Reto multifandom del tarot del foro HEFDLP


Thresh Okeniyi, 18 años

Distrito 11

Puesto 5º

Diez de bastos: "Estar sobrecargado de trabajo, exigirse demasiado, olvidarse de la salud y el bienestar de uno mismo, morder más de lo que uno puede masticar."


La mochila de la basura humana que maté en el banquete tenía una impresionante selección de cuchillos arrojadizos dentro. Son largos, de doble filo, con una empuñadura forrada en cuero brillante y un aro en el extremo para meter uno en cada dedo. Y pienso usarlos para matar a la otra basura. Pienso clavarle uno en el corazón, dos en los ojos, otro en la garganta y el último de ellos en las tripas. Lo dejaré ahí abierto en canal para que los cuervos picoteen sus intestinos.

Reservo mis muertes más piadosas sólo para aquellos que lo merezcan. Ellos, definitivamente no lo hacen, junto con todos aquellos que hayan levantado su brazo para formar parte por voluntad propia de esta matanza.

Los días posteriores al baño de sangre los pasé lleno de remordimientos por haber matado al chico del Distrito 7, incluso cuando fue él quien me atacó primero, intentando pillarme desprevenido. Sentado en mi campamento entre los campos de trigo, no podía parar de revivir en mi mente la forma en que vibró la hoz mientras la hoja cortaba su garganta. A día de hoy no he podido volver a mirar el arma, la cual descarté a pesar de haber limpiado de toda la sangre.

Pero con ellos no va a pasarme eso. No me pasó con la chica del Distrito 2 y no me pasará con su compañero. Cualquiera que entrene para participar de voluntario en este juego no merece el aire que respira.

Veo las nubes aglomerarse de una forma poco natural. Los vigilantes están cociendo algo, debo andarme con ojo. Por suerte estamos en mi terreno, desde que entré me dediqué a familiarizarme con los alrededores y encontrar todos los recovecos del campo de trigo que tomé como mi territorio.

-¡Sal de donde estés, malnacido! -oigo gritar a Cato.

Un relámpago quiebra el cielo y tras unos segundos, el trueno le sigue. Veo a Cato avanzar en la escasa luz, cortando a diestro y siniestro trigo con su espada. Camino agachado entre el trigo para rodearlo y atacarlo con la espada. La basura humana no es un aficionado, no descuida ningún flanco, con frecuencia gira sobre sí mismo para examinar sus alrededores. Y yo voy a tener que acercarme. No lo voy a matar arrojando cuchillos, no es lo mío. Esta no es el arma más práctica, pero debe ser el regalo de su compañera el que le de el toque de gracia.

Soy todo lo sigiloso que puedo, pero aún así, no sé cómo, algo lo alerta. Carga hacia donde yo estoy con un gruñido gutural, su espada en alto. Me aparto de la trayectoria de la hoja, lo agarro del brazo antes de que pueda atacarme otra vez y se lo retuerzo.

-¡Podíamos haber vuelto juntos! -escupe, aguantándose un quejido.

Él resiste, resiste y resiste. No puedo dejar de ver su mueca de sufrimiento. Al final la espada cae y yo le doy una patada para sacarla de su alcance.

-Pronto estarás en el infierno con ella.

Cato se retuerce como un poseído, a pesar de que lo agarro con todas mis fuerzas. La repentina y copiosa lluvia comienza a caernos encima. Veremos quien tiene más fuerza, si su voluntad o la mía. Lo tiro al suelo y me echo sobre él. Como sigue retorciéndose y gritando, le doy unos cuantos puñetazos hasta que le reviento el labio, sólo para descargar un poco de rabia. Luego saco el cuchillo y él se pone nervioso, no me deja apuntar bien, y el agua en mis ojos entorpece mi visión.

-¡Voy a matarte! -grita entre resuellos, dándome rodillazos en la espalda.

El cuchillo se clava en la tierra con demasiada fuerza, justo al lado de su cuello. Cato aprovecha para arrancar un puñado de tierra y tirármelo a los ojos. Mientras atiendo el escozor, huye de debajo de mí y comienza a gatear buscando su espada entre el barro y el trigo mojado. Lo pateo varias veces en el costado y vuelvo sobre él. Esta vez apunto otro de los cuchillos a su pecho.

Pero al apuñalarlo, el cuchillo no se clava, sino que se encuentra con una superficie dura. Él sonríe y aprovecha mi confusión para sacarme el cuchillo y hundirlo en mi clavícula.

Ahí sé, mientras suelto un alarido de dolor, que se acabó para mí. Este profesional, este infraser me va a matar. Trato de sobreponerme pero él tiene ya la espada en la mano. Lo ataco, en un último y desesperado intento suicida. Con un simple espadazo, mi brazo cae al suelo. Con otro, veo la hoja venir hacia mí. Directa a mi cuello.

Perdona Rue. No pude vengarte.


Otro oneshot, otro año. Un poquito de acción con esta escena. No se sabe bien de qué murió Thresh, pero esta es la teoría más común. En verdad, quería que ganara él. El apellido de Thresh lo tomé de su actor. El nombre de Savannah, de los créditos de la película.