Amour Sucré (c) Chinomiko


Las alas del avecilla tiemblan
El cuerpo de la avecilla está agitado
Ayuda, ayuda
El cielo y la tierra sonríen al oír su llanto. —Hsiang Yang


Capítulo I

Oblivio


Humedad. Una brisa sutil.

La boca de Nathaniel se entreabrió ligeramente, labios rotos, garganta reseca; apenas si logró exhalar una pizca de aliento que a los pocos instantes se perdió en el cruento frío invernal que le envolvía— De espalda tendido en la tierra, brazos abiertos, a orillas del lago; solo.

El páramo estaba desierto.

Con algo de esfuerzo lograba distinguir el cielo sobre él, sus colores— o monotonía de estos. Al intentar ajustar la vista se logró percatar de cómo las nubes grises se tambaleaban hasta llegar a ciertos tonos aún más oscuros, jactándose, burlándose de él, se reían; la tormenta se aproximaba.

Él sabía que estaba consciente, seguía vivo; ¿pero por cuánto más tiempo?

Quiso ponerse de pie, pero sus extremidades no respondieron. Su cuerpo dolía, respirar dolía. Volvió a cerrar los ojos, sabía que debía pensar, que debía ocurrírsele algo para salir de toda esa situación, algo, lo que fuera, pero sentía que los minutos pasaban y pasaban, y nada cambió.

"Voy a morir", sentenció, no del todo seguro de si había logrado gesticular palabra alguna o si su conclusión se quedaría simplemente confinada para siempre dentro del albergue de sus pensamientos. Para el caso, ya no valía la pena siquiera meditarlo.

Con letargo sus manos se empuñaron en el lodo, restregándose torpemente con este; resignándose con lágrimas que caían descuidadamente por sus mejillas llenas de tierra, transpiración y sangre secas.

Voy a morir acá… Lejos…

No recordaba cómo fue que terminó así, no importaba sin embargo, nada importaba. Su mente ya se había hecho a la idea de que ese era el fin. Tirado a orillas del lago, en medio del páramo; la tierra maldita, la tierra de los abandonados.

El vacío, la solitud, la aceptación.

Desde todo lo que Nathaniel podía comprender, se iría de ese mundo cerrando sus ojos y dejando que el frío, el dolor y la fatiga envolvieran su cuerpo— con su existencia como en un abismo que se desdibujaba con el paso de los segundos.

Nada más reconfortante que la tranquila seguridad de la desaparición.

(—…morir lejos de todo.)

De repente y brutalmente, sintió una oleada de vértigo.

Ansiedad.

Pasos. Pasos que golpeaban estridentes sobre el suelo de madera. Pasos que se acercaban a él, en todas, y en ninguna dirección a la vez.

no debería haber pisos de madera en medio de un páramo

Pánico. Náuseas.

Los pasos se seguían acercando y Nathaniel sabía lo que estos significaban, sabía que debía temer— y por lo mismo se odiaba hasta lo más profundo de sus propias entrañas por no poder moverse en ese momento. Porque aunque si fuera por solo un instante, él suplicaba poder olvidar su dolor y agotamiento para así huir lejos. Sin embargo, a pesar de que los instintos de lucha y huida se encontraban ya encendidos, a esas alturas cualquier intento era fútil.

Sólo quedaba el nerviosismo, el pavor y el desasosiego de seguir intentando buscar una vía de escape que claramente no existía. Porque los pasos se oían más y más y más y más cercanos y más fuertes, y él quería gritar,pero sus tímpanos dolían —retumbaban— con cada golpe que daban las suelas contra el piso de madera y el sentimiento de por qué esto no acaba ya y me muero de una vez como eco que se sobreponía de manera generalizada por sobre todos sus sentidos.

Hasta que, oh no… notúdenuevo.

Por favor no.

¡No me veas así!

¡VETE!

La nada.


"¿Nathaniel? Despierta, Nathaniel."

Nathaniel abrió los ojos, primero de manera parcial, y tras unos instantes en lo que su vista se adaptaba y él parpadeaba, estos se abrieron totalmente.

Una pesadilla. Sólo eso, nada más.

La vista por la ventana del bus en movimiento fue lo primero en darle la bienvenida al mundo real: De noche, una ciudad que estaría a oscuras si no fuera por los milagrosos efectos del alumbrado público y las solitarias luces de neón de esporádicos avisos publicitarios. Una ciudad despierta y sonorizada por todos los autos que transitaban por las calles, y por la incontable cantidad de personas que continuaban con sus jornadas. Si su reloj interno estaba en lo correcto, debían ser pasadas las once de la noche aproximadamente.

"Lamento si te desperté con demasiada brusquedad. Pero estabas temblando y balbuceabas mucho, estaba comenzando a preocuparme."

Voz distinguida, rozando lo elegante. Un inconfundible tono condescendiente, palabras de preocupación.

"No te preocupes, Lysandro," se giró parcialmente en su asiento para así ver a quien viajaba a su lado directamente a la cara. Nathaniel procuró sonreír. "Está bien— Ya era hora que despertara de todas formas."

"¿… Te sientes bien?"

"Sólo fue una pesadilla."

"¿Las tienes con frecuencia?" En cuanto Lysandro terminó de formular su pregunta, la expresión en su rostro no fue una que Nathaniel pudiera descifrar: desconfianza, empatía, auténtica curiosidad… o derechamente ninguna de las anteriores.

"No tanta como podrías imaginar," respondió con timbre calmado, a lo que luego se volteó nuevamente hacia la ventana. "Esta será la primera noche en que dormiré fuera de casa desde que, bueno…, desde que vivo solo; supongo que sólo fue eso."

Nathaniel escuchó a Lysandro murmurar un "Comprendo," con eso dejando la conversación hasta ahí. Así varios minutos pasaron en completa quietud entre ellos, situación que contrastaba con lo que pasaba en el resto del bus, donde las voces de sus compañeros se escuchaban más vivas y entusiasmadas como no se habían oído en largo tiempo.

Y sin embargo la mente de Nathaniel estaba en otro mundo. Inconscientemente mordió su labio mientras continuaba en su intento de ignorar los recuerdos casi tangibles de su más reciente pesadilla, la cual, le tenía aun shockeado por su vívido nivel de realismo. Pero entre más evitaba recordar, más recaía en el mismo flujo de pensamientos sin fin— donde todo resultaba demasiado reciente, los recuerdos demasiado frescos, el escenario demasiado detallado, las sensaciones demasiado reales. Basta ¡Basta!, su lógica gritó.

"¡Vaya, al fin despiertas!"

Sacándolo de sus cavilaciones, el rubio se volteó rápidamente por acto reflejo, sorprendido. Inmediatamente no tardó en maldecirse por la impulsividad en su reacción— ya que esa voz energética, y por sobretodo exigente, sólo le podía pertenecer a una persona.

Desde los dos asientos delanteros al suyo, Rosalya e Iris le observaban fijamente con un cierto aire de diversión que, a primera vista, Nathaniel no entendió a qué se debía. ¿Me perdí de algo?, pensó irritado, todavía a la defensiva—

"Sólo queríamos hablar," le dijo entonces Iris.

—a la vez que intentaba, aunque sin mayores resultados, relajar su lenguaje corporal.

"Los viajes en bus se vuelven aburridos luego de las primeras dos horas; y ya casi llevamos ocho," complementó la otra chica, concluyendo sus palabras con un cansado, y algo exagerado, suspiro.

¿Y me estás culpando por eso?

"Tranquila, Rosa," intervino Lysandro, por fortuna. "Ya no debe faltar mucho para que lleguemos."

"Iris dijo lo mismo hace hora y media, y mira tú, seguimos aquí."

"Si ya has esperado ocho horas no debería complicarte mucho el esperar unos minutos más, como dije, no debe faltar mucho," Lysandro volvió a hablar, usando un tono tranquilizador semejante al que había usado hace apenas una rato con Nathaniel. Su respuesta pareció relajar a Rosalya, quien sin mayores rodeos, y para sorpresa del rubio, no tardó en darle la razón.

Luego de eso no tardaron en cambiar la temática de la conversación, y Nathaniel que no se encontraba particularmente interesado en formar parte de ella, simplemente dejó caer su peso sobre el respaldar del asiento, apoyando el codo izquierdo contra la base del cristal y su barbilla en su mano— Sin pensar en nada importante en realidad, él nada más se remitió a contemplar la escena en silencio.

Si hacía memoria, la relación con sus compañeros de clase era en general buena: conocía a la mayoría desde hace años, jamás había tenido algún roce significativo con alguno de ellos, o un posible mal entendido que se saliera de control. Era buena, aunque rozando lo plano— sin mayores ni significativos altibajos; y por consiguiente, sin un mayor lazo de sentido de pertenencia al grupo.

Teniendo la impresión de estar perdiendo interés por todo.

"Sin embargo algo me molesta del hospedaje..." la voz de Rosalya volvió a resonar dentro de su cabeza.

En ese momento, Nathaniel salió de su seudo trance.

"¿Tiene algo malo?" Lysandro preguntó.

"Que nos quedaremos en un hostal. Eso es lo que veo de malo," bufó ella con voz indignada, clavando sus uñas en la sección esponjosa del respaldar de su asiento. "Si lo que quieren en este instituto es que nos contagiemos de enfermedades producidas por gérmenes, mugre y frío, ¡entonces durmamos en la calle! Así ahorrarían aún más dinero; ya que creo, es lo único que les importa aquí a—"

"Sólo será una noche la que pasaremos ahí, Rosalya, no es necesario que te quejes de cosas sin importancia," Nathaniel cortó en seco su soliloquio.

Ella frunció el ceño y le quedó viendo como los ojos entrecerrados. "Aun así. Me sorprende que sobretodo tú lo tomes como un detalle sin importancia, Nathaniel, claro, ahora dices eso, pero a ver qué cara pones cuando termines compartiendo habitación con alguien que no te agrade—"

"Afortunadamente, a diferencia tuya, yo sí puedo admitir que llevo una relación a lo menos decente con todos mis compañeros de clase," mientras hablaba, el rubio llevaba en su rostro aquella misma sonrisa falsa que usaba cada vez que alguien iba a preguntarle algo durante sus horas de trabajo como delegado. "Es sólo una viaje escolar, Rosalya. Regresamos mañana en la tarde, no hay demasiadas vueltas que darle al asunto."

Tanto Rosalya como Iris se quedaron estáticas en sus lugares, durante un par de segundos al menos. Al final ambas se reincorporaron casi al mismo tiempo, y fue entonces cuando la —visiblemente molesta— apelada comenzó a balbucear algo inentendible por lo bajo. Observaba a Nathaniel fijamente, pero al notar que este seguía igual de sonriente, sólo se dio media vuelta y se reacomodó en su asiento; Iris no tardó en secundarle.

Ya cuando ninguna de las dos estaba a la vista, Nathaniel al fin pudo relajar su semblante.

"¿… No crees que se te pasó un poco la mano?"

"Al menos admite que estabas pensando lo mismo que yo," manteniendo un aire indiferente se volteó hacia Lysandro. "Alguien tenía que decírselo."

Su compañero no replicó, sólo ahogó una pequeña risa que, sin embargo, no intentó ocultar.

Y como si de ironía se tratara, en ese momento el bus frenó.

El profesor Farrés, quien había viajado en uno de los primeros asientos, se puso de pie en ese mismo minuto. Todos los presentes dirigieron su atención a él.

"Bueno… al fin llegamos," comenzó a hablar a volumen moderado de voz; con su vista viajando rápidamente por entre los alumnos. "En cuanto entremos al hostal dividiremos las habitaciones. Recuerden dormirse lo más pronto posible, mañana a primera hora este mismo bus nos estará esperando para llevarnos al museo. Ya que mañana también es el último día de la exposición de Grecia, así que como lo más probable es que estará lleno, debemos ser puntuales."

Nathaniel no pudo evitar sino exhalar al terminar de hoy la explicación de Farrés.

Supongo que… es mejor que estar en casa.

Supongo.

Aguardó hasta que fuera su turno de bajar, y en cuanto dio su primer paso afuera del bus, y el frío estacional no tardaba en darle la bienvenida, él se halló de pronto en medio de una calle repleta de edificios imparmente altos entre ellos, todos con una cierta apariencia sucia, pero sin ese hueco sugerente de abandono que era capaz de infiltrarse en el paisaje; detalle que —dentro de sus suposiciones— él estaba esperando encontrar.

En el mientras tanto, ya en el exterior y con una mejor perspectiva del panorama, Nathaniel decidió esperar paciente a un costado del bus mientras el resto de sus compañeros de clase terminaban de recoger y revisar su equipaje antes de acercase a buscar el suyo propio. Prefirió no prestar mucha atención a las acciones de sus compañeros— particularmente esa noche no se hallaba de ánimos de ejercer su ya desgastado puesto de delegado principal, o de mediar entre cualquier posible pugna entre su siempre cortés hermana Ámber y quien fuera su objetivo de burlas del momento.

Pasara lo que pasara, no le interesaba involucrarse.

Inhaló, aguantó la respiración unos segundos, y luego exhaló por la boca.

Volvió a alzar la vista. No tardó en percatarse del hecho de que las noches capitalinas no eran tan diferentes a las noches a las que estaba habituado a ver por allá en casa; y que la única gran distinción era que allí no se lograban distinguir estrellas en el cielo oscuro —si era culpa de la contaminación o si simplemente estaba nublado, él no lo supo.

Cerró los ojos.

Por un segundo completo llegó a sentir que su existencia podía perderse en la aterradoramente atrayente, y a la vez incomprensible, incertidumbre de la noche.

Perderse. Irse lejos. No más recuerdos, no más monotonía, no más fachadas, no más nada.

Pero incluso si pudiera…

(incluso ahora, un segundo sólo dura eso; un segundo.)

El pensamiento y lo fugaz del mismo, sólo dejaron en Nathaniel un profundo gusto amargo.

La brisa invernal le golpeaba en un persistente de vez en cuando, lo que obligó a Nathaniel a halar el cuello de su abrigo y ocultar su rostro contra la ropa, pero a pesar de eso el viento logró desordenarle el flequillo y también salpicar de frío su frente.

El frío fue lo que terminó por despertarlo completamente.

Así varios minutos pasaron. Nathaniel, como el último en recoger su equipaje también fue el último en ingresar al edificio. Eso sí, antes de entrar dio un último vistazo a lo que era el exterior, la noche capitalina en su máximo esplendor.

La brisa golpeó su rostro descubierto.

Con cierto aire de nostalgia, lentamente miró hacia abajo, sonriendo para sí mismo.

Como sea, mañana será otro día.


Notas:

Cuando dije que tenía parte de este capítulo ya escrita, era cierto... sólo no contaba con que terminaría reescribiéndolo cuatro veces...

Como sea, ¡acá está el capítulo!, un poco corto, lo sé. Esto es más que nada algo ~introductorio~ donde conocemos a Nathaniel, pinceladas de su vida cotidiana, y algo muy importante, su estado mental actual.

Habrán notado algunas cosas que difieren con el universo canon (rasgos de la personalidad de Nathaniel o el hecho de que sea amigo de Lysandro, por ejemplo). Pues, cada cosa se aclarará bien en su momento, pero si algo puedo explicar ahora es que, tomando en cuenta que Castiel "no existe" como tal en este universo (y por consiguiente tampoco ocurrió lo de Debrah), todos los asuntos relacionados con la emancipación ocurrieron de manera distinta.

Lo anterior es aplicable a todos los asuntos de Nathaniel en los que (de alguna manera) Castiel pueda haber interferido.

Aprovecho de agradecer a quieren ya comenzaron a seguir esta historia. Los comentarios constructivos siempre son bienvenidos ~

¡Gracias y hasta la próxima!