Buenas noches mis queridísmas lectoras! Cómo están? Yo agotadísima pero feliz de estar de vuelta tan pronto con este nuevo cap de mi locurita.
No les puedo explicar lo emocionada que me siento hoy, porque después de casi 6 años por fin llegué a escribir y terminar este episodio tan crucial. En serio estoy al borde de las lágrimas, porque significa mucho para mí tras tanto tiempo y tantas cosas personales fuertísimas vividas, poder llegar al fin a estas instancias. Cuántas veces creí que no lo lograría, que dejaría el fic inconcluso y que jamás volvería a escribir. Pero aquí estoy, feliz como una perdiz y emocionada hasta las tutucas :´)
Desde ya les pido perdón por lo extenso que quedó, pero creo que ameritaba hacerlo así. Me dio muchísimo trabajo este cap, lo leí y releí tantas veces que seguro se me escaparon varios errores. Si encuentran alguno o se les hace confuso de leer, sepan disculpar la improlijidad.
Les hago un par de aclaraciones importantes: 1. Todo el capítulo, enterito, es un POV -como lo viene siendo todo el fic en realidad- sólo que esta vez es de Darien. Y 2. Al final transcribo la última estrofa de la canción que le da título a esta historia, "Luna Extraña" de Alejandro y María Laura.
Bueno, sin más para comentar, les dejo leer el VEINTIOCHO en paz. Espero que lo disfruten!
Todos los personajes pertenecen a su autora Naoko Takeuchi, yo sólo los tomé prestados.
Abajo me despido,
Bell.-
:: Capítulo Veintiocho ::
Mi nombre es Darien Chiba. Tengo 26 años, soy el único hijo de Setsuna y Mamoru Chiba, las personas más increíbles y admirables que conozco. Los músicos más virtuosos y sensibles del mundo entero. Vivo solo en mi propio departamento desde hace alrededor un año -aunque durante un breve período mi amigo Neflyte convivió conmigo, hasta hace unos días que se mudó con su novia-. Trabajo medio tiempo en un estudio contable y hace unos meses retomé mis estudios universitarios. Si todo sale según mis planes, podré graduarme de contador a finales de este año.
Si bien tengo algunos amigos a quienes quiero mucho y suelo ver con cierta frecuencia, me defino como un sujeto bastante reservado, tiendo a ser algo solitario -mejor dicho casi ermitaño- y últimamente mi vida social no está siendo muy activa que digamos. Estoy demasiado enfocado en mi trabajo y mis estudios. Y también en tratar de replantearme algunas decisiones personales que tomé durante el año pasado y de cuyas consecuencias aún me arrepiento.
Esta tarde -un helado sábado de principios de enero- me encuentro en mi departamento -solo, por supuesto-. Acabo de tomar un largo baño caliente después de regresar de correr. Hace poco retomé esta actividad, salir a trotar, que siempre disfruté mucho y hacía años no realizaba. Lo cual me está haciendo muy bien, tanto física como mentalmente, pero sobre todo lo noto en mi cuerpo. Ya que después de haber estado bastante desanimado por ciertas cosas que me pasaron, bajé mucho peso -siempre tendí a perder el apetito cuando me deprimo-. Pero por suerte ya me estoy sintiendo mejor, he recuperado mi peso y ganado masa muscular. Aunque anímicamente sigo algo debilitado…
Después de haber terminado de vestirme y secar rápidamente mi cabello con una toalla, me dirijo a la cocina para poner agua a calentar y preparar un poco té. Mientras espero que esté listo, busco mi celular para revisarlo y para mi sorpresa me encuentro con unas cuantas llamadas perdidas de Kunzite, mi mejor amigo. Me llama mucho la atención, e incluso llega a preocuparme, que haya insistido tanto en comunicarse conmigo. Debe suceder algo en verdad urgente que necesita avisarme. Así que inmediatamente busco su número para llamarlo, pero antes de llegar a marcar entra una nueva llamada suya. Atiendo enseguida.
—Por fin, Darien, ¡hasta que atendiste! —dice alarmado del otro lado de la línea.
—¿Qué pasa, Kun? ¿Por qué tanto apuro?
—¿Dónde estás?
—En mi departamento, ¿por qué?
—Bien. Tengo algo muy importante que decirte. Busca un lugar donde sentarte.
—¿Qué sucede, Kunzite? Me estás asustando.
—En serio, Darien, tienes que sentarte.
—¿Por qué? ¿Qué tienes que decirme? ¿Qué es tan urgente?
—¿Ya te sentaste?
—Sí —opto por mentirle con tal de que me diga de una buena vez qué está ocurriendo.
—Bien, presta mucha atención a lo que voy a decirte. Y ten presente que yo te apoyaré y estaré a tu lado para lo que necesites, como siempre lo he hecho. Porque somos mejores amigos, porque te quiero como a un hermano y…
—Por favor, ¡ya dilo!
—Serena se va a casar.
Me quedo estupefacto al escucharlo. Estoy atónito, en shock, siento como si me hubiera echado un balde de agua helada encima. En mi cabeza retumban sus palabras como un eco. Mis piernas se debilitan y me dejo caer en el sofá sin poder decir absolutamente nada.
—¿Darien? ¿Estás ahí? —dice Kun impaciente—. Rayos, ¿se cortó?
—Aquí estoy —respondo casi sin voz.
—¿Me escuchaste? —asiento con la cabeza, pero obviamente él no me ve—. ¿Escuchaste lo que te dije?
—S… sí…
—¿En serio me escuchaste bien?
Trato de reponerme—. Sí, sí, te oí bien. Pero, ¿de dónde sacaste esto? ¿Cómo lo sabes?
—Mina acaba de decírmelo. Habló con Serena esta mañana y ella le contó todo.
—¿Y qué fue exactamente lo que le dijo?
—Eso, que se va a casar.
—¿Estás seguro?
—Sí, Darien, por supuesto que estoy seguro, ¿cómo voy a decirte algo semejante sin estar seguro? Serena va a casarse, con Zafiro.
—¿Qué? —me levanto del sillón casi pegando un salto—. ¿Con Zafiro?
—Sí, él se lo propuso ayer. Y ella aceptó.
—Vaya, qué… inesperada noticia.
—Inesperada y terrible, ¿qué vas a hacer?
—¿Yo? Nada, ¿qué quieres que haga?
—¿Cómo que no harás nada? ¿Estás loco? Tienes que hablar con ella, Darien. Tienes que buscarla, decirle lo que sientes e impedir que esa boda se concrete.
—¿De qué hablas? ¿Impedir la boda? ¿Cómo voy a hacer algo así? Es impensable.
—Pero Darien…
—Si ella tomó esa decisión, yo no tengo nada que ver. Es su vida, su felicidad.
—Con otro hombre.
—Sí, con el hombre que ella eligió.
—¿Qué? ¿Me estás hablando en serio? ¿Tan rápido te rindes?
—No me rindo.
—Sí lo haces, te rindes, te resignas, te quedas de brazos cruzados.
—No es cierto, simplemente acepto los hechos como son. Ella rompió conmigo hace meses, yo habría intentado arreglar las cosas pero nunca quiso escucharme. Y si ahora quiere darle una oportunidad a Zafiro, no puedo hacer nada al respecto. Debo respetar su decisión.
—¿Pero no te das cuenta de la gravedad de la situación? No es que simplemente le dio una oportunidad, sino que se comprometió con él, ¡se van a casar!
—Y yo no puedo hacer nada en contra de eso, no es justo.
—¿No es justo dices? ¿Dices que no es justo, Darien? Por dios, ¿acaso no eres consciente de lo que está pasando? ¿No puedes verlo? Es exactamente lo mismo que sucedió con Saori.
—¿Con Saori? ¿A qué te refieres?
—Te enamoraste perdidamente de ella, habrías hecho hasta lo imposible por hacerla feliz. Pero tras tener un problema personal, en ese entonces la quiebra del negocio de tu padre y ahora tu despido, la alejaste, te aislaste, pusiste muchísima distancia y frialdad entre ustedes. Y creyendo que hacías lo mejor, que la estabas protegiendo, en realidad acabaste lastimándola y decepcionándola, provocando que optara por romper contigo. Para luego encontrar a otra persona con quien emprender una nueva relación y casarse y ser felices por siempre —dice esto último usando un innecesario tono sarcástico—. Es idéntico, ¿no te das cuenta? Con ambas te pasó exactamente lo mismo. Y para mí eso es algo muy injusto, amigo. No te mereces volver a atravesar una situación así.
—No, eso no es cierto. Lo que pasó con Serena no tiene nada que ver con Saori, son asuntos totalmente diferentes.
Sin poder evitarlo, repaso rápidamente en mi mente lo que viví hace años atrás con Saori e intento reflexionar sobre los planteos de Kun. Recuerdo que en ese tiempo, cuando en mi familia estábamos atravesando una muy difícil situación económica, nos distanciamos bastante. Al principio la comprendía, porque todo había cambiando mucho entre nosotros, yo no tenía tiempo para verla, no podía brindarle nada de lo que siempre le había ofrecido, no tenía dinero para invitarla a salir, para comprarle obsequios. Mucho menos podía asegurarle algún tipo de estabilidad, un hogar para estar juntos, formar nuestra familia, concretar todos nuestros proyectos. Y cuando las cosas empezaron a mejorar y conseguí el empleo del banco, la busqué para que habláramos y volviéramos a planificar nuestra vida juntos, retomar nuestra relación, pero ella simplemente terminó conmigo. Igual que Serena…
Después de eso por suerte jamás volví a verla. Y cuando pasó el tiempo, me enteré de que se había casado con un prestigioso abogado, que vivían en una lujosa casona a las afueras de la ciudad, que tenían un excelente pasar económico y que llevaban una vida más que confortable. Todas cosas que yo nunca podría haberle ofrecido, por eso me mandó al diablo. Siempre le atribuí nuestra ruptura a la posible presión de sus padres, a los prejuicios y los mandatos familiares que habían interferido en nuestra relación y acabaron llevándola a la ruina. Pero recién ahora caigo en la cuenta de que el mayor responsable de todo lo que pasó podría ser yo. Creo que Kun tiene razón.
—No, Darien, es lo mismo —dice enojado—. Es igual, todo está ocurriendo exactamente igual. ¿Vas a permitir que la historia se repita? ¿Vas a enojarte con ella y vivir resentido por años sin nunca jamás haber intentado aclarar las cosas? ¿Sin sentarse a hablar como dos personas adultas?
—No, yo no creo que…
—Debes hablar con Serena, Darien. Ya deja tu tonto orgullo de lado y búscala para explicarle lo que te pasó, para disculparte con ella y recuperarla.
—No tiene sentido hacerlo, no serviría de nada. Ella no quiere escucharme.
—Pero Darien…
—Además es una locura lo que dices, no puedo interferir en su vida y sus decisiones de esa forma, no sería correcto.
—Está bien, supongamos que tienes razón, que la idea de impedir que se case con Zafiro sea algo extrema. Igualmente creo que deberías hacer algo, necesitas darle un cierre, ambos lo necesitan.
—¿Qué quieres decir?
—Serena fue una parte importante de tu vida, alguien que te afectó profundamente y se alejó de ti antes de que pudieses decirle adiós de forma apropiada. Me parece que eso es lo menos que te mereces, poder decirle adiós. Darle a esta historia el cierre que corresponde.
—Decirle adiós…
—Bueno, al menos de una forma simbólica, porque no dejarás de verla, es la mejor amiga de mi esposa y encontrarte con ella es prácticamente inevitable. Sabes que debes lidiar con ello.
—No puedo hacerlo, simplemente no puedo. Ya es demasiado tarde, hace meses que no nos dirigimos la palabra, que me evita. No tiene sentido intentar hablar de nuevo con ella, ni para despedirnos adecuadamente ni mucho menos para rogarle que no se case.
—Maldición, Darien, me molesta tanto que te comportes así —dice Kun más enojado.
—¿Por qué?
—¡Porque mientes! Porque en realidad sabes muy bien qué es lo más importante para ti y sólo finges no saberlo. Pero yo sí lo sé, sé muy bien que haces de cuenta que no te duele más y ya lo has superado. Y eso en verdad me molesta.
—No es cierto. Yo no finjo, yo de verdad estoy mejor con todo esto.
—Te conozco bien, Darien. Ahora mismo te escucho y el tono de tu voz me dice que quieres salir corriendo a buscarla. Pero si no asumes qué es lo más importante para ti, la perderás. Dices que no te parece correcto interferir en su decisión, pero eso también es una excusa. Admítelo, te aterra la idea de que haya elegido a otra persona y se aleje de ti para siempre.
Nos quedamos en silencio. Vuelvo a repasar todo lo que me está diciendo y recuerdo que muchas veces me advirtió sobre esto, comparando lo que pasó con Serena con mi historia con Saori. Pero ésta es la primera vez que logro comprenderlo del todo. La lastimé, la decepcioné irremediablemente, provoqué que se alejara de mí y aún me duele que todo esto haya sucedido.
Lo comparo con lo que sentí cuando Saori rompió conmigo y tiempo después me enteré de su casamiento, y la verdad es que es bastante similar a lo que siento en este momento. Es más, ahora que lo pienso mejor se me ocurre que probablemente Serena esté saliendo con Zafiro hace tiempo y por eso nunca quiso escucharme cuando intenté hablar para aclarar las cosas. Al reparar en esto me siento mucho peor.
Recuerdo también que ella me ocultó varias veces cosas sobre Zafiro y muy probablemente lo esté haciendo ahora también. Pienso en aquella fuerte discusión que tuvimos el día que me echaron del banco y la encontré con él en su departamento. Sentí tantos celos, tanta inseguridad al verlos juntos. Porque siempre me comparé con él y me sentí inferior, siempre pensé que él era mejor que yo, y eso me llevó a actuar como lo hice de allí en adelante.
—Serena va a casarse con Zafiro —murmuro.
Pero Kun no llega a escucharme. —¿Qué?
—Lo siento, yo… No sé… Creo necesitaba decirlo en voz alta para saber que es verdad. Y ahora lo dije, así que…
—¿Entonces qué harás?
Sé que es una locura, que estoy actuando por impulso, pero no me importa. —Iré a buscarla —digo determinado.
—¡Sí! ¡Eso es!
—Iré a buscarla y hablaré con ella.
—¡Vamos, amigo! —me anima Kun—. ¡Tú puedes!
Me dirijo hacia la puerta y en el camino busco un abrigo y mis llaves. —Bien, ya tengo que irme —digo apresurado—. Adiós.
—Adiós, ¡buena suerte! —se despide y colgamos.
Durante un tiempo, apenas nos separamos, creí que Serena y yo podríamos darnos otra oportunidad, que no estaba todo perdido. Pero de cierta forma mi perspectiva cambió cuando hablamos por teléfono por mi cumpleaños y me pidió que sólo fuéramos amigos como antes. Y me di cuenta de que a partir de entonces todas las decisiones que tomé fueron para seguir a flote y dejar de esperar hasta que ella quisiera regresar conmigo. Seguramente ahora sigue siendo demasiado tarde y no existe ni la más mínima posibilidad de reconciliarnos. Pero al menos tengo que decirle lo que siento. Aunque sea intentarlo.
Me pongo mi abrigo, guardo las cosas en mis bolsillos y me voy. Cuando salgo del edificio y empiezo a caminar en dirección a la avenida de la esquina con la intención de buscar un taxi, escucho que alguien me llama a lo lejos.
—Darien… —dice una conocida voz a mis espaldas, pero llevo prisa y no me detengo—. ¡Darien! —insiste y ahora sí volteo a ver de quién se trata.
Apenas la reconozco me quedo inmóvil en medio de la acera. —¿Serena? —digo desconcertado.
—Hola —me saluda con una tímida sonrisa y camina hacia mí.
—Hola —digo confundido—. ¿Qué haces aquí?
—Vine… Vine a hablar contigo.
Me esfuerzo por comprender la situación. —¿Por qué no me llamaste o me avisaste que vendrías?
—Tienes razón, debí avisarte antes. Lo siento.
—¿Estás bien? ¿Pasa algo malo? —pregunto preocupado.
—No —responde enseguida—. Bueno… eh… yo… Más o menos. Necesito hablar contigo de algo importante —me explica—. No llevará mucho tiempo, pero si estás ocupado o tienes que irte, podemos dejarlo para otro momento.
—No, no. No estoy ocupado.
—Pero acabas de salir, estabas yéndote.
—Sí, es que iba a… —invento una tonta excusa—. Sólo salí a comprar algo, nada que no pueda esperar —regreso a la entrada del edificio y abro la puerta—. Ven, pasa —la invito a pasar y entramos juntos.
Subimos las escaleras en silencio, entramos a mi departamento, cuelgo nuestros abrigos en un perchero y nos dirigimos a la sala. —¿Quieres beber algo? —le pregunto—. Justo acabo de preparar un poco de té.
—Un té está bien, gracias.
—De acuerdo, enseguida regreso.
Voy a la cocina y mientras me ocupo del té me pregunto: ¿Qué demonios está pasando? Por más que nos tratemos con cordialidad y de manera distendida, esta situación es de lo más insólita e incómoda que podría siquiera imaginar. Después de todo lo que pasó entre nosotros, ¿es posible tratarnos como si nada hubiese sucedido? ¿Cómo se le ocurre aparecerse sin avisarme? ¿Cómo es posible que yo actúe de lo más relajado, como si nos hubiésemos visto ayer? Evidentemente vino a anunciarme en persona sobre su flamante compromiso. Y yo debo decidir lo antes posible qué es lo que voy a hacer, si escucharla y aceptar lo que me diga sin chistar o aprovechar la oportunidad y no perder el impulso de decirle todo lo que pueda. Más lo pienso y menos idea tengo de lo que pueda ocurrir a partir de ahora.
Vuelvo a la sala con una bandeja y veo que ella ya está sentada en el sofá. Cuando me siento a su lado le entrego su taza de té y la recibe con una amable sonrisa. Seguimos callados un rato más. Y luego de observar todo a su alrededor, Serena rompe el silencio. —Hacía mucho que no venía a tu departamento —comenta—. Está muy bonita tu sala, veo que la has decorado bastante.
—En realidad fue Nef. Pintó las paredes, compró esa biblioteca y trajo algunas plantas que le dio Lita. Me obsequió todo en agradecimiento por el tiempo que se quedó aquí. Se ve bien, está más colorido.
—Sí, es cierto —suspira largamente—. Me da mucha nostalgia estar aquí de nuevo —enseguida se corrige—. Me refiero al edificio, a estar de nuevo aquí en este edificio —y cambia de tema—. ¿Hay alguien viviendo en mi antiguo departamento?
—Sí, una pareja mayor. Se mudaron a fin de año.
—Ya veo.
—Son muy agradables. A la señora le gusta cocinar y de vez en cuando me regala alguno de sus platillos.
—¿Ah sí?
—Sí, de nuevo tengo una vecina simpática que cocina delicioso. Aunque ni se compara contigo —ella se pone seria y baja la mirada, tal vez mi comentario la incomodó—. En fin… ¿Cómo estás? ¿Qué ha sido de ti todo este tiempo? Hace mucho que no hablamos.
—Estoy bien —por suerte vuelve a sonreír—. Bastante ocupada, con mucho trabajo pero bien.
—Me contó Kun que están muy entusiasmados con las reformas en el consultorio, que está muy conforme con tus intervenciones.
—Sí, todo está quedando muy bonito. Pero no es sólo mérito mío, Mina también nos ayuda a veces.
—Qué bueno.
—¿Y tú cómo estás? ¿Cómo van tus estudios? Supe que en diciembre estuviste con exámenes.
—Sí, así es. Estoy bastante motivado, ya rendí y aprobé cuatro materias. Y a mediados de febrero comenzaré a cursar.
—Me alegra mucho. Seguro todo saldrá bien. Tú eres muy capaz, muy responsable. No tengo dudas de que lo lograrás.
—Gracias —al escucharla pienso en cómo siempre me ha alentado y me ha apoyado para salir adelante, incluso ahora lo hace—. Bueno —digo tras una breve pausa—, ¿sobre qué querías hablar?
—Cierto —carraspea nerviosa—. Bien, ¿por dónde empiezo? —medita por unos segundos—. Rayos, lo ensayé mil veces en mi cabeza y ahora no sé qué decir, pensé que sería más fácil.
—¿Al menos puedes decirme de qué se trata?
Inspira hondo, supongo que para armarse de valor. —Bueno, lo intentaré. Lo que quiero decirte es algo que me parece importante que sepas, algo que me pasó en estos días y he estado pensando mucho al respecto —definitivamente tiene que ser sobre su compromiso—. Y creo que lo mejor es…
—Espera —la interrumpo—, no sigas, por favor.
—¿Por qué? ¿Qué ocurre?
—Yo también tengo algo muy importante que decirte —debo hacerlo ahora, debo decírselo primero, antes de que vuelva a acobardarme—. ¿Puedo hablar primero?
—Pero…
—Por favor, Serena, necesito que me escuches. Necesito decírtelo ahora para evitar repetir el mismo error que cometí en el pasado. Y debo hacerlo antes de que tú me digas lo que viniste a decirme o será demasiado tarde y ya no tendrá ningún sentido. Así que déjame hablar primero —insisto—. Por favor.
—Claro, no hay problema.
—Bien —dejo mi taza sobre la mesa y trato de tranquilizarme—. También es muy difícil para mí tener que hacer esto, tenme paciencia y no me interrumpas. Por favor.
—De acuerdo, te escucho.
Antes de comenzar, intento ordenar un poco mis ideas. Y lo primero que pienso es que cuando me despidieron del banco sentí como si hubiese perdido una parte de mí. Todos mis proyectos, mis objetivos, todo lo que creí que por fin estaba haciendo bien y quería compartir con ella, simplemente se esfumó. Sin embargo creí que estaría bien, que podría seguir con mi vida y que aquello sólo sería un tropiezo más, pero no fue así. Sólo lo oculté, creé una pantalla, fingí estar bien pensando que era lo mejor. Pero fue todo lo contrario. Le mentí y le oculté lo que en verdad ocurría, y lo único que conseguí fue alejarme de ella y acabar decepcionándola. Cuando en realidad ella fue la única que estuvo dispuesta a entenderme y apoyarme, siendo siempre tan positiva y valiente y tenaz. En cambio yo no pude darle nada. Y me arrepiento tanto de lo que pasó. En verdad lo siento y necesito hacerle saber de alguna forma todo lo que esto significó para mí.
—Serena, tú… Tú eres… —empiezo a hablar—. Cada vez que pienso en lo que vivimos cuando estuvimos juntos, me doy cuenta de que todo lo que sentí, todo lo que compartimos, aunque sólo fue por unos pocos meses, todo eso ha sido mi mayor y único logro en la vida. Por más que lo piense y le dé mil vueltas, no puedo encontrar otra cosa, porque no he logrado nada más, nada que valga la pena, nada de qué estar orgulloso. Simplemente eso, conocerte y haber estado contigo fue lo mejor que me pasó en mi vida entera. Pero lo arruiné. Y lo lamento tanto…
No puedo creer que me esté animando a decirle todo esto. Es muy duro para mí admitirlo en voz alta, pero es lo correcto. Es lo mejor para los dos. Debo continuar.
—Desde que nos separamos estoy muy enojado. Estoy triste, irritable, hasta por momentos siento envidia de cualquiera que tenga a alguien y sea feliz. Es que no soy bueno para las rupturas, jamás lo fui, y eso no me enorgullece en absoluto. Sé que debería ser más fuerte, saber lidiar con esto de otra forma. Sé que debí haber aprendido algo de mi relación anterior y reparar las cosas a tiempo, hablar cuando era preciso hacerlo, confiar en ti, decirte lo que estaba viviendo, compartirte lo que sentía. Pero no lo hice y acabé lastimándote.
Mientras hablo, Serena me mira con aflicción, incluso con lástima. Y no soporto que me vea de esa forma. Me siento demasiado expuesto, me incomoda que pueda ver cuán movilizado e inseguro me encuentro en este momento, pero sé que debo continuar. Aunque tenga que evitar su mirada y no pueda hablarle viéndola a los ojos, debo decirle lo que más pueda.
—Todo este tiempo —sigo hablando con la mirada baja— he sentido pánico de volver a hacer algo incorrecto, por eso no he hecho nada hasta ahora, porque siempre creí que metería la pata de nuevo y tú no te mereces eso. Sentí lástima de mí mismo, aún lo hago y admito que me he comportado como un idiota. Lo que me pasó no amerita sufrimiento real, todo el mundo tiene problemas, incluso hay cosas mucho peores que perder un empleo. Me avergüenza haber actuado como lo hice, pero últimamente me he concentrado en mejorar, de hecho me siento mejor. Y me doy cuenta de que no puedo ser el mejor, que siempre podré equivocarme de alguna forma y que ya no tengo que tenerle miedo a eso. Porque ya no quiero sentirme así, insatisfecho e inseguro de mí mismo. Sino que quiero estar en paz y tranquilo, quiero ser amable y honesto con quienes lo son conmigo. Y por eso a partir de ahora…
Alzo la vista y al verla me callo inmediatamente. Serena está muy tensa, con todo su cuerpo contraído de tal forma que parece más pequeña de lo que es. Ya no me mira, tiene la vista clavada en la taza de té que aprieta entre sus manos. Estoy seguro de que está conteniendo las ganas llorar. No quiero hacerla llorar, no quiero verla así.
—Lo siento, Serena —creo que ya fue suficiente, que ya no tiene sentido decir mucho más, no si eso significa volver a lastimarla—. Simplemente quería pedirte perdón por lo que pasó. Y decirte que aún me duele que todo haya terminado entre nosotros. Pero aunque no podamos volver a estar juntos —es muy duro reconocerlo en voz alta—, al fin de cuentas estoy agradecido de que hayas sido parte de mi vida. Deseo que seas muy feliz con él… Estoy seguro de que es un gran sujeto y que te quiere de verdad.
Ahora me mira con una extraña expresión, como si no entendiera lo que acabo de decir. —¿A qué te refieres? —dice confundida—. ¿De quién estás hablando?
¿En serio me lo pregunta? —De Zafiro —respondo.
—¡¿Qué?! —pregunta sobresaltada mientras se pone de pie.
—Ya lo sé todo, Serena —le explico—. Te comprometiste con él, van a casarse.
—Pero… ¿Qué… ¿Cómo… ¿Por qué… —deja la taza sobre la mesa y se aleja unos pasos—. ¿Quién te lo dijo?
—Acabo de hablar por teléfono con Kun y él me lo contó —también me pongo de pie y trato de acercarme a ella, me preocupa que pueda reaccionar mal con todo esto—. Eso era de lo que querías hablarme, ¿cierto? ¿Lo que viniste a decirme?
Serena medita por unos instantes hasta que parece comprender cómo fue que supe de su compromiso. —Por dios, Mina —dice molesta llevándose las manos a la cabeza—, ¿por qué eres tan bocona?
—Lo siento —trato de acercarme un poco más—, debí habértelo aclarado desde un principio, no te enojes.
Pero ella retrocede unos pasos. —No, Darien, no me enojo —su tono de voz demuestra todo lo contrario—. Es que no es así como debían ser las cosas, yo quería hablar de esto contigo pero no así.
Empieza a caminar nerviosa de un lado a otro y yo intento seguirla. —Discúlpame, no fue mi intención importunarte —digo apenado—. Es que necesitaba decirte todo esto lo antes posible porque… —me detengo y decido observarla desde una distancia considerable ya que la noto bastante molesta—. Por favor, no te alteres. En verdad lo siento.
—Maldición, Darien, ¡ya deja de disculparte! —exclama enojada—. Perdóname, no quise gritarte —trata de calmarse—, no estoy molesta contigo, es sólo que no esperaba que las cosas resultaran así —se acerca un poco a mí—. Mira, Darien, es preciso que aclaremos todo esto de una buena vez. Ya no podemos seguir así. Al menos para mí es muy importante poder explicarte con claridad qué fue lo que pasó para que sepas bien cómo son las cosas y puedas comprenderme.
—No hace falta que me expliques nada, yo entiendo y acepto tu decisión, yo…
—Déjame hablar, Darien —me interrumpe—. Vine específicamente para hablar contigo así que déjame hacerlo.
—Está bien, te escucho.
Serena retoma su deambular mientras se toma unos minutos antes de volver a hablar. —Es verdad que Zafiro me propuso matrimonio —sus palabras me duelen profundamente, escucharlo directo de su boca es mucho peor de lo que pensé—. Ayer pasó por mi departamento y estuvimos conversando bastante de varios asuntos. Hacía tiempo que no nos veíamos y me alegró que volviéramos a reunirnos porque yo siempre me sentí muy bien con él. Porque es muy respetuoso y cálido conmigo, es un buen amigo, y sé que tiene un cariño especial por mí, muchas veces me lo ha demostrado —no es necesario que me enumere las increíbles virtudes de su futuro esposo, pero no tengo más opción que escucharla y soportarlo estoico, o por lo menos aparentarlo—. Pero jamás imaginé que llegaría a confesarme sus sentimientos de la forma que lo hizo y mucho menos pedirme que me case con él.
¿En serio le sorprende que lo haya hecho? Más bien debería sorprenderle que no lo hiciera antes, si siempre estuvo interesado en ella. ¿Y cómo no habría de estarlo? Si es la chica más bonita y dulce que jamás haya conocido, tiene tantas cualidades tan increíbles, es fuerte y decidida, cuando sabe lo que quiere es capaz de luchar por ello sin medir las consecuencias. Es intuitiva, transparente, creativa. Es capaz de reconocer y manifestar lo que piensa y siente con mucho valor, no tiene miedo de aventurarse a cosas nuevas y desconocidas. Cualquiera estaría loco por ella. Yo he estado loco por ella todo este tiempo, prácticamente desde el momento que la conocí…
—Sin embargo cuando lo hizo —continúa hablando ya sin caminar—, apenas me lo dijo me pasó algo muy extraño. En un instante recordé absolutamente todo lo que sucedió en el último año. Con lujo de detalles. Fue muy fuerte, muy movilizante. Fue como revivir todo de nuevo, cada momento, cada palabra, cada sentimiento y cada herida se impusieron en mi mente de una manera tan vívida que fue casi como volver a experimentarlo —nuevamente vuelve a acercarse a mí—. ¿Y sabes qué fue lo primero que recordé?
—¿Qué?
—El primer recuerdo que se me vino a la cabeza fue el día que te conocí… —dice con una melancólica sonrisa y yo siento que me rompo por dentro—. Cuando nos encontramos en la fila de aquella tienda y hablamos por primera vez. ¿Te acuerdas de ese día?
—Claro que me acuerdo —digo con nostalgia.
—Yo no sabía que eras mi vecino y cuando entramos al edificio las chicas pensaron que eras un acosador, ¿lo recuerdas?
—Sí… —jamás olvidaré lo avergonzado que me sentí aquel día, ella al fin se había percatado de mi existencia y temí haberle dado una mala impresión tras ese confuso episodio.
—Fue el día más increíble de mi vida porque te conocí… Y a partir de entonces pude descubrir que eras un chico muy dulce y adorable. Que eras amable y atento, que te preocupabas por los demás, que te gustaba ayudarlos, mostrarte gentil y solidario. Que eras divertido, con un sentido del humor bastante irritante, pero eras capaz de hacerme reír —ambos sonreímos—. Que tenías un corazón enorme y eras muy sensible.
¿Por qué me dice todo esto? ¿Con qué intención? ¿Acaso ésta es su forma de decirme adiós definitivamente? ¿Se está despidiendo de mí diciéndome cumplidos? ¿Cómo debo interpretarlo? ¿Está siendo sincera o sólo quiere ser amable? Sean los que sean sus verdaderos motivos, lo único que está logrando es que todo esto me duela cada vez más.
—Y luego empezamos a salir —continúa— y yo sentía que flotaba por los aires de la felicidad porque me habías correspondido. Pero después mis ilusiones comenzaron a desvanecerse. Te alejaste de mí, comenzaste a actuar con mucha distancia y frialdad y hasta dejaste de sonreír. Tu sonrisa, que era tan hermosa y tan tierna y yo siempre adoré con todo mi corazón, fue lo que más extrañé durante ese tiempo… —esto ya es demasiado, no sé si podré soportarlo mucho más—. Y desde que me reencontré con Zafiro no he hecho más que intentar reemplazar tu sonrisa con la suya —¿qué? ¿escuché bien?—. Quise encontrar en él todo lo que alguna vez deseé descubrir en ti y nunca pudimos compartir. Pero recién lo entendí ayer, cuando en determinado momento lo vi sonreír y recordé cómo me había sentido contigo el poco tiempo que estuvimos juntos. Y ahí simplemente lo supe.
Ahora creo comprender un poco mejor por qué me está diciendo todo esto, por qué me compara con él. Se está justificando, está edulcorando la simple razón de por qué lo eligió a él en vez de a mí, está confirmando lo que siempre pensé: que Zafiro es mucho mejor que yo. Pero está bien, tengo que asumirlo. Si es así cómo tenemos que despedirnos, cómo le estamos dando el cierre que se merece a nuestra historia, no me queda más remedio que aceptarlo. Aunque se me parta el corazón en mil pedazos. Otra vez…
—Fui muy feliz contigo, Darien —sigue hablando y en serio ya no sé cuánto más voy a poder tolerar esta tortura—, aunque las cosas no hayan sido fáciles entre nosotros. Porque tú no te comportaste como esperaba que lo hicieras y casi llegué a odiarte por eso. Y yo insistí como la buena cabeza hueca que soy en hacer que la relación funcionara y eso puede haber llevado a que en realidad se fuera desgastando —percibo que su voz empieza a quebrarse—. Pero también admito que fui muy exigente y desconsiderada contigo al pretender que lo comprendieras y actuaras diferente. Y quiero pedirte perdón por eso.
—No, Serena —intento tranquilizarla—, tú no debes disculparte.
Pero me ignora y sigue hablando. —Siento una gratitud muy grande por lo que viví junto a ti. Ya te lo he dicho antes, a pesar de que me hayas desilusionado, el hecho de conocerte y estar contigo, por más breve que haya sido, fue lo mejor que me pasó en mucho tiempo. Todo lo que sentí fue muy increíble y hermoso, y eso es algo muy valioso para mí, lo atesoraré en mi corazón toda mi vida. Jamás te olvidaré, Darien…
—Yo siento lo mismo —digo con el poco resto de entereza que me queda—. Te lo dije recién, fuiste lo mejor que me pasó en mi vida entera y me arrepiento de haberlo arruinado. Pero debemos ser fuertes y seguir adelante, dejemos de llenarnos de culpas y remordimientos, ya no tiene sentido. Estás a punto de dar un paso muy importante en tu vida, tienes que estar feliz, tienes que disfrutarlo. Tú te lo mereces más que nadie en el mundo, siempre soñaste con encontrar a esa persona especial con quien casarte y proyectar un futuro y…
—Yo ya no tengo dudas —me corta en seco—, ya no me siento más insegura. Ya no hay más incertidumbres ni inquietudes que interrumpan mis verdaderos sentimientos. Por eso no voy a casarme con Zafiro.
—¿Qué?
—Que no voy a casarme con Zafiro —repite—. No acepté su propuesta, no me comprometí con él.
—Pero… ¿Qué… ¿Cómo… ¿Por qué…
—Porque no puedo sentir por él lo que siempre sentí por ti —dice con la voz temblorosa y los ojos llenos de lágrimas, y yo no sé cómo reaccionar—. No te olvidé, Darien, no pude hacerlo. Todo este tiempo creí que había logrado superar el dolor que me causó nuestra ruptura. Pensaba que había aceptado que no compartíamos los mismos sentimientos y que simplemente debía dar vuelta la página. Para tener mi mente y mi tiempo ocupados en otras cosas, mi trabajo, mis padres, mis amigos. Pero en realidad jamás pude superarlo, porque no te olvidé, no dejé de extrañarte ni un solo día desde entonces.
No puedo creer lo que me está diciendo. ¿Qué rayos está pasando? ¿Cómo que no va a casarse? ¿Rechazó a Zafiro? ¿Entonces Kunzite me mintió? Me esfuerzo por recordar nuestra conversación telefónica y ahora entiendo todo con claridad: Efectivamente Kun me mintió y lo hizo a propósito, porque es un maldito manipulador, es un ser oscuro lleno de maldad que se hace pasar por mi mejor amigo y me miente para obligarme a hacer cosas contra mi voluntad. No sé si enfurecerme con él o sentirme agradecido por haberme hecho reaccionar.
Como sea ya pensaré en eso más adelante, ahora lo importante es tratar de comprender por qué Serena está aquí diciéndome todo esto. ¿Cómo debo interpretarlo? ¿Será que aún tiene sentimientos por mí? ¿Que en serio no me olvidó? ¿Que tiene intenciones de arreglar las cosas entre nosotros? ¿Será eso? ¿Quiere que nos reconciliemos? No puedo evitar sentirme repentinamente esperanzado. —Yo tampoco te olvidé, Serena —debo ser honesto con ella—. Jamás lo hice, porque yo…
—Pero aunque lo intentamos —de nuevo me ignora—, pienso que no hemos sabido manejar nuestra relación de la mejor manera, que… —el temblor de su voz persiste y hace cortas pausas para tomar aire mientras habla—. Que debemos aceptar que sólo hemos elegido tomar rumbos muy diferentes en nuestras vidas, porque tenemos modos y ritmos muy distintos y no congeniamos… Y lo mejor que podemos hacer es aceptar que nuestro tiempo ya pasó.
—¿Qué? —¿Por qué dice esto de repente? Me está volviendo loco.
—Mientras estuvimos juntos, hicimos todo lo que pudimos para que lo nuestro funcionara. No lo conseguimos y tenemos que aceptarlo.
—Pero Serena, yo no…
—Lamento hacerte perder el tiempo con mis tonterías —da media vuelta y empieza a caminar hacia la puerta.
—¿Te vas? —estoy completamente perdido—. ¿En serio ya te vas? —demoro en reaccionar y cuando lo hago voy tras ella de inmediato.
Cuando la alcanzo, voltea despacio pero evita mirarme a la cara. —Es que ya no tengo nada más que decirte. Sólo quería sincerarme contigo y verte un momento para saber cómo estás.
—Serena, yo creí estabas comprometida…
Por supuesto, sigue ignorándome. —Me alegra que podamos hablar. Te agradezco por todo lo que me dijiste, por abrirte conmigo y decirme cómo te sientes. A mí también me duele que todo haya terminado entre nosotros. Bueno, aunque en realidad fui yo quien rompió contigo y en verdad lo siento.
—Espera un momento, yo…
—Tú sabes que siempre fui muy impulsiva y la verdad es que no supe lidiar con nuestros problemas con algo de madurez. Lamento si te lastimé, creí que separarnos sería lo mejor para los dos.
—Escúchame, por favor…
—Aunque admito que fue duro escucharte decir que no podemos volver a estar juntos, te doy las gracias por desearme felicidad. Yo también deseo que tú seas feliz.
—Lo dije porque pensé que ibas a casarte, pero…
No me escucha y empiezo a exasperarme. —Ambos nos merecemos ser felices —no para de hablar—. Por eso debemos aceptar lo que pasó y seguir adelante con nuestras vidas —siempre hace lo mismo, no se calla, se apura en sacar conclusiones, se enmaraña en sus soliloquios y deja de registrarme. Y necesito explicarle lo que está pasando, que todo fue una confusión, que hay algo muy importante que aún no le dije—. Estoy segura —sigue parloteando y yo ya no aguanto más— de que todo esto nos servirá como un importante y profundo aprendizaje y…
—Te amo, Serena —suelto al fin y ella automáticamente se calla—. Te amo… —repito y sin pensarlo la abrazo.
No puedo creer que se lo dije.
No puedo creerlo.
Siento tanto alivio como si me hubiese quitado mil toneladas de encima.
Y no me alcanza, debo decirle todo. —Quiero que volvamos a intentarlo —sí, eso es lo que más quiero, lo que más deseo—. Por favor, dame otra oportunidad.
Por fin se lo dije. Y se siente tan bien. Debí habérselo dicho desde un comienzo. O hace meses. Como sea, ya no me importa si es tarde o no. Pude decírselo, pude sincerarme como en verdad necesitaba hacerlo.
—Porque te extraño, Serena… Te extraño tanto… —la aprieto con fuerza contra mi cuerpo, tenerla entre mis brazos y poder sentirla así de cerca es tan reconfortante que no quisiera soltarla nunca.
Después de unos minutos -o unas horas, estoy tan conmocionado que no registro el paso del tiempo real- percibo que ella comienza a temblar y recapacito de golpe. —¿Qué sucede, Serena? —le pregunto temeroso—. ¿Te sientes bien? ¿Qué tienes? —intento separarme para poder mirarla pero ella no me deja sino que me abraza más fuerte—. Serena, no me asustes, ¿qué pasa? —insisto preocupado al darme cuenta de que en realidad está llorando con su rostro refugiado en mi pecho.
—Darien… —dice entre sollozos—. Darien… —repite incrementando su llanto.
—Por favor, Serena, dime algo —le suplico impaciente—. ¿Qué pasa? ¿Por qué lloras?
—No estoy llorando, tú estás llorando —gimotea.
—Tranquila… —susurro en su oído y acaricio su cabello para intentar consolarla—. No llores, por favor, no me gusta verte llorar —no dejo de acariciarla y ella poco a poco se va calmando, hasta que la escucho balbucear algo pero no llego a escucharla bien—. ¿Qué estás diciendo?
—¿Por qué…? —despega su rostro de mi pecho y se acerca a mi cuello para hablarme al oído—. ¿Por qué te tardaste tanto? ¿Por qué no me lo dijiste antes?
—Lo siento… Quise decírtelo antes, tuve todas las intenciones de hacerlo en más de una ocasión, pero tú no quisiste escucharme.
—Perdóname… —murmura y vuelve a intensificar su llanto.
—Tranquila… —susurro en su oído y de nuevo acaricio su cabello para intentar consolarla—. No llores más, por favor —le mezo lentamente sin dejar de abrazarla y de a poco va dejando de llorar—. Gracias… Gracias por haber venido, necesitaba tanto volver a verte…
Ella suelta un largo suspiro. —Yo también…
Permanecemos abrazados y en silencio por largo rato. Y me doy cuenta de que estar junto a ella es lo que realmente necesito, lo que en verdad deseo, y que no puedo ni quiero que volvamos a separarnos. Pero tengo que saber si ella está dispuesta a volver a aceptarme o no. Me alejo un poco para poder mirarla y ahora acaricio su rostro para limpiar sus lágrimas—. ¿Tú me extrañas, Serena? —le pregunto temeroso.
—Sí… —responde haciendo pucheros y yo siento que me vuelve el alma al cuerpo.
—Quiero… —tomo su rostro entre mis manos y la miro fijamente a los ojos—. Quiero volver a verte siempre, quiero volver a verte toda mi vida.
—Yo también… —dice ella y apoya su frente contra la mía.
—¿En verdad, Serena? ¿Crees que nuestro tiempo aún no pasó? ¿Que podemos volver a intentarlo? —pregunto otra vez temeroso, necesito estar seguro, que ella me lo confirme.
Serena se separa un poco. —Sí, Darien —dice con una leve sonrisa—. Quiero que volvamos a intentarlo.
—¿En serio?
—Sí, quiero darte otra oportunidad —dice agrandando su sonrisa—, quiero que volvamos a estar juntos.
—Serena…
—Porque yo también… —su voz vuelve a quebrarse—. Yo también te amo… —dice suspirando.
Al escucharla una inmensa e indescriptible emoción me colma por completo, ya no puedo contenerme más y sin perder más tiempo la beso suavemente en los labios. Me ama… Serena aún me ama, acaba de decírmelo y no puedo creerlo. Esto parece un sueño…
Pero ella no reacciona a mi beso sino que comienza a llorar otra vez. Al notarlo vuelvo a abrazarla para contenerla y dejar que se desahogue todo lo que precise. Acomodo mi rostro cerca de su cuello y ella nuevamente se refugia en mi pecho para sollozar con intensidad. Yo comienzo a mecerla entre mis brazos y acaricio su cabello con delicadeza. La siento tan cerca, respiro su dulce perfume y suspiro a cada instante por el gran alivio que me provoca haberle dicho al fin lo que siento por ella y saber que volveremos a estar juntos a partir de ahora.
Poco a poco noto que su llanto va disminuyendo y separa su rostro de mi pecho para mirarme de frente. Yo sonrío tranquilo y acaricio de nuevo su rostro con dulzura. La veo a los ojos con calma, puedo encontrarme con tanta paz en su mirada… Pero ella se pone muy seria y también acerca su mano a mi rostro para luego acariciar mi mejilla con tanta ternura que provoca que se me erice la piel de todo el cuerpo.
Lentamente se acerca más a mí. Yo también me pongo serio y noto que me cuesta sostener la respiración regular al notar cómo ahora mira mi boca con un brillo muy diferente en su mirada. Casi instintivamente tomo la mano que tengo sobre mi mejilla y también detengo mi mirada en sus labios. Estamos tan cerca que nuestros alientos se mezclan. —Serena… —digo en voz muy baja y la miro de nuevo a los ojos.
Ella vuelve a sonreír y también susurra en voz muy baja. —Darien… —dice en un entrecortado suspiro y me besa. Es un beso tímido, tan delicado y dulce que lo sostenemos lo más que podemos. Muy despacio empieza a acariciar mis labios con los suyos mientras yo acaricio lentamente cada una de las facciones de su rostro. Ella se anima a pasar a besos más húmedos, acaricia mi cuello y enreda los dedos en mi cabello con tanta suavidad que provoca que comience a delinear sus labios con la punta de mi lengua. Nos tratamos con dulzura, con calma, pero nuestras respiraciones empiezan a ser más profundas.
La tomo del cuello con una mano y de la cintura con la otra para acercarla aún más a mi cuerpo. Y los besos cada vez se hacen más intensos y nuestra respiración más irregular. Dejo por un momento su boca para comenzar a besar su cuello y luego el lóbulo de su oreja sin dejar de acariciarla con las yemas de los dedos en su espalda. Ella suelta un suave gemido en reacción a mis caricias y me estremezco entero al escucharla.
Entonces suavizo los besos, ya estamos más agitados. Suelto un entrecortado suspiro. —Serena —susurro casi sin voz—, por favor quédate. Está frío afuera —beso su mejilla, el costado de su nariz, la comisura de sus labios y me separo un poco para mirarla de frente, sin dejar de abrazarla y acariciarla por la espalda— y hace tanto calor aquí…
Ambos sonreímos. —Está bien, me quedaré —susurra mientras me da cortos besos en los labios—. Pero antes quiero… —le cuesta hablar por la respiración irregular—. Quiero que me lo digas. Quiero escucharte de nuevo —y cierra los ojos para esperarme.
Yo suspiro emocionado y entre beso y beso susurro otra vez. —Te amo… —veo que nuevamente algunas lágrimas brotan de sus ojos—. Te amo, Serena… —repito profundizando los besos—. Te amo… Te amo… —y la beso con toda la intensidad que habría deseado besarla desde un principio.
Ella no duda en corresponderme y yo la abrazo de nuevo por la cintura para pegarla a mi cuerpo lo más que pueda. Y entre besos apasionados y caricias intranquilas Serena comienza a caminar hacia el dormitorio guiándome para que la acompañe. Por supuesto no me resisto, porque la deseo con desesperación, la amo con locura y necesito demostrárselo lo antes posible.
Me dejo llevar sin disminuir la intensidad de los besos y mientras caminamos ella intenta quitarme el suéter, pero gruñe frustrada al percatarse que debajo tengo puesta una camiseta de algodón. Río contra sus labios por su impaciencia, pero ella parece tolerar la frustración y comienza a acariciarme bajo la ropa, sin volver a intentar quitármela.
Llegamos a mi habitación y cuando nos acercamos a la cama, me empuja obligándome a sentarme para inmediatamente sentarse a horcajadas sobre mí sin cortar los besos. Pero yo la interrumpo por unos instantes para comenzar a desvestirla muy despacio. Le quito el suéter, luego la blusa y disfruto de cómo se va impacientando cada vez más. Cuando termino mi tarea sonrío cautivado al recorrer su torso semidesnudo con la mirada. La encuentro tanto o más hermosa de lo que recordaba. No puedo creer que esto esté pasando. Alzo la vista y al encontrarme con sus ojos que me miran con tanta ternura y a la vez con tanto deseo, el amor y la felicidad que siento están a punto de hacerme colapsar.
—Te amo, Serena… —digo profundamente emocionado—. Te amo… —y de nuevo la abrazo con fuerza—. Y te extrañé mucho, me hiciste tanta falta… —ella también me abraza—. Me hiciste mucha falta, Serena, no me dejes. No vuelvas a dejarme nunca…
—No lo haré —susurra en mi oído y acaricia mi cabello—. Estoy aquí contigo —no deja de acariciarme—. Jamás me alejaré de tu lado, no permitiré que volvamos a separarnos nunca más —y profundiza aún más el abrazo.
Después de unos minutos volvemos a mirarnos a los ojos. La veo y no lo creo. Está de nuevo junto a mí. Nos estamos reconciliando. No puedo sentirme más feliz. Y debo estar poniendo tremenda cara de idiota enamorado porque ella suelta una risita y me hace aterrizar de golpe. —¿Qué es tan gracioso?
—Eres tan hermoso… —susurra con una mirada provocativa y me besa—. Eres hermoso… hermoso… hermoso…
Se apresura en quitarme la ropa y enseguida comienza a tumbarme contra la cama. Ahora nos besamos con más intensidad. Nos acariciamos con desenfreno, sentir nuestras pieles totalmente en contacto es tan excitante que no puedo resistirme y la hago girar para cambiar de posición.
Empiezo a repasar otra vez su cuello para descender hasta su pecho, mientras con las manos recorro su cuerpo con suaves caricias, repasando sus brazos, su cintura, sus piernas. La beso y acaricio con calma, tomándome mi tiempo para deleitarme con cada centímetro de su piel. Y ella parece impacientarse cada vez más, porque suspira a cada instante y de a poco empieza a soltar nuevos gemidos.
Me alejo un poco, le quito los jeans con mucho cuidado y cuando termino de desvestirla, vuelvo a acercarme a ella y regreso a su oído. —¿Te gusta? —susurro mientras sin llegar a besarla acaricio la piel de su cuello con la punta de mi lengua y dirijo una de mis manos hacia su pecho
—Sí…—responde suspirando.
—Ten algo de paciencia y déjame disfrutarte… —susurro sin dejar de besarla y muy despacio quito con los dedos la tela de su sujetador para dejar sus pechos al descubierto y comenzar a acariciarlos lenta y alternadamente—. Tú también vas a disfrutarlo…
Rápidamente la tomo de la cintura y la hago girar para acomodarla de espaldas a mí. Rodeo su cuerpo con mis brazos y la acerco más al mío. Con una mano vuelvo a acariciar sus pechos y con la otra acaricio su cintura y sus caderas con impaciencia, provocando que vuelva a soltar gemidos de placer.
Intensificando las caricias, dirijo mi boca hacia su oreja y comienzo a regalarle suaves besos y pequeñas lamidas en su oído. —¿Esto te gusta? —vuelvo a susurrar y ella responde con un nuevo gemido apretándose más contra mí.
Quito el cabello de su cuello para dedicarle más besos sin dejar de acariciarla entera. Ella está cada vez más inquieta y busca mayor contacto con sus movimientos. No corto las caricias, muerdo su hombro, lamo y succiono su cuello, también pellizco sus pezones. Y cuando decido dejar de torturarla, desciendo con mi mano hacia su entrepierna para comenzar a acariciar su centro con suaves y lentos movimientos circulares.
Serena suelta un agudo gemido y se retuerce entera entre mi brazos por las sensaciones que le provoco. Yo acomodo mejor mi cuerpo contra ella y entrelazó mis piernas con las suyas buscando mayor contacto. —Dime qué sientes… —le susurro al oído—. Dímelo, Serena… —ella gime extasiada pero no responde. Entonces interrumpo las caricias—. Dímelo —insisto.
Serena gruñe molesta por la interrupción haciéndome reír y tomando de nuevo mis manos para volver a guiarme hacia su pecho y su entrepierna, gira su rostro para verme a los ojos. —Te deseo, Darien —dice agitada—, no te detengas… —y ataca mi boca con besos desaforados.
Yo respondo a sus besos e inmediatamente retomo las caricias, mientras Serena enreda una de sus manos en mi cabello para acercarme más a ella, y con su otra mano se dirige a mis caderas para animarme a acercarme aún más moviéndose contra mí.
Vuelvo a descender con húmedos y tibios besos por su cuello y acomodando mejor mis piernas para poder acoplarme a ella, comienzo moverme muy lentamente contra su cuerpo. Ambos jadeamos ante la deliciosa sensación que nos provocan estos movimientos ondulantes en esta posición.
Serena suelta nuevos gemidos cada vez más agudos y se aprieta contra mí mientras vuelve a llevar su mano hacia mi cabello para acercarme a su rostro y besarme con mayor desenfreno. Yo le devuelvo los besos y no dejo de moverme, con la intención de prolongar el disfrute y el placer que estamos experimentando.
Continúo acariciando sus pechos y su entrepierna, besando la piel de su cuello y ella lleva una mano hacia la mía para acelerar los movimientos que mis dedos ejercen en su centro. Sonrío complacido contra su piel y me dejo guiar. Y así ambos comenzamos a gemir juntos, notando cómo ella se acerca cada vez más al clímax. Cuando siento cómo se tensa y arquea con todo su cuerpo, disminuyo un poco el ritmo de mis movimientos y haciendo mayor presión contra su cuerpo Serena finalmente alcanza el primer orgasmo.
Me incorporo de inmediato, la tumbo de espaldas a la cama y después de desnudarnos completamente a ambos, me acomodo sobre ella y apoyo mis brazos a los lados de su cuerpo sin dejar de mirarla fijamente a los ojos—. Ahora es mi turno… —digo con una lujuriosa sonrisa y la embisto con fuerza, haciéndola soltar un agudo grito.
Comienzo a moverme contra ella lenta pero rítmicamente, alternando besos y suaves gemidos. Y Serena también empieza a ondularse acoplándose a mi movimientos. Pero yo estoy fuera de control, y acomodando una de sus piernas alrededor de mi cintura, mis embestidas poco a poco cobran más ritmo y profundidad.
Sin disminuir la intensidad de mis entradas, sigo besándola ininterrumpidamente, saboreándola, gimiendo contra su boca, moviéndome cada vez con más velocidad, y tomando su otra pierna empujo sus rodillas contra su pecho, para hacer mayor presión y lograr hundirme aún más en su interior.
Serena suelta gemidos más agudos y se retuerce contra mí, moviendo sus caderas y clavando sus uñas en la piel de mi espalda. Al sentirla, me atrevo a soltarme un poco más y sin dudarlo vuelvo a tomar sus piernas para acomodar sus tobillos sobre mis hombros. Ahora la embisto con más fuerza, provocándole tanto placer que puedo sentir cómo vuelve a tensarse entera y empieza a ejercer mayor presión desde su interior.
—Darien… ¡Darien… Te amo…! —grita completamente fuera de sí.
Mi cuerpo también comienza a tensarse, acelerando el ritmo de mis movimientos. —Serena… —exclamo jadeante al dejar caer sus piernas a los lados para acercarme a su rostro y volver a besarla—. Te amo… —susurro contra sus labios. Profundizo mis entradas disminuyendo el ritmo de mis movimientos y presionando con fuerza contra su cuerpo—. Serena… —repito casi sin aire y enterrando mi rostro en su cuello finalmente juntos alcanzamos el orgasmo.
Los dos nos quedamos sin aliento, abrazados, respirando con dificultad. Yo permanezco unos instantes en la misma posición, estremeciéndome una vez más antes de desplomarme encima de ella. Serena suelta un largo suspiro y abrazando mi cuello acaricia despacio mi espalda para suavizar las marcas que segundos antes me hizo con las uñas.
—¿Estás… ¿Estás bien? —le pregunto al mirarla a los ojos.
Ella sonríe extasiada. —Sí, estoy muy bien —y me da cortos besos en los labios—. Estuviste increíble… Fue algo… increíble…
—Lo siento, creo que me entusiasmé demasiado… —bromeo y ambos reímos.
Intento moverme, pero no me deja separarme de ella. —Espera, quédate un rato más.
—Pero te estoy aplastando —digo riendo y trato de acomodarse mejor apoyándome en los codos para estar más cómodos.
—No me importa —insiste y me besa sin dejar de rodear mi cuerpo con sus piernas—, quiero tenerte así un ratito más.
—Eres muy mimosa, Serena —digo con ternura mientras le doy unos besitos en la punta de la nariz.
—Estar así contigo es como un sueño hecho realidad. Te amo tanto… —dice suspirando.
—Yo también te amo…
—Y quiero que estemos juntos para siempre.
Yo sonrío y acaricio su rostro. —¿Siempre juntos? ¿Aunque nos pongamos viejos y tengamos muy mal carácter? —bromeo.
—Sí —responde riendo—, aunque te conviertas en un viejito odioso y gruñón voy a estar siempre a tu lado.
—Está bien, envejeceré a tu lado. Pero con una condición.
—¿Cuál? —pregunta curiosa.
—Que durante todos los años que estemos juntos me dejarás besarte y acariciarte todo lo que se me antoje —susurro seductor y beso su cuello.
—Está bien —ella vuelve a reír—, acepto tu condición. Y yo también tengo una —agrega con determinación.
—¿Cuál? —no dejo de besarla.
—Que aunque te pongas todo viejito y arrugado y tengas un carácter horrible, nunca dejes de sonreír —la miro emocionado al escuchar sus palabras—. Así, sonríe siempre para mí así como lo haces ahora —ella también sonríe—. Eso es lo que más deseo.
Con su cálida mirada y sus dulces palabras no hace más que confirmarme que de verdad me ha perdonado. Ambos lo hicimos, nos hemos demostrado que nos amamos, que nos elegimos y que estamos decididos a darnos una oportunidad para arreglar las cosas entre nosotros. Y sé que estoy dispuesto a hacer hasta lo imposible por conseguirlo, por ser el hombre que nunca me he permitido ser antes, por compartir con ella todo lo que esté a mi alcance y hacerla feliz, por recuperar el tiempo perdido…
Suspiro largamente y me acerco a sus labios. —Te amo, Serena… —susurro bajito.
—Te amo, Darien… —susurra ella y nos besamos.
.
"Luna extraña que te pareces a mí
tu noche ya no es tan oscura
lo llevas dentro de ti…
Muy dentro de ti"
.
Omaigáaaaaaa! Que intenso estuvo esto por diooooooosssss! No puedo creer que llegué hasta acá sin morir en el intento, jaja! Estoy emocionadísima, no les puedo explicar cuánto!
Y a uds cómo les fue? Qué les pareció? Era el desenlace que esperaban? Les gustó? O hubieran preferido más tire y afloje entre estos dos? Cuenten, cuenten!
Yo les voy a hacer una confesión: Desde un principio pensé en un final totalmente distinto, incluso lo sugerí en el capítulo anterior. Tenía toda la intención de hacer que Serena acabara sin pareja, o sea sin elegir ni a Darien ni a Zafiro, y acabar el fic con un final abierto. Pero decidí no hacerlo y ser fiel a la OTP como en todos mis otros fics. Quizás si la hubiera escrito como una historia original sí lo hacía. O tal vez no me animaba. No lo sé y jamás lo sabremos.
Por lo pronto las cosas están así, la parejita dorada está unida y feliz como se lo merece, y todo se presta para unas cuantas dosis de miel bien melosa y cursi por unos cuantos capis más.. Al menos un par...
Bueno, chiquis, esto es todo por ahora. No dejen de contarme por favor qué les pareció el capítulo, por lo tanto espero que me dejen unos muy bonitos reviews!
Gracias por el aguante de siempre! Hasta la próxima!
Bell.-
EDIT: Éste no es el último cap. Aún hay varias cosas por contar, así que habrá más capítulos.
