Amour Sucré (c) Chinomiko

No uso betas, así que cualquier typo, es error mío.


He conservado el recuerdo intacto y preciso
hasta sus mínimos detalles,
grabado en mí a través de todas mis pruebas
y para siempre. —Louis Althusser.


Capítulo VII

Duo


.

La temperatura suele bajar durante la noche. Cuando se trata del invierno, claramente, el cambio es más brusco.

"¿Cómo va tu mano?"

"Oh. Está mejor," Castiel notó el modo en que Nathaniel ejercía diferentes grados de tensión en su palma y dedos, perezosamente, sin energía. "Gracias por preguntar."

Era la primera charla real que ambos tenían y cualquiera podría pensar con sólo verle que Nathaniel lucía menos como alguien que intenta llevar una conversación, y más como alguien que acaba de recibir una patada en el estómago. Peor aún; siendo él supuestamente la parte que debiera estar más interesada en llevar esa discusión (si es que le se podía llamar así), la misma que no parecía tener muchas ganas de escupir ni siquiera las palabras mínimas.

Vaya persona problemática, Castiel reflexionó sin despegar su vista de Nathaniel.

Yendo con el cuidado de no ser iluminado por el reflejo de la luna, caminó hasta la cama; con el piso de piedra reaccionado firme al peso de sus pasos.

"Imagino que tienes preguntas," Castiel dijo luego de sentarse en un banco ubicado a los pies de la cama.

Nathaniel calló. Su lenguaje corporal volvió a tensarse a la vez que a su mirada regresaba esa sombra conflictuada.

"Claro que las tengo, pero no viene al caso hacerlas, tampoco las necesito."

"¿Por qué dices eso?"

"Porque es la verdad," había una carga de molestia en su respuesta. "Esto es lo que merezco."

De alguna manera muy extraña, las palabras de Nathaniel se escuchaban como si estuvieran dichas a medias. Como implicando que todo lo que decía pudiera significar más de lo que sus dichos dejaban entrever, o bien ser derechamente una mentira.

"Si sólo diciendo eso crees que sabré a lo que te refieres, no lo estás logrando."

"Sólo intento ser consciente de mis propios límites. No te burles de mí."

"No lo hago, nada más intento entenderte."

"Entonces intenta entenderme de otro modo—" para ese punto la irritación en su voz se hizo insostenible. Nathaniel buscó a tientas el interruptor de la lámpara de noche ubicada junto a la cama, pero incluso cuando lo encontró este jamás atrajo la luz. "Agh, ¿podrías encender las luces? Si vamos a tener una conversación real, como mínimo quisiera verte a la cara."

Una pausa de un silencio facturado; duración justa, y Castiel contestó: "No," y este se cruzó de brazos. "Hazte a la idea de que así serán las cosas. Puedes quedarte aquí el tiempo que quieras y que necesites, pero la única condición es que no puedes ver quien soy—Aparte de eso, nada más."

"¿Alguna razón para tanto dramatismo?"

"No es dramatismo; la razón es que porque así deben ser las cosas y punto. Prometo venir por las noches para asegurarme que todo esté bien, pero me iré en cuanto el amanecer comience a notarse. Así será más seguro para ti, y también para mí."

Pudo ser una reacción de mero reflejo, pero Nathaniel hizo un corto sonido de descontento al oír esa respuesta, algo cercano a un bufido.

Castiel era impulsivo pero increíblemente lógico. Él era directo y también alguien dispuesto a irse por las ramas con tal de evadir un escenario desagradable. Poco convencional, incluso considerando su especie. A veces grosero y algo imprudente, pero el resto del tiempo él era consciente de lo que hacía y lo que debía hacer.

No existía una lógica real detrás de todo lo que él era, y siendo sinceros, mejor así.

"Espera," de la nada los ojos de Nathaniel se abrieron amplios. "Dijiste que puedo estar aquí el tiempo que desee… ¿eso significa que no se supone que esté encerrado, que puedo salir cuando quiera?"

Otro silencio, pero esta vez fue uno cuya duración Castiel procuró fuera lo suficientemente extensa como para que alcanzara lo incómodo.

"Desde el minuto que despertaste que intento decírtelo, pero gracias por notarlo ahora."

Nathaniel no tardó en notar el sarcasmo, y asimismo tampoco tardó en rodar los ojos.

Aprovechando el sutil cambio de aire, Castiel decidió llevar la conversación en otra dirección—pero no tan lejana, sólo con la idea de tantear el terreno en un área en particular.

"¿Dices que no has salido ni siquiera a tomar aire desde que estás aquí?"

"…no. Desperté esta mañana y tampoco me sentí con ánimos de levantarme—la verdad es que he estado aquí en cama desde que me trajiste."

Y bueno, eso era una mentira, claramente. El primer instinto de Castiel le decía que considerara sacarle en cara a Nathaniel que él sabía de su intento de huida del día anterior…, sin embargo logró acallarlo. Honestamente él no estaba del todo seguro si es que podía culparlo por intentarlo, o si es que le dolía o le molestaba ese actuar…

Eso sí, le dio puntos por al menos intentar sonar convincente.

"Está bien, ya lo harás cuando estés listo. De todos modos aun no es del todo seguro que salgas de acá."

"Avísame cuando sea el momento, si es que llega."

Una vez más: Vaya persona problemática.

"Como sea, al menos—"

Pero cualquiera fueran sus palabras en mente, estas fueron interrumpidas por el fugaz y violento sonido de un ventarrón proveniente del exterior—Sus sentidos saltaron y se pusieron en guardia, todos al mismo tiempo.

En el exterior no se veía nada, porque no había nada. Ese apartamento estaba ubicado en un piso de gran altura y además todos sus ventanales estaban cerrados. Solo que a pesar de eso la potencia del ruido que provocó el viento logró oírse tan fuerte y tan cercano como fuego cruzado en zona de guerra.

"¿Qué pasó? Estabas hablando y te quedaste callado de pronto."

Castiel se volvió rápidamente a mirar Nathaniel, quien examinaba el vacío en su dirección con rostro de duda. Un análisis raudo y se hizo evidente que él no escucha nada.

Lo cual significaba que…

"Debo irme ahora."

…era un llamado.

"¿Ahora?" se oía algo de sorpresa en su pregunta, aunque no demasiada, todo todavía en el nivel en que Nathaniel sólo preguntaba porque no tenía nada más que decir. "Pensé que habías dicho que te irías al amanecer."

"Olvidé que tengo que encontrarme con alguien."

"¿En medio de la noche?"

Resultó evidente ver el… ¿arrepentimiento? (¿es esa la palabra correcta?) en su rostro tras haber hablado.

"Uhm…" una pausa, una señal de duda. "No nos encontraremos ahora mismo ya, pero si me voy ahora llegaré a tiempo… por la mañana."

"Oh… entiendo. Lo siento—lo siento, ni siquiera debería andar haciéndote preguntas como si me debieras alguna explicación de lo que sea que hagas… Soy un estúpido."

Castiel contuvo el aire en sus pulmones en un intento de frenar un suspiro en el último minuto, y se recordó a sí mismo que al frente suyo tenía la razón suficiente para esforzarse en cambiar algo en lo que, en otras circunstancias, él jamás se habría molestado en participar.

Sin escalofríos o estremecimientos. Nada más que la quietud llenando el vacío infinito, hacia afuera adentro haciendo eco e invirtiéndose. Y mientras duró ese momento, Castiel ni siquiera se atrevió a desviar la mirada.

"Tú no me conoces; tampoco espero que me veas como un amigo por lo que estoy haciendo por ti, así que quiero que tomes lo que te voy a decir como lo que es—como un consejo, lo tomes o lo dejes, de parte de alguien que ha pasado por una que otra cosa en su vida."

No hubo respuesta, pero algo en el ritmo algo acelerado de la respiración de Nathaniel le decía a Castiel que este estaba más que atento a sus palabras.

"Sé más egoísta."

"¿Qué?"

"Me escuchaste bien," replicó serio. "Piensa en ti y en lo que a ti te hace bien. La vida no es justa, por lo mismo no tiene nada de malo ponerse a uno mismo en primer lugar de vez en cuando."

Nathaniel parpadeó rápidamente en lo se veía era su mente procesando lo escuchado, especialmente por esa expresión suya que gritaba ¿acaso estoy escuchando bien?

"Haz lo que sientas mejor para ti, pero hazlo por tu propia conveniencia, no por la de quien te haya condicionado para que terminaras así," él continuó. "Siempre habrá gente que te dirá cómo tienes que hacer las cosas, y algunos de ellos tendrán buenas intenciones, pero al final del día cada quien hace lo que mejor le parece. Decide lo que quieres, sé más egoísta y ponte a ti mismo en primer lugar."

Tras ese intercambio ambos se mantuvieron callados—haciéndose algo incómodo, cual si los dos quisieran borrarse contra las penumbras.

"Volveré mañana," eso fue lo último que dijo ante el silencio, antes de salir de la alcoba.

Tampoco tenía claro si estaba listo para recibir una respuesta, pero desaparecer en la noche se sintió como su opción más correcta.


.

"No entiendo por qué insistes en reunirnos en lugares tan… públicos."

Pleno día. Ruidos de tazas, cubiertos y murmullos de conversaciones ajenas inundaban el interior del café. Una muy tranquila Debrah le daba las gracias a la camarera joven de ojos rasgados que acababa de traer su orden; y Castiel, desde el otro lado de la mesa, estaba al borde de sentir como si en cualquier segundo las paredes se fuesen a caer, de ese modo aplastando a todos aquellos en el interior; y si tenía suerte, con él incluido.

Con certeza era la paranoia la hacía estragos en su cabeza—La base de sus poderes ancestrales existe bajo el simple precepto de que la memoria humana es frágil. Funcionan de manera en que, en un ambiente común de humanos, estos podrían notarlo sólo si él así lo desease, de no ser ese el caso, pues su existencia no pasará de ser un punto ciego para la vista de todos, y nada más.

Pero estás nervioso y no te puedes quitar de encima esa sensación de que te observan.

"¡Porque aquí venden el mejor pastel de algodón y semillas de toda Asia!" Debrah respondió con excesivo entusiasmo, para luego añadir, una vez que quedaron a solas y esta vez en voz baja: "y porque además nos veríamos extremadamente sospechosos si de pronto comenzáramos a encontrarnos en secreto."

Al menos la efectividad del criterio de Debrah todavía era para ser confiada… incluso si gran parte de su dieta ha de consistir en alimento para aves.

Él exhaló.

"Sólo dime qué encontraste."

La atención de Debrah se alejó de su postre y alzó la mirada. Alzó la mirada y se quedó viendo a Castiel con tanta intensidad que él pudo sentir cómo su garganta se anudaba.

"Acerca del historial familiar de Nathaniel…" su pausa tomó la forma de una tos forzada. "Porque… encontraste algo, ¿cierto?"

Ella rompió el contacto visual y su expresión pasó a ser una más relajada, gesto que Castiel tomó como respuesta.

"Pues habla entonces."

Debrah soltó una risa seca y se volteó al espacio vacío de su asiento de junto. De ahí sacó a la vista un expediente delgado y de apariencia nueva, pero que al ponerlo sobre la mesa y abrirlo, en el interior de este aparecieron un grueso sinnúmero de hojas y hojas de apuntes y notas escritas a mano, junto con varias fotografías de Nathaniel, algunas de su padre, y otro tanto de personas que Castiel no fue capaz de reconocer.

"Sí que te esmeraste esta vez…" él no pudo evitar mencionar.

"Admito que el conocimiento no es algo que suela moverme, pero esta fue una investigación que sí logró mantenerme entretenida," un suspiro sonoro y Debrah agarró la primera hoja frente a ella. "Comencemos:

Nathaniel Fontaine. Diecisiete años, once meses, dos días y veintiún horas de edad. Primera infancia normal para lo que a nosotros respecta, eso al menos hasta que su padre comenzara a golpearlo poco antes de que cumpliera los trece. ¿La razón que su padre dio? Problemas de conducta. Sin embargo los golpes jamás cesaron, ni siquiera cuando Nathaniel se convirtió en una especie de hijo modelo que cumplía cada exigencia posible. Para ese punto su padre simplemente usaba sus golpes como un modo de descargar las tensiones del estrés laboral que él cargaba."

Entonces ella detuvo la lectura y con algo de curiosidad y dramatismo exagerado regresó su vista a Castiel. "¿No dirás nada…?" él no contestó. "Porque cuando descubrí esto me dije: Castiel no va a tomar nada bien toda esta información… Y siendo claros, yo esperaba otra clase de reacción de parte tuya—algo más visceral y que dejara en claro que tenías sed de venganza… pero ahora no pareces sorprendido. En absoluto," al final sonaba como recriminatoria, casi decepcionada.

"Eso es porque el día que conocí a Nathaniel también conocí a su padre—los dos estaban en medio de una discusión. Con lo que oí no fue difícil hacerse una idea del tipo de relación que llevan."

Debrah le quedó mirando como si esperara escuchar algo más, pero al no recibir nada decidió proseguir.

"Años después hubo un incidente que marcó un antes y un después para esa familia, y que causó que todo el asunto se les escapara de las manos. El tipo ese, su padre— Francis, llegó ebrio una noche y le dio a Nathaniel una paliza superior a cualquier otra que él jamás hubiera recibido," Debrah hizo una corta pausa para buscar algo más entre todo el desfile de papeles expuesto sobre la mesa. Ella hablaba en una voz de negocios, como si estuviera revisando algún inventario de provisiones y no el historial de violencia sufrido por alguien.

A Castiel esa actitud no le sorprendió en lo más mínimo.

"Aparte de diversos hematomas en el rostro y espalda, un par de muelas rotas y un corte de dos puntos de sutura en la barbilla," cambió la lectura hacia otro expediente. "… le fracturó el brazo, dos costillas y le rompió dos dedos."

Castiel tragó otro nudo.

Por esos días a su garganta se estaba haciendo demasiado hábil formándolos.

"Hasta esa vez las heridas de Nathaniel nunca habían alcanzado su rostro. Por eso, a la mañana siguiente y con menos alcohol en la sangre y más cordura en el cuerpo, el tipo cayó en cuenta de lo que hizo y entró en pánico, así que temiendo que Nathaniel pudiera denunciarlo a la policía, se ofreció en pagarle para que se fuera a vivir a otro lado. Algo entre las líneas de una emancipación de hecho, y sin todo el papeleo legal, a lo cual Nathaniel aceptó feliz. Cualquier cosa por salir de ese infierno, supongo. Todo esto ocurrió hace algo más de un año."

Castiel se restregó el rostro e hizo un esfuerzo extra para no mostrar el asco o las ganas de matar que aparecieron en ese minuto. Él fue quien encargó esa investigación, ¿cierto? Y él podía manejar cualquier clase de jodida información que Debrah pudiera presentarle; fuera esta el oír simples relatos de un pasado monótono, o historias cuya bizarra familiaridad lograsen revolverle el estómago.

"No encontré ningún detalle relevante para tu causa en su infancia, ni en su padre, tampoco en su madre ni en ningún otro familiar de sangre directa en estas últimas generaciones. Tienen vidas turbulentas, claro que sí, pero bajo mi punto de vista no hay nada en ellos que explique por qué tu ama y señora de pronto iniciara una cruzada de guerra en su contra."

(Pensar, pero elegir no pensar. Saber, pero elegir ignorar todo.)

Volvió a la realidad.

"Su madre. Háblame de ella."

"Su madre, su madre… Por acá la tengo…" dentro del grupo de fotografías ella le estiró una donde aparecía una mujer rubia, que aparentaba no más de cuarenta años y que lo más destacable de su apariencia era la profunda ausencia de brillo en su mirada. "Adelaide en su juventud trabajó de modelo, alcanzando en esa carrera un éxito moderadamente respetable. En cuanto a personalidad ella una mujer fría, y que nunca quiso tener hijos en primer lugar. La única razón por la que no abortó fue porque la edad le estaba pisando los talones y ya no estaba recibiendo tantas ofertas de trabajo como antes, así que usó el resultado de su embarazo no planificado con Francis—en ese tiempo un emergente jefe de ventas—, como excusa para cerrar su carrera por la puerta grande. Todavía arrastra una bulimia que inició cuando era joven y que se niega a reconocer, y durante estos últimos años ha desarrollado dependencia a los narcóticos. Ella era consciente de las palizas que su esposo le daba a Nathaniel, pero como has de suponer, decidió no hacer nada."

La verdad era realmente antiestética.

"Opino que pasado cierto punto el tener tantos traumas debería ser considerado un talento," un suspiro sin emoción y Debrah pasó a la hoja siguiente. "Tiene una hermana menor, además. Ámber es su nombre, y son mellizos. Por lo que he investigado de ella y a lo que a mí respecta, es una mocosa insoportable, no muy inteligente y sin ningún logro importante en lo que va de su vida. Sin embargo es meritorio señalar que hasta ahora ella no ha hecho nada que buscase directamente hacerle daño a Nathaniel, y a pesar de todo él la quiere y la tiene en muy alta estima. Eso sí, para ella en particular escribí una nota aparte," al decir eso, Debrah despegó una nota post-it fosforescente de la misma hoja que tenía frente a ella y se la tendió a su compañero.

Castiel recibió el papel en gesto reticente y procedió a leerlo en voz alta. "'Determinación, curiosidad y envidia combinación peligrosa'…?" ahí regresó su atención a Debrah. "Al menos dame una pista de qué significa esto."

"Significa que es terca y metiche, pero nada que sea más terrible que eso, espero," ella se encogió de hombros. "Lo único que diré es que si yo fuera tú y si la situación se da, me aseguraría de mantenerla alejada."

"… Lo tendré en mente," Castiel guardó la nota en el bolsillo de su pantalón.

En eso Debrah tomó la oportunidad de probar su postre, y en el entretanto agregó: "Te entrego mi investigación en bruto de sus historiales familiares. Siéntete libre de estudiarla cuanto quieras."

No fue necesario oír más. Rápidamente Castiel comenzó a revisar por sí mismo todos los documentos entregados por Debrah, y durante esos largos minutos el único sonido presente fue el ruido blanco que la cafetería proporcionaba. Castiel leía en silencio, en un principio estudiando todo lo que tendía frente a sí hasta el mínimo detalle, pero entre más hojas pasaba, más rápido se acrecentaba la desesperación y la necesidad de leerlas a la rápida.

Todo en busca de una respuesta que entre más veía, menos sentía posible encontrar.

"¿Aparte de esto qué más tienes?" preguntó finalmente. "Algo sobre sus antepasados, algún ancestro, o lo que sea."

"¿En cuanto a sus demás antepasados o ancestros—? Uhm…" Debrah dio un sorbo a su bebida antes de responder. "… no encontré nada."

Entonces Castiel soltó el papeleo y frunció el ceño— y el aire así nada más se sintió distinto. De repente como que ya no le importaba tanto el conservar un perfil bajo en frente de su compañía, que para todo lo que él sabía, bien podía estar tomándole el pelo.

"¿Nada?" preguntó en voz baja.

Debrah pareció sentir el cambio de energía ya que su cuerpo tensó al instante, causando que casi derramara el contenido de su taza de la mera impresión. Aunque claro, tras eso procuró cambiar rápido a una expresión más casual (aun si fingida), y luego comenzó a recolectar todos los papeles esparcidos sobre la mesa para regresarlos a su carpeta.

"¿Nada?" Castiel repitió alzando más la voz, porque las palabras dichas en voz baja no eran lo suficientemente buenas cubriendo asuntos de importancia.

"Totalmente segura. Lo más relevante que pude encontrar fue un antepasado sin descendencia que traicionó a su batallón durante la primera Gran Guerra—no sé si eso te sirve…," ante eso Castiel sólo negó en silencio. "Entonces estamos en un punto muerto, tal como al principio: tú sin tener idea de lo que tu madre planea, y yo todavía sin saber cuándo terminará toda esta bufonería."

Lentamente Castiel volteó su cabeza en otra dirección, apretando además con fuerza sus dedos sobre el puente de su nariz; logrando así ignorar la presencia de Debrah incluso si sólo por un momento. Esto no anda bien. Él pensó que, si conseguía su historial familiar, en teoría podría encontrar una pista de lo que esa mujer vio en Nathaniel para ponerse en su contra, y por consiguiente encontrar una manera de protegerlo; pero en un escenario en que ninguna información decidora fue encontrada… el camino a seguir se tornaba aún más complicado.

"Él no ha hecho nada…, por ahora. Pero ten la seguridad de que lo hará."

"Tengo que irme."

"¿Qué—Cómo? ¿Ya se te ocurrió algo?"

Castiel pudo ver cómo el tedio de Debrah se transformaba en sorpresa, y como esta pasaba rápidamente a la confusión en el momento en que él se puso de pie.

"Creo que tengo una idea," él respondió de pronto demasiado anticlimático, demasiado rápido y distante, demasiado ido en sus pensamientos.

Debrah a llamó su nombre varias veces pero fue inútil, sus palabras terminaron siendo oídas por todos los presentes excepto por quien a ella en serio le interesaba captar su atención. Castiel había desaparecido de escena, dejándola sola, sin pistas ni respuestas; sólo con dudas y ahora con numerosos pares de ojos observándola atentos, algunos con curiosidad y varios otros con cierta reticencia.

En un seco chasquido de dedos todo el interés de los otros humanos puesto sobre ella desapareció, y con la precisión de un reloj cada uno de ellos regresó a sus actividades previas. Por su parte Debrah, colgándose de la oportunidad de haber quedado a solas consigo misma y ahora no siendo más que un recuerdo olvidado en las mentes de esas personas, enterró su rostro en las palmas de sus manos y soltó un pesado y sonoro suspiro.

Poco a poco el vertedero se transformaba en prado.


.

A lo largo de la historia han sido incontables los casos de buenas personas—hombres y mujeres por igual; que han cometido actos malvados y terribles en nombre de un bien mayor, un propósito más grande, alguna razón religiosa, o incluso por nada más que simple locura.

Tras la reunión con Debrah, esa misma noche Castiel se dirigió al apartamento con tal línea de pensamiento presente en su mente. Si bien se sentía decidido en su actuar, no podía evitar cargar encima el peso de algunos de sus nervios saliendo de su escondite y haciendo clic en todos los interruptores existentes.

Debía dejar de pensar así, era consciente de aquello a la perfección.

Dejando de lado el hecho de que los malos hábitos mueren lento, Castiel negó con la cabeza y suspiró. Con lo que no contaba era con la oportunidad de pausa mental encontrada en cuanto caminó hasta el centro de la sala de estar, hallándose con Nathaniel, durmiendo en el sofá más largo del salón.

(Culpa suya por no llegar antes ni haberse percatado de qué hora era con exactitud—no era como si él fuera alguien que necesitara estar al pendiente de los tiempos y las horas. O así solía ser, al menos.)

Sin duda esa era una vista que él no esperaba. Y, lógica idiota o no, con tan sólo estar ahí la confusión emparejada con el nerviosismo que nublaba su mente después de su encuentro anterior había desaparecido por completo, y Castiel no supo si eso era una buena señal o todo lo contrario.

Ahora sólo quedaba despertar a Nathaniel.

"¿Piensas quedarte ahí toda la noche ahí sin hacer ni decir nada?"

Nathaniel tenía los ojos cerrados, la respiración se oía calma y hasta estaba cómodamente recostado. Sin embargo para sorpresa de Castiel, este se encontraba despierto.

(Nota mental: no menospreciar tanto los sentidos humanos.)

(O por lo menos, no los de Nathaniel.)

"Pensé que dormías," respondió tras su reacción inicial.

"Dormí casi todo el día, sí," un bostezo extraviado se escapó de su boca y luego él se reincorporó, quedando sentado en el sofá y manteniendo ambas manos a los costados de su cuerpo. "No te escuché entrar."

"Intenté ser silencioso," mintió. "Por lo mismo, porque asumí que estarías durmiendo."

"Entiendo, entiendo," Nathaniel aprovechó de tomar aire, su mirada perdida en cualquier dirección excepto en la cual Castiel se encontraba. "No hay cuidado, sólo…, quería asegurarme de estar despierto para cuando llegaras."

"¿Qué ocurre?"

(Oh. Qué no ocurre.)

"He estado aquí, todo el día pensando sobre esto y, uhm… necesito decirte algo."

Eso último no fue una pregunta, aunque bien que logró oírse como tal.

"Te escucho."

"Decidí que," una pausa algo nerviosa pero necesaria, ya que luego sus palabras de algún modo tomaron fuerza. "Que no quiero escuchar respuestas a todo lo complejo que está ocurriendo aquí—no todavía, por lo menos. Actualmente siento como si mi cerebro ya no pudiera absorber nada más; y estoy seguro de que existe un límite para cuanta cantidad de Suspensión de Incredulidad* una persona normal puede hacer uso sin caer en el delirio."

Castiel agachó la mirada y rio, aunque no fue una risa de entretención o alegría.

"Eso significa que no quiero saber la razón exacta de por qué no puedo mirarte, o cuál es el verdadero motivo de por qué terminé en la mira de una delincuente… mierda ¡ni siquiera me importa por qué ahora no estoy usando un maldito yeso en la mano, como se supone debería ser!" Nathaniel intentó enderezar su postura, esperando mantener tanta dignidad como una persona posiblemente podría mantener cuando se esfuerza por no llorar en la oscuridad. "Sólo quiero estar tranquilo y sin tener que preocuparme las veinticuatro horas de cómo fue que mi vida de pronto comenzó a parecerse a algo sacado de un libro de ficción. No quiero saber; al menos no… no…"

"¿… no por ahora?"

Castiel se acercó y se sentó en el sofá individual de junto, de paso captando la silueta de Nathaniel en el reflejo de los ventanales. El reflejo era parcial, medio desvanecido; un splash de movimiento en el que Nathaniel entrelazaba rítmicamente los dedos de ambas manos. Castiel dejó el reflejo de lado y se enfocó en el ser real: cabello brillante, mirada conflictuada perdida en la noche. La luz de la luna menguante alcanzaba a iluminarlo a duras penas, pero eso era suficiente para los ojos de quien lo observaba.

"No por ahora," Nathaniel confirmó, y desde ahí sus palabras no avanzaron más.

Sin embargo… seguía habiendo algo en el rostro de Nathaniel que se leía como si deseara agregar otra cosa. Una incertidumbre disfrazada en la creencia errónea de que se aprovechaba del anonimato que otorga la noche, y que no le permitía traducir todo lo que deseaba decir en las palabras correctas.

"Por mí está bien…" Castiel apoyó su espalda en el respaldar del sofá, cerró los ojos y luego no se molestó en volver a abrirlos. "…aunque no suenas muy convencido."

"¿Qué quieres decir con eso?" se oyó un tinte de repentina indignación en la voz de Nathaniel.

"Lo que dije. Pero adelante, si tú dices que no quieres saber nada, siéntete libre de decirlo cuantas veces quieras," Castiel se mantuvo con los ojos cerrados—porque por alguna razón era más fácil actuar distante cuando logras ignorar donde en realidad estás y puedes imaginar que el todo es capaz de ser nada. "No tengo ni las ganas, ni tengo la energía suficiente como para hacer que digas lo contrario."

Uno, dos, tres…

"Te crees muy listo, ¿no?"

Bingo.

"No me creo nada, sólo digo lo que veo."

"Ni siquiera puedes ver—ugh… Está bien, está bien. Tienes razón."

"Pues te escucho."

"Quiero saber…" Nathaniel bajó la voz al nivel de un susurro. Tras lo que fue un minuto de silencio incierto Castiel pudo sentir la mirada de este encima de él. "Quiero saber por qué estás haciendo todo esto por mí."

"¿Hacer qué?"

Para esa altura era una estupidez jugar al desentendido, pero eso era lo único que le quedaba si quería arrastrar el inevitable desenlace de esa conversación.

"¿Que no hayas cumplido tus órdenes, por ejemplo? O quizás el solo hecho de que me dejes estar aquí. Porque entre más vueltas le doy, sigo sin explicármelo. Recuerdo que dijiste que te habías hartado de seguir los caprichos de 'esa mujer peligrosa' que ordenó todo esto, como si llevaras años y años trabajando para ella en una especie de mafia, o algo así; y si bien eso técnicamente tiene sentido, aún siento como si faltara algo."

Escuchó atento a cada una de sus palabras para después abrir lentamente los ojos, y como si estuviera respondiendo adrede a una provocación con la seguridad nula que da algo colgando apenas de un hilo, Castiel le replicó con un expectante: "Y según tú, qué te hace decir eso."

"Lo digo porque…, porque es posible extraer mucha información de una persona a partir de su voz. Incluso si sólo fuera en base a una cinta de audio; uno se puede hacer una idea del género de quien habla, determinar su altura, su peso, edad, facciones, enfermedades crónicas y hasta rasgos de su personalidad. Nosotros no hemos hablado lo suficiente como para que pueda asumir muchas cosas sobre ti, pero con lo que tengo sí puedo decir que tu voz es joven. Calculo que tenemos la misma edad o que a lo más tú eres un par de años mayor que yo, por lo que es matemáticamente imposible que lleves mucho tiempo trabajando bajo las órdenes de esa mujer. Puede que suene estúpido, pero es por detalles así que pienso y siento como si todo lo que me has dicho hasta ahora son datos incompletos…, faltantes. Me estás protegiendo por algo y esa es información que quiero tener porque la creo importante."

Hubiera sido cualquier otro humano y Castiel sin ningún reparo habría menospreciado esa muestra de acto de curiosidad, castigándolo además, al verlo como uno de los peores atrevimientos; pero era Nathaniel con quien trataba, y todo lo que estaba sintiendo seguía demasiado reciente, todo aun en el terreno de lo inesperado. Por lo mismo fue inevitable que volviera a experimentar ese sentimiento de sorpresa, ahora ante el hecho de que Nathaniel fuera capaz de sacar ese grado de conclusiones específicas. Si bien lo había leído ya como características listadas en la investigación de Debrah, esta vez podía comprobarlo de manera empírica: Nathaniel era jodidamente inteligente.

(—tan acertado y tan errado a la vez.)

(Excepto.)

No podía ir tan rápido.

"Protegiendo…" a pesar de haberla dicho en el pasado, el uso de esta palabra, la sola acción de repetirla se sentía como algo nuevo en su boca—tranquilidad, nostalgia, sensaciones que él normalmente no tiene. "Supongo que estás en lo cierto. Es verdad que no te he dicho todo."

Tensó sus labios. Pensó antes de hablar. Su idea era mantenerlo conciso.

"Esa mujer de la que te advertí, yo soy…—ella es mi madre."

A esa revelación Nathaniel no dijo nada; porque no fue necesario. Por su rostro pasaron una variedad de emociones que iban desde la mezcla inicial entre sorpresa y disgusto, llegando hasta la conmoción característica que causa la captura de un golpe de ansiedad. Como si por todo lo que dura un instante el aire se cargara de cada una de las interrogantes del universo, y que estas quisieran salir juntas al mismo tiempo, sólo que al final, ninguna de ellas lo lograse realmente.

Nathaniel entonces negó, cerró los ojos y se concentró en lo que pareció ser el crear un ritmo respiratorio parejo que pudiera calmarlo. Una vez normaliza, Nathaniel volvió a abrirlos los ojos, ahora mirando fijo hacia el frente, a un paisaje de pura oscuridad.

"Eso… no me lo esperaba," su voz era estable—estable y distante. "Sigo sin entender claramente qué tiene que ver un asunto con el otro, así que por favor, continúa."

Castiel exhaló y asintió, aun si Nathaniel fuera incapaz de verlo. Ese era un tema delicado, y lo último que deseaba para un momento así era que su cuerpo lo traicionara y comenzara a disparar su desprecio en cualquier dirección.

Porque a diferencia del amor muchas veces, el odio es simple y honesto.

"¿Alguna vez has odiado a alguien que se supone no deberías odiar?"

Nathaniel respondió a eso con un escueto 'Sí', porque oh, por supuesto que él ha odiado.

"Ella es alguien a quien he odiado por mucho tiempo. Es una mujer cruel y egoísta, y una jodida psicópata durante sus momentos de crisis;" una pausa, antes de que pudiera decir más cosas de las necesarias. "El asunto es que…, mi plan era ignorar sus órdenes por completo, pero luego ella te involucró a ti, un total extraño. Así terminaste envuelto en esto y de un momento a otro todo se me salió de las manos. Si te estoy ayudando es porque sé la clase de cosas que ella es capaz de hacer y no quiero…" (—que te haga lo mismo) "… que se salga con la suya. No de nuevo, y no si yo puedo hacer algo."

Palabras que fueron bienvenidas en un silencio que estrangulaba la noche, uno que, paradójicamente, clamaba ser llenado.

"No te estoy contando estas cosas para ganarme tu lástima—"

"No siento lástima por ti, no creo que pueda, tampoco," Nathaniel lo interrumpió, y por la expresión neutra en su rostro parecía que no se había percatado de ello. "Pero si algo siento es… sorpresa."

"¿Sorpresa de qué?"

"Sorpresa de que, uh…, yo lo que es odiar y—" un intento de risas sin mayor freno, un intento de risas interrumpiendo a media frase, un intento de risas secas. "—pareciera que somos más parecidos de lo que pude imaginar y, y es extraño."

Ante ese comentario que deslizaba información de la cual él no debería tener registro, Castiel prefirió quedarse con la seguridad que sólo entrega el silencio.

Y silencio fue todo lo que hubo, y que duró, quién sabe por cuánto.

Era difícil poder hacerse una idea de lo que cruzaba por la mente de Nathaniel—los miedos, las inseguridades, un carácter desconocido inmerso en un escenario todavía nuevo; era difícil y complicado por varias razones. Pero al menos, aparentemente, esa noche Castiel no era el único lidiando una batalla en medio de incertidumbres.

"Por favor no me malentiendas," Nathaniel dijo de la nada, de ese modo llamando la atención del otro. "Agradezco lo que estás haciendo por mí, lo digo muy en serio. Incluso si esta es una situación de lo más bizarra, me estás ayudando y…, es más de lo que cualquiera haya hecho por mí en años."

"No agradezcas, también lo digo en serio," Castiel suspiró, restando importancia, pero bien que las palabras de Nathaniel bastaron para que él relajara la tensión en sus hombros. "Si te sirve de algo, yo tampoco sé bien lo que estoy haciendo. Cuando te encontré sólo actué y… ya."

La sorpresa duró en el rostro de Nathaniel por un segundo completo antes de que volviera a realizar cualquier proceso relacionado con el habla.

"Me estás diciendo que estás dispuesto a dejar que un completo extraño viva en tu propia casa mientras tú te ausentas todo el día, ¿y tú ni siquiera pensaste en las consecuencias?"

"Eh… ¿no?" preguntó sin esperar una respuesta real, alzando una ceja. "¿Y consecuencias de qué, además? Si cuando llegaste eras un manojo de nervios—no te imagino, no sé, intentando matarme o qué sé yo, robando cosas… Y si pensarlas hacerlo, de todos modos ni siquiera paso mucho por aquí."

"Supongo estás en lo cierto. Considerando todo, no me cuesta creer esto que dices… Pero ahora que mencionas este lugar, ¿tampoco vienes a dormir? Porque pensaba en eso cuando decidí esperarte en este sofá, imaginaba que llegarías cansado y querrías dormir en tu cama…, debe ser incómodo llegar y que la esté usando alguien más."

"No necesito dormir mucho para funcionar," él respondió simple, dando verdades a medias. "Estoy bien así."

Si Nathaniel se dio cuenta de algo, hizo un muy buen trabajo ocultándolo.

"Entonces durante el día haces… lo tuyo, lo que sea que eso sea; y de noche vienes acá, no a dormir sino para comprobar qué tal llevo las cosas por estos lados. ¿Acaso no descansas o me perdí en alguna parte de la ecuación?"

"¿Insinúas que debería usar mi tiempo libre de otro modo?"

A eso Nathaniel alcanzó a soltar una risa—o algo que se acercaba muchísimo a una; y eso se sintió bien.

Sólo que cuando Castiel estaba a punto de agregar algo más, fue que este comenzó a notar el cambio sutil de la coloración ambiental. El amanecer estaba cerca y las luces del alba pronto iluminarían los ventanales y todo al interior.

"Ya es hora de que me vaya."

Un vistazo a su alrededor y Nathaniel no tardó en darse cuenta de lo que ocurría. "Era cierto entonces…" su voz paulatinamente se tornaba a ese tono cansino, como si de la nada su cuerpo se hubiera vuelto consciente de la hora que era. "Te vas con la llegada del sol."

"Así después no puedes decir que no cumplo con mi palabra."

"Como si me quedara de otra," el otro replicó con ambas cejas alzadas. En su respuesta se oyó esa irritabilidad sin malicia, al parecer típica de él, presente durante sus ratos de somnolencia.

Sin dar mayor respuesta, Castiel entonces se retiró de ahí antes de que la claridad propia de un nuevo día comenzara a colarse. Lo distinto fue que por primera vez desde que tiene uso de razón, él prefirió salir por la puerta.

Para variar las cosas.


.

Era como un libreto ensayado hecho de palabras que se sentían como tatuadas en su mente. Un discurso memorizado al derecho y al revés hasta un nivel que resultaría imposible para cualquier otro ser viviente— y a pesar de esa garantía, lo único que él rogaba era que todo ese esfuerzo fuera suficiente. Tomó aire y procuró concentrarse, esta vez aún más determinado. Porque ahora tenía una prioridad clara, y poco le importaba que lo que estaba a punto de hacer pusiera su libertad y salud mental en riesgo.

Una mansión de cobre y candelabros golpeada en su exterior por una ventisca de pleno día. Cielos altos, un amplio salón hecho de marfil y texturas verdes, muebles tapizados en terciopelo, una antigua chimenea encendida y calor en la, en su mayoría reinante, oscuridad.

De pronto había una mano en su mejilla y su peso extra sobre su rostro se sintió como la nada misma, como si no hubiera nadie ahí atrás suyo. Pero Castiel no se iba a dejar engañar por lo primero que le señalaran sus sentidos, así que cuando él dio un giro en ciento ochenta grados pudo comprobar sin problemas que sus conclusiones eran ciertas.

"Vaya, vaya; una visita repentina. ¿Puedo asumir que ocurrió algo bueno?"

Usaba un largo vestido negro, sin cortes, y su cabello rojizo estaba peinado de manera tal que su largo lograba cubrirle vagamente los pechos.

Era la primera vez que se encontraba con esa mujer frente a frente desde que todo comenzó. La emoción perdida entre la ira y el pánico habitual seguía ahí, pero ahora amortiguada por el cable a tierra que resultaba ser la preocupación por Nathaniel y la necesidad de que todo lo que estaba a punto de hacer resultara bien, maldita sea.

"Sólo pasé a decir que ya no tienes por qué preocuparte. Hice lo que ordenaste y le clavé una flecha al desgraciado del que querías deshacerte."

Los ojos de esa mujer se abrieron amplios y su mirada cambió cual la de un gato apreciando las maravillas de la noche.

"Estaba segura que tardarías más… la disciplina no es algo que te caracterice, tampoco la puntualidad," ella se inclinó con lentitud sobre el brazo de su hijo y en un gesto infantil se agarró de este. "¡Pero cuéntame cómo fue! Quiero detalles—necesito detalles."

"¿Para qué quieres saberlos? No ganas nada haciéndote la curiosa."

"¿Para qué? Pues para así poder imaginar tal cual ocurrió todo," una mirada interesada y un gesto repleto de poder y malicia. Castiel conocía esa expresión. Ceniza y aceite en su lengua. "Sólo quiero saber en qué anda mi hijo. ¡No me culpes por pensar así!"

"¡Ya para con esto!" en un movimiento brusco logró que su madre soltara el agarre de su brazo. "Conseguiste lo que querías ahora déjame en paz."

"Estás…, demasiado elusivo—más de lo normal… Si se tratara de otra persona pensaría que me están ocultando algo o que intentan mentirme. Pero sé que eso es imposible, porque este eres , y tú jamás me mentirías, ¿cierto, Eros?"

Había veneno en esa pregunta.

"Que me creas o no, me tiene sin cuidado."

Y también lo hubo en esa respuesta.

Ella pareció dejar decantar sus palabras, pues le quedó viendo con sus ojos entrecerrados por un par de segundos que se sintieron como una completa eternidad. Una mirada atenta y calculadora, idéntica a la de ciertos animales de caza—bestias que no tan sólo vigilan a su presa, sino que la observan. Y cuando dicha presa da un paso en falso, a veces alertada por el olor a la muerte próxima, los predadores se lanzan directo a sus gargantas, con una violencia y sed de sangre implacables.

En el pasado y junto a esa misma mujer, Castiel había sido testigo y protagonista de esa dinámica exacta de predador/presa, y ahora, para lograr su nueva misión (y muy en contra de sus deseos), estaba dispuesto a revivirla.

Y si tenía suerte todo resultaría. Justo ahora, a punto de jugarse sus cartas en un intento de usar el tira y afloja de esa dinámica perversa a su favor.

"Si en serio quieres saber…" así fue cómo se escuchó al principio, como un suspiro que se escapó de mala gana. "Usé a su padre..." pero la burla estuvo más que presente en su manera de hablar. "El mismo padre que no tuvo problema en dejarlo sin un techo bajo el cual dormir; el mismo que lo golpeaba y abusaba de él—La persona de la que hice que se enamorara fue su propio padre. ¿Ingenioso, no crees?"

Una pausa cargada se generó entre ambos. Repentinamente su madre (consciente o no), tensó su postura y retrocedió un paso, y Castiel supo que la estaba llevando justo hacia donde él quería. Sin perder tiempo amplió su sonrisa, puso más peso en su mirada para después aprovecharse de la oportunidad de ese silencio para continuar.

"Tú me dijiste que querías que le clavara una flecha en su corazón para que se enamorara perdidamente de una persona que sólo pudiera llevarle hacia la ruina inevitable, y eso hice... el tipo se enamoró de su propio padre. Admitiré lo que no tenía ganas de reconocer, ¿pero sabes qué? ya me da igual. Al final tuviste razón en algo," él no pudo evitar reírse, más cuando por menos de un segundo tuvo el privilegio de ver desconcierto en los ojos de esa mujer. "Claro que no lo maté—eso no estaba en tus planes y tampoco en mis intenciones, pero sí me di el gusto de dejarlo muerto en vida; y me sentí excelente, me sentí poderoso. No sólo le arruiné la vida a un humano de la forma más enferma que se me pudo ocurrir, sino que también lo hice todo apropósito. Fue como una revelación…, supongo, y me di cuenta también que con el poder que tengo soy capaz de lograr sentir eso cuantas veces me venga en gana."

(Ella conocía al niño que una vez fuiste, pero no es capaz de reconocer al adulto que tiene justo al frente.)

"Está bien... Eso está… muy bien," ella dijo dando media vuelta, alejándose ágil, huyendo. De pronto escuchándose como si se estuviera esforzando por sonar aparentemente irritada al no recibir la clase de conclusión que le habría gustado. "Me alegro por ti, hijo. ¡Al fin estás apreciando mis esfuerzos por retomar nuestra relación! Que reconozcamos, la teníamos un poco abandonada. ¡Pero eso cambiará, te lo pro—!"

"No cuentes con ello," él interrumpió quizás con demasiada energía—pero con una cantidad razonable de honestidad—, a lo que ella se volteó al instante. "Ya dije lo que tenía que decirte, y ninguno de los dos necesita esta falsa cursilería sin rumbo. No me interesa seguir tratando contigo y menos hacer tu trabajo sucio. Consíguete a alguien más que te haga los encargos, o mejor aún, hazlos tú misma."

Ella lo miró con frialdad.

Con frialdad lo miró y luego con la misma frialdad dijo, "Esta actitud tuya comienza a molestarme como no te imaginas."

"Oh, claro, entiendo. Es mi actitud lo que te molesta ¿Y qué piensas hacer con eso? ¿Intentarás 'darme una lección' y me venderás para salvar tu pellejo tal como ya lo has hecho antes? ¿O acaso ya le tomaste el gusto a emborracharte y usa—"

Una mano silenciando su boca con una fuerza capaz de desequilibrar. Distancia de metros cubierta en menos de lo que es un parpadeo. De la nada Castiel se vio a sí mismo de espaldas contra la textura del suelo alfombrado, con su madre sentada a horcajadas sobre él.

Ella sonreía con un gesto que no alcanzaba sus ojos. Del mismo modo en que la bestia presenciaría a su víctima, el animal moribundo, con los dientes afilándose a como la lujuria por la masacre corría rampante por sus venas. El poder era su afrodisiaco favorito pero a veces sólo bastaba la ira para encenderla; para hacerla sentir.

Era una vista aterradora.

"Como ya dije, me alegro por ti, hijo," ella habló y sus palabras se escuchaban como si cada una de ellas pesara una tonelada completa; al tiempo en que poco a poco iba formando una fachada extraña entre amarga y complaciente, mientras acariciaba los cabellos de su hijo con su otra mano. "Sí, claro que puedo admitir que has crecido, y también que te has vuelto más fuerte, pero todavía te falta mucho para llegar a mi nivel. Al final del día tú seguirás siendo mi pequeño Eros, mi hijo de ojos soñadores…," esas garras se enterraron con fuerza en la carne alrededor de su boca y Castiel tuvo que ahogar el quejido de dolor en su garganta. "Mi único hijo—obediente, el que ama a su madre y el que nunca olvidará que nadie jamás le amará como yo le amo."

Y tras eso su presencia desapareció de golpe. El ardor de las heridas en su rostro, los restos de sangre y un pesado aroma a almizcle en el aire como las únicas pruebas de que ella de verdad estuvo ahí y que todo ese intercambio fue real.

Castiel parpadeó lento y agradeció la lucidez filtrándose poco a poco a través de su mente. Bien le tomó un momento procesar lo que acababa de suceder.

No fue fácil exponerse de esa forma, mucho menos placentero (oh, para nada). Sin embargo, él pudo cumplir su misión. Había logrado golpear a su madre donde más le dolía, y con la escena que acababa de llevar a cabo se aseguraba al menos de un periodo considerable en que esa mujer no intentaría contactarlo. Le daría tiempo. Tiempo para pensar y poder actuar—

En eso escuchó el ruido de la ventisca cesar, y con un rápido vistazo al reloj de péndulo ubicado en uno de los rincones, supo que ya faltaba poco para que tocara las campanadas de las once de la noche.

Otro día daba término.

—tiempo, justamente lo que menos tenía.


Notas:

La vida es extraña, pero se siente bien volver a actualizar esto incluso si ha pasado bastante tiempo. De a poco me voy acercando a los momentos que llevo queriendo escribir desde las primeras fases de planificación de esta historia, por lo que no hay planes de que abandone este proyecto ni en el largo ni corto plazo.

Me fue sugerido también que explicara por acá el concepto de 'Suspensión de Incredulidad'; este hace referencia a la voluntad (en este caso del personaje) de dejar de lado (suspender) su sentido crítico, ignorando así incoherencias o incompatibilidades del contexto en que se encuentra inmerso (ej. Nathaniel ignorando voluntariamente los elementos sobrenaturales que rodean a Castiel), permitiéndole adentrarse en el mundo de ficción expuesto en la obra.

Sólo un comentario random, pero puede que este capítulo tenga o no una que otra referencia a HxH.

Gracias por leer, por supuesto, y si gustan me encantaría saber lo que opinan de la historia hasta el momento.