El silencio reinaba entre los clarianos mientras se forzaban a sí mismos a comer la cena que Frypan tanto se había esforzado en hacer esa noche. Ninguno tenía ganas de comer, pero desperdiciar alimentos era algo que no era posible contemplar cuando llevaban una vida con recursos tan limitados y que todo dependía de sus labores; toda comida que pudieran consumir al día era poca. Chuck se encontraba jugueteando con su plato de comida, sentado entre Jeff y Winston mientras lanzaba miradas de soslayo hacia las puertas cerradas que daban al Laberinto.
El más joven de los clarianos recorrió con su vista a su alrededor, observando al resto de sus compañeros. Sus caras eran un fiel reflejo de lo que pasaba por sus mentes; todos estaban muy preocupados por lo que iba a pasar de ahora en adelante ahora que no podían seguir contando con Alby. Habían puesto sus vidas en manos de Newt pese a que todos eran conscientes de que él no era un líder, no al menos uno que pudiera ejercer con todo lo que acarreaba el cargo, sin embargo, de momento era lo más cercano a un líder que tenían y que necesitaban.
Pero Chuck era bien consciente de que eso podía acabar más pronto que tarde. Newt era un buen segundo al mando, pero solo eso, no tenía lo suficiente para ser un líder ni siquiera uno que se acercara a Minho cuando lideraba a los corredores, y si él no cumplía con las expectativas que todos ponían sobre él, la jefatura del Claro recaería en el siguiente clariano más antiguo después de Newt.
-"Gally"-pensó Chuck echando una rápida mirada en dirección en donde se encontraba en constructor, que estaba centrado en su plato de comida y marear los guisantes con el tenedor, perdido en sus pensamientos manteniendo el ceño fruncido.
Gally era un chico de carácter fuerte y firme, y Chuck estaba convencido de que podría llegar a ser muy buen líder si se lo propusiera pero carecía de algo que tanto Alby como Newt poseían de sobra; y eso era la capacidad de sobreponerse al miedo. Gally pese a su fuerza y su capacidad de liderazgo no tenía control sobre sus emociones, era todo temperamento e impulsividad generado por su miedo al Laberinto, a los Creadores y todo cuando se trataba de pasar más allá de las puertas de piedra. El miedo le tenía tan controlado que no era capaz de pensar en otra cosa que no fuera el evitar salir allá fuera.
Aquello era preocupante, y Chuck sabía que si Gally asumía el mando en el Claro estarían todos condenados a no salir jamás de ese lugar. Se limitaría a hacerlos sobrevivir dentro del Claro en el día a día hasta que los Creadores tuvieran otros planes para ellos. El constructor no contemplaba la idea de marcharse de ese lugar con el Laberinto y los Laceradores de por medio, como tampoco pensaba en la posibilidad de que los Creadores no tuvieran la intención de dejarlos vivir allí tan ricamente el resto de sus vidas, porque seamos realistas ¿para qué iban a mandarlos a ese lugar? ¿Con qué propósito? No lo sabía, pero el construirse allí una especie de tribu estaba convencido de que no.
Pero no era menos cierto que Gally era poseedor de una presencia y una voz de mando que imponía respeto, y ahora con la desaparición de Alby, los clarianos no tardarían en contemplarlo como su mejor opción para guiarlos en cuanto todos terminaran de convencerse de que Newt no era apto para el puesto.
-"Thomas, por favor, tienes que regresar"-pensó Chuck apretando la mandíbula clavando sus ojos en las puertas pétreas.-"Debes volver por todos nosotros. Te necesito, Newt te necesita...todos nosotros. Mantente vivo y regresa ¡regresa maldito garlopo miertero!"
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No sabía por cuánto tiempo había estado corriendo pero la verdad es que tampoco se paró mucho a pensarlo y menos cuando tenía a semejante insecto mitad mecánico pisándole los talones.
Había conseguido algo de ventaja luego de haberse jugado el tipo al lanzarse desde lo alto de un muro en dirección a la pared con enredaderas que estaba enfrente. Reconocía que no fue su mejor idea pero ¡demonios! Estaba siendo perseguido, no podía pararse a pensar en mejores planes, pero al menos la suerte parecía tener piedad por él porque había conseguido zafarse de ese bicho en medio de todas esas enredaderas, incluso había esquivado aquel extraño aguijón que se había sacado de algún lugar de su cola. Y ahora volvía a estar corriendo, huyendo de esa bestia mientras ésta intentaba quitarse de encima las plantas que se le habían enredado por su cuerpo durante la caída.
Pero que poco duró su distracción, porque apenas estuvo liberado volvió a tenerlo detrás, dispuesto a darle caza, mientras él iba haciendo zigzag dando la vuelta a cada esquina que encontraba. Ese bicho era rápido pero al menos podía contar con que no era demasiado ágil, su exceso de peso no le permitía serlo.
De repente sintió como se chocaba contra algo, y cuando estuvo a punto de echarse para atrás contempló el rostro de Minho, que lo miraba con los ojos desorbitados ¿de dónde había salido?
-¡Estás como una cabra!-exclamó sacudiéndome los hombros.
En otras circunstancias, seguramente Thomas habría lanzado un balido solo por hacer la broma, pero el chillido y los pesados pasos del Lacerador les hicieron voltear a mirar a ambos chicos antes de lanzarse de nuevo a la carrera a intentar despistarlo.
-¡Por aquí!-indicó Minho sin dejar de correr mientras Thomas le seguía de cerca.-¡Mira! ¡Por aquí el Laberinto está cambiando! ¡Podemos despistarlo!-señaló un pasillo que comenzaba a cerrarse debido al cambio de estructura del Laberinto.
Minho no se lo pensó dos veces antes de cruzar el pasillo a toda velocidad pero Thomas se quedó rezagado contemplando el pasillo mientras una loca y descabellada idea se formaba rápidamente en su cabeza. Minho por su parte nada mas terminó de cruzar el pasillo se detuvo en su carrera y al voltear y ver que Thomas no le había seguido perdió el color en su cara.
-¡¿Qué estás haciendo?! ¡Vamos!-gritó Minho desde su posición haciendo gestos con sus brazos viendo que el pasillo iba haciéndose más estrecho.
Pero Thomas no se movió, se quedó quieto donde estaba hasta que su visión conecto con la del enfurecido Lacerador que volvía hacer acto de presencia al doblar una de las esquinas del pasillo. Thomas casi gruñó al ver a la espantosa criatura pero esta vez, lleno de una valentía que no sabía de donde le venía, se encaró hacia ella;
-¡VAMOS!
El Lacerador chilló y apretó el paso para perseguir a Thomas, quien echo a correr en dirección hacia Minho, el cual no paraba de gritar y hacer aspavientos con los brazos animando a su compañero a que llegara con él. Thomas corrió todo lo que le permitían sus piernas, escuchaba al monstruo detrás de él, cada vez más cerca, su estridente chillido, el ruido de sus patas golpeando reiteradamente la piedra bajo sus pies, el sonido de la pared moviéndose haciendo el pasillo cada vez mas y mas estrecho, los gritos desesperados de Minho animándolo a correr más rápido hacia él.
Thomas no miró atrás pero sentía al Lacerador demasiado cerca de él, tanto que pudo sentir aquellos dientes a punto de rozarle la nuca, la pared más y más estrecha y Minho estaba por desaparecer en cuanto la pared terminara de cerrarse.
Entonces, justo cuando el Lacerador estaba por cerrar la mandíbula a su cuello, Thomas dio un fuerte impulso hacia delante cayendo justo sobre Minho que lo atrapó con los brazos cayendo juntos al suelo, y lo siguiente que se escuchó fue un desagradable sonido gelatinoso seguido de un último chillido menguante por parte del Lacerador.
Ambos muchachos se quedaron tirados en el suelo boca arriba, separándose el uno del otro mientras sus jadeos les subían y baja el pecho a un ritmo acelerado. Se miraron entre ellos y una débil sonrisa empezó a esbozarse en sus rostros, no dando crédito a que aún estuvieran vivos y enteros. Entonces un olor húmedo y penetrante les llegó a las fosas nasales haciéndoles recobrar la consciencia de que tal vez todavía no estaban a salvo.
Se levantaron de manera acelerada y torpe, mirando en estado de alerta el lugar por donde Thomas había salido encontrándose con que la pared no se había cerrado del todo dejando ver un pequeño resquicio por donde salía una de las patas del Lacerador mientras por el suelo se iban desperdigando una sustancia viscosa junto a un montón de vísceras cuya visión y olor provocaban nauseas en ambos chicos, que tuvieron que tragar duro para no echar la papilla ahí mismo.
-Esto es asqueroso...
-Vuelvo a decirte, verducho; estás como una cabra.-reiteró el corredor mirando al novato con una media sonrisa pese a que su respiración seguía siendo agitada.
Thomas por su parte le devolvió el gesto pero sus ojos volvieron hacia el Lacerador muerto, sintiendo que no había visto nada más repugnante en su vida ¡era imposible que esa cosa fuera natural! ¿De dónde narices había salido? ¿Esto era lo que tan acobardados tenía a todos en el Claro? Los afilados dientes del monstruo le llamó la atención, eran finos y afilados, y parecían componerse de algunas filas siendo unos dientes exteriores los que poseían un aspecto más cartilaginoso, tal vez con la función mas de apresar que de mascar ¿y a qué venían esas patas mecánicas? ¡Si hasta podía ver algunos cables saliendo de ellas!
"Dios, pobres chicos" pensó para sí mismo al recordar que varios chicos habían muerto devorados por aquellas cosas. Qué forma más horrible de morir.
-Oye, deberíamos irnos-propuso Minho tomándolo del brazo al sentir que el chico se había perdido en sus pensamientos mirando al Lacerador.-Es increíble lo que has hecho, pero éste bicho tiene amigos y creo que tú y yo ya hemos tenido suficientes Laceradores por una noche...o por el resto de nuestras vidas.
Thomas lo miró parpadeante, aun algo desconcertado de poder ver tan de cerca aquel ser monstruoso que había estado tan cerca de matarlo.
-Si...si, es mejor que nos larguemos de aquí. Tenemos que volver con Alby.
-¡Oh, dios, Alby!-exclamó Minho al recordar a su líder, y horrorizarse al pensar en que le había abandonado a su suerte.-¿Aún está vivo?
-Conseguí engancharle bien en las enredaderas después de que te marcharas. Aunque reconozco que fue una suerte que el Lacerador no...lo...viera...-murmuró lentamente la última parte mientras, de nuevo, su mente parecía irse para otro lado.
-¿Thomas...? ¡Eh!-sacudió el otro tomándolo por el hombro.
-El Lacerador no vio a Alby.-repitió con un tono de voz bajo, como si se lo estuviera diciendo a sí mismo en vez de al corredor.-Tenemos que volver... ¡tenemos que volver rápido!
-¡Ey! ¡Thomas, espera!-exclamó Minho al ver al verducho echar correr, siguiéndolo sin pensárselo dos veces.-¡¿A qué viene esto?! ¡Thomas, espera, al menos deja que yo guíe el camino! ¡Que tú no conoces el Laberinto!
-¡Vamos, Minho! ¡Hay que darse prisa!-gritó Thomas sin parar de correr.
No tardaron más que unos cuantos minutos en rodear los muros para llegar al punto en donde estaba Alby, ambos chicos se apresuraron en revisar las enredaderas y suspiraron de alivio al ver que su líder seguía ahí, inconsciente pero vivo y totalmente ileso.
-Es un milagro que el Lacerador no lo hubiese visto.-sonrió Minho sintiendo un tremendo alivio en su pecho al ver a Alby a salvo.-Pero aun no estamos a salvo y no deberíamos tentar a la suerte, otros Laceradores pueden haberse sentido atraídos por el escándalo que hemos hecho, deberíamos intentar buscar un sitio en donde...¿Thomas? ¿Me estás escuchando?
Thomas se había quedado observando por los alrededores, pensando en el momento en que se había ocultado bajo las enredaderas y visto al Lacerador rondar cerca de él. Era imposible que no hubiese visto a Alby, esas cosas estaban hechas para que pudieran correr, trepar y engancharse a las rocas, no le parecía lógico que hubieran pasado por alto la presencia de Alby entre las enredaderas, que aunque pensó que era una buena idea, la realidad es que no estaba precisamente bien escondido. Pero a pesar de todo no lo vio ¿Por qué?
-"No pudo verlo"-pensó repasando la escena una y otra vez, hasta que un golpe de comprensión le vino a la mente al reproducirle un suave sonido.-"Algo le distrajo"
-¿Thomas? ¿Qué pasa?-cuestionó Minho al darse cuenta que el novato había comenzado a caminar y mirar hacia delante, como si estuviera buscando algo.
Thomas por su parte observó el lugar detenidamente, pensando lo que podría haber causado la distracción del monstruo, entonces una pequeña idea cruzó por su mente. Era una idea loca, y que con toda probabilidad podría estar equivocado pero fue suficiente para llevarse las manos a boca, juntándolas y al soplar entre los dedos pulgares dejar salir un suave silbido.
-¡¿Qué haces?!-exclamó Minho palideciendo y corriendo donde Thomas para sostenerle las muñecas.-¿Estás loco o qué te pasa?
Pero Thomas se zafó del agarre sin cuidado alguno y repitió el sonido.
-¡Para! ¡¿Es qué quieres atraer a otro Lacerador?!-pero solo recibió un gesto por parte del novato, pidiéndole guardar silencio.
-Hay alguien aquí.-indicó Thomas con un tono de voz bajo, Minho parpadeó confuso ante su declaración.
-¿Alguien...? ¿Quién podría haber aquí?
-Escucha.
Ambos chicos guardaron silencio y pudieron escuchar que cerca de ellos un sonido metálico que parecía estar rozando una superficie rocosa, era muy débil y apagado, algo que definitivamente no procedía de un Lacerador. Comenzaron a caminar despacio, buscando el origen de ese sonido, cuando éste dejaba de escucharse, Thomas volvía a lanzar un silbido con sus manos y de nuevo volvía aparecer.
Minho no podía entender nada, pero estaba sorprendido de que ese sonido se produjera cuando su compañero silbaba de aquella manera, por su parte, Thomas sentía su pecho calentarse cada vez que este hecho ocurría y lo repetía varias veces, de forma suave y larga para que el sonido perdurase más tiempo y poder localizarlo.
Entonces, al doblar una esquina sus ojos bajaron hacia las faldas de una enredadera y lo vio; un pequeño cuerpo ocultándose entre las hojas.
-¿Pero qué coño...?-dijo Minho.
Rápidamente, Thomas se lanzó hacia el lugar y al apartar las enredaderas encontró a un niño que movía un cuchillo contra la pared haciendo aquel sonido que había distraído al Lacerador. Y Thomas reconocía a ese niño.
-Chara.-susurró con la voz quebrada por la emoción. Estaba vivo ¡Chara estaba vivo! ¡Dios santo, estaba vivo!
-No puede ser...-susurró Minho con los ojos abiertos como platos sin poder creerse estar viendo al mismo crío que se había lanzado de cabeza al interior del Laberinto.
Sin perder tiempo, Thomas arrancó las enredaderas que le estorbaban para tomar al menor en brazos y sacarlo de aquel escondite, sin poder evitar que la sonrisa se le remarcara en cuanto escuchó al pequeño quejarse por hacerlo. Estaba hecho una autentica mierda. El cabello completamente enmarañado, la ropa rasgada, el brazo derecho ensangrentado, grandes bolsas oscuras bajo sus ojos, moratones y cortes repartidos por toda la cara y la piel sudorosa y caliente; pero estaba vivo, estaba respirando.
-Chara...
-¿T...Thomas...?-susurró la débil vocecilla del menor que entreabría los ojos para mirar a la persona que estaba sosteniéndolo-¿Eres...tú?
-Soy yo. Hola, enano, parece que has tenido una noche complicada.-comentó Thomas intentando que no se notara el nudo que se le había formado en la garganta.-Está muy feo eso de que te vayas de fiesta y que no invites a los amigos ¿sabes?
La pequeña echo una débil risa ante la ocurrencia del mayor, sintiendo una alegría inmensa de volver a ver aquellos bonitos ojos bondadosos ¡sabía que Thomas iría a buscarla! ¡Lo sabia!
-Me encontraste...-sonrió la pequeña mostrando una dentadura la cual ahora le faltaban tres dientes de leche.
-Te encontré...-asintió abrazándolo con cuidado, dejando escapar un sollozo sin que le desapareciera la sonrisa, Chara intentó corresponder el gesto pero estaba tan debilitado que el sólo de intento de moverse le hizo sisear ante el dolor de su brazo-Hay que llevarle a un lugar seguro.
-Aquí no hay lugares seguros, Thomas.-le recordó Minho acercándose a los dos para apreciar el lamentable estado del menor.-Nadie sobrevive una noche al Laberinto por algo.
-Bueno, nosotros seguimos vivos.-indicó Thomas para después señalar con un gesto en la cabeza al niño.-Y él lo ha conseguido mantenerse con vida durante dos noches. Así que podemos decir que hemos echado a perder la estadística.
Entonces un nuevo chillido los hizo estremecerse en el sitio. Más Laceradores se escuchaban en la lejanía.
-No cuentes con ello todavía.-susurró tomando el brazo de Thomas para hacerlo levantarse de donde estaba aún con el niño entre los brazos, fijándose entonces que el menor se aferraba aquella arma.-¿Ése es el cuchillo de Alby?
-Alby tuvo que habérselo dado cuando le hizo la visita guiada, ya sabes, para que grabara su nombre en el muro junto al de los demás.
Minho asintió pero se detuvo a observar al menor que sudaba y jadeaba con dificultad mientras tenía la mirada perdida en algún sitio ¿en serio el crío había sobrevivido casi dos noches enteras con tan solo un cuchillo? Recordó el momento en que Ben fue exiliado, que el crío parecía haberse vuelto loco de repente y se fue directo al interior del Laberinto atacando con furia a todo aquel que se había interpuesto en su camino. Hiriendo a los otros clarianos con aquel cuchillo...Hiriendo el brazo de Newt con ese mismo cuchillo que pertenecía a Alby ¿de verdad era humanamente posible sobrevivir a los Laceradores siendo un crío y solo con un cuchillo? Minho quería mantenerse escéptico ante ese pensamiento pero tenía ante él la prueba de su posibilidad, más sin embargo, viendo su estado no era capaz de darle toda la credibilidad que Thomas parecía estar dándole sin más.
-"Ha sobrevivido hasta ahora"-pensó para sí mismo mirando el penoso estado del menor.-"Pero no sé por cuánto tiempo va aguantar. Ni siquiera estoy seguro que vaya a poder pasar de esta noche"
-Hay que llevarle a un lugar seguro.-repitió Thomas notando la cantidad desmesurada de calor que emanaba el diminuto cuerpo.
-Oye, verducho enano.-intervino dirigiéndose al menor, que a duras penas podía mantener sus ojos abiertos.-¿Has estado todo este tiempo a la intemperie o has podido encontrar un refugio?
Chara pareció murmurar algo, sin embargo, solo un quejido pudo salir de sus labios.
-Vamos, Chara, si sabes de un sitio tienes que guiarnos.-animó Thomas.
-B...B...
-¿Si?
-...B...Ben...-susurró señalando con su dedo hacia una dirección.
Minho sintió un escalofrío recorrerle la espina dorsal en cuanto sus oídos lograron captar ese nombre. Thomas miró alternativamente el camino por el que Chara señalaba y la cara que había puesto el corredor, pero el chillido de los Laceradores les apremiaba a seguir en su camino ante la amenaza de tener que volver a vérselas con uno de ellos por lo que Thomas tomó del hombro al corredor para hacerle reaccionar.
-Las preguntas para otro momento ¿de acuerdo?
Minho tragó saliva y volviendo a cobrar consciencia del peligro en el que se encontraba, asintió. Aún no estaban a salvo.
Ambos chicos retrocedieron en sus pasos para poder ocultar mejor a Alby entre las enredaderas, asegurarse de esa manera de que los Laceradores no le vieran. No podían llevárselo con ellos, Alby era un peso muerto con el que era imposible de cargar a esas alturas, estaban exhaustos como para hacerlo, y en caso de tener que volver a correr no podrían cargar con él y terminarían teniendo que abandonarlo a merced de esos monstruos, y Thomas no estaba dispuesto a ello, por tanto la mejor opción era dejar al líder de los clarianos donde estaba y todo cuanto podían esperar que no se despertara y comenzara a armar escándalo que pudiese atraerlos. Dios, esperaban de verdad que no se despertara porque no tenían más opción que esa.
Habiendo apañado ya la situación de Alby, los chicos siguieron el camino que guiaba el menor. De vez en cuando, Thomas tenía que sacudirlo o darle unas suaves cachetadas en la mejilla para que no se durmiera, era complicado, Chara estaba muy enfermo, herido, hambriento, exhausto y deshidratado, pero Thomas estaba decidido a no permitir que el niño muriera ahí, si había podido mantenerse con vida dos noches en el Laberinto tenía que ser capaz de aguantar aquello. No podía dejar que se rindiera.
-Vamos, pequeñajo, sé que puedes hacerlo.-le animó Thomas a su oído sin dejar de correr mientras Minho lo seguía a su vera.
Finalmente llegaron a un camino sin salida, y cuando Chara les indicó que debían escalar hasta lo alto de aquel muro, los chicos ya se hacían una idea del cómo habría sobrevivido el niño. Thomas se acomodó a Chara a la espalda, asegurándolo con unas enredaderas atadas en su cuerpo para evitar que se cayera, y ambos chicos comenzaron a escalar hasta arriba de aquella pared, los sonidos de los Laceradores les ponían nerviosos pero aún los escuchaban demasiado lejos y aquello les daba algo de margen para llegar a la cima de forma segura.
Cuando llegaron arriba, lo primero que contemplaron fueron unos escombros, unos que formaban montículos de rocas que parecían estar huecos.
-Así que...así pudiste sobrevivir, chico listo.-halagó Thomas al ver el lugar, el niño había elegido ese lugar, a las alturas, con buena visión de la zona para vigilar si los Laceradores estaban cerca, tenía un lugar en donde ocultarse y que no lo vieran.
Pero Minho no estaba convencido del lugar, menos aun cuando un penetrante olor invadió sus fosas nasales que le hizo poner una mueca de desagrado, algo que Thomas tampoco tardó en detectar cuando se acercó al lugar. El corredor se metió al interior del montículo, en donde pudo percibir que el olor era más fuerte pero apenas se asomó y descubrió lo que había ahí dentro dio un grito de espanto y cayó sobre su trasero alejándose todo lo posible.
-¡Ey, Minho! ¿Qué ocurre?
-E...Es Ben.-señaló Minho estupefacto con la mandíbula temblándole ante lo que había visto señalando el lugar con el dedo.
Thomas, con una expresión de desconcierto, se apresuró en ir a comprobarlo y al ver el cuerpo del corredor exiliado, junto al pestilente olor que éste emanaba, se vio obligado volver a salir del montículo sintiendo que se le revolvían las tripas. Aquel olor era nauseabundo, no podía meterse en ese lugar con el niño.
-Sostén a Chara un momento.-dijo Thomas pasando al niño a los brazos de Minho antes de volver a introducirse en el interior del montículo, esta vez aguantando la respiración.
Y ahí lo encontró; Ben. Estaba atado de pies a cabeza con un montón de enredaderas de las que apenas dejaban ver el resto de su cuerpo, los pies y las manos atadas dejándolos en posición de cruz, su piel estaba en una tonalidad morada causada por la cantidad de venas negras que habían consumido su cuerpo, la boca manchada con un residuo negro adherido a la piel de sus labios y su barbilla ¿Chara había pasado la noche anterior junto al cadáver de Ben? El pensar que el niño había pasado por eso le revolvió aún más las tripas.
Thomas le hizo un rápido examen, al encontrar signos de que la cara y el estomago comenzaban a hincharse debido a los gases y que todo se estaba concentrado en un lugar poco aireado, calculaba que Ben debía de llevar muerto al menos un día entero y la descomposición ya estaba comenzando a demacrar el cuerpo, tal vez incluso la infección estaba acelerando el proceso. Thomas apretó los ojos impotente ante el final del aquel muchacho sin embargo, algo llamó su atención;
Vio un líquido oscuro en el suelo, junto a la cabeza de Ben, temeroso se acercó a revisar de qué se trataba y acabó encontrándose con la imagen de un orificio en la sien y un montón de sangre esparcida por el suelo. A Ben le habían apuñalado en la cabeza, con algo afilado y alargado por lo que podía apreciar por el tamaño de aquella herida, hecha a muy poca distancia. Era imposible que aquello lo hubiera provocado un Lacerador, ya no solo porque esos bichos si atinaban a la cabeza la reventaban con toda seguridad, sino porque de haberlo hecho, el cuerpo de Ben no estaría en aquel lugar tan protegido y resguardado. Entonces...
-"No puede ser"-pensó horrorizado mientras su cabeza trabajaba a toda velocidad. Abrumado por lo que acababa de descubrir, lentamente salió de aquel montículo para encontrar a Minho a unos pocos metros de la entrada, el cual estaba aun sentado en el suelo.
Miró al niño, viendo su pecho subir y bajar continuamente, y sus mejillas enrojecidas mientras éste le devolvía la mirada con aquellos entrecerrados y brillantes ojos castaños. No hizo más confirmación que la propia mirada del menor para saber qué era lo que había ocurrido con Ben.
-"Mierda..."-pensó Thomas cerrando con fuerza los ojos. Aquello era demasiado, Chara había tenido que...
-Está muerto-sentenció Thomas acercándose de nuevo al corredor para volver a tomar al niño en brazos, no se sentía cómodo con que Minho lo tuviera consigo, no luego de lo que había descubierto.
-¿No me digas?-cuestionó Minho con su tono sarcástico, mas se evidenciaba la impresión que tenía en su voz, sin oponer resistencia a que Thomas tomara al menor.-Pero...¿Qué hace ahí?...Y...¿Por cuánto...?
-Las preguntas para más adelante, Minho-cortó Thomas-Chara no puede dormir ahí dentro.
-¡Ni nosotros tampoco!-exclamó Minho con sus ojos desviándose hacia el lugar en donde estaba el cuerpo de su amigo. Mierda, no esperaba para nada volver a verlo luego del exilio, menos aun de esta manera.
Thomas lo miró pensando qué debería decir al respecto pero en cuanto volvió a mirar al menor por el rabillo del ojo decidió que lo mejor era no indagar en el tema, no ahora al menos. Tal vez cuando volvieran al Claro intentarían interrogar a Chara por lo que había ocurrido con Ben dentro del Laberinto y entonces Thomas debería intervenir. De momento, era mejor que Minho no examinara el cuerpo de Ben y lo mejor era intentar evadir el tema centrándose en lo importante en ese momento.
-Pero tú mismo lo has dicho, no hay ningún otro sitio al que ir. Creo que vamos a tener que quedarnos aquí hasta que amanezca.
-¡¿Pretendes que nos quedemos aquí junto al cuerpo de Ben?! ¡¿Has perdido la cabeza?!
-No vamos a dormir con Ben. Le dejaremos ahí dentro, nosotros nos quedaremos aquí fuera hasta que salga el sol.-y al ver que el corredor iba a decir algo Thomas se apresuró en interrumpirle.-Tal y como está, Chara no sobrevivirá si duerme en el mismo espacio en el que se está descomponiendo un cadáver, Minho. Nosotros también podríamos contagiarnos de algo si nos exponemos a estas condiciones y ahora mismo no podemos permitirnos estar débiles, no con los Laceradores acechándonos en cada esquina. Y nos guste o no, ahora mismo esto es lo más seguro que vamos a conseguir en este maldito lugar.
Minho rechinó los dientes pero sabía que el verducho tenía razón, y haciendo honor a la verdad, no le apasionaba la idea de recorrer el Laberinto cargando a cuestas con un niño enfermo. Aunque fuera pequeño, era un peso muerto y en caso de necesitar echar a correr suponía un lastre que les ralentizaría, pero la forma en la que su compañero lo acunaba le hacía sospechar que abandonarlo no iba a ser una opción. Echo una mirada a su alrededor. Había una buena vista y era fácil vigilar por donde aparecerían los Laceradores, pero el quedarse a la intemperie no le gustaba para nada, aunque tuvieran buena posición para vigilar ellos también estaban demasiado a la vista.
-N...no vendrán...-ambos corredores se tensaron al escuchar aquella vocecilla y al observar al menor lo encontraron con los ojos entreabiertos, mirando algún punto de manera perdida.-Los Laceradores no vendrán...
-¿No vendrán...?-musitó Thomas.
-No lo harán...no pueden...
-Ey ¿a qué te refieres con eso, enano?-interrogó Minho acercándose un poco hacia Thomas observando al crío, el cual esbozaba una sonrisa.
-Los he visto...los he estado observando...de lejos...todo el tiempo...-intentó hacer una risa pero estaba tan cansada que el intentó lo dejó ahí.
-Chara...¿por qué dices que no van a llegar hasta aquí?
-Ellos...los he estado mirando...de lejos...-repitió con esfuerzo.-Nocturnos, pero tienen mala vista. Se guían mas por el sonido y la vibración del suelo que por los ojos. No tienen ojos, creo.
Entendiendo lo que quería decir, Thomas lo acurrucó mejor en su pecho, Chara no debía esforzarse ahora en decirles nada, necesitaba ahorrar energía para poder pasar la noche. Pero tenía que reconocer que aquella información era valiosa, los Laceradores no tenían buena vista, eso era una ventaja para ellos, al menos así debían estar más pendientes de los ruidos que hacían que el ser visto en sí.
-Thomas...-susurró el pequeño, tomando de la ropa al muchacho con su puño-Ben...Ben...tengo que llevarle de vuelta...
-¿Cómo?
-Se lo prometí...-insistió aferrándose a él con desesperación.-Le prometí que le llevaría a casa...
El pecho de Thomas se encogió ante lo que el pequeño le decía, que le hubiera hecho esa promesa al corredor y le hubiera protegido hasta ahora...
-Thomas...
-Tranquilo, te ayudaré con eso...-le aseguró, tomando suavemente el puño del menor para tranquilizarlo-Por el momento descansa, necesitas ahorrar energía para ponerte bien. Deja que a partir de ahora me ocupe yo de los problemas.
Chara lo miró con una expresión de alivio y restregó su cabeza en el pecho de su salvador, confiándole su promesa. Thomas sonrió conmovido pero pensó que debía hacer algo más para ayudar a que el crío se pusiera mejor lo antes posible. Miró a Minho, que estaba mirando hacia otro lado, vigilando por si aparecía algún otro Lacerador, fijándose en bolsillos que tenía en aquel cruce de peto y arnés de cuero que tenía en el torso.
-¿Tienes algo de comer en esos bolsillos que tienes?-preguntó Thomas llamando la atención del corredor, que lo miró con sobresalto al no esperarse que volviera a hablarle.
-¿En serio en una situación como esta puedes pensar en comida?
-No es para mí. Es para Chara.-indicó frunciendo el ceño ante el tono de sarcasmo empleado por el contrario.-Lleva demasiado tiempo sin comer y creo que cuando llegó al Claro apenas probó bocado-aparte de la manzana que le dio cuando Newt lo metió en el Hoyo, no recordaba que hubiera comido algo antes o después de eso.-Necesita recuperar fuerzas, y si tienes algo de agua también le vendría bien.-al ver como Minho arqueaba una ceja, Thomas dejó escapar un suspiro.-Vamos, Minho, échale una mano.
-Thomas...
Minho quería decirle al verducho que darle comida y agua al niño era un total desperdicio de recursos, saltaba a la vista que el niño estaba muy mal y tenía pocas probabilidades de salir adelante. Pero la mirada seria de su contrario le impedía decirle nada, parecía tan convencido de que el estado del menor era pasajero que el corredor no se atrevía a decirle a la cara que era mejor rendirse con él. Miró hacia el cielo. Iba amanecer en unas pocas horas, y gracias a la luz del día la amenaza de los Laceradores se reduciría y podrían regresar sanos y salvos al Claro.
-"Supongo que es igual"-suspiró el corredor para sí mismo, recordando que él mismo había dado por perdido a Alby nada más ver al Lacerador, no tenía ningunas ganas de volver a quedarse en evidencia ante Thomas que no dudó en quedarse a salvarlo cuando él, que era amigo de Alby, no lo hizo-"Al fin y al cabo, el enano ha sobrevivido dos noches en el Laberinto él solo. Se merece que al menos intentemos darle cuartelillo"
Habiéndose palpado los bolsillos de su chaleco para tomar su comida de emergencias, Minho le pasó a su compañero las barritas energéticas junto a una botella de agua que Thomas agradeció con una sonrisa. Éste acomodó al niño mejor en su regazo para dejarle en una buena posición que le permitiera recibir los alimentos.
-Vamos, Chara, tienes que comer algo.-susurró Thomas acercando la barrita de cereales a la boca del niño, el cual instintivamente apretó los labios en un acto reflejo de rechazo.-Sé que estás cansado y que no te apetece nada, pero es importante que comas o no podrás reponer energías. Vamos, hazlo por mí.
Exhausta, Chara volvió a entrecerrar los ojos para mirar el alimento que Thomas le ofrecía. A esas alturas y en su condición, el hambre era lo único que había dejado de notar pero también era consciente que eso se debía a su malestar y que, quisiera o no, si quería recuperarse debía ingerir lo que se pudiera. Lentamente abrió la boca para darle un pequeño mordisco a la barrita y comenzar a masticar despacio.
Thomas sonrió al verlo cooperativo pero sus ojos se desviaron donde Minho, el cual había sentido un estremecimiento al haber visto la ausencia de algunos dientes en la boca del niño cuando fue a morder la barrita. Thomas sonrió.
-No te preocupes.-intentó animar captando la atención del guardián de los corredores.-Sus dientes son de leche, aunque haya perdido algunos en poco tiempo le crecerán otros más grandes y fuertes.
-Eso sí le llegan a crecer...-siseó Minho pero al ver la cara de incredulidad del verducho se apresuró en rectificar su metedura de pata.-Me refiero, ha tenido que darse un golpe muy bestia para que se le haya salido los dientes, cuesta pensar que puedan crecerle otros luego de perder los de leche por un golpe.
Thomas negó con la cabeza pero no dijo nada. Sabía lo que estaba pensando el corredor; él no creía que el niño fuera a sobrevivir. Miró a Chara, que se encontraba todavía masticando el trozo que había mordido, y comprendía que Minho estuviera escéptico respecto a su supervivencia, sin embargo, para Thomas estaba más que claro que el niño era capaz de superar eso. Había sobrevivido al Laberinto, dos noches, él solo y con un cuchillo, a solas con los Laceradores y a saber cuánto tiempo con un enloquecido Ben antes de tener que tomar una terrible decisión, y aun ahora estaba luchando; se esforzaba por comer, todavía seguía respirando pese a todo. Para Thomas todo eso no era sino señales de una persona luchadora, alguien que quería vivir pasara lo que pasara
-"Entonces...¿Por qué se lanzó al Laberinto?"-pensó para sí mismo sin quitarle la vista de encima al niño. Sabía que el motivo era para ir junto a Ben pero ¿por qué? ¿Qué pensaba que podía hacer por él? Ben había perdido la cabeza y el control sobre sí mismo, y su condición empeoraría cada vez más. En ese lugar no había nada ni nadie que pudiera hacer algo por Ben...entonces...¿por qué ese desespero por ir a su lado para terminar matándolo?
Entonces fue cuando un destello de comprensión cruzó por la mente de Thomas. Rememoró el momento en que Ben lo persiguió, con aquellas venas extendiéndose por su cuello, la forma en la que Newt lo derribó y fue sometido por sus compañeros. Después la forma en que fue aislado y luego echado al Laberinto. Chara se había decidido ir con él, llevándose por delante a quién hiciese falta, ya fuera por un acto inconsciente o premeditado, pero Chara fue junto a Ben...para al final terminar con la vida del corredor, dejándole atado, indefenso y usando el cuchillo de Alby para atravesarle el cráneo, pero al mismo tiempo dejar su cuerpo protegido de los peligros del Laberinto, y ahora queriendo devolverle al Claro.
Solo una cosa pasaba por la mente de Thomas que fuera lógica para aquella conducta por parte del menor y para el desenlace que le dio a Ben.
Chara acabó con la vida de Ben.
Chara le dio...
-Piedad.
