Amour Sucré (c) Chinomiko
Porque frecuentemente una cosa es la apariencia del hecho,
y otra la intención del que lo hace,
y [otra] las circunstancias secretas del momento. —Agustín de Hipona
Capítulo IV
Ignis
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"¡Madre, madre, mira lo que hice hoy!"
Esa voz se escuchaba que venía desde la entrada. Al aviso de gritos, y con cierta pereza, Afrodita se incorporó de su gran futón y se quedó viendo al pequeño que ya había llegado a su lado.
El niño, que aparentaba unos seis años más o menos, ansioso puso frente a ella tres flechas doradas. Aquello la hizo despertar totalmente, y sin dar crédito de lo que sus ojos veían agarró las flechas y las mantuvo entre sus manos, examinándolas.
"¿En serio tú mismo las forjaste…?" ella preguntó sin apartar la vista de estas— Las flechas parecían hechas de oro puro y tenían el largo y el filo perfecto.
"Así es, yo mismo," el niño sonrió complacido. "Tu amigo, ese, el viejo cojo de la otra colina me ayudó— Pero sólo un poco, eh. Yo las hice solo-solo."
"Te creo, Eros…, te creo," le aseguró, y con una de sus manos presionó juguetonamente la nariz de su hijo. "Y no le llames más así. No quiero que se te vaya a salir ese apodo frente a él."
Él rió mientras alejaba la mano de su madre. "Dime, ¿te… gustan?" preguntó ahora suplicante. Ojos brillantes y muy abiertos.
"Cómo no me van a gustar, hijo; me fascinan."
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Tormenta envolvente. Mirada muerta. Se sentía asqueado.
En el lapso de esa tarde, y a partir de todo de lo que fue testigo, Castiel pudo sacar algunas conclusiones: Recordó cuan repugnantes pueden ser los humanos, incluso hacia su propia descendencia— un paralelo no reservado únicamente para los dioses.
Que era muy posible que su progenitora investigara por su cuenta y estuviera al tanto del historial familiar del humano.
Ah sí, y también obtuvo el nombre del humano en cuestión—Nathaniel, claro; como si para esa altura importara.
Inútil, ¿no te das cuenta?, Castiel cerró los ojos con fuerza y se maldijo, y se maldijo, y se volvió a maldecir entre dientes. Todo esto es tu culpa. Si bien no vocalizó nada, el aura que irradiaba enmarcaba cómo la repulsión se transformaba en ira, la urgencia de golpearse a sí mismo en la cara—la necesidad de castigarse por el fracaso que significaba esta misión para su existencia.
(—… lástima que tú solo no puedes castigarte cómo solía hacerlo ella.)
Él no pidió nada de aquello. Nada, en absoluto. Si en un principio lo que más quería era desentenderse hasta lo imposible y (aun si no fuera por siempre) sentir que podía seguir con su vida sin cumplir esa la orden, ahora se odiaba por tal decisión. Ya que a raíz de eso, postergar su misión—a raíz de eso.
A raíz de todo eso, y como siempre, se encontró con la soga al cuello.
Por intentar pasarse de listo, él de todas formas tuvo que ser testigo de eso.
Esa perversa quería que yo viera esto.
Con la velocidad de un haz de luz Castiel rompió la distancia entre los edificios y quedó de pie, a un metro de quien iba ser su víctima.
O más precisamente: Quien debía, por mandato, ser su víctima.
Porque la verdad era que él, desde un principio, no estaba de acuerdo con el último capricho de esa mujer. No porque le interesara el bienestar del humano o porque a él le preocupara si estaba actuando de manera irresponsable, sino porque se odiaba hasta los huesos por seguir obedeciéndola. Además, si bien los humanos ocupaban el último puesto de su escala personal, que este humano en particular se encontrara en el escenario tan amargo de estar en la mira de ella, le hacía sentir, a lo menos, extraño—
Castiel conocía muy bien lo que implicaba estar en la lista negra de esa psicópata, y tal cosa no se la deseaba a nadie.
No— definitivamente no estaba sintiendo empatía por ese sujeto. En efecto, empatía era decir mucho.
Con pausa se agachó, quedando en cuclillas junto al cuerpo inconsciente del otro.
Lástima resultaba un término bastante más acertado.
Pero eso no era lo único que mantenía a Castiel con una sensación extraña. Ya que por lo que vio, ese humano, justojustojustoese humano, cargaba un trasfondo que golpeaba particularmente de cerca.
Castiel estaría mintiendo si dijera que no pensó, o al menos barajó la opción de dispararle a ese chico una de sus flechas cuando se encontraba frente al tipo que aseguraba ser su padre.
Sin lugar a dudas esa habría sido la decisión más sensata. Nada más preciso, trágico y enfermo que eso— justo lo que ella tenía en mente.
Pero no pudo, y él no quería pensar en porqué no pudo…, en ese momento simplemente se quedó congelado y no logró actuar.
"Es una pena…," Castiel murmuró al tiempo en que sostenía sin ningún cuidado el rostro de Nathaniel, lentamente trazando sus facciones, bajando desde sus mejillas hacia sus labios y terminando en la barbilla. "Tu cara bonita no logró salvarte de todo esto."
Porque por dónde se le mirara no habría victoriosos en esa situación— el mundo ese ya los había destruido a ambos. La tierra de la pobreza, de la envidia, la avaricia y de los abandonados; un lugar donde el suelo se cae a pedazos, el cielo llora y la naturaleza del hombre siendo el lobo del hombre alcanza la plenitud.
Una tierra que poco a poco se fue robando sus voluntades— las voluntades de un par de desgraciados hundidos igual que un barco naufragado, ahogados en lágrimas.
(—bien podrías dejarlo aquí e irte ahora mismo.)
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—No soy tan noble como para hacer eso. —
Castiel exhaló, de pronto soltando a Nathaniel como si su roce quemara, quedando de pie y de espaldas a este; intentando así lanzar lejos cualquier pensamiento traidor que pudiera llegar a asechar su herida mental, cual predadores en busca del olor de la sangre.
"Que el tiempo pase rápido y que este despierte pronto," dijo también, alzando la voz, respirando sonoramente. Más que nada como una advertencia final de ahora no vayas a arruinarlo, para consigo mismo.
Lentamente se volvió a mirar al otro y luego pasó a observar sus alrededores. Como no había un alma a la vista que pudiera entrar en la categoría de 'alguien que sólo pueda arrastrarle hasta la ruina inevitable' que exigía su progenitora, y el chico tardaría un buen rato en despertar...—
De un gesto con su mano hizo aparecer su arco en la misma y una flecha dorada en la otra.
—un poco de calentamiento no vendría mal, pensó él.
Lo primero que hizo fue medir la rigidez de la cuerda con sus dedos (una acción que le causaba cierto sosiego pero que para esa altura de su existencia ya casi entraba en el rango de tic nervioso.) Al comprobar que estaba bien, desde ese lugar colocó la flecha en posición y apuntó al cielo. Maldito cielo.
Sin ningún objetivo en mente, quien resultara herido pues que se las arreglara después.
Y soltó la flecha, y por una de esas coincidencias de las cuales gusta el destino más de lo que se cree, lo hizo en el instante exacto en que del mismo cielo estalló el único trueno que en una eternidad de existencia ha logrado desconcentrarlo. El arco se desbalanceó y la punta de la flecha terminó desgarrando el interior de su antebrazo.
Durante un latido el ventarrón pareció dejar de soplar y ya no escuchó los truenos retumbando— el mundo entero se sintió en quietud.
Aterrado, mortificado de que alguien hubiera sido testigo de su error, de mero impulso su vista de dirigió hacia la única compañía con la que, técnicamente, contaba.
Y comenzó a sentirse cargado.
Oh.
(—oh no.)
Él jamás logró calcular cuánto tiempo fue el que transcurrió luego de que sus ojos se abrieran y quedaran fijos en Nathaniel, permaneciendo así de abiertos por algunos segundos, luego varios minutos, hasta que finalmente perdiera la cuenta. Castiel cayó de rodillas y empuñó la mano —de su ya sanado brazo afectado—, con eso haciendo desaparecer el arco.
Desorientado por la repentina sensación de haber perdido un número desconocido de minutos y sin haberse dado cuenta de aquello.
Su mente había estado flotando, pero ahora estaba anclada.
Él ángulo de la cabeza de Castiel bajó un poco, mechones de cabello negro cubriendo parte de su cara, ocultando del resto del universo que él seguía con la vista fija en el cuerpo inconsciente de Nathaniel—
—y mariposas se congregaron en su estómago.
Cuando todas esas sensaciones vinieron, fueron tan, tan intensas que él no pudo describirlas a excepción de que se sentía como si su pecho necesitara deshacerse a sí mismo y zurcirse de nuevo, como si sus nervios quisieran causar una sobrecarga y actuar todos a la vez, como si su sangre pensara que sería una idea excelente si pudiera fluir en reversa, y su mente y corazón y espíritu buscaran, (—de golpe,) prender fuego a los años de odio y a todos los rastros de miseria.
La dicotomía de una sensación paralizante y adrenalínica a la vez, y entonces el peso de la realidad del momento le empapó casi tanto como la tormenta en la que se encontraba.
Había pasado al menos una hora o algo más desde que Nathaniel perdió la consciencia. Castiel seguía de rodillas junto a él, sus manos temblaban y le miraba ahora con el ceño fruncido. Los signos vitales del rubio estaban débiles— su piel además estaba pálida, los escalofríos se hacían notar cada vez más y su respiración apenas y se sentía, eso sin nombrar la herida en su mano que ya no sangraba pero que debía doler como castigo divino.
Castiel entró en pánico, no podía dejarlo ahí. Él no iba a dejar a Nathaniel ahí—
—No lo pensó dos veces.
Se acercó a Nathaniel y lo sostuvo en sus brazos, y en un abrir y cerrar de ojos ambos desaparecieron de la azotea.
Se lo llevaría a un lugar donde ningún ojo inquisidor pudiera ser testigo de la traición que estaba cometiendo.
Notas:
Hola. Acá estoy, feliz y llorando lágrimas de sangre porque estos dos finalmente, finalmente interactuaron.
—fuera de broma, ya era hora que esto ocurriera, y pasó (menos mal.)
Ahora sí, este fue un capítulo corto. Originalmente iba a ser muchísimo más extenso, pero hubiera tenido demasiados cortes como para que pareciera algo coherente de una sola entrega, así que lo dividí en dos partes.
En el próximo capítulo se empezarán a hacer mucho más evidentes las divergencias que esta historia tomará del mito original. Si bien ya llevo tiempo tomándome varias libertades en la reinterpretación de este mito, siempre olvido señalarlo por acá~~
Hasta pronto~~~
