Amour Sucré (c) Chinomiko
No es el tiempo ni la ocasión
los que determinan la intimidad: es sólo el carácter,
la disposición de las personas.
Siete años podrían no bastar para que dos seres se conozcan bien,
y siete días pueden ser más que suficientes para otros. —Jane Austen
Capítulo VIII
Fortuna
.
Luz de mañana. Calidez bienvenida, despertares pausados que derivaban en días de introspección en los que la solitud era apreciada.
Era en esos mismos días en particular (tranquilos, perezosos pero llenos de lujo), que Nathaniel se obligaba a reflexionar acerca de lo que se había transformado su vida en el último tiempo. La expresión se obligaba, eso sí, siendo usada como un eufemismo, ya que muy en el fondo, él sentía un pequeño deje de placer cada vez que llegaba a la conclusión de que, tal vez y sólo tal vez, el mundo podría no ser un lugar tan horrible después de todo.
Fue extraño todo, el cómo ocurrieron las cosas. Pudo haber pasado una semana, pudo haber pasado un mes, pudo haber pasado el transcurso de una eternidad completa—pero para Nathaniel, eso ya poco importaba. Su mente perdió la consciencia del paso del tiempo, y para él eso fue lo mejor que pudo pasarle.
(Lejos de todo y sin un hogar al cual regresar, ningún rostro que añorara volver a ver como ninguno que le pudiera recriminar algo. Deseos nulos de retomar su anterior vida, porque estoy mejor así.)
(Un cuadro de separación que llegaba a sentirse casi como magia.
Solo que Nathaniel no era de creer en esas cosas.)
Su único vínculo con el mundo exterior lo tenía con Castiel, y para esa altura ya poco le importaba que dicha interacción fuera con alguien a quien sólo conocía por voz. Qué más da la normalidad. Él hace mucho que decidió no darle más vueltas a ese detalle; entonces por su salud mental, más que nada.
Extraño todo también porque las conversaciones con Castiel comenzaron con apenas monosílabos—las primeras siendo bastante forzadas, con otras veces resultando en palabrería incómoda y hasta rozando lo aburrido en algunas ocasiones (y Nathaniel tampoco se esforzaba en hacerlas interesantes, de todos modos). Extrañas tal como todas las interacciones entre dos personas que no se conocen, y que siempre serán más complicadas al no haber un tercero en común que suavice sus diferencias, que desarrolle las respuestas de una sola palabra, y que se esfuerce por aparentar que ambas partes no tienen problema en incluir a la otra en sus vidas.
Extraño porque poco a poco lo extraño se volvió cercano, y Nathaniel nunca supo cuándo los intercambios fríos y las verdades a medias fueron reemplazados por anécdotas; algunas entre risas disimuladas y otras transformadas en largas historias que fueron apuradas a un final nada más por la llegada inevitable del amanecer. Hablar con alguien lo distraía, y Castiel siempre parecía dispuesto a escuchar. Ellos hablaban de todo y nada a la vez; y de ese modo, gradualmente Nathaniel comenzó a esperar con expectación creciente la llegada de la noche y, por consiguiente, la de la persona que sólo venía con ella.
(A pesar de que todavía quedaban retazos de un muro invisible de verdades no dichas separándolos.)
"Entonces eres alérgico a las flores."
Para Nathaniel, sus noches favoritas solían ser esas en las que hablaban de nada en particular—porque siempre era más fácil cuando se habla de nada realmente—, pero en las que también existía un intercambio de conocimientos real, en los que ambos terminaban aprendiendo alguna cosa del otro.
"Arriesgando que esta confesión termine por arruinar mi caso," Nathaniel dice rodando los ojos, aprovechándose, como le es costumbre, del anonimato que entrega la oscuridad. "Tampoco soy muy fan de las golosinas."
"¿Ni siquiera el chocolate? Creía que a todas las personas les gustaba el chocolate."
"Hay gente que es alérgica al chocolate."
"Creo que estoy aprendiendo demasiadas cosas esta noche."
"¿Estás hablando en serio o me tomas por tonto?"
"En serio, en serio," Castiel le asegura en un tono de voz lo suficientemente convincente como para que Nathaniel haga como que le cree. "Yo no tengo alergias, y no es como que ande por la vida prestando atención a lo que vive el resto de la gente."
"Estoy viviendo en tu casa, los méritos que a tus ojos me hacen distinto al resto de la gente no son tan altos."
Otro silencio.
"¿Por qué dices eso?"
"Porque hasta donde sé, soy la única persona viviendo aquí y la única a la que tú vienes a visitar todas las noches. A lo que a mí respecta, es todo circunstancial."
"No te hagas el que no entiende."
"¿No entender qué?" y respondía haciéndose el difícil a propósito. "Insistiré hasta que me digas claramente a qué te refieres."
"Que que venga acá no es todo circunstancial como dices. Que lo creas o no, me gusta hablar contigo. Eres interesante. Ahí está, lo dije ¿Conforme ahora?"
Nathaniel no tomó en cuenta el factor honestidad.
Al final tuvo que parpadear un par de veces antes de que se le ocurriera una respuesta.
"Por esta vez elegiré creerte. Y felicidades para mí, supongo. Que estoy salvando al mundo de un posible sociópata que prefiere no dormir por venir a hablar conmigo."
Comentario morboso y gratuito (aunque sin malas intenciones) de lado, seguido de otra respuesta de similar calibre por parte de Castiel, y luego cambio de tema.
Sólo que para Nathaniel también estaba la novedad de que, de la nada y muy, muy en el fondo, la idea de volverse relevante en la memoria de alguien más estaba haciendo que su corazón comenzara a latir un poco más rápido de lo usual.
Pero él voluntariamente eligió ignorar cualquier clase de pensamiento intruso relacionado con ese hecho.
(Incluso si había noches en las que ese muro se hacía más visible que en otras.)
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Sin embargo, no todas las noches eran fáciles.
"¿Has leído algo nuevo en estos días?"
Nathaniel no respondió inmediatamente, necesitaba hacer memoria y reordenar su lista de acciones diarias en su cabeza—después de todo, y si bien leer se había vuelto su pasatiempo máximo para olvidar el paso de las horas durante el día, él siempre ha procurado tener precaución en cómo presenta sus palabras. Tras unos segundos de mirada clavada en el techo, sus ideas se aclararon.
"No tanto," él intentaba responder con voz casual. "Pero ahora que lo mencionas, hace un par de días noté que cada vez son menos los libros que me quedan en idiomas que puedo entender."
"¿Qué idiomas entiendes?" Castiel se oía interesado, aunque él casi siempre se oía así.
"Español, claro. También inglés, y un poco de italiano y francés, pero en esos dos sólo lo básico."
"No son pocos."
"Pero no los suficientes, al parecer," dijo eso y se dejó caer sobre la cama; ese día no tuvo ánimos de levantarse. "Tú ni siquiera estás aquí para leerlos," él dijo, intentando no sonar como si le estuviera recriminando algo; la verdad era que todo ese intercambio comenzaba a resultarle divertido. "Siquiera, ¿para qué tienes libros en latín y árabe? Jamás se me habría ocurrido que hablaras esos idiomas."
"Tomé clases de niño," Castiel respondió después de un rato, cuando de hecho Nathaniel ya no esperaba ninguna respuesta real. "Haré que traigan libros nuevos, si eso es lo que quieres."
"No quería tener que pedirlos yo mismo, pero eso es justamente lo que buscaba. Gracias."
"No hay de qué. Avisa cuando necesites algo, acá se supone que hay de todo, pero siempre se me puede pasar algún detalle."
"Lo tendré en cuenta," Nathaniel luchó por no rodar los ojos al escuchar el intento de entonación engreída en la respuesta de Castiel. Él sabía que el otro intentaba desviar su atención con eso. "A todo esto, ¿cómo fue que tus padres te inscribieron en ese tipo de clases? No suenan a algo en lo que cualquier padre inscribiría a su hijo."
"Sólo a mi madre," no tardó en corregirle. "Digamos que ella fue bastante insistente en que conociera de esa parte de la historia."
"Eso es raro…, y específico."
"Fanática de la historia, supongo."
Y Castiel se puso de pie, alejándose en un paso casualmente fabricado hacia las ventanas, creando un reflejo en alta definición en el que Nathaniel sólo podía distinguir su silueta. En todo momento marcando distancia.
Esa respuesta había causado un silencio, y en Nathaniel, además y particularmente, la tentación de experimentar con fuego.
"¿Has hablado con tu madre últimamente?"
"Define últimamente."
"¿Has hablado con tu madre desde que estoy viviendo aquí? ¿Desde que nos conocimos?"
Castiel exhaló. "Supongo que ya era hora de que te lo dijera."
"¿Decirme qué cosa?"
Castiel no mostró indicios de querer voltearse y verlo de frente.
"Que mi madre...," la voz de Castiel se tornaba visiblemente amarga cada vez que se refería a esa mujer de ese modo. Nathaniel quería decirle que podía llamarla de otra forma si así se le hacía más cómodo, pero no se atrevió a hacerlo. "Cuando me mandó a cumplir la misión que te involucraba a ti, me exigió que una vez terminara, fuera a rendirle cuentas de mis acciones. Así que sí, la he visto, y no hace tanto tiempo."
Un escalofrío recorrió la espalda de Nathaniel con la intensidad de hielo seco, quemándole la piel y paralizando sus pulmones por segundos.
"Tú misión…," pero él no pudo terminar la frase.
"Le inventé una historia," el otro entonces se volteó y habló rápido y eso fue todo lo que ocurrió en un principio. Nathaniel podría jurar que escuchó a Castiel volver a formar una expresión de dolor. "No entraré en detalles contigo—estás mejor sin saberlos. De lo único que debes estar seguro es que con lo que le dije, y si dejamos pasar un tiempo, podremos estar tranquilos de que te dejará en paz."
"¿Estás… completamente seguro de aquello?"
"Lo estoy."
"¿Y qué pasará conmigo después?"
Hacer esa pregunta fue difícil.
Nathaniel no pensaba mucho acerca de su vida antes del incidente en la azotea, al principio más que nada porque físicamente él no podía. Durante sus primeras noches viviendo bajo ese nuevo techo, él sufrió un severo cuadro de trastorno del sueño a causa del estrés, y aunque intentaba decirse a sí mismo que debía levantarse e intentar retomar al menos una sombra de lo que era su vida, él simplemente no podía manejarlo. Dormía casi todo el día en lapsos fragmentados en los que a veces ni siquiera tenía energía suficiente para levantarse a comer; despertando con la determinación mínima para mantenerse en pie únicamente cuando ya era pasada la hora del anochecer. Era como si su reloj biológico hubiera terminado por atrofiarse de una vez por todas, pero incluso cuando su condición de a poco mejoraba y ya no pasaba noches en vela producto del estrés (sino que ahora a causa de la curiosidad que le causaban las conversaciones con Castiel), su mentalidad de fondo no cambiaba—a Nathaniel simplemente no le interesaba pensar en su familia o compañeros de clase, o en nada que gatillara en él algún recuerdo negativo.
Su cordura no aguantaría tener que regresar.
"¿Quieres volver a tu casa?"
"No."
"¿Quieres quedarte aquí?"
"Quiero quedarme donde sea que pueda olvidar."
Su cuerpo ya no se sentía cálido, incluso a pesar de que algún modo todas las habitaciones de ese lugar lograban mantenerse en una temperatura agradable contra el frío invernal que asumía del exterior. ¿Dónde estaba el termostato? Nathaniel llevaba tardes completas buscándolo, pero él todavía no lo podía encontrar.
.
Otras veces la noche podía estar cargada de un misticismo especial; imperceptible a los sentidos, pero presente dentro de todo lo demás. Una especie de atmósfera que daba pie para que sus conversaciones fueran cualquier cosa excepto básicas.
En esas noches, había que ser extra cuidadoso.
Solo que para esa altura de su vida, Nathaniel a veces estaba harto de serlo.
"Aparte de tu madre, ¿tienes más familia?"
"Desde siempre sólo he estado con ella, al menos desde que tengo uso de razón."
"¿Puedo preguntar por tu padre?"
Una parte de Nathaniel quería que Castiel se sintiera capaz de aligerar el ambiente y le contestara con un irónico pues acabas de hacerlo, pero en el fondo él deseaba poder ahondar en esa ventana de confianza; quería saber, quería poder saber.
"Esa es una—una buena pregunta."
Pero la voz de Castiel sonó terriblemente apagada al decir eso, lo que causó que Nathaniel se acobardara.
"No tienes que decir nada si no quieres. Lo digo en serio."
"No…, está bien. Es sólo que es extraño intentar responder a una pregunta personal cuando ni siquiera tú sabes la respuesta."
Oh no.
"¿No lo has visto en mucho tiempo?"
"Nunca lo he visto, mejor dicho—" Castiel siguió hablando antes de que Nathaniel pudiera comentar algo. "—como te dije, desde siempre hemos sido sólo ella y yo, así que nunca tuve oportunidad de conocer a mi padre. Supongo que ella pensó que estaría mejor sin uno."
"¿Pero sabes quién es? ¿Tienes idea de si es que está vivo al menos?"
"Claro que lo está," el otro respondió sorprendentemente seguro. "Incluso una vez intenté buscarlo, pero eso…, no terminó bien."
"¿Qué ocurrió?"
Fue entonces que la duda se coló de golpe entre las palabras de Castiel, vistiéndose de incomodidad, y revelando que quizás él no debió decir nada en primer lugar.
O al menos, así fue como Nathaniel lo interpretó.
"No pude encontrarlo, y luego mi madre se enfureció cuando se enteró de lo que intentaba hacer."
Si es que esa respuesta era real o no, Nathaniel no tenía forma de averiguarlo.
Y por pequeños detalles así, que poco a poco aumentaban las hileras en ese muro invisible, distanciándolos como un par de extraños. Marcando un inicio y una separación.
Nathaniel no lo entendía, pero también estaba ese lado suyo que se preguntaba si algún día podría entenderlo.
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"Lo odio."
Más temprano que tarde llegó la noche en que Nathaniel se sintió con las fuerzas (y la confianza) suficientes para confesarle a Castiel acerca de su padre, y de todo el peso emocional que por culpa suya él cargaba.
"Es una sensación horrible. Lo odio, y es como si cada vez que estoy cerca suyo no supiera cómo reaccionar—no actúo con lógica y…, y eso me frustra. Él es una de esas personas que sólo tenerlas cerca te pone mal, y es como si no pudiera hacer nada al respecto."
Y no fue mayor sorpresa el comprobar las tristes similitudes entre su pasado y el de la otra persona que tenía ahí a su lado.
"Como alguien que saca lo peor de ti."
La voz de Castiel sonaba distante y Nathaniel, por instinto, alzó la vista para comprobar si es que en serio lo escuchó hablar; incluso si la idea de buscarlo en la oscuridad no tenía caso.
"Tú entiendes a lo que me refiero."
Un suspiro antes de hablar. "Puedo hacerme una idea."
"¿Tú madre te castigaba como mi padre me castigaba a mí?"
"A veces. Luego llegamos a un punto en que ya no podía hacerlo como antes, después de eso buscó otros métodos."
"¿Cómo fue para ti crecer con alguien así?"
"Pues… caótico. Vivía para complacerla, y era un niño, claro que me hacía feliz verla llena de orgullo por algo que había hecho. Pero luego fui creciendo, y lentamente me di cuenta de que su idea de lo que era el amor me estaba matando."
Nathaniel escuchaba, respiraba y recordaba el dolor que en su momento él sintió en su cuerpo y alma. Cuando él no tenía idea de qué hacer, incluso si su mente podía entregarle todas las respuestas.
"¿Puedo… hacerte una pregunta?"
De repente era como si Castiel hubiera percibido el cambio de atmósfera, ya que cuando le respondió que continuara, su voz sonó en un inquieto tono vigilante.
Nada de eso detuvo a Nathaniel.
"Tú has sido… extremadamente generoso conmigo, pero al mismo tiempo dedicas tu vida en hacer algo que no te hace feliz, algo que te hiere y por alguien a quien odias; y no me cabe en la cabeza que alguien pueda personificar tal grado de dicotomía existencial," Nathaniel tenía la vista gacha, pero luego la alzó decidido, hablándole a las sombras. "No puedo entender que hasta hace poco estuviste dispuesto a hacer cosas horribles por esa mujer y aun así conservar—"
"No me pongas en el lugar de víctima," lo interrumpió. "No lo soy, no soy bueno en ello ni tampoco me queda bien."
"¡Y ahí vas de nuevo!"
"¡Claro, porque tú hablas y hablas! ¿Acaso no crees que yo ya me he cuestionado todo eso antes?" un silencio hueco fue la única respuesta que recibió. "Que te quede claro, que esto mismo que me estás diciendo ahora me lo preguntado por años, y no ha servido de nada. Estoy lleno de odio hacia esa mujer, pero por eso mismo me reúso a dejar que ese odio me arruine."
"Para ti es fácil decirlo," si iba a herirlo, lo haría con ganas entonces. "A pesar de todo, tu compás moral es cuestionable y no me sorprendería que las malas prácticas de tu madre sean hereditarias."
"¡No vuelvas a compararme con ella!"
"¡Lo seguiré haciendo! Porque tú eres quien dice que el odio no saca lo peor de ti, pero aun así odias a tu madre con todas tus fuerzas. Sabemos quiénes somos, pero ninguno de los dos aceptará ayuda para cambiarlo. Ninguno de los dos es tan bueno como para continuar con su vida y dejar el pasado atrás."
"Yo… quiero creer que sí. Cansado y harto como estoy, y por mucho que quiera simplemente echarme y dormir y desaparecer por un siglo, sigue habiendo en mí algo como una amargura que traspasa mi piel y se queda en mí. Algo que permanece y seguirá en mí hasta que pueda probarle quien soy a todos los bastardos que han dudado de mí."
Nathaniel no pudo evitar fruncir el ceño.
Generalmente, él habría supuesto que cualquier otra persona se habría roto con mucho menos, pero una vez más, no cualquier otra persona había sobrevivido el tipo de adolescencia que él tuvo. Excepto Castiel, al parecer. Y a Nathaniel le estaba causando rechazo la idea de verse a sí mismo en una versión distinta a la que tenía de sí mismo en las vivencias de alguien más.
"Creo que el cansancio me está afectando…" voz rauda, en entonación casi mecánica. Nathaniel se estaba volviendo más prolífico con su manera de entregar mentiras, pero no por eso se volvía un mejor actor. "Yo me voy a dormir."
Castiel le dio el espacio para que pasara y Nathaniel caminó directo hacia la habitación, escuchando claramente antes de cerrar la puerta cuando el otro dijo algo que probablemente no fue dicho para ser escuchado:
"Quizás será lo mejor para los dos."
Así, Nathaniel quedó a solas en la oscura inmensidad que entregaba una habitación a puertas cerradas, pero por lo que fue de esa noche al menos, él no consiguió dormir. Con la monotonía del día siguiente tampoco llegó el descanso deseado, incluso considerando el innegable cansancio de su mente y cuerpo que ni siquiera lo dejaron salir de la habitación. Su mente no pensaba en nada concreto, esta sólo quería poder apagarse.
Cerca del atardecer sus parpados se cerraron, finalmente.
Y al momento de despertar, él sólo vio luz, pero esta no era la misma luz que todas las mañanas lo hacía sentir bienvenido; esta sólo quemaba.
Esto no está bien.
Puso un alto a sus pensamientos antes de adentrarse en terreno desconocido, o tan desconocido como puede resultar el ver un lugar completamente destruido cuando hace unas pocas horas lo recordabas en perfecto estado. Se puso de pie, y rápidamente cayó en cuenta de que la habitación (y el apartamento en general) estaba reducidos casi a ruinas; pasillos y muros vacíos, sin ninguno de los embellecimientos que los adornaban durante el día—sin ninguna de las pinturas ni los adornos que parecían como sacados de todo aquello de lo que están hechos los sueños.
(—ya era hora que despertaras.)
Para todos los efectos, parecía una escena post-saqueo sacada de alguno de los momentos más precarios de la historia. Nathaniel se sintió como acorralado al no tener idea de hacia donde debía ir ni qué debía hacer en tal situación, y lo último que quería era que el miedo cobrara lo mejor de él.
Su primer instinto fue llamar a Castiel.
Llamó su nombre, lo gritó después, pero su única respuesta fue el silencio.
Porque el mundo, aparentemente, se encontraba en un estado de silencio total en el cual él no podía ni siquiera mantener registro del ruido de sus propios pasos. Aun así, Nathaniel continuó su camino incierto, con los hombros rígidos y las manos a los costados. La luz cegadora había desaparecido y ahora una nueva luz, aquella proveniente del sol de la mañana, se colaba por las ventanas improvisadas hechas a partir de agujeros cortesía del inclemente castigo de un deterioro inexplicable. Con la desolación hecha dueña y señora de todo lo que rodeaba, y lleno de un desconcierto absoluto, Nathaniel podía sentir cómo su ansiedad crecía y se volvía un nudo paralizante en su pecho, como si todo fuese a desaparecer en cualquier momento y en medio de las cenizas de la incertidumbre y las brasas del miedo.
(—que asumieras tu realidad.)
Fue en ese instante que él comenzó a sentirse urgentemente observado.
Se volteó—o intentó hacerlo. Algo no lo dejaba moverse.
"¿Castiel?"
"Prueba con otro nombre, bastardo."
Voz grave, palabras antagónicas. De pronto un eco de voces desconocidas le ordenaban de diferentes direcciones que saliera de ahí, rápido. Pero una de ellas resaltaba, una que cargaba un inconfundible tono paternalista.
Una figura. Una visión.
Desde el rabillo del ojo, la silueta de su padre se ubicaba cual ser omnipresente exigiendo el próximo sacrificio de sangre. Este no se movía, pero con sólo estar de pie ahí, irradiaba suficiente odio como para poder dañarlo con sólo desearlo—la cantidad justa para que algo nunca logre abandonarte por completo.
(y no va a abandonarte—)
¡Cállate!
(—jamás.)
"¡Que te calles!"
"Nathaniel, Nathaniel… ¡despierta, Nathaniel!"
La voz de Castiel logró regresarlo a la realidad. Pero como fuera, esa transición de somnolencia a consciencia no fue sencilla.
"Pensé…" Nathaniel se las arregló para decir entre jadeos y una tos que le apretaba la garganta. Logró sentarse en la cama con algo de ayuda, estaba transpirando. "—que te habías ido. Yo lo vi—ya no estabas acá."
"¿Eso lo soñaste?"
Castiel sonaba genuinamente preocupado, quizás siendo esa la primera vez en la que Nathaniel era consciente de aquello, quizás porque nunca antes este le había hablado como si ya no existiera ese muro de verdades no dichas separándolos.
(Era extraño, pero podía ser una oportunidad.)
Nathaniel asintió. De todos modos, Castiel estaba lo suficientemente cerca como para notarlo a pesar de la oscuridad.
"Fue tan real… Este lugar estaba en ruinas y luego para colmo apareció mi padre."
"¿…Él te hizo algo?"
"No—no tuvo tiempo. Comencé a gritarle y luego desperté."
En medio del silencio Nathaniel se percató de la calidez que lo rodeaba. Él abrió sus sentidos y se dio cuenta que Castiel estaba sentado a su lado al borde de la cama, y que este llevaba unos segundos acariciándole la espalda en movimientos lentos, con la intención de calmarlo, muy probablemente. El calor era agradable, pero Castiel pronto se detuvo, quizás por una repentina consciencia de ese gesto de íntima cercanía, quizás por simple ignorancia. Nathaniel sólo podía suponer.
"Puedes seguir haciendo eso si quieres," él alcanzó a decirle con una especie de sonrisa triste en el rostro y la voz apagada. "Se siente bien."
Y con eso Castiel no intentó volver a detenerse.
"Perdón por compararte con tu madre la otra noche, eso fue un golpe bajo de mi parte."
Que Castiel no respondiera nada inmediatamente creó en Nathaniel una profunda sensación de miedo. Él bien sabía que, en su lugar, difícilmente perdonaría a alguien que lo comparara con su padre, mucho menos considerando el conocimiento mutuo que ambos tenían con respecto al pasado del otro. Por lo mismo, a Nathaniel le habría hecho sentido si Castiel estaba dispuesto a mandarlo al carajo.
"Lo que dijiste me dejó pensando," pero Castiel habló y entonces Nathaniel se mantuvo atento en la espera, no sabiendo qué vendría después.
"¿Pensando en qué?"
"En que tal vez necesito perdonarme a mí mismo."
"¿Cómo dices?"
"Lo que oíste. Aspiro a algún día poder vivir sin que el peso de factores externos me consuma, no tanto al menos."
Nathaniel se obligó y tuvo que aguantarse las ganas de hacer cualquier clase de movimiento brusco que reflejara la nueva sorpresa liberada en su sistema. Por un momento él se quedó helado. Luego, la sorpresa pasó y él sonrió, ahora con tranquilidad y una pizca de dolor.
Maravilla de maravillas: vida, muerte y todo lo que se encuentra entre medio… todas ellas a veces contaban con determinado nivel de gracias. Todas ellas podían tener un extraño sentido del humor.
Y a veces, y sólo a veces, uno podía estar dispuesto a aprender una que otra cosa de ellas.
"Eso no suena del todo mal. Tal vez yo debería intentar lo mismo," Nathaniel habló de repente, sorprendiendo tanto a Castiel como también a él mismo, de paso. "Quién sabe..., puede que así las cosas comiencen a ser un poco más fáciles después de todo."
"¿Estás seguro?"
"A veces haces cosas que te sacan de tu zona de confort sólo por el hecho de hacerlas, incluso si te estás muriendo de miedo a mitad del camino," Nathaniel cerró los ojos, y por primera vez se dejó abrazar por los matices que tenía el silencio que lo rodeaba: las respiraciones, los roces de sus cuerpos sobre las sábanas, el lejano ruido de automóviles que lograban si apenas distinguirse. Todos ellos factores que, de algún modo, hacían que Nathaniel sintiera como real lo que estaba diciendo; lo que estaba viviendo. "No quiero temer…, pero probablemente esa es la única ruta de escape saludable que me queda. Debo asumir mi dolor, debo entenderlo y estar dispuesto a hablarlo."
"Hemos hablado de eso por un tiempo ya. ¿Crees que te ha hecho algún bien?"
"Lo creo. Por lo mismo no quiero dejar de hacerlo."
"Está bien," Castiel suspiró, y Nathaniel hubiera dado todo por saber en qué estaba pensando. "¿Quieres hablar de eso ahora?"
Él asintió.
"¿Cuánto llevas teniendo estas pesadillas?"
"Algunas desde niño, pero comencé a tenerlas con mayor detalle al poco tiempo que mi padre…"
Varios segundos pasaron, y Nathaniel apreció que Castiel no hiciera nada por apurarlos.
"Al poco tiempo que mi padre comenzara a golpearme," Nathaniel tomó aire. "A veces siento que nunca voy a poder dejar esto atrás, y otras veces, siento que ni siquiera merezco sanarlo."
"… Siento oír eso."
La voz de Castiel se oía cercana, y en ese segundo Nathaniel cayó en cuenta de que, de hecho, él estaba apoyado contra el hombro de este. Pero sin dejar de acariciar su espalda—aunque sí bajando el ritmo y sin hablar inmediatamente, Castiel añadió:
"Quizás yo no sea el mejor para ayudarte en todo esto."
"¿Qué?" Nathaniel se volteó a Castiel y sus ojos se redujeron a rendijas, deseando que estos tuvieran una jodida vela o algo que los iluminara para que pudieran enfocar sin discreción. "¿Por qué? No, no digas eso."
"Es que… no puedo quedarme callado y escucharte hablar sin hacer nada. No es justo."
"¿Qué cosa no es justa?" preguntó calmándose, de a poco. "Explícate, no estoy entendiendo."
"Que hayas pasado por todo eso, y que te sientas así a causa de lo mismo. No es justo, y me enfurece—no, me emputece que tú estés—que hayas terminado… así. No es justo. Tú no merecías esto, y no dejaré de decirlo."
A Nathaniel se le hizo un nudo en el estómago.
"No… no es necesario que digas eso…," Nathaniel no sabía si lo que sentía podía ser llamado pudor—palabras de empatía por su dolor nunca habían sido tan directas—por lo que él sólo fue consciente de la sensación de vergüenza añadida, y de cuánto quería que desapareciera. "No digo que los golpes de mi padre fueran algo bueno, y no es que esa culpa sea algo que sienta todo el tiempo, es sólo que… es un peso difícil de cargar, mucho más al intentar explicarlo," un suspiro; un intento mediocre de organizar pensamientos errantes. "Tampoco espero lo entiendas… quizás estoy hablando demasiado."
Con lo que Nathaniel no contaba era que Castiel diría abruptamente lo siguiente:
"O quizás no aguanto la idea de que cargues con todo ese dolor tú solo."
Y Nathaniel entonces, con la voz en un hilo, ambas cejas alzadas y con los ojos muy abiertos en dirección a la nada, comprendió.
"La razón por la que me ayudas no es para hacerle la contra a tu madre… lo estás haciendo por mí… porque pasaste por algo parecido y…, y no quieres que se repita."
(Una parte, al menos.)
Castiel dejó de acariciar su espalda.
"Supongo que eso tiene algo de verdad."
Nathaniel, aún en sorpresa y semi-negación, frunció el ceño.
"No entiendo a qué vas con eso ¿Qué más podría ser, digo, la única otra posibilidad que ahora se me ocurre es que…," y Nathaniel abrió los ojos hasta donde más pudo. "…que estás haciendo todo esto porque… te preocupas por mí."
Castiel exhaló sonoramente antes de decir, casi como si se estuviera liberando de un peso gigantesco cargado por eternidades:
"Ahí lo tienes."
Él quería preguntarle lo que sus palabras en verdad implicaban. Decirle de paso que ellos ya tenían más que superadas las fases de respuestas ambiguas e intercambios complacientes. Y finalmente encararlo, porque en ningún segundo Nathaniel vio venir lo que estaba ocurriendo. Pero algo se obstruyó en su garganta, algo cercano a un deseo intangible por conocer la verdad.
No obstante, lo siguiente que Nathaniel dijo o, mejor dicho, logró decir, fue:
"Pero ¿porqué? ¿Por qué yo?"
Nathaniel estaba temblando—no a causa del frío sino de pura impresión, todo mientras unas lágrimas insurgentes; solitarias, comenzaban a caer por su rostro.
Y en un movimiento, Castiel se reacomodó y se acercó más a él, tanto como le fuera posible, quedando finalmente frente contra frente el uno con el otro. Sintiendo su respiración y su cabello sobre su piel.
Nathaniel, por su parte, por primera vez lucía en verdad expectante.
"Porque eres tú, siempre has sido tú."
Estaban tan cerca y su corazón latía cada vez más rápido y tanto las respiraciones de Castiel como la suya aumentaban en ritmo.
La persona que estaba frente a él en aquel instante era su igual, en más y a la vez menos maneras de las que Nathaniel siquiera pudiera ser capaz de comprender, y eso, inconscientemente, le entregaba un nuevo sentido al sentimiento que cual olas de rayos de sol amplificados con cristal, comenzaba a consumirlo desde adentro.
Su corazón latía tan rápido y con tanta fuerza, y ambos estaban tan, pero tan cerca el uno del otro que Nathaniel podía sentir la respiración agitada de Castiel contra su boca. Como una de esas instancias en que la intriga mata, pero la curiosidad lleva, y Nathaniel deseó poder inclinarse un poco más, sólo un poco más, justo lo suficiente para que así pudiera… oh, y sería tan fácil, sólo un par de centímetros más y podrían, ellos podrían…
Pero incluso estando tan cerca, esa noche ellos no se besaron.
Y muy en el fondo Nathaniel estaba agradecido por ello.
De haberlo hecho, él estaba seguro, su corazón no lo habría soportado.
Notas:
I'm back
Estoy como super feliz con este capítulo porque por fin estoy desarrollando el lazo de estos dos; erráticos y como son, ya quiero poder mostrar hacia dónde los lleva la historia :^)
Muchas gracias por leer y dejar comentarios, y que tengan un buen día.
