Buenas noches mis queridisimxs lectorxs! Cómo están? Tanto tiempo sin leernos!
Yo acá estoy estresadísima tras haber finalizado un nuevo cap de esta interminable locurita mía… No tienen idea de cuánto me está costando darle continuidad a este fic! Pero bueno, como la buena testaruda que soy me propuse terminarlo sí o sí durante el 2020. Ya sé que tengo un año entero por delante, demasiado margen de tiempo pensarán, pero con lo lenta que vengo y los muchos capítulos que todavía me faltan me parece un plazo razonable… Espero que me alcance..
Bueno chiquis, a continuación les comparto por fin el nuevo capítulo. Creí que quedaría mucho más extenso y tendría que dividirlo en dos partes, pero decidí dejarlo así nomás. Espero que no les resulte demasiado pesado…
Lxs dejo leer el VEINTIUNO en paz. Que lo disfruten!
Todos los personajes pertenecen a su autora Naoko Takeuchi, yo sólo los tomé prestados.
Abajo me despido,
Bell.-
:: Capítulo Veintiuno ::
Una tarde, mis mejores amigas y yo nos encontrábamos distribuidas alrededor de la mesita de mi sala conversando de todo un poco. Habían pasado varios días, casi una semana, desde mi cumpleaños. Y nos habíamos reunido en mi departamento para merendar juntas y ponernos al corriente con algunos chismes de la fiesta y otras tonterías. Aunque yo creo que en realidad la verdadera intención de las chicas con esta improvisada reunión era levantarme los ánimos, que desde aquella noche los tenía por el subsuelo o más abajo.
Mientras Mina se ocupaba de servir un poco de té para todas y por su parte Lita servía unas porciones de pastel en unos platos, ambas cuchicheaban con un entusiasmo bastante exagerado sobre algunos detalles graciosos que recordaban de la fiesta luego de ver unas fotografías en sus celulares. No paraban de bromear y hacer comentarios chistosos para intentar hacerme reír, pero yo sólo las observaba de reojo sin emitir sonido alguno y removiendo mi té con una cucharita sin parar. Porque a los motivos de mi deplorable estado anímico, que a esta altura aún no tenía del todo claros, se le sumaba el triste y llamativo hecho de que no tenía ninguna fotografía con Darien. Siendo que él, mi adorado y misterioso novio, había sido el responsable de toda la organización de aquella fiesta sorpresa, pero que justamente esa noche se había comportado más distante y misterioso que nunca.
—Vaya, vaya, vaya, pero miren qué tenemos aquí —dijo Mina al detenerse en una foto donde aparecían Nef y Molly juntos. Automáticamente la cara de Lita se transfiguró—. Parece que estos dos se están entendiendo muy bien. ¿Y tú qué me puedes decir al respecto?
—No tengo nada para decir —respondió Lita y enseguida se metió un enorme trozo de pastel a la boca.
—Pues yo sí —continuó Mina—. En un momento que la encontré sola le pregunté a Molly qué estaba pasando y me contó toda emocionada que conoció al Maestro San Juan en la boda de Seiya.
Lita casi se ahogó con el pastel al escucharla. —No es Maestro San Juan —la corrigió—, es Masato Sanjoin, su "nombre artístico" —y bebió un poco de té.
—Como sea, se reencontraron en el cumpleaños de Serena y parece que la cosa se está poniendo seria. Y es más que evidente que esta chica está súper enamorada de tu ex galán, amiga. ¿Y qué quieres que te diga? Si te soy sincera pienso que hacen una bonita pareja —comentó contemplando otra vez la fotografía—. Aunque creo que contigo habría sido mucho mejor. Es una lástima que lo hayas rechazado.
Ahora Lita casi se ahogaba con el té. —Yo no rechacé a nadie —dijo molesta.
—Sí lo hiciste, hace años, cuando te confesó sus sentimientos y luego partió prometiendo que regresaría a buscarte —se refería a aquel episodio que nos relató Lita de su época de estudiantes, cuando se desilusionó del profesor de quien se había enamorado platónicamente—. ¿Y todo para qué? Para que volvieras a romperle el corazón y obligarlo a buscar consuelo en los brazos de otra mujer.
—Yo no lo obligué a nada, tampoco lo rechacé. Él sólo volvió para asociarse conmigo y trabajar juntos, eso es todo. Su vida sentimental no me concierne en lo más mínimo. Además yo no quiero estar con nadie, tú lo sabes más que bien. Yo estoy muy cómoda y tranquila como estoy, sola, sin nadie que me quite el sueño ni me haga perder el tiempo.
—Pero Lita…
—Entiéndelo de una buena vez, Mina —la interrumpió más enojada—, no hay espacio en mi vida para nadie, ya no más. Y si él quiere andar haciéndose el novio furioso con Molly o con quien sea, no es asunto mío.
Tanto Mina como yo nos habíamos dado cuenta de que Lita estaba rarísima desde la boda de Seiya cuando Nef tuvo ese acaramelado acercamiento con Molly. Y más cuando se aparecieron juntos en mi fiesta de cumpleaños. Pero como ella siempre fue tan reservada y especial a la hora de compartir cosas personales o íntimas con nosotras, nos tuvimos que aguantar la intriga durante esas semanas para respetarla, para no atosigarla a preguntas y arriesgarnos a hacerla enfurecer.
Sin embargo ahora Mina mencionaba el tema sin ningún tipo de reparo, no estaba siendo nada cautelosa con sus comentarios, lo cual estaba sulfurando bastante a Lita. Y si bien yo no participaba de su 'intercambio de ideas', estaba muy atenta a cada cosa que decían. Sobre todo porque me recordaba a los sermones que me dio Mina cuando estaba deprimida por mi despido hace ya varios meses atrás. Y me identificaba bastante con Lita al acordarme de que yo solía tener la misma postura tozuda que ella: en aquel entonces no deseaba ni me interesaba la idea de enamorarme de alguien. Pensar en eso me daba mucha nostalgia…
Pero para mi sorpresa Mina se atrevió a seguir indagando sin tapujos. —¿Estás celosa?
Obviamente Lita no reaccionó nada bien con esa pregunta. —¡¿Qué?! ¿Celosa yo? ¿De Neflyte? Por favor, no seas ridícula.
—¿Por qué no lo admites? —insistió Mina— ¿A qué le temes tanto? ¿A enamorarte? —Lita no respondía, pero la miraba con tanta furia que daba miedo— ¿Te enamoraste de Nef? ¿Eso te pasa? —ella resopló indignada pero aún no respondía— Pues enhorabuena que te hayas enamorado de nuevo, es lo mejor que te podría haber pasado, amiga. ¿Por qué te resistes tanto a volver a sentirte así por alguien? ¿Por qué no quieres…
—¡Porque no puedo! —Lita volvió a interrumpirla— No puedo, Mina, entiéndeme, te lo dije miles de veces, no quiero estar con nadie.
—Por dios, ¡eres insufrible! ¿Por qué nunca te das una oportunidad para conocer a alguien? Te llenas la boca dándonos ánimos y consejos amorosos a Serena y a mí cuando tú hace tanto tiempo que estás sola. El trabajo te absorbe demasiado, que este chico haya aparecido en tu vida es lo mejor que te pudo haber pasado.
—Sí, porque desde que nos hicimos socios el rendimiento del negocio ha mejorado significativamente. Pero eso no significa que nosotros…
—El trabajo no lo es todo, Lita, te está consumiendo, ya no eres la de antes —siguió Mina—. Tienes que darle un nuevo rumbo a tu vida, recuperar tu alegría, tu espontaneidad, todo lo que te define como la bella persona que hace rato dejaste de ser. Y sobre todo, debes retomar tu vida amorosa.
—No me digas cómo tengo que encarar mi vida. Mi trabajo es mi prioridad número uno, siempre lo ha sido.
—Ya deja de pensar así y ocúpate de ti —continuó Mina—. Plantéate una nueva meta, puedes hacerlo. Tú eres decidida, resolutiva. Que el trabajo no sea el único objetivo en tu vida. Eres joven, hermosa y hace mucho que no sales con nadie.
—Por dios, Mina, ¿qué rayos te pasa? ¿Por qué de repente me dices todas estas cosas? Estás siendo demasiado entrometida, ya déjame en paz.
—Ay, Lita, ¡no seas tan cabeza dura! Siempre es lo mismo contigo, sugerirte que busques novio es como pedirle peras a un nogal.
—¿Cuántas veces tengo que decírtelo? No es nogal, ¡es olmo! —la corrigió Lita con fastidio— Y ya acéptalo, no hay espacio en mi vida para nadie. Ni siquiera para Neflyte, que es la única persona que… —y se calló antes de completar la frase.
—¿Qué? ¿Qué ibas a decir? —insistió Mina— Vamos, habla, dinos lo que te pasa, lo que sientes por él.
Lita suspiró y bajó la mirada. —No siento nada —respondió con voz apagada—. Sólo pienso…
—¿Qué piensas?
Lita volvió a suspirar antes de responder. —Pienso que es una buena persona con quien puedo sentirme tranquila, porque me respeta, se interesa por mí, me hace reír —mientras mencionaba estas cosas una leve sonrisa comenzó a dibujarse un su rostro—, me ayuda a dejar de lado mi estructurada y fría forma de ser, a comportarme y mostrarme tal cual soy…
—Todo eso es maravilloso —dijo Mina entusiasmada—, ¿por qué te lo niegas? ¿por qué no permites que suceda? ¿por qué no quieres admitirlo?
La expresión de Lita volvió a endurecerse. —No tengo nada que admitir —y se puso de pie para empezar a levantar las cosas de la mesa.
—Ay Lita, no puedo creerlo —dijo Mina llevándose las manos a la cabeza—. ¡Eres exasperante! No puedo entender por qué te empecinas en resistirte de esta forma a conocer a alguien, volver a ser feliz, volver a apostar a una relación. Ya supéralo, amiga, lo que sucedió con aquel profesor fue muy doloroso para ti, sí, pero tienes que superarlo, ya es parte del pasado, eso no tiene por qué condicionar de esta forma tu vida, impedirte que seas feliz, que encuentres algo verdadero y bueno en otra persona, en Nef…
—¡Pero no quiero, Mina! —la cortó enojada— ¡Ya, por favor, déjame en paz! —y quiso alejarse llevándose un par de tazas.
—¡Ay por dios! —Mina también se levantó y se paró delante de ella para no dejarla ir— Eres tan hermética, tan testaruda, tan… ¡Me sacas de quicio!
—¡Tú eres la testaruda que siempre insiste en convencerme de cosas que no quiero para mi vida! ¡Eres un fastidio, Mina!
—Y tú… tú eres… ¡Eres una marmota!
—¡¿Qué?!
—¡Sí, eso eres, una mujer marmota antisocial que hiberna eternamente en su madriguera bajo tierra sin interactuar con ningún otro ser vivo!
—¿Mujer marmota? ¡¿Qué clase de insulto es ése?!
—Mujer… ¿marmota? —repetí y sin poder contenerme más eché a reír a carcajadas, las chicas se callaron enseguida al verme— ¡Es lo más absurdo que he escuchado en mucho tiempo!
Si bien me mantuve al margen durante toda su discusión, no pude evitar compenetrarme y conmoverme con cada cosa que decían. Pero al mismo tiempo me resultaba muy gracioso ver como iban aumentando los decibeles y los gritos y se insultaban como dos chiquilinas de preparatoria. Me recordaron tanto a la época de la escuela que me hicieron estallar de la risa, hacía mucho que no las veía pelear así.
Mina también comenzó a reír y Lita parecía haberse ofendido. —Oigan, ¿qué les pasa? ¿Se están riendo de mí?
—¡No! —respondí yo sin dejar de reír.
—¡Sí! —respondió Mina también risueña mientras la abrazaba divertida— ¡Porque eres la mujer marmota más adorable del mundo!
Poco a poco Lita se pudo relajar dejándose contagiar por nuestras carcajadas y también empezó a reír. Hasta que de repente las tres estábamos tentadísimas, las risas se hacían cada vez más estridentes y casi nos quedamos sin aire. Cuando finalmente nos calmamos, pudimos volver a respirar con algo de normalidad.
—Ay, amiga… —a Mina le costaba hablar por la falta de aire de tanto reír— eres insoportable pero igual te quiero, ¿sabes? —y comenzó a darle ruidosos besos en la mejilla.
—Y tú eres una maleducada —dijo Lita sin resistirse. Y ambas volvieron a sentarse junto a la mesita.
—Al menos las hice reír un poco—comentó Mina mientras se limpiaba las lágrimas con una servilleta—. Porque últimamente tienen unas caras largas en verdad muy deprimentes.
—Ya fue suficiente —la cortó Lita y volvió a acomodar las tazas que segundos antes había levantado—. No insistas en querer seguir hablando que me harás enojar de nuevo.
—Está bien, está bien —dijo Mina sacudiendo las manos al aire y luego me miró—. Ahora te toca a ti, my cherry. ¿Vas a contarnos qué te está pasando?
Y automáticamente el ambiente de jolgorio se desvaneció. —Estamos preocupadas por ti, Serena —dijo Lita—. Desde tu cumpleaños te notamos muy desanimada.
—¿Qué sucede, amiga?
—Estoy… —suspiré afligida— Estoy muy triste, chicas, muy preocupada —y me llevé las manos al pecho al percibir otra vez la punzante angustia que me aquejaba hacía semanas.
—¿Es por Darien? —adivinó Lita. Yo asentí— ¿Pasó algo malo?
Hacía mucho que no hablaba con ellas al respecto, más precisamente desde la boda de Seiya cuando les conté cómo estaban las cosas entre nosotros desde aquella discusión por la visita de Zafiro y nuestro posterior y fallido intento de relación pacífica. Pero más cosas raras habían pasado y en verdad necesitaba desahogarme con mis amigas, al menos para no sentirme tan sola y confundida… —No lo sé con seguridad —respondí—. Es sólo que él está cada vez más extraño y distante y… —volví a suspirar con pesadez— En realidad sí pasó algo muy sospechoso. La noche de mi cumpleaños, durante la fiesta, lo vi conversando con Reika.
—¿Su compañera de trabajo? —preguntó Mina— ¿Su ex "amiga con beneficios"?
—¿La que resultó ser la novia de su amigo Andrew? —siguió Lita.
—Sí, ella. No sé de qué estarían hablando exactamente, sólo llegué a oírlo decir… —y apreté más fuerte mis puños contra mi pecho al recordar cómo me sentí en ese momento.
—¿Qué? ¿Qué fue lo que dijo? —insistió Mina impaciente.
—Dijo… —inspiré hondo y respondí— Le dijo: "nadie tiene que enterarse de esto, por favor, mucho menos Serena".
Y se instaló un tenso silencio entre las tres.
—¿Y a qué crees que se habrá referido? —preguntó Lita tras una larga pausa.
—No tengo la menor idea.
—¿No se lo preguntaste?
—No me animé.
—¿Por qué?
—Porque temo saber la respuesta. Porque en realidad ya intenté preguntárselo cientos de veces antes, incluso llegamos a tener otra discusión bastante fuerte mientras íbamos a la fiesta aquella noche. Pero siempre me dice lo mismo, que no le pasa nada, que todo está bien, y yo ya no le creo. Ya no sé cómo hablar con él. No sé qué decirle, no sé qué más hacer. Y temo que…
—¿Qué, amiga? ¿A qué le temes tanto?
—Temo que todo se arruine, no sé, que ya no quiera estar más conmigo o algo por el estilo… —y sin poder evitarlo empecé a llorar.
—Serena… —las chicas se acercaron más a mí, una de cada lado, y me abrazaron por los hombros para consolarme.
—Es que se está comportando tan extraño… —dije entre sollozos mientras Mina me pasaba la servilleta por la cara y Lita me acariciaba las manos— Por ejemplo, al día siguiente de la fiesta fuimos juntos a almorzar a lo de mis padres y fue tan incómodo. Prácticamente estuvo mudo todo el tiempo, apenas si comió, apenas si habló. Era como si no quisiera estar ahí, como si tuviera la cabeza en cualquier otra parte. Y así estamos desde hace tanto, casi no hablamos, cada vez nos vemos menos, trabaja todo el día. Y lo veo mal, como si algo lo estuviera carcomiendo por dentro. No es el mismo de siempre, ya no lo es. Y por supuesto que yo quiero lo mejor para él pero ya no sé qué es lo que quiere, qué necesita, qué rayos me está ocultando. Y no sé qué hacer, no sé qué pensar, estoy… estoy muy angustiada —y mi llanto se hizo aún más intenso—. ¿Qué sabe Reika que yo no tenga que saber? ¿Por qué me esconde cosas? No lo entiendo…
Las chicas volvieron a abrazarme. Al decirles todo lo que me pasaba y recordar los motivos de mis discusiones con Darien y cómo él se empeñaba en continuar actuando con mucha distancia, me sentía cada vez más confundida y dividida entre lo que sentía, lo que pensaba y lo que él me demostraba, ni qué decir de lo que me ocultaba. Pero aún quería creer que todo se iba a solucionar en algún momento, que íbamos a sincerarnos como necesitábamos y encontrar el modo de reparar nuestra relación, de encauzarla de la mejor manera posible. Deseaba tanto que pudiéramos lograrlo, pero lamentablemente cada vez lo veía menos probable…
Permanecimos un buen rato abrazadas hasta que poco a poco pude dejar de llorar. —Serena —habló Mina—, hay algo que necesitas saber.
—¿En serio crees que es lo correcto? —intervino Lita.
—¿De qué hablan? —pregunté confundida— ¿Decirme qué? ¿Ustedes saben algo?
Después de cruzar miradas con Lita, Mina carraspeó y continuó hablando. —La noche de tu cumpleaños los noté muy raros a ustedes dos, sobre todo a Darien —explicó y yo recordé que esa misma noche ella me hizo un comentario al respecto—. Pero ahora que nos contaste que discutieron antes de llegar a la disco puedo comprender un poco mejor por qué. Sin embargo yo hacía rato que sospechaba que algo más estaría pasando. Así que le hice caso a mi intuición y le pedí a Kun que me dijera todo lo que sabía.
—¿Se lo pediste? Más bien se lo exigiste —señaló Lita.
—Sí, puede que lo haya presionado un poco para que hablara —admitió—. Pero así logré enterarme de todo y luego se lo conté a Lita.
—¿Qué? ¿Kunzite te lo dijo? ¿Y tú le contaste a Lita? —ambas asintieron— ¿O sea que todo el mundo sabe lo que está pasando menos yo?
—Sí, amiga —dijo Mina—. Por eso vinimos hoy a verte, para contarte lo que sabemos, para que dejes de sufrir, para que todo se aclare de una buena vez.
—Yo al principio no estuve de acuerdo con entrometernos en un asunto de pareja tan delicado —explicó Lita—. Pero la verdad es que hace tanto que te vemos así y estamos muy preocupadas por ti.
—Entonces díganmelo —les supliqué—. Por favor, díganme lo que saben.
Ambas cruzaron miradas de nuevo y Mina volvió a tomar la palabra. —Está bien, te lo diremos.
.
.
.
Caminaba por las calles de mi vecindario. Era una agradable y cálida tarde de verano. Hacía unos minutos que había salido del trabajo y mientras andaba observaba cómo el cielo se cubría cada vez más de enormes nubarrones. Así que me detuve en una tienda a comprar un paraguas ya que había olvidado el mío en el consultorio y era bastante probable que en cualquier momento se largara a llover.
Recorrí un par de cuadras más y cuando llegué a la plaza que quedaba cerca de mi departamento me detuve al reconocerlo sentado en una de las bancas que rodeaban la fuente central. Sonreí melancólica al confirmar que llegaría puntual y antes que yo como casi siempre lo hacía. Y retomé mis pasos en dirección a él.
A medida que me fui acercando me percaté de que estaba concentrado leyendo un libro, lo cual me llamó un poco la atención. —Hola, Darien —lo saludé cuando llegué a su lado.
De inmediato alzó la vista y sonrió al verme. —Hola —le devolví la sonrisa y me senté junto a él—. Llegas tarde.
—Sí, lo siento —me disculpé—. Es que demoré con el último paciente completando unos formularios.
—Descuida. Supuse que te retrasarías así que traje algo para leer mientras te esperaba —y me enseñó el libro que tenía en las manos.
—¿"Introducción al Mindfulness"? —leí parte del título de la portada— ¿Qué es eso? —pregunté curiosa.
Él echó a reír. —No tengo ni idea. Me lo dio mi mamá la última vez que la vi. Ella insiste en que necesito hacer terapia, pero como no le hago caso de vez en cuando me obsequia libros de 'autoayuda'.
—Qué agradable mujer —comenté impresionada. Ambos reímos y luego volví a examinarlo un poco más—. También trajiste paraguas —dije tras una breve pausa.
—Sí, parece que va a llover, está pronosticado.
—Sí, eso escuché. Yo acabo de comprar uno —y le enseñé el mío.
Si bien nos estábamos tratando con mucha cordialidad y hablábamos amablemente, era más que obvio que entre nosotros las cosas estaban súper tensas. Hacía más de una semana que no nos veíamos, desde el almuerzo en la casa de mis padres. Y después de haber conversado con mis amigas y de enterarme por fin de lo que estaba pasando, después de darle muchas vueltas al asunto y estar prácticamente incomunicados durante esos días, finalmente me había armado de valor y decidí llamarlo para pedirle que nos reuniéramos.
—¿Por qué me citaste aquí y no en tu departamento?
—Porque quiero que hablemos de algo importante y creo que en un lugar como este me siento más cómoda.
—Bien, te escucho —dijo serio. Y el ambiente se puso mucho más tenso.
Al percibir la repentina frialdad en su tono de voz, otra vez pude identificar el invisible e impenetrable muro que se había levantado entre los dos hacía tiempo. Aunque estuviéramos juntos, sentados lado a lado a escasos centímetros de distancia, lo sentía tan lejos como si fuéramos de diferentes galaxias. Y de nuevo comprendí que algo se había roto entre nosotros. Podía sentirlo en cada fibra de mi cuerpo. Ya nada volvería a ser como antes. Pero debía enfrentarlo a como diera lugar. Ya no tenía sentido seguir así.
Lo miré y opté por ser lo más directa posible. —Quiero que me digas qué te pasa —le pedí determinada.
Por supuesto se hizo el desentendido. —¿Qué me pasa con qué?
Inspiré profundo para mantener la calma y continué. —Darien, en serio, ya basta, ya dejemos de fingir. Necesito que me lo digas.
Él se puso un tanto inquieto. —Discúlpame pero no sé qué quieres que te diga, que es lo que yo…
—¿Por qué lo haces? —lo interrumpí para que dejara de eludirse— ¿Por qué no me dices la verdad? ¿Por qué pones tanta distancia entre nosotros? ¿Lo haces a propósito? ¿Eres consciente de cuánto te alejas de mí comportándote de esta forma?
Me sostuvo la mirada por unos segundos con cierta dificultad. Noté en sus ojos mucha aflicción, mucho dolor, y se me estrujó el corazón al verlo así. —Sí, lo soy —admitió y bajó la mirada.
—¿Por qué?
Demoró en responder. —No lo sé, sencillamente no me he estado sintiendo bien, Serena. Pero es algo personal, no tiene nada que ver contigo.
—¿Seguro? ¿No estás molesto conmigo?
—No.
—¿No estás disgustado con lo que tenemos, con nuestra relación?
—No, claro que no.
—¿Entonces qué es?
—Ya te lo dije, Serena, sólo tengo algunos problemas en el trabajo y estoy muy ocupado y tengo muchas cosas que hacer —hablaba con nerviosismo y evitaba mirarme a la cara—. Sé que nada de eso justifica mi comportamiento. Y en verdad lo siento mucho, lamento que asuntos que nada tienen que ver con nosotros, como mi trabajo, acabaran interfiriendo de esta forma, ¿está bien? Pero es así, lo admito, mis problemas laborales alteraron mi estado de ánimo, mi humor. Y eso es todo, no tiene nada que ver contigo, ¿de acuerdo?
—Pero yo sí siento que tiene que ver conmigo, porque me siento desplazada, me siento sola y muy confundida. Y la verdad es que quisiera que las cosas estén mejor, que todo sea fácil como al principio, que no haya complicaciones entre nosotros. Pero no está siendo posible, no desde hace un tiempo y ya no sé qué hacer.
—Está bien, Serena, tienes razón, ya te dije que reconozco que no estuvo bien cómo me comporté, que no es así cómo deben ser las cosas, que se supone que debería ser mejor que esto. Sé que últimamente he sido muy difícil, que…
—Darien, ya sé lo que está pasando —lo corté impaciente. Sus rodeos me estaban cansando.
—¿Qué? —me miró sorprendido.
—Mina me lo dijo.
—¿Mina?
—Sí, se enteró por Kunzite y luego me lo contó todo. Pero ahora quiero que tú me lo digas.
—No sé de qué estás hablando —su nerviosismo se hacía cada vez más evidente—. ¿Qué fue lo que te dijo? ¿A qué te refieres con que ya sabes lo que…
—Basta, Darien. Ya no tiene sentido seguir ocultándolo. Ya sé todo y quiero que tú me lo digas —me sostuvo la mirada una vez más y la aflicción en sus ojos pareció intensificarse—. Por favor, dímelo —insistí más determinada que nunca—. Dímelo ahora.
Volvió a bajar la mirada y apoyó sus codos sobre sus rodillas. Estaba muy contraído y tenso, tanto que daba la impresión de que iba a desaparecer. Soltó un largo y pesadísimo suspiro y finalmente lo dijo. —Me despidieron.
Su voz era muy fría y apagada, estaba tan dolido y consternado con lo que acababa de decir que hizo que mi corazón se estrujara de nuevo. Sabía cuánto le costaba tener que hablarme de esto, pero debía continuar, lo necesitaba. —¿Cuándo? —pregunté.
Otra vez demoró en responder. —Hace casi dos meses.
¿Dos meses? Eso era demasiado tiempo, ¿cómo hizo para callarse una cosa así durante dos meses? Volví a inspirar hondo y seguí preguntando. —¿Por qué?
—Porque… —titubeó unos instantes— Es bastante complejo.
Hablaba tan bajo que tuve que acercarme más para poder escucharlo. —No importa. Explícamelo.
Se tomó unos segundos más para ordenar sus ideas y volvió a hablar. —Desde que nombraron al nuevo gerente de mi sucursal las cosas empezaron a cambiar radicalmente. Hubo muchos traslados, suspensiones, algunos despidos.
Hizo otra pausa muy larga. Apretaba tan fuerte el libro que tenía en las manos que daba la impresión de que en cualquier momento lo pulverizaba. Estaba muy consternado, abatido, jamás lo había visto así antes. —Continúa, por favor —le pedí.
—Una vez tuve que reemplazar al gerente que había viajado por una capacitación y cometí… Sin darme cuenta cometí un error bastante grave.
—¿Qué pasó?
—Aprobé un crédito a unos antiguos clientes por un monto muy elevado y luego cuando vinieron los auditores y se encontraron con que los números no cerraban me inculparon a mí.
—¿Por qué? ¿Qué fue lo que hiciste mal? Si ellos ya eran clientes, se supone que…
—Sí, se supone que este tipo de transacciones son frecuentes, pero esta vez fue demasiado dinero y fui yo quien puso la firma en reemplazo del gerente cuando él supuestamente me había autorizado a hacerlo en su ausencia si era necesario.
—Entonces no fue tu culpa, no hiciste nada indebido.
—No, pero ellos lo consideraron así, como una especie de desobediencia de mi parte por haberme atribuido una autoridad que no me correspondía. Y como estaban en plan de limpieza de personal me despidieron sin más.
—Espera un momento —lo detuve cuando empecé a hacer memoria y caí en la cuenta de cuándo había ocurrido todo esto—. ¿Cuándo dijiste que pasó?
—Hace casi dos meses.
—¿Fue cuando se suspendió esa importante cena de trabajo con todos los directivos?
—Sí, aquella vez que sólo asistieron el presidente del banco, el gerente y estos auditores que jamás había visto antes. Que me citaron a mí solo en un restaurante lleno de gente para informarme que habían decidido despedirme.
Claro, ahora podía comprenderlo perfectamente. En efecto todo esto había sucedido la misma noche que llegó a mi departamento y me encontró con Zafiro y luego tuvimos esa discusión horrible. Ahora entendía con claridad por qué empezó a cambiar tanto desde entonces, a tratarme con tanta distancia y frialdad. Ahora todo cobraba sentido, en realidad se comportaba de esta forma por todo lo que estaba viviendo y no me contaba.
—Qué… injusto —dije con pesar.
—En realidad me pidieron que renunciara —siguió relatando—. Pero yo no accedí a hacerlo porque no quise admitir mi error. Yo había hecho lo que el gerente me había encargado que hiciera, no fue mi culpa. Se los expliqué todo, delante de él.
—¿Y qué hizo? ¿Te defendió de alguna forma? ¿Les dijo lo que pasó?
—No dijo absolutamente nada.
—¿Por qué?
—Porque no le convendría, acababan de ascenderlo, no pondría en riesgo su puesto por un insignificante empleado como yo.
—¿Y qué sucedió al final? ¿Te despidieron o renunciaste?
—Me suspendieron por tiempo indeterminado, están esperando que me canse y renuncie.
—¿Entonces al banco no has ido más?
—No.
—¿Y qué has hecho todo este tiempo?
—He hecho de todo, pedí ayuda en recursos humanos, busqué asesoramiento legal, solicité que me dieran más reuniones. Intenté por todos los medios encontrar alguna solución para no perder mi trabajo, para no echar por la borda mi trayectoria, mi esfuerzo. Pero no pude y a esta altura ya no sé qué más hacer. Ellos insisten en que acepte que lleguemos a un acuerdo económico y renuncie. Pero yo no quiero darles con el gusto. Así que ahora estoy pensando en denunciarlos. Estoy consultando a un abogado amigo de mis padres.
—¿Por eso hablas con tu papá con tanta frecuencia? ¿Por eso viajaron a Tokio hace poco?
—Sí, pero porque quieren convencerme de que no haga la denuncia, porque dicen que es muy arriesgado, que no tengo chances y que podría salir mucho más perjudicado de lo que ya estoy. Pero ellos no comprenden. No entienden que me propuse hace años enfocarme pura y exclusivamente en mi trabajo, obtener un ascenso y demostrarme a mí mismo que soy capaz de superarme, de conseguir lo que quiero por mis propios medios, sin un título universitario, sin tener que rendirle cuentas a los demás, sólo lograrlo con mi esfuerzo y mi dedicación. Y ahora estoy a punto de perderlo todo, no puedo permitirlo, simplemente no puedo aceptarlo.
Guardamos silencio por unos largos minutos. Yo estaba cada vez más movilizada y contrariada con lo que me contaba. Y aunque no consideraba que se trataba de algo demasiado terrible o grave, sí me resultaba evidente lo doloroso y frustrante que había sido para él, porque claramente estaba muy enojado y decepcionado con esta situación. Y en cierto punto me identificaba con lo que le pasaba, porque yo también había sentido la misma impotencia cuando me despidieron antes de conocerlo. Y habría hecho lo que fuera por demostrarle que lo comprendía, para contenerlo, apoyarlo, acompañarlo en estos momentos tan difíciles para él. Pero jamás me dio la oportunidad de hacerlo. Sino que se encerró en sus problemas, en su dolor, y me hizo a un lado.
—¿Por qué no me dijiste nada? —le reproché.
—Porque no quise involucrarte, temía que tú también resultaras afectada de alguna forma y pensé que sería mejor mantenerte al margen de esta situación tan engorrosa y difícil. Al menos hasta que todo se acomodara de nuevo, hasta que encontrara alguna solución.
—Pero pasaron casi dos meses.
—Sí, lo sé, es que…
—¿Además cómo vas a pretender que yo no me involucre? Eso es imposible, Darien, yo estoy involucrada contigo y con todo lo que te pasa desde que estamos juntos. Aunque acepté que vayamos despacio, aunque me esforcé por respetar tus tiempos y tus repentinos cambios de actitud, he estado pendiente de ti todo el tiempo. Y si no puedo hablar contigo, si no puedo saber en qué estás pensando, qué te está pasando, me vuelvo loca, Darien. Por eso estoy aquí ahora, porque necesito saber de ti, porque estoy muy preocupada por ti. Porque me desespera saber que todo el mundo está al tanto de lo que te pasa menos yo.
—No es cierto. Nadie lo sabe excepto mis padres —se excusó.
—Y Kunzite.
—Es mi mejor amigo.
—Pero se lo contó a Mina y ella a Lita. Hasta Reika lo sabía.
—¿Reika?
—Los escuché hablando en la fiesta.
—Sólo le expliqué lo que estaba pasando para que entendiera por qué dije que aún éramos compañeros de trabajo, porque no quería que te enteraras. A ella no la veía desde que dejé de ir al banco y no estaba al tanto de cómo habían sido las cosas y…
—Mira, Darien —volví a interrumpirlo—, quiero ser franca contigo y decirte lo que pienso. De todo lo que te pasó, de todo lo que acabas de contarme que hiciste, con tus explicaciones y justificaciones, creo que cometiste un único error: No confiar en mí. Y no tienes idea de cuánto me has lastimado.
—No es que no confiara en ti, creí que sería lo mejor si…
—Yo sí confiaba en ti —apenas mencioné esto inexplicablemente recordé a Zafiro y algo que me dijo hacía tiempo: "porque lo más importante es la confianza. Es algo de base que no tiene que faltar. El poder tener la certeza de que contamos con la otra persona a pesar de las diferencias y los problemas, aunque jamás lleguemos a conocerla completamente, saber y hacerle saber que el afecto y el apoyo son mutuos, es muy necesario". Y me sentí peor al darme cuenta de que con Darien nada de esto había sido posible—. Y siempre estuve dispuesta a apoyarte, te lo dije y demostré miles de veces, porque yo… yo me enamoré de ti, Darien, me enamoré de verdad. Y me duele tanto confirmar que me mentiste, que me ocultaste cosas muy importantes, que no confiaste en mí para que te apoyara y te acompañara. Es… es muy triste todo esto, muy injusto… ¿Por qué lo hiciste?
—Porque no quería decepcionarte.
Su voz era tan apagada que casi no llegué a escucharlo. Pero sí percibí en su respuesta un tono de resignación, como si estuviera asumiendo que al fin de cuentas no pudo evitar decepcionarme. Y así me sentía, decepcionada, desilusionada, lastimada y profundamente triste.
Otra vez permanecimos en silencio por largo rato. El cielo estaba cada vez más cubierto de nubes, las luces de la plaza comenzaron a encenderse y de repente se levantó una brisa fresca que anunciaba que en cualquier momento empezaría a llover.
Volví a observar a Darien, permanecía en la misma posición: tenía sus codos apoyados sobre sus rodillas, apretaba con fuerza el libro que tenía en las manos y todo su cuerpo estaba más contraído y tenso que al principio. Reuní fuerzas para volver a hablar, necesitaba darle un cierre a esta conversación, a esta insostenible e insoportable situación. —Darien —lo llamé—, ¿tú qué sientes por mí?
Él parpadeó varias veces como si acabara de despertar. Pero no me miró. —¿A qué te refieres?
—A eso, lo que dije, ¿qué sientes por mí? —no respondía y su mutismo me desesperaba, sin embargo pude conservar la calma— ¿Tú me amas? —me atreví a preguntar— Dime algo, por favor, ¿me amas, Darien? ¿Qué sientes por mí?
—Yo… —titubeó— Siento… Yo siento que me importas mucho, que eres alguien muy especial, que…
Obviamente interpreté su evasiva respuesta como un no. Y mi corazón volvió a estrujarse de dolor. —Rayos, Darien, esto no está funcionando —me quejé.
—Lo siento —dijo tras una nueva pausa—. En verdad lamento que no funcione como esperabas, lamento haberte decepcionado. Quizás… tal vez deberíamos tomarnos un tiempo.
—¿Tomarnos un tiempo dices? —pregunté confundida.
—Sí, un tiempo para tomar distancia y poder pensar con más claridad.
—No… —no quería aceptar lo que me decía. Ésa no podía ser jamás la solución a nuestros problemas.
—Serena —por fin se atrevió a mirarme de nuevo—, tú acabas de decirlo, lo nuestro ya no está funcionando, tenemos que asumirlo. Quizás si nos tomamos un tiempo para reflexionar, para tratar de…
—No, Darien, no vamos a tomarnos ningún tiempo —me negué rotundamente.
—Pero Serena…
—Porque no va a servir de nada, porque siempre tuvimos ritmos y modos diferentes, estuvimos en sintonías completamente diferentes, porque ya lo intentamos de mil formas y jamás logramos que funcione, porque somos polos opuestos. Así que ya no hay más nada que hacer, no perdamos más tiempo.
—¿De qué hablas? ¿Acaso me estás diciendo que…
—Que se acabó, Darien, se terminó —sentencié.
—¿Qué? —preguntó sorprendido, como si jamás se hubiera esperado que fuera yo quien sugiriera algo semejante.
—Ya me cansé, me harté de todo esto —dije resignada—. De no entenderte, de no saber qué pensar, qué hacer para demostrarte lo que siento y me creas. Para que confíes en mí, para que dejes de ocultarme cosas y mentirme una y otra vez, para que dejes de evitarme, de callarte lo que sientes, de no comprometerte con lo nuestro como lo necesito.
—Yo también estoy cansado —trató de explicarme—, y si me callé no fue para evitarte, mucho menos para lastimarte. Nunca quise…
—Pero sí lo hiciste, Darien, me evitaste y me lastimaste. Has sido tan contradictorio con lo que dices y con la forma en que actúas. Me hiciste creer cosas que no son, me confundiste. Y ya no lo soporto más, no puedo más con todo esto.
—Pero Serena…
—Intenté por todos los medios, hice todo lo que estaba a mi alcance para conseguir que lo nuestro funcionara, pero nada sirvió. Traté de demostrarte de mil maneras que me importas, que quiero estar contigo, que te necesito a mi lado, que… Que te amo, Darien… Te dije directamente lo que siento por ti muchas veces y tú jamás me dijiste nada… —él bajó otra vez la mirada y obviamente siguió callado— Lo siento, Darien, pero ya no quiero intentarlo, no quiero que sigamos perdiendo el tiempo —concluí—. Porque eso es lo que siento que hemos hecho hasta ahora, perder nuestro tiempo, invertir y malgastar energías con la inútil intención de forzar algo que no funciona, que jamás funcionó. Así que… —el sonido de un fuerte trueno me interrumpió.
Miré algo asustada hacia varias direcciones y sentí las primeras gotas de lluvia que empezaron a caer. Busqué apurada mi paraguas que lo había dejado a un lado sobre la banca y antes de abrirlo miré a Darien para confirmar que seguía inmóvil sin reaccionar. Me quedé quieta esperando a que hiciera o dijera algo más. Pero él sólo alzó la vista hacia el cielo, evitando mirarme, y finalmente habló. —Lo siento… —fue todo lo que dijo— Lo siento mucho.
Suspiré afligida y me puse de pie. —Yo también lo siento… —dije desanimada y abrí mi paraguas— Adiós, Darien…
Él no respondió ni me miró. Así que di por finalizada nuestra charla, di media vuelta y empecé a alejarme. Mientras caminaba sentí como las gotas se multiplicaban y la lluvia se hacía cada vez más intensa. Después de avanzar unos cuantos metros, me detuve y volteé muy lentamente a verlo. Estaba de espaldas a mí, aún sentado en la banca y yo dudé por unos segundos si regresar a su lado o no. Pero vi que enseguida se puso de pie, abrió su paraguas y sin darse vuelta comenzó a caminar en la dirección contraria.
Al verlo alejarse no pude contenerme más y finalmente dejé escapar las lágrimas que había estado esforzándome por retener hasta ahora. Y aunque era consciente de que en ese preciso instante me rompí por dentro y mi corazón se deshizo de dolor, al mismo tiempo también pude reconocer una inmensa gratitud. Porque a pesar de haber tenido que desilusionarme tan pronto, supe que conocerlo y tenerlo en mi vida fue lo mejor que me pasó en mucho tiempo. Porque en tan sólo unos pocos meses sentí tantas cosas tan increíbles y hermosas como hacía mucho no me pasaba, y eso definitivamente era algo muy valioso para mí. O por lo menos quise convencerme de que así era…
Cuando vi que Darien se había alejado tanto que casi lo perdía de vista, de nuevo di media vuelta y también me fui.
.
"Él se va, se va, se va
inalcanzable...
Él se va, se va, se va
y por primera vez te das cuenta
de que brillas más que antes…"
.
Auuuuuch… esto sí que fue durísimo… espero que no me odien :`(
-Mary Barrientos: muchas gracias por haberte acercado de nuevo a leer esta locurita. espero que el cap de hoy te haya gustado, aunque haya sido tan triste :(
-brujitadcc: tranquila amiga, Darien no le fue infiel a Serena. pero sí se comportó de una forma que no pudo tolerar. y por ahora las cosas están bastante complicadas entre ellos... veremos qué pasa más adelante...
Bueno gente linda, esto ha sido todo por hoy. Espero que no me abandonen después de los violines tristes de este capítulo... Quienes me conocen y han leído mis otras locuras saben que aunque soy cruel, a la larga arreglo las cosas y me redimo. No me pierdan la fe!
Por favor déjenme unos bellísimos reviews! Los estaré esperando con muchas ansias!
Besotototes per tutti...
Bell.-
