Hola hola, mis bellxs lectorxs! Cómo es que les va? Milenios sin leernos!
Lo primero que me sale decirles es ¡PERDÓN!… Sí, sí. Les pido perdón por haberme ausentado y abandonar mi fic durante tanto tiempo. La verdad es que he tenido muchos contratiempos y problemas -de todo tipo- que me impidieron contar con la concentración y dedicación necesarias para darle continuidad a esta historia.
Pero, como siempre les he dicho, AMO escribir y plasmar en mis locuras las cosas que pienso y siento. Así que aunque me haya costado muchísimo avanzar en la producción de este capítulo, he decidido publicar una parte del mismo, ya que me está quedando bastante extenso y considero que amerita publicarlo así antes de que pase más tiempo. Además mi impaciencia y desesperación son mucho más fuertes que yo, y prefiero publicar lo que tengo hecho antes que seguir esperando a tenerlo completo.
En fin, lxs invito a leer en paz esta parte del DIECISIETE y espero que lo disfruten.
Todos los personajes pertenecen a su autora Naoko Takeuchi, yo sólo los tomé prestados.
Me despido abajo!
Bell.-
:: Capítulo Diecisiete ::
Zafiro y yo, una vez que salimos del edificio donde estaba el estudio de diseño de mi querido Diamante, fuimos caminando hasta un parque que había cerca de allí. Más precisamente al mismo que tiempo atrás habíamos visitado juntos después de encontrarnos -también 'de pura casualidad'- en una muestra fotográfica y que él muy gentilmente me invitara a tomar un helado.
Mientras andábamos yo le contaba con mucho entusiasmo sobre la propuesta de trabajo que me había hecho su hermano. —El cliente es el dueño de un importante y tradicional hotel del centro que quiere hacer unas remodelaciones en su restaurante —explicaba—. Según Diamante no sería algo demasiado complejo, por lo cual creo que me animaría a intentarlo siempre y cuando cuente con su apoyo y supervisión, claro.
—Sí, algo al respecto me comentó —dijo Zafiro—. Está convencido de que contigo conseguirá hacer un gran trabajo, porque cree que eres muy brillante, creativa y original, que el arte y el diseño te apasionan tanto como a él y que tienes mucho talento.
—Eso es lo que siempre me dice, ¡y hace que me muera de la vergüenza con sus cumplidos! —ambos reímos—. Pero no sé de dónde sacó todo eso si jamás ha visto un diseño mío. Sí hablamos bastante en algunas ocasiones sobre nuestros gustos, hemos intercambiado muchas ideas y todo eso, pero mis conocimientos no son para nada extraordinarios, ¡si ni siquiera sé dibujar, ya se lo expliqué cientos de veces!
—Es que él es muy intuitivo y perceptivo, en muchos sentidos. Debió haber captado algo especial en ti.
—No lo sé. Igualmente me siento muy halagada y sumamente entusiasmada con su propuesta, aunque al principio me haya resistido un poco. Y no veo las horas de que empecemos a trabajar juntos. ¡Estoy tan feliz! Es como un maravilloso sueño hecho realidad para mí.
—Me alegra mucho que así sea.
Después de llegar al parque y recorrerlo bastante sin dejar de conversar y reír, compramos unos helados en la misma tienda de la vez anterior y nos sentamos en una banca bajo la sombra de unos frondosos árboles.
Yo estaba tan contenta al poder compartir de nuevo un momento como éste con él, porque me sentía muy cómoda con su compañía, porque su modo de ser tan amable y tranquilo me transmitía mucha calma, me relajaba tanto…
De verdad me alegraba mucho que pudiéramos volver a hablar con la misma naturalidad de siempre. Sin dudas él era un chico encantador y adorable, muchas veces me demostró que era una excelente persona y un buen amigo. Yo lo apreciaba muchísimo y creía que ésta sería una buena oportunidad para que volviéramos a acercarnos, para que retomáramos nuestra amistad. Por eso acepté su invitación.
—Estoy muy ansiosa y al mismo tiempo asustada —continué con mi parloteo—, porque nunca he participado en algo como esto antes. Pero he investigado y estudiado muchísimo sobre hotelería, gastronomía, marketing. Porque leí en un artículo muy interesante que es fundamental tener en claro con anticipación para qué tipo de negocio se va a trabajar y cuáles son las verdaderas necesidades del cliente.
—Parece que estás muy interesada —comentó él asombrado.
—¡Totalmente! Y muero de impaciencia por poder sentarme a hablar con Diamante sobre todo esto, tengo miles de preguntas para hacerle, muchísimas dudas que aclarar, ¡quiero empezar ya! —los dos volvimos a reír—. Pero no entiendo qué fue lo que sucedió hoy, por qué me confundí de día y creí que nos reuniríamos esta tarde. Es que soy tan despistada…
—No te confundiste, él se ausentó a propósito —dijo Zafiro repentinamente serio.
—¿Tú crees? ¿Por qué habría de ausentarse? —y recordé que a él supuestamente también lo había dejado plantado esa tarde—. ¿Será porque se percató de que a ti te citó a la misma hora y le dio vergüenza recibirnos a los dos juntos? ¿Será que es igual de despistado que yo?
—No, Serena, esto no fue un inocente descuido de su parte. Mi hermano no es ningún despistado, al contrario, es muy perspicaz.
—¿Perspicaz? ¿A qué te refieres? —yo entendía cada vez menos.
Zafiro carraspeó algo nervioso y me respondió. —A que tuvo la total intención de citarnos a los dos a la misma hora y lugar, y luego se ausentó a propósito.
—¿Y por qué lo haría?
—Porque quiere que tú y yo podamos estar a solas —dijo mirándome fijamente a los ojos.
Al ver tanta seguridad y determinación en su mirada creí adivinar lo que estaba pasando. Y como en un video clip los recuerdos de la última vez que nos vimos y que ya creía superados se me vinieron de golpe a la mente: Su confesión, sus besos, mi reacción al rechazarlo.
Y otra vez mi cabeza se convertía en un torbellino de preguntas y dudas, y en mi pecho se imponía un insoportable revoltijo de remordimientos y confusiones. Deseaba con todas mis fuerzas poder dejar de lado todo este embrollo y no sentirme así, quería que él no se atreviera a mencionar nada al respecto, que todo quedara atrás.
Pero lamentablemente dijo lo que más temía. —Porque tú me gustas, Serena.
¡No! ¡No, no, no! ¿Por qué? ¿Por qué tuvo que decir eso? ¿Por qué me miró así, tan seguro de sí mismo, tan convencido de cada palabra que salió de su boca? ¿Por qué escucharlo me impactó de esta manera, por qué sentí que un insoportable sentimiento de culpa oprimía mi pecho casi hasta doler? ¿Por qué, Zafiro? ¡¿Por qué?!
—Y él lo sabe. Yo le comenté en varias oportunidades que… Que estoy interesado en ti desde que te conocí en aquel café —recordó con nostalgia—, que cuando volví a verte en el cumpleaños de Rubeus fue… Me sentí muy feliz, fue algo totalmente inesperado para mí pero me alegró tanto haberte encontrado de nuevo… Y bueno, Diamante sabe todo esto y por eso actúa así, inventándose artilugios y estrategias infantiles como las de hoy para lograr que tú y yo nos acerquemos.
Yo estaba estupefacta, congelada, muda, hasta respirar se me hacía difícil por el shock que me provocaba lo que oía. No podía hacer ningún movimiento, ni parpadeaba, a duras penas podía prestarle atención mientras él hablaba y me costaba muchísimo aceptar y comprender lo que decía.
—Y no es la primera vez que lo hace —continuó—. ¿Recuerdas cuando nos encontramos en aquella galería? ¿Que él te invitó a la muestra de una fotógrafa amiga suya y no se presentó? —sólo pude asentir con la cabeza sin emitir sonido alguno—. Bueno, ésa fue idea suya, después me lo dijo, se inventó una excusa para pedirme que fuera en su lugar y me disculpara contigo. En un principio no le di demasiada importancia, siempre se ha comportado de esta forma y…
—Pero… —pude articular al fin y Zafiro se calló al instante esperando a que hablara—. Pero yo… —de a poco y con mucha dificultad las ideas se me empezaron a ordenar en la cabeza y supe que antes de que las cosas tomaran un rumbo confuso debía dejarle en claro algo muy importante, aunque me arriesgara a ser dura o lastimarlo de alguna manera—. Pero yo ahora estoy con Darien, ¿recuerdas?
—Sí, lo sé —se apresuró en responder—. Y ya se lo expliqué cientos de veces, pero él insiste en querer hacer algo para que tú y yo … —ahora se mostraba nervioso, incluso hasta avergonzado y yo me sentía cada vez más culpable—. Está empecinado en encontrar una manera de acercarnos, es muy obstinado y entrometido. Ni siquiera quiso entrar en razón tras haber confirmado en persona que estás con Darien, cuando se apareció por tu departamento sin avisarte y los vio juntos. Y yo estoy muy apenado con todo esto, no quiero que te sientas incómoda o molesta con él, tampoco conmigo, porque yo…
—No estoy molesta —dije un poco más tranquila—, sólo estoy… sorprendida por lo que me dices. Yo creí que todo se había aclarado entre nosotros, que podíamos volver a ser amigos sin confundir las cosas y que…
—Yo también lo creí —me interrumpió impaciente— y de hecho lo sigo pensando. Porque yo no quiero confundir las cosas, yo quiero que podamos ser buenos amigos como al principio.
—Pero me acabas de decir que…
—Que me gustas —ahora sonreía con dulzura—, claro que me gustas, Serena. Pero yo sé muy bien que has elegido a otra persona, que acabas de empezar una relación con quien realmente quieres y sinceramente no tengo intenciones de interferir de forma alguna. No quiero ni considero que me corresponda hacer nada en contra de eso, no tengo ganas, porque no sería justo para nadie, porque así son las cosas y yo lo acepto. Y lo único que quiero, lo más importante para mí es que podamos ser amigos.
—¿Amigos?
—Sí, amigos —al escuchar tan sinceras palabras y confirmar de nuevo lo increíble, comprensivo y maravilloso que era este chico, esta vez no volví a sentirme culpable. Sino todo lo contrario, me sentía profundamente agradecida y aliviada de que fuera tan honesto y lindo conmigo como siempre. Y toda mi preocupación, mis dudas y mis temores de que las cosas entre nosotros se hubieran mezclado y arruinado irremediablemente después de todo lo que pasó y de volver a hablar al respecto, todo eso simplemente desapareció—. Quiero que todo esté bien —insistió—, que podamos seguir siendo buenos amigos, yo quiero que sigamos siendo amigos.
—Yo también quiero —dije sonriendo contenta.
—¿En serio? —él también volvió a sonreír.
—Sí, Zafiro —eché a reír—. Quiero que seamos amigos como siempre y que todo esté bien. Porque tú eres… —el sonido de mi celular nos interrumpió y me hizo pegar un salto por el tremendo susto que me di—. Lo siento —me disculpé mientras lo buscaba en mi bolso y al ver quién llamaba no pude evitar volver a ponerme nerviosa. Miré el teléfono y a Zafiro y de nuevo a mi teléfono y así sucesivamente hasta que me armé de valor y me animé a atender—. Hola, Darien —dije con la voz entrecortada y muy lentamente y con la mayor delicadeza que me fuera posible me alejé un poco de Zafiro dándole la espalda.
—Hola, Serena. ¿Dónde estás?
Darien sonaba nervioso, como urgido, apresurado y se oía un fuerte bullicio de fondo. —Estoy… —no tenía idea de qué responder, me estaba tomando totalmente desprevenida y no sabía si debía decirle la verdad, si era conveniente hacerlo ahora o si tendría que esperar a verlo en persona para contarle que me había encontrado con Zafiro—. Estoy en…
—¿Estás con Diamante? ¿Pudiste reunirte con él? ¿Estás ocupada ahora? —preguntó aún más apurado.
—No —respondí de inmediato—. No, no. No pudimos reunirnos porque… porque… Porque a Diamante le surgió un imprevisto de último momento y tuvo que irse, así que lo pospusimos para más adelante.
—Comprendo. ¿Y ahora qué estás haciendo?
—¿Ahora? Nada, no estoy haciendo nada. Pensaba… tengo que ir de compras. Sí, eso, iré a comprar algo para cocinar porque recordé que en casa no tengo nada para esta noche así que…
—Yo recién termino de trabajar pero me acaban de avisar que habrá una reunión dentro de media hora con algunos de los directivos del banco y me pidieron que vaya. Por eso te llamo, para decirte que hoy tampoco podremos vernos. Parece que será una reunión importante, creo que iremos a cenar fuera y no sé cuánto tiempo llevará.
—Ya veo —dije un tanto desilusionada.
—Lo siento, Serena. En verdad lamento tener que volver a cancelarte. Te prometo que el fin de semana lo compensaré, ¿de acuerdo? Ya pensaremos en algo.
—No te preocupes, Darien. Nos vemos otro día, descuida.
—Lo siento —repitió con voz apagada—. Bien, ya tengo que irme. Te llamaré más tarde.
—De acuerdo.
—Adiós, Serena.
—Adiós.
Apenas corté la llamada me quedé un rato pensando en la breve conversación que acabábamos de tener y en cuánto me entristecía no poder volver a verlo. Habían pasado muchos días desde la última vez que estuvimos juntos y justamente hoy, después de que se cancelara mi reunión con Diamante, moría de ganas por estar con él, porque lo extrañaba, porque de cierta forma me sentía sola y frustrada, porque simplemente lo necesitaba conmigo…
—¿Todo está bien? —la voz de Zafiro me hizo regresar a la realidad y cuando volteé a verlo y vi su tierna sonrisa sentí un alivio inmenso, como si todo mi malestar de desvaneciera de repente, como si una agradable sensación de calma y serenidad me colmara. Es que, como siempre, su modo tan dulce y comprensivo me transmitía mucha paz y me ayudaba a tranquilizarme.
Y tras haber aclarado las cosas entre nosotros y confirmar que podíamos ser buenos amigos sin ningún tipo de inconvenientes o malentendidos entre nosotros, me sentí profundamente feliz. Suspiré para soltar los pocos restos de tensión que me quedaban y también sonreí. —Sí, todo bien —respondí mientras volvía a guardar el celular en mi bolso—. Sólo me llamó para avisarme que tiene que ir a una reunión de trabajo.
—Ah, claro —ahora percibía una extraña y particular expresión en el rostro de Zafiro, como si quisiera decirme algo pero no se atreviera a hacerlo—. ¿Y cómo… —carraspeó un tanto nervioso, o eso me pareció—. ¿Cómo marchan las cosas entre ustedes?
—Bien —respondí enseguida—. Todo marcha perfectamente bien. Él es muy lindo, muy atento y la verdad es que yo estoy enamorada hasta los huesos, me siento muy feliz de que por fin me haya correspondido —estaba hablando de más, definitivamente me estaba explayando demasiado en hablarle tan airosa de mi nueva y flamante relación a quien acababa de rechazar por segunda vez—. Es sólo que… bueno, aún es muy reciente y a veces surgen algunas tensiones. Ya sabes, yo tengo un carácter horrible y soy muy impaciente, en cambio él suele ser más bien reservado e introvertido. Y como que tenemos ritmos y modos muy diferentes de ser y eso genera ciertas complicaciones. Pero en general lo vamos manejando bien.
—Me alegra que así sea. Y me parece que en cierto sentido es algo bueno que seas consciente de que no todo es color de rosa, que reconozcas que sus diferencias pueden hacer que las cosas no sean tan fáciles. Porque de eso se trata, de tomar una postura realista y construir la relación desde ahí, sólo así es posible lograr algo sólido y duradero.
—Tú me engañaste, ¿verdad? —dije riendo y Zafiro me miró extrañado—. Dime la verdad, tú no eres abogado, sino que eres una especie de terapeuta de parejas o algo por el estilo —ahora él también echaba a reír—. ¡Siempre dices estas cosas tan maravillosas y conmovedoras! Me impresionas, y me sirven mucho tus consejos.
—No es nada del otro mundo lo que te digo, sólo es lo que pienso.
—¡Pero tienes mucha razón! Y aunque me cuesta muchísimo, yo estoy tratando de poner en práctica todo esto que acabas de decir. Verás, justamente ahora Darien está en un momento de mucho trabajo y siempre está muy ocupado, todos los días sale tarde del banco y casi no tenemos tiempo para vernos. ¡Y a mí me pone de los nervios que así sea! Porque últimamente sólo nos vemos los fines de semana y lo extraño mucho. Pero lo estoy soportando bastante bien, ¿sabes? Porque sé y comprendo lo importante que es para él su trabajo y las posibilidades de su añorado ascenso y no quiero interferir en eso. Porque creo que lo fundamental en una buena relación es la tolerancia y la paciencia. Cosas que en mí escasean bastante, pero de a poco voy aprendiendo a desarrollarlas.
Zafiro reflexionó por unos instantes y volvió a hablar. —Para mí lo más importante es la confianza. Es algo de base que no tiene que faltar. El poder tener la certeza de que contamos con la otra persona a pesar de las diferencias y los problemas, aunque jamás lleguemos a conocerla completamente, saber y hacerle saber que el afecto y el apoyo son mutuos, es muy necesario.
—Sí, sí, eso también es fundamental. Y yo confío en él y hago todo lo posible por demostrarle que también puede confiar en mí. Porque yo lo amo, Zafiro, lo amo tanto… —dije sonriendo como boba al recordarlo— y quiero estar con él para siempre, compartir todo con él, cuidarlo, acompañarlo, hacerlo feliz… —me callé al darme cuenta que de nuevo estaba desvariando como una quinceañera y que podría incomodarlo con mis cursilerías—. Lo siento —me disculpé avergonzada—, por favor no quiero que pienses que te estoy refregando mi felicidad en la cara sin tener en cuenta tus sentimientos.
Zafiro echó a reír otra vez. —No te disculpes, Serena. Me gusta escucharte y verte así, feliz, enamorada. Y me alegra que lo compartas conmigo, nunca dejes de hacerlo. Dijimos que somos amigos y los buenos amigos comparten todo, ¿verdad?
—¿Acaso puedes ser más lindo y adorable? ¡Eres un encanto, Zafiro! Gracias…
—¿Por qué me agradeces?
—Por ser tan lindo conmigo, por ser tan buen amigo y decirme siempre lo que piensas. Eres un gran chico y te aprecio mucho.
Él bajó la mirada y demoró un poco en volver a hablar. —Eres demasiado amable, pero gracias —dijo con timidez y yo me enternecí sobremanera al verlo así, y le habría dicho muchas más cosas pero preferí guardar silencio. Ya habíamos hablado demasiado.
Permanecimos en silencio por un buen rato. Yo me dediqué a observar con atención el lugar donde nos encontrábamos y lo que pasaba a nuestro alrededor. Y recordé con nostalgia la primera vez que estuvimos aquí. Como en aquella ocasión, hacía una preciosa y cálida noche, aún era algo temprano y todavía había mucha gente en el parque. Había unos niños jugando a lo lejos, un grupo de jovencitos conversando alegremente, algunas personas solitarias paseando sus mascotas y también alguna que otra pareja de enamorados caminando de la mano.
Y cuando volteé de nuevo a ver a Zafiro que estaba sentado a mi lado, me di cuenta de que quería seguir pasando tiempo con él, que tenía ganas de que continuáramos conversando y compartiendo un lindo momento juntos como lo hicimos otras veces. Porque estar con él era sumamente agradable y relajante para mí, porque con Zafiro podía sentirme tan cómoda y a gusto como si lo conociera de toda la vida. Él siempre era muy respetuoso y atento conmigo. Además porque aunque me hubiera dicho de nuevo que yo le gustaba no se insinuaba ni me coqueteaba, sino que me trataba como a una amiga y eso me ayudaba a sentirme muy tranquila y despreocupada.
Y estaba segura de que en nuestras bromas, nuestras risas, nuestros comentarios, ninguno de los dos se estaría forzando o fingiendo ser agradable con el otro, que no nos costaba tratarnos así y sentirnos bien estando juntos de esta forma. Pero claro, sólo como amigos.
Así que no quise titubear y le dije directamente lo que se me acababa de ocurrir. —¿Te gustaría cenar conmigo?
—¿Qué?
—Lo que oíste —dije riendo—. Te estoy invitando a cenar conmigo esta noche, ¿qué dices?
—¿Ahora?
—Sí, ahora. Acabo de recordar que te prometí invitarte después de mudarme, así que hagámoslo ahora, ¿quieres?
—Es cierto, prometiste invitarme y enseñarme el nuevo departamento una vez te instalaras.
—Exacto, y quiero cumplir con mi palabra como corresponde —me puse de pie y le tendí una mano—. ¿Aceptas mi formal invitación?
Zafiro sonrió y tomando mi mano también se puso de pie. —Acepto.
—¡Genial! —exclamé contenta y me colgué de su brazo—. ¿Vamos?
Él asintió riendo. —Vamos.
.
.
.
Después de hacer unas cuantas compras, Zafiro y yo fuimos hasta mi departamento. Los dos llevábamos a cuestas un montón de bolsas así que apenas llegamos fuimos directamente a la cocina para ponernos a ordenar un poco las cosas.
Mientras hacíamos un importante despliegue de verduras, carnes, aderezos, frutas, frascos, latas y cientos de cosas más, tantas que casi ni cabían sobre la mesa, Zafiro se detuvo un momento a observar impresionado todo lo que acabábamos de comprar. —Oye, Serena, perdona si soy reiterativo pero… ¿Por qué compramos tanta comida? ¿Qué tienes pensado preparar?
—Bueno, aún no me decido —respondí mientras vaciaba una de las últimas bolsas—. Lo que pasa es que hay muchas recetas que quiero probar y no sé cuál elegir. Verás, hace poco mi mamá me regaló…
—Los libros de cocina de tu abuela, ya me lo explicaste. Pero insisto en que no era necesario comprar tantas cosas.
—Es que quiero prepararte algo especial, te debo esta cena hace tiempo.
—No es necesario que sea especial —ahora él también ordenaba unos paquetes que sacaba de la bolsa que tenía en sus manos—. Tú eres una magnífica cocinera, estoy seguro de que cualquier plato que hagas sabrá exquisito, además… ¿Y esto? —preguntó extrañado al encontrarse con algo que le llamó la atención—. ¿Chocolates? ¿Para qué compraste chocolates?
—Los vi mientras hacíamos la fila para pagar y me tenté, son mis favoritos.
Zafiro echó a reír divertido. —Explícame, por favor, ¿en la elaboración de qué comida puedes usar chocolates rellenos con crema de avellanas como un ingrediente?
—Ya deja de fastidiarme, ¿quieres? Tengo mucha hambre y estos chocolates son mi debilidad. Imagínate que desde los estantes me pidieron a gritos que los comprara, ¡no pude resistirme!
—¿No te bastó con el helado extra grande que tomaste en el parque?
—Bueno, es que me gustan mucho los dulces…
—Se nota —enfatizó aún risueño mientras tomaba un frasco de salsa de fresas y otro de caramelo.
Yo enseguida se los quité muerta de vergüenza. —¡Basta, Zafiro, no te burles!
—Lo siento, lo siento —se disculpó y terminó de vaciar la bolsa—. Bueno, ¿entonces qué vas a cocinar? ¿Ya tienes algo en mente o todavía no?
—No estoy segura… Mejor iré a buscar los libros, enseguida regreso.
—De acuerdo.
Inmediatamente fui hasta la sala, tomé uno de los libros que estaban sobre la mesita y antes de regresar a la cocina encendí el equipo de música. Cuando encontré la estación que buscaba y comencé a atravesar la sala tarareando la canción que sonaba en la radio oí que golpeaban a la puerta, así que hacia allá fui sin dejar de cantar. —¡¿Darien?! —exclamé sobresaltada apenas abrí y lo vi.
—Hola, Serena —dijo al entrar y se fue directo hasta el sofá para arrojar su maletín y su saco con prisa, parecía alterado, inquieto.
—¿Qué haces aquí? —pregunté confundida—. ¿No estabas en una cena de trabajo? —y lo seguía con la mirada mientras caminaba de un lado a otro aflojándose el nudo de la corbata y desabrochando los primeros botones de su camisa. No entendía por qué se encontraba en ese estado ni cómo se había aparecido por mi departamento sin haberme avisado antes, me resultaba muy extraño que se comportara de esta forma.
—Estaba —respondió de mala gana—, ya terminó.
—¿Tan pronto?
—Sí, recién vengo de ahí. Y te llamé varias veces para avisarte que venía para acá, ¿de nuevo dejaste el celular en silencio? ¿Por qué tienes esa mala costumbre, Serena?
Yo estaba descolocada por completo ante su inesperada visita y sobre todo por la forma en que me hablaba, era evidente que estaba muy alterado y no podía disimularlo ni un poco. —Lo siento, debí dejarlo en mi bolso o tal vez se descargó la batería y no me di cuenta.
—Perdóname —dijo afligido al percatarse de que había elevado considerablemente su tono de voz y se acercó a mí soltando un pesado suspiro—. Lo siento, Serena, no quise gritarte. Lo que pasa es que estoy muy nervioso, la reunión no fue precisamente lo que esperaba y tengo la cabeza hecha un lío.
—¿Por qué? ¿Qué pasó?
—Aún no termino de entenderlo del todo, fue muy extraño. Desde hace unos días en el banco se rumoreaba que hoy habría una cena con los directivos y los gerentes y jefes de cada sucursal, pero al final no fue así.
—¿Se suspendió la reunión?
—No, no. Fue la cena lo que se suspendió, la reunión sí se hizo. Pero sólo asistieron el presidente del banco, el gerente de mi sucursal y unos auditores que jamás había visto antes. Querían hablar conmigo.
—¿Contigo? ¿Por qué contigo? ¿Qué fue lo que pasó?
—Es insólito lo que pasó, fue tan repentino e inesperado que todavía no puedo creerlo. Me citaron en un restaurante lleno de gente para decirme que…
—¿Qué? ¿Qué te dijeron? —pregunté impaciente. Y cuando me di cuenta de que se calló de repente al dirigir su atención hacia la cocina, recordé de golpe quién se encontraba allí.
Me invadió un horrible pánico y sentí que un escalofrío me subía por la espalda al ver la dura expresión en el rostro de Darien que miraba al otro lado de la sala.
—Hola… —reconocí la voz de Zafiro a mis espaldas y mi pánico se intensificó.
—¿Qué significa esto? —me preguntó Darien directamente.
—¿Eh?
—¿Acabo de interrumpir algo importante?
—¿Qué? ¡No! —reaccioné por fin—. No, no, no. Él es Zafiro —dije riendo como estúpida luego de que él se acercara a nosotros—. ¿Recuerdas a Zafiro?
—Sí, claro que lo recuerdo.
—Zafiro, él es Darien —los presenté con una ridícula y forzada sonrisa en la cara, simulando que era una situación de lo más natural y distendida.
—Hola, Darien. Gusto en conocerte —Zafiro le tendió una mano para saludarlo y Darien le respondió el gesto con una gentil sonrisa, lo cual me sorprendió y me aterrorizó todavía más—. Así que tú eres el novio de Serena.
Darien rió. —Sí, técnicamente lo soy. O al menos a ella le encanta decírselo orgullosa a todo el que me conoce. Aunque acabo de darme cuenta de que justo ahora no lo ha mencionado. Qué curioso, ¿no? ¿Qué sucede, Serena? ¿De repente empezó a darte vergüenza presentarme como tu novio?
—Bueno… eh… yo… —no sabía qué decir, no tenía ni la más pálida idea de qué hacer para arreglar este bochornoso papelón. Quería que me tragara la tierra, que me partiera un rayo, cualquier cosa con tal de no tener que soportar más tanta incomodidad y vergüenza. Y peor me sentí al percibir el desagradable tono sarcástico y arrogante de Darien, ése que yo tanto detestaba y al que él siempre recurría en los momentos menos oportunos.
—Yo soy el hermano de Diamante —dijo Zafiro, probablemente con intenciones de distender un poco los ánimos—, me encontré con ella en su estudio más temprano y como hacía tiempo que no nos veíamos…
—Vaya —lo interrumpió Darien—, ¿así que te encontraste con él en lo de Diamante? No me dijiste nada cuando hablamos por teléfono —aunque me estaba haciendo un reproche más que justificado, hablaba sonriendo con total soltura, como si nada de esto le importara en realidad. Pero era obvio que estaba más que molesto.
—Es que… es que fue de pura casualidad —intenté excusarme—. Y como Diamante no estaba y hacía mucho que no lo veía lo invité a cenar aquí para que viera cómo quedó el departamento después de mudarme y agradecerle por su ayuda y…
—Ah, claro, planeaban cenar juntos. Entonces sí los interrumpí —dijo Darien agrandando su sonrisa—. Y dime, Serena, seguramente pensabas cocinar para él, ¿verdad? —yo bajé la mirada más avergonzada—. Pero qué bonito detalle de tu parte, me impresionas.
—Sí —dije sin atreverme a volver a mirarlo—, lo invité porque él es un buen amigo que…
—Sí, sí, sí. Un buen amigo, por supuesto —me cortó riendo—. Y a los amigos hay que prepararles cenas de agradecimiento para compartirlas a solas sin que nadie se entere.
—Oye, Darien —Zafiro quiso intervenir—, me parece que estás malinterpretando…
—Pero no, Zafiro, ¿de qué hablas? No estoy malinterpretando nada, simplemente digo lo que es más que obvio que está sucediendo aquí, lo que está pasando en este preciso momento, que ustedes dos estaban a punto de cenar juntos. ¿No es así, Serena?
Traté de reunir valor y alcé la vista, pero cuando me encontré con su mirada acusadora volví a entrar en pánico. —Eh… Bueno… en realidad…
—Yo creo que… —Zafiro quiso hablar de nuevo pero apenas Darien lo miró como acababa de mirarme a mí cambió de parecer—. Disculpen, creo que lo mejor es que me vaya.
—Me parece una fantástica idea —dijo Darien con una nueva sonrisa.
Zafiro le sostuvo la mirada por unos breves y tensos segundos. —Con permiso —dijo al encaminarse hacia la salida.
—Adiós, Zafiro. Fue un enorme placer haberte conocido al fin.
Zafiro volteó a verlo. —Igualmente —dijo serio—. Adiós, Darien.
—Pero… pero… —titubeé al verlo abrir la puerta.
—Acompáñalo, Serena —me dijo Darien—. No seas descortés con tu amigo.
Así lo hice, acompañé a Zafiro hasta afuera y cerré la puerta tras de mí para poder disculparme con él. —Zafiro, lo siento —dije apenada—. Lo lamento mucho, no sabía que Darien vendría y mucho menos que reaccionaría así.
—Descuida, Serena, no tienes por qué disculparte conmigo. Sólo espero no haberte ocasionado problemas con él.
—Es que ni siquiera sabía que estabas conmigo y al verte debió haber malinterpretado todo. En verdad lo siento, te expuse a una situación realmente incómoda y ahora te vas de esta forma y no quiero que te sientas mal…
—No te preocupes por mí, no me siento mal, en serio.
—Pero es que…
—Tranquilízate y ve a hablar con él, ¿sí? —dijo con calma, se mostraba tan sereno y centrado como siempre y verlo así me ayudaba a sentirme un poquito mejor—. Ya verás que todo se va a aclarar, Darien comprenderá que sólo se trató de una confusión y todo estará bien entre ustedes, ¿de acuerdo?
Suspiré largamente y sonreí un poco más aliviada, queriendo creer lo que me decía. —De acuerdo, hablaré con él y todo estará bien.
Él también sonrió. —Claro que sí.
—Gracias, Zafiro. En verdad lamento tanto que…
—Ya deja de disculparte. Y ve a hablar con tu novio, ve —dijo al volver abrir la puerta y me daba empujoncitos para que entrara—. Adiós, Serena —se despidió en voz baja.
—Adiós.
Bueno buenooo, la cosa pinta complicada… Pero recién sabremos cómo sigue todo en la continuación de este cap, que estimo tener listo en breve.
Todos los reviews del cap anterior serán respondidos de a poco en el transcurso de las próximas horas. Por ahora les quiero decir brevemente a quienes comentaron, tanto lxs que tienen cuenta como lxs que no (Yssareyes48, princessqueen, Dayanna, Brujitadcc, Leidy Flourite, Bepevink, Zaritha, Ana, Marisol, Miriam Ortiz, Cindy 04, Romi, Usagi13chiba, Kaguya, alejasmin kou, lady susi, Mary Barrientos, liamoon tsukino, Guest) que les agradezco profundamente por seguirme y apoyarme a través de sus rws. En verdad sus palabras y opiniones me entusiasman y motivan a seguir escribiendo a pesar de las dificultades…
Así que les doy las gracias de corazón y les pido que no dejen de hacerlo! Todo lo que me dicen es más que bienvenido!
Nos leemos prontito! Espero sus reviews!
Se les quiere,
Bell.-
