Capítulo 31: Lo que no pudo ser


Goofy supo que se encontraba dentro de un mundo irreal desde el primer momento. Él, a diferencia de muchos de los involucrados, conservaba sus recuerdos, pero no era consciente de lo que estaba pasando afuera de la burbuja.

Pero en ese momento había algo que consideraba aún más importante, su familia. Goofy se encontró a su esposa en la entrada de la casa. Ella llevaba un bolso de mano y se veía tan hermosa como la recordaba.

—¿Estás bien?

—Te amo.

Goofy observó a su esposa sonreír. Antes de morir solía decirle con frecuencia lo mucho que la quería y se había dedicado a cumplir todos sus caprichos cuando supo de su embarazo. Él se acercó a ella y besó sus labios, sintiendo las mismas emociones que había sentido cuando la besó por primera vez.

—Goofy —le dijo entre risas —. Tengo que irme, mis amigas me esperan.

Goofy besó su cuello. No quería dejarla ir, pero no sabía cómo convencerla de que se quedara sin revelar la verdad de ese mundo o parecer controlador.

—Te extrañaré.

—Solo será un rato.

Goofy buscó la habitación de Max, tarea que le tomó más tiempo del que le hubiera gustado. Podía recordar esa falsa vida, pero esos recuerdos eran difusos. Se sintió tan alegre al ver a su hijo y a PJ jugando videojuegos. Ellos se veían tan felices, tan despreocupados, ignorando que todo lo que creían conocer no era más que una ilusión y que como tal, tenía fecha de vencimiento.

—Papá —le había dicho Max y parecía preocupado —. ¿Estás bien?

Goofy no sabía si estaba bien, eran demasiadas emociones para procesar. Era feliz por ver a Max convertido en un adolescente, le alegraba saber que había crecido sano y feliz, pero le dolía no haber estado a su lado y más saber que tendría que marcharse.

—Solo pensaba en las serpientes. Es tan triste que no tengan brazos.

No era del todo mentira. Goofy no estaba pensando en serpientes, al menos no en ese momento, pero le entristecía saber que no tenían brazos. Goofy no tenía el valor de decirle la verdad a su hijo o para hablar del motivo por el que no lo había visto crecer.

"El mundo es cruel y hermoso", pensó con tristeza. Su esposa y su hijo pudieron continuar, vivir sus vidas y eso le llenaba de felicidad.

Max se mostró más tranquilo, el adolescente asumió que su padre solo estaba actuando como era normal en él. Max no había crecido con su padre, pero la magia del lugar le había hecho creer que era de ese modo.

Goofy abrazó con fuerza a su hijo, haciendo grandes esfuerzos por no llorar. Había soñado por tanto tiempo con ese momento, incluso si era consciente de que no pertenecía al mundo de sus vivos, saber que finalmente podía hacerlo, incluso si era en un mundo lleno de mentiras, llenaba su corazón de calidez.

—¡Papá! ¡Quiero seguir jugando! —se quejó Max.

—Cierto, cierto. Iré a preparar algo.

Goofy hizo un desastre en la cocina. Su plan inicial había sido preparar albóndigas y lo había logrado, pero el techo y las paredes terminaron cubiertos de salsa y de otros ingredientes. Ver lo que había provocado lo hizo sonreír con nostalgia. Había pasado mucho tiempo desde la última vez que había hecho un desastre similar.

Max y PJ bajaron corriendo, ambos notablemente felices.

—¡Las albóndigas de papá son las mejores! —celebró Max y PJ le dio la razón.

Los tres comieron animadamente. Goofy le pidió a su hijo que le contara algunas de sus aventuras y él había disfrutado cada una de sus palabras, deseando haber estado allí y preguntándose si su sacrificio había servido de algo. Goofy quería pensar que era de ese modo, necesitaba creerlo y no por orgullo.

—PJ y yo ganamos unas entradas para el estreno de Batduck vs Darkwing Duck ¿podemos ir a verla?

—Claro, pero quisiera hablar contigo cuando regreses.

Max y PJ celebraron al escuchar esas palabras. Ellos se alejaron corriendo pese a que tenían tiempo para llegar a la función. Ninguno de los dos quería esperar.

Goofy los observó alejarse con alegría y decidió visitar a sus amigos. Él quería explorar ese mundo, ver a Mickey y a Donald, pasar tiempo con ellos y recordar esa época en la que las cosas eran mucho más sencillas, cuando los tres eran criaturas ingenuas que desconocían los horrores de la guerra.

Primero se encontró con Mickey. Él se estaba despidiendo de Minnie. Ambos se veían tan enamorados, del mismo modo en que lo habían estado antes de la guerra. Goofy se preguntó si Mickey podía recordar. Verlo tan feliz hacía que tuviera sus dudas.

—¡Hola, Mickey! —lo saludó.

La expresión de horror en el rostro de Mickey confirmó lo que ya sospechaba.

—No te odio —le dijo —, Ambos tomamos nuestras decisiones. Yo no me arrepiento ¿Tú puedes decir lo mismo?

Mickey bajó la cabeza, incapaz de verlo a los ojos. Goofy deseó que hubiera tenido una actitud similar años atrás, cuando lo asesinó. No había mentido al decir que no lo odiaba, pero una parte de él seguía resintiendo el pasado y le culpaba por la vida que no pudo vivir.

—Ambos solo fuimos piezas en un juego que no podíamos controlar —agregó —. Nunca tuvimos el poder de elegir, pero ahora es diferente.

—Deberíamos volver —comentó Mickey.

—Sí, deberíamos —comentó Goofy, aunque no del todo convencido. Poco antes había visto a Max, incluso lo había abrazado. Renunciar a eso era doloroso —, pero no tiene que ser ahora.

Goofy estaba preparado para que Mickey se negara y mentalmente comenzó a pensar en formas para convencerlo, pero no fue necesario.

—Supongo que podríamos hacerlo después, no es como que tenga alguna consecuencia, quiero decir, ni siquiera estamos en el mundo real.

Al principio Goofy se sintió confundido. El Mickey que conocía era alguien con principios muy fuertes, para él, el deber era lo más importante y sin embargo…

—¿Es por Minnie?

Mickey asintió.

—¿Sabes qué estaba pensando pedirle matrimonio a Minnie antes de la guerra?

—¿Qué cambió? —preguntó Goofy y no lo hacía por malicia. Él genuinamente no entendía lo que pasaba y no odiaba a Mickey, incluso en su momento. Solo se había sentido defraudado.

—Creo que ambos lo sabemos.

Goofy calló. Sí, ambos lo sabían y la verdad era tan dolorosa que no querían hablar de eso.

—¿Qué hay de tu esposa?

Goofy se sonrojó. Sus labios cosquilleaban al recordar el último beso que habían compartido y la calidez de su cuerpo. Ella se sentía tan viva, tan real.
La había extrañado tanto, pero verla también resultaba doloroso, un recordatorio de lo que perdió y a lo que debía renunciar una vez más.

—Está con sus amigas.

—¿Qué hay de Minnie?

Mickey se sonrojó, probablemente entendiendo el significado de esas palabras.


Notas autora:

La historia de Goofy, Donald y Mickey está basada en Mickey desciende a la locura de Ethereal Snake, pero no es la misma y se ha tomado muchas licencias creativas.