Hola hola! Estimadxs lectorxs del mio cuore! Tanto tiempo sin leernos!
Han pasado casi dos años desde mi última actualización y por fin estoy de regreso. Les juro que no lo puedo creer! No doy más de la felicidad!
Hoy les traigo un nuevo capítulo de mi amada locurita. Tenía un viejo borrador que retomé, re-escribí y pulí en dos días. Así que por mi arrebato de ansiedad y mis dedos oxidados tras tanto tiempo sin escribir, es probable que no haya quedado muy prolijo y legible que digamos. Por lo cual les pido sepan disculpar si descubren algún error o incoherencia o hay alguna parte que no entiendan o crean confusa. No sé, hace tanto que no hago esto que temo haber escrito un mamarracho, ja!
Pero en fin, aquí estoy de vuelta. Con muchas ganas de darle continuidad a este proyecto y deseando que el entusiasmo y la inspiración me duren lo suficiente como para poder terminarlo si demorarme demasiado. Crucemos los dedos!
Bueno, sin más para agregar por ahora, lxs dejo leer el DIECIOCHO en paz. Espero que lo disfruten!
Todos los personajes pertenecen a su autora Naoko Takeuchi, yo sólo los tomé prestados.
Abajito respondo algunos reviews y me despido, que tengan una linda lectura :)
Bell.-
:: Capítulo Dieciocho ::
Permanecí un buen rato frente a mi puerta de espaldas a la sala, con la cabeza apoyada sobre la madera y apretando el libro de recetas contra mi pecho. Necesitaba tomarme unos instantes para calmarme, para aclarar un poco mi mente y para armarme de todo el valor que me fuera posible antes de enfrentarme a Darien.
Me costó bastante reponerme, pero una vez que me tranquilicé caí en la cuenta de que no había pasado nada tan terrible como para estar tan asustada. De que yo no había hecho nada malo. Y de que en realidad Darien no había reaccionado tan mal como me imaginaba. De que probablemente todo se aclararía apenas le explicara con mayor detalle cómo se habían dado las cosas, que Zafiro sólo era un muy querido y buen amigo para mí y que no había nada de qué preocuparse.
Sí, eso debía de ser. No tenía por qué esperar una fuerte discusión o una mala reacción de su parte, Darien no era así. Al contrario, acá la única explosiva, temperamental y enojona siempre había sido yo, en cambio él era más bien reflexivo y controlado, sobre todo cuando de expresión de emociones -cualesquiera que sean- se trataba.
Así que me tomé unos minutos más para inspirar y exhalar grandes bocanadas de aire repetidas veces intentando relajarme lo más que pudiera. Moví la cabeza de un lado a otro para descontracturar mi cuello y mis hombros. Me enderecé para mejorar mi postura. Suspiré largamente una vez más y cuando creí que ya me sentía lo suficientemente lista y tranquila para hacerlo, finalmente volteé.
Pero Darien no estaba en la sala como creía. Entonces caminé unos pasos y cuando lo divisé en la cocina, del otro lado de la barra del desayunador, dejé el libro sobre la mesita y hacia allá fui.
Cuando llegué lo vi revisando las cosas que estaban distribuidas sobre la mesa y me acerqué lentamente a él. —Darien —lo llamé temerosa—, necesito que hablemos. Necesito explicarte lo que…
—¿Por qué hay tanta comida? —preguntó riendo— ¿Qué tenías pensado cocinar?
—No lo sé —respondí sorprendida al verlo tan radiante—, tal vez…
—¡También compraste salmón! —dijo entusiasmado al descubrirlo entre unos paquetes— Hace mucho que no haces salmón, ¿cómo podrías prepararlo? —yo estaba atónita, no podía creer que Darien estuviera con tan buenos ánimos— Al horno te sale delicioso, ¿o tenías en mente probar otra receta?
—Bueno, aún no decidí qué…
—¡Lomo de cerdo! —exclamó de nuevo— Me encanta el cerdo con salsa agridulce, te sale riquísimo, ¿y si mejor preparas eso?
—Sí, puede ser. Pero antes quiero…
—Aunque la verdad prefiero el salmón, es más liviano —y siguió curioseando—. A ver qué más tenemos aquí… ¡Vaya! —dijo asombrado cuando encontró una botella— Este vino es muy bueno, ¿tú lo elegiste? —no me dio tiempo a responder— No lo creo, porque pensándolo bien sólo un verdadero y refinado conocedor de vinos lo elegiría. Fue Zafiro, ¿verdad? —y me miró desafiante.
Recién ahora comprendía que su buen humor sólo era la continuación de la puesta en escena que había montado momentos antes. Y mi escasísima paciencia comenzó a flaquear. Inspiré profundo para tratar de mantenerme bajo control y poder hablar en serio. —Oye, Darien, creo que deberíamos…
—Es una pena, el vino tinto no es apto para acompañar pescado. Pero podemos probarlo lo mismo —dijo guiñándome un ojo mientras buscaba el destapador y un par de copas en las alacenas—. También es una pena que Zafiro se haya ido, ¿no crees? Va a perderse tu exquisita cena y este excelente vino. Pero bueno, nosotros no vamos a desperdiciarlo, ¿cierto?
—Por favor, Darien —quise ignorar sus poco agradables comentarios e insistí en ponernos serios—, ¿podemos hablar?
—Estamos hablando —respondió airoso y después de destapar el vino comenzó a servir un poco en cada copa.
—Pero quiero que hablemos de…
—¿De qué quieres hablar?
—De lo que pasó recién, quiero explicarte lo que…
—¿Qué pasó recién?
Parpadeé varias veces y conté hasta un millón en una milésima fracción de segundos para tratar de continuar centrada y serena, temiendo que en cualquier momento me sacara de quicio con su actitud. —Recién cuando llegaste —dije con calma— estabas un poco alterado y al ver a Zafiro aquí me pareció que te molestaste.
Darien soltó una carcajada. —Para nada, ¿por qué habría de molestarme?
—No lo sé, me pareció que así fue. Y me gustaría explicarte…
—Ya relájate, Serena —me interrumpió altivo—, no hagamos un drama de esto. Además no me parece que sea necesario hablar de algo tan insignificante, en realidad no hay mucho para decir al respecto. Porque no es un asunto que me interese en absoluto, no hace falta que me expliques nada —y bebió un par de sorbos de su copa.
—Pero Darien…
—Además esto no es nada nuevo para mí, ya no me sorprende que lo hagas —y volvió a beber.
—¿Qué haga qué? ¿Qué quieres decir?
—Que no es la primera vez que me ocultas algo referido a este… muchacho —lo miré con desconcierto—. Vamos, Serena, no pongas esa cara —otra vez reía y yo comencé a sentirme sumamente incómoda y muy nerviosa—. Hoy estabas con él cuando hablamos por teléfono y no me dijiste nada. Si no hubiese venido hasta aquí jamás me habría enterado de que estaban juntos.
—Pero yo iba a decírtelo, yo…
—Ya lo has hecho antes, al menos yo recuerdo dos ocasiones puntuales en que hiciste exactamente lo mismo.
—¿Qué? ¿Cuándo?
—Una de esas veces fue aquel día que peleamos después de enseñarte el auto nuevo y que luego te encerraras en el baño de la cafetería de Lita, ¿lo recuerdas? —con mucha dificultad traté de seguirle el hilo de lo que decía y cuando logré recordar entendí que se refería a la discusión que tuvimos ese día por lo de la cena con mis padres y por lo de anunciarle a los chicos que estábamos juntos— Cuando entré al negocio y quise buscarte para que habláramos, intenté llamarte al celular pero no me atendías. Y al llegar al baño antes de empezar a golpear a la puerta escuché desde el otro lado que estabas hablando por teléfono. ¿Y con quién estabas hablando? —me preguntó mientras me alcanzaba la otra copa de vino. Yo la recibí sin atreverme a responder— Con Zafiro, claro, ¿con quién más?
—Bueno… —dejé la copa sobre la mesa, no estaba de ánimos para beber— Sí, él me llamó ese día porque…
—Y por supuesto —volvió a interrumpirme— apenas saliste y te encontraste conmigo no dijiste absolutamente nada —terminó de beber y llenó de nuevo su copa con más vino. Y mi nerviosismo seguía disparándose ante tan ridículos y horribles reclamos—. Pero la siguiente vez que hiciste algo similar fuiste mucho más sutil —continuó—. Recién me enteré que me lo ocultabas cuando tu querido Diamante vino a visitarte apenas te mudaste y los escuché platicando sobre la encantadora e increíble velada que compartiste con Zafiro.
—¿Velada? ¿Qué velada? —cada vez me costaba más comprender, y creer, lo que me estaba diciendo.
—Vamos, Serena, ¿cómo es que no lo recuerdas? Antes de que te mudaras, cuando fue a cenar a tu antiguo departamento y compartieron una velada tan romántica y te dijo lo que siente por ti y se besaron y…
—¡¿Qué?! —otra vez un espantoso y panicoso escalofrío me subió por la espalda al recordar aquella conversación con Diamante y confirmar que Darien nos había escuchado. Y comencé a sentirme culpable, pero inmediatamente después también empecé a enojarme porque me daba cuenta de que en realidad no había hecho nada malo. Que más bien todo eso había sucedido antes de que empezáramos a salir y que con estos absurdos planteos estaba siendo muy injusto y agresivo conmigo, que me estaba lastimando y eso me daba mucha rabia.
—¿Ya recordaste? —continuó— Diamante estaba muy preocupado por su hermano, dijo que le rompiste el corazón, que no se merecía que lo trataras así.
—Detente, Darien.
—Vamos, cuéntame —dijo arrogante—, ¿qué fue lo que en realidad pasó? ¿Lo rechazaste?
—Darien, ya fue suficiente.
—La verdad creo que es una pena que hayas desaprovechado semejante oportunidad. Porque es un chico maravilloso, es profesional, bien parecido, respetuoso, maduro y sobre todo muy comprometido y decidido a luchar por lo que quiere sin preocuparse por las apariencias, sin necesidad de ocultar o disimular lo que realmente siente —repetía con un alto grado de sarcasmo exactamente las mismas palabras que Diamante dijo aquella vez—. Es un muchacho honesto, que va de frente, que no teme mostrarse tal cual es, que…
Y ya no pude contenerme más. —¡Basta, Darien! —lo corté furiosa.
—Y ahora me gritas, ya me parecía raro que te tardaras tanto —sonrió de lado y bebió de nuevo.
—¿Por qué haces esto? ¿Por qué eres así? ¿Por qué actúas de esta forma tan…
—¿Qué? ¿Tan qué?
—¡Tan desagradable, tan inmadura!
—Pues perdóname la vida…
—¡Eres un grosero, Darien! ¡Eres… —y me contuve para no insultarlo.
—No te detengas, vamos, dime lo que piensas, insúltame, desahógate —dijo aún más desafiante.
Y por supuesto, seguí gritando. —¡Eres imposible, Darien! ¡Te comportas de esta forma, montas estas escenas tan absurdas, me acusas de esconderte cosas, me haces sentir culpable cuando no he hecho nada malo!
—No es cierto, no te acusé de nada. Sólo te conté lo que sé, pero que supuestamente no debería saber, y te dije que no tengo ningún problema con eso, que ya estoy acostumbrado a que me lo ocultes.
—¡Yo no te oculté nada! Simplemente hubo algunas cosas que opté por no contártelas porque…
—No me lo expliques, ya te lo dije, no hace falta —dijo mientras se sentaba en una de las baquetas altas y alzaba las manos al aire como restándole importancia al asunto.
Ese gesto me enfureció todavía más. —¡Ya deja de actuar así, por dios! ¡Deja de hacerte el condescendiente conmigo! ¡Y dime lo que realmente sientes! ¡Lo que en verdad te molesta!
—¿Lo que me molesta? No hay nada que me moleste, me siento perfectamente bien.
—¡Es mentira! ¡Sí estás molesto, disgustado! ¡No te cayó para nada bien ver a Zafiro, te pusiste celoso y no tienes valor suficiente para admitirlo!
El muy descarado echó a reír de nuevo. —Por favor, yo no estoy celoso.
—¡Sí lo estás! ¡Pero en vez de decírmelo directamente actúas como un idiota! ¡Lo trataste mal a él, me tratas mal a mí!
—No traté mal a nadie, estás exagerando.
—¡Lo hiciste! ¡Nos trataste pésimo! ¡Te comportaste como un imbécil! ¡Y desconfiaste de nosotros! ¡Porque eres inseguro de ti mismo, eres un acomplejado!
—¿Acomplejado?
—¡Sí, inseguro y acomplejado! —yo ya no tenía más filtro— ¡Y también eres un cobarde, porque nunca te atreves a decir lo que en verdad piensas y sientes! ¡Todo lo contrario, siempre recurres al sarcasmo, a actuar como un arrogante y un engreído! ¡Y me enoja tanto que seas así! En cambio Zafiro…
—Eso es, compárame con él, dime lo maravilloso que es ese sujeto —Darien ya no reía, era obvio que todo lo que dijo fue para provocarme, para llegar a esta instancia y confirmar lo que creía que yo pensaba—. Vamos, dímelo —insistió.
Me di cuenta adónde quería llegar y opté por seguirle la corriente. ¿Quería escuchar lo que pensaba? Pues se lo diría sin rodeos. —Tú eres el que se compara.
—¿Qué?
—Sí, Darien, te comparas con él. Y yo sé muy bien lo que piensas de Zafiro y esta vez voy a darte toda la razón —inspiré hondo y finalmente arrojé la bomba— ¡Él es mucho mejor que tú!
Tras decir tan inapropiadas palabras, la cara de Darien se transfiguró de tal forma y me miró tan enojado y ofendido que recapacité de golpe. —Ay, no… —dije al taparme la boca con las manos como intentando prevenir el terrible desastre que acababa de desatar, pero ya era demasiado tarde— No, Darien, no quise decir eso, yo…
—Tienes razón, ya fue suficiente —dijo con un duro y frío tono de voz. Se puso de pie y se fue hasta la sala a buscar sus cosas.
Por supuesto fui tras él. —Espera, Darien, por favor —habría hecho lo que fuera por detenerlo pero estaba tan nerviosa y desesperada que no sabía cómo convencerlo—. No quise decir eso, lo siento.
Él me ignoraba por completo y mientras veía que se ponía su saco y colgaba su maletín de su hombro, sentí tanta impotencia, tanto miedo de que todo se hubiera arruinado entre nosotros, que estaba paralizada en medio de la sala sin poder siquiera moverme.
Darien fue hasta la puerta, y por esos breves segundos que se me hicieron interminables sentí mucho miedo de perderlo, de que me dejara sola, de que todo se fuera al diablo por una estúpida confusión, por una insulsa escena de celos, por no saber decirnos lo que nos pasaba como gente civilizada, por comportarnos como unos niños caprichosos. Esto no podía estar pasando, no quería aceptarlo, no quería que me abandonara.
—No… —estaba tan abrumada que mi voz era muy débil y temí que no me escuchara. Pero me esforzaba por no quebrarme, lo peor que podría pasar ahora era romper en llanto antes de que partiera— Darien, no… —el tono de mi voz fue apenas más elevado, pero ya se notaba mi temblor y mi esfuerzo por aguantar mis ganas de llorar— Por favor, no te vayas…
Aparentemente me escuchó, porque se detuvo y volteó muy despacio para mirarme. Yo seguía esforzándome por contener mis lágrimas sin lograrlo. Y apenas me vio pareció también recapacitar de repente y darse cuenta al fin de lo horrible que era esta situación. Su expresión pasó a ser de preocupación, incluso se veía afligido y asustado, y se llevó las manos a la cabeza. —Maldición —dijo nervioso—, estás llorando.
—No… —murmuré con dificultad y cubrí mi rostro con las manos— No estoy llorando… —dije entre ahogados sollozos. No quería que me viera de esta forma.
Oí que arrojó su maletín al suelo y se acercó a mí casi corriendo. Y apenas me abrazó mi llanto se hizo mucho más intenso. —Perdóname —dijo angustiado—. Por favor, perdóname.
—Eres… —gimotée— Eres un tonto…
—Sí, soy un tonto, soy un idiota —al menos lo reconocía…—. Y me comporté como un imbécil, lo lamento —se separó un poco para volver a mirarme y comenzó a secarme las lágrimas con caricias intranquilas—. Por favor, no llores.
Poco a poco lograba calmarme sin embargo aún estaba muy movilizada. —Es que… es que… —y de nuevo lloraba— Fuiste muy grosero y me enojé mucho y lo que dije… Lo último que te dije, en realidad no quise… Yo…
—Está bien, tranquila —dijo mientras me tomaba de las manos para dirigirnos al sillón y sentarnos—. Tienes razón, fui muy grosero y hablé de más y te hice llorar —volvía a acariciarme con impaciencia—. Y en verdad lo lamento. Lo siento mucho, Serena. Por favor, ya no llores.
Parecía sincero en lo que decía, y de alguna forma lograba sentirme un poco más tranquila al ver que por fin dejaba de fingir y se mostraba en verdad apenado por lo que sucedió. Pero aún estaba muy disgustada y confundida y mi cabeza era un completo caos. —No entiendo qué fue lo que pasó, cómo llegamos a esto, cómo pudiste reaccionar así.
—Lo siento.
Repasé en mi mente todo lo que nos dijimos y traté de aclarar un poco mis ideas, explicarle lo que me pasaba. —Yo no quiero ocultarte nada, no quiero hacer nada que te haga sentir mal. Y si hay cosas que no te digo es porque tengo miedo de que lo malinterpretes, de que te sientas incómodo.
—Ya lo sé.
—Y no me gusta tener que actuar así, vivir tensionada, pendiente de no hacer o decir nada fuera de lugar. Midiendo mis palabras y mis actos para no importunarte, para que te sientas bien, para demostrarte cuánto me importas.
—Lo sé.
—¿Pero por qué tiene que ser tan difícil? ¿Por qué tengo que sentirme culpable por ver a un amigo? Porque Zafiro es mi amigo, Darien —apenas lo mencioné bajó la mirada y se puso muy serio—, nada más y nada menos que un buen amigo. Y sí, él en algún momento me demostró otras cosas, pero pudimos hablarlo y aclarar todo entre nosotros. Él sabe que yo estoy contigo, que te elijo a ti, y lo acepta. ¿Por qué tú no puedes hacer lo mismo? ¿Por qué no confías en mí?
—Lo siento —dijo con voz apagada.
—Déjame que te explique lo que pasó: hoy fui a reunirme con Diamante y lo encontré allí de pura casualidad. Y aproveché la ocasión para invitarlo porque hacía mucho que no lo veía, porque estoy muy agradecida por cuánto me ayudó cuando tuve que mudarme. Y no te lo dije cuando hablamos por teléfono porque te noté muy alterado y creí que sería mejor decírtelo en persona.
—Está bien, Serena, ya pasó, no es necesario que me expliques—. De nuevo tomaba una actitud distante y fría.
Yo interpretaba sus disculpas como un intento de evitar seguir discutiendo, de ocultar sus verdaderos sentimientos, lo cual me daba mucha rabia y me daban ganas de volver a llorar, aunque logré contenerme. —Pero te pusiste tan mal, jamás me imaginé que reaccionarías así.
—Tienes razón, reaccioné muy mal y te pido disculpas.
—Yo también acabé reaccionando mal, pero es que me puse muy nerviosa, porque fuiste muy injusto conmigo, porque no confías en mí.
—Perdóname.
—Y Zafiro es alguien muy importante para mí. Él siempre fue muy amable conmigo y yo lo aprecio mucho como amigo. No quiero dejar de verlo.
—Está bien, tienes razón. Si es tu amigo no dejes de verlo.
—Pero tú te enojas.
—No, Serena, no me enoja que lo veas.
—Pero si recién…
—Estaba enojado pero por otros asuntos, no debí mezclar las cosas. Perdóname.
—Entonces… ¿Entonces no te molesta que seamos amigos? ¿Que nos reunamos a solas?
—No, no me molesta.
—¿No estás celoso? ¿Ni enojado?
—No, no lo estoy.
—¿Estás mal por tu trabajo?
—Algo así, pero no quiero hablar de eso ahora. No quiero que sigamos peleando.
—No estamos peleando, estamos hablando.
—Bueno, como sea. No quiero que sigamos con esto, ya dijimos suficiente. Quiero que estés tranquila, quiero que nos olvidemos de todo y que sigamos adelante, ¿si?
—Pero…
—Y por favor, perdóname. Admito que fue muy inapropiado mi comportamiento. No volverá a ocurrir.
—Está bien.
De un segundo a otro se instaló un tenso e incómodo silencio entre los dos. Yo estaba mucho más confundida que antes, nada de lo que acabó diciéndome me convencía del todo. Y no terminaba de entender si habíamos logrado reconciliarnos o si en realidad todo estaba mucho peor que antes. Mi cabeza era un verdadero desastre.
Ambos continuamos sentados sin decir más nada, sin mirarnos, el ambiente se puso muy raro, denso, sentía como si de repente un impenetrable y rígido muro se hubiera levantado entre nosotros. Y me preguntaba si después de lo que acababa de pasar las cosas volverían a ser como antes. O no.
Pasaron un par de minutos, que resultaron insoportablemente eternos, hasta que Darien soltó un pesadísimo suspiro, se puso de pie y me tendió una mano. —Bien, vamos —dijo al señalar con la cabeza hacia la cocina—, yo te ayudaré a preparar la cena —titubeé por unos breves instantes, pero finalmente tomé su mano y también me levanté. Y apenas quiso empezar a caminar lo detuve—. ¿Qué pasa? —me preguntó.
Demoré en responder. —Darien, yo… —me costaba mucho aceptar lo que estaba pasando, percibía algo extraño en su actitud, algo que no me terminaba de cerrar— Quisiera… —pero no sabía cómo preguntárselo, temía escuchar su respuesta. De alguna forma reflexionar sobre lo que acabábamos de decirnos comenzaba a confundirme nuevamente, a hacerme dudar sobre cómo iba a continuar todo entre nosotros— Quisiera saber qué… —reuní valor y se lo dije— Qué es lo que piensas.
—¿Lo que pienso? —preguntó confundido— ¿Lo que pienso sobre qué?
—Sobre lo que acaba de suceder, sobre lo que crees que puede llegar a pasar a partir de ahora, sobre…
—No quiero que sigamos hablando de esto, Serena —dijo cortante—. Ya me disculpé, ya te dije que lo siento.
—Pero es que yo necesito saber qué piensas, Darien —insistí—. Necesito que seas franco conmigo, que me digas cómo te sientes respecto a todo esto, a nuestra relación.
—¿Cómo me siento?
—Sí, cómo te sientes respecto a lo nuestro, respecto a mí.
—Quiero que nos olvidemos de lo que pasó y sigamos adelante, eso es todo.
—No creo que eso sea todo. Algo más te pasa, dímelo. ¿Es por tu trabajo?
Darien suspiró con fastidio y demoró en volver a hablar. —¿Estás segura de que quieres que sea franco contigo?
—Sí —respondí firme—. Lo estoy.
De nuevo guardó silencio por un buen rato y yo me impacientaba al ver cómo su expresión se endurecía aún más. —Bien, intentaré ser lo más claro posible —dijo al fin—. Para mí… —se detuvo unos segundos y me dio la impresión de que quería medir sus palabras— La verdad es que para mí todo está resultando ser cada vez más difícil. Justamente hoy tuve un día muy complicado, he estado con cientos de preocupaciones en la cabeza y lo que menos esperaba era encontrarme contigo y al instante tener que estar discutiendo como acabamos de hacerlo. No es la primera vez que sucede y sinceramente así se hace muy difícil para mí. Y cada vez que esto pasa pienso que sólo hay una manera de evitar que se repita.
—¿Qué… ¿Qué manera?
—Me parece que lo mejor es que las cosas cambien entre nosotros, que tomemos un rumbo diferente, que…
—¿Un rumbo diferente? ¿A qué te refieres?
—A que ya no podemos seguir así, Serena.
—¡¿Qué?!
—Yo ya no puedo. Así no.
—¿Entonces qué… ¿Qué vamos a hacer?
Debí haber puesto una cara de espanto tremenda porque enseguida intentó calmarme. —No te alarmes, Serena. No me refiero a que tengamos que separarnos ni nada de eso, no te asustes —dijo al suavizar el tono de su voz—. Lo que yo creo es que debemos ser más cuidadosos, no mezclar las cosas.
—No comprendo.
—Es muy simple, no debemos permitir que asuntos que nada tienen que ver con nosotros se interpongan y nos lleven a discutir, a sentirnos mal. No me gusta que discutamos, no me gusta que peleemos, me pongo muy mal cuando pasan estas cosas y yo quiero que estemos bien.
—Pero si esta vez fuiste tú el que reaccionó mal y empezó todo este lío.
—Sí, fui yo, porque dejé que mis problemas en el trabajo se interpusieran entre nosotros y mezclé todo y perdí el control. Pero no quiero que esto pase más, no quiero que tengamos más peleas. Quiero que nos sintamos bien, que disfrutemos de estar juntos.
—¿Y cómo hacemos?
—Cualquier tipo de problema, de trabajo o de lo que sea, lo dejaremos al margen, no lo mencionaremos jamás, no permitiremos que nunca nos interrumpa ni nos ponga de mal humor ni nada parecido.
—¿Entonces no me vas a contar lo que te pasó hoy en la reunión?
—No, Serena, no quiero hablar de eso, no tiene caso traer a colación un engorroso problema laboral cuando estamos juntos. Ya es demasiado complicado con el poco tiempo que tenemos para vernos por causa de mi trabajo, no quiero desperdiciarlo en hablar al respecto y arruinar nuestros momentos juntos.
Yo medité un poco, no mucho pues tenía un lío terrible en mi cabeza, y la verdad es que no tenía ni la más pálida de qué rayos significaba lo que me acababa de explicar.
—¿Qué te parece? —me preguntó— No es tan complicado lo que te pido. ¿Será que podemos intentarlo? ¿Será que podremos dejar de pelear?
—Es una idea algo enredada y rebuscada, pero tal vez funcione.
—Al menos probemos.
—De acuerdo, probemos.
—De acuerdo.
Darien dio por finalizada la conversación y quiso retomar sus pasos para ir a la cocina. Pero yo otra vez lo detuve tomándolo de la mano y apenas volteó lo agarré del cuello de la camisa para atraerlo hacia mí y besarlo. Estaba tan agotada mental y emocionalmente después de tanto tira y afloje que lo mínimo que necesitaba para confirmar que no todo se había ido al demonio era un beso suyo. Y por fortuna me correspondió y me devolvió el beso con toda la ternura con la que siempre lo hacía. Y por fin pude recuperar algo de calma…
Sinceramente no llegué a entender del todo su propuesta de relación pacífica, pero opté por tomarlo como una especie de progreso y reconciliación y continué besándolo por largo rato. Necesitaba dejar de pensar, dejar de preocuparme. En eso le daba toda la razón: discutir y pelear, al menos de la forma que lo hacíamos últimamente, era muy desgastante y agotador, y nos impedía poder disfrutar de estar juntos. Y besarlo, abrazarlo, estar cerca suyo de esta forma era tan maravilloso que logré olvidarme de todo el malestar y la tensión que acabábamos de vivir…
Cuando finalmente nos separamos y nos miramos a los ojos, lo vi sonreír y supe que ya habíamos dado por terminado tan tormentoso episodio. Y quise confiar en que todo volvería a estar bien.
Acaricié su rostro con suavidad y suspiré aliviada. —¿Vamos a cocinar?
Él asintió con una tranquila sonrisa en su rostro y tomados de la mano regresamos juntos a la cocina.
.
.
.
Algunos días después…
Por fortuna mis ánimos se mantuvieron relativamente estables y hasta incluso comenzaron a mejorar poco a poco. Por un lado porque finalmente había logrado reunirme con Diamante y arrancar juntos con el nuevo proyecto de trabajo sin mayores inconvenientes. Salvo por el pequeño detalle de que el cliente resultó ser bastante quisquilloso y desde el minuto uno puso mil y una condiciones sobre los diseños de la remodelación de su restaurante. Pero como Diamante era un gran experto en el tema y a su vez un artista muy creativo e ingenioso, me entregué plenamente a él y seguí al pie de la letra todas y cada una de sus recomendaciones. Estaba muy entusiasmada con este trabajo, significaba un enorme desafío para mí y además sentía que me serviría para distraerme, relajarme y ocupar mi mente en algo que disfrutaba muchísimo.
Pero por otro lado, las cosas con Darien siguieron un tanto indefinidas por un tiempo. Si bien con Zafiro sólo hablé por teléfono un par de veces, creyendo que lo mejor sería tomar un poco de distancia con él hasta que todo se calmara, con Darien lamentablemente también estuve algo distanciada… Pero como sabía que aún seguía con algunos problemas en el trabajo, y además me pidió que no habláramos al respecto, supuse que este alejamiento se debía a eso. Por lo tanto durante esos días no me atreví a preguntarle nada, sino que más bien preferí respetarlo, ser paciente -aunque me costara horrores- y vernos con la frecuencia que él podía, en los momentos que él disponía y no hablar de nada que pudiera resultar conflictivo o nos hiciera sentir mal. Y confiaba en que así tarde o temprano todo volvería a la normalidad, que todo volvería a estar bien entre nosotros…
Pasaron un par de semanas y cada vez se acercaba más la fecha de la boda de Seiya. Para mi sorpresa a Darien le agradó desde un principio la idea de asistir todos juntos -nosotros y los chicos, Nef, Kun, Mina y Lita-. Tanto así que me propuso regalarme, como adelanto de mi cumpleaños que sería unos días después de la boda, la ropa y los accesorios para la fiesta. A mí me entusiasmó muchísimo la idea, me parecía un detalle divino y súper atento de su parte. Así que una tarde, después del trabajo, nos reunimos los dos en un centro comercial y juntos recorrimos cientos de tiendas para hacer las compras pertinentes.
¡Fue muy divertido! Ambos estábamos de muy buen humor -cosa que hacía tiempo no nos pasaba estando juntos- y bromeábamos y nos reíamos de todo lo que hacíamos. Obviamente Darien eligió el primer traje que se probó -que dicho sea de paso le quedaba tan hermoso que me daban ganas de proponerle matrimonio…-. En cambio yo no me decidía por nada y me probé muchísimos vestidos y conjuntos sin encontrar algo que me convenciera. Pero Darien me tuvo toda la paciencia del mundo, lo cual me sorprendió y me pareció muy lindo de su parte, y me adulaba y hacía todo tipo de cumplidos con cada prenda que me probaba.
Cuando finalmente encontré lo que buscaba y ambos estuvimos de acuerdo en cada detalle -la falda, la blusa y los zapatos- continuamos recorriendo el mall por un rato más cargados de paquetes y muertos de risa. Aunque me estaba divirtiendo muchísimo, a esta altura ya estaba bastante exhausta de tanto andar y andar. Pero Darien seguía muy entusiasmado -estaba dejando relucir su mejor faceta de comprador compulsivo- e insistía en encontrar un negocio que él conocía pero no recordaba bien dónde quedaba. Porque aún faltaban los accesorios, no podíamos dar por terminadas las compras sin los pendientes adecuados que según él eran imprescindibles y sólo los podíamos conseguir en esa bendita joyería que no aparecía por ninguna parte.
Mientras andábamos por una de las galerías del lugar, casualmente pasamos por una tienda de decoración que tenía unos adornos preciosos en la vitrina. Yo me distraje al verlos y me detuve a observarlos un momento hasta que noté que Darien había seguido caminando alejándose de mí y enseguida me apresuré por alcanzarlo. —¡Espera un momento, Darien! —le pedí al acercarme corriendo a él— Quiero ver unos cuadros muy bonitos que acabo de encontrar allí… —y me callé al notar que se había detenido de repente y miraba fijamente hacia la entrada de otro local -más precisamente la joyería- con una rarísima expresión en su rostro— ¿Qué pasa? —pregunté extrañada— ¿Por qué tienes esa cara? —comencé a asustarme al verlo así, parecía que se hubiera topado con un fantasma o algo por el estilo.
Y cuando volteé a ver de qué se trataba, vi a unos pocos metros de nosotros a una joven mujer que tenía exactamente la misma expresión que él. No tenía ni la más remota idea de quién sería ella, pero era evidente por la cara que puso que también lo reconoció. Los miré alternadamente a los dos por unos instantes tratando de entender lo que estaba pasando, hasta que ella dio un paso hacia nosotros, sonrió y se dignó a romper tan incómodo silencio. —Hola, Darien…
Ufffff no puedo creer que haya llegado hasta acá! Me había olvidado de lo estresante que es escribir y editar fics, ja!
Bueno, qué les pareció? Se pusieron bien intensas las cosas entre nuestros tortolitos, no? Y para desgracia de nuestra querida protagonista aún nos esperan más complicaciones… Y sí, me encanta el drama, soy muy cruel, jijiji…
Gente, paso a responder algunos de sus reviews:
-Cleo Yagami: tal y como dijiste, se armó la gorda! pero parece que las cosas no se complicaron demasiado… o sí…
-yssareyes48: siiii, el muso volvió! y ojalá se quede por un buen rato, que todavía me falta un montón para terminar el fic! parece que Serena supo lidiar con los celos de Darien, hay que ver qué pasa a partir de ahora.
-Bepevink: si si, Darien fue muy grosero y es obvio que se sintió inseguro frente a Zafiro (y él tan lindo…) pero parece que Serena pudo manejarlo bien.
-Miriam Ortiz: se armó la grande! jaja! pero pareciera que todo se arregló al final, esperemos que les dure…
-Leidy Flourite: querida amiga mia! una vez más dejé el suspenso para el final del cap, no me mates jaja!
-brujitadcc: después de la tormenta de celos llegó algo de calma. no sabemos cuánto durará, pero por ahora Serena supo como manejarse con sus galanes. hay que ver cómo sigue todo.
-romi: si! regresé! y Serena pudo arreglar las cosas con Darien. pero no sabemos cuánto van a durar así.
-kaguya: creo que te dejé intrigada otra vez… y al triángulo amoroso parece que se va a agregar un cuarto. o no…
-Mary Barrientos: me alegra que te guste esta historia! y espero que sigas disfrutando de la lectura.
-Ana: y si, hubo pelea, flor de pelea, pero las cosas finalmente se aclararon y acomodaron. por ahora siguen juntos, hay que esperar a ver cómo sigue todo.
-Ale Muse: bienvenida a mis locuras! nuevamente he dejado todo en suspenso, habrá que tener paciencia y esperar, jiji…
-Guest: bienvenida! no actualicé nada pronto esta vez, espero no demorar tanto para la próxima.
-Iris: bienvenida mi querida! me alegra que te gusten mis locuras. a ésta le falta bastante para concluir, pero espero llegar a terminarla en un tiempo prudente así no se desesperan, jeje!
Bueno, antes de despedirme les hago una pregunta: Quién se imaginan que puede ser la mujer que se apareció al final del cap? estaré al tanto de sus suposiciones! no dejen de contarme lo que piensan!
Ahora sí me despido hasta la próxima actualización, que ojalá no sea en unos años, ja!
Espero ansiosa sus reviews!
Se les quiere montonessssss!
Besitos y abracitos per tutti!
Bell.-
