Capítulo 29: Deseo
Donald y José esperaron a que anocheciera para empezar con el plan. José consideraba que había sido un golpe de suerte el hecho de que Scrooge McDuck les hubiera dado una habitación con balcón, pues de lo contrario, habrían tenido varios problemas.
—Comencemos con Lamento Boliviano —José sonrió de forma nostálgica —. Fue la primera canción que aprendí a tocar y sé que es la favorita de Panchito.
—Yo pensé que Panchito se llegaría a aburrir. La tocabas todo el tiempo.
—Es una buena canción.
—Eso no lo niego.
Donald y José comenzaron a tocar la guitarra. No pudieron terminar siquiera una canción y es que habían despertado a la mayoría de los habitantes de la mansión. Scrooge McDuck era el que estaba más enojado y no hizo ningún intento por disimularlo.
—¡Dejen de hacer ruido! —Scrooge les gritó mientras que les apuntaba con su escopeta.
—¡Jamás! —respondió José —. ¡Al amor no lo detiene nada!
—José —intentó decirle Donald, pero sus palabras fueron acalladas por un disparo. La bala había pasado muy cerca de ellos.
—No me obliguen a usar la fuerza —les dijo Scrooge con tono amenazante.
José no tenía intenciones de detenerse, pero Donald tenía una opinión diferente. Lo tomó del cuello de la camisa y se lo llevó a rastras del lugar.
Esa noche durmió en la casa-bote.
No era usual que José se levantara temprano, de hecho rara vez despertaba antes del mediodía, pero en esa ocasión lo hizo y es que tenía un plan en mente. Enterarse de que Panchito había sido el único que había permanecido era frustrante.
—¡No lo entiendo! —se quejó José —. ¡Panchito siempre ha tenido el sueño muy ligero!
Donald también se había levantado temprano, pero lo había hecho por otros motivos. May y June solían levantarse temprano. En ese momento Arianna se encontraba bañándolas mientras que Donald se encargaba de preparar el desayuno.
—¿Y cuál es tu siguiente plan? —le preguntó Donald con algo de aburrimiento. Era la cuarta vez que José intentaba declararse y que fracasaba.
—Le haremos una comida inolvidable —comentó José con determinación. Amaba a Panchito y no planeaba detenerse hasta hacerle saber sus sentimientos.
—Recuerda que solo puedo ayudarte en la mañana. Arianna y yo iremos a ver unos departamentos en la tarde.
—¿Todavía sigues pensando en mudarte?
Donald asintió.
—Tío Scrooge tiene razón. No puedo seguir viviendo en la piscina de su mansión, especialmente si Arianna y yo queremos dar el siguiente paso.
—Pero ya tienen hijas y viven juntos.
—No me refiero a eso. Clarabella dice que una mujer no puede esperar por siempre y…
Donald dejó de hablar en el momento en que vio a Arianna entrar. Ella estaba cargando a May y a June, las dos parecían hambrientas por lo que se apresuró en terminar de cocinar y servir el desayuno.
—¡Huele muy bien! —Arianna besó la mejilla de su novio —. La comida también.
El desayuno transcurrió de forma tranquila. May y June eran unas niñas muy inquietas y también comelonas por lo que terminaron cubiertas de puré.
—Yo me encargaré de limpiarlas —comentó José mientras que buscaba algo que pudiera serle de ayuda.
Donald y Arianna aprovecharon esa oportunidad para desayunar. No se apresuraron, pues ambos confiaban en José y sabía que podía encargarse de ambas niñas.
Poco después recibirían visitas. Huey no había tocado la puerta. Él era el más educado de los trillizos, pero Donald le había insistido que no era necesario y que la casa-bote seguía siendo su casa.
—¡Hola, tío Donald, hola Panchito, hola tía Arianna, hola May, hola June! —los saludó Huey, su expresión denotaba preocupación.
Donald, Panchito y Arianna le devolvieron el saludo con un gesto de mano. May y June comenzaron a reírse.
—¿Tío Donald, estás ocupado?
—Sabes que siempre tengo tiempo para ti —Donald comenzó a limpiar a June, ella era la que más se había ensuciado.
—Ve con él —le dijo Arianna —. Yo cuidaré de las niñas.
José no había querido escuchar la conversación que tenían Huey y Donald, simplemente fue casualidad. En ese momento él estaba limpiando, pero había algo en lo que Huey decía que despertó su curiosidad,
—¿No has notado algo extraño? —preguntó Huey y parecía angustiado.
Él también lo había notado, aunque no sabría decir qué era exactamente eso.
—¿Extraño? Ahora que lo dices, sí. Pero no te preocupes, Huey, limpiaré el filtro de la piscina antes de que tío Scrooge se entere.
José tuvo que disimular su risa. Él sabía de qué hablaba Donald y es que el filtro de la piscina se había dañado durante el segundo intento.
—No me refiero a eso, es lo que pasó ayer.
—¿Ayer? —preguntó Donald pensativo —. Creí que te había gustado el Parque de las excavadoras.
—Y me gustó —comentó Huey pensativo —. ¿No te pareció extraño que estuviera vacío?
—Es un parque nuevo, es normal que no sea muy conocido. Además fuimos entre semana.
—Todo está bien —le dijo Donald y José no supo cómo interpretar esa respuesta. Su amigo parecía un tanto cansado por esa conversación, pero no entendía el motivo —. ¿Acaso discutiste con tus hermanos? ¿O alguien está lastimado?
—No es eso, es que…
—Entonces no hay motivo por los que preocuparse. No nos enfoquemos en los problemas, es mejor disfrutar lo que tenemos.
José no pudo declararse ese día. Él y Donald pasaron gran parte de la mañana preparando una comida especial para la ocasión y todo había salido bien. Su amigo le había cedido la casa-bote para evitar que tuvieran interrupciones e irónicamente ese fue el problema que tuvieron.
Para José no era una molestia el que Mickey y Goofy lo visitaran, al contrario, verlos lo había hecho muy feliz, el problema es que eso no fue lo único que sintió. En el fondo de él sintió una angustia que no podía explicar, no lograba entender por qué sentía que había pasado una eternidad desde la última vez que los había visto.
Ver la expresión en el rostro de Panchito le hizo pensar que le pasaba algo similar.
—¿Por qué esas caras? —preguntó Mickey —. Pareciera como si hubieran visto un fantasma?
—Es solo que —era extraño ver a Panchito tan callado, teniendo problemas para hablar —, han pasado tantas cosas. La guerra….
—No hablemos de la guerra —lo interrumpió Mickey, su rostro se mostraba inusualmente serio.
—Hay cosas más agradables de las que hablar —Goofy le mostró una tira de fotografías. Todas ellas eran de Max. José fue el primero en tomarlas. Ambos se veían tan felices a pesar de que Goofy había tenido varias accidentes en la mayoría —. Max no pudo venir porque está en una pijamada con sus amigos, pero mandó saludos y yo tengo fotografías de nuestro último viaje juntos.
—Todavía no puedo creer que tú y Max bailaran con Powerline —comentó Mickey divertido.
José recordaba haber visto a Goofy en la televisión, pero no recordaba haber estado en Brasil en ese momento y eso le pareció extraño. Mentalmente se preguntó cuánto tiempo llevaba viviendo en la mansión y ciertamente no tenía ni la menor idea.
Eso era… preocupante y no era algo en lo que le gustara pensar. Recordó las palabras de Huey y se preguntó si estaba siendo paranoico.
Le parecía lo más probable.
—¿Cómo te enteraste?
—Donald y yo también fuimos al concierto. Tuvimos muchos problemas para llegar —Mickey hizo una pausa —Eso me recuerda ¿dónde está Donald? Es extraño que todo esté tan silencioso.
—Lo sé, May y June son demasiado inquietas.
—Ayer convirtieron esta habitación en una sala de guerra —comentó Panchito entre risas. No había sido tan divertido limpiar, pero era un recuerdo bastante grato, en especial cuando recordaban los accidentes que tuvo Donald. Cosas que solo le pasaban a él.
—Él y Arianne fueron a investigar departamentos.
Mickey le extendió un billete a Goofy. Para José eso fue muy divertido y es que para nadie era un secreto el hecho de que Mickey era uno de los mejores detectives de la zona.
—¿Cuánto creen que tarden en casarse?
—No mucho —comentó Panchito —. Donald solo está esperando a reunir el dinero necesario para comprar el anillo perfecto.
—Deberíamos ayudarlo. Donald no tiene muy buenos gustos. Minnie me contó que en cierta ocasión le regaló a Daisy una tetera con dos boquillas.
—A mí me parece algo lindo —comentó Panchito y era sincero.
Era el único en esa habitación que pensaba de ese modo.
