Muy buenas noches gente linda del mio cuore! Cómo es que les va? Tantísimo tiempo sin leernos! Ni yo me puedo creer que después de casi un año y medio estoy de vuelta con otro capítulo de esta eterna locura mía. Han sido tiempos muy productivos en mi vida, menos en la escritura del fic ja! Pero aquí estoy de regreso después de larguísima ausencia.

En este cap retomo el POV de Serena y desarrollo un poquito más lo que conté en el cap anterior. De por sí no hay muchos avances importantes en la trama, pero sí algunos momentos bonitos de nuestros queridos protagonistas.

También incorporé esta vez una canción que me gusta muchísimo. Se trata de "Say yes" de Elliott Smith, de la cual transcribo un pedacito de la letra traducida y les recomiendo que complementen a la lectura.

Bueno, sin más preámbulos, les invito a leer el VEINTINUEVE en paz. Espero que lo disfruten! Y que me dejen muchos reviews :P

Todos los personajes pertenecen a su autora Naoko Takeuchi, yo sólo los tomé prestados.

Saluditos,

Bell.-

PD: Les comento además que estimo que como mucho faltarán dos o tres capítulos más para terminar el fic, pero ni se gasten en preguntarme cuándo subiré el próximo porque no tengo ni idea. Espero que antes del 2030 jaja!


:: Capítulo Veintinueve ::

Zafiro me propuso matrimonio.

Después de la última vez que hablamos, supuestamente las cosas quedaron bien entre nosotros. Aunque sólo nos comunicamos por teléfono, siempre nos tratamos en buenos términos. Pero desde entonces no volvimos a vernos ni conversar sobre lo que sucedió. Yo simplemente asumí que todo estaba bien, que seguíamos siendo buenos amigos como siempre y que él pensaba igual que yo.

Sin embargo esta noche se apareció en mi departamento sin avisarme previamente, y entre pláticas y bromas livianas lo dijo sin rodeos: me pidió que me case con él.

¿Y qué va a ser de mí después de este inesperado acontecimiento? No tengo ni la más pálida idea…

Reconozco que en algún momento de mi vida la idea de casarme y formar una familia fue un valioso sueño para mí. Pero en este preciso instante, sobre todo luego de recordar con lujo de detalles todo lo que pasó en el último año, me siento bastante perdida y desorientada al respecto. Creí que sería capaz de superarlo y dejar de esperar o desear tener una relación estable y formal para encausar mi vida hacia otro rumbo, algo que en verdad tenga que ver conmigo y mis verdaderos deseos, aunque aún no los tuviera del todo claros.

Pero no puedo darle una respuesta por el momento, no quiero apresurarme. No obstante trato de recapacitar y me pregunto si ésta sería una buena oportunidad para tener una vida plena y feliz, si Zafiro puede ser la persona con quien quiero comprometerme y proyectar un futuro juntos, si en realidad siento amor por él o, si no es así, si puedo llegar a enamorarme algún día.

Éstas y cientos de preguntas más se imponen en mi cabeza y amenazan con desestabilizarme. Pero me esfuerzo por conservar algo de sensatez y me digo para mis adentros: "No tengo que forzar las cosas. No tengo que precipitarme ni en tomar decisiones ni en sacar conclusiones apresuradas. Todo a su tiempo, todo a su ritmo, sin apurar ni interrumpir nada, y que sea lo que tenga que ser."

Así que inspiro hondo e intento enfocarme de nuevo en la velada que estamos compartiendo. Mientras cenamos, Zafiro vuelve a servir un poco de vino y alza su copa para invitarme a brindar con una gran sonrisa en su rostro, y cuando lo veo siento como si el tiempo se detuviera.

Estoy completamente absorta ante su sonrisa. Estoy prendida de su mirada, paralizada, no puedo sacarle los ojos de encima, hacía mucho tiempo que no me pasaba algo como esto. De repente siento cómo un intenso y cálido regocijo inunda mi pecho, una emoción tan inmensa e indescriptible que recorre mi cuerpo entero. Y casi mágicamente todo se acomoda en mi interior. Es como si una apretada venda se me cayera de los ojos y pudiera ver todo con claridad al fin.

Ya no tengo dudas, ya no me siento más insegura. Ya no hay más incertidumbres ni inquietudes que interrumpan mis verdaderos sentimientos. Ya sé cuál es mi respuesta.

—Zafiro —lo llamo con mucha firmeza en mi voz—, ya tomé una decisión.

Él se pone serio y deja su copa sobre la mesa. —Te escucho —dice con voz apagada. Su dura expresión me da la impresión de que adivinó enseguida lo que estoy a punto de decirle.

Y yo caigo en la cuenta de que hace instantes, cuando recordé absolutamente todo lo que sucedió en el último año, el primer recuerdo que se me vino a la cabeza fue el día que conocí a Darien. Cuando nos encontramos en la fila de aquella tienda y hablamos por primera vez.

Comprendí que su sonrisa, tan hermosa y tierna y que siempre adoré con todo mi corazón, fue lo que más extrañé durante todo este tiempo… Y desde que me reencontré con Zafiro no he hecho más que intentar reemplazar su sonrisa con la suya. Quise encontrar en él todo lo que alguna vez deseé descubrir en Darien y nunca pudimos compartir. Pero recién ahora lo entiendo, después de ver a Zafiro sonreír y de inmediato recordar a Darien y lo que viví con él en el poco tiempo que estuvimos juntos.

Ahora lo sé, sencillamente ya lo sé. No puedo sentir por Zafiro lo que siempre sentí por Darien. Porque aún no lo olvidé, no puedo hacerlo. Todo este tiempo creí que había logrado superar el dolor que me causó nuestra ruptura. Pensaba que había aceptado que no compartíamos los mismos sentimientos y que sólo debía dar vuelta la página. Para tener mi mente y mi tiempo ocupados en otras cosas, mi trabajo, mis padres, mis amigos. Pero en realidad jamás pude superarlo, porque no lo olvidé, no dejé de extrañarlo ni un solo día desde entonces. Porque jamás dejé de amarlo…

Pero me cuesta tanto tener que decírselo… ¿Acaso soy capaz de encontrar las palabras correctas, la manera más adecuada y cuidadosa de hacerlo sin lastimarlo? —Zafiro, yo… —intento seguir hablando pero la firmeza de mi voz comienza a flaquear. Es que es muy duro para mí tener que volver a enfrentarme a esta situación con él, porque de nuevo voy a rechazarlo, sólo que ahora es por algo mucho más serio. No quiero ni imaginarme cuánto valor tuvo que reunir para atreverse a confesarme lo que siente por mí tan directamente y encima de todo proponerme que nos casemos. Sin dudas es un chico tan valiente y sensible, no se merece pasar por esto otra vez—. Mira, desde que nos conocimos… bueno, mejor dicho desde que nos reencontramos en el cumpleaños de Rubeus y empezamos a vernos con más frecuencia, yo siempre me sentí…

—Espera un momento —dice de repente—. Disculpa que te interrumpa pero antes de que me digas lo que decidiste, hay algo más que quiero preguntarte.

—¿Qué? —digo extrañada.

—Siempre he tratado de ser lo más respetuoso posible contigo. Intenté ser paciente y comprensivo con tus tiempos, tus dificultades, tus dudas. Y hasta ahora creo que lo conseguí, porque de verdad me importas y haría lo que fuera por ti, por tu bienestar, por estar cerca tuyo y tener la seguridad de que estás bien. Lo hice todo este tiempo, incondicionalmente, porque te amo… —esboza una melancólica sonrisa tras estas últimas palabras y yo siento que la culpa me parte a la mitad—. Pero necesitaba ser honesto contigo y dejar de ocultártelo. Por eso ahora, aunque tema confirmar lo que creo que me responderás, necesito preguntarte algo muy importante —inspira hondo y me mira serio—. Serena, ¿tú me amas?

Jamás esperé que me pregunte esto. Al escucharlo siento en el pecho un dolor tan punzante que casi no me deja respirar. Bajo la mirada y demoro en responder. —Zafiro, yo… —no sé qué decir, me cuesta mucho encontrar las palabras adecuadas—. Yo te quiero muchísimo —y no puedo mirarlo a la cara. Esta pregunta es mucho más difícil de responder que la otra.

—No me estás respondiendo —dice y yo me siento peor—. Por favor, sé franca conmigo y dime si me amas —insiste pero sigo muda—. Entonces interpretaré tu silencio como un no —dice resignado y cuando vuelvo a mirarlo otra vez la culpa me carcome por dentro al verlo sonreír de nuevo—. Era lo que esperaba, aunque por mucho tiempo deseé todo lo contrario. Pero creo que ya ha sido suficiente —suspira con pesar.

—Lo lamento, Zafiro —me siento tan culpable, tan mala persona por tener que volver a rechazarlo, por causarle dolor, por no ser capaz de darle la respuesta que él quiere. Es tan horrible estar en este lugar, ser responsable de la desilusión de una persona, más aún de alguien tan increíble y adorable como Zafiro. Pero es que no puedo, me es en verdad imposible corresponderle y aceptar su propuesta. —Lo siento tanto… —digo con voz temblorosa, pero tengo que ser honesta de una buena vez, es lo más justo para los dos, aunque vuelva a lastimarlo irremediablemente—. No acepto tu propuesta —lo suelto por fin—, no quiero casarme contigo, lo lamento.

Me sostiene la mirada por un buen rato sin decir nada. Sé que acabo de romperle el corazón, que volví a desilusionarlo, y que no se merece tener que pasar por esta situación otra vez. Pero no puedo evitarlo, por más doloroso que resulte todo esto, lo mejor es ser sincera con él y decirle la verdad.

Y tras una interminable pausa, vuelve a hablar. —Conocerte, tenerte en mi vida, compartir una amistad tan hermosa como la que tenemos fue lo mejor que me pasó en mucho tiempo, pero creo que ya es hora de asumir que no puede haber algo más entre nosotros, mucho menos una boda. No considero que haya sido un error pedirte que te cases conmigo, sino más bien un intento desesperado de reemplazarlo, de hacer que te olvides de él y te fijes en mí —lo miro confundida, no puedo creer lo que escucho, es demasiada información para procesar, ya no puedo soportarlo más—. Es cierto, Serena —continúa—. Tu amor por Darien siempre se interpuso entre nosotros, ¿o acaso vas a negármelo? —no puedo emitir sonido alguno—. Pero el amor es algo que no se puede conseguir a la fuerza, sino que simplemente sucede, y tú lo amas a él, es un hecho, y yo no puedo hacer nada al respecto —hace otra pausa y a esta altura ya soy un mar de lágrimas—. Así que creo que lo único verdadero que puede existir entre nosotros, lo que siempre existió, es una gran amistad. Por eso ahora prefiero dejar de fingir inútilmente que tengo alguna oportunidad contigo y hacerme cargo de que no somos nada más y nada menos que dos buenos amigos —concluye.

Estoy totalmente desconcertada, no puedo parar de llorar. Zafiro, como siempre, me está demostrando la maravillosa persona que es.

Me pongo de pie y me acerco a él. —Lo siento mucho, Zafiro —digo entre lágrimas—. Perdóname —no puedo contenerme más y enseguida lo abrazo—. Lamento todo el daño que te hice, lamento no haberte correspondido el amor que me ofreciste sin condiciones y te agradezco por todo lo que me diste —gimoteo entre ahogados sollozos—. Eres muy especial para mí y no quiero perderte. No quiero…

Él demora en reaccionar y yo no logro calmarme, lloro intensamente contra su cuello abrazándolo con fuerza. Hasta que noto que muy despacio comienza a moverse para también abrazarme. —Por supuesto que no me perderás, princesa —dice con voz temblorosa—. Yo tampoco quiero perderte, eres muy importante en mi vida. Porque antes que nada nosotros siempre hemos sido amigos, muy buenos amigos. Y eso es lo que quiero sostener y cuidar a partir de ahora —nos separamos un poco y comienza acariciarme para limpiar mis lágrimas—. Me enamoré de ti como no tienes idea, pero tengo que asumir las cosas como son, como siempre fueron. Para dejar a un lado la ilusión de pretender que también me ames. Tú corazón y tu amor siempre estuvieron en otra parte, en otra persona, no conmigo. Y debo aceptarlo.

—Lo siento… —gimoteo angustiada—. Lo siento mucho…

—No, Serena —dice preocupado sin dejar de acariciarme—, por favor, no llores más, todo estará bien.

—Es que no es justo, soy una tonta. Tú no te mereces esto, no es justo.

—No digas eso, no eres una tonta. Más bien yo he sido un obstinado en esperar que las cosas sean diferentes, pero ya lo entendí. Y lo acepto. Ahora la que tiene que aceptarlo eres tú.

—¿Yo?

—Sí, Serena, ya sabes a qué me refiero. Deja de ir en contra de lo que sientes, tú no eres así, es hora de que dejes de pelearte con tus sentimientos y luches por tu verdadero amor. Deseo de todo corazón que lo intentes, que puedas ser feliz con la persona que quieres.

Es muy fuerte lo que me está diciendo. Me impresiona que sea capaz de ver todo con tanta claridad, incluso mucho más que yo, que recién ahora dejo de resistirme y asumo lo que en verdad siento, por más que me haya hecho la superada durante tanto tiempo.

Y sé que dice la verdad, que realmente desea lo mejor para mí, que hasta ahora se ha comportado como un gran amigo, ofreciéndome su cariño y su apoyo incondicionalmente. Pero no me parece que sea posible que podamos seguir así. Por más que me diga que eso es lo que quiere que sostengamos desde ahora, nuestra amistad, siento que con todo lo que ha sucedido hoy, después de que por fin ambos pudimos sincerarnos por completo, lamentablemente creo que no lo lograremos. Y aunque estemos diciendo y demostrando justo todo lo contrario, lo que estamos haciendo en realidad es despedirnos. Así lo siento, aunque me dé mucha tristeza, ésta es nuestra despedida.

—Gracias… —digo aún emocionada—. Gracias, Zafiro, por todo lo que me diste, por ser siempre tan dulce y sincero conmigo. Gracias por ser mi amigo…

—Gracias a ti, Serena —y volvemos a abrazarnos.

.

.

.

Comienzo a despertarme lentamente. Creo que ya es de mañana, aunque sigue bastante oscuro, pero porque todavía estoy tapada hasta la cabeza. Logré dormir profundamente y me cuesta ubicarme en el tiempo y espacio reales. Poco a poco voy recordando todo lo que pasó anoche y por un instante temo que haya sido sólo un sueño. Pero al moverme y sentir que me duelen todos los músculos del cuerpo confirmo que sí sucedió en verdad. Darien y yo nos reconciliamos. Y no puedo sentirme más feliz, todo fue tan hermoso…

Recuerdo lo que nos dijimos, cuando los dos pudimos sincerarnos como necesitábamos, cuando él me confesó sus sentimientos y me pidió que volviéramos a intentarlo, cuando nos besamos y por fin nos demostramos en cuerpo y alma lo que sentíamos. Y fue tan romántico… Me sentí como la protagonista de mis novelas en la típica y ardiente escena de reconciliación.

Al recordar lo maravilloso que fue cada momento que compartimos, cada beso, cada caricia, cada palabra, me concentro en sacar la cuenta de la cantidad de veces que lo hicimos. Y reparo en que sólo nos faltaría hacerlo una vez más para alcanzar la cifra que dijo Mina cuando estuvo por primera vez con Kunzite. Me siento muy orgullosa de estar a tan poco de igualar a Venus, la fogosa diosa del amor. Y me propongo conseguirlo lo antes posible…

Me desperezo y bostezo largamente y me destapo un poco la cara para asomarme y buscar a Darien en la habitación. Lo diviso en el otro extremo de la cama sentado en el borde de espaldas a mí. ¿Está desnudo? Recapacito y me fijo si yo también lo estoy. Me toco el cuerpo y noto que tengo puesta una camiseta suya. Luego lo miro mejor y me doy cuenta que en realidad no está desnudo, al menos no del todo, porque lleva puestos sus boxers. Pero su espalda está completamente al descubierto y por dios que es bellísima la vista… Está tallada por los mismos ángeles, es notoriamente más ancha en los hombros y tiene la tonicidad de sus músculos en el punto exacto, ni demasiado marcados ni inadvertidos. Simplemente perfecto. Me lo quiero comer con los ojos. Lo observo con más detenimiento y reconozco las marcas de mis uñas en su piel. Sin poder evitarlo suelto una risita pícara al recordar cómo se las hice y él voltea al escucharme.

—¿Ya despertaste? —pregunta con una alegre sonrisa.

—Sí… buenos días.

—Buenos días.

Recién cuando se pone de pie para rodear la cama y venir a mi lado me percato de que tiene una guitarra en sus manos.

—¿Qué estás haciendo? —pregunto curiosa.

—La estaba afinando —responde al sentarse junto a mí.

—No sabía que tocabas la guitarra —digo sorprendida. Porque si mal no recuerdo me contó que en la banda que tuvo durante la preparatoria tocaba el bajo.

—No sé mucho, pero me defiendo —explica—. La traje de Osaka, allí estuve practicando un poco con mi papá.

—¡Qué lindo!

—¿Quieres oír una canción?

—¡Claro!

—Bien, aquí voy —acomoda sus dedos en la guitarra, carraspea para aclarar su garganta y empieza a entonar una bonita canción en un tono de voz muy suave.

.

"I'm in love with the world through the eyes of a girl

(Estoy enamorado del mundo a través de los ojos de una chica)

Who's still around the morning after

(quién aún está por aquí la mañana siguiente)

We broke up a month ago, and I grew up, I didn't know

(Terminamos hace un mes y maduré, y no sabía)

I'd be around the morning after"

(que me quedaría la mañana siguiente)

.

Estoy fascinadísima al escucharlo, es tan dulce y hermoso… Lo noto un tanto avergonzado mientras canta, lo cual me enternece profundamente. Hasta que en una parte de la canción que parece más difícil de interpretar, se equivoca y echa a reír. —Lo siento, esta parte siempre me cuesta —dice más avergonzado.

—Cantas muy mal —digo emocionada.

—¡Oye! —protesta.

—Pero me encanta, gracias —estiro mis brazos hacia él—. Ven aquí, ven conmigo, te extraño —le suplico haciendo pucheros.

—Está bien, está bien —deja la guitarra a un lado y se escurre entre las sábanas para acostarse a mi lado.

Lo abrazo enseguida. —Estás helado —digo apenas lo toco—, ¿por qué andas semi desnudo con el frío que hace? —lo regaño.

—Es que aquí adentro hace mucho calor, la calefacción está al máximo desde anoche, tú me pediste que la subiera.

—Ven aquí, yo te abrigaré.

Darien rodea mi cintura con sus brazos y se acurruca contra mi pecho. —Eres una estufita —comenta al abrazarme más fuerte.

Permanecemos abrazados y en silencio por un buen rato. Hasta que un triste recuerdo viene a mi mente y suelto un largo y nostálgico suspiro. —¿Qué pasa? —me pregunta preocupado—. ¿En qué piensas?

—Nada, sólo recordé algo.

—¿Quieres contarme?

Vuelvo a suspirar y le cuento. —Apenas nos separamos, durante varios días tuve un sueño que se repetía cada noche donde ocurría algo muy similar a este momento, sólo que había una tormenta muy fuerte y yo me asustaba con los truenos. Pero la escena era la misma. Estábamos abrazados en la cama, acabábamos de reconciliarnos y… —me callo y demoro en volver a hablar. Es que me pone un poco triste recordar esto.

—¿Y qué más? —insiste él.

—Tú me decías cosas muy bonitas —continúo—, que siempre cuidarías de mí, que no ibas a permitir que volviéramos a separarnos, que me amabas… Tus palabras eran muy hermosas, te expresabas con tanta sensibilidad. Al fin te abrías conmigo y me decías lo que sentías, pero yo me angustiaba mucho y despertaba llorando. Porque todo había sido un simple sueño, no era verdad. Porque lo que en realidad había sucedido era que después de despedirnos en aquella plaza no habíamos vuelto a vernos ni comunicarnos más. Todo había terminado entre nosotros.

Volvemos a quedarnos en silencio. —Yo también soñaba mucho contigo en aquellos días— dice Darien tras una larga pausa.

—¿En serio?

—Sí, soñaba que todo estaba bien entre nosotros, que volvíamos a estar juntos de nuevo, que estábamos enamorados y felices… Incluso algunas veces te veía embarazada —dice con voz melancólica y a mí se me estruja el corazón al escucharlo—. Pero también despertaba con una angustia insoportable, porque sólo se trataba de un simple sueño, tú no estabas más conmigo y yo te echaba tanto de menos…

—Mi amor…

Sin dejar de abrazarme, separa su rostro de mi pecho para mirarme. —Te extrañé mucho, Serena, me hiciste mucha falta —dice con una expresión tan triste que me conmueve hasta los huesos.

—Yo también te extrañé —y acaricio su cabello con suavidad para consolarlo.

—Me dolió mucho lo que pasó, fueron meses muy duros. Entre los líos del banco tras mi despido y el hecho de estar separados de un día para el otro, fue muy difícil para mí superar todo lo que ocurrió, lo pasé muy mal. Si no fuera por el apoyo de mis padres y de Kunzite, no sé si habría podido salir adelante. Me sentía muy solo, te extrañaba tanto… —él también comienza a acariciarme—. ¿Recuerdas que en la boda de Kun te los presenté?

—¿A tus padres? Claro que lo recuerdo.

—Les había hablado mucho de ti y morían por conocerte.

—¿De verdad?

—Sí, y todo salió tan bien y la atmósfera de esa noche era tan perfecta que había decidido armarme de valor y volver intentar hablar contigo, pero no quisiste escucharme. Entonces me rendí, di todo por perdido y simplemente me enfrasqué de nuevo en mi trabajo y en mis estudios para olvidarme de todo y seguir con mi vida. Hasta ayer, que Kun me llamó y me dijo que te habías comprometido.

—Todavía no puedo creer que te haya mentido de esa forma.

Por suerte sus ánimos parecen mejorar, porque se sonríe al recordar este peculiar episodio. —Yo tampoco puedo creerlo, el muy descarado me mintió, y sé que lo hizo a propósito, porque es un maldito manipulador, es un ser oscuro lleno de maldad que se hace pasar por mi mejor amigo y me miente para obligarme a hacer cosas contra mi voluntad —dice riendo.

Yo también echo a reír. —No seas tan malo, lo hizo con buena intención —intento defender a nuestro amigo.

—Sí, lo sé —dice suspirando—, porque fue gracias a él que recapacité y supe que necesitaba volver a verte para hablar y sincerarme contigo.

—Es un gran amigo, eres muy afortunado.

—Sí, es cierto —reconoce—. Y la verdad me hizo un gran favor al haberme hecho reaccionar, pero me hizo enfurecer tanto cuando me di cuenta de su mentira.

—Seguro fue Mina quien planeó todo y lo convenció de hacerlo.

—Tenemos unos amigos de oro, definitivamente —dice con sarcasmo y ambos volvemos a reír.

—Fuera de broma, sí son de oro nuestros amigos. Yo me apoyé mucho en las chicas durante estos meses. Y también en… —y me callo antes de nombrarlo. No sé si es prudente mencionarlo ahora.

Darien me mira serio. —¿En quién más? —pregunta un tanto temeroso.

Opto por no ocultárselo, al fin y al cabo a esta altura de las circunstancias ya no tiene tanto sentido evitar hablar de esto. —En Zafiro —respondo sin rodeos—. Él ha sido siempre muy comprensivo y contenedor conmigo, un amigo incondicional sin dudas. Yo me la pasaba hablando de ti y él me escuchaba, me aconsejaba, me tuvo tanta paciencia. Y yo, como la buena cabeza hueca que soy, jamás me di cuenta de lo que sentía por mí, o quizás sí lo sabía pero no quería asumirlo. No lo sé, fue todo tan confuso. Yo me hacía la superada, la que tenía todo claro y resuelto, la que podía salir adelante como si nada malo hubiera pasado, pero en el fondo era todo lo contrario. Él siempre lo supo, siempre. Y ayer, después de… De lo que pasó, me lo dijo.

—¿Que te cases con él?

—No, después de eso. Cuando lo rechacé. Me dijo que sabía que aún estaba enamorada de ti y me animó a que dejara de pelearme con mis sentimientos, que luchara por ti, que intentara ser feliz contigo.

—¿Todo eso te dijo? —pregunta asombrado.

—Sí, y creo que en parte fue gracias a él que recapacité y decidí venir a hablar contigo.

—Vaya…

Otra vez nos quedamos callados por un buen rato. Al reparar en todo lo que estamos recordando, en todo lo que vivimos en unos pocos meses, vuelvo a sentir cierta nostalgia. —Es increíble por todo lo que tuvimos que pasar para poder volver a estar juntos —digo con un nuevo suspiro.

—Perdimos mucho tiempo.

—Puede ser, pero tal vez lo necesitábamos para estar seguros, para entender mejor lo que sucedió, para madurar.

—Sí, tal vez —dice Darien y vuelve a abrazarme con fuerza—. Pero para mí fue demasiado tiempo, te extrañé muchísimo. Aquella tarde, cuando terminaste conmigo, debí haber ido tras de ti, debí alcanzarte y pedirte que no te fueras, que no me dejaras. Pero estaba tan avergonzado por lo que había pasado.

—Bueno, ya es suficiente, ya hablamos demasiado de todo esto —digo intentando transmitirle que ya no deseo seguir removiendo viejos remordimientos, que es hora de dejarlos atrás de una buena vez—. Los dos supimos reconocer nuestros errores y ahora podemos estar juntos de nuevo —Darien me mira y le sonrío con dulzura—. Y vamos a recuperar el tiempo perdido.

Él asiente también sonriendo. —Sí… Estamos juntos de nuevo. Gracias por darme otra oportunidad.

—Ambos lo hicimos, los dos estamos dándonos una nueva oportunidad y sé que esta vez haremos que funcione. Deseo con todo mi corazón que lo logremos. Te amo, Darien —tomo su rostro entre mis manos y comienzo a decir las mismas frases que él decía en mis sueños, porque así es como en verdad me siento—. Y quiero empezar una nueva vida a tu lado —digo emocionada—, quiero confiar en ti y que confíes en mí. No puedo ser quien soy si no es contigo.

—Serena…

—Quiero acompañarte —continúo—, estar a tu lado, ofrecerte todo lo que tengo y compartir mi vida contigo. Quiero hacerte feliz y también poder ser feliz a tu lado porque…—suspiro una vez más y me acerco lentamente a su boca—. Porque te amo… —susurro contra sus labios—. Te amo con toda mi alma… —y lo beso.

—Eres tan cursi —dice entre besos.

Por supuesto me ofendo con su comentario. —No soy cursi, soy romántica —protesto e intento separarme—, ¿acaso tienes algún problema con eso? —el muy descarado se echa a reír y no me deja alejarme de él—. Oye, te estoy abriendo mi corazón de par en par para decirte todo lo que siento, ¿y tú te ríes de mí?

—Lo siento, lo siento —dice intentando contener la risa—. Ven, no te enojes.

Yo no puedo sostener más mi papel de ofendida, dejo de resistirme y también empiezo a reír. —Eres un grosero —me quejo y volvemos a abrazarnos, pero ahora soy yo quien se acurruca contra su pecho.

—Perdóname, no quise ofenderte —se disculpa—. Me encanta que seas tan romántica, gracias por decirme lo que sientes, yo también te amo con toda mi alma —y me da un tierno beso en la frente.

—Grosero —murmuro y ambos reímos una vez más.

De nuevo nos quedamos callados, abrazados y acariciándonos con ternura. Y reflexiono sobre todo lo que acabamos de hablar, lo que nos dijimos anoche. Fue tan bueno y tan necesario, nos dijimos absolutamente todo, no nos guardamos nada. Y creo que a partir de ahora procuraremos no volver a ocultarnos cosas, sino hablar siempre que sea preciso, esforzarnos por tener una buena comunicación, con confianza, con respeto, como dos personas adultas.

Es lo que más deseo para ambos, para mí, porque lo amo, porque estoy perdidamente enamorada, mucho más que antes, y quiero que estemos juntos para siempre, que podamos ser felices.

Suspiro embobada y lo miro a los ojos. Apenas me ve me regala una de sus sonrisas de ensueño, de esas que logran que me derrita de amor. Adoro tanto su sonrisa… y seguramente estoy poniendo tremenda cara de pervertida. —¿Por qué me miras así? —me pregunta coqueto, es tan presumido…

—¿No sabes por qué? —digo seductora y lo hago reír—. Porque quiero una cosa… —y dibujo corazoncitos imaginarios con la punta de mi dedo sobre la piel de su pecho.

Él capta mis intenciones al instante. —¿Otra vez?

Yo asiento mordiéndome el labio inferior. —Otra vez…

—Eres insaciable…

—Y tú eres muy sexy… —susurro y lo beso con intensidad.

Darien no duda en corresponderme y me estrecha entre sus brazos. Nos saboreamos con pasión, nos abrazamos con fuerza. No importa más nada, sólo demostrarnos cuánto nos necesitamos, cuánto nos deseamos… cuánto no amamos…

Cuando oigo que suelta un ronco gemido, sin dejar de besarlo comienzo a empujarlo contra el colchón profundizando cada vez más los besos y acariciando con impaciencia su cuello y su cabello. Hasta que logro tumbarlo de espaldas a la cama y sin dudarlo ni un segundo me acomodo sobre él llevando una pierna a cada lado de su cuerpo.

Por su parte Darien me recorre entera con las manos, repasando lentamente mis brazos, mi espalda y mis piernas. Cuando se detiene en mis muslos un momento para luego regresar a mis caderas, empieza a acariciarme bajo la camiseta. Yo no pudo contener un agudo gemido al sentir el contacto de sus manos sobre mi piel y vuelvo a intensificar los besos, explorando con mi lengua cada rincón de su boca, mordiendo sus labios, apretando mi cuerpo contra el suyo y suspirando a cada instante, provocando que él me corresponda con igual desenfreno.

Todo está marchando perfectamente bien, tal y como lo planeé. No puedo sentirme más feliz de estar a punto de igualar el record de Mina. Pero lamentablemente un fuerte ruido a lo lejos nos interrumpe. Alguien está llamando a la puerta con insistencia y nos detenemos.

—¿Eso fue aquí? —digo agitada.

—Creo que sí —dice Darien extrañado.

—¿Quién será?

—No tengo idea —y se incorpora.

—¿Esperas a alguien?

—No.

También comienza a sonar su teléfono, entonces lo busca en su mesita de noche para fijarse quién llama. —Es Kun —dice al ver la pantalla. Y enseguida escuchamos la voz de Mina al otro lado de la puerta, es ella quien no para de golpear. —Son ellos, están aquí —dice Darien y empieza a vestirse apurado.

—¿Habrá pasado algo? —digo preocupada y busco mi celular, que estaba en la otra mesita y al revisarlo veo que está en silencio, pero encuentro varias llamadas perdidas y mensajes sin abrir.

—No lo sé —Darien termina de vestirse y sale de la habitación.

Yo también me levanto de la cama para buscar mi ropa y vestirme, y escucho que después de abrir la puerta Mina habla nerviosa, parece que le está haciendo cientos de preguntas a Darien. Antes de que me vean, me acerco lentamente por el pasillo y trato de escuchar lo que dicen. Reconozco también las voces de Kunzite, Lita y Neflyte. ¿Qué rayos hacen todos aquí? ¿A qué se debe tanto escándalo?

Cuando estoy más cerca de la sala, lo escucho a Darien excusándose. —Estuve aquí todo el tiempo, no me he movido de mi departamento desde ayer.

—¿Pero no era que ibas a hablar con ella? —dice Mina—. Le dijiste a Kun que saldrías a buscarla, ¿por qué no lo hiciste?

Evidentemente vinieron a hacerle un interrogatorio y tengo la impresión de que Darien se hará de rogar un poco antes de decirles la verdad.

—Sí, iba a hacerlo —le responde— pero…

—¿Y ella no se comunicó contigo? —Mina no lo deja seguir hablando—. ¿No te llamó?

—No, porque en realidad…

—Ay no, salió todo mal —ella se lamenta interrumpiéndolo y yo me tapo la boca para que no me escuchen reír.

—¿Ven lo que sucede cuando se entrometen en la vida privada de las personas? —la regaña la sensata de Lita—. ¿Cómo se les ocurre hacer semejante locura?

—Yo no hice nada, fue idea suya —responde Mina acusándolo a Kun.

—Sí, hermano, ¿cómo vas a mentirle así a Darien? —lo reta Nef—. Tus planes son muy retorcidos, a veces me asustas.

—Oigan, chicos… —Darien intenta volver hablar pero todos lo ignoran olímpicamente.

—Hice lo que un verdadero amigo debe hacer —se justifica Kun con inquebrantable solemnidad.

—Un amigo muy tenebroso —acota Nef.

—Entonces si Serena no te llamó y tampoco fuiste a buscarla —vuelve a hablar Mina—, ¿dónde rayos se metió? —le pregunta a Darien en tono amenazante.

—Cálmate, Mina —le suplica él—, déjame explicarte lo que…

—Porque estoy muy preocupada —ella vuelve a interrumpirlo—, no sé nada de ella desde que hablamos ayer en la mañana. No atiende mis llamadas y no responde mis mensajes —dice afligida.

—¿Estará en lo de sus padres? —pregunta Nef.

—No, pasamos por allí más temprano y no estaba —responde Kun.

—¡Todo es por tu culpa! —Mina increpa de nuevo a Darien—, ¡¿cómo permitiste que llegáramos a esto?!

—Tranquila, amiga —interviene Lita.

—¡¿Cómo dejaste pasar tanto tiempo?! —sigue gritando— ¡¿Por qué nunca hiciste nada para recuperarla?! ¡¿Acaso no es el gran amor de tu vida?!

—Está aquí —dice Darien.

Pero ella no lo registra. —¡¿Cómo puedes ser tan insensible y quedarte de brazos cruzados cuando sabes que… —y recapacita de golpe—. Espera, ¿qué dijiste?

—Serena está aquí —dice Darien riendo—, está conmigo desde ayer.

—¡¿QUÉ?!

Decido intervenir antes de que Mina se ponga más nerviosa o le dé un ataque al corazón. —Hola… —digo un tanto avergonzada y todos voltean a verme.

—¡Serena! —exclaman Lita y Nef y de inmediato corren hacia mí para abrazarme.

—Pero… pero… —balbucea Mina—. ¿Estabas aquí? —lo mira a Darien furiosa—. ¡Si Serena estaba aquí, ¿por qué no lo dijiste antes?!

—Lo siento —se disculpa él sin dejar de reír.

—¡Amiga! —Mina también me abraza y llora con dramatismo—. Estaba tan preocupada, amiga, gracias a dios que estás bien.

—¿Entonces se reconciliaron? —pregunta Nef.

—Así es —dice Darien y apenas los chicos me sueltan se acerca a mí y me abraza por los hombros—. Estamos juntos de nuevo —dice con una sonrisa triunfante.

—¡¿Se reconciliaron?! —exclama Mina—. ¡No lo puedo creer! —y ahora se abraza a Kun dando saltitos—. ¡Funcionó, mi amor! ¡Nuestro plan funcionó! —es tan exagerada…

—Por supuesto que funcionaría —dice Kun orgulloso.

—¡Esto hay que celebrarlo! —dice Nef—. ¡Vamos todos a desayunar, nosotros invitamos!

Y con la misma efusividad con la que aparecieron, nos buscan un par de abrigos y nos sacan a empujones del departamento. No nos dan tiempo a nada, no nos dejan ni titubear. Mientras comenzamos a bajar las escaleras, Mina y Nef se cuelgan de mis brazos para acaparar mi atención y bombardearme a preguntas. Están tan eufóricos que no me dejan volver acercarme a Darien, pero lo veo que va más adelante bromeando y riendo con Kun y Lita, y lo noto tan contento que me siento profundamente feliz.

Porque estamos compartiendo nuestra reconciliación con ellos, nuestros mejores amigos del mundo mundial, no puedo sentirme más afortunada. Son y han sido testigos y cómplices de nuestra historia de amor, estaré eternamente agradecida con ellos.