Capítulo 30: Tiempo en familia
A Donald le gustaban las aventuras, amaba la sensación de adrenalina, pero odiaba el ver a su familia en peligro. Si bien era cierto que Donald no había pedido su deseo intencionalmente también lo era que no se arrepentía por ello.
May estaba terminando de dar los últimos retoques al maquillaje de Donald. Había aplicado un poco de rubor en las mejillas de su tío, pintado sus labios y encrespado sus pestañas. El maquillaje no era muy cargado, de hecho era bastante sutil y es que May había aprendido mucho de su tía Daisy.
—Falta algo más —comentó June. Ella colocó una peluca sobre su tío y sonrió satisfecha —. ¡Listo!
—Todavía no —April tomó un listón y le hizo un moño a su tío —. Ahora sí.
—¿Quién es esta bella dama? —preguntó José con tono coqueto mientras que besaba la mano de Donald.
Donald sabía que su amigo estaba bromeando, pero eso no evitó que se sonrojara. Algo que las plumas y el rubor pudo ocultar.
—Soy Donald.
—¿A quién quieres impresionar? —José se sentó a su lado y comenzó a jugar con algunos mechones sueltos.
April, May y June comenzaron a reírse. Donald no quería impresionar a nadie, solo hacer feliz a sus sobrinas. Él sabía lo mucho que sus sobrinas amaban jugar con él y usarlo como si fuera su modelo.
—¿Sabes que falta poco para el maratón de "Angustias" ¿verdad?
Donald calló. Lo había olvidado.
Daisy entró, acompañada de Della y de Minnie. Las tres charlaban tranquilamente, pero callaron al verlo.
—Donald —le dijo Daisy —. El maquillaje es hermoso, pero no puedes usarlo con esa chaqueta.
Della no solía usar vestidos, pero tenía algunos que solía usar durante los eventos importantes. Donald no esperó que su hermana le prestara uno de ellos, aunque lo más apropiado sería decir que lo obligó a usarlo. April, May y June estaban felices por lo que no pudo negarse.
—Ahora sí, estás listo.
Donald se ruborizó aún más cuando notó un flash. Él no había notado el momento en que habían llegado Goofy, Max y Mickey, pero sí notó todas las fotografías que le había tomado su amigo fotógrafo.
—April, May y June tienen un gran futuro como estilistas —comentó Mickey. Las trillizas sonrieron orgullosas.
El resto de la familia comenzó a llegar poco a poco y todos ellos tenían algo que decirle a Donald. Los comentarios terminaron cuando Huey colocó el primer capítulo de "Angustias".
O al menos eso era lo que Donald quería.
—Della se ofreció a cuidad de May y June esta noche. No te cambies, tengo planes para nosotros dos.
Donald no estaba seguro de qué planes, pero prefería no contradecir a Arianna. Quería confiar en ella a pesar de que lo había traicionado y mentido en varias ocasiones.
Donald y Scrooge pelearon en varias ocasiones por la comida y es que Scrooge no perdía oportunidad para robar los snacks de su sobrino. No fue el único en hacerlo, de hecho todos lo hicieron, pero SCrooge fue el único al que descubrieron y quien más robó.
—La próxima vez deberíamos hacer un maratón de Darkwing Duck —comentó Launchpad.
—Podrás hacerlo la otra semana —le dijo Donald —. Recuerda que te toca elegir a ti.
Launchpad sonrió al escuchar esas palabras. Había esperado ese momento durante varias semanas e incluso elegido los capítulos que quería mostrar, algo que se había convertido en una de las decisiones más difíciles de toda su vida y es que a él le gustaban todos los capítulos y los amaba por igual. Si dependiera de él, habría hecho que sus amigos se vieran todos los capítulos en una sola noche.
—Iré por más palomitas —comentó Josephine.
—Te acompaño —le dijo Abel.
Extrañamente no se demoraron tanto en regresar.
A Donald le gustaba ver a sus seres queridos reunidos. Ver a Mickey y a Goofy en ocasiones era doloroso porque no podía evitar recordar el pasado, pero le alegraba verlos. Había pasado tanto tiempo desde la última vez que los había visto y no podía negar lo mucho que los extrañaba. Max, April, May y June no eran sus parientes, pero los quería como si fueran familia.
—Tío Donald —le dijo Dewey —recuerda que mañana es el estreno de mi obra de teatro.
—No me lo perdería por nada —comentó Donald y no mentía. Había cancelado muchos planes para poder asistir a ese evento.
A Donald le gustaba poder pasar tiempo con Huey, Dewey y Louie, algo que agradecía al deseo. Últimamente se había sentido un poco apartado. Él sabía que su familia lo amaba, nunca había creído en las palabras de Lunaris y sabía que solo lo había dicho para provocarlo, pero sentía que no los veía tanto como antes y que la aventura, una vez más, lo estaba separando de su familia.
—Recuerda que prometiste ayudarme con Louie Inc.
—Tengo la cámara de video.
A Donald le gustaba cuando sus sobrinos lo involucraban en sus planes. En esa ocasión Louie quería hacer un comercial y le había pedido que fuera el camarógrafo. Huey se había encargado del guión, Webby, May y June serían las protagonistas, Minnie y Daisy trabajaban en el vestuario mientras que April, May y June, las trillizas, se encargarían del maquillaje.
A Donald seguía doliéndole saber que nadie le había dicho nada sobre Glomgold y que pudo haberse evitado todo el sufrimiento que le provocó el creer que Scrooge había muerto.
Para Donald fue una sorpresa muy grande descubrir cuáles eran los planes de Arianna. Su prometida lo había llevado a un restaurante bastante exclusivo.
—¿Estás segura de que es una buena idea? —le preguntó —. Tengo trajes que podría usar en un lugar como este.
—Completamente segura. Además me gusta cómo te ves ¿En qué estabas pensando? —le preguntó de forma burlona.
—En nada pervertido —se apresuró a responder. Arianna comenzó a reírse y supo que no le había creído.
—Eso lo haremos después.
Donald y Arianna estaban teniendo una cena tranquilando, hablando sobre sus planes para el futuro y de la familia. Ninguno esperó recibir visitas.
—Se supone que es un lugar exclusivo —se quejó Arianna —. ¿Algún problema?
—Mi nombre es Alistair Boorswan. Disculpe por interrumpirlos, pero no he podido dejar de pensar que ambos son lo que necesito para mi nueva película ¿Les gustaría formar parte?
Donald iba a negarse cuando fue detenido por Arianna.
—Eso depende ¿Cuánto ganaremos?
Donald supo que no tendría más opción que aceptar cuando los escuchó hablar sobre la producción de la película. Él sabía que de aceptar obtendría mucho dinero y le gustaba la actuación, pero eso no evitaba que tuviera ciertas dudas.
Para Donald fue muy extraño encontrar a su familia en el hotel, especialmente a los niños y es que ese no era un lugar apto para ellos.
—Lo sabemos todo —le dijo Scrooge McDuck y se notaba enojado.
—Lo siento, hermano —Della realmente sonaba dolida —. Nunca debí insinuar que no eras parte de la familia.
Donald sabía que las cosas que Della le había dicho fueron porque estaba enojada y que no había querido lastimarlo realmente. Ni siquiera estaba enojado con ella, pero eso no cambiaba nada.
—¿Por qué lo haría? Vivimos en un lugar donde nada malo podría pasar. Las mayores preocupaciones con las que debemos son lo que veremos en el próximo maratón de series o películas o que José pueda confesarle sus sentimientos a Panchito. Nadie sale herido ni desaparece.
Panchito llevó sus manos hasta su pico, evidentemente sorprendido ante lo que él consideraba como una gran revelación. Della se mostró triste y culpable. Mickey y Goofy intercambiaron miradas, ambos lo tomaron de los hombros y lo llevaron a un lugar donde pudieran hablar a solas.
—¿Ustedes les dijeron? —señaló Donald.
—Agradezco el poder pasar tiempo con mi hijo —le dijo Goofy —, pero no creo que esta sea la forma.
—¿Por qué? —preguntó Donald —. Ninguno de los dos merecía morir, sin embargo la magia los trajo de vuelta y podrán tener todo lo que la guerra les quitó.
Mickey y Goofy volvieron a intercambiar miradas.
—El mundo te necesita —le dijo Goofy.
—Lo que F.O.W.L planea es en verdad terrible y tú eres el único que puede hacerlo.
—¿Están seguros? Bradford ha dicho que él quiere hacer un mundo seguro, sin aventuras.
Donald quería creer que todo estaría bien. No confiaba en Bradford, eso era cierto, pero tenía todo aquello con lo que había soñado. Goofy estaba con su hijo y Mickey con Minnie. Los tres estaban teniendo una vida soñada y no quería renunciar a eso incluso si era egoísta de su parte.
Donald había hecho muchos sacrificios. Había vivido un infierno en la guerra para que los niños pudieran crecer felices, ignorantes de la crueldad de la guerra, había renunciado a sus sueños para cuidar de sus sobrinos, llegando a tener tres trabajos al mismo tiempo, dormir tres horas al día y sobrevivir a base de sopas instantáneas y leche caducada. No se arrepentía de nada, amaba a Huey, Dewey y a Louie y volvería a cuidarlos si fuera necesario. Era solo que había ocasiones en las que deseaba que las cosas fueran más simples, encerrarlos en una burbuja, lejos de cualquier peligro.
—Es un hombre ambicioso, a él no le importan los medios. Quiere hacer que las aventuras sean prohibidas y para ello solo hay una forma…
—Crear una catástrofe tan grande que los gobiernos decidan prohibirla —comentó Donald, recordando lo que había visto en el laboratorio de la biblioteca perdida de Alejandría —. Scrooge tiene un museo, hacerle creer al mundo que trajo algo peligroso no debería ser difícil.
