Capitulo Uno

En pleno otoño. Marie, una mujer de veintidós años en ese entonces, se encuentra en un bar. Su hija, de tan solo tres años mordisquea sus propias manos intentando buscar algo en que entretenerse.

La pequeña sonríe divertida. Su madre, le acomoda el peinado. Un moño alto. Un rizo castaño se pasea desordenado por sus ojos azules. Marie lo acomoda y besa su mejilla con ternura.

Una chica se aparece preguntándole si quiere algo de tomar y le hace unas gracias a la bebé. La mujer niega con la cabeza, luego, le sonríe. Trabajaron juntas por siete años. Se conocían desde hace tiempo.

Al irse su antigua colega, mira el reloj de la pared con nerviosismo. Le había dicho a su esposo que solo saldría a dar un paseo corto, pero ya llevaba veinte minutos ahí. Sentada, esperando. ¿Estará preocupado? Se preguntaba mientras miraba a su hija ¿Habrá notado su ausencia?

Decidida a que ya había esperado demasiado tiempo, la puerta se abre y finalmente su cita llega. No necesita mirarlo, solo con escuchar sus pasos ya sabe que es el.

Alto, corpulento, rubio y con una presencia encandiladora. Alza el rostro para esta vez mirarlo en profundidad y siente como su corazón se alborota, igual que la primera vez que lo conoció. Era precioso, pero no le pertenecía.

El rubio se acerca, su rostro presenta preocupación. Estaba arrepentido. Retira la silla que esta frente a ella con una elegancia extraordinaria y se sienta. Su fino cabello esta perfectamente arreglado. Tal como le gustaba.

- Marie, hola – La saluda cortésmente, manteniendo la distancia. Ella solo tiende a levantar levemente la cabeza- Lamento muchísimo llegar tarde. Tuve una reunión extraordinaria y acaban de soltarme-

- No pasa nada, Erwin – responde Marie casi de forma automática y vuelve a acomodarle el cabello a la pequeña. Esta vez, con nerviosismo y no por necesidad-

Ambos se miran en silencio, un silencio incomodo. Ninguno sabe muy bien que decir ni como empezar la conversación. El rubio decide tomar el primer paso.

- Que niña tan guapa – Dice el, mirando como la bebé juega con una pequeña muñeca de trapo. La mujer lo mira por un momento y luego vuelve a su hija. Erwin Aprieta su labio un segundo, pensando- ¿Puedo cargarla? – dice, un tanto dudoso. Marie vuelve a mirarlo y le sonríe con los ojos-

- Claro que si – Asiente y se levanta de su silla. El la imita y en un rápido movimiento toma a la pequeña-

El rubio se sorprende al sentir como el cuerpo de la niña se acopla al suyo. Para su sorpresa esta no llora, solo ríe risueña. Le enseña su muñeca y este la toma, moviéndola de juego. Vuelve a tomar asiento, ahora con ella en brazos.

- Tiene mis ojos…- susurra, sin despegar la vista de su hija. Marie omite comentarios- ¿Cómo se comporta Nile? – le pregunta luego de unos segundos, focalizando su vista ahora en su antigua amante-

- Es un muy buen padre. La adora. Es su pequeña princesa…- dice ella, inevitablemente un deje de tristeza queda en su voz-

Erwin abraza a la niña contra su pecho y besa su cabeza. Era muy doloroso escuchar como otro vivía la vida que le correspondía. Pero ¿De quién era la culpa? Solamente suya. El había decidido priorizar a la legión de reconocimiento sobre todo y ahora era en donde pagaba las consecuencias.

- Podríamos haber sido una gran familia- Soltó de pronto, sonriendo con tristeza. Marie frunce el ceño y aprieta su labio con fuerza-

- ¿Por qué me dices estas cosas? – Las lagrimas se comienzan a acumular en sus ojos y bajan por las mejillas con rapidez. Llevaban años acumuladas ahí- ¿Sabes lo mucho que sufro todo el tiempo pensándolo? – Mira a su alrededor. Por suerte nadie esta pendiente de su pequeña escena de drama-

- Te amo Marie. Te amo demasiado por eso y…- intenta terminar la frase, pero la pequeña comienza a moverse incomoda. Al ser acomodada por Erwin, esta alza los brazos hacía su madre, la cual la toma inmediatamente-

Marie se levanta casi de un salto, agarrando su bolso, lo coloca en su hombro y con mucho cuidado posiciona a su hija en una especie de choche para bebé. Erwin se levanta rápido, como si el tiempo fuese a acabarse.

- Escúchame – Le dice ella, tomando aire como si se tratase de paciencia- Pase por demasiados obstáculos para superarte. Fue muy difícil y casi muero con ello. No puedo dejar que vuelva a suceder. Por eso – giro su rostro levemente hacía el coche y luego volvió a dirigirlo hacía el- y por ella, te pido por favor que me dejes en paz. Lo nuestro ya acabo – suspiró un segundo y luego, al notar que no recibiría una respuesta se acercó, besó su mejilla y comenzó a alejarse del lugar-

Su decisión era clara. No podía permitirse volver a sufrir por Erwin Smith. No luego de lo difícil que había sido superarlo. Esta vez, se priorizaría a si misma.

-O-O-O-O-O-O-O-O-O-O-O-O-O-O-O-O-O-O-O-O-O-O-O-O-O-O- Quince años después -O-O-O-O-O-O-O-O-O-O-O-O-O-O-O-O-O-O-O-O-O-O-O-O-O-O-O-O-O-O-O-O-O-O-O-

Emma se miraba en el espejo con seriedad. No entendía como era posible que llevase diez minutos arreglándose y aún así no le gustaba su peinado. Su cabello rizado y castaño caía desordenado por sus hombros y espalda. Bueno, no solo su peinado. Tampoco su rostro ni su cuerpo eran lo mejor del mundo. Su piel trigueña, distaba muchísimo de los estándares de la época. La mayoría de las chicas eran blancas, casi de porcelana, pero ella no. Ella estaba tostada por el tiempo que pasaba cultivando verduras en el patio o cuidando a los animales, lo cual era mucho más divertido que aprender a ser una buena esposa o bordar.

Sus ojos, azules profundos, eran adornados por unas cejas castañas bastante pobladas, muy similares a las de su padre biológico. Erwin Smith. Su cuerpo, robusto, también distaba mucho de lo que la sociedad esperaba. Nile, su padre adoptivo, siempre se lo comentaba "Las señoritas comen como pajaritos" "Tu cintura es demasiado grande, señorita" "¡Emma, deja de comer tantas golosinas, nadie querrá casarse contigo!" lo escuchaba y aún que dañaba con creces su autoestima también hacía un análisis ante su vida. Que aburrido era correr todo el día para llegar y comer solo un poquito. Pasar la tarde afuera, haciendo fuerza y trabajos duros la hacían tener hambre, mucha más hambre de la normal. Además, las cocineras de su hogar la querían muchísimo. Un pastelito adicional no le hacía mal a nadie ¿No?

Tocaron su puerta dos veces. No quería abrir, no cuando estaba en medio de algo. Hoy, era su primer día en la milicia y quería dar una buena impresión. Olga, la sirvienta del hogar la llamó a través de la puerta.

- Señorita Emma…- le susurró. No quería importunarla- el señor Nile le indica que ya es hora de que baje a desayunar. Dijo que, si no bajaba, se iría sin usted…-

Emma abrió la puerta, casi botando a Olga y le sonrío con una sonrisa de oreja a oreja. Se disculpó y bajó corriendo la escalera, tomando asiento junto a su padre.

- Perdón Papá. Sé que me has llamado hace un rato – dijo, alzando la mano para tomar un trozo de pan y queso- Estaba preparándome para mi primer día…-

Nile la miró de arriba hacía abajo. No con desdén si no con cariño. Aún no podía creer que su pequeña iba a entrar a la milicia. No creía que tuviese las condiciones óptimas para hacerlo, pero después de cumplir la mayoría de edad y mucho insistirle decidió aceptar. Temía por lo que podría suceder, pero ya había ideado un plan para que se entretuviera dos años y luego sacarla sin levantar sospecha. Claro, Emma no sabía nada de eso.

- ¿Ya pensaste por cual división militar te esforzarás? – Le pregunto, al mismo tiempo que acercaba una taza de café a sus labios. Lamentablemente su esposa Marie se encontraba de viaje ese día. No tenía apoyo adicional para persuadir a su hija. Sabía perfectamente su respuesta-

- A la legión de reconocimiento – dijo ella, haciendo un gesto, llevándose un puño al pecho, mientras masticaba y tragaba un trozo de pan-

- No me gusta nada la idea de que entres ahí- murmuró, negando con la cabeza y frunciendo el ceño- Me gustaría que tuvieses una vida larga. Que seas feliz y me des muchos nietos…-

- ¿Qué dijimos? – Emma lo apunto con el cuchillo, entrecerrando los ojos, pero no de una forma amenazante, si no porque era lo primero que tenia en la mano, casi como una extensión de su dedo índice- Si no me ponías problemas para entrar, pensaría volver a los cinco años y asentarme-

- Las señoritas de tu clase…- empezó a decir el, pero fue rápidamente interrumpido-

- Las señoritas de mi clase saben cantar, cocinar, bailar, bordar y todas esas cosas que yo jamás tome atención – pensó un segundo- bueno si, a cocinar si, pero a todo lo demás nunca le tomé la suficiente atención – soltó el trozo de queso que tenía en la mano en ese momento y tomó el rostro de su padre, haciendo que la mirase fijamente- ¡No soy una señorita! –

Lo soltó y volvió a concentrarse en su desayuno. Nile se frotó el rostro con ambas manos y volvió a negar resignado. Lo mejor que podía hacer era esperar que el tiempo pasase y poner en marcha su plan. Si, eso era lo que haría.

Terminaron el desayuno en silencio y Emma casi corrió a lavarse los dientes para poder admirarse en el espejo una ultima vez. Admiró su relejo con resignación. No le gustaba para nada, pero no había nada que pudiese hacer.

Olga, Elza, Armanda se acercaron para despedirse. La chica, era básicamente la alegría del hogar. Haría mucha falta el tiempo que estuviese lejos y aún que podría visitarlas, no era lo mismo. Olga, sobre todo, una mujer bastante mayor, comenzó a llorar mientras la abrazaba.

- Emita – le decía la mujer, acariciándole la cabeza- Aquí todos la vamos a extrañar mucho. Vuelva cuando pueda y por favor, cuídese –

- Olguita – le respondió la chica, abrazándola con fuerza- También te quiero mucho. Eres como mi segunda mamá…-

- Emma… - Nile la llamó. El comentario no le había hecho ninguna gracia, pero era real. Mientras Marie se pasaba viajando de allá para acá cuidando niños ajenos por diversión, su hija solía estar sola y descuidada- es momento de irnos-

Miró su hogar por ultima vez, mientras su padre colocaba sus pertenencias en una carroza y suspiró con pesadez. Sabía que lo que debía hacer era arrancar de ese mundo que tanto detestaba. ¿Era la legión de reconocimiento la mejoro opción? No lo sabía con cierta certeza, pero lo que si sabía era que quería ser útil para el mundo, de una forma mucho más certera que tener hijos y cuidar un marido.

El camino por la ciudad era tedioso y aburrido. No solía viajar en carroza pues le parecía más divertido recorrer la ciudad a pie. Nile miraba la ventana en silencio. Muchos pensamientos corrían por su mente, pero no podía verbalizarlos.

- Papá…- lo llamó. Logró captar su atención de inmediato. El mayor se acomodó mirándola neutro- ¿Crees que algún día pueda enfrentarme a los titanes? – Nile alzó la ceja extrañado. No entendía a que se refería con esa pregunta- Me refiero a que ¿Crees tu que seré capaz de hacerlo?

Nile la miró por unos segundos. Desde hace un tiempo venían trabajando en no dañar más la autoestima de la chica, pero le era difícil. Su generación había crecido entre sobrevivir o morir. La autoestima era lo que menos le preocupaba.

- Sé que harás lo mejor dentro de tus posibilidades…- le respondió, un tanto nervioso. No era la mejor respuesta, pero al menos tampoco era humillante-

- Uhmmm – Emma asintió con la cabeza y frunció el ceño. No era lo que quería oír precisamente-

Unos minutos después, la carroza se detuvo. Emma, quién había permanecido mirando sus manos, alzo el rostro. El nerviosismo ocupó lugar. Ante estar tan cerca del cambio, ya no estaba segura de quererlo o no.

- Te ayudaré a bajar las maletas – Su padre rompió la tensión, bajándose y ella, casi de una forma automática, lo imito-

Emma se despidió del cochero. Klade, quién también trabajaba para su padre y caminó junto al que todos creían, era su progenitor hasta la entrada de inscripción. Debido a la posición de Nile en la milicia, podía acompañarla hasta donde el quisiera. Emma en cambio, le había pedido autonomía.

- Está bien – asintió el, entregándole su maleta- Sé que no quieres que nadie sepa que soy tu padre porque te da vergüenza…-

- ¡No es eso! – exclamó ella y luego lo abrazó con fuerza- Te amo papá, pero necesito hacer esto por mi misma…-

- Lo sé, Emita- susurró el, correspondiéndole el abrazo- También te amo. Estoy muy orgulloso de ti- le dijo, acariciando su cabello. No quería dejarla ir. No quería perder a su pequeña por nada del mundo-

Emma se separó levemente y le sonrío con cariño. Dejó la maleta en el suelo y con una posición firme, hizo el saludo militar. Nile sonrío y sin esperar, la imitó. La chica lanzó un suspiró y agarrando su maleta, movió su mano de izquierda a derecha, así, despidiéndose.

Sintió como cada vez se iba alejando más y más de la entrada y un nudo se formaba en su estómago. Tenía dieciocho años y si bien era bastante vieja para la época, su padre le comentó que era la edad legal para entrar a la milicia. Quizá era vieja para ser mamá o vieja para casarse, pero no para ser libre. A pesar de todo, se sentía como una niña pequeña yendo a su primera clase en el jardín de infantes.

Una hilera completa de reclutas y militares ocupaba el lugar de inscripciones. Emma caminó directo, formándose en una de las tantas filas que había. Miraba a su alrededor y se sorprendía de la cantidad de personas listas para vivir una nueva vida, pero inmediatamente pensó. La mayoría de los jóvenes ahí, eran extremadamente pobres, huérfanos o necesitaban vengar la muerte de algunos familiares. No todos tenían su suerte de haber crecido en una familia rica y acomodada. Se abofeteó mentalmente por pensar de forma tan egoísta.

- ¡Siguiente! – gritaron adelante. Emma se dio cuenta a la tercera vez que se referían a ella. Estaba tan absorta en sus pensamientos que había ignorado el llamado-

Caminó a paso firme con su maleta y luego la dejo en el suelo. Buscó en su chaqueta sus papeles de nacimiento y se los estiró a la joven. La chica, unos años más grande que ella los recibió con seriedad.

- Nombre – dijo, sin siquiera saludarla, mientras anotaba la información que aparecía en su papel de nacimiento-

- Emma Rose Dawk Grey…- dijo, aún un poco en shock por el recibimiento. No esperaba que por demorarse un segundo fuesen tan pesados-

La chica asintió sin decir más y luego de terminar de escribir la información, le pasó los papeles a Emma, la cual recibió todo con desagrado. Era rencorosa. Agarró su maleta firme para marcharse lo antes posible de ahí.

- Eres parte de la tropa de reclutas del ciclo Número 104 – Buscó en la mesa y tomó una pequeña libreta de cuero, tendiéndosela a Emma. Esta la recibió asintiendo- Este será tu registro militar. Tus superiores lo rellenarán más adelante, tu no debes anotar nada ahí – suspiró y llamó a un chico, el cual estaba leyendo un papel. Posiblemente información confidencial- Este es Jabert. Te mostrará las instalaciones junto a los demás chicos de tu tropa. Bienvenida, recluta-

- Muchas gracias – asintió ella sonriendo. Ya había olvidado la molestia. La sola emoción de ser parte de algo nuevo la emocionaba de sobremanera-

Jabert, el joven recluta, la guío hasta donde estaban más jóvenes de su edad. Algunos conversaban, otros reían haciendo bromas y algunos estaban en silencio esperando las órdenes.

- Bueno, chicos. Creo que ya somos veintisiete…- dijo el militar, contando con la mirada a los que se encontraban ahí- Síganme…-

Caminaron por el recinto y se podía notar la emoción de todos los presentes. Jabert les iba explicando sobre las instalaciones. Como funcionaban, las reglas y que debían hacer en caso de fuego, intento de robo o inundación de cañerías. Luego, comenzó a dejar a cada recluta por su nombre en habitaciones conjuntas. Eran cinco reclutas por cuarto aproximadamente.

- Perfecto…- dijo mirando su lista. La mayoría de los chicos ya se habían acomodado. Solo quedaba Emma y dos chicas más, cuyos nombres desconocía- Mikasa Ackerman – dijo, llamándola. La chica alzó la mano sin decir una palabra- De acuerdo… Sasha Braus… - llamó a la otra, la cual lanzó un animado "presente" – y… Emma Dawk- La castaña sonrío, timidamente- Bueno, chicas- Jabert cerró la lista y les sonrío de vuelta- parece que es su día de suerte. Tendrán una pieza sola para ustedes tres. Acompáñenme…

Entraron a una habitación pequeña y rural. Lo suficientemente amplia para que durmieran cinco personas, pero en este caso solo serían tres. Jabert les indicó las condiciones y luego de desearles suerte, cerró la puerta, dándoles su privacidad. Yéndose en busca de otras funciones por hacer.

Las dos jóvenes que venían con ella comenzaron a ordenar sus cosas. La primera que fue llamada, Mikasa, era seria y callada. En cambio, la segunda, Sasha, era energética y alegre.

- Hola…- susurró Emma con mucho nerviosismo. Solía pasar sus tardes con animales, no con personas. Sus habilidades de relación no eran las mejores-

- ¡Hola! Emma ¿No? – la joven más alegre la saludó emocionada. Era alta, muy alta. Tenía el cabello largo y liso, de un cobrizo muy bonito. Su contextura era delgada. Tenía un brillo especial. Emanaba alegría- Mi nombre es Sasha, encantada de conocerte – le dijo, alzando su mano. Emma la estrechó con seguridad-

- Hola – dijo la otra chica, de una forma mucho más seria y silenciosa- Yo soy Mikasa…- susurró, mientras seguía ordenando sus cosas –

Era delgada, pero fibrosa. No tan alta como Sasha, si no que alta como Emma. Aproximadamente un metro setenta. Su piel era pálida como la leche, incluso más pálida que las chicas con las que la castaña convivía. Su cabello era azabache y sus ojos eran rasgados. Jamás había visto a alguien así con anterioridad y le sorprendía de sobremanera, pero por respeto no iba a hacer ningún comentario respecto a su cuerpo.

- Hola a ti también – respondió Emma amablemente, intentando cortar la tensión creada. La chica le devolvió la mirada sin expresión alguna-

Y así, entre silencios e incomodidad se pasó la mañana entera. Según lo programado, la bienvenida con su instructor comenzaba a las una de la tarde. Dos horas antes del almuerzo de ese día, ya que, debido a la llegada de los reclutas, todo se había retrasado.

Sasha, quien hacía un montón de ruido, desconcertaba a Emma y Mikasa, las cuales organizaban algunas de sus cosas.

- ¡Maldita sea! – La cobriza exclamó, llamando la atención de sus compañeras. Claramente quería algo. Se lanzó a su cama resignada y se cruzó de brazos molesta-

- ¿Qué sucede? – Emma, en su intento por generar lazos de amistad, se acercó a donde se encontraba la chica. Tomó una silla del escritorio compartido y se sentó en frente de su cama-

- Daría mi vida por conseguir una papa…-

- ¿Eh? –

- ¿Por una papa estas tan frustrada? – Mikasa intervino, claramente molesta. Posiblemente irritada debido al ruido provocado con anterioridad. Se encontraba leyendo un libro en silencio. Lo que menos quería era ser interrumpida-

Emma giró el rostro levemente para mirarla y luego se centró nuevamente en Sasha. Por lo que le había contado la cobriza mientras ordenaba, era originaria de Daupa, un pueblito al sur del muro Rose. Según lo que le habían enseñado en la escuela, luego de la invasión de los titanes, las pocas verduras cosechadas y la casi inexistente carne, era vendida a los distritos más adinerados, como Stohess, de donde la castaña venía. Los sectores más pobres se alimentaban solo de trigo, avena y leche. Mikasa, por su parte, también tenía un poco de razón al molestarse. Ella venía de Shingashina, el primer sector en ser aniquilado por la invasión de los gigantes. A pesar de no haberlo dicho, Emma creía que produzco de esto, había quedado huérfana.

- ¿Tienes algún plan? Digo, por lo que sé aquí nos alimentan con papas y legumbres…- La ojiazul dijo, acariciando el respaldo de la silla. Se sentía culpable de ser parte del sector más acomodado. No le interesaba ser rica a costa del sufrimiento ajeno-

- ¿Es en serio? – Sasha, quién había estado acostada con los brazos cruzados, se sentó en la cama. Ilusionada- podría robarme una…- murmuró para si misma-

- ¿Por qué? – Mikasa volvió a intervenir. Ya no estaba centrada en su libro, si no en la conversación de sus compañeras- comerás en el almuerzo, no hay nece…- Sasha la interrumpió, levantándose de su cama y salió por la puerta sin decir nada – Pobre tonta – soltó la pelinegra y volvió a centrar la vista en su libro-

Estar frente al sol, escuchando con un hombre de cuarenta años explica las condiciones de la milicia no es precisamente lo más cómodo del mundo, al contrario, deja mucho que desear. Su instructor, Keith Shardis, llevaba al menos veinte minutos insultando a quien le llamase demasiado la atención. Emma jugaba con su pie, intentando evitar el contacto visual.

- ¡Tu! – dijo el mayor, mencionando a un chico pequeño, rubio y con una melena hasta las mejillas, el cual abrió los ojos con pavor al ver como su instructor se acercaba a paso firme-

- Señor – dijo, haciendo el saludo militar sin titubear, pero con la mano temblorosa, la cual delataba su ansiedad-

- ¿Quién diablos eres, cabeza de coco? – La actitud del hombre era violenta. Emma se sorprendía del trato. A ella jamás le habían hablado así en público. No entendía como lo aceptaban-

- Armin Arlet, señor. Distrito Shingashina –

- ¿Ese es tu nombre? – se acomodó levemente y tragó saliva, tomándose su tiempo- Tienes nombre de retrasado mental ¿tus padres son hermanos? ¿por eso decidieron ponerte ese nombre tan ridículo? –

- No señor – dijo, el, firme ¿Querría llorar por dentro? – fue mi abuelo- soltó, y la voz se le quebró levemente. Posiblemente era unido a él-

- ¿Cuál es tu motivo para unirte a la milicia? –

- Poder contribuir a la victoria de la humanidad… -

- No vas a durar ni dos días. Morirás de inmediato – le tocó el cabello despectivamente y luego lo empujó con brusquedad- Tercer escuadrón-

El chico soltó el aire de sus pulmones con fuerza y dándose media vuelta caminó junto a sus otros compañeros. Emma giró el rostro con nerviosismo y luego al volver a su posición normal se encontró con lo que temía. Ella era la siguiente seleccionada.

- Mocosa de mierda…- masculló Keith mirándola de arriba hacia abajo. Sintió como un montón de gusanos le devoraban el estómago- ¿Cuál es tu nombre? –

- Emm.. Emma – dijo ella, titubeando por los nervios. Se encontraba haciendo el saludo militar. Al tener su puño tan cerca del corazón sentía su palpitar fuerte-

Sin embargo, algo llamó la atención del mayor, el cual se alejó de la chica, dejándola con una expresión de extrañeza. Ignoró a algunos reclutas hasta que finalmente llegó hacía el núcleo de su molestia. Sasha Braus, comiéndose un trozo de papa.

- ¿Qué mierda crees que haces? – Le soltó, indignado e impresionado, igual que todos los que la miraban. Lo mínimo que quería hacer era ahorcarla-

- Soy Sasha Braus, del distrito de Daupa- dijo, tragando un trozo de papa. Emma no podía creer lo que veía ¿Acaso quería morir? – Estoy comiéndome una papa, señor-

- ¿Por qué estás comiendo una papa, Sasha Braus de Daupa? – Keith la miraba con una sorpresa enorme. Su actuar era ridículamente calmado, como si todo se tratase de una actuación-

- La encontré en la cocina y decidí tomarla – le respondió ella. Miraba hacía el frente, no lo miraba a los ojos. Seguía comiendo de la papa –

- Entonces ¿La robaste? – le preguntó el, intentando procesar la información en su cabeza-

- Así es – dijo, confiada. Por un segundo, pasó por su cabeza la idea de que estaba siendo perdonada en recompensa a su honestidad-

- Ya veo…- Keith la mira una ultima vez, antes de golpearla firmemente en el abdomen. Sasha suelta la papa y cae de rodillas, afirmándose el estomago con fuerza. Los espectadores miran, conteniendo el aliento- Por tus incompetencias vas a tener que correr hasta caer desmayada ¿me oyes? – la chica asintió con los ojos cerrados, aún intentando recuperarse del golpe- bueno ¿en dónde me había quedado? – dijo y volvió a mirar a Emma, la cual tenía los ojos casi salidos de las cuencas por la sorpresa- ambas serán parte del escuadrón cuatro – soltó refiriéndose a ella y a Sasha, para luego seguir caminando hacia los demás chicos por enlistar-

Emma asintió y sin darle tiempo para que le dijera alguna otra pesadez caminó hacía donde se encontraba su compañera. Junto a ella, otro chico de cabeza rapada la miraba divertido.

- ¿Estás bien? – le dijo, agachándose a su altura. Sasha asintió aun sobándose la barriga-

- Si… - dijo, acariciándose- Ya no duele mucho…- murmuró y el chico comenzó a reír - ¿De qué te ríes? – ambas lo miraron frunciendo el ceño-

- ¿Por qué hiciste eso? ¿Te gusta el peligro? – le preguntó, sorprendido de que estuvieran molestas y no entendieran porque el reía-

- Es cierto… - murmuró Emma y luego miró a Sasha- ha sido estúpido, Mikasa te lo dijo antes – Se levantó y al ver que su compañera estaba mejor, le tendió la mano, ayudándola también a levantarse-

Un timbre sonó fuerte por todo el recinto, el cual llamó la atención de los presentes. Keith indicó que era la hora del almuerzo y apuntándola con un dedo firme, indicó a Sasha, diciéndole que ella no tenía permitido comer hasta al menos, media noche. La cobriza lo miró con tristeza y agacho la mirada.

- Bueno… - El rapado sonrió y le acarició la espalda a Sasha- mi nombre es Connie y espero que nos podamos llevar bien- miró a Emma y ella asintió- ¿vamos a comer? –

- Disfruten por mi…- dijo la cobriza, mirándolos. Ambos rieron divertidos, pues actuaba como si la hubiesen sentenciado a muerte-

Nota de la autora: Queridos/ Queridas/ Queridxs aquí vuelo nuevamente con mi primera historia. Sé que durante estos ¿siete años? creo, le he hecho bastantes modificaciones y el día de hoy, no será la excepción. Hablando con una amiga me di cuenta que pues, la historia estaba muy mal escrita. Pocos detalles, conversaciones fijas. Nah, se me ocurrió (como forma de evadir el estudio hehehe. Amigos, no me juzguen, la neurociencia es divertida pero muy tediosa) que podría volver a escribir todo otra vez. Muchas cosas serán cambiadas, otras, quedarán igual. Un besito y si eres nuevo, un beso más apretado.