Hola hola! Estimadxs lectorxs del mio cuore! Tanto tiempo sin leernos!

Han pasado más de 8 meses desde mi última actualización y por fin estoy de regreso. Les juro que no lo puedo creer! No doy más de la felicidad!

Hoy les traigo un nuevo capítulo de mi amada locurita. Pero como sigo bastante oxidada tras tanto tiempo sin escribir, es probable que no haya quedado muy prolijo y legible que digamos. De hecho si les soy sincera yo no quedé conforme con el resultado, pero no me aguanté y lo publiqué como me salió. Por lo cual les pido sepan disculpar si descubren algún error o incoherencia o hay alguna parte que no entiendan o crean confusa y avísenme así hago las correcciones necesarias.

En fin, aquí estoy de vuelta. Con muchas ganas de darle continuidad a este proyecto y deseando que el entusiasmo y la inspiración me duren lo suficiente como para poder terminarlo algún día. Roguemos que así sea!

Bueno, sin más para agregar por ahora, lxs dejo leer el VEINTE en paz. Espero que lo disfruten!

Todos los personajes pertenecen a su autora Naoko Takeuchi, yo sólo los tomé prestados.

Abajito respondo algunos reviews y me despido, que tengan una linda lectura :)

Bell.-


:: Capítulo Veinte ::

Estaba frente al espejo del baño tarareando una pegadiza canción que sonaba en la radio y retocando mi maquillaje por enésima vez. El color de la sombra de mis ojos no terminaba de convencerme y la cambié y combiné con distintos tonos tantas veces que cada vez me gustaba menos. Cuando me harté y me mareé de ver tantos colores, me lavé la cara de nuevo, le di un sorbo a la tercera copa de vino que tenía sobre el mármol y me quedé un buen rato observando mi reflejo.

Esa noche -viernes a la noche- estaba bastante malhumorada. Porque estaba esperando a Darien hacía rato y era la primera vez desde que lo conocía que estaba llegando tan tarde. No era su demora en sí lo que me molestaba, sino que hacía mucho que no lo veía -más precisamente desde la boda de Seiya- y este día en particular era muy importante para mí, moría de ganas de volver a verlo, porque era mi cumpleaños y quería celebrar con él.

Más temprano, cuando salí de trabajar, me había reunido con las chicas a merendar y ellas me regalaron el vestido que ahora mismo estaba estrenando. Y al día siguiente vería a mis padres para almorzar con ellos. Por lo tanto esta noche era la ocasión especial para celebrar exclusivamente junto a mi adorado novio. Pero se estaba retrasando mucho y por lo tanto mi impaciencia se incrementaba de manera descomunal a medida que los minutos transcurrían.

Mientras me miraba fijamente en el espejo con la intención de concentrarme otra vez en el bendito maquillaje, que a esta altura era un asunto que se había convertido en un fastidio insoportable, oí el sonido de mi celular a lo lejos. Fui corriendo hasta la sala para buscarlo y cuando lo alcé de la mesita vi que se trataba de un mensaje de Darien avisándome que ya estaba por llegar. Todo mi mal humor desapareció al instante y regresé entusiasmada al baño más decidida que nunca a volver a maquillarme con los tonos que había elegido inicialmente.

Una vez que terminé y quedé conforme con el resultado, bebí el último sorbo de vino, me puse un poco de perfume en el cuello y el escote y le arrojé un beso en el aire a mi reflejo. Estaba simplemente feliz, me sentía como una adolescente enamorada que estaba a punto de tener su primera cita. Estaba ansiosa, entusiasmada, emocionada hasta los huesos. Todo tenía que ser perfecto hasta en el más mínimo detalle.

Por fortuna desde que recibí el mensaje dejé de estar pendiente del paso del tiempo. Estaba tan compenetrada en examinar mi ropa, mi cabello y mi maquillaje como una compulsiva obsesiva que cuando escuché que golpeaban a la puerta casi pego un salto del susto que me di. —¡Ya voy! —grité desde el baño -como si alguien pudiera escucharme-, repasé rápidamente cada detalle por última vez y regresé a la sala.

Me detuve delante de la puerta e inspiré hondo rogando por dentro que pudiera disimular lo histérica y mareada -culpa del vino- que me sentía. Pero apenas abrí y lo vi no hubo autocontrol capaz de hacerme resistir ante tan hermosa imagen: mi amado Darien estaba frente a mí con su sonrisa de ensueño y una barra de chocolate en la mano. —Feliz cum…

Como la buena arrebatada que soy ni lo dejé completar la frase, porque inmediatamente me abalancé sobre él y me colgué de su cuello para comérmelo a besos. —Mi amor… por fin llegas… —dije sin poder despegarme de su boca.

Darien al principio rió un poco pero enseguida sucumbió ante mi enardecida insistencia, me abrazó por la cintura y sin dejar de besarnos empezamos a caminar hacia la sala. —Puerta… —murmuré entre besos y él estiró su brazo para cerrarla de un empujón. Seguimos caminando— Sillón… —dije al comenzar a guiarlo hacia el sofá.

Cuando llegamos lo obligué a sentarse y enseguida me senté a horcajadas sobre él. No podía ni quería dejar de besarlo. Lo había extrañado tanto, había sido la semana más larga y triste de toda mi vida. —Llegaste… tarde… —le reproché tras morderle el labio inferior.

Darien se quejó con un ronco gemido que más que de dolor fue de placer. —Lo siento… —se disculpó y retomó los apasionados besos apoyándose contra el respaldo del sillón y pegándome más a él con sus brazos.

Permanecimos inmersos en los increíbles e interminables besos hasta que lentamente él comenzó a disminuir su intensidad. Y ahora me besaba con mucha calma, sin prisa y yo no quería que se detuviera. Necesitaba sentirlo así, tan cerca mío, tan demostrativo como muy pocas veces lo era y disfrutar de las suaves caricias y el tibio sabor de su boca.

Me besó un largo rato hasta que finalmente se separó un poco, pero yo aún tenía los ojos cerrados, de igual modo siguió regalándome cortos y dulces besos por unos instantes más. —Serena… —me llamó.

Yo demoré en reaccionar, recién cuando Darien dejó de besarme me atreví a abrir los ojos al fin. Y cuando me encontré con los suyos fue tan maravilloso… Me miraba con tanta calidez, con mucha ternura, con calma y con… ¿amor?

Comenzó a acariciar mi cabello con dulzura y no me sacaba los ojos de encima. Repasaba con la mirada todas las facciones de mi rostro, estaba muy serio, tenía una expresión muy particular y tuve la impresión de que había algo que quería decirme. Inmediatamente percibí cómo los latidos de mi corazón se disparaban al creer que estaría a punto de confesarme sus sentimientos, de decirme por fin lo que sentía por mí. Y me esforzaba por mantener la calma, por no desesperarme y aguardar hasta que lo hiciera cuando se sintiera listo.

Pero seguía mudo. Sólo me acariciaba con suavidad y me miraba fijo. Hasta que no pude soportarlo más y apoyé mi mano sobre la suya para llamar su atención. Él parpadeó un par de veces como si acabara de despertar y yo sonreí intentando transmitirle tranquilidad. —Dímelo… —susurré y él también sonrió— Quiero escucharte, por favor, dímelo…

Darien suspiró entrecortadamente y abrió la boca para hablar. Pero en una milésima fracción de segundo algo lo hizo titubear y suspiró otra vez. —Feliz cumpleaños… —fue todo lo que dijo.

Por supuesto eso no era lo que esperaba oír, pero no me quedó más remedio que aceptarlo sin chistar. —Gracias… —dije resignada apoyando mi frente contra la de él.

No sé si se percató de algo o no, pero siguió actuando con total normalidad. Volvió a sonreír y tomó la barra de chocolate que había quedado a un lado sobre el sillón. —Pude protegerlo —dijo riendo y me lo entregó.

También eché a reír al darme cuenta de que se trataba del mismo chocolate de los que me compró en más de una ocasión. —Nuestro chocolate, gracias —dije enternecida al recibirlo—. Es mi favorito, el más delicioso de todos.

Darien abrazó de nuevo mi cintura para volver atraerme hacia él. —No tan delicioso como tú… —y me besó— Mi hermosa y apasionada novia.

—Y tú eres mi novio precioso y ausente… Ha pasado demasiado tiempo sin vernos, te extrañé tanto…

—Lo siento, yo también te extrañé mucho —dijo al suavizar los besos.

Ahora yo acariciaba su cabello. —¿Cómo estás? ¿Cómo ha sido tu semana?

Se encogió de hombros. —No me quejo.

—¿Qué te tiene tan ocupado últimamente?

—Lo de siempre, el trabajo —y enseguida cambió de tema—. ¿Y tú cómo estás? ¿Qué hiciste hoy?

Decidí hablar de cualquier cosa y no insistir en vano en que me contara algo más. —Bueno, a la mañana bien temprano me llamaron mis padres, ellos siempre son los primeros en saludarme. Y después fui a trabajar, ¿y sabes quién pasó y me saludó?

—¿Quién?

—Luna.

—¿En serio?

—Sí, me felicitó por mi cumpleaños y me regaló una caja de bombones.

—Qué lindo gesto, es tan dulce esa mujer.

—Sí, me alegró mucho volver a verla. Luego mi jefe me regaló una tarjeta muy sobria y formal, por supuesto, y además me dejó salir más temprano para poder reunirme con las chicas.

—Es un jefe muy flexible.

—Absolutamente. Entonces fui a lo de Lita y merendé con ellas. Me obsequiaron este vestido, ¿te gusta?

—Es un hermoso vestido, te ves preciosa —me aduló y volvió a besarme.

Yo sonreí coqueta y continué. —Y cuando regresé a casa recibí un enorme ramo de flores de parte de Diamante —y le señalé las flores que estaban sobre la mesa.

—En serio es enorme —dijo impresionado al verlas.

—Luego recibí algunos llamados más y comencé a prepararme para esta noche.

—¿Y qué harás esta noche?

—Voy a salir con un príncipe —respondí mientras abrazaba su cuello.

Él rió. —¿Un príncipe?

—Sí, el príncipe más bello y sexy del mundo entero —y le di un largo y meloso beso.

Darien seguía riendo pero también me besaba. —Hoy estás más besucona que nunca.

—Y tú más besable que nunca… —no podía detenerme.

—Bueno, ¿me dejas… —intentó separarse pero yo no lo dejaba— Serena, quiero… Déjame darte tu regalo.

Lo miré sorprendida. —¿Regalo? ¿Qué regalo? Ya me has dado mi regalo, me compraste un montón de cosas para la boda de Seiya, y mira, ahora estoy usando los pendientes.

—Sí, pero tu cumpleaños es hoy y tengo que darte un regalo.

—Pero Darien…

—Toma —dijo al entregarme una pequeña cajita que sacó con algo de dificultad del bolsillo de su pantalón.

—Oh, por dios… —me quedé helada al verla, imaginándome como la buena fantasiosa que era que se trataría de un anillo o algo por el estilo -siempre tan realista-.

—Vamos, ábrela —insistió. Yo obedecí y cuando vi que en realidad se trataba de un dije y una cadenita de plata no voy a negar que un poco me desilusioné—. Hace juego con tus pendientes.

Igualmente me pareció un gesto muy tierno de su parte y me sentí muy agradecida. —Darien, es hermoso…

Tomó la cadenita y la desprendió. —Permíteme —me levanté el pelo, rodeó mi cuello con la cadenita y la volvió a prender— Listo, ahora sí te ves… perfecta —dijo satisfecho.

—Me encanta, Darien, muchas gracias. Pero me consientes demasiado, no es necesario que te pongas en gastos con obsequios tan costosos y…

—Sí es necesario, tú te lo mereces. Y además a mí me encanta consentirte.

—Gracias… —reconocía que sus intenciones eran muy lindas al hacerme estos regalos y de verdad me sentía sumamente agradecida por todo lo que me daba. Pero también era consciente de que con tenerlo cerca, con verlo sonreír como lo hacía ahora era más que suficiente para mí.

—Gracias a ti… —dijo en voz baja y su sonrisa se fue desvaneciendo..

—¿A mí? ¿Por qué?

Me miraba fijamente a los ojos y volvía a acariciarme con dulzura. Pero lo notaba raro de nuevo, como si quisiera decirme algo y no se animara, como si estuviera triste… —Por ser como eres —dijo con un tono de voz cada vez más apagado—, por hacerme reír, por estar conmigo, por hacerme sentir tan…

Se calló de repente y su rostro se tensionó. Lo notaba nervioso, preocupado, hasta un tanto asustado, como si algo lo interrumpiera. —¿Qué? ¿Tan qué? —pregunté impaciente—. Por favor, habla, Darien, dime lo que sientes —le supliqué haciendo un esfuerzo descomunal por mantener la calma y no desesperarme con sus interminables pausas.

—Es que a veces siento que hay cosas que me superan y que no puedo con todo y pierdo el control y temo que todo se arruine pero… Cuando estoy contigo, como ahora, me siento… feliz…

—Darien…

—Me siento tan feliz que quisiera que este momento no se acabara nunca. Jamás me he sentido así antes y no quiero perder esta sensación —me abrazó con fuerza y refugió su rostro en mi cuello—. No quiero sentir nada más…

—Es muy lindo lo que me dices, yo también soy muy feliz contigo.

No podía creer lo que acababa de pasar: por fin Darien se atrevía a abrirse y decirme algo de lo que sentía con franqueza, como hacía tanto deseaba y necesitaba que lo hiciera. Y me sentía muy feliz, profundamente feliz, pero al mismo tiempo intranquila. No puedo explicar por qué, pero de alguna forma presentía que había algo más, que no estaba siendo sincero por completo, que algo no estaba bien, que no se sentía del todo seguro.

Acariciaba su cabello y no dejaba de abrazarlo tratando de transmitirle tranquilidad, también intentando calmarme a mí misma. Esforzándome por no dejar que mi mente y mis miedos me hicieran dudar, porque quería confiar en que todo lo que decía era cierto, en que podíamos ser felices juntos, en que había algo muy fuerte entre nosotros. Algo que hacía tiempo yo había reconocido como amor y creía que él también lo sentía aunque no me lo dijera.

Permanecimos así, en silencio y abrazados, por unos instantes más hasta que percibí que soltó un largo y pesado suspiro, para luego susurrar algo que no llegué a escuchar con claridad pero me pareció que dijo "no quiero perderte".

Esperé unos segundos por si volvía a hablar, pero no lo hizo. —¿Qué dijiste? —le pregunté temiendo que habría escuchado mal.

Darien demoró en responder. Luego se separó un poco para volver a mirarme y sonrió. —Que se está haciendo tarde, tenemos que irnos.

Entendí que había decidido no hablar más por el momento, pero pensé que lo correcto sería decir algo para tratar de animarlo, para demostrarle que lo comprendía. —Quiero que sepas que puedes contar conmigo, que voy a acompañarte y apoyarte en todo lo que necesites. Así que si tienes algún problema o lo que sea puedes decírmelo, puedes confiar en mí.

—Ya lo sé, gracias —tal y como lo supuse, no quiso decirme nada más—. ¿Vamos?

—Está bien. Me pintaré los labios de nuevo y luego nos vamos —no me dejó levantarme, sino que volvió a besarme por un buen rato y por supuesto yo ni me resistí. Y cuando nos separamos, limpié los restos de rush de sus labios y sonreí coqueta—. Enseguida regreso.

Una vez que terminé de alistarme, busqué mi bolso y un abrigo liviano y salimos de mi departamento. —¿No vas a decirme adónde vamos? —le pregunté mientras bajábamos las escaleras tomados de la mano.

—No, te dije que es una sorpresa.

—Pero Darien…

—Si te lo digo la sorpresa se arruinará.

—Bueno, por lo menos dime si habrá comida porque estoy muriendo de hambre.

—Sí habrá comida.

Llegamos hasta su auto y antes de subirme me acerqué a él y lo miré insinuante. —¿Y después de cenar regresaremos a degustar el postre aquí?

—Claro que sí… —me respondió seductor.

—Claro que sí… —repetí y lo besé.

Después de unos cuantos arrumacos más, finalmente subimos al auto y partimos. —¿Entonces vamos a un restaurante? —pregunté mientras andábamos.

—No precisamente.

—¡Por dios, Darien, dime adónde vamos! ¿Por qué tanto suspenso?

—Sólo te diré que el dueño del lugar es un viejo amigo mío de la universidad que volví a ver hace poco.

Automáticamente me alarmé al escucharlo. —¿De la universidad? ¿Tiene algo que ver con tu ex? ¿Se conocen?

—No, no tiene nada que ver. Éramos miembros del mismo club, él dejó de estudiar antes que yo. En fin, el asunto es que hace unos días lo encontré de casualidad en la calle y hablamos mucho y me contó de su negocio. Así que fui a conocerlo y apenas lo vi decidí que sería el lugar ideal para celebrar tu cumpleaños. Hice las reservaciones inmediatamente.

—Oh, Darien, eres tan lindo… —y otra vez opté por no darle lugar a mis inseguridades. Lo único que debía importarme era poder pasar un lindo momento y festejar con mi adorado novio en paz— ¿Entonces me llevarás a cenar a ese misterioso lugar?

—Sí, algo así.

—Estoy muerta de hambre, no comí nada desde la tarde y encima bebí bastante vino mientras te esperaba, ¿por qué tardaste tanto?

—Porque el tráfico estaba imposible, tardé muchísimo en regresar del aeropuerto.

—¿Del aeropuerto? ¿Para qué fuiste al aeropuerto?

—Llevé a mis padres, regresaron a Osaka esta tarde.

Darien mencionó el tema con total naturalidad. Y por más que hasta ahora venía sosteniendo una actitud paciente y centrada, con lo que acababa de escuchar se me fue toda la calma al diablo. —¿Tus padres estuvieron aquí? —pregunté indignada.

—Sí, llegaron el miércoles en la noche —él seguía hablando de lo más tranquilo—. Vinieron porque tenían que reunirse con un abogado que…

—¿Tus padres estuvieron aquí tres días?

—En realidad sólo fueron dos días y estuvieron muy ocupados, casi ni tuve tiempo de estar con ellos.

Inspiré hondo para contener mis ganas de estallar de rabia. —¿Tus padres estuvieron aquí tres días y no me dijiste nada? —volví a preguntar y otra vez no respondió. Por la cara que puso me imaginé que se había dado cuenta de lo que pasaba, de por qué me estaba poniendo tan furiosa de repente— ¿Pero por qué no me lo dijiste? —insistí— Pudiste habérmelos presentado. Aunque sea, no sé, tomar un café y conocerlos.

—Fue un viaje relámpago y en verdad estuvieron muy ocupados —ahora hablaba como un niño chiquito que estaba siendo regañado y yo me ponía cada vez peor—, no habríamos tenido oportunidad de organizar una reunión y…

—Espera, ¿dijiste que vieron a un abogado? —yo me esforzaba por entender, por reflexionar con algo de objetividad sobre lo que me decía— ¿Hay algún problema?

—No, no, no hay ningún problema.

—¿Pasa algo serio con ellos? —ahora me sentía algo asustada, hasta culpable por enojarme cuando en realidad podía haber algún problema serio con ellos o algo parecido— ¿Por eso hablas por teléfono en horarios tan inusuales? ¿Le pasa algo a tu papá?

—No pasa nada, sólo vinieron porque tenían que hacer una consulta por un cliente, nada importante.

—¿Hay algo de lo que deba preocuparme? ¿Algo que no me estés diciendo?

—¿Qué? No, Serena, en verdad no pasa nada malo, todo está bien.

Ante sus repetidas negativas volví a exasperarme. —¿Entonces por qué no me dijiste que vendrían? ¿No quieres que los conozca? ¿No quedamos en que si visitaban la ciudad alguna vez me presentarías con ellos? ¿Acaso te avergüenzas de mí? ¿No quieres que se enteren de lo nuestro? ¿No quieres que se sepa que tienes una "relación"?

—No, Serena, nada de eso, no lo malinterpretes.

—¿O es que en realidad pasa algo más? ¿Qué me estás ocultando? ¿Acaso me estás mintiendo? ¿Por qué me mientes, Darien? ¿Eres tú quien tiene algún problema? ¿Qué ocurre? ¿Me estás escondiendo algo? ¿Me estás…

—Claro que no, ¿por qué habría de mentirte? Todo está bien, en serio. No te lo tomes así, por favor. Lo siento, no fue mi intención…

—Está bien, Darien, no es necesario que me des explicaciones.

—Serena, en verdad lo siento, yo…

—No quiero hablar más del asunto.

—Está bien, no te enojes.

.

.

.

Durante el resto del trayecto, que no tengo idea de cuánto tiempo duró pero se me hizo eterno, ninguno de los dos volvió a hablar. Yo trataba de distraerme mirando hacia afuera y tarareando las canciones de la radio para olvidarme del asunto de sus padres, de que me lo ocultó, de que evitó explicarme lo que pasaba, de que de nuevo se comportaba como un impermeable témpano de hielo al tomar esa actitud evasiva y negadora.

Y también volvía a caer en la cuenta de que la estrategia que veníamos implementando hacía tiempo de no hablar de nuestros problemas me parecía una porquería. Que lo único que estábamos logrando era estar cada vez más alejados el uno del otro. Que ya no soportaba que nos relacionáramos de esta forma. Que por más que me esforzara en ser optimista y apostar a lo nuestro con buena voluntad en realidad no me estaba sintiendo del todo bien, sino todo lo contrario, cada vez estaba más triste y desilusionada. Sí, me costaba admitirlo, pero finalmente estaba aceptando que eso era lo que en realidad me pasaba: me sentía muy triste, mis ilusiones se estaban desvaneciendo poco a poco y temía que las cosas no pudieran continuar funcionando como deseaba…

Pero esta noche no quería angustiarme ni enojarme más ni mucho menos armar un escándalo. Y cuando me di cuenta de que habíamos llegado al lugar del que Darien me habló, ya que pasamos por un ingreso que comunicaba a una enorme casona delicadamente iluminada, volví a dirigir mi atención afuera. Dicho predio contaba a un costado con un enorme playón al aire libre donde varios autos ya estaban estacionados. Y hacia allá nos dirigimos.

Yo observaba curiosa por la ventanilla, se notaba que era un lugar nuevo y de mucha categoría. —¿Es aquí? —pregunté cuando el auto se detuvo. Él no respondía —¿Qué pasa, Darien? ¿Por qué no bajamos?

Volteé a verlo y noté que tenía la mirada baja. —Lo siento, Serena. En verdad lamento no haberte dicho antes lo de mis padres, por favor, discúlpame.

Volví a inspirar hondo para evitar reaccionar mal, pero me conocía lo suficiente a mí misma como para afirmar que no aguantaría mucho tiempo más así. —No hace falta que te disculpes, ya te lo dije. Además estoy cansada de tus disculpas, porque lo mismo sigues empecinado en ocultarme cosas, así que no tiene sentido que lo hagas.

Finalmente me miró. —¿Por qué te enojas? ¿Por qué reaccionas así?

Eché a reír nerviosa. —¿En serio me lo preguntas? ¿De verdad te sorprende que esté molesta contigo?

—No hice nada malo, no tuve intenciones de ocultártelo. Es sólo que no tuve oportunidad…

Y otra vez perdía la paciencia. —Claro, tú nunca haces nada mal, yo soy la única idiota que sufre gratuitamente, que vive en estado de alerta, que se equivoca al esperar cosas de ti que jamás sucederán, al desear que de una buena vez seas franco y hables conmigo, que dejes de ocultarme lo que te pasa, que dejes de fingir que todo es perfecto, que…

—Serena, por favor, no tengamos una discusión ahora. No es un buen momento para hablar de esto.

—Nunca es un buen momento para hablar. Porque según tú nunca tenemos que hablar de nada. Y ya estoy harta de tu hermetismo, cada vez te siento más distante y ya no lo soporto, ya no puedo…

—Está bien, está bien. No te alteres más. ¿Quieres que hable? Entonces hablaré.

Me crucé de brazos y lo miré expectante. —Te escucho.

Él demoró en volver a hablar. —Bien. Ante todo lo que más necesito es pedirte perdón.

—¿Otra vez?

—Sí, Serena, te pido perdón por todo. Por no ser ni comportarme como tú deseas, por callarme cosas, por mi necesidad de intimidad, de privacidad, mi alejamiento emocional. Tengo algunos problemas, ¿de acuerdo?

—¿Qué problemas?

—Problemas de… de trabajo.

—¿De trabajo? ¿Qué pasa con tu trabajo?

—Lo de siempre, que estoy muy ocupado, que tengo muchas cosas que hacer, que… —hacía cortas pausas entre frase y frase, y nada de lo que decía me convencía del todo, no eran más que absurdas y repetitivas excusas—. No importa lo que pasa, no viene al caso y tampoco justifica mi comportamiento. Admito que no me he portado bien contigo y la verdad es que lo siento mucho. Yo…

Otra vez se quedaba mudo y yo me desesperaba cada vez más. —¿Qué? ¿Tú qué?

—Yo te… —¡por dios! ¿por qué daba tantas vueltas? ¡qué exasperante!— Te aprecio y valoro mucho esto que tenemos. Y quiero asegurarme de no echarlo a perder, de no dejar que asuntos que nada tienen que ver con nosotros, como mi trabajo, interfieran de forma alguna. Eso es todo.

Esperé un momento por si diría algo más, pero no lo hizo. —¿Eso es todo? ¿En serio?

Y ahora el exasperado era él. —Por dios, ¿qué más quieres? ¿Cuánto más vas a insistir? ¿Por qué haces esto?

—¿Hacer qué?

—Esto, reclamarme, reprocharme, presionarme para que hable, enojarte conmigo, exigirme cosas todo el tiempo.

—No es cierto. Hace rato que no hago nada de eso, todo lo contrario, vengo teniéndote una paciencia de oro, aguantándome con un esfuerzo tremendo para no preguntarte nada, para no enojarme contigo y comprenderte. Aunque no tenga ni la más pálida idea de qué rayos te sucede, qué es lo que haces cuando no te veo por días, por semanas enteras, qué es lo que pasa por tu mente cuando te quedas callado.

—¿Entonces sospechas de mí? ¿Estás enojada porque crees que estoy haciendo algo raro a tus espaldas?

—¿Algo como qué?

—No tengo ni idea, Serena, tú dímelo.

—No sé de qué hablas.

—¿Crees que tengo una aventura? —jamás se me habría cruzado por la cabeza semejante disparate hasta ahora que lo mencionaba— ¿Es eso? ¿Es lo que crees? ¿Por eso actúas así? ¿Crees que te soy infiel?

Y sin poder evitarlo comencé a dudar. —No lo sé.

—Entonces pregúntamelo.

—¿Por qué? ¿Acaso me lo dirías?

—Sí, lo haría. Claro que te lo diría. Y no, no tengo una aventura, ¿de acuerdo? ¿Qué puedo hacer para que me creas? ¿Cómo puedo probártelo? ¿Jurándotelo? Está bien, te lo juro por dios: no tengo una aventura, no te estoy engañando, no te soy infiel —enfatizó.

—Ya te oí, Darien, no tienes una aventura, felicidades —dije con sarcasmo y empecé a sentirme tan mal que no soportaba tenerlo cerca. Así que me bajé del auto y comencé a caminar con dirección a la calle.

Darien me siguió. —Espera, Serena ¿Qué tengo que hacer? No quiero que peleemos, que nos alejemos. Yo intento hablar contigo y tú…

Me detuve cuando llegó a mi lado y lo miré furiosa. —¡De acuerdo, pues habla, Darien! —mi tono de voz era cada vez más alto. Estaba muy alterada, pero prefería gritar antes que ponerme a llorar— ¡Dime algo que no sean idioteces! ¿Quieres saber lo que tienes que hacer? Tienes que decirme lo que te pasa de verdad. Ahora mismo, esta noche. Sin más excusas. Sin más disculpas. Sin más regalos ni salidas desesperadas —él no respondía— ¿No quieres alejarte de mí, Darien? ¿No quieres pelear? Muy bien, entonces dímelo ahora —y seguía callado—. ¡Maldición, dime algo!

—¿Decirte qué? —dijo el muy descarado. No podía creer que siguiera reforzando su hermética actitud. Así que rodé los ojos indignada y otra vez me alejé de él— ¿Qué quieres que te diga? —continuó suplicante y volvió a seguirme— Yo no lo sé —cuando me alcanzó me tomó del brazo para detenerme—. Espera, no hemos terminado, Serena .

Yo me solté más furiosa. —Sí hemos terminado —dije determinada—. Y yo me largo de aquí.

Pero cuando llegué a la calle y estaba a punto de llamar un taxi que pasaba, me detuve al oír la voz de alguien a lo lejos. —¿Darien?

Ambos volteamos y vimos a un chico acercándose a nosotros. —Andrew —lo nombró Darien al reconocerlo. Quizás era el dueño del lugar a quien él conocía.

—¿Todo está bien? Los vi llegar y pensé que estarían por entrar.

—Sí, sí, todo está bien. Sólo estábamos… Eh… Bueno…

—¿Tú eres Serena? —me preguntó el chico. Yo asentí seria y me sentí bastante incómoda al imaginarme que nos pudo haber visto discutir— Bienvenida, gusto en conocerte. Yo soy Andrew, el dueño de este lugar y un viejo amigo de Darien de la universidad —me explicó—. Hace poco volvimos a encontrarnos después de años y me habló mucho de ti, de que se acercaba tu cumpleaños e hizo reservaciones para celebrarlo aquí. Estábamos esperándolos, ya todo está listo, ¿quieren ir pasando? —y nos miró alternadamente a los dos con una gentil sonrisa.

Darien se mostraba bastante nervioso, no sé si por nuestra pelea o por algún otro motivo. O tal vez porque yo acababa de decirle que me iba y no sabía cómo explicárselo a su amigo. —Bueno… en realidad… nosotros no…

—Gracias, Andrew —respondí yo antes de que volviera a sacarme de quicio con sus balbuceos—. Sí, queremos pasar —aunque seguía muy molesta, aunque en el fondo no quería estar ahí, aunque no soportara el nivel de tensión en que habían quedado las cosas entre Darien y yo, era demasiado orgullosa como para admitirlo delante de este simpático muchacho y flaquear a estas alturas. Y sobre todo porque era mi cumpleaños y no quería que mi día se arruinara -no más-.

Andrew agrandó su sonrisa. —Perfecto, adelante —y nos invitó a pasar. Entonces entramos los tres. Yo junto a Andrew y Darien detrás nuestro algo alejado.

Mientras atravesábamos el primer salón Andrew no dejaba de hablar y yo con lo alterada que estaba casi que ni podía prestar atención a lo que me decía. Creo que mencionó algo sobre que el lugar, que hacía muy poco había inaugurado, estaba inspirado en un estilo hindú y funcionaba como un resto-bar de coctelería y discoteca con Dj.

Y cuando logré comenzar a concentrarme un poco en la decoración, con la intención de distraerme y tratar de pasar el mal trago de la reciente discusión con mi querido novio, Andrew se detuvo de repente frente a una enorme puerta metálica doble que en apariencia comunicaba con otro sector. Nos miró a ambos con una pícara expresión y apenas abrió la puerta de par en par divisé que en el salón del otro lado estaban reunidos todos mis amigos, quienes al verme gritaron al unísono "¡Sorpresa!" y de inmediato dispararon cientos de confetis de colores al aire seguidos de un estruendoso "¡Feliz cumpleaños, Serena!".

Me quedé helada al verlos, recién empecé a reaccionar cuando las chicas, Mina, Lita, Rei y Ami, se me abalanzaron para abrazarme y besuquearme efusivas. Y mientras me iba relajando comencé a reírme y a agradecerles por tan lindo gesto. Cuando me soltaron pude divisar que además de las chicas y sus parejas entre el gentío había muchas personas que hacía tiempo no veía: compañeros de la preparatoria, de la universidad, de mi trabajo anterior, mucha gente muy querida y que me emocionaba tanto volver a ver.

Después de saludarlos a todos uno por uno y de que me entregaran cientos de obsequios que Lita y Ami iban recibiendo en mi lugar, me di cuenta de que había perdido de vista a Darien. Así que lo busqué entre la multitud y lo reconocí a un lado del salón en una mesa alta algo apartada acompañado de Andrew. Me acerqué a ellos y apenas me vio Andrew sonrió de oreja a oreja. —Felicidades, Serena, ¿qué te pareció la sorpresa? Por la cara que pusiste me imagino que no la viste venir, ¿verdad?

—Estoy impresionada, es cierto, y muy emocionada, gracias.

Andrew reía contento y más tranquilo, creo que él también había estado algo nervioso cuando nos encontró afuera y casi nos largamos dejándolo plantado con la fiesta. —No es a mí a quien debes agradecer, sino a Darien, él se ocupó de organizar todo —y le dio una fuerte palmada en el hombro, quizás con la intención de que también se relajara un poco.

—¿En serio?

Darien no me miraba, sino que dirigía su atención al resto del salón donde se reunían los invitados que seguían llegando. —Sólo elegí el lugar y les pedí a las chicas que me ayudaran a ubicar a todos los invitados.

—¿Tú organizaste todo esto? ¿Planeaste una fiesta sorpresa de cumpleaños? ¿Para mí?

Finalmente me miró. —Pues… sí…

—Oh, Darien… Gracias… —yo no sabía si sentirme feliz o culpable, todo había pasado tan rápido que no tenía idea de cómo reaccionar.

—De nada, espero que la disfrutes —dijo esbozando una sonrisa. Y por esa fracción de segundos tuve la sensación de que todo había vuelto a la normalidad, que la pelea de hacía minutos jamás había sucedido, que todo estaba bien entre nosotros, que nada malo podría pasar. Pero también me preguntaba si en verdad sería así, si lograríamos de una vez por todas encontrar la manera más sana de relacionarnos, de comunicarnos, de poder estar juntos como realmente lo necesitábamos. O al menos como yo deseaba que fuera. Porque de parte suya ya no tenía para nada claro qué estaba pasando.

—Claro que sí —la voz de Andrew interrumpió mis pensamientos—, hace una noche estupenda, hay que brindar y celebrar —y nos entregó unos cocteles que acababan de traer—. ¡Feliz cumpleaños, Serena!

Después de que chocáramos nuestras copas yo bebí la mía casi de un solo sorbo. Y cuando estaba a punto de pedir otra, aparecieron Mina y Rei. —Amiga, ¿puedes venir un momento? Llegaron más invitados.

—Claro —asentí contenta, el trago se me había subido a la cabeza muy rápido—. Con permiso —me disculpé con los chicos y me fui con mis amigas.

—¿Quiénes son esos bombones, Serena? —me preguntó Rei mientras se colgaba de mi brazo y miraba hacia la puerta por donde acababa de entrar Diamante acompañado de Rubeus y Zafiro.

—Ése es el diseñador con quien empezó a trabajar hace poco y quien lo acompaña es su novio —explicó Mina que se había colgado de mi otro brazo.

—¿No me digas? ¿Son pareja? Qué emocionante…

—Y el otro chico es un pretendiente de Serena al que rechazó por Darien.

—¡Mina! —la corté avergonzada. Con su desafortunado comentario hizo que mis nervios volvieran a dispararse. ¿Era necesario que mencionara algo tan delicado en este momento absolutamente inapropiado?

—Vaya, amiga, tú sí que no pierdes el tiempo —bromeó Rei—, entre tu novio y tus amigos no me alcanzan los ojos para deleitarme.

—Es una traviesa —agregó Mina y las dos rieron con malicia.

—Por dios, ya déjenme en paz —protesté. Y me solté de ambas, que por suerte se alejaron y me dejaron sola para recibir a mis amigos.

Cuando llegué a su encuentro el primero que me saludó fue Diamante. —¡Reina! —gritó eufórico, él siempre tan discreto, y enseguida me abrazó con fuerza— Feliz cumpleaños, preciosa —me soltó y me tomó de la mano para hacerme girar en el lugar y observarme de arriba a abajo—. Por dios, Serena, estás radiante esta noche —me aduló.

—No exageres —respondí riendo.

—Feliz cumpleaños —dijo el serio de Rubeus que me tomó de la otra mano para besarme en el dorso.

Y cuando me soltaron, se acercó Zafiro con una tiernísima sonrisa en su rostro. —Hola, Serena —dijo con timidez y me entregó un ramo de rosas rojas que tenía escondido a sus espaldas—. Feliz cumpleaños…

—Muchas gracias —dije emocionada al recibir las flores—. En verdad, muchas gracias por haber venido —estaba tan conmovida y agradecida con lo que pasaba, y con las defensas muy bajas después de mi segunda y arrebatada dosis de alcohol de la noche, que estaba a punto de llorar—, son tan importantes para mí… Que estén aquí, junto a todas estas personas, significa mucho y…

—Serena —por suerte volvió a interrumpirme Mina antes de que siguiera desvariando—, ven, llegaron los Kou.

—Con permiso —me disculpé con los chicos.

—Siéntanse cómodos —agregó Mina y nos alejamos juntas—. Amiga, no quiero que te pongas paranoica ni nada —murmuró en su mejor modo de vieja chismosa mientras tomaba el ramo de rosas que Zafiro acababa de entregarme—. Pero no vas a creer la cara que puso Darien cuando te vio con tu querido Zafiro.

—¿En serio? —miré en dirección a él y lo vi conversando de lo más distendido con Andrew— No lo creo, no lo habría invitado si se siente incómodo con su presencia.

—No lo sé, yo lo noto bastante amargado esta noche. Deberías prestar más atención —sentenció. Pero yo opté por ignorar su comentario. Demasiadas cosas tenía en mi revolucionada cabeza como para agregarle una más.

Después de saludar a los hermanos de Seiya -quien no asistió a la fiesta porque estaba en su luna de miel con su flamante esposa-, y a más invitados que seguían llegando, volví a acercarme un momento a la mesa donde se encontraba Darien al percatarme de que estaba solo. Necesitaba comprobar que todo estaba bien o al menos no tan mal después de nuestra pelea. Me sentía un poco culpable al haber reaccionado como lo hice justo cuando él había estado planeando esta fiesta para sorprenderme. Era un gesto muy lindo y dulce de su parte, y de seguro le llevó mucho tiempo y bastante dinero conseguirlo.

Pensaba que había sido demasiado dura con él en un momento poco oportuno. Pero al recordar los motivos de nuestra discusión y ver que continuaba actuando con mucha distancia, volvía a confundirme, a sentirme dividida entre lo que sentía, lo que pensaba y lo que él me demostraba, ni hablar de lo que me ocultaba. Pero aún quería confiar en que todo se iba a aclarar en algún momento, que íbamos a sincerarnos como necesitábamos y encontrar el modo de encaminar nuestra relación de la mejor manera posible. Deseaba tanto que pudiéramos lograrlo, pero lamentablemente cada vez lo veía menos probable…

—Hola —dije cuando llegué a su lado.

—Hola —respondió serio—, ¿lo estás pasando bien?

—Muy bien, estoy impresionada y muy emocionada. Vino tanta gente, el lugar es bellísimo, todo es simplemente perfecto. Gracias, Darien, es el mejor cumpleaños que he tenido en mucho tiempo.

—De nada. Me alegra que te gustara la sorpresa.

—Darien, yo… —quise volver a hablar pero me detuve al percibir cómo su expresión se transfiguraba al ver que Andrew se acercaba a nosotros acompañados de alguien más.

—Chicos, quiero presentarles a mi novia —dijo Andrew al señalarnos a la chica que estaba a su lado—. Ella es…

—¿Reika? —dijo Darien casi sin voz.

—¿Darien? —reaccionó ella sorprendida al reconocerlo y echó a reír— ¿Qué haces aquí?

—¿Se conocen?

—¡Claro! —respondió ella con soltura— Darien y yo éramos…

—Compañeros de trabajo —él la interrumpió al ponerse de pie—. Somos compañeros de trabajo —enfatizó.

—¿En serio? ¿Trabajas en el mismo banco que Darien? —preguntó Andrew— ¡Qué increíble coincidencia!

—Sí… —dijo ella un tanto extrañada— Trabajamos juntos —y enseguida me miró.

—Ella es Serena —me presentó Darien.

Reika volvió a sonreír, ahora de un modo un tanto forzado. —Oh, claro, Serena, tu vecina.

—Sí, éramos vecinos cuando te hablé de ella pero ahora…

—Soy su novia.

—Y vino a celebrar su cumpleaños aquí —dijo Andrew—, ¿puedes creerlo? El mundo es tan pequeño.

—Felicidades, Serena. Gusto en conocerte.

—Gracias.

No podía creerlo. Delante mío estaba nada más y nada menos que la chica con la que Darien me rompió el corazón apenas lo conocí, cuando comenzaba a ilusionarme con él y enseguida me enteré de la triste noticia de que no estaba 'disponible'. Sí, señoras y señores, Reika era esa chica: su ex "amiga con beneficios".

Esto era el colmo de los colmos. Jamás imaginé que algo así llegaría a pasar y mucho menos esta noche. ¿Acaso podía ser más desgraciada? De todos los bares y discotecas de esta inmensa ciudad ¿justo tenía que ser la novia del dueño del lugar donde estaba celebrando mi cumpleaños, del amigo de mi novio al que hacía años no veía?

—¿Cómo lo estás pasando? —volvió a preguntarme Andrew haciéndome regresar a la realidad.

Decidí, por enésima vez en lo que iba de la noche, no pensar demasiado en lo que pasaba, en este incómodo momento y hacer de cuenta que todo estaba perfectamente bien. —Excelente, —respondí con soltura— todos lo están pasando de maravilla.

—Me alegra oírlo. Lo que sea que precises avísame, ¿si? ¡Felicidades!

Les dediqué mi más preciosa y fingida sonrisa a la parejita feliz, que se sentaron en la mesa junto a Darien, y con mucho disimulo le dirigí una mirada fulminante a mi novio que ni sé si percibió porque enseguida se puso a conversar con los chicos.

Di media vuelta, tomé una copa que me ofreció una mesera que pasaba y mientras veía a todos mis amigos distribuidos por el salón bebiendo y comiendo lo que los demás meseros les ofrecían, pensé para mis adentros: "Voy a festejar mi cumpleaños y a divertirme como una loca desquiciada, no me importa nada más."

.

.

.

Había muchísima gente, la música era bastante fuerte y luces de diferentes colores resplandecían por todos lados. Hacía muchísimo que no asistía a este tipo de lugares y estaba fascinada con cada cosa que sucedía y compartía con mis amigos.

Y así transcurrió gran parte de la noche. Yo estaba totalmente desinhibida y fuera de control, bailé con todo el mundo, bebí hasta el hartazgo, me divertí como hacía muchísimo tiempo no lo hacía. Tal y como me lo había propuesto, estaba celebrando sin que me importara más nada y no tenía ganas de detenerme a pensar ni reflexionar en absolutamente nada.

Sólo quería divertirme, olvidarme de todos mis problemas, soltar todo el enojo, la frustración y las malas energías que llevaba a cuestas desde hacía tanto tiempo. Y si tenía que ignorar a Darien durante el resto de la noche, lo haría sin titubear, no permitiría que mis ánimos volvieran a decaer y mis energías se desvanecieran de nuevo.

Entrada la madrugada, mientras bailaba con Diamante -con quien bailé casi toda la noche- una vieja y divertida canción de Madonna que adorábamos, poco a poco la música comenzó a ser más suave, los decibeles bajaron y algunas personas ya se disponían a retirarse. Quedaban pocas parejas en la pista además de nosotros y comenzamos a bailar abrazados una balada lenta. No dejábamos de hablar tonterías y reírnos, ambos estábamos bastante ebrios. Y aunque en varias ocasiones me preguntó por Darien y por qué no se integraba a la fiesta como el resto sino que se quedó toda la noche en esa mesa conversando con Andrew y su novia, yo me hice la distraída todas las veces y no quise contarle nada de lo que había pasado.

Él pareció comprender y dejó de insistir. Y seguimos hablando de cualquier otra cosa. —Mi reina —dijo arrastrando las palabras—, debo confesarte que ésta es la mejor fiesta de cumpleaños en la que he estado.

—No exageres, seguro has estado en fiestas mucho mejores y glamorosas —yo también balbuceaba como idiota por la borrachera, pero de alguna manera nos entendíamos.

—Puede ser, pero ésta es la más especial porque es por tu cumpleaños, mi bella musa —y me dio un ruidoso beso en la mejilla.

Me hizo cosquillas y eché a reír. —Eres un mañoso.

—Y además porque hoy es un día muy importante para mí.

—¿Ah sí? ¿Hoy?

—Sí, mi reina. Tengo algo increíble que contarte. Es muy reciente, pero estoy tan feliz y borracho que no voy a aguantar hasta hacer el anuncio como corresponde. Además tú eres una persona muy valiosa en mi vida, te he tomado un cariño inmenso desde el primer momento que te vi, y necesito compartir esto contigo. Porque eres…

—Por dios, Diamante, no des más vueltas que me matas de la impaciencia. ¡Dime qué pasa, por favor!

Sonrió con picardía e inmediatamente me enseñó el dorso de su mano izquierda, más precisamente su anular, que estaba adornado con una inmensa sortija de brillantes que resplandecía como si tuviera baterías. —Oh, por dios —exclamé cuando caí en la cuenta de lo que me estaba confesando—. ¡Oh por dios!

Él echó a reír. —¿No puedes decir otra cosa?

—¿Esto… —tomé su mano para observar el anillo con mayor detenimiento— ¿Esto es lo que creo que es?

—Sí, reina, me lo propuso, esta mañana me lo propuso.

—¡Dios mío! —lo abracé efusiva y ambos reíamos emocionados— ¡Qué maravillosa noticia! ¡Estoy tan feliz!

—Gracias, mi reina —dijo muerto de risa—. Yo también soy muy feliz.

—¿Pero cómo? ¿Cuándo? —le pregunté cuando volvía a tomar su mano para ver el anillo— ¡Quiero detalles!

—Fue esta mañana mientras desayunábamos. Me hizo la propuesta más romántica que podría haber siquiera soñado. ¡Hasta se arrodilló! ¿Puedes creerlo?

—Ay, ¿en serio? Muero de amor…

—Aún no fijamos fecha —continuó—. Pero lo más probable es que algún día nos fuguemos a algún país de Europa o América donde podamos casarnos legalmente.

—Bueno, al menos avísame con algo de tiempo así puedo ir.

—¡Por supuesto! Eres la primera invitada, no tienes que ausentarte por nada en el mundo.

—Estoy muy feliz por ustedes —volví a abrazarlo emocionada—, son una bellísima pareja, unas personas muy especiales, sé que su amor es excepcional y les deseo deseo toda la felicidad del mundo mundial.

—Gracias, reina. Creo que ya somos felices. Porque cuando el verdadero amor aparece en tu vida y no lo dejas ir, y apuestas a ello con todas tus fuerzas, la felicidad es algo que viene solo. Es cuestión de confiar y entregarte a la persona que amas y… —se detuvo cuando nos separamos y vio que yo estaba hecha un mar de lágrimas— Oye, ¿qué tienes? ¿por qué lloras?

—Porque… Porque… es muy hermoso lo que dices y estoy muy feliz por ti…

—Gracias, mi reina —casi sin que me diera cuenta, empezamos a caminar para acercarnos a la barra—. Tú también tienes que ser feliz, así que cuando encuentres a alguien que te ame como mereces no lo dejes escapar —dijo con dulzura mientras limpiaba las lágrimas de mi rostro—. Y ahora que lo pienso —dijo al detenernos—, puede que esa persona esté mucho más cerca de lo que te imaginas. Así que despabílate, cariño —me guiñó un ojo e inmediatamente se alejó de mí para regresar a la pista acompañado de Rubeus.

Yo me quedé viéndolos un momento sin entender muy bien lo que pasaba. Hasta que una voz a mis espaldas me hizo reaccionar. —¿Serena?

Y apenas lo reconocí, comprendí lo que Diamante acababa de hacer. Me di vuelta y sonreí con naturalidad tratando de disimular que acababa de llorar como magdalena con la noticia de su hermano. —Hola, Zafiro —le regalé mi mejor sonrisa y me senté a su lado.

—¿Te encuentras bien?

—Sí, sí, estoy bien. Sólo que aún estoy algo conmocionada por la noticia de Diamante.

—¿Ya te lo dijo? —preguntó riendo y yo asentí— Sabía que no podría esperar mucho para decírtelo.

—Es una maravillosa noticia, me siento tan feliz por ellos.

—Sí, yo también estoy muy feliz con la noticia —y permanecimos un buen rato observándolos sin decir nada. Ambos estaban abrazados y se regalaban algunos besos y se miraban con ternura a cada instante mientras bailaban lentamente una suave balada que sonaba de fondo— Sólo míralos —volvió a hablar Zafiro—, son perfectos.

—Lo son…

—Llevan mucho tiempo juntos, tanto que ya perdí la cuenta —continuó—. Sin embargo se aman tanto o más que el primer día. Y sí, tienen sus altibajos, han pasado alguna que otra crisis, pero siempre vuelven a elegirse, todas las veces, porque eso es lo mejor que pueden hacer. Amarse y estar juntos es sencillamente fácil para ellos, es lo que nace genuinamente de cada uno, no necesitan esforzarse, simplemente estar así, juntos. Y para mí ése es el amor verdadero. Aunque a muchos nos resulte más difícil poder construir algo así, sé que no es imposible y confío en que vale la pena esforzarse por conseguirlo.

Era muy bonito lo que decía. Y al verlos a Diamante y Rubeus podía percibir que entre ellos existía ese sentimiento tan genuino que Zafiro acababa de describir. Pero por unos breves instantes se me vinieron a la mente infinidad de recuerdos, algunos recientes, otros no tanto, de mi relación con Darien. Y por un momento volví a sentir esa presión dolorosa en mi pecho, esa angustia que reconocí cuando comenzamos a discutir en el auto y que últimamente se me imponía con más frecuencia. Y comencé a dudar otra vez, a confundirme, a sentirme culpable de nuevo por mis propias inseguridades. —¿En serio crees que es posible? —le pregunté a Zafiro, como si él fuera capaz de darme la respuesta que necesitaba.

Pero supongo que él pensó que seguíamos hablando de Diamante y Rubeus. —Seguro, ¿tú no?

—No lo sé…

Sabía que con él podía hablar abiertamente de lo que me pasaba, que era un buen amigo en quien podía confiar, que jamás me juzgaría. Al contrario, él siempre había sido muy contenedor y atento conmigo, aunque yo sólo lo tratara como amigo, aunque lo haya rechazado y probablemente lastimado más de una vez. Lo mismo me hacía sentir cómoda, comprendida, querida.

Y la verdad es que estaba demasiado desinhibida por lo mucho que había bebido, por lo que decidí animarme y contarle cómo me estaba sintiendo. Quizás él podría darme algún consejo o algo por el estilo. Así que inspiré hondo y lo miré. —¿Sabes, Zafiro? Este último tiempo yo… —quise empezar a hablar, pero oportunamente apareció Diamante y me interrumpió.

—Reina, preciosa —dijo arrastrando las palabras más que antes, el pobre estaba mucho más ebrio que yo y se veía tan lindo y gracioso—, lamento interrumpirlos pero mi prometido y yo tenemos que irnos— explicó mientras se colgaba del brazo de Rubeus. Era evidente que se habían acaramelado considerablemente.

Zafiro rió y se puso de pie. —Bueno, tortolitos, yo los llevo.

—¿Tú también te vas?

—Sí, es que soy el conductor asignado.

—¿Y Waterman?

—Wiseman —me corrigió y rió de nuevo—. Hoy tenía franco.

—Quédate, podemos tomar un taxi —dijo Rubeus.

—No, los llevaré, no hay problema. Ya se ha hecho bastante tarde.

—Lo siento, mi reina —dijo Diamante al abrazarme—. Te juro que tenía intenciones de prestártelo por más tiempo, pero como verás es un hermano menor muy sobreportector —ahora abrazaba a Zafiro que no dejaba de reír—. ¡Cierto! —reaccionó de golpe— No nos tomamos ni una sola foto, ven.

Me atrajo hacia él, me ubicó en medio de los dos y le dio su celular a Zafiro para que nos sacara algunas fotos. Pero estaba tan pasado de revoluciones que ninguna le gustaba, así que le quitó el teléfono y comenzó a tomar las fotos él mismo. Hizo algunas selfies con él y Rubeus besándome las mejillas. Otras con Zafiro pero siendo yo quien lo besaba en la mejilla y así estuvimos por un buen rato.

Hasta que finalmente nos despedimos y antes de irse Zafiro se acercó a mí, me abrazó fuerte y me susurró al oído. —Feliz cumpleaños, princesa… —yo no supe cómo reaccionar, no esperé que volviera a llamarme de esa forma después de tanto tiempo. Me dio un suave beso en la mejilla pero lo hizo tan cerca de mi boca que casi rozó la comisura de mis labios con los suyos. Y cuando nos separamos, me regaló una hermosa y sincera sonrisa—. Adiós.

—Adiós…

Los vi alejarse y me quedé parada junto a la barra por un buen rato sin poder todavía reaccionar. Cuando poco a poco caí en la cuenta de lo que acababa de pasar, de que probablemente Darien había visto todo, sentí un pánico tremendo. Y con mucho miedo volteé a ver si desde la mesa de la que no se movió en toda la noche habría llegado a presenciar tan confusa escena. Y suspiré aliviada al ver que no se encontraba ahí.

Así que sacudí la cabeza para soltar mis temores y mis pensamientos negativos y me dirigí al baño. Necesitaba lavarme un poco la cara, tomar aire, tratar de reponerme de la terrible borrachera que tenía encima. Pero estaba algo desorientada y terminé dando con un pasillo que no dirigía a los baños, sino a la cocina, creo. Y mientras caminaba haciendo eses vi al final del corredor a Darien conversando con alguien. Me detuve en seco y me escondí tras unas repisas. Traté de prestar atención y pude reconocer la voz de una chica, más precisamente la de Reika. Agudicé mis oídos lo más que pude y no logré escuchar demasiado, sólo una frase que dijo él: "nadie tiene que enterarse de esto, por favor, mucho menos Serena".

Otra vez me quedé helada. En shock. Completamente paralizada. Tanto así que no recuerdo nada de lo que pasó después de eso.

La siguiente imagen de la que logré acordarme es cuando Darien y yo estábamos en su auto de camino de regreso a mi departamento. Mientras dejaba que el aire fresco me diera en la cara fui recuperando algo de lucidez. Y pude reconstruir la secuencia de hechos con flashes sueltos que se me venían a la mente: cuando regresé del baño, me despedí de más gente que se retiraba, las chicas me ayudaron a guardar los obsequios en el auto y al final todos nos fuimos.

Regresé mi atención afuera y a medida que reconocía los lugares por los que andábamos, miré a Darien y vi que tenía la mirada fija en la calle. Y de nuevo el punzante dolor presionaba mi pecho al recordar esa fatídica frase que le dijo a Reika. Volví a mirar por la ventanilla para distraerme y no pensar más. Y creo que me dormí.

Lo siguiente que recuerdo es que una vez en mi departamento, después de estar un buen rato encerrada en el baño lavándome los dientes, limpiando mi maquillaje y enjuagándome la cara con agua helada para que se me pasara un poco el mareo, fui hasta mi habitación y lo vi a Darien acostado en la cama de espaldas a mí. No imaginé que regresaría a dormir conmigo esa noche con todo lo que había pasado, pero no me importó demasiado.

Me cambié de ropa, me hice una trenza en el cabello y me recosté a su lado, también dándole la espalda. Estaba agotada, me dolía todo el cuerpo, la cabeza me daba vueltas como una calecita descompuesta y no quise apagar la luz de la mesita de noche. Me quedé otro rato con la mirada fija en la lámpara tratando de recobrar el resto de lucidez que me faltaba y cuando el sueño finalmente comenzó a vencerme y estuve a punto de quedarme dormida, me sobresalté al sentir que Darien se había dado vuelta para acercarse a mí.

No me moví, casi que ni respiraba, no quería que supiera que aún estaba despierta. Noté que se acercó un poco más y apoyó su mejilla sobre la mía. Ambos seguimos quietos por unos instantes más hasta que él suspiró y se movió un poco para susurrarme al oído. —Feliz cumpleaños, princesa…

Ahora sí, ya no pude evitarlo más, el punzante dolor de mi pecho estalló en una horrible angustia que me recorrió entera. Como en un videoclip, se impusieron en mi mente infinidad de imágenes y recuerdos de esta noche, de todo el tiempo desde que lo conocía. Pero no quería recordar, no quería sentirme así, desilusionada, lastimada, abrumada. Y tratando de hacer el mayor silencio que me fuera posible, me hice un ovillito, abracé mis rodillas y sin poder resistirme comencé a llorar desconsolada. Pero aparentemente Darien no se dio cuenta, porque después de darme un corto beso en el hombro volvió a acomodarse dándome la espalda y pude sentir como un invisible e impenetrable muro se levantaba entre los dos. Aunque estuviera a mi lado lo sentía tan lejos como si fuéramos de diferentes galaxias.

Y al fin comprendí que algo se había roto entre nosotros. Podía sentirlo en cada fibra de mi cuerpo. Ya nada iba a volver a ser como antes.


Ay mi kokoro… Lo sé, lo sé, soy cruel… Y no tienen idea de lo difícil que fue para mí escribir este cap… Tristeza… mucha tristeza profunda :`(

Bueno, respondo algunos de sus rws:

-yssareyes48: querida, seguimos sin saber qué le pasa a Darien, espero no haberte confundido más…

-Brujitadcc: entre Darien y Serena creo que la paciencia es mutua, aunque a veces algo unilateral… de Lita y Nef no hemos vuelto a saber más, probablemente en el siguiente cap.

Ahora sí me despido hasta la próxima actualización, que ojalá no sea en unos años, ja!

Espero ansiosa sus reviews!

Se les quiere montonessssss!

Besitos y abracitos per tutti!

Bell.-