan las chicas rubias de ojos azules... Alto, ¿entonces por qué no le gusto yo?— le preguntó a su hermano, quien se encogió de hombros.

— Tal vez porque eres fea. — respondió su hermano con simpleza. Ruffnut le dio un coscorrón. — Bueno, quizá porque cada que te ve, se acuerda de mí, y sería extraño besar a una versión femenina de mí, ¿sabes?

— Agh, sí, tiene sentido. — Los dos nuevamente se habían desconectado de la conversación, y Ruffnut se dio cuenta de esto. — ¿De qué hablábamos?

— Hiccup tiene un "tipo" y la ex novia de él quiere hablar con Astrid para...— Heather intentó recapitular todo lo que había pasado, antes de darse cuenta de que a ese punto no habían llegado aún. — ¿Por qué quiere hablar contigo?

— Quiere disculparse, al parecer. — Astrid tampoco sabía exactamente de qué querría hablar la animadora. — Entonces, ¿ustedes la conocen?

— Er...

— No es que no la conozcamos— vaciló Tuffnut, jugando con sus rastas, Astrid entornó los ojos. — Bueno, sí, la vimos una vez...

— ¡Pero ella no se parece a tí!— repuso Ruffnut, para confusión de la capitana de animadoras. — Bueno, sí, físicamente sí, pero fuera de eso no se parecen mucho. Bueno, un poco. Es más relajada... ¡no estoy diciendo que no lo seas! No es...

— Lo que mi tonta hermana quiere decir, es que sus personalidades no se parecen. — reparó el gemelo, en ayuda de su hermana. Ruffnut asintió a su vez y Astrid se cruzó de brazos. — Son distintas... mucho. Ella es divertida, hace buenos chistes.

— Seh, y cocina genial, ¿recuerdas sus galletas?

Astrid no iba a admitirlo, pero escuchar eso hizo que sintiera una punzada en el estómago. Una desagradable y prolongada punzada, la reconoció al instante como esas punzadas que sentía cada que lo veía rodeada de chicas que buscaban desesperadamente su atención. Eso no estaba bien, no era extraño que sintiera celos (un poco, sí, ella no debía sentir celos de nadie, por los dioses), sino que su enfado había sido mucho más afilado, mucho más fuerte.

Puede que se deba a que a ella nunca le salían las galletas. Ha horneado, claro, pero siempre se derretían, quedaban demasiado blandas y más bien parecían una masa caliente y grasosa...

— ¿Qué tiene que ver con esto?

— Solo resaltamos que Camicazi no se parece a Astrid. No demasiado. Solo físicamente... Oh oh. — Tuffnut señaló detrás de Astrid, todos siguieron la trayectoria de su dedo, viendo cómo se aproximaba una chica extrañamente parecida a Astrid.

Se diferenciaba porque usaba ropa más oscura y cómoda, sus pantalones eran holgados, de un color verde oscuro, el cinturón que usaba hacía que se ciñiera un poco más a sus caderas. Llevaba una blusa corta con rayas de colores, que dejaba ver parte de su ombligo. Al igual que el primer día en el que la había conocido, usaba varios collares de distintos tamaños, desde una gargantilla a un collar que le llegaba a las costillas, aros en las orejas, así como brazaletes en ambas muñecas, que tintineaban cada que avanzaba.

Su cabello lo tenía amarrado en una coleta media, alta que resaltaba su cabello esponjado y enmarañado. Vaya que eran distintas.

Lo que más llamaba la atención era una bandeja en sus manos, parecía repleto de algo cubierto con una servilleta de tela. Se acercaba a ellos, cuidando que no se cayera el contenido.

Astrid se cruzó de brazos, no podía permitirse verse nerviosa por una simple plática. La chica sonrío una vez los vio, se veía bastante animada de verlos, y también notó, cierta sorpresa por su parecido con Astrid.

Cielos, podría ser mi hermana.

— ¡Hola!— saludó con voz jovial, sacudiendo su mano, las cuentas de los brazaletes se sacudieron, creando un sonido de cascabel. Raro. Una vez llegó a ellos, se plantó frente a los gemelos. — ¡Hola, chicos!— fue directo a saludar a los gemelos con un beso en la mejilla, primero a Tuffnut y después a Ruffnut. — ¡Ha pasado tanto tiempo!— se giró para ver a la rubia extrañamente parecida a ella, Astrid no se inmutó. — Oh, hola, ¿Astrid, cierto?— un poco obvia la pregunta, ¿no? Astrid asintió de todas maneras. — Bueno, ni siquiera sé porque lo pregunto... diablos, siento que podríamos ser hermanas. — apuntó ella viéndose divertida por la situación.

— No lo creo. — respondió Astrid secamente. Ella suele ser así con las personas que no conoce.

— ¿Segura? ¿No tienes familiares en Bog-Bulgar?— preguntó la chica, como si intentara hacerle plática, Astrid negó con la cabeza. — Oh, bueno, entonces es una coincidencia.

Ni tanto, Hiccup tiene un "tipo".

— Supongo que sí. — Camicazi entrecerró los ojos. Hiccup le había hablado de ella, claro que lo había hecho. Sabía cómo era y sabía que debía estar molesta. Huh.

— Hiccup me dijo que no le crees que él y yo ya no estamos juntos. Y que por eso querías...— Camicazi rodó los ojos, luego reparó en que Heather y los gemelos seguían ahí, escuchando la conversación atentamente. No solo eso, la práctica no había terminado, por lo que el equipo de animadoras se encontraba observando la singular escena. Astrid también reparó en el hecho, por lo que rodó los ojos. —... verme.

Astrid miró a Heather y le hizo un gesto para que se volvieran a sus asuntos sin ella. Heather entendió el mensaje, por lo que empezó a caminar para tomar el mando.

— ¡Oh, no! Antes de que se vayan, Tuff, ¿quieres ayudarme con esto?— le pasó la bandeja al gemelo.— Escucha, Astrid, estoy muy apenada por lo que pasó y no solo eso, de parte de la escuela de Bog, queríamos enviarles pastelitos.— expuso la bandeja, quitando la servilleta de encima, revelando muffins de chocolate y chispas del mismo. Astrid alzó las cejas, uh, no esperaba eso. — Sé que nuestro equipo y el suyo ha tenido una relación hostil desde hace mucho, pero ahora que yo soy la capitana del equipo, creí que sería buena idea empezar de cero, ¿qué te parece?

La cara de sorpresa de todo el equipo se concentró en Astrid, quien no supo cómo reaccionar. Vaya, eso era... extraño. Demasiado, ¿por qué estaba siendo tan amable? ¿Eso es un comportamiento normal en ella o solo estaba, ya saben, fingiendo por convivir? Quien sabe, pero dada la cara de los gemelos, quienes se veían suplicantes por probar los muffins, Astrid suspiró, y asintió.

— De acuerdo...— Astrid puso sus manos en jarras, seguía siendo un poco sospechoso. — ¿Cuál es el truco?— le preguntó firmemente. Camicazi la miró confundida sin entender.

— ¿Truco?

— ¿Dices que viniste hasta aquí, compraste muffins antes de llegar, solo para hacer las paces?

— No son comprados, yo misma los hornee. — el tono frio que Astrid había usado no hizo que el gesto de Camicazi flaqueara. Debía ser una reacción natural en ella. — ¿Crees que los envenené o algo así?

— Creo que es extraño. — mustio. — ¿Cómo es que los horneaste tan rápido?

— Astrid...— se quejó Ruffnut.

— Bueno, yo iba a venir de todas formas. — Se encogió de hombros. — Realmente queremos hacer las paces con tu equipo.

Astrid entornó los ojos, los pastelitos se veían deliciosos, bastante apetitosos, inofensivos. — ¿Ah sí?— pero Astrid es muy obsesiva y protectora con su equipo. No solo podrían estar envenenadas, también podía haber agujas, navajas, tornillos...— Come uno entonces. — la retó tomando ella misma un muffin e insistiendo para que la chica lo comiera. Camicazi rodó los ojos, y lo mordió.

Nada, estaban limpios. Eso o la chica tenía bastante suerte.

— ¿Ves?— preguntó Camicazi con la boca todavía llena. No había jabón, ni destapacaños, ni cloro, ni ninguna cosa punzocortante o asquerosa en ellos. Solo el dulce sabor de la mantequilla, cocoa y chocolate.

De acuerdo, la chica tenía un punto. Y tal vez ella de verdad venía en son de paz. — Bien, pueden comerlos. — concedió al fin. El equipo se repartió el botín ante los ojos de la rubia, quien no se veía todavía muy feliz al respecto, aun así, viendo el lado bueno, esto era... distinto. Sí, Camicazi tenía razón, tal vez era tiempo de hacer las paces con Bog-Bulgar...

Y de paso saber que rayos había pasado con Hiccup.

Una vez cada uno tuvo un pastelillo y la bandeja estuvo considerablemente vacía, llegó el momento para hablar, Astrid le hizo una seña para dirigirse al estacionamiento frente al campo, ambas se dirigieron ahí en silencio, las dos fueron hasta el auto de Camicazi, donde ella guardó la bandeja en su cajuela, Astrid la esperó pacientemente, esperando a que fuera ella la que hablara.

— Hiccup me ha hablado de tí.— empezó Camicazi, hablando de forma distraída.— Es decir, nos conocemos desde hace tiempo y él siempre ha sentido algo por tí, supongo.— acomodó las cosas y se giró finalmente, Astrid no supo a donde mirar, bueno, sí, Hiccup había mencionado algo al respecto. Bastante al respecto. — La verdad es que nunca creí que fuera a suceder. Era más como un amor platónico, ¿sabes?

— Sí, me di cuenta. — Astrid lo sabía, fueron unas semanas bastante abrumadoras, en las que ella no quería aceptar sus sentimientos. Al final, todo esto había resultado bien, hasta ahora claro. — ¿Te dijo que estamos saliendo, verdad?

Camicazi asintió. — Sí, lo mencionó después de que me le fui encima. — sonrió la rubia. — Muy sospechoso, ¿no? Un trabajo escolar, ustedes dos conviven un poco más, y tú le haces caso después de que la pubertad lo golpeó, raro.

Su tono insinuante no le gustó para nada, mezclado con un tono algo pasivo agresivo. — ¿Uh?

— Escucha, Astrid, he conocido a chicas como tú. — su tono animado cambió a uno más serio. Astrid abrió los ojos con sorpresa. — Y por lo que Hiccup me ha contado, eres de esas chicas que adoran el control, ¿no es verdad?

Esto no era una explicación, parecía más bien un ataque. — ¿Qué tiene que ver con que besaste a...?

Mi novio. Estuvo a punto de decir esas dos palabras. Hiccup no era su novio, no todavía, aunque debería serlo, ¿no es cierto? Sí, debería, es decir, estaban saliendo, y ya se habían acostado, debía ser su novio, es decir...

¿Por qué estaba tan empeñada en demostrar que Hiccup era su novio?

— ¿Novio?— ella pareció adivinar sus pensamientos. — Hiccup dijo que estaban saliendo, es como un juego para tí, ¿no?— Es lo mismo que había dicho Heather, y tal como en esa ocasión se enfadó. Apretó los puños. No le había molestado tanto que Heather se lo dijera, pero que Camicazi lo hiciera era aún peor. — Puede que no estemos juntos, pero lo quiero. Y no pienso permitir que le hagas daño. Sé lo que buscas, las chicas como tú siempre creen que pueden jugar con quién sea sin ninguna consecuencia. ¿Por qué no mejor tratas de ser la novia del capitán del equipo de fútbol? Ya sé, ¿Por qué no organizas una fiesta en tu casa o un baile de graduación y dejas a Hiccup en paz?

Era como un bombardeo de palabras, tantas que Astrid no podía ni tenía palabras para responder. De repente, se sintió extraña, una sensación de inferioridad a la que no estaba tan acostumbrada a sentir. Una chica, aparentemente perfecta para Hiccup, la estaba haciendo sentir como una rubia tonta, con su traje de animadora y sus pompones en las manos.

— ¿Cómo...?— o puede que esté escuchando mal. O que sea una broma. De cualquier forma, esto está horrible.

— Astrid, Hiccup ha pasado por mucho. Sus padres casi se divorcian, perdió una pierna...— wow, esperen. Sabía lo de la pierna pero no lo de sus padres... Vaya, ¿En serio?— Creo que lo menos que puedes hacer es dejar de jugar con sus sentimientos.

¿¡Por qué todo el mundo no le creía que estaba enamorada de él!? ¡Deberían! Es decir, sí, bueno, ella no solía demostrarlo tanto, y todavía no estaba acostumbrada al afecto que él le brindaba, pero vamos, lo quiere en serio. Esto no es un juego.

¡Y ella no es una rubia tonta! Ni el estúpido cliché de la animadora antagonista que lo único que quiere es poder y ser la reina del baile.

— No estoy jugando con Hiccup. — siseó, ¿Cómo es que había permitido torcer la conversación así? No se podía hacer eso. Tenía que remediarlo. — ¿Viniste a eso? ¿A hacerme una escena de celos?

No había sido su mejor respuesta, sin embargo, Astrid logró que sonara contundente y a la defensiva, para nada una respuesta engreída ni típica de una chica hueca. Camicazi se cruzó de brazos, sus brazaletes tintinearon.

— Esto no es una escena de celos.

— Da igual. No pienso pelear por un chico de todas formas. — continuó Astrid. Eh, no, no pensaba hacerlo, sin embargo, dejar a Hiccup era un poco doloroso, tanto esfuerzo para nada.

— ¿Lo ves?— algo en lo que se parecen ellas dos: son muy buenas defendiéndose entre ellas. — ¿Piensas deshacerte de él así como así? ¿Me dirás qué "me lo quedé"?— alto, no, ella no había dicho eso. Solo dijo que no iba a pelear por él, porque eso era estúpido y...— ¿O pensabas botarlo después del baile? Es demasiado bueno para ti, Astrid. Crees que todo el mundo te adora pero no es verdad, ¿Es qué no te das cuenta? Mira a tu equipo, los tratas como su fueran tus sirvientes, ¿Así tratas a todo el mundo? Hiccup me ha contado como lo tratas, ¿Quién rayos hace eso de jalar a la gente? ¿No te importa hacerle daño?

Golpe.

Cayó en cuenta. A veces pasa que cuando uno se da cuenta de algo que, es obvio para todos, pero para ti no lo es, se siente como caer de cara al suelo. Sin colocar las manos. Recibes todo el impacto en la nariz y los dientes. Es doloroso, pero más que eso, es vergonzoso, porque todo el mundo te mira caer de la forma más tonta en la que pusiste haber caído.

Bueno, no siempre es así, pero para alguien como Astrid, tan controladora, tan perfeccionista, era tan dramático como eso. Rompió algo del hielo que la había mantenido tan tranquila hasta entonces. Como si Camicazi tuviera un mazo de goma y con él hubiese destruido todas sus defensas.

— ¡Le dejaste moretones! Y, cielos, ¿En serio le reclamaste por llamar demasiadas veces?

¡Él no tuvo por qué llamarle tanto! Vale, sí, estaba molesta, no respondió ninguna, pero aquí ella era la víctima, ¿No?

— Él se preocupa por ti, ha hecho cosas por tí, y nunca le agradeces, ¿Quién te crees que eres? En serio.

De golpe, vinieron todas las veces en las que él hizo algo por ella, desde llevarla a su casa completamente mojada, ofrecerle una bolsa de arroz para su teléfono, pagar su tintorería, apresurarse para verla y no perderse que le ayudara. No terminaba ahí, la lista iba aumentando conforme iba pasando el tiempo, soportar como apretaba su brazo, sus malos modos, lo hiriente de sus palabras, llevarla a casa estando dopada, caliente o lo que sea, su sarcasmo, y... Y...

A él no parece importarle.

— Quería que lo supieras. Porque parece que nunca nadie te lo dijo. Así que déjalo en paz.

Dio media vuelta y se fue. Dejando a Astrid en shock, los ojos cristalizados y los labios temblando.

A él.

Parece.

No.

Importarle.

Parece.

¿Y si sí le importaba?

No se supone que deba sentirse así. Astrid no es tan hipócrita, todas estas cosas, todas esas mariposas la estaban enfermando, era como una caída hacia un abismo al que no quería llegar, porque estar con Hiccup estaba volviéndose demasiado complicado de sentir. Como si estuviera embrujada o algo.

Deja de llamar, vas a romper mi teléfono, había pensado enojada. Pero se puso un poco triste cuando dejó de hacerlo el domingo por la noche. Pensó en su caballerosidad, en los gestos que hacía para ella, en el suéter que tenía en su cuarto, el cual no había devuelto y que de vez en cuando le gustaba olfatear. O la vez del museo en el que le peino el cabello hacia un lado, repentinamente dejando de hacerle caso a los reptiles y solo mirándola a ella.

— ¿Qué?— si seguía mirándola así, podían pasar dos cosas: o recibiría un golpe, o ella terminaría sonrojándose. O ambas.

— Eres muy bonita. — le sonrió.

¿¡Por qué le hacía esto a ella!? La tenía sonrojándose por lo más mínimo, como si fuera una puberta. Solo le faltaba enviarle flores cosa que, cielos santo, esperaba que no pasara. Él era tan sensible y ella tan malvada con él. Actuando como un cachorrito, tan acaramelado y...

¡Asco!

Está no era Astrid Hofferson. Por lo menos a la que ella estaba acostumbrada. Siempre decía que Hiccup iba a quebrarla, ¿Verdad? Tal vez ahora sí que lo hizo.

Soltó un grito de frustración y camino de vuelta al campo, las mejillas encendidas y con un ataque de ira terrorífico. Tanto así que todo su equipo la miró con terror.

— ¡EL QUE SE ATREVA A COMER UN TROZO DE ESOS ESTUPIDOS PASTELILLOS ESTARÁ FUERA DEL EQUIPO!— vociferó antes de dirigirse a paso rápido a los vestidores.

Ruffnut le dio un manotazo al pastelillo de Tuffnut, quien estaba a punto de, de todas formas, darle un mordisco. Luego, ella y Heather se miraron entre sí. Algo había salido muy mal.


Una vez llegó ahí y se colocó los audífonos. Porque el sonido de sus sollozos no le gusta:

Yuck!

Now you got me blushin'

Cheeks so red when the blood starts rushing

Yuck! that boy's so mushy

Sending me flowers, I'm just tryna get lucky

Yuck! lookin' at me all sucky

Yuck! quit acting like a puppy

Fuck! going all lovey-dovey on me

All lovey-dovey on (Yuck)

All lovey-dovey on me (Why you do this to me?...)

Yuck!

Why you do this to me?...


Yuck is, actually, my favorite song of CRASH. And, yeah, I'm talking in English because there are people reading me from other countries! I'm very excited to read that, but, yeah, you know, my English is still pretty bad though.

Volviendo al español, ¿adivinen qué? ¡Somos famosos! Vale, no, pero por lo menos este fic lo es. Lo digo porque una de nuestras lectoras le pasó un fragmento del fic a unos amigos suyos que tienen un stream en twich... ¡Y lo han leído en vivo! Debo admitir que es un poco extraño leer los lemons que escribo con otras voces... incluso con gemidos en vivo. Igual fue muy divertido, y lo agradezco mucho. Les mando un saludo desde acá.

Volviendo al fic, ¡qué cosas! Parece ser que alguien se ha dado de cara contra el suelo, ¿cómo va a solucionarse todo esto? ¿Creen que Hiccup se entere? ¿Qué va a pasar con los pastelitos? En mi mente se veían ricos...

Los pastelitos de la discordía.

Eso. Sí. Los quiero mucho, mucho. Espero que todos se sigan cuidando mucho.