"Sálvalos a todos"

La voz dentro de su cabeza la taladró de manera insistente durante todo ese tiempo que estuvo hundida en la oscuridad ¿cuánto tiempo estuvo así? No lo sabía, todo cuanto sabía era que estaba oscuro, que se sentía como estar flotando sobre el mar, escuchando un murmullo en la lejanía que no podía entender pero que poco a poco fue haciéndose más claro hasta que al final las palabras se hicieron tan claras y tan repetitivas que le provocaban dolores de cabeza. Aquello fue lo que la impulso a obligarse a sí misma abrir los ojos buscando de ese modo acallar aquella voz que no hacía más que incordiarla.

Pero conforme iba saliendo de ese mundo de oscuridad un ruido más molesto e incesante le taladró el cerebro, haciéndola arrepentirse de recobrar la conciencia. Era un sonido chirriante y metálico seguido de varias turbulencias a su alrededor, parecía que todo temblaba como si estuviera en medio de un terremoto.

Se obligó a si misma a abrir los ojos y lo primero que hizo nada más despertar fue incorporarse de golpe y tragar una buena bocanada de aire como si no hubiera estado respirando mientras estaba inconsciente. Se sentía angustiada y con el estómago revuelto, notaba que el corazón le latía tan rápido que se sorprendía de que no se le hubiera colapsado. Intentó mirar a su alrededor pero solo consiguió marearse por los temblores y sin poder contenerse vomitó hacia delante, quedándose inclinada mientras presionaba su propio estómago. Entreabrió los ojos con malestar contemplando que bajo sus pies podía ver un vacía por donde se escurría el contenido de su interior hasta un destino incierto.

Dios, eso sí que era asqueroso...

Alzó la mirada como pudo, aun sosteniendo su estómago, y vio una especie de verja de hierro sobre su cabeza. Parpadeó desconcertada e hizo el intento de incorporarse, pero no ayudaba nada que todo bajo sus pies temblasen y le hicieran casi tarea imposible, por tanto se vio obligada a sostenerse en las paredes intentando hallar su equilibrio en lo que miraba a su alrededor, esperando no volver vomitar.

¿Un ascensor? Lo parecía...o más bien ¿estaba dentro de un montacargas? ¿Cómo había llegado hasta ahí? ¿Por qué...?

Una punzada en su cabeza le hizo detenerse en sus preguntas sin respuesta. Dios, cómo le dolía ¿acaso se había golpeado en la cabeza?

Miró hacia abajo viendo un fondo negro, tan oscuro y profundo que le hizo tener el ligero temor de que si el montacargas fallaba y se caía probablemente no lo contaría. Esperaba fuera lo bastante fuerte como para no cumplir ese fatal desenlace.

Alzó la cabeza siguiendo la ruta que el montacargas estaba siguiendo ¿a dónde la llevaría exactamente? No tuvo que esperar demasiado, porque de pronto el ascensor se paró de golpe haciendo una turbulencia tan fuerte que no pudo evitar darse la cabeza contra una de las paredes.

¡Auchs!...eso no había tenido gracia.

Se sobó la parte dolorida antes de escuchar una especie de alarma y al volver a mirar hacia arriba, se encontró con que había una apertura por donde se filtraba luz en la especie de puerta que se encontraba sobre su cabeza. Antes de que pudiera preguntarse algo mas, la puerta se abrió en dos y la gran cantidad de luz solar que entró de golpe fue tan fuerte que tuvo que cubrirse los ojos con un brazo al sentirse deslumbrada.

Comenzó a escuchar murmullos a su alrededor y aquello la dejó en estado de alerta. Se quitó el brazo de la cara y al mirar hacia arriba vio varias sombras, montones de ellas, rodeando el lugar donde estaba metida ¿eran tan grandes? Parpadeó varias veces seguidas intentando aclarar su vista para identificar quienes eran aquellos seres, encontrándose lo primero con que estaban abriendo la verja de hierro, quedándose totalmente expuesta a ellos.

Aquella situación la hizo tensarse y por un momento pensó en ponerse a gritar, pero estaba tan aturdida que no pudo moverse, dándole la oportunidad ideal a su visión de terminar de adaptarse a la claridad y así definir mejor aquellos seres que estaban rodeándola.

-"Son...¿humanos?"-se cuestionó al ser capaz de reconocer los rostros ajenos que no dejaban de hablar y de mirarla como a un bicho raro, ni siquiera era capaz de entender bien qué era lo que decían pero lo que tenían claro es que parecían muy desconcertados con su presencia.

Si, definitivamente eran seres humanos. Humanos que, por cierto, le parecían muy jóvenes ¿tal vez adolescentes? Si, muchos lo eran pero algunos eran tan altos y con las facciones tan marcadas que parecían ser ya adultos, aunque no podía estar segura de ello. Todos tenían un aspecto andrajoso y sucio que le dificultaba adivinar que tan mayores eran...de hecho sus ropas, sucias y sudorosas como si no hubieran sido lavadas desde hace mucho le despistaba...

-Vamos, hay que sacarlo de ahí.-fue lo primero que pudo entender de todo aquel túmulo de palabrejas sin sentido que se entremezclaban las unas con las otras. Acto seguido, una de esas personas se metió dentro del montacargas y se acercó a ella.

Tembló ante el tamaño de aquel chico ¡qué grande era!

-Vamos, verducho, se ha terminado la hora de la siesta.-dijo alzando la mano en su dirección con toda la intención de agarrarla. Su gestó la hizo asustarse haciendo que por instinto se llevara la mano a su espalda, palpando el lugar como si esperase sentir algo que la ayudara a defenderse, aunque...¿qué era lo que buscaba? El desconcierto de no encontrar nada la distrajo lo bastante como para no impedir que aquel bestia la tomara por la ropa de su cuello como si se tratase de un cachorro y sin ninguna delicadeza ni cuidado la lanzó cual saco de patatas hacia el exterior, de tal manera que acabó dándose de cara contra el suelo y con la boca llena de tierra.

Las risas no tardaron en llegar y con ellos nuevos y escandalosos gritos y murmullos se hicieron eco a su alrededor. No conocía a esos chicos de nada, ni siquiera entendía porque la habían sacado de esa forma del montacargas pero se sintió enrojecer de vergüenza y humillación al punto de apretar los dientes con fuerza ¡¿cómo se atrevían?!

-Creo que te has pasado, Ben.-escuchó una voz riéndose ¿intentaba echar en cara lo que hizo el otro? Pues no le estaba saliendo nada bien...

-¿Pero has visto como ha volado? Es el novato más ligero que he tenido el honor de sacar a patadas de la Caja.-dijo la persona que la había lanzado a su espalda.

Las risas continuaron y miles de comentarios volaron a su alrededor. Aquello la hizo sentir asfixiada, sabía que estaba rodeada, eran humanos, eso ya lo tenía claro, pero no por ello la hacía sentirse más segura al respecto de su situación, menos aun cuando parecían tener un comportamiento salvaje ¿qué iban hacer con ella?

-Qué pequeño es ¡es incluso más pequeño que Chuck!- escuchaba por un lado.

-¿Creéis que se pondrá a llorar?-escuchaba por otro.

-¿Tú crees? Parecía bastante entero ahí dentro.

-Ey, Gally, a lo mejor te viene de perlas para que se escurra entre la madera.

Intentó levantarse por su cuenta, tener la dignidad de erguirse por sí misma, pero conforme lo intentó sus piernas temblaron como gelatinas y acabó volviendo a caer de bruces contra el suelo sintiendo mas tierra en su boca ¡Maldición, sus piernas aun estaban dormidas!

Y como si eso fuera posible las risas y los comentarios a su alrededor aumentaron.

-¿Habéis visto eso? Parece un polluelo recién salido del cascarón.-escuchó esa irritante voz, esa jodida y burlona voz que parecía disfrutar con la humillación a la que le estaba sometiendo sin ton ni son.

Entonces la menor gruñó con enfado, harta de tanta tontería ¿acaso pensaba que podían burlarse de ella y que no iba hacer nada? ¡no, señor!

Desoyendo los demás comentarios e ignorando el punzante dolor en sus piernas, hizo acopió de sus fuerzas para ponerse de pie. Escupió la tierra que se le había metido en la boca y fue volteándose en dirección aquel tipo.

Un tipo alto, robusto, orejudo y de cabello rubio el cual seguía riéndose como el imbécil que era.

Apretó los puños y la mandíbula sintiendo que la sangre le estaba hirviendo con cada carcajada que el otro soltaba. Las risas de los demás le comenzaron a sonar como un eco lejano, casi incluso desapareciendo sus presencias. Sus ojos solo estaban centrados en su objetivo y en nada mas, sintiendo que la furia le inundaba más y más, hasta que finalmente, sin esperar a que el otro se dignara a dejar de reír, corrió hacia él como un toro en plena embestida.

Al llegar hasta él, le propinó una patada en la espinilla que le hizo cortar con toda risa que pudiese querer dar, acto seguido, y aprovechándose de la diferencia de estaturas, estrelló su puño en aquel lugar sagrado que tenía cualquier varón. Un grito ahogado salió de la garganta del tipo quedándose inclinado hacia delante de forma instintiva para cubrir la zona atacada, y ella encontró el hueco perfecto para propinarle otro puñetazo en la nariz que terminó por hacerle caer dentro del montacargas, oyéndose el impacto de su espalda contra el metal.

El silencio se hizo presente de golpe, las carcajadas habían cesado, siendo solo interrumpido por los sonoros jadeos de la menor que aun continuaba en la misma posición de haber dado el puñetazo y los quejidos del afectado. Tan solo unos segundos bastaron para que cobrara conciencia de lo que había hecho y bajara lentamente su puño, sintiendo entonces las miradas de todos.

-¡Ben! ¡Tío, ¿estás bien?!-preguntó alguien que se había adentrado en el montacargas para atenderlo.

-Si...creo que si...

-¿Te acaba de noquear un verducho enano? Compañero, esto van a recordártelo toda la vida.

Nuevas risas, incluso más escandalosas que antes, empezaron hacerse eco pero la muchacha se sintió brutalmente amenazada por eso. Había golpeado a ese tipo, que estaba del lado de esos otros tipos, y eran muchos, y cuando quería decir muchos; creerla que eran MUCHOS. No sabía exactamente qué le había pasado pero en cuanto sintió otra vez las miradas sobre ella, de nuevo hizo el gesto de llevarse la mano a la espalda, y una vez más, el no encontrar nada la hizo sentirse vulnerable.

Muy bien, debía analizar cuidadosamente los acontecimientos de los últimos dos minutos; primero; se había despertado completamente sola dentro de un montacargas, no tenía ni idea de cómo había llegado allí ni por qué, segundo; se topó con un montón de chicos a su alrededor, mirándola desde lo alto y se habían empezado a reír nada más verla, tercero; uno de ellos la sacó del ascensor de muy malas formas burlándose de ella como si la situación tuviera alguna maldita gracia, y cuarto; ella se enfadó y lo golpeó

...tres veces...

...y le hizo caer dentro del montacargas...

...delante de sus compañeros...

...y ahora todos la miraban.

Bien, una vez estaba todo analizado debía proceder a elaborar un rápido plan que la ayudase a salir de aquella peliaguda situación; Plan A: podría quedarse quieta en el sitio y ver qué movimientos pensaban hacer los otros, Plan B: Podría disculparse en ese instante y quizá el castigo no fuera tan terrible, Plan C; Salir perdiendo el culo.

Su mente no terminó de ordenar los planes cuando ya estaba ejecutando el plan C.

No pasó ni cinco segundos cuando empezó a escuchar gritos detrás ella, pero no se detuvo a mirar, solo siguió corriendo y corriendo lo que sus piernas le permitían. No tardó ni dos segundos en sentir pisadas a lo lejos aproximarse a su espalda, quiso lloriquear por no correr más rápido. La estaban persiguiendo. La buscaban. Si la alcanzaban, quién sabe lo que harían con ella, y encima no era capaz de correr más que ellos. Eran más grandes y altos ¡Estúpidas piernas cortas!

Se percató de que se encontraba en pleno campo abierto, y eso no iba ayudarla a despistar a sus perseguidores, por lo que dando un desesperado vistazo a su alrededor vio a lo lejos un conjunto de árboles que parecían formar un bosque ¡genial! ¡Un buen sitio en donde esconderse! Convencida de manera inmediata, corrigió su rumbo para ir en esa dirección.

Y sintió que le fue de un pelo cuando nada más hacerlo, un cuerpo se estrelló contra el suelo. Uno de esos salvajes se había abalanzado para capturarla.

"Si no hubiera decidido cambiar de dirección me habría embestido"-pensó sintiendo se le erizaba la nuca tan solo pensar que semejante gigante se estrellara contra ella.

Pronto los árboles comenzaron aglomerarse a su alrededor al adentrarse por ese territorio, y tan pronto como siguió escuchando pisadas fuertes tras ella, se acercó a uno de los árboles y, con la agilidad propia de un simio, trepó por éste tan rápido como pudo hasta donde se encontraban las hojas quedándose totalmente inmóvil, controlando su agitada respiración esperando poder mimetizarse con aquel entorno verdoso y que no pudieran verla.

-¡Shuck! ¿Dónde se ha metido?-escuchó una voz más abajo, alarmándose y colocando su mano sobre su boca para que los jadeos no sonaran tan escandalosos.

-Además de enano, nos han traído a un verducho escurridizo.-dijo otra voz.

-No puede haber ido muy lejos, tiene que estar por aquí.

-Es posible que haya trepado a los árboles ¿buscamos por ahí?-aquella propuesta la hizo sentir la carne de gallina y rogó porque nadie la aceptara, acabarían por encontrarla muy rápido.

-Creo que lo más sensato es que le dejemos en paz por ahora.-dijo otra voz, uno el cual tenía un peculiar acento que resaltaba sobre las otras voces.

-¿Lo estás diciendo en serio?-dijo otro al parecer incrédulo por lo que había dicho.

-Tampoco puede ir a ningún lado ¿no te parece?-cuestionó como si eso fuera lo más obvio del mundo.

-¿Y qué pretendes? ¿Qué le dejemos por ahí suelto y que no hagamos nada? ¡Ha atacado a Ben!

-Lo sé, Gally, estaba ahí y fue muy divertido.-rió aquella persona.

-Creo que en esto estoy de acuerdo con Newt.-intervino otra voz, una que empleaba un tono tímido.-el novato ha actuado como lo hemos hecho todos al llegar aquí, sólo que él sí que ha podido llegar a esconderse.

-No eres el más indicado para hablar, Thomas, cuando llevas aquí apenas dos días.

-No te pases, Gally.-regañó el chico de acento curioso que a pesar de tono sonaba como si estuviera divirtiéndose.-Ese verducho no va a ir a ningún lado, y acabará apareciendo en cuanto tenga hambre. No tendrá más opción que acercarse a nosotros si quiere algo de comer.

Aquella declaración la hizo temblar por alguna razón pero ¿por qué debería preocuparse por el hambre? ¿Y qué era eso de que no podía ir a ningún lado?

Entonces dejó de escuchar voces y los pasos se fueron alejando, pronto solo escuchó murmullos en la lejanía y el sonido del viento agitando los árboles. Sintiéndose algo mas a salvo, se aventuró a escalar más alto hasta llegar a una altura que le daba una buena visión periférica, manteniéndose prudente de seguir oculta entre las hojas para evitar ser detectada. Lo primero que vio fue a sus perseguidores salir del bosque, al parecer estaban discutiendo entre ellos ¿de qué? No lo sabía, a esa distancia ya no distinguía lo que estaban diciendo. Pero entonces su vista descubrió un gran muro que se alzaba ante ella. Era alto, tan alto que incluso le dio vértigo con tan solo verlo, y eso que ella era la que estaba subida a un árbol. Siguió el rumbo de ese muro, horrorizándose porque parecía no tener fin, hasta que se dio una vuelta completa a si misma viendo tan solo un par de puertas que en esos momentos estaban abiertas.

"¿Estoy metida en una especie de ratonera?"

Siguió observando a su alrededor, encontrándose con una especie de prado, allí podía ver varias construcciones de madera; cabañas, puestos de vigía, un corral para el ganado, cultivos...dedujo que todo debía pertenecer a esos tipos, sobre todo luego de ver que varios de ellos parecían estar desenvolviéndose la mar de bien ¿acaso vivirían en ese lugar? ¿Desde cuándo? ¿Y dónde estaban sus padres?. Estiró un poco su cuello, levantando las hojas que estorbaban su visión y al hacerlo pudo ver a dos personas dirigiendo un ganado. Si, sin duda, esos tipos eran dueños de todo lo que estaba ahí pero...¿qué pintaba ella en ese lugar?

Tuvo una extraña sensación por un momento, como si estuviera siendo observada. Miró hacia los lados, sin encontrar nada en especial, pero al dirigir su mirada hacia delante se topó con unos ojos oscuros que la miraban a lo lejos. Con un sobresalto, se ocultó de nuevo entre las hojas, abrazándose al tronco del árbol como si la vida le fuera en ello, sin poder evitar jadear ante el susto de verse descubierta.

¡La ha visto! ¡Uno de los chicos la ha visto!

Y allí se quedó, paralizada, esperando que si esos tipos regresaban pensarán que se había movido a otro lugar. Se quedó ahí, en tensión, esperando y esperando, temiendo en todo momento escuchar pisadas, controlando su respiración todo lo que podía para no delatarse. Pero al final, cuando notó que no estaba escuchando ningún sonido además del viento y algunos pájaros, su cuerpo comenzó a relajarse ¿acaso el chico no la había visto? No, estaba segura de sentir que se habían mirado los ojos ¿o es que estaba tan confiado de tenerla atrapada que no iba a tomarse la molestia de intentar capturarla?

Desde luego no podía culparlo de pensar así luego de ver esos muros tan altos y sin ninguna salida a la vista, estaba atrapada con esos chicos.

Entonces hizo un movimiento para acomodarse mejor en la rama pero un pequeño dolor punzante comenzó aquejarla en algunas zonas de su cuerpo.

Genial, ahora sentía agujetas hasta donde no tenía ni idea de que se pudieran tener. Eso le pasaba por ponerse tan tensa ¿o quizá había estado más tiempo del esperado metida en ese montacargas en una posición tan incómoda que le había dado agujetas? No estaba segura de que fuera a saberlo algún día.

Decidida a buscar un sitio más seguro, la muchacha bajó del árbol deslizándose por su tronco intentando ser lo más silenciosa posible y, una vez sus pies tocaron el suelo, vigiló a su alrededor y empezó a merodear por el bosque, con los oídos bien atentos a cualquier sonido sospechoso que pudiera darse cerca de ella. Todo normal. Parecía ser un bosque corriente, sin embargo, le llamaba la atención no escuchar más sonidos de animales que la de los pájaros, ni siquiera veía que hubieran indicios de que pudieran haber conejos, como tampoco había visto en ningún matorral o arbusto donde crecieran bayas.

Recordó entonces que uno de los chicos mencionó que si en algún momento quería comer no tendría opción que acercarse a ellos, lo que le lleva a preguntarse si todos los recursos de aquel sitio estaban en manos de esos muchachos. No le gustaba pensarlo pero eso parecía, puede que incluso ya hubieran cosechado los frutos de ese bosquecillo y por eso no encontraba nada.

"Esto es un problema"-se abrazó a sí misma sin dejar de avanzar en su camino.-"Sin nada que pueda cazar o recolectar no podré salir adelante. Mas me vale encontrar una salida de este sitio antes de que el hambre o la sed aparezcan."

Pensó en las enormes puertas metálicas que estaban abiertas de par en par al otro lado de aquel páramo, que se encontraban justo después de ese campamento. Tal vez si llegaba hasta allí podría salir de ese sitio.

-Pero esos chicos están aquí, a pesar de tener eso abierto ¿por que?-se cuestionó cruzándose de brazos, pensando que todo aquello era muy raro.

Adolescentes sin ningún adulto haciéndose cargo de ellos, que han hecho su propio campamento en una ratonera con una única puerta abierta pero que parece que no contemplan usar. Eso no parecía ser una buena señal, pero desde luego, era lo único parecido a una salida que había visto.

No supo por cuánto tiempo estuvo caminando, pero su andar se detuvo cuando sus ojos encontrar algo que creía inusual en un bosque.

Era algo hecho con muchas ramas, erguido de una manera cutre que parecía caerse a trozos, pero que estaba hecho de tal manera que no conseguía desplomarse. Curiosa, la muchacha se acercó, no parecía ser una trampa, no estaba tan lejos del sitio en donde había estado escondida y si esos tipos hubieran construido algo por los alrededores para atraparla ella los habría oído, sobre todo con lo escandalosos que parecían ser. Además, no había tiempo físico para hacer algo así, pensaba ella.

Entonces, al rodear aquella pequeña construcción de madera, sus pies pisaron algo extraño, algo que crujía pero que su sonido y su tacto no eran como las ramas u hojas. Miró hacia abajo. Un chillido salió de sus labios cuando sus ojos se encontraron varios huesos bajo sus pies, esparcidos por el suelo.

"Cálmate"-se reprochó a sí misma intentando que el pánico no la dominara y comenzara a gritar como una loca-"¡Fíjate! Son sólo huesos de animales ¿lo ves?"

Intentando recuperar la compostura, la chiquilla se abrazó a sí misma de nuevo respirando profundamente para recobrar el control sobre sus nervios. Cuando tomó las suficientes agallas, abrió los ojos encontrándose con un montón de huesos y cráneos esparcidos a sus pies, todos ellos de animales para su gran alivio.

-"Me lo habría hecho en los pantalones si llego a ver que son de humanos"-intentó sacar algo de humor de la situación, imaginaba que todos esos huesos eran deshechos de las comidas de esos chicos, si hubiera encontrado huesos humanos...bueno, digamos que no le haría especial ilusión estar compartiendo terreno con caníbales.

Se puso de cuclillas observando los cráneos que estaban esparcidos cerca de ella, algunos era capaz de reconocerlos; cabras, ovejas, cerdos, animales de ganado. Antes, en la copa del árbol, había visto a alguno de esos chicos haciéndose cargo de esos animales, estos sin duda eran suyos. Movió algunos huesos con el pie, viendo que varios eran más frescos que otros, evidenciándose por la presencia de sangre que aún estaba en ellos, especialmente los que estaban más a la superficie. Sin ningún tipo de remilgo, ella tomó entre sus manos uno de los cráneos y un hueso del suelo para examinarlos desde más cerca; uno era el cráneo de una cabra, el otro el hueso de una pata de cerdo. Miró con cuidado aquellas piezas apreciando algunas muescas que en ellas se encontraban.

-"Son marcas de cuchillos y, bueno, de dientes"-reconoció mientras pasaba el dedo por dichas muescas, finas y no muy profundas, dientes humanos sin lugar a dudas.-"Tal vez unos fueran de la matanza y otros de cuando se los comieron"

Eso en parte la aliviaba, eso descartaba la presencia de depredadores en ese bosque, por ese lado podía quedarse tranquila. Aunque eso añadía cierta preocupación porque eso le confirmaba la ausencia de animales en esa zona, no hay depredadores, no hay presas, ni siquiera hay carroñeros que podrían haber hecho desaparecer esos huesos ¿es que acaso no había mas signos de vida que esos chicos? Bueno, vale, pájaros e insectos, pero ya se le entendía ¿no? De todos modos...¿qué hacía este montón de huesos de animales en ese lugar? No es que estuvieran al lado de su campamento ¿por qué vendrían a comer aquí?

Curiosa por esa nueva pregunta que le surgió, dejó de lado el asunto de los restos del ganado y levantó la cabeza, contemplando aquel conjunto de ramas que le había llamado la atención en un principio, en donde una de ellas, hecha de manera cuidadosa podía leerse un nombre.

"George"

En ese momento sintió un súbito vuelco en el corazón al reconocer lo que aquella cosa con ese nombre significaban.

-Hay...¿hay alguien aquí?-preguntó como si de verdad alguien pudiera contestarle.

Aquello era una tumba, eso solo podía significar que alguien se había muerto en ese lugar. Un chico, de la misma edad que los que había visto antes, tal vez más joven, o tal vez no, pero en cualquier caso, esa tumba era para un joven. Pensar en eso le hizo sentir el corazón oprimido ¿cómo había podido morir un joven?

Miró los huesos de ganado una vez mas, luego de nuevo la tumba, luego a su alrededor. Un bosque tranquilo, apartado...

Podía significar muchas cosas, la mas creepy que se le ocurría era la de un posible ritual que implicaba un sacrificio pero...

Por otro lado, quizá la persona que estaba enterrada en este lugar era un compañero, un amigo, de esos chicos, quizá los otros habían comido allí como modo de acompañarlo o de honrar su memoria.

No lo sabía, no conocía a esos chicos ni sus intenciones como para poder adivinar si era la primera o segunda opción, la situación podía fácilmente ser aplicable para ambas.

-Lo siento, amigo, creo que no he sido muy respetuosa contigo.-se disculpó cruzándose de piernas frente a la tumba como si de verdad estuviera dirigiéndose a una persona real. Entonces se fijó en que ésta parecía tener un aspecto más andrajoso del que había percibido antes y aquello la apenó aún más.-¿Cuánto hace que nadie te visita para arreglar tu tumba?

La muchacha miró a su alrededor, buscando algo que pudiera serle útil para lo pensaba hacer. Entonces un poco más a lo lejos vio unas flores, algunas piedras repartidas por el lugar y unas cuantas hojas desperdigadas por el suelo.

Ni corta ni perezosa, la muchacha se levantó de un brinco de su lugar y fue directamente hacia donde se encontraban las flores. Las observó con detenimiento, eran pequeñas pero de tallos largos y de un color azul intenso con una raya amarilla en el centro, perfectas para lo que ella quería. Arrancó unas cuantas del sitio, y empezó también a recoger piedras y hojas secas, una vez tenía todo lo que necesitaba se sentó al lado de la tumba con las piernas cruzadas y comenzó a trabajar.

Cortó parte de los tallos de las flores para que éstas lucieran mejor en conjunto y haciendo uso de los tallos secos y elásticos de las hojas caídas ató los de las flores para mantenerlas todas juntas sin que pudieran separarse. Este proceso le llevó varios intentos al hacérsele difícil mantener las flores juntas y hacer un nudo a la vez, se le escurrían de las manos y a veces eso le provocaba dar un gemido de exasperación. Cuando finalmente lo consiguió crear un ramo de flores medio decente uso las piedras que había recogido para dibujar con ellas una especie de círculo frente a la tumba, como si de esa manera estuviera haciendo un altar en donde colocar su ofrenda artesanal.

-Así está mejor.-murmuró satisfecha cruzando los brazos mirando su obra. La tumba seguía igual de desastrosa pero no se atrevía a tocarla por miedo a que se viniera abajo no quería alterar aquel lugar de descanso, pero al menos quería pensar que dándole aquellas flores, el difunto estaría más contento que si no las tuviera. Éstas le daban algo de color al lugar, al menos era algo-No sé quién fuiste pero creo que te mereces al menos esto, quien sabe, tal vez haya suerte y las flores consigan echar raíces aquí, así siempre las tendrás contigo...-indicó volviendo acariciar aquel nombre grabado. Entonces algo le llamó la atención, algo que estaba en su palma.

Alejó su mano de la tumba y con curiosidad la abrió, encontrándose con que en ella había escrita una serie de números con tinta.

718

-¿718? ¿Qué es esto...?-murmuró para sí misma mirando extrañada aquellos números ¿ya los traía consigo cuando estuvo en ese montacargas? Ni se había fijado.

Entonces escuchó una rama romperse a su espalda.

Cuando se giró en dirección al sonido todo cuanto vio fue un cuerpo precipitarse contra ella y acto seguido el doloroso impacto de una embestida y el golpe contra el suelo de su cuerpo junto a otro más grande sobre ella. Alterada comenzó a revolverse para quitarse de encima a su atacante pero fue reducida en cuanto unos brazos la rodearon y quedó pegada al cuerpo ajeno.

-¡Ya te tengo!-gruñó aquel chico que luchaba para mantenerla controlada-¿De verdad te pensabas que no iba haber nadie vigilando?

La chiquilla gritó, arañó y pataleó intentando liberarse, retorciéndose todo cuanto podía, pero aquel chico era más grande y más fuerte que ella. La mantenía atrapada con esos brazos y casi sentía que se le iba el aire con toda la fuerza que estaba ejerciendo sobre ella.

-Tranquilízate ¿quieres, pequeño shank escurridizo?-gruñó aquel tipo, pero la muchacha no estaba nada dispuesta a rendirse sin presentar batalla; se retorció con mayor vehemencia, dando patadas y codazos, incluso consiguió darle un mordisco en el brazo, ganándose un buen golpe en la cabeza por parte del otro para que lo soltara. El captor pareció decidir que ya tenía suficiente por lo que de un impulso se puso de pie y dejando escapar un gruñido, se puso a su presa bajo el brazo y comenzó a caminar fuera del bosque, ignorando todos los intentos de la menor por encontrar su libertad.

No dejó de luchar en todo el trayecto que estaba haciendo su captor, alterándose cada vez más con cada paso que daba alejándola de aquel espacio lleno de árboles que le habían dado algo de seguridad desde que estaba en ese lugar.

-Le has capturado, Newt.-oyó a alguien decir a lo lejos pero poco y nada le importaba el nombre de ese tipo, todo lo que quería era que la dejara en el suelo.

Siguió revolviéndose todo cuanto pudo, pero al final, aquel tipo pareció decidir que era hora de soltarla, dejándola caer en una especie de hoyo. De nuevo cayó mal dándose de bruces contra el suelo y sintiendo arena en su boca ¿cuántas veces iban ya? Escupiendo, alzó la mirada encontrándose con que la habían encerrado en un sitio con cierta profundidad y con varias rejas de madera para que no pudiera salir. Y justo en lo que parecía ser la puerta, vio al mismo chico que la había descubierto antes cuando estaba en la copa del árbol.

Mierda, ¡si que había vuelto a buscarla!

-Has causado muchos problemas, verducho-señaló aquel muchacho que le sonreía con burlona condescendencia.-Y aunque has sido un digno rival siento decirte que vas a tener que quedarte ahí dentro un ratito hasta que estemos seguros de que no muerdas, aunque ya sea un poco tarde para eso.-señaló una marca de dientes que tenía en uno de sus antebrazos, internamente la muchachita se auto felicitó por ello ¡que vieran que sabía dar batalla!- Nadie tiene ganas de seguir los pasos de Ben.

El chico del acento curioso parecía lo bastante divertido con la situación...qué alegría la suya.

-Tengo que ir a informar al que está al mando aquí, pero no te preocupes, vendré a visitarte muy pronto. No causes problemas mientras no estoy ¿quieres?-se despidió de una manera que la muchacha interpretó como burlona y aquello la hizo sentirse muy irritada.

Cuando se quedó sola, miró a su alrededor buscando alguna forma de salir de aquella jaula. Era un sitio bastante profundo en donde a duras penas llegaba la luz, aunque suponía que eso tenía más que ver con la altura de esos muros tan altos que había visto que la profundidad de ese hoyo. Tomó carrerilla y se impulsó hacia las rejas, pero sólo acabó cayendo duramente sobre su trasero, levantando una polvareda que la hizo toser. Era inútil intentar llegar hasta las rejas, era demasiado baja para poder alcanzarlas...Suponía que era de esperarse, ese lugar parecía una especie de ¿cárcel? Si, algo así, tenía sentido hacer un agujero profundo para que costara llegar a los barrotes de madera con todos esos chicos de a saber cuánta altura. Frustrada, dio un puñetazo contra el suelo, haciendo que se levantara un poco más de polvo.

¿Cómo narices había podido pillarla de aquella manera? Mierda, si no hubiera estado tan centrada en adecentar aquella tumba, tal vez le hubiera visto venir, habría tenido tiempo de salir corriendo y volver a esconderse.

Pero al parecer se le había olvidado el minúsculo detalle de que estaba siendo perseguida por un grupo de desconocidos que no tenía ni idea qué pensaban hacer con ella, sobre todo luego de haber noqueado a uno de los suyos.

-Oye.

Aquella nueva voz le hizo dar un bote en el sitio haciéndola ponerse en pie de un salto y retrocediendo hasta que su cuerpo chocó con una de las esquinas de esa cárcel y, una vez más, se sorprendió a si misma al sentir que se había llevado la mano a su espalda.

-Tranquilo, no te asustes, no voy hacerte daño.-dijo esa voz y al alzar la mirada pudo encontrarse con unos bondadosos ojos castaños que la observaban con compresión. Aquella mirada la hizo ruborizarse un poquito.

-No deberíamos estar aquí ¿sabes? Alby podría llamarnos la atención.-habló otra voz pero esta vez la muchacha no pudo ver de dónde procedía, tal vez era alguien que acompañaba a ese chico de ojos bondadosos pero que estaba fuera de su campo de visión.

-Cálmate, Chuck, esto es importante.

-Ya has visto cómo estaba cuando lo trajo Newt. Puede atacarte a ti también si bajas la guardia.

-Chuck, por favor, que no es un animal ¡Está asustado! Y encerrarlo no va ayudar a que confíe en nosotros.-entonces volviendo a suavizar su voz, clavó sus ojos en ella una vez más.-¿Tienes hambre? No has comido nada desde que llegaste.

Nada más hacer mención de ello, la pequeña sintió que las tripas le gruñían pero no hizo comentario al respecto, no se sentía nada segura estando ahí metida y el otro hablándole como si fuera un animalito asustadizo.

Entonces algo cayó dentro de la prisión y cuando vio que se trataba de una manzana se quedó mirando extrañada como ésta rodaba en su dirección hasta chocar con sus pies.

-Sé que no es mucho, pero supongo que es mejor que nada.-se excusó el chico

La muchacha observó la fruta y luego al chico, lo hizo varias veces como si estuviese pensándose si era buena idea aceptar su gesto o no. Finalmente se encogió de hombros, decidiendo que no tenía mucho que perder y tomando la manzana entre sus manos le dio un buen mordisco. El sabor dulce del zumo que le recorrió toda la boca le supo a gloria, tanta era su hambre, a la que había estado ignorando hasta ahora, que no se paró a pensar en modales cuando su mandíbula se cerró de nuevo sobre la fruta, dando sonoros bocados uno tras otro.

El chico no comentó nada mientras la veía comer, algo que la pequeña agradeció, no tenía ganas de mostrarse tímida ante aquel muchacho por su falta de modales.

-¿Crees que ahora que tienes el estómago un poco más lleno puedes atender a lo que voy a decirte?-preguntó el chico apoyando sus brazos sobre las rejas y a su vez hizo lo mismo con su cabeza para mantener el contacto visual. La chiquilla no contestó, solo le devolvió la mirada sin dejar de morder la fruta, aquello hizo que el chico lo tomase como una afirmación.-Entiendo que estés asustado. Créeme que te entiendo perfectamente. Hace apenas dos días yo estaba como tú-al decir eso, ella dejó de comer mirando con sus grandes ojos achocolatados aquel chico.-Yo también desperté en esa Caja, no sabía cómo había llegado hasta allí y de pronto acabé en este lugar con un montón de desconocidos. Reaccioné mal, intenté huir y acabé metido en el mismo agujero en donde estás tú.

La chiquilla bajó lo que quedaba de fruta, acabando ésta en su regazo mientras procesaba lo que el chico estaba contándole.

-Tienes que saber que no eres el único. Todos los que estamos aquí hemos pasado por lo mismo que tú. Todos se han visto en esa Caja sin saber cómo y todos han llegado a éste lugar sin saber por qué. Nadie recuerda nada antes de llegar a este sitio y no eres el primero ni serás el último que reaccione mal luego de haber salido de esa Caja. Así que no tienes que preocuparte, aquí nadie es tu enemigo ni nadie quiere hacerte daño-al sentir cómo estaba mirándola, la pequeña frotó su brazo incomoda, no sabiendo si debía decir algo o si eso podría provocar algo malo para ella, no tenía claro si podía confiar en esos chicos.-Newt te ha metido aquí por precaución, hasta que te calmes. Así ni te harás daño ni harás daño a nadie. Pero es necesario que empieces a mantener la calma si quieres salir de este agujero. Yo puedo ayudarte, hablar a tu favor frente a los demás y te aseguro que todo estará bien con ellos-indicó el chico antes de soltar una pequeña risa.-Pero supongo que esto te sería más fácil si alguien entablara una conversación amistosa en vez de estar dándote caza por el bosque...supongo que ése voy a tener que ser yo. Así que...¡Hola! yo me llamo Thomas, y éste de aquí es Chuck-señaló a su lado haciendo que tímidamente se asomase la cabeza de un muchachito de mejillas redondeadas.

La pequeña lo miró parpadeante, sorprendida de ver a alguien tan joven entre tantos chicos mayores, no pudo fijarse si ese muchachillo estaba entre la multitud que fue a recibirla o si estaba en otro lado ¡Dios, era apenas un niño!

Esbozó una sonrisa, intentando verse amigable y le saludó moviendo la mano.

-Hola, me alegro de conocerte.-saludó Chuck devolviéndole el gesto y riéndose un poco.

-¿A que ya no te parece tan salvaje?-se mofó el chico de los ojos bondadosos ganándose una fulminante mirada por parte del otro.-Imagínate lo que debe pensar él de nosotros luego de perseguirle y encerrarle. Intentemos no juzgarle ¿vale, Chuck?

La pequeña permaneció en silencio, observando curiosa los ojos ajenos, los sentía cálidos y aquello le daba un poco de seguridad.

-Lo siento...esto...¿puedes hablar?-preguntó entonces el chico al parecer avergonzado de no haber pensado en ese detalle. Ante su pregunta la muchacha asintió con la cabeza.-Bien...eso está bien...¿Te acuerdas de tu nombre? ¿De dónde eres?

Ella miró hacia los lados, como si todavía se sintiese insegura sobre si debería responder al chico. Thomas por su parte se dio cuenta de que seguía sin poder confiar en él e intentó pensar en algo que pudiera aligerar la tensión que parecía sentir el menor. Miró hacía los lados, pero no tenía nada a mano que pudiera serle útil para tratar con un niño pequeño e intuía que pedirle ayuda a Chuck no sería buena idea si éste también parecía tener las defensas altas con respecto al nuevo.

Haciendo lo primero que se le vino a la cabeza, Thomas se agarró ambas manos dejando una pequeña abertura entre sus pulgares, y cuando se acomodó en el sitio tomó aire y sopló. Como resultado un suave silbido, que recordaba al gorjeo de un pájaro, salió de entre sus manos.

La de ojos castaños alzó la mirada, encontrándose con el chico haciendo un gesto extraño con las manos mientras de ellas salía un curioso sonido. Era como el de un pajarito, y ver aquel chico tan grande interpretando un sonido que haría un animalito tan pequeño, mientras movía una de sus manos y se le hinchaban y deshinchaban las mejillas no hizo otra cosa que hacerla esbozar una sonrisa. Las muecas del chico eran muy divertidas pero tras varias tonadas en las que Thomas jugó alargar el sonido o de hacer breves pausas de tiempo, finalmente la pequeña no pudo evitar reír.

Escuchar la suave risa infantil, la cual intentaba ser silenciada de manera inútil, hizo que Thomas se le iluminaran los ojos.

-¡Hey! ¡Al fin me sonríes, eso es estupendo!-celebró Thomas encantado de escuchar la risa infantil.

La muchacha parpadeó varias veces al darse cuenta de que había conseguido hacerla reír pero lejos de sentir incomodidad acabó sintiéndose más confiada con la presencia de aquel chico por lo que se animó a incorporarse del sitio en donde estaba y, perdiendo el miedo inicial, se acercó todo lo que pudo para acabar alzando la mano hacia él. Thomas, al comprender que era lo que quería de él, metió sin dudarlo su propia mano entre las rendijas.

-Thomas, ten cuidado...-musitó Chuck desde su posición al ver a su compañero exponerse de esa manera, a pesar de ver simpatía en la mirada achocolatada, aun no se sentía confiado de las reacciones que pudiera tener.

-Tranquilo.-dijo al mismo tiempo que alcanzó a tomar la mano ajena, que la sintió diminuta entre sus dedos, y un poco pegajosa debido al jugo de la manzana.

Al sentir aquel calor humano y aquella conexión de entendimiento, ambos no evitaron sonreírse. La chiquilla abrió ligeramente los labios.

-...ara.

-¿Perdona? No te he oído bien.

-Chara.-aclaró alzando más la voz para que la oyera.-Mi nombre es Chara.