Hola gente querida del mio cuore! Cómo es que les va? Espero que super bien!

Yo estoy muy contenta de haber podido regresar tan rápido con un nuevo cap de mi locurita. Pasar de 2 años a 2 semanas de demora es un progreso, no? Soy tan extremista que duele…

En esta ocasión les traigo un episodio bastante tranquilo, extenso pero tranquilo. Hay un poquito de todo, sabremos algo más de otros personajes y probablemente en algunas partes capten ciertos avances interesantes. Pero como sigo pensando que estoy oxidadísima en esto de escribir, les pido disculpas de antemano por si encuentran algún error o incoherencia mientras leen. Le di millones de vueltas al capítulo, le corregí un montón de cosas, pero seguro algo se me pasó por alto.

Sin más preámbulos, lxs dejo leer el DIECINUEVE en paz y les pido, como siempre, que no dejen de contarme qué les pareció!

Todos los personajes pertenecen a su autora Naoko Takeuchi, yo sólo los tomé prestados.

Abajo me despido,

Bell.-


:: Capítulo Diecinueve ::

—Hola, Darien… —dijo la joven mujer que estaba frente a nosotros.

Era muy bonita. Alta, delgada, cabello castaño y ojos claros. Tenía una fina pashmina de seda sobre los hombros que le daba un aire muy sofisticado y delicado a la vez. Probablemente estaría siendo exagerada en mi percepción, pero era tan elegante que juro que se parecía a una dama de la familia imperial, de ésas que suelen aparecen en las revistas de ricos y famosos. Y me preguntaba quién rayos sería, por qué Darien se quedó petrificado al verla, por qué se sentía una tensión tan incómoda entre ellos. ¿Sería su compañera de trabajo? ¿Ésa con la que salió un tiempo apenas nos conocimos? ¿Su ex "amiga con beneficios"?

—¿Saori? —él se dignó a hablar al fin. Y a mí no me sonaba de ningún lado ese nombre, lo cual me confundió aún más.

—Sí, soy yo —dijo ella riendo nerviosa—. Qué increíble volver a verte después de tanto tiempo.

—Cinco años —dijo Darien con una expresión tan sombría que daba miedo—. Pasaron más de cinco años.

—¿Cinco años ya? Vaya, sí que ha pasado el tiempo —dijo ella con cierta nostalgia—. ¿Cómo estás? —preguntó con una nueva sonrisa— ¿Qué ha sido de ti? Te ves… bien.

Él no respondía y la miraba muy serio, con el ceño fruncido. Y ella, si bien se mostraba gentil y contenta de verlo, era bastante obvio que no estaba para nada cómoda con el encuentro. Sin que se le borrara la fingida sonrisa de la cara, me observó por un momento pero enseguida volvió a mirar a Darien.

—Lo siento —dijo él y enseguida me presentó—, ella es Serena.

—Hola —la saludé—, mucho gusto.

—Hola —ella agrandó su sonrisa—, ¿es tu esposa?

—No.

—Soy su novia —la corregí.

—Oh, lo siento.

—¿Y tú eres…

—Saori es mi nombre. Fuimos compañeros en la universidad. Y desde que dejaste de estudiar no volvimos a vernos, ¿cómo has estado? ¿Qué fue de tu vida después de tantos años? ¿Sigues trabajando en el banco?

—Sí.

Era evidente que Darien no tenía ni la más mínima intención de conversar con ella, mucho menos de platicarle sobre sus cosas, sobre asuntos personales. Por su parte ella tenía una actitud un tanto arrogante, muy sutil pero condescendiente, altanera, como de lástima, bastante desagradable. Y como la buena entrometida que soy decidí intervenir. —Lo están por ascender— dije orgullosa lo primero que se me ocurrió inventar. Y fue casi imperceptible, pero me di cuenta de que Darien se puso peor.

—Ah, qué bien, te felicito —dijo ella sorprendida. Claramente no le preguntaba por genuino interés sino que sólo lo hacía porque quería mostrarse cordial. Y automáticamente cambió de tema—. ¿Y tus padres? ¿Cómo están tus padres? Recuerdo que habían tenido problemas económicos muy serios.

—Están bien —Darien respondió cortante—. Viven en Osaka. Están muy bien.

—Qué bueno.

Por fortuna -o desgracia, aún no me decido- inesperadamente y de la nada misma apareció una niña pequeña corriendo hacia nosotros e interrumpiendo tan incómoda situación. —¡Mami! —gritó la niña que llegó con un globo en sus manos y se abalanzó sobre ella— ¡Mira, mami, un bobo! Papá me lo compró.

Saori tomó a la pequeña entre sus brazos y rió. —¿Papá te lo regaló? Es muy hermoso.

Y enseguida apareció, desde la misma dirección que la niña, un joven hombre con gesto cansado. Probablemente habría corrido tras ella. —Lo siento, nos encontramos con unos payasos en el estacionamiento y sabes cómo se pone cuando ve globos y malabares.

Saori volvió a recurrir a su sonrisa de publicidad de pasta de dientes y nos presentó. —Cariño, él es Darien, un ex compañero de la universidad, y su esposa Serena.

—Su novia —la corregí de nuevo.

—Perdón, su novia —carraspeó nerviosa—. Él es mi esposo Kei.

—Hola, encantado —dijo el joven al tenderle una mano a Darien—. Kei Kobayashi —aparentaba ser mucho más agradable y desenvuelto que ella. Aunque también tenía un aspecto un tanto refinado y estirado, parecía más sencillo y modesto, y se mostraba amable de verdad, no fingido como ella—. Conque viejos compañeros, ¿entonces también eres contador?

Pero Darien estaba cada vez más antipático y cortante. —No —respondió—, abandoné mis estudios antes de graduarme.

"Un bobo, dos bobos, tres bobos" —la niña comenzó a cantar.

—Ella es mi hija Yuuko —la presentó Saori.

—Es muy linda —dije yo poniendo todo mi empeño en suavizar el tensísimo ambiente que había entre todos.

Y la niña seguía cantando. —"La luna es un bobo que se me escapó".

—Tranquila, hija —intentó calmarla Saori.

Su esposo echó a reír. —Disculpen, está muy intensa desde que se enteró que tendrá un hermanito —dijo como si nada y el nivel de tensión e incomodidad se multiplicó por mil, era tan palpable que el aire se podía cortar con un cuchillo.

—¿Estás embarazada? —dije sorprendida y ella asintió— Felicidades…

—Gracias…

Y la niñita seguía y seguía. —"¡Un bobo, dos bobos, tres bobos!"

—Hija, cálmate, por favor —intervino el padre—. ¿Quieres que vayamos a merendar? Ahora que estamos con mami podemos ir a comprar esa malteada que me pediste, ¿qué dices?

—¡Sí! ¡Una malteada, dos malteadas, tres…

—¡Ya basta, Yuuko! —la regañó la madre.

—Ya cálmate, hija, o mamá se enojará con nosotros.

—Tienes una hermosa familia —dijo Darien con un altísimo grado de sarcasmo que por suerte sólo yo fui capaz de percibir.

—Una ruidosa familia —dijo Kobayashi riendo—. ¿Quieren acompañarnos? Así la criatura baja los decibeles y pueden conversar más tranquilos.

Darien pareció relajarse un poco. —No, gracias. Tenemos que irnos.

—Comprendo —dijo algo apenado.

Ambos continuaron calmando a la niña que seguía cantando ya un poco más bajo y Darien los observó en silencio por unos instantes. No le había impactado precisamente bien toparse con ellos, incluso debió haber llegado a molestarle ver lo felices y perfectos que eran, hasta tal vez en un punto le dolía, o al menos me dio esa impresión. —Adiós, Saori —dijo otra vez serio.

Ella volvió a sonreír y esta vez pareció sincera. —Adiós, Darien. Me alegra mucho haberte visto. Dale mis saludos a tus padres.

—¡Adiós! —Se despidieron Kobayashi y Yuuko. Y los tres finalmente se fueron.

Mientras los veíamos alejarse de nosotros de nuevo percibí esa oscura y sombría aura alrededor de Darien. No les sacaba los ojos de encima y me daba muchísimo miedo volver a dirigirle la palabra. Pero necesitaba confirmar mis sospechas. Así que reuní valor y se lo pregunté. —Darien, ¿quién es esa mujer? —él ni se daba por aludido— Darien, ¿me oyes? —insistí— ¡Darien!

—¿Qué? —dijo como si acabara de aterrizar de Marte.

Consideré que debía ser lo más directa posible o si no jamás me diría la verdad. —Es tu ex novia, ¿verdad?— pregunté sin rodeos.

Él siguió observándolos con detenimiento. —Sí.

Y entendí por qué sus ánimos habían dado semejante vuelco. Por qué su expresión no sólo era dura y muy seria sino que también denotaba enojo, remordimiento y hasta me atrevería a decir aflicción. Recordé todo lo que me contó en otras ocasiones sobre esa relación y su difícil ruptura, y me conmovió verlo tan dolido y molesto al volver a ver a esa chica.

Pero pensé que lo correcto sería decir algo para tratar de animarlo, para demostrarle que lo comprendía, que podía confiar en mí y contar conmigo para lo que necesitara, para que se desahogara, para que pudiera sentirse mejor. —Darien —lo llamé temerosa—, ¿estás bien? ¿Quieres hablar al respecto o…

—Todo está bien —me cortó con una repentina y alegre sonrisa—. Mira, ésta es la bendita joyería que buscaba, estuvo delante nuestro todo el tiempo, ¿puedes creerlo? —dijo riendo y yo no podía creer lo que estaba haciendo— Hacía años que no venía, temía que la hubieran cerrado. Tiene cosas realmente preciosas, ¿vamos a ver? —me tomó de la mano para que entráramos al negocio pero yo no me moví— ¿Qué pasa? ¿No quieres que veamos los pendientes? Es lo último que nos falta comprar— y lo mismo se acercó a la vitrina para ver lo que había expuesto.

—¿Seguro que no quieres hablar? —insistí. Me impresionaba mucho la actitud que estaba tomando, volviendo a su buen humor inicial. Era como si no hubiera pasado absolutamente nada, como si el incómodo encuentro con su ex y su bonita familia jamás hubiera sucedido.

—¿Sobre qué? —preguntó concentrado en la vitrina— Mira, esos son muy bonitos, parece que son de plata. Dijiste que te gustaba la plata, ¿cierto? El tono de las piedras es muy delicado, creo que te verías hermosa con ellos. ¿Entramos a verlos?

En ese momento opté por armarme de paciencia -¿cuánto me duraría?- y seguirle la corriente. Si no quería hablar no insistiría más. Me costaba mucho acostumbrarme a su hermetismo, que últimamente era cada vez peor. Pero no tenía ganas de renegar con eso. No quería que un inesperado evento que nada tenía que ver con nosotros arruinara nuestro paseo. —No sé. Deben ser muy costosos y ya me compraste muchas cosas.

—Vamos, Serena, son mi regalo por tu cumpleaños, no vas a rechazarlo.

Se mostraba tan entusiasmado y dispuesto como siempre. Y aunque no me convencía del todo, en el fondo me alegraba volver a verlo así. Entonces accedí a que siguiera consintiéndome con sus obsequios y asentí contenta. —Está bien, vamos.

.

.

.

Y llegó el día de la boda de Seiya…

La ceremonia y la fiesta se llevaron a cabo en el mismo sitio, una enorme y rústica casa-quinta ubicada a las afueras de la ciudad. Era una hermosa y cálida noche de verano, y el matrimonio se celebró al aire libre. Todo estaba maravillosamente decorado, no me perdí de ningún detalle: El altar, ubicado bajo unos frondosos árboles, estaba adornado con telas y flores blancas y el tramo que recorriera la novia estaba repleto de pétalos de rosas. Los invitados nos distribuimos y ubicamos en unas butacas forradas de paños blancos y desde allí presenciamos la ceremonia.

Una vez que acabó, llegó el momento de las felicitaciones a los recién casados. Y fue tan romántico… Todos nos pusimos de pie para aplaudir y ovacionar a los novios que no dejaron de besarse apasionadamente desde que dieron el 'sí'. Y un montón de pétalos de colores llovió sobre ellos. Todos sus seres queridos los abrazaban y felicitaban efusivos, Seiya estaba que desprendía felicidad por todos sus poros y yo también me sentí muy feliz de verlo así, de poder ser testigo de tan emotivo acontecimiento. Porque lo quería mucho, porque era un chico adorable y deseaba con todo mi corazón que tuviera una vida plena y feliz junto a la mujer que amaba.

Pero lamentablemente no todo fue disfrute, jolgorio y rimbombantes emociones. Porque si bien desde un principio tanto Darien como los chicos se mostraron entusiasmados y dispuestos a compartir una velada tan linda, reencontrarnos con viejos amigos, divertirnos y celebrar juntos, esa noche estaban todos muy raros. Lo cual de a ratos me resultaba un verdadero fastidio y aunque trataba de hacerme la distraída y no darle tanta importancia, llegó un momento en que el humor de todos estaba tan extraño que me costaba disfrutar de lleno y relajarme.

Entrada la madrugada, dentro del salón de la vieja casona donde tuvo lugar la intensa y larga fiesta, y los invitados festejaron y se divirtieron durante toda la noche junto a los flamantes esposos en un ambiente de plena alegría y celebración, la música comenzó a ser más suave, los decibeles bajaron y muchas personas ya se disponían a retirarse.

Hacía mucho calor, yo había ido al baño para refrescarme y retocar un poco mi peinado y mi maquillaje. Y mientras regresaba a la mesa vi desde lo lejos que los recién casados, junto a algunas parejas más, bailaban tranquilos en la pista. Entre ellos pude reconocer a Rei con su esposo, a Ami con su novio y a Neflyte con… ¿Molly? Eso sí que no lo vi venir: Nef conversaba de lo más coqueto con Molly, una ex compañera de preparatoria de las chicas y mía. Y mientras bailaban lentamente, y muy cerca el uno del otro, no dejaban de reír y cuchichear confiansudos. Jamás habría imaginado toparme con una escena semejante.

Al llegar a la mesa me percaté de que allí sólo se encontraba Lita. Entonces me senté junto a ella y cuando la tuve cerca noté que no dejaba de mirar hacia donde estaba Nef con una cara de que daba miedo, mucho miedo. Parecía molesta, malhumorada, pero no me animé a decirle nada. Ya era demasiado con que haya asistido a la fiesta de muy mala gana después de que Mina y yo le insistiéramos como las locas desquiciadas que éramos. Y no me daba la cara para hacerle ningún tipo de planteo. —¿Has visto a Darien? —pregunté mientras me servía un poco de agua en una copa.

Lita señaló la barra. —Está con Kunzite.

Apenas los miré me llamó la atención verlos a los dos hablando mucho, ambos con cierta cara de preocupación. Sobre todo Darien, de quien seguía sospechando que desde el encuentro con su ex algo le pasaba, que delante mío lo disimulaba fingiendo que todo estaba bien. —¿Y Mina?

Ahora Lita señalaba hacia el otro lado del salón. —Allá —y la divisé conversando con Yaten y Taiki, los hermanos de Seiya. Lo cual también me resultó llamativo.

—¿Me perdí de algo? —pregunté confundida.

—Yaten le hizo una propuesta de trabajo a Mina y parece que Kun se puso celoso.

—¿Celoso? —eso sí que me sorprendió— ¿Kunzite celoso?

—Sí, y creo que ésta es la primera vez que pelean desde que están juntos.

—¿Se pelearon? Vaya…

Ambas permanecimos un buen rato observando a todos en silencio. Y probablemente Lita se dio cuenta de que algo no andaba del todo bien. —¿Tú y Darien como están? —me preguntó sin rodeos. Ella era muy perceptiva con estas cosas. Sobre todo con Mina y conmigo que éramos expertas en hacer un drama de la nada misma y sufrir como magdalenas.

Y yo no pude mantener mi bocota cerrada. Si con Darien no podía hablar de problemas -ni reales ni imaginarios-, mínimo necesitaba compartir lo que pensaba con mi mejor amiga. —Estamos bien, no hemos vuelto a pelear por suerte. Pero las cosas están muy raras últimamente.

—¿Raras?

—Sí, raras —mientras hablaba no dejaba de mirarlo, necesitaba captar aunque sea un mínimo detalle que me sirviera para entenderlo, para poder llegar a alguna conclusión, y Lita me escuchaba atenta—. En realidad el raro es él, porque cuando nos vemos es muy dulce y atento como siempre. Está de buen humor, hacemos planes para salir o cenar o hacer cualquier cosa juntos. Pero nos vemos muy poco últimamente.

—¿Y has hablado con él?

—Sí, hablamos mucho, de cientos de cosas, tenemos una comunicación muy fluida —dije irónica—. Pero desde que acordamos no hablar de asuntos que nos lleven a discusiones o interfieran en nuestra pacífica relación, todo pasó a ser muy raro.

—Es que esa estrategia es muy rara. ¿Cómo no van a hablar de sus problemas? Todo el mundo tiene problemas y es muy importante poder compartirlos con las personas que uno quiere.

—Sí, lo sé. Y antes hablábamos más de nuestras preocupaciones, aunque también peleábamos bastante… Pero desde la última vez que discutimos él cambió mucho y la verdad estoy un poco preocupada.

—Yo lo veo igual que siempre —dijo Lita al dirigir su atención hacia donde Darien se encontraba.

—Es que sigue comportándose igual que siempre, es sólo que, no sé, está… raro. Y a veces creo que no es del todo sincero, como si fingiera o disimulara cómo en realidad se siente.

—Deben ser ideas tuyas, a veces eres muy fantasiosa, Serena.

—Pero…

—Están juntos, comparten un montón de cosas, te dio por adelantado tu obsequio de cumpleaños, te acompañó a la boda de tu ex con la mejor disposición. Es un típico novio enamorado, yo no le veo nada de raro.

Tenía muy en claro que mi amiga intentaba transmitirme tranquilidad, para que recapacitara y me tomara las cosas con más calma. Pero no podía, me costaba aceptar lo que pasaba y necesitaba explicarle lo que sucedía. —Es que no es eso, es algo mucho más… ¿cómo decirlo? Es en un nivel más íntimo que lo noto raro.

–¿A qué te refieres? —preguntó extrañada.

—A que pasamos pocos momentos solos los dos, nos cuesta coincidir, él está siempre muy ocupado y lo noto diferente, hasta algo distante, frío conmigo. Y siempre está cansado y no… No coincidimos, ¿entiendes lo que te digo?

—Ni una sola palabra.

Me daba mucha vergüenza admitirlo en voz alta pero se lo dije. —Que últimamente no estamos teniendo… tú sabes… eso.

Y ella lo captó enseguida. —Ah, ya entendí. ¿Y hace cuánto que no pasa "eso"?

—Y desde el viaje a las montañas, alrededor de un mes.

Lita reflexionó unos segundos y nuevamente intentó suavizar el tema. —Debe ser algo pasajero, no le des tanta importancia.

—Pero Lita…

—Ahí viene Mina —me interrumpió al divisarla acercándose a la mesa—. Ármate de paciencia y hablemos de cualquier cosa porque debe estar hecha una furia.

Mina llegó y se sentó en medio de las dos. En efecto se veía muy enojada. —Amigas, háblenme de cualquier cosa porque estoy hecha una furia —dijo cruzándose de brazos.

—Serena y Darien no lo han hecho en un mes.

—¡Lita!

Obviamente Mina reaccionó como mejor sabía hacerlo. —¡Oh por dios! —dijo horrorizada— ¡Eso es terrible, amiga! ¿Qué pasó? ¿Terminaron y no nos dijiste nada?

—No, no terminamos —respondí de inmediato y me mentalicé para encarar airosa su inevitable cuestionario—, estamos juntos y todo está bien. Es sólo que…

—¿Hace cuánto que salen?

—¿Un mes y medio? ¿Dos?

—¡¿Y hace un mes que no lo hacen?!

—Bueno, tal vez Lita tiene razón, quizás es algo pasajero, todas las parejas pasan por una etapa así.

—Pero no tan pronto, ustedes recién empiezan, ¡deberían estar prendidos fuego! Además, como bien dice el dicho, "amor sin sexo es como espaguetti sin queso".

—¿Y eso qué significa?

—¡Que es aburrido!

—¿Aburrido?

Lita nos escuchaba muerta de risa. Nuestras escenas siempre le resultaban muy divertidas. —Por dios, Mina, eres el colmo —dijo negando con la cabeza.

—No soy ningún colmo —ella la corrigió orgullosa—, soy Venus, la diosa del amor, y tengo mucha razón. Dime, Serena, ¿qué está pasando? ¿Estás estresada? Porque últimamente estás muy ocupada con Diamante y su proyecto y todo eso te quita tiempo y energías, y es fundamental también tener espacio para el placer.

—Bueno…

—¿O es que estás deprimida? ¿No será que tienes problemas de autoestima? Tú siempre has sido algo insegura con tu cuerpo y no debería ser así, porque eres hermosa. Y me parece muy cruel que la imagen de lo que se considera sexy en la actualidad aún esté tan lejos del cuerpo real de las personas. Así que acéptate tal cual eres.

—En realidad yo no…

—¿O será que te aburriste? Es algo pronto para que te suceda pero quizás se están volviendo muy rutinarios y monótonos.

—Bueno…

—A lo mejor si te animaras a probar nuevas posiciones. O tal vez un cambio de escenario, conozco un hotel que…

—Por dios, Mina, ¡ya cállate, por favor! —Lita la cortó exasperada y por suerte ella obedeció— Habla, Serena.

—Gracias —inspiré hondo y continué—. No es nada de eso, amiga, no soy yo la que estaría teniendo problemas ni evitando que suceda… eso. Al contrario, la abstinencia me está matando. Encima él está cada día más irresistible y hermoso y sexy y… —de nuevo miré hacia la barra donde Darien seguía conversando con Kun— ¿Has visto lo bien que le queda ese traje? Parece un príncipe… —dije embobada.

Mina también lo miró y cuando se percató de que Kun la estaba observando fijamente, lo ignoró dándole vuelta la cara y siguió preguntándome. —¿Entonces cuál es el problema?

—No lo sé, algo le pasa, está raro, cambiado. Siempre está muy cansado y eso es lo que me preocupa. Que algo malo le pase y no confíe en mí para contármelo.

—Comprendo —y retomó sus consejos conyugales—. La confianza es fundamental en una pareja. Sin confianza, sin una buena y franca comunicación, se va todo al diablo.

—¿Al diablo?

—¿Y tú qué crees que te está ocultando? ¿Será que aún está molesto por lo de Zafiro?

—No lo sé…

—Porque los celos también lo arruinan todo. Generan desconfianza y eso es algo totalmente inaceptable.

—¿Desconfianza?

—Claro, desconfianza en la otra persona y deseos de controlarla: con quién va, qué hace, incluso qué piensa. Y todo eso deriva en exigencias, en absurdas demandas que son un verdadero fastidio.

—Tal vez, pero no creo que…

—¿Pero sabes qué? En realidad lo que los celos delatan es que en el fondo él es alguien muy inseguro de sí mismo.

—¿Inseguro?

—Sí, porque debe tener una muy baja autoestima y seguramente piense que cualquier otra persona, en este caso Zafiro, es mejor que él —volvió a mirar a los chicos—. Ay, detesto a las personas celosas —sentenció enojada—, que confunden amor con apego. Porque el verdadero amor es libre, en cambio el apego te hace vulnerable y dependiente, y sientes que la otra persona te pertenece. Y eso no es verdad, yo no le pertenezco a nadie, soy un alma libre. Y a las almas libres hay que dejarlas volar.

Lita captó enseguida que ya no estaba hablando de mi problema. —¿Qué pasó con Kunzite?

—¿Por qué me lo recuerdas? —dijo Mina molesta.

—Porque es obvio que estás hablando de él.

—Cuéntanos, amiga —le pregunté preocupada, era evidente que necesitaba desahogarse más que yo—, ¿qué pasó? ¿Se pelearon?

Ella suspiró con pesadez. —No llegamos a pelear—respondió—. Lo que sucedió fue que yo me enojé porque cuando le conté que Yaten quería hablar conmigo para proponerme trabajar en su discográfica, porque tiene ganas de fusionarse con una compañía de comedia musical, él reaccionó de una forma que me ofendió muchísimo.

—¿Por qué? ¿Qué hizo?

—Puso esa cara de… de póker que siempre pone cuando está maquinando algo en su cabecita rebuscada y maquiavélica, alzó una ceja, la izquierda, así —hizo exactamente el mismo gesto que estaba describiendo—, ¿ven? Así la levantó y me dijo con voz de ultratumba: "No sabía que eran tan buenos amigos" —yo me tapé la boca para evitar soltar una carcajada, era muy gracioso verla imitándolo así de enojada—. ¿Pueden creerlo? ¿Se dan cuenta del grado de inmadurez con el que se comportó?

Lita no contuvo la risa. —Creo que estás exagerando.

—¡Por supuesto que no! Él sabe muy bien lo que significa para mí una oportunidad como ésta. Hace años que estudio, que me estoy perfeccionando y mi sueño es poder dedicarme al arte de manera profesional. Y Yaten es un profesional, tiene mucha experiencia, conoce a mucha gente, sería maravilloso poder trabajar con él.

—Seguro que sí, amiga.

—No creo que Kunzite esté en contra de eso —siguió Lita— y mucho menos que esté tan celoso como dices. ¿Por qué no hablas con él?

—Sí, Mina —agregué—, te pusiste demasiado nerviosa y reaccionaste mal —"mira quién habla" pensé para mis adentros—. Kun es un santo, jamás estaría en contra de que cumplas tus sueños. No deberías estar tan enojada con él.

—Claro que me puse nerviosa, porque jamás esperé que algo así llegara a pasar. Yo creí que se alegraría por mí, que me apoyaría.

—Y seguro lo hará, pero sabes bien que no puedes esperar un arrebato de entusiasmo y euforia de su parte. Él no es como tú.

—Lita tiene razón, deberías hablar con él, aclarar las cosas —Mina parecía recapacitar un poco con todo lo que le decíamos—. Ustedes son perfectos juntos, son mi pareja ideal, y si se pelean perderé mi fe en la humanidad.

—Mira, ahí viene —señaló Lita y cuando volteamos lo vimos acercándose a nosotras—. Ve hablar con él, ve.

Apenas llegó, Kun se detuvo delante de Mina y la miró de una forma tan expresiva que viniendo de él, siempre tan centrado y serio, era capaz de ablandar a cualquiera. Esbozó una leve sonrisa y se adelantó unos pasos mirándola fijamente a los ojos. —Venus… —fue todo lo que dijo.

Mina se puso de pie y su expresión cambió radicalmente, no quedaba ni un resto de enojo o malestar en su rostro. También sonrió y se acercó a él. —Kunzite… —dijo con voz temblorosa.

Yo estaba fascinada y conmovida hasta los huesos con la hermosa y romántica escena que tenía enfrente. Es que se veían tan lindos y felices que hasta daba la impresión de que cientos de corazones y lucecitas de colores resplandecían a su alrededor. Sin dudas eran una preciosa y perfecta pareja de enamorados, no podían estar enojados entre ellos, eso iba en contra de su naturaleza.

Se tomaron de las manos y se fueron juntos. Acababan de reconciliarse. El mundo volvía a estar en paz.

—Por dios, es tan dramática —se quejó Lita.

—Eso fue muy romántico… —dije suspirando emocionada.

—Serena… —me llamó pero seguí observándolos sin poder reaccionar hasta que los perdí de vista— ¡Serena!

—¿Qué? —aterricé de golpe.

—Ya es bastante tarde y quisiera irme.

—No es tan tarde todavía, además…

—Quiero irme, Serena —dijo inesperadamente irritada—. Pero si vas a quedarte un poco más, pediré un taxi, no hay problema —alzó sus cosas de la mesa y se puso de pie.

Y cuando miré hacia la pista creí comprender por qué decidió irse de esa forma tan repentina y arrebatada: Nef y Molly estaban bailando más pegados que antes, él la abrazaba por la cintura y ella reposaba su rostro muy cerca de su cuello. Y no llegaba a ver con suficiente claridad pero me pareció que ella se sonrojaba al escuchar lo que él le susurraba al oído. No pasaba nada malo, sólo se trataba de un par de chicos que se atraían y parecían haber congeniado bien, pero a Lita no le resultó nada simpático presenciarlo. —No, está bien —también me paré y recogí mis cosas—. Tienes razón, ya es tarde. Iré a avisarle a Darien y a despedirme de Seiya.

—De acuerdo. Los espero afuera.

Sin darme tiempo a decirle nada más, Lita se dirigió apurada hacia la salida del salón. Suspiré resignada y fui hasta la barra para buscar a Darien.

A medida que me acercaba a él me daba cuenta de que estaba hablando por teléfono, lo cual me resultó bastante sospechoso. Sobre todo por cómo reaccionó al verme, ya que se apresuró en despedirse de quien estaba al otro lado de la línea. —Está bien, está bien. Mejor hablamos mañana —dijo algo nervioso—. Ahora no, te dije que mañana —insistió—. De acuerdo, adiós —y apenas colgó guardó el celular en el bolsillo de su saco y me miró con una amplia sonrisa—. Hola —dijo como si nada apenas llegué a su lado.

—¿Con quién hablabas? —pregunté con desconfianza.

—Con mi padre.

Por supuesto su respuesta no me convenció en absoluto. —¿A esta hora?

—Sí, es que trabaja de noche y recién termina una grabación.

¿Con su padre? ¿Por qué hablaría por teléfono con su padre un sábado -mejor dicho domingo- a las 3 de la mañana? No quise alarmarme ni imaginarme cualquier barbaridad, pero me preocupé al pensar que tal vez algo serio habría pasado con su familia. —¿Todo está bien? —volví a preguntar.

—Sí, sí, está todo bien. Me llamó por unos asuntos contables, nada importante.

—Bueno… —preferí creerle y no insistir más.

Desde luego Darien dio por cerrado el asunto y cambió de tema. —¿Qué sucede?

—Lita me dijo que ya se quiere ir —respondí resignada—, así que vine a avisarte.

—Ah, bien. ¿Entonces ya nos vamos? —asentí seria— ¿Ahora? —asentí de nuevo —Bueno, vamos a buscar el auto —quiso empezar a caminar pero yo estaba inmóvil—. ¿Qué pasa?

Eso mismo me preguntaba yo. ¿Qué rayos le pasaba? ¿Por qué se estaba comportando tan extraño últimamente? ¿Por qué sentía que me ocultaba cosas? ¿Que no confiaba en mí? ¿Que se encerraba cada vez más en sus asuntos? ¿Tanto le costaba abrirse conmigo? ¿En verdad lo hacía para evitar que peleáramos o tendría otro motivo? Éstas y cientos de preguntas más invadían mi mente y comencé a sentirme ansiosa. Así que sacudí la cabeza para soltar mis pensamientos y sonreí. —No pasa nada, vamos.

Darien me detuvo tomándome de la mano. —Espera —dijo al acercarse más a mí y después de tomar mi rostro entre sus manos me regaló un dulce beso en los labios—. Estuve observándote toda la noche —susurró al separarse un poco— y estás… Te ves preciosa, Serena… Eres preciosa —y sonrió seductor.

Yo sentí que me derretía por dentro con su inesperada reacción. Casi siempre me tomaba totalmente por sorpresa cuando hacía estas cosas y me encantaba que lo hiciera, porque siempre conseguía que todas mis dudas y mis preocupaciones desaparecieran como por arte de magia. Y así fue. —Tú también eres precioso… —dije emocionada y le devolví el beso.

—¿Vamos?

—Vamos.

.

.

.

Después de despedirnos de todos en la fiesta, finalmente nos retiramos. Y una vez que dejamos a Lita en su casa, fuimos directo a mi departamento. Durante el trayecto todo parecía ser igual de natural y distendido entre nosotros como siempre, lo cual me aliviaba bastante. Hablábamos de la boda, nos reíamos, compartimos algunos chismes -particularmente sobre el acercamiento de Nef y Molly, y la "pelea" de Mina y Kun-.

Todo era perfecto, todo volvía a ser sencillamente perfecto, como tenía que ser. Tanto así que no llegué a notar nada raro en él en ningún momento, al contrario, tenía la sensación de que estábamos volviendo a conectarnos, a tratarnos más cariñosamente, a sentirnos cómodos y a gusto estando a solas. Y pensé que probablemente estaríamos a punto de recuperar el acercamiento que hacía tiempo no teníamos. O al menos eso quise creer.

Cuando por fin llegamos a mi edificio, Darien estacionó el auto enfrente y entramos juntos al departamento. Mientras yo me cambiaba de ropa en mi cuarto, él se fue al baño para darse una ducha. Y una vez que terminé de quitarme el maquillaje y soltarme y desenredarme el cabello, me acosté para esperar con ansias y muchas ilusiones a que viniera a la cama conmigo.

Pero se estaba demorando bastante en regresar y empezaba a costarme mantenerme despierta. Cuando el sueño finalmente comenzó a vencerme y estuve a punto de quedarme dormida, me sobresalté al sentir cómo una agradable y conocida calidez envolvía todo mi cuerpo y suaves cosquillas recorrían mi piel. Era mi adorado Darien que se había acostado junto a mí y me abrazaba por detrás mientras acariciaba mi cuello con sus labios. Yo suspiré extasiada por las repentinas y electrizantes sensaciones que me provocaba con sus caricias y justo cuando quise darme vuelta él impidió que me moviera rodeando mi cintura con sus brazos y buscando mis manos con las suyas para entrelazarlas con los dedos. Soltó un largo suspiro y por último apoyó su mejilla sobre la mía. —Buenas noches… —susurró bajito y se quedó quieto.

Yo me quedé estática esperando a que hiciera algo más, pero noté que su respiración comenzó a hacerse más profunda y confirmé lo que más temía: Ahora era él quien se estaba quedando dormido y por ende no iba a pasar nada de lo que deseaba con desesperación que sucediera. Pero no me pensaba quedar con las ganas, mi tolerancia a la frustración tenía un límite y esta noche ya no podría resistir mucho más.

Así que quise soltarme para voltear, pero él de nuevo no me dejó, sino que me abrazó más fuerte y balbuceó algo incomprensible. Inspiré hondo para no perder la poquita paciencia que me quedaba y lo llamé. —Darien… —él balbuceó de nuevo— Darien, no te duermas.

Pareció escucharme porque relajó un poco sus brazos y pude darme vuelta al fin. —¿Qué pasa? —dijo frotándose los ojos.

Aún tenía la luz de mi mesita de noche encendida así que pude ver que estaba casi desnudo, sólo vestía sus boxers y tenía el cabello mojado. Y al encontrarme con tan sensual y tentadora imagen delante mío fue mucho peor… Aproveché para comérmelo con los ojos sin que se diera cuenta y apenas me miró tragué saliva y volví a tomar aire para disimular un poco mi grave estado de desesperación. Recurrí a mi poco confiable autocontrol, me enderecé y lo miré determinada. —Darien, tenemos que hablar.

Era un momento totalmente inoportuno para hacer algún tipo de planteo. Pero no iba a tolerar que nos fuéramos a dormir sin que otra vez pasara nada entre nosotros. Por lo menos necesitaba aclarar qué estaba sucediendo. La incertidumbre -además de la abstinencia- me estaba matando, me carcomía la cabeza, y esto no podía volver a quedar así. Y aunque mis nervios y mi impaciencia me tenían casi al borde del colapso, me esforzaría por mantenerme lo más centrada posible para que él no lo notara ni se sintiera presionado ni mucho menos temiera que llegáramos a pelear.

—¿De qué tenemos que hablar? —preguntó somnoliento.

—Sé que acordamos no hablar de nuestros problemas y que hasta ahora nos ha funcionado porque no hemos vuelto a pelear en un tiempo, pero… —sin poder evitarlo se me iban los ojos hacia zonas que hacían peligrar mi concentración e interrumpían tan serio discurso.

—¿Pero qué?

Carraspeé para disimular mi distracción y volver a ponerme seria. —Estoy preocupada por ti porque… Porque te noto raro, te comportas algo distante conmigo últimamente y temo que algo te pase o que estés molesto conmigo o…

—No —reaccionó de golpe como si fuera un niño chiquito y yo lo estuviera regañando—. No, Serena, no estoy molesto contigo —dijo culposo.

—¿Entonces tienes algún problema?

—No, todo está bien.

—¿Acaso aún estás disgustado por lo que pasó con Zafiro?

—No, para nada.

—¿O quizás te quedaste mal después de ver a tu ex en el centro comercial?

—No, Serena, nada de eso.

—¿O sigues teniendo problemas en tu trabajo? ¿O le pasó algo a papá? ¿Por eso hablabas con él hoy? —insistí. Algunos de todos esos motivos tenían que ser.

—No, mis padres están bien.

Sus reiteradas negativas no me cerraban por ningún lado. —¿Seguro?

Él sonrió y se acercó un poco más a mí. —Sí, están muy bien. Yo te expliqué que él es un noctámbulo, se pasa horas encerrado en su estudio y pierde la noción del tiempo. Es muy despistado y a veces me llama sin fijarse en la hora. Está todo bien, Serena, en serio.

—Pero… pero… —recurrí a mis lastimosos pucheros.

Darien acarició suavemente mi rostro y se acercó aún más. —Hey, no te pongas así.

—Es que estoy muy preocupada, te noto raro y… Y te extraño…

—Lo siento —me dio un tierno beso en la frente—. Sé que he estado muy ocupado últimamente y también bastante exhausto. Lamento hacer que te preocuparas —me miró a los ojos y me regaló otra sonrisa, de ésas que hacían que se me derritiera el corazón y me volviera loca de amor… Hacía tanto que no me miraba así…

—Te extraño mucho… —murmuré en un suspiro y sin darle tiempo a nada abracé su cuello y lo atraje hacia mí para volver a besarlo. Pero esta vez no logré disimular mi desesperación, porque estaba a punto caramelo y ya no podría aguantar más. Lo besaba desaforada, impaciente, apasionada, y comencé a empujarlo para tumbarlo de espaldas al colchón. Sin dudarlo ni un segundo me acomodé sobre él sin interrumpir los besos, llevando una pierna a cada lado de su cuerpo. Y Darien enseguida empezó a recorrer el mío con sus manos, repasando lentamente mis brazos, mi espalda, mis piernas. Hasta detenerse en mis muslos unos instantes para luego regresar a mis caderas y empezar a acariciar mi piel bajo el camisón. No pude contener un agudo gemido al sentirlo y volví a profundizar los besos con más desenfreno, explorando con la lengua cada rincón de su boca, mordiendo sus labios, apretando mi cuerpo contra el suyo y suspirando a cada instante.

Hasta que me detuve al darme cuenta de que él temblaba o algo raro le estaba pasando. Me separé un poco para poder mirarlo y confirmé que en realidad se estaba riendo. —¿De qué te ríes? —pregunté ofendida.

—De nada, de nada —y automáticamente se puso serio. Pero se le notaba muchísimo que en cualquier momento se echaría a reír otra vez.

Descansé el peso de mi cuerpo en mis brazos y no pude evitar tentarme a examinarlo con detenimiento antes de volver a decir algo. Y al verlo de esa forma, con el cabello aún mojado y algo revuelto sobre la almohada, la respiración apenas entrecortada, los labios colorados y algo hinchados tras los apasionados besos que acababa de darle, supe que ya no podía seguir así. Que mi pobre corazón estaba a punto de estallar de tanto amor, que no podría seguir conteniéndome ni un minuto más.

Debí haber puesto tremenda expresión de pervertida porque el muy descarado volvió a reír y me sentí tan avergonzada que lo único que se me ocurrió hacer fue taparle la cara con la otra almohada —¡Eres un tonto! —protesté y me alejé de él pegando un salto y dándole la espalda.

Darien volvió a abrazarme por detrás y se disculpó. —Lo siento, lo siento —dijo aún riendo. Intentó hacerme girar pero yo me resistía—. Ven aquí, ven conmigo.

Cuando logró que me diera vuelta, yo aún estaba muerta de vergüenza y me tapaba la cara con las manos. —Eres un tonto, Darien, te ríes de mí.

—Es que eres tan linda —dijo al descubrir mi rostro—, me encanta cuando te arrebatas así. Eres muy apasionada, Serena.

—¿Si te encanta por qué te ríes? —le reproché y quise alejarme.

—Perdóname, no me reí de ti —me atrajo hacia él abrazándome por la cintura—. Ven —y retomó los besos—, continuemos, ven.

—Es que te he extrañado mucho… —yo le devolvía extasiada cada beso— Hace tanto que no estamos así y pensé que…

—No —ahora besaba mi cuello—, no pienses más, no me pasa nada, en serio. Y tienes razón, hace mucho que no estamos juntos así y yo también te extraño. Lo lamento… Déjame compensarte… —y quiso regresar a mi boca pero no lo dejé— ¿Qué pasa?

—Quiero… quiero decirte algo más.

Suspiró largamente y asintió. —Te escucho —dijo al retomar sus caricias en mi pelo.

—Tú me pediste… Me dijiste que quieres que estemos bien —dije en tono coqueto mientras dibujaba corazoncitos imaginarios sobre su pecho con mi dedo—, que no peleemos ni discutamos, que las cosas funcionen y estemos en paz, que tengamos buenos momentos juntos y todo eso…

—¿Pero?

—Y creo que lo estamos consiguiendo —continué—. A pesar de que a veces sienta que estamos algo distanciados, todo está siendo muy lindo entre nosotros, lo pasamos bien, estamos logrando tener un presente pacífico y óptimo, pero… Yo quiero pensar en el futuro, nuestro futuro. Quiero que tengamos algún proyecto en común, algo más sólido, no lo sé… —¿qué me estaba pasando? ¿de dónde sacaba estos disparates? ¿acaso el haber estado en una boda me afectó tanto como para salir con este tipo de planteos?

A Darien no pareció sorprenderle mucho lo que oía. —¿Por ejemplo? —preguntó y de nuevo retomaba sus besos en mi cuello.

Yo aproveché la oportunidad y solté todo lo que se me venía a la cabeza. —No sé, no tiene que ser algo demasiado extraordinario. Pero tal vez podríamos reunirnos más seguido con mis padres.

—Sí, podríamos.

—Y también tú podrías presentarme a los tuyos algún día.

Se separó rápidamente y me miró con ojos enormes. —¿Presentarte a mis padres? Pero ellos viven en Osaka.

—Ya sé, pero quizás alguna vez si vinieran a Tokio podríamos reunirnos con ellos.

Lo meditó unos breves segundos. —Sí, ¿por qué no? —y regresó a mi cuello.

Como no oponía resistencia con mis ocurrencias, me atreví a ir más lejos. —Y más adelante podríamos mudarnos juntos.

—Sí, eso sería conveniente —dijo con voz ronca y profundizó los besos.

Yo reí por las cosquillas que me provocaba y fui un poquito más allá. —Y después de unos años tener hijos…

Se detuvo en seco y yo temí haber ido demasiado lejos con mis delirios. Demoraba en reaccionar y yo maldecía por dentro creyendo que lo habría espantado. Pero cuando se alejó de mi cuello para mirarme vi que su expresión no era de terror ni nada parecido. Sino que sonreía de una forma muy peculiar, como entusiasmado, ilusionado y yo no lo podía creer. —¿Hijos? —dijo agrandando su sonrisa— Eso sí que no me lo esperaba.

—Lo siento, me dejé llevar y…

—Si tuviéramos una niña, ¿sería tan bonita como tú?

No sé si lo decía para seguirme la corriente, si hablaba en tono de broma o si en verdad le atraía la idea. Pero a mí me enternecía profundamente fantasear con estas cosas y hacer de cuenta de que era cierto, que estábamos proyectando hacer todas estas cosas juntos.

—No lo creo —respondí riendo—. Yo no era muy bonita de niña y usaba braquets, ¿recuerdas?

—Es cierto —él también rió—, me enseñaste una foto. Entonces tendremos una hermosa niña con braquets —dijo seductor y volvió a besarme en el cuello haciéndome más cosquillas. Y a medida que las risas fueron disminuyendo, sus besos comenzaron a ser más suaves y lentos y muy despacio nos fuimos moviendo hasta que él acomodó su cuerpo sobre mí.

Tomó mis manos, las apoyó a cada lado de mi cabeza contra la almohada y me miró a los ojos. Por unos brevísimos segundos noté que su reciente alegría se desvanecía. Que ahora aparecía una rara expresión en su rostro, como si de repente se pusiera… ¿triste? Fue muy extraño y no me dio tiempo a reaccionar porque enseguida sonrió de nuevo con la misma dulzura de siempre y quiso volver a besarme.

—Darien… —lo llamé antes de que lo hiciera. Moría de ganas por decirle lo que sentía, porque a esta altura estaba convencida de que se había convertido en alguien muy importante y especial en mi vida, de que lo necesitaba conmigo, de que deseaba que estuviéramos juntos a como diera lugar, de que lo quería a mi lado, de que lo amaba con locura… Y aunque me había propuesto hacía rato ser cuidadosa con mis demostraciones de afecto y no sofocarlo, no quería continuar ocultándole más mis sentimientos. Así que ya no pude resistirme más y se lo dije— Te amo… —susurré en un suspiro. Hacía mucho que no se lo decía y fue un inmenso alivio poder hacerlo.

Apenas me oyó Darien sólo sonrió. Pero yo necesitaba alguna devolución de su parte, alguna señal de que mis sentimientos eran correspondidos, de que a él le pasaba lo mismo. Pero no decía nada y yo me impacientaba cada vez más. —Y ésta es la parte en que deberías decir "yo también" —le supliqué con la mayor discreción que me fue posible.

Obviamente él no dijo ni una sola palabra más y me besó en la boca. Yo no tenía ni la más mínima intención de resistirme. Sino que volví a rodear su cuello con mis brazos y le correspondí con igual intensidad. Eran los besos más dulces y llenos de pasión que jamás me había dado antes. Ya nada más importaba, sólo nosotros dos, sólo el profundo deseo de estar junto a él para siempre, sólo la inmensa necesidad de detener el tiempo en este preciso instante y no sentir nada más… Sólo él… Sólo nosotros… Confiando en que ya nada malo podría pasar…


Ayyyy esta Serena me está saliendo tan intensa que me agota escribir… Ni hablar de que sea en primera persona, ja! Bueno, qué les pareció el cap? Cuenten, cuenten!

Sé que tras tan larga ausencia he perdido a muchxs lectorxs, incluso algunxs dejaron de seguirme después de mi última actualización. Así que lamento en el alma haberlxs decepcionado. Y agradezco de todo corazón a las valientes que aún se atreven a esperarme y leerme… Sin uds. se me habría hecho muy difícil retomar el fic y darle continuidad. Así que GRACIAS TOTALES por su incondicional apoyo! :')

A continuación respondo algunos reviews:

-yssareyes48: por ahora la solución de Darien está funcionando, hay que ver cuánto dura… y aparentemente la aparición de la ex no ha traído ningún tipo de problemas.

-Brujitadcc: sobre Serena y su amistad con Zafiro no hemos vuelto a saber nada más, probablemente aparezca en el siguiente cap. y por su parte a Darien le sigue costando sincerarse con ella. veremos cómo continúa todo…

Bueno gente linda, espero que hayan disfrutado del cap de hoy y me cuenten cómo les fue, así que estaré a la espera de sus reviews!

Besotototes per tutti y hasta la próxima!

Bell.-